Capítulo Final: … ¿Y Sólo Quedaron Seis?

Royal Woods, Michigan, Diciembre de 2046.

Igual que la ultima vez, las hermanas Loud salieron al alba por el mismo desagüe; sólo que en esa segunda ocasión el río que surcaba afuera de los limites de Royal Woods estaba totalmente seco como un desierto.

Al bajar se encaminaron a escalar el terraplén cada una, ayudando a guiar a Lily que seguía inexpresiva y sólo respondía vagamente a los estímulos provocados por alguien más. A partir de allí echaron a andar por las calles derrumbadas y en el camino observaron como la tormenta había arrasado a una buena parte del pueblo, dejándolo en un estado del que en mayor medida no se podría recuperar. En total se registraron treinta y siete muertos y ciento setenta y seis heridos ese día.

Más adelante pasaron por la vieja casa del sepulturero y ahí notaron que esta acabó por venirse abajo, quedando únicamente un amplio y profundo hueco en la tierra.

Ya en una vía principal, Luan detuvo a una ambulancia arriesgando su vida y su integridad física, y tras una ardua discusión con el iracundo conductor, quien insistía en que no había lugar en el vehículo, lo convenció de hacer que Lily ingresara así tuviera que ir tendida en el suelo. Luego siguieron a pie hasta el hospital municipal, que por fortuna supieron fue una de las pocas edificaciones que había resistido a la fuerte tempestad.

En la entrada Luna alargó la mano para empujar la puerta de vidrio, y ahí se dio cuenta de que la cicatriz de su palma, así como el arañazo de su cara habían desaparecido.

A su vez, Leni vio por un momento algo que jamás les mencionaría pero que tampoco olvidaría nunca: las imágenes de todos ellos reflejadas en el cristal; pero no como adultos, sino como el grupo de niños revoltosos de cuando vivían todos juntos en la casa ruidosa. Y no estaban únicamente ellas seis; ni tampoco eran siete, ocho, nueve o diez… Eran doce, porque Clyde McBride, que era a quien precisamente iban a ver en urgencias, estaba incluido como un miembro más de la familia. También vio a Lily de bebé, siendo sostenida en brazos por Luna; y a Lucy parada al lado de Luan, a Lisa delante de Lori… y a Lynn, con su cabellera castaña recogida en una cola de caballo como la tenía antes; y de ultimo, y no menos importante, a Lincoln en medio del grupo apoyando una mano en el hombro de cada una de las gemelas y esbozando una leve sonrisa.


3/30

Creo que así es como me gustaría recordar si pudiera recordarlas, unidas juntas con el sol poniéndose sobre nuestra infancia.

Esta será mi ultima anotación. La hice justo a tiempo, antes de que la niebla termine por cubrir mis recuerdos.

Ahora, sólo semanas después puedo recordar esa época, no de memoria, sino por las paginas de este libro. La pesadilla ha terminado. La intervención de la policía fue mínima, como suele suceder aquí en Royal Woods.

Ahora que no hay necesidad de un guardián del faro, creo que puedo marcharme de este lugar. Quizá vaya a hacerle una rápida visita a mis padres y después veré lo que me depara el destino.

Al escribir esto, Leni volvió a verse con la señora Loud allá en Cañón Sunset después de todos estos años. Claro que ni ella, ni el resto de las chicas llegaron a mencionarle que ocurrió con Lisa, Lynn o Lucy. No creo que su viejo y cansado corazón lo pueda soportar; pero presiento que en el fondo ella ya lo sabe.

Luna hace poco anunció su concierto de despedida, una noticia triste para sus fans. ¿Quién lo diría? Más de 20 años y sigue llenando los auditorios. Toda una veterana del rock n roll. Por ahí escuché que volvió a encontrarse con Sam. Ahora ambas viven juntas y ya están haciendo los tramites de adopción para agrandar la familia. Otra maldición rota.

Luan sigue haciendo reír como siempre. Su talento le consiguió un papel en una película. Es co estrella con otro cómico, alguien que cualquiera de las hermanas Loud puede decir que se parece y actúa igual que ella.

Lola se retiró del negocio de organizar bodas y se marchó a vivir con Lana. Con su dinero ayudó a fundar un albergue para animales desamparados que dirigen entre las dos y pasan sus días felices disfrutando una en compañía de la otra.

Lori y Lily siguen aquí. Quisiera tener buenas noticias, pero el estado de Lily no ha cambiado nada. Se marchan hoy.

Lori creyó que un tiempo aquí, lejos de su trabajo podría ayudar, pero creo que Lily no regresará. Es una de las víctimas de "Eso", atrapada en ese sitio maldito donde ella vio sus "luces de muerte".

Lori me ha visitado todos los días y nos reímos de nuestras memorias que fallan, y a veces hasta nos preguntamos nuestros nombres. Su tristeza es profunda y quisiera poder hacer algo.

Quisiera haber podido hacer algo.


–Vamos Lily –se acercó Lori a ayudar a ponerse en pie a su hermana, que permanecía sentada pasivamente, sin apartar los ojos de la tele encendida y sin alterar su expresión aun cuando se la dio apagando–. Es hora de irnos.

De ahí la condujo por la sala, sin que ella opusiera resistencia, hasta la puerta principal de la residencia McBride. Afuera las esperaba un taxi aparcado junto a la banqueta que las llevaría al aeropuerto.

Pero cuando ya la hizo abordar y estaban por irse, Lori vio algo tendido sobre la hierba del jardín que la hizo tener una ultima idea.


Más tarde, luego de una rápida visita al Mall, regresaron en el mismo taxi y Lori se bajó primero a dejar una bolsa de compras en el pórtico. Después se devolvió para hacer bajar a Lily y hacerla entrar de vuelta a la casa.

Una vez adentro, se desvistió y cambió sus ropas por una blusa sin mangas de color azul celeste, unos shorts marrones y unos zapatos más cómodos; también se soltó el pelo y con trabajo se hizo un peinado más juvenil con mayor volumen que requirió una buena dosis de fijador para el cabello.

Luego vistió a Lily con un conjunto que consistía en unos tirantes con falda y un par de medias altas de color lavanda, una blusa negra y unas zapatillas negras para combinar, y una liga lavanda también con la que le recogió el pelo.

≪Las dos, literalmente, se ven ridículas –señaló la irritable voz de siempre en la cabeza de Lori en cuanto ella y Lily estuvieron paradas frente al espejo–. Mira eso nada más: dos mujeres adultas vestidas como niñas≫.

Seguidamente, volvió a hacer salir a Lily al jardín y esta vez la condujo a la bicicleta de la placa con el numero uno en el frente.

Con paciencia la hizo montarse una pierna a la vez, en el castillo montado sobre el guardabarros trasero, y después ella misma se sentó en el sillín ante la mirada de extrañeza del taxista que seguía esperándolas y se rascaba la cabeza confuso por su comportamiento fuera de lo común.

–Esta bicicleta a pasado entre nuestros hermanos de generación en generación. Leni se la heredó a Luna, Luna se la heredó a Luan, Luan se la heredó a Lynn, Lynn se la heredó a Lincoln, Lincoln se la heredó a Lana y Lana se la volvió a dar a Lincoln otra vez. Y ahora yo te la heredo a ti… Tal vez no te acuerdes de Lynn y Lincoln; eras muy pequeña cuando todo sucedió y no tenías porque verte involucrada, pero eso no importa ahora… Esta bicicleta también les salvó la vida una vez a Lisa y a Clyde, ¿sabes? Es una magnifica bicicleta. Iban tan rápido que literalmente vencieron al diablo.

Lori hizo una pausa, en la que por poco y se acuerda de la pequeña pelirroja a la que no pudo salvar en el laberinto de espejos; pero al instante decidió que ese no era el momento de tener inquietudes, sino de actuar.

–No sé si corra igual ahora –confesó de todos modos retirando el soporte con el talón y echándose los brazos de Lily a la cintura–. Vamos.

Lori empezó a pedalear calle abajo, maniobrando peligrosamente para mantener distribuido su peso y el de Lily, procurando evitar que de lo contrarió se estrellaran contra el pavimento.

–Vamos Lily, vamos. Vamos, gánale a Eso, vamos Lily… –decía una y otra vez mientras iba aumentando la velocidad y se encaminaba por una cuesta empinada–. Vamos Lily, vamos, vamos...

Lori quitó sus pies de los pedales y la bicicleta rodó velozmente por la cuesta.

De pronto, las manos de Lily se ciñeron a su cintura.

–… ¿Eh?… ¿Lori? –oyó a sus espaldas la voz de su hermana más joven, aturdida, algo gangosa como si acabara de despertar de un largo y profundo sueño–. ¿Qué estás?…

–¡Muy bien Lily! –contestó muy emocionada Lori retomando el control de los pedales–. ¡Todo está bien, sujétate fuerte!

–¿Qué?… ¡Lori, nos vamos a matar! –gritó Lily aferrándose a ella. Había terror en su voz, pero también diversión.

Al final de la cuesta, Lori pedaleó hacia atrás y detuvo la bicicleta en una intersección en medio de varios transeúntes que se apartaron del lugar y los automóviles que frenaron en seco para no atropellarlas.

–Lori… –volvió a decir Lily, salida, asustada y confusa, pero bien despierta y riendo extasiada de emoción–. ¿Qué fue lo que...?

–Tranquila Lily –la estrechó Lori contra su pecho, llorando de felicidad por haber podido traerla de vuelta–, tu hermana mayor está aquí. Eso no volverá a hacerte daño, ni a ti, ni a ninguna de nosotras.