Solo quedaban pocas horas para que se levantara la cuarentena, Viktor había sido convocado junto a su equipo para volver a Bulgaria.

Hermione estaba agarrada a él como una garrapata en la cama.

—¿Está mal que no quiera que se acabe esta pandemia?—preguntó Viktor mientras masajeaba una de sus nalgas.

—Está feo, muy feo—susurró Hermione—Pero yo también quiero más tiempo. ¿De verdad tienes que irte mañana?

—Sí, el entrenador creo que me va a tener volando hasta que se me desgaste el culo.

Hermione levantó al cabeza.

—Si te daña, le demando.

Viktor besó su frente.

—Me lo tengo merecido, pero no me arrepiento para nada.

—¿Cómo vamos a hacer para mantener esto?—Esa era la pregunta, la maldita pregunta. Él tenía que seguir su vida, ella la suya, y cada uno vivía en un país.

—Tomaré un traslador todas las semanas, te lo prometo.

—Vas a acabar agotado de tanto ir y venir—se quejó ella, que veía que la distancia, a pesar de la magia iba a ser un problema.

—Siempre estoy en movimiento, no me importa.—La abrazó con fuerza.

Era su última noche juntos, así, de ese modo, esperaba que pudieran tener muchos días, y muchas noches juntos en el futuro.

Pero nunca se había planteado una relación a distancia.

—Tendrás tiempo para estudiar y trabajar.—Aunque él lo decía queriendo convencerlos también se le notaba que iba a ser duro.

Se durmieron con el pellizco agarrado a sus estómagos, y ellos agarrados el uno al otro.

Por la mañana, Viktor se marchó y Nu también.

Hermione volvió a un hogar solitario, y Crookshanks parecía igual de triste que ella. No sabía cómo habían acabado haciéndose inseparables la lechuza y el gato.

Podría haber salido ese día, pero la verdad, es que no se sentía de humor.

Se alegraba porque hubieran dado con un tratamiento efectivo para esa cepa de Viruela de Dragón, era de todo lo que hablaba El Profeta ese día.

Había recibido una lechuza de la Señora Weasley diciéndole que estaba deseando verla en la Madriguera, que toda la familia se reunirían al día siguiente y que ella era parte de la familia estuviera con Ron o no.

Hermione acabó llorando en la mesa de la cocina.

Quizás lo mejor era que saliera aunque fuera a dar un paseo. Allí, todo le recordaba a Viktor, estaba deseando ir al Ministerio de trabajar, al menos tendría cosas que hacer.

Cuando Nu entró por la ventana, Hermione estaba vistiéndose para salir.

El corazón se le aceleró, desde que ese animalito había entrado por su ventana su vida había cambiado.

En su patita una carta, la letra era de Viktor, pero solo había una dirección.

Hermione la buscó, no estaba lejos. Agarró al gato para abrazarlo antes de salir casi volando de su casa.

Cuando llegó se dio cuenta de que estaba en el hotel en el que el equipo de Viktor se alojaba, este le estaba esperando en la puerta con una sonrisa enorme.

—¿No te has ido aún?—preguntó resguardándose en la entrada del edificio mientras se abrazaban.

—No me dejan salir de aquí, el entrenador me acaba de lanzar un hechizo para que no pueda salir del hotel.—Viktor parecía un poco avergonzado.

Hermione le besó, y Viktor le devolvió la caricia como si ambos no se hubieran visto apenas hasta esa misma mañana.

—He tenido una idea, creo que incumplirá un par de cláusulas de mi contrato, pero no me importa si a ti tampoco—le dijo Viktor.

—¿Cómo?

—He pedido al presidente del equipo trasladarme a Londres y tomar un traslador para los entrenamientos.

Hermione se quedó en blanco.

—¿Puedes hacer eso?

—No quiero que la distancia estropee esto.—Eran incapaces de dejar de besarse, y menos con la sonrisa enorme de su actual novio.

El flash los deslumbró para darse cuenta de que no estaban tan ocultos como ellos pensaban.

Ese beso iba a ser portada de mil publicaciones mágicas, la locura por Krum no había bajado ni un poco.

Pero en ese momento a Hermione no podía darle más igual, Viktor en Londres, Viktor con ella.

¿Se hubieran encontrado de ese modo si no hubieran sufrido una situación tan extraña como la del último mes?

Eso ya no era importante, Viktor tiró de ella, fuera de las cámaras, dentro de sus brazos.

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Más bonitos estos dos...

Ais, como duele despedirse de un novio a distancia, ¿os ha pasado? El mío era un poco mongolo, y salió mal, pero oye, todo en distancia se vive muy intensamente.

Se acabó otra parejita, verás cuando Ron se entere que se estaba haciendo pajas con el nuevo novio de su ex, también querríamos foto de su cara.

Hace como cuatro años que no leo hetero, y escribir creo que escribí un par de relatos cuando tenía 15 años. Creo que es un mundo que me gustaría explorar, aunque menos perfecto, a poder ser, la verdad. No sé, que curioso poder escribir cualquier cosa yaoi, y el hetero, que es mi día a día, no.

Quedan dos capítulos, creo que por hoy es suficiente. A Neville me da que ya lo vamos a dejar para mañana.

Besitos.

Shimi.