26. QUIETUD
Naruto se alejó del cuerpo deformado de Yakushi. Al llegar junto a Hinata, la abrazó bajo un nuevo relámpago, y la acompañó hasta la casa.
-Entra -gritó Naruto-. Tengo que llevar a Kurama y a Bella Dama al establo.
-Deja que te ayude -se ofreció Hinata-. No estás en condiciones de hacerlo tú solo.
-No. Entra y quédate ahí -ordenó Naruto-. No tardaré mucho. Busca todo lo que necesites para curarme el hombro y cuando regrese dejaré que me atiendas.
Naruto la empujó al interior y cerró la puerta. Ella se dispuso de inmediato a buscar lo necesario para curar la herida de su esposo. Encontró ungüento, coñac y sábanas limpias. Lo dejó todo junto a una cama que había preparado en el segundo piso y que había rodeado de candelabros.
Ya era de noche y, excepto por los relámpagos, la mansión estaba totalmente oscura. Recuperó la camisa de Naruto, en una habitación al otro lado del pasillo, y se la puso. No deseaba tocar la ropa de Sāra.
Cuando Naruto entró, Hinata, ansiosa, le esperaba en el vestíbulo. El candelabro que llevaba le dejó ver la palidez del rostro de su esposo. Éste, muy débil, se estremeció y se tambaleó contra la puerta.
Hinata corrió en su ayuda y lo envolvió en un edredón de algodón. La bala le había hecho un agujero en el hombro, y Naruto se retorcía de dolor. Hinata le ayudó a subir por las escaleras hasta la habitación. Al pasar por delante del dormitorio de Sāra, vieron el dosel perfectamente iluminado por los candelabros que Hinata había encendido cuando había buscado unas tijeras.
A pesar del dolor, Naruto esbozó una sonrisa al descubrir la colcha en el suelo. Hinata bajó la cabeza, avergonzada, y continuó caminando junto a él. Al llegar a la cama, Hinata cogió las tijeras e intentó cortar los pantalones mojados.
-¿Qué es lo que pretendes que me ponga mañana cuando regresemos a casa, mi amor? -preguntó divertido-. Te aseguro que no me dejé ningún pantalón aquí cuando cortejaba a Sāra. Será mejor que me ayudes a sacármelos.
Antes de ayudarla con la prenda, lo cual no era una tarea fácil cuando estaba mojado, Naruto extrajo una bolsa de cuero y la depositó sobre la mesa. Cuando finalmente lo consiguieron, Hinata suspiró satisfecha y le indicó que se tumbara en la cama. Tras limpiar y examinar la herida, le dio una copa llena de coñac.
-No necesito más distracciones de las que tú me ofreces vestida con esa camisa -bromeó Naruto-. Eres una enfermera muy tentadora y, si bebo demasiado, coñac y te miro, me olvidaré de todo y usaré esta cama para algo más que para dormir.
Hinata soltó una carcajada y observó cómo su esposo apuraba el contenido con aprobación. Había adoración en sus ojos al contemplarlo. Le apartó con ternura el cabello de la frente y le acarició el rostro. Naruto tomó su mano y la besó amorosamente.
-Naruto -dijo Hinata preocupada-. No poseo la fuerza suficiente para inmovilizarte y si tengo que extraerte la bala debes permanecer quieto. Necesitaría que Menma estuviera aquí.
-Haz lo que debas hacer, Hinata -convino él-. Lo haré por ti. Si Menma estuviera aquí, tendría dificultades para inmovilizarme, pero por ti, me quedaré tan quieto como un viejo roble.
Naruto hizo honor a su palabra. Su frente se llenó de sudor, sus mandíbulas se tensaron, pero no hizo el menor movimiento mientras Hinata trataba de localizar la bala. Era ella la que mostraba más dolor. Se mordía el labio inferior y fruncía el entrecejo. Estaba a punto de llorar si su marido emitía un solo gemido.
Finalmente, Hinata consiguió localizar el plomo y atraparlo con las tijeras. Luego, con manos sudorosas, lo extrajo. La sangre empezó a brotar de la herida y empapó los paños que Hinata presionó contra ella. Excepto por su frente húmeda, no había rastro de dolor en el semblante de su marido. Se sorprendió ante el control que éste tenía sobre su propio cuerpo.
Cuando la herida estuvo perfectamente vendada, la muchacha se sentó junto a él y le secó la frente.
-¿Crees que puedes dormir ahora? -preguntó, suavemente. Naruto le acarició el muslo.
-Cuando te miro el dolor y las ganas de dormir desaparecen, mi amor. Estoy tentado de ejercer mis derechos maritales. Te eché de menos anoche, mujer.
-Ni la mitad de lo que lo hice yo -murmuró Hinata, besándole en los labios. Naruto la miró con ojos lujuriosos y procedió a quitarle la camisa.
-No me dolerá el hombro si te estiras junto a mí. Puedo hasta abrazarte si te pones en el lado bueno.
Hinata sopló todas las velas, dejando una encendida. Antes de deslizarse en la cama, depositó la camisa sobre una silla. Luego se acurrucó junto a él. Con la tormenta bramando fuera, la cama le pareció el paraíso. Permaneció en silencio durante unos minutos hasta que su curiosidad se despertó.
-¿Naruto? -inquirió.
-¿Sí, cielo? -respondió él besándola en la frente.
-¿Por qué sospechaste de Yakushi tan pronto? -inquirió-. Dijo que habías estado haciendo preguntas acerca de él después de encontrárnoslo en el teatro. ¿Es cierto?
-Sí -contestó Naruto.
-Pero ¿por qué? -insistió ella.
-Cuando estuviste enferma en el viaje, no dejaste de repetir cosas en tu delirio -explicó Naruto-. Una de esas cosas era el nombre del señor Yakushi. Estabas claramente asustada de ese hombre. Pero al ver cuánto le temías en el teatro, quise saber más acerca de él.
Hinata lo contempló, pensativa. -¿Qué más dije?
-Hablaste bastante de tu padre -continuó con una sonrisa amable-, y de un tal Orochimaru Mitarashi. La conclusión que saqué de tus desvaríos es que pensabas que habías matado a un hombre cuando éste había intentado violarte. Siempre que hablabas de él lo hacías también de Yakushi y temías que éste te acusara de asesinato.
-¿Lo sabías y no dijiste nada? -inquirió ella incrédula.
-Quería que me lo contaras tú y que confiaras en mí-respondió Naruto. Hinata tragó saliva intentando no llorar.
-Tenía miedo de hacerte daño o incluso de perderte. Deseaba tanto hacerte feliz y que no te sintieras avergonzado de mí.
Naruto sonrió con ternura.
-¿Crees que no he sido feliz a pesar de saberlo desde hace tiempo? No tienes secretos para mí, ¿sabes?
-¿Ninguno? -preguntó la joven con cautela.
-Ninguno -afirmó Naruto categóricamente-. Hasta sabía que deseabas una niña para fastidiarme.
La muchacha soltó una carcajada y se ruborizó ligeramente.
-0h, qué horror, Naruto. Y mantuviste la boca cerrada para que no sospechara nada. Pero ¿sabías que el señor Yakushi era el asesino de Sari y de Sāra? -preguntó Hinata, intrigada.
-Después de conocerlo me enteré que era el diseñador de Sari, pero no tenía pruebas de que fuera su asesino -explicó él-. Sin embargo, cuando asesinaron a Sāra, no lo dudé, pero necesitaba evidencias. Estaba seguro de que Lulu podría decirme que había estado con Sāra, pero Uchiha llegó y me arrestó antes de que pudiera hablar con la chica.
Uchiha averiguó que Sāra había estado pagando sus facturas con dinero que yo le había dado y pensó que me estaba chantajeando por algo relacionado con la muerte de Sari. Por eso estaba tan seguro y teniendo un testigo que me vio salir corriendo de su casa...
-¿Le hablaste de tus sospechas?-preguntó Hinata.
-Sí -respondió Naruto-. Y cuando Lulu apareció y le dijo que el señor Yakushi frecuentaba a Sāra, empezó a creerme.
-¿Lulu fue a ver a Uchiha? -inquirió la joven.
-Sí, entró en la casa después de ver cómo se alejaba Yakushi y encontró a Sāra muerta -explicó-. Luego se escondió hasta que pudo llegar hasta el sheriff.
-Por eso me dijiste que había sido una locura ir en su busca –concluyó Hinata-. Ya se lo había contado todo a Uchiha. Supongo que piensas que soy una joven descerebrada.
-Bueno... sé que no eres ninguna joven -bromeó él-. Pero estoy enojado por haberle dado las joyas que te regalé a ese sinvergüenza -la reprendió. Hinata lo miró.
-Temía que te contara lo que había hecho -se excusó-. Y no hubiera estado bien que le hubiera dado las joyas de tu madre. Sé lo mucho que la querías. Fue muy doloroso tener que desprenderme de las que me habías regalado, pero era lo único que tenía.
-Si hubieras matado realmente a Orochimaru ¿crees que te habría culpado por ello? ¡Dios santo! ¡Se lo merecía! -exclamó Naruto.
-No debería haber sido tan inocente -se lamentó Hinata-, y haber creído que me daría un puesto de trabajo en la escuela de lady Terumí, pero tenía tantas ganas de marcharme de allí...
Naruto se volvió hacia ella sobresaltado. -¿Has dicho lady Terumí? - inquirió. Ella asintió, insegura.-Debía dar clases allí.
Naruto se echó a reír a mandíbula batiente. -¿Clases de qué? ¿De cómo acostarse con un hombre? Mi queridísima esposa, el de lady Terumí es uno de los burdeles más selectos de Londres. Confieso que he estado allí una o dos veces. En fin, te habría encontrado allí si las cosas hubieran tomado otro rumbo... y está claro que te habría elegido.
-¡Naruto Namikaze! -exclamó Hinata, indignada-. ¿Estás diciendo que preferirías que hubiera ocurrido de ese modo? -Se incorporó hecha una furia y amenazó con dejar la cama, pero él la agarró con el brazo sano.
-No, cielo -la sosegó él-. Bromeaba. Deberías conocerme mejor.
-No tenía ni idea de que fuera un lugar de esa clase -comentó Hinata, haciendo pucheros.
-Ya lo sé -respondió Naruto-, y me alegro de que un tipo que pretendía llevarte a un lugar así, ahora está muerto. De lo contrario, estaría tentado a volver y retorcerle el pescuezo a ese bastardo. Tuvo lo que se merecía por intentar violarte.
Hinata lo miró de soslayo.
-Tú fuiste el que me violó -observó con sarcasmo.
-Ya he pagado por ello teniendo que casarme con una muchacha tan engreída como tú –replicó Naruto, sonriendo. Cogió la bolsa de cuero de encima de la mesa y la dejó caer sobre su vientre-. No vuelvas a deshacerte de ellas. La próxima vez no seré tan comprensivo.
Hinata levantó la bolsa y la volcó, dejando caer sus joyas.
-¿Cómo conseguiste hacerte con ellas si la rama aplastaba el cuerpo de Yakushi? -inquirió bastante sorprendida.
-Cuando Yakushi cayó del lomo de Kurama, cayeron con él -respondió Naruto-. Les quité el barro en el establo. No entiendo por qué eligió montar a Kurama estando su caballo al lado. Pensé que a lo mejor era porque planeaba huir de Konohagakure antes de que Lulu tuviera la oportunidad de hablar. Pero es extraño que se llevara a Kurama.
-Tal vez pensó que era más veloz -observó Hinata.
-Bueno, recibió lo que se merecía, igual que Orochimaru Mitarashi -resolvió Naruto-. Olvidémonos de ellos dos ahora. Se me ha ocurrido una idea para que cierta muchacha me recompense por su soberbia.
Hinata se echó a reír, sintiéndose libre de dudas y miedos atormentadores, se hizo un ovillo y se abalanzó sobre él.
-De modo que recurres a travesuras sabiendo que tengo el hombro y el brazo heridos -bromeó Naruto-. No creas que no puedo defenderme, muchacha. Puedo darte unos azotes en tu trasero que no olvidarás jamás.
Sin saber si estaba bromeando o lo decía en serio, se desenroscó y lo miró con cautela. Naruto estaba sonriente.
-Señora, realmente me asombra -apuntó él-. Nunca te he puesto una mano encima y aun así, actúas como si esperaras que lo hiciera. ¿Crees que sería capaz de magullar mi lugar de recreo? Ahora ven aquí, mi pequeña virgen, y deja que te use.
-Pero ¿y tu hombro? -dijo preocupada.
Naruto sonrió con confianza, atrayéndola hacia sí. -Esta noche, cabalgarás después de todo.
La tormenta había pasado cuando a la mañana siguiente regresaron a casa a lomos de Bella Dama. Todavía las nubes surcaban el cielo, pero la lluvia había cesado y el viento tan sólo era un fantasma del gigante de la noche anterior.
La capa de Hinata estaba empapada y era agobiante con el calor de la mañana. Deseaba desprenderse de ella pero la camisa de Naruto era insuficiente para cubrir su cuerpo.
-A Menma no le importará si te quitas la capa y, en cuanto a Karui, está acostumbrada a verte mucho más ligera de ropa-bromeó Naruto.
Hinata lo miró con expresión pícara y empezó a desabrocharse la prenda.
-Si estás seguro que a Menma no le importará...
Naruto le agarró la mano y sonrió.
-A él no le importará, descarada, pero a mí sí. Ya viste lo que le hice a Yakushi por pasarse de la raya. Odiaría tener que ponerme en contra de mi propio hermano.
Poco después llegaron a Harthaven. Hinata estaba furiosa. Todos corrieron a reunirse con ellos. Menma, como si hubiera pasado la noche en vela, Karui llorando vestida con su delantal.
-Oh, señorito Naruto, creímos que le había pasado algo malo -dijo la anciana-. Kurama llegó muy nervioso, y pensamos que se había vuelto loco y le había tirado. -Se volvió a su señora, sacudiendo la cabeza-. Y usted, señorita Hinata, me ha tenido muy asustada. Casi mato a Iruka por dejarla salir en medio de la tormenta. He estado muy preocupada por usted, señora.
De pronto una ráfaga de viento levantó la capa de la muchacha dejando al aire una pierna. Naruto la agarró rápidamente y se la colocó, no sin antes dejar que Menma y Karui descubrieran su muslo desnudo.
-¡Señorita Hinata! -exclamó la criada-. ¿Qué le ha ocurrido a su ropa?
-El asesino de Sāra intentó matarla a ella también -replicó Naruto. El hombre descendió de la yegua con una mueca de dolor. Luego se llevó la mano a la venda.
Hinata descendió a toda prisa de Bella Dama para inspeccionar la herida.
-Oh, Naruto, estás sangrando otra vez. Tienes que subir y dejar que la examine. -Se volvió hacia Karui -. Necesitaré vendas limpias y agua, y dile a Yuka que me traiga a Boruto, por favor. Espero que tenga hambre ahora. Necesito vaciar mis pechos de leche. -Dicho esto, empezó a dar órdenes a todos los presentes.
-. Iruka, ¿puedes llevarte a Bella Dama y cepillarla? Izumo, por favor, ve a Konohagakure y dile al sheriff Uchiha que se le necesita en la plantación de Oakley, y que vaya con dos hombres robustos. Menma, ven con nosotros. Naruto querrá explicarte lo que ha ocurrido esta noche.
Todos salieron a cumplir de inmediato con sus tareas. Karui soltó una carcajada mientras caminaba.
-Cada día se parece más a la señorita Kushina -murmuró.
En el vestíbulo, Hinata pasó junto a Killer B, éste desvió la mirada y arrastró los pies abochornado. Ella se detuvo frente a él.
-¿Killer B? -inquirió, enarcando una ceja.
-¿Sí, señora? -respondió él, alzando la cabeza. Tenía un ojo morado.
-¿Y bien? -insistió Hinata.
Él, incómodo, miró a Naruto y arrancó una carcajada a Menma.
-Fue Konohamaru, señora -respondió-. ¿Lo recuerda?
-Claro, Killer B -Hinata asintió-. Recuerdo a Konohamaru. ¿Cuántos ojos morados tiene Konohamaru?
-Dos, señora, y lamenta terriblemente haberle causado tantos problemas, señora, me juró que no diría nada más, ebrio o sobrio -se apresuró a añadir.
Hinata volvió a asentir. Tomó a su esposo del brazo y dirigió una sonrisa al criado por encima del hombro. -¿Has dicho dos? Gracias, Killer B -concluyó.
Poco después curó la herida de su esposo y se vistió con un traje de muselina. Se apartó de los hombres para dar el pecho al bebé mientras Naruto le contaba a su hermano las aventuras de la noche anterior.
Hinata miró a su alrededor sintiendo la calidez y amabilidad del dormitorio. Sus ojos se posaron brevemente en una mesa que había junto a ella, donde descansaba el retrato de la madre de Naruto.
Los ojos de un gris con violeta, que el pintor había retratado con precisión, parecían estar vivos, satisfechos.
Hinata se maravilló ante el poder que la mujer ejercía para cuidar de aquellos a los que amaba. Habían sido sus pendientes los que lo habían aclarado todo y habían desenmascarado al señor Yakushi. ¿Era realmente posible?
-¿No estás de acuerdo, cielo? -preguntó Naruto. Ella alzó la vista, saliendo de su ensimismamiento. -¿Cómo dices, mi amor? Me temo que no te estaba escuchando -se disculpó.
Naruto soltó una carcajada.
-Menma va a comprar Oakley y yo insisto en que se quede con la tierra por su cumpleaños. ¿No crees que debería hacerlo? -inquirió.
Hinata miró a su esposo con adoración.
-Por supuesto, mi amor -contestó y lanzó una rápida mirada al retrato. Los ojos habían recuperado su quietud. Se preguntó si habría sido su imaginación la que le había hecho ver el brillo en los ojos de Kushina.
Las dos mujeres compartían un secreto que los hombres jamás conocerían. Se presentaban ante el mundo como seres frágiles y necesitados de protección, pero su amor les confería una fortaleza y un valor más allá de lo imaginable.
Desde la tumba su influencia era capaz de decidir el curso de los acontecimientos. Una sonrisa cruzó el semblante de Hinata mientras contemplaba el retrato de Kushina Namikaze.
Fin
¡Hola, llegamos al final de otra adaptación, espero les haya gustado.
Les dejo la información:
Titulo: La Flor & la Llama. #1
Autora: Kathleen Woodwiss
Personajes:
Brandon Clayton Birmingham = Naruto Namikaze
Heather Brianna Simmons = Hinata Hyuga,
Gracias por leer.
