Capítulo 25
Hinata
Me siento embotada mientras me visto y me dirijo al puente. No me importa oler a sexo o que esté sudada y pegajosa por mis momentos robados con Naruto. No puedo ir sola al cuarto de baño porque me recuerda a mi jaula. Pero no importa.
Déjame apestar.
Nada importa, sino el hecho que Naruto me dejó. Eligió su sed de sangre por encima de mí. Prefiere arriesgar su vida en una estúpida cruzada a quedarse conmigo. Tengo la sensación de que si aborda esa nave, no lo volveré a ver. Que lo matarán.
Y entonces me dejará sola en la oscuridad.
La pena me cierra la garganta mientras tanteo el camino a su estación en el puente. Puedo escuchar gente moverse a mí alrededor, pero nadie habla. Está bien, no estoy de humor para conversar, y si están nerviosos, no quiero escucharlo.
Naruto decidió que buscar pelea es más importante que yo. Tengo que protegerme a mí misma y concientizar que, aunque lo amo, no puedo quedarme con alguien con quien no pueda confiar que me elija por encima de algo así. Y eso es lo que más duele.
Lo amo tanto que es como si me hubieran arrancado los ojos otra vez. El perder la vista me hizo frágil y delicada. Dura, pero fácil de romper. El perderlo me destruirá.
Apenas termino que encender el radio y ponerme el auricular cuando siento a alguien ahogar un grito. Es Temari.
—Se está regresando. Algo va mal.
Me mareo, aferrándome al panel frente a mí con tanta fuerza que me duele el brazo.
—¿Qué quieres decir con que algo va mal?
Hay una pausa.
—Quizás no sea nada —agrega rápidamente.
Suelto un bufido de frustración.
—No me ocultes cosas solo porque no puedo ver. Soy una adulta. Dime que pasa —hay un grito burbujeando en mi garganta, a pesar de mi apariencia calma, y siento que si lo dejo salir no lograré detenerlo.
Me imagino un millón de cosas horribles. Naruto flotando en el cinturón de asteroides, muerto. Naruto ahogándose en el vacío del espacio. Naruto con las manos amarradas tras la espalda, siendo llevado a la barcaza enemiga, para arrancarle los ojos porque no es obediente…
—El comunicador sigue apagado —dice Sasuke, su voz tan tranquila y eficiente como siempre. —Colocó el aparato y se regresó a bordo, dando la vuelta. Viene del regreso al Idiota en lugar de esperarnos. No me alarmaría todavía.
—Pero esto cambia las cosas —dice Ino, preocupada. —¿Continuamos avanzando? ¿O lo esperamos?
—Lo esperamos. Si hay algún problema, confío en que Naruto ya lo vio. Seguiremos su guía.
Ahogo un suspiro y me pongo el auricular con manos temblorosas, aunque trato de calmarme. Siento que me haré pedazos, y un sollozo desesperado amenaza con escapárseme de la garganta. Pero solo me pongo el auricular, revisando las frecuencias radiales, esperando en vano escuchar la profunda voz de Naruto. Que se echará a reír y yo me molestaré por un momento, pero que todo estará bien cuando vuelva a besarme.
Pero no escucho nada importante. La misma charla estúpida. Nada de Naruto.
Desesperada, cambio los canales. Una y otra vez. Escucho la frecuencia el tiempo suficiente para asegurarme que no es mi alienígena y sigo.
Necesito escucharlo hablar. Estoy desesperada por escucharlo.
—La cápsula se está acoplando al Idiota —dice Sasuke, su voz tranquila interrumpiendo mi tren de pensamiento. —Confirmo que Naruto está a bordo y que sus signos vitales están en orden.
Me lanzo corriendo a los pasillos de la nave, dirigiéndome a donde se reacopla la cápsula. Hay una serie de compuertas aquí y no sé por cual saldrá, o siquiera si estoy en el pasillo correcto. Podría estar tanteando ferozmente la puerta de un armario y nunca lo sabría. Pero tengo que estar aquí cuando llegue. Me golpeo el hombro contra una pared, pero no me importa. Estoy tan llena de desesperación que casi ni lo siento.
Unas manos fuertes me sujetan justo cuando escucho una puerta abrirse.
— Cuidado, amor —me dice Naruto, y su voz es como agua fría sobre mis nervios achicharrados.
Me echo a llorar lanzándome entre sus brazos.
—Estoy aquí —me susurra en el oído, acariciándome la espalda. —Estoy aquí y me equivoqué. No debí dejarte. Tenías razón cuando me llamaste idiota.
—Yo no dije eso —logro decir entre sollozos. —Jamás te llamé idiota —escondo el rostro en su cuello, respirando su aroma. Bajo su olor delicioso y familiar todavía puedo percibir un tinte de almizcle sexual y me llena de ansias.
—Pero seguro lo pensaste —su voz suena risueña mientras me quita el cabello de la cara.
Golpeo su pecho sin ganas. No estoy furiosa ya. Solo el pensarlo en peligro acabó con toda mi frustración y ahora solo puedo sentir alivio.
—Solo estoy feliz que estés a salvo.
—Creí que era un buen plan al principio —me dice, murmurando contra mi cabello mientras me besa la cabeza. —Llegaría allí, golpearía a los malos, sería un héroe. Entonces caí en cuenta de que no era eso lo que querías.
—Solo te quiero a ti —le susurro.
—Lo sé. Quería que quisieras más. Entonces me di cuenta de por qué estabas tan asustada. Temías quedarte sola otra vez. Y caí en cuenta de que soy un idiota de kef, porque si algo me pasa no puedo protegerte. Y que lanzarme a esa situación con los puños en alto no es el plan más inteligente.
Lo aprieto con más fuerza.
—Todo el tiempo que estuve en la cápsula me lamenté haberte abandonado. Debí quedarme en esa cama, lamiendo tu dulce coño por horas. Eso me pareció mucho mejor que ir tras un lord imbécil que disfruta romper sus juguetes. Aunque sigo creyendo que se merece que lo vuelvan trizas, pero empiezo a pensar que no es lo más inteligente ir al frente.
—Entonces, ¿vamos a dejar que se vaya? —dice Sai detrás de mí. Suena asqueado.
—No exactamente — Naruto me acaricia la espalda. —Deshabilité su motor. Ahora mismo flotan en una corriente solar, pero cuando intenten encender el motor otra vez, se llevarán una sorpresa desagradable. Pensé que podríamos enviar un aviso anónimo a las autoridades de la estación más cercana y dejar que se encarguen.
—¿Y no ensuciarnos las manos? ¿Qué hay de divertido en ello? — Shikamaru suena divertido.
—Tengo otra diversión en mente —les dice Naruto, tomándome entre sus brazos como si no pesara nada. —Envíen la señal y preparémonos para avanzar. Nosotros nos vamos a mi camarote, a disfrutar de la gravedad cero.
Alguien resopla divertido. Yo me acurruco contra el enorme pecho de Naruto y dejo que me lleve. Todavía tiemblo de miedo y me aferro a su camisa para recordarme que está allí. Que Lord Unto no lo tocará.
Solo me relajo cuando la puerta del camarote se cierra tras nosotros.
—Jamás he tenido otra persona por la cual pensar —me dice Naruto mientras me posa suavemente en la cama. —Bueno, excepto la tripulación. Pero siempre han animado mi comportamiento temerario. No les importa que siempre vaya con los puños alzados. Eres la primera que ha querido más de mí.
—No les das suficiente crédito —le murmuro. —Los demás son gente buena. Pero no vale la pena acabar con todos los criminales. No puedes salvar el día siempre —consigo las ataduras de su camisa y las activo. Inmediatamente la tela se desliza bajo mi mano.
—Si, pero quería hacerlo por ti —dice él con énfasis, mientras me desviste, como yo lo desvisto a él. Por lo menos pensamos lo mismo en eso.
—Déjalo ser el problema de otro —le digo, sacudiendo la cabeza. —Te quiero aquí conmigo.
—Puedo dejarlo ir —me promete Naruto, apretando sus labios contra los míos. —Si eso es lo que quieres. Pero soy un pirata, Hinata. Abordo barcos y robo. Busco peleas. Eso es lo que hago. Es lo que soy bueno haciendo. No sé si pueda cambiar.
Sacudo la cabeza, quitándole la camisa y acariciando sus exquisitamente musculosos brazos.
—No quiero que cambies. Pero en este momento te necesito más de lo que necesito vengarme. Quizás eso cambie en seis meses. Quizás dentro de un mes te exija que vayas tras él si las autoridades no hacen nada. Hasta entonces, te necesito conmigo —deslizo las manos por sus caderas para apretar sus firmes nalgas. Dios, es tan sexy. Estoy tan aliviada de que haya regresado. —Toma todos los trabajos pequeños que quieras, pero no te lances a algo peligroso que pueda matarte solo porque quieres pelear.
—Sabias palabras —él frota sus labios contra mi cuello y su mano se desliza entre mis piernas, buscando mi coño. —Supongo que si tengo que elegir entre pelear y aparearme, elegiré siempre aparearme — Naruto mordisquea mi mandíbula. — Siempre que sea contigo.
Le agarro un mechón de pelo y se lo jalo.
—Más te vale que sea solo conmigo — le digo secamente.
Mi pirata se ríe con gusto y me empuja hacia la cama.
—Absolutamente. Eres la única que quiero. Con eso dicho… sé que quizás no quieras permanecer a bordo de una nave pirata, pudiendo ir a cualquier lado. Pero ¿Puede este macho que piensa con los puños convencerte de que te quedes con él? ¿Qué le des otra oportunidad?
—Tienes todas las que quieras —le digo. —Te amo.
—¿Aunque esté roto y crea que todo puede resolverse peleando? — Naruto vuelve a besarme, y esta vez sus labios se mueven con desesperación contra los míos. —No siempre voy a pensar con claridad, amor. Habrá veces que la cague porque mi instinto principal es abalanzarme con los puños en alto. Pero dime que me amarás de todas maneras.
—¿Cómo podría no amarte? —y quizás mi instinto será aterrarme cada vez, pero con él a mi lado, puedo balancear las cosas. —Eres todo lo que quiero. Te amo tanto.
Se acomoda entre mis piernas en un instante, mis jalones de cabello excitándolo profundamente. Me frota los pechos con una mano mientras roza mi clítoris con la otra, y yo me deshago minutos después.
Cuando él viene dentro de mí, no hay dolor. Se siente tan bien que me arranca un grito de placer. Su cuerpo calza perfectamente contra el mío.
—Amor mío — murmura mientras me penetra. —Mi dulce Hinata. Te necesito tanto.
No me importa que esté roto, ni que yo lo esté también. Está bien que tengamos fallas, mientras podamos encontrar el camino juntos. Así que me aferro a él y dejo que Naruto me lleve al siguiente clímax.
Estoy a salvo en sus brazos.
A salvo para siempre.
Fin
