Este capítulo de relleno está escrito en mini "drabbles", cada uno tiene un nombre de acuerdo a la fase o condición por la que el corazón del personaje en cuestión esté procesando, basados con la parte de la carta con la que inicia el capítulo.

Espero le entiendan, disfruten del penúltimo capítulo de este fic.

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Capítulo 28: El Club de los Corazones Rotos

-En mil pedazos-

El corazón es un órgano del cuerpo humano que nunca deja de funcionar. Empieza a latir desde el momento en que somos concebidos y trabaja hasta que el último suspiro emane de nuestros cuerpos.

El corazón en sí, no duele, lo que duele es el alma, la voluntad, la fuerza que se desmorona con cada golpe que esta imperfecta vida nos regala para aprender.

Existen muchas maneras en las que un corazón se puede romper. Cada corazón es único, por eso necesita de un punto de quiebre diferente a cualquiera. Me ha tocado ver que las personas se desmoronan ante los sueños que no se lograron, por la ausencia definitiva de un ser querido, un amor no correspondido, por el inevitable miedo a hacer lo que uno realmente desea, y la peor de todas, por la decepción o traición amorosa causada por falsas promesas de amor.

Sea cual sea razón, el dolor vendrá a acompañarte, viene junto a la capacidad de soñar y de amar. Esa ruptura te dejará un vacío que no se llenará con abrazos, ni con salidas, ni comiendo tu alimento favorito… es un constante recordatorio de la tristeza, del dolor y del enojo que consume tu existencia.

Todos esos sentimientos no serán buenos, pero sí normales, porque llegan e invaden cada aspecto de tu vida haciéndote sentir miserable e incapaz, pero también nos hacen sentir vivos.

No todo en la vida puede ser felicidad, pero todo sí es de aprendizaje y cuando pase, porque te prometo que pasará toda la incredulidad, el enojo, la tristeza, los "hubieras", los celos, y la apatía; llegará como un abrazo reconfortante la aceptación, el aprendizaje y esa esperanza de avanzar hacia lo que la vida te tiene preparado.

Ahora tendrás esa cicatriz que te hizo fuerte, tenaz e invencible, porque cuando te destrozaron el corazón, también rompieron tus temores.

No les tengas miedo romperte en mil pedazos, al contrario, aprovecha esa oportunidad para ver lo que tienes dentro de ti y cómo va tomando forma la oportunidad de que el dolor florezca hacia algo mucho más grande y mejor que te guiará a tu camino, y eso, sin duda alguna será tu corazón recuperado.

Así que escúchalo y síguelo, que la vida es muy corta y las oportunidades, inmensas.

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-Por miedo-

La mujer terminó de escribir esas palabras. Dobló el papel con cuidado y puso su sello de jefa para constatar que ella era quien había escrito tales palabras.

Suspiró pesadamente, era como una carta de despedida.

-¿Segura que Bertha necesitará de este mensaje? –preguntó Camicazi Essen, jefa de Bog Burglar mientras colocaba la carta en una de los morrales de su hija.

Mivenn asintió con pesadez. –Y tu nieta también. Sabes que no me gusta decir mis predicciones antes de estar segura, pero veo que tú y ellas tendrán que separarse y tu hija va a necesitar de tu consuelo.

La reina estaba insegura por la posibilidad.

-¿Cuánto me queda a su lado?

-Sabes que no lo sé, pero veo que muchas cosas cambiaran, aun no tengo la totalidad de información.

-En cuanto veas algo más, dímelo. –estableció. –Quiero preparar a mi hija para cuando no esté con ella.

-Ella está lista para todo, es fuerte, igual que tú. –reconoció la vidente, aunque seguía sin ser el futuro con claridad, esperaba equivocarse, pero debía compartirlo.

No fue equivocado, una semana después el ataque llegó a la isla, cambiando todo po completo en la vida de la última valquiria terrenal.

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-Por la ausencia de un ser querido-

Cuándo los Burglars regresaron Berk lo hicieron de una manera pacífica para no llamar la atención de todas las personas. No podían gritar abiertamente lo que había ocurrido ni tampoco podían dar a conocer la verdadera identidad de ellos, a pesar de que los Hofferson eran muy conocidos y queridos en la isla. Sölos e informó del ataque, aunque no su papel en él.

Claro que Justin y su esposa no sabían aún, pero sí le informaron a los jefes y a su buen amigo Gobber, pues ellos sabían la historia que les antecedía.

-¡Qué barbaridad! No puedo creer que haya pasado esto. -mencionó Valka mientras cargaba a su hijo hasta la cunita, misma que momentáneamente compartía con la rubita Astrid, ambos dormidos.

Estaban en la casa de Stoick, donde podían discutir abiertamente con la certeza de no ser escuchados por nadie de la isla, pues el Gran Salón a pesar de ser un maravilloso espacio para hablar y planear, no dejaba de ser indiscreto ante la presencia de tantos aldeanos.

-Así es. Estaba segura que había más sobrevivientes, pero todo indica que sólo nosotros tres somos quienes lograron sobrevivir al ataque y a la erupción del volcán. –compartió Bertha, quien seguía impactada por tanta destrucción mientras bebía de un té que amablemente le habían ofrecido.

Stoick Haddock estaba más angustiado por la historia después del rescate de la reina.

-¿Estás segura que escuchaste de Drago Bludvist? –preguntó, con temor.

-Sí, él fue el imbécil quien me compró para ser su esclava en lo que parecía ser un burdel. Él y un tal Darlig, el mismo que intentó atacarme hace un año en la cumbre de los jefes.

-¿Hace un año? –preguntó Valka, concordando con la masacre tribal que se vivió.

Essen asintió. –Sí, Finn me salvó aquella vez. -la reina burglar recordó.

Los jefes de Berk simpatizaron con la muchacha, habían pasado por mucho en esos días.

-¿Escuchaste algo más? –preguntó Gobber en esa ocasión. -Cualquier cosa no serviría para saber qué tan cerca están los enemigos.

-Sí están lejos amigo, nos tomó tres días llegar a los mercados del norte. –mencionó Erick, quien tuvo más tiempo de indagar al enemigo. -Están a más de una semana de este punto y por lo que escuché ellos se dirigían al norte, además ahora que perdieron casi todo en el incendio tardaron mucho tiempo en reponerse, pues aunque odio a los dragones, fueron nuestros aliados en este combate para derrotarlos.

-El enemigo de mi enemigo es mi mejor amigo. -recordó Gobber.

-Hicieron bien en regresar aquí, y fue una suerte que Finn y los demás quisieran ir a BB; claro que eres bienvenida Bertha. –mencionó Valka, tomándola de la mano, mostrando su apoyo.

-Hay otra cosa que deben saber. –agregó Essen. -Ellos me reconocieron, saben que soy la jefa de la isla y por lo tanto me estarán buscando sin mencionar que soy una burglar, aunque sólo sea de un habitante como es mi caso y mi descendiente que viene siendo Cami.

Los berkianos no entendieron del todo, aunque Stoick se hacía una idea.

-¿Eso que tiene que ver con su seguridad? –preguntó Gylda mientras veía la cuna de los bebés, vigilándolos.

-Significa que tenemos un acuerdo con la isla de los Berserkers. Mi hija sigue comprometida con los hijos de Emma y Oswald.

-¿Se casaron? -preguntó Valka, aterrada.

-No sólo es un tratado, hay cláusulas que los detienen y que dará la oportunidad Que ellos decidan o no continuar, pero ellos no van a perder. Incluso faltaba hacerlo público, se supone que lo íbamos a firmar en unas semanas, pero con el ataque… -Erick dejó de hablar, también había sido difícil para él.

-El concejo es muy bravo cuando pierden algo ante otra isla. No quiero que tomen represalias contra Berk. –optó Stoick.

-No esperemos que no sea así. –finalizó Einar.

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La lava siguió expandiéndose por toda la isla. Cubrió los cultivos, las minas de oro y plata que había e incluso acabó con las piedras preciosas que aún brillaban con el sol. No había motivo para albergar vida, pues incluso la vegetación fue prácticamente borrada.

Cuando los burglars regresaron a la isla, se dieron cuenta que era imposible habitar ahí. No había ganado, no había personas, no había oportunidad de crecer. Ya no había nada, los saqueadores habían robado el espíritu que una vez los unió.

Aceptaron la derrota, pero aún podían cumplir con lo último de su legado. Buscaron los tratados importantes y algo del archivo histórico para mantenerlo con vida y salieron fuera de la isla para encontrar otra nueva en la cual pudieran empezar de nuevo.

Fueron días difíciles en altamar, en especial cuando un tal Johan les mencionó que había mercenarios siguiéndolos, ya que un tal Drago trataba de volver a encontrar a las esclavas que se habían escapado de su posesión.

Conociendo esta información y sabiendo que sus jefes y su heredera habían muerto, decidieron ser nómadas hasta encontrar un nuevo hogar. Pero ese es sólo fue el comienzo de una larga y extenuante travesía que terminó peor, como si de una maldición se tratara; pues lamentablemente de esos cinco barcos que albergaron las familias que lograron salvarse, en medio de una tormenta uno de ellos fue atacado por los mismos saqueadores que atacaron Bog Burglar.

Los sobrevivientes llegaron hasta una isla donde fueron vendidos como esclavos, misma en la que tiempo después fueron llevados a la isla Berserker como regalo en parte de un tratado con los magamalos.

Los otros cuatro barcos permanecieron a la deriva, haciendo pequeñas escalas en algunos puertos, buscando a su gente sin mencionar su verdadero origen.

Navegaron tan lejos que casi se caían en el precipicio en el fin del mundo, conocieron una cueva misteriosa de hielo donde algunos alcanzaban a ver dragones, incluso algunos años después encontraron a una pequeña niña asustada que fue abandonada a la deriva cuyo nombre fue Heather, misma que los Eretson adoptaron.

Todo empeoró cuándo Eret, hijo de Eret iba a ser nombrado líder de la flota.

El miedo puso más que él. Convenció a pocos hombres y se marchó, tomando la peor de sus decisiones, huyendo en el barco mejor preparado. Desafortunadamente, un hombre desconocido para él llamado Drago lo forzó hacer su cazador personal.

Fue otro golpe duro para los burglars, ya habían perdido dos navíos y quedaban tres, sin embargo tras varios enfrentamientos, fueron disminuyendo en fuerza y en número, hasta que la anciana tuvo una visión reveladora.

-Nuestra jefa volverá a llegar a nosotros como una valquiria. Les aviso a los seguidores, albergando esperanza. -Pero para volverla a ver y para que nuestro pueblo vuelva a surgir tenemos que separarnos.

Con esa voz profética Dagur los encontró en alta mar, secuestrándolos y evitando que se fueran con documentos valiosos, sólo un navío logró escapar, el que era liderado por Mildren, aunque lamentablemente ellos encallaron en una isla de la cual no pudieron salir en varios años, aunque su hija adoptiva Heather los encontró… pero eso es otra historia.

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-Un amor no correspondido-

Annek I estaba furiosa, la mejilla le ardía por el golpe que le había dado la rubia. Pero había algo oculto, ella fue la distracción. No volvería a cometer los mismos errores que cometió con su hija y la generación pasada, ahora su nieta sería la encargada de dirigir tal visión.

Llegó a su barco y dio la orden de regresar a Escalofrío, en la oscuridad de la noche sonrió malévolamente.

-¿Cumpliste con lo que te dije? -preguntó a su nieta dentro de las sombras quien salía amenamente de la cubierta del barco.

Sonriente, Annek Kulden II habló. -Por supuesto, ahora tenemos una aliada en esta isla, será nuestra informante y nos dirá de todos los procesos que lleven a cabo aquí. El heredero algún día tendrá que fijarse en mí, y si no lo hace, al menos me aseguraré que no tendrá la descendencia que él necesita para su linaje. –masculló rabiosa.

La anciana sonrío. Sí, era algo cruel y doloroso, pero esta ocasión no se equivocaría, ella misma haría todo. Pues en la ocasión pasada, cuando mandó matar a la jefa, sus sirvientes se equivocaron y estuvieron a punto de matar a otra mujer, una tal Gylda.

No le importaba quién era, lo único que supo fue que esa mujer rubia había perdido a un bebé, no la jefa.

No se arrepentía de haberle mandado a su antiguo aliado Alvin en que le colocara tés abortivos a la esposa del jefe, por el contrario, gracias a eso la pobre Valka estuvo cinco años sin poder concebir.

Nadie nunca rechazaba a su familia, y quien lo hacía acabaría con el corazón roto. Ella se encargaría de eso.

Mientras tanto Annek II sólo reprimió sus lágrimas.

No entendía porqué Hiccup no la veía a ella como una maravillosa opción para él y para su pueblo. Ella era una princesa, de alta cuna, hija del jefe de la isla más céntrica de todo Luk Tuk. Su hermano no estaba interesado en ser el jefe, Gala ni siquiera tenía intenciones de pelear por el trono; pero ella reunía todo y más de lo que un hombre pudiera desear.

El pecho se le apretaba con saber que no era querida.

Ese dolor lo acumularía y lo dejaría salir cuando pudiera. Sule le ayudaría a saber cómo avanzaba todo en Berk. Un día, Hiccup se daría cuenta de su grave error al rechazarla.

-¿A dónde vamos, abuela? –preguntó la muchacha.

La anciana le acarició el rostro mientras le daba un beso en la frente.

-Querida nieta, estoy a punto de mostrarte de dónde obtenemos el tesoro de Escalofrío. No es del comercio como lo has creído toda la vida.

La castaña no entendió el tono de su abuela.

-Vamos a la isla de los placeres, está cerca de nuestro hogar. El burdel familiar puede darte más de lo que esperas.

En efecto, ella no sólo era heredera del trono Kulden, al parecer también lo era de un prostíbulo.

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-Un corazón roto por la decepción-

Para Karena era más difícil lidiar con la idea de que Norberto se había ido. Estaba abandonada, triste, y sin entender porque no dejaba de llorar.

La decepción amorosa es la peor de las maldades que alguien le puede hacer a otra persona. Él había quebrado esperanzas sueños, promesas y principalmente su corazón. Ese dolor marcaría un antes y un después en ella.

No sabía si lo odiaba, pero sí estaba segura que el amor desmedido que le había tenido ahora estaba menos dispuesto a renunciar a todo, ella no amaría en desigualdad de intenciones.

Un corazón roto por la decepción se llenaban de odio más rápido, sin embargo su pueblo y la ayuda que le daba a sus súbditos le hizo recobrar el norte que debía tomar su vida, ayudar y ser la princesa que estaba destinada hacer, a pesar de ignorar completamente su ascendencia.

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-Por el inevitable cambio-

Adaptarse a la vida en Berk fue más sencillo de lo que ella esperaba. Ya no tenía responsabilidades directas y ahora era una aldeana al igual que el resto del pueblo, quien la aceptó incondicionalmente.

No fue difícil hacerles creer que era una curandera, ayudaba a Gylda en todo lo que hacía y aplicaba todo lo que había aprendido con su amiga Ivette debido a que deseaba mantener su legado.

Pasaron algunos meses en los que tuvo que lidiar con la idea de qué su pueblo ya no estaba. De vez en cuando hizo expediciones a la isla, pero sólo corroboraba lo que ya sabía.

El volcán entró en una continua explosión que no se detuvo, y aunque aún quedaban algunas cabañas esa tierra ahora estaba prácticamente destruida.

Investigó algo de los esclavos o de los sobrevivientes pero el mercader Johan les aseguró que no había ningún miembro de la isla, y que si él tenía información la iba a compartir.

El corazón de verdad se rompió ante la muerte de todas las personas que amaba, pero se fortaleció cada vez que cargaba y veía a su bebita Astrid, cuando sentía los protectores brazos de Erick a su alrededor.

Algún día su isla iba a renacer, estaba segura de eso. Mientras tanto su corazón roto sería reconfortando sin importar el esfuerzo que tuviera que hacer.

Para Bertha las tormentas a las que les tuvo miedo durante muchos años ya habían pasado, ahora eran un vago recuerdo. Esos miedo desaparecieron después de aceptar que hay cosas peores que una tormenta.

La vida en su nueva isla fue sencilla. Adoraba tener a su hija y verla como se parecía cada día más a su amado esposo. Una de las cosas más difíciles que tuvo que hacer fue nombrar a su bebé por el primer nombre que habían elegido para ella, según el jefe nadie debía saber quién era Camicazi porque sería una manera de rastrear a su hija, además la isla tenía tratados con Berserk y aunque se veían una vez al año para firmar los acuerdos, era bastante común que los fueran a reconocer, y no deseaba que el Consejo de la isla se aprovechara de la situación en la que ellos se encontraban, una completa desventaja.

Así que Astrid fue el nombre oficial de su hija, no le molestaba, pues honraba a la bebé que Gylda no tuvo y también a su maravillosa suegra. En algún momento de su vida le encantaría decirle la verdad de su procedencia y su legado, pero de momento el consuelo llegaba cada vez que ella sonreía y aprendía algo nuevo, desde las primeras veces que le dijo mamá, sus primeros pasos y también la primera diadema que le puso alrededor de su cabeza, justo como ella la usaba. No era algo inusual que las mujeres en la isla las usaran, pero para ella significado real era ser condecorada con la corona Burglars.

La vida en la isla cambió drásticamente después de qué Alvin, a quien le llamaron "el traidor" provocó un ataque de dragones, lamentablemente perdiendo a la jefa Valka en el proceso.

Stoick se consumió en un dolor agónico, fue a buscar cualquier rastro de ella, pero lo único que logró conseguir fue que su corazón se desmoronara ante la ausencia de su amada. Él no merecía eso. Pero le había quedado de consuelo su hijito, un constante recordatorio del amor que se tuvieron y de la esperanza que albergaba en el futuro de la isla.

-Cuenta conmigo para lo que necesites. –se ofreció Bertha mientras las nubes grisáceas del cielo se avecinaban a Berk, haciendo compañía al humor y sentimientos del jefe. –Si ocupas, con gusto seré la nodriza de Hiccup.

Stocik sonrió sin apartar la mirada del mar donde flotaban muy pocas ofrendas que aún permanecían pese al oleaje. Gylda estaba detrás de ella, muy triste también por ver que su amiga había partido, pero se encargó de cuidar a Hiccup mientras tanto.

-Muchas gracias Bertha, sé que sí, pero ya otra mujer se ofreció eso, será la esposa de Justin, nuestros hijos tienen edad similar y la verdad es que Hiccup no ocupará ese alimento dentro de poco. –mencionó sin ningún ápice de emoción en su voz.

No quería mostrar emociones, no porque le avergonzaran, más bien porque le causaba temor no controlarse.

-Sé lo que sientes, se lo que tu corazón piensa ahora, sé lo que significa. –mencionó Bertha, triste y empática con él. –Cuando murieron mis padres y todos en la isla no dejé de culparme, no pude repetir en mi mente una y otra vez que era mi culpa, que debí hacer algo que cambiaran las cosas… pero no puedes. –Stoick se giró para verla. –No tienes oportunidad de cambiarlo, e incluso lo que sientes, ese dolor forma parte de ti y te cambia en aspectos que ni siquiera habías imaginado; ese dolor te volverá fuerte, valiente y más preparado para afrontar los retos que vengan más adelante.

-Gracias, lo sé, y lo tengo en cuenta. Ahora más que nunca estoy decidido a encontrar ese mundo oculto donde se esconden los dragones, lo cerraré y evitaré que ninguna bestia pueda salir de ahí, ninguna otra familia será destruida por culpa de ellos.

El odio y el rencor que empezaron a nacer dentro del pelirrojo opacaron sus deseos por mostrar compasión ante el responsable de tal tragedia, aquel a quien tiempo atrás llamó amigo. Pero al igual que Bertha, su visión no se nubló.

Pues los ojos curiosos de su hijito le hicieron recordar la bondad que había en su amada esposa, aunque hubiera sido feliz de arrancarle la cabeza con sus propias manos, el castigo que recibieron fue el exilio.

Eso jamás lo perdonaría. No perdonaría su corazón roto, ni tampoco su fracturado hogar.

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-La traición amorosa y sus falsas promesas de amor-

Dagur había quedado en vergüenza total frente a su Concejo. Mató al hombre más leal que tenía, pero también había acabado con las posibles habladurías a las que su hermana se hubiera visto inmersa. Ella estaba comprometida, bueno, no lo sabía, pero al menos el esclavo ya no le metería ideas en la cabeza sobre ser feliz, ahora él sólo tenía que encargarse de hacer un plan lo suficientemente bueno para acabar con Hiccup, quien estaba feliz y muy enamorado al parecer.

Acabaría con él.

Con su Furia Nocturna

Y con Astrid.

-¿Quieres más té? –preguntó Skaoi, entrando a la habitación.

El jefe la miró en el umbral.

Sólo le asintió, con la mirada le dio la indicación de que cerrara la puerta. La esclava sirvió con cuidado, esperando agradarle al jefe, y vaya que lo estaba consiguiendo.

Ella era diferente. Siempre hacía lo que le indicaban. Nunca tomaba nada que no fuera suyo, le ayudaba a los demás esclavos, a veces hasta renunciaba a su propia comida con tal de dársela a alguien más. Siempre traía esos harapos puestos, se alegraba con detalle insignificantes, era tan humilde como obediente, incluso se había creído que él la amaba.

Aunque viéndola servir el té y endulzarlo como a él le gustaba le hizo pensar que tal vez no era tan falso.

Él sí l quería, pero no sabía en qué medida.

-Skaoi. –la llamó, tomándole la mano. Había sido una semana de derrotas, quería sentir un momento de felicidad al menos. -¿Quieres casarte conmigo?

La esclava dio un paso atrás, tratando de no desmayarse.

-¿Es en serio? –preguntó incrédula, con una emoción creciendo dentro de ella.

Dagur se sintió mal por tal jugada. Sí quería a Skaoi, pero en realidad quería consuelo esa noche.

Ya después se encargaría de decirle que ese matrimonio no sería válido, pero al menos se acostaría con ella un buen tiempo mientras reunía valor para decirle, o bien que ella lo descubriera por sí misma.

-Firmando este papel estaremos casados. Es un contrato burglar, ¿recuerdas que te hablé de él?

La muchachita ingenua lo vio.

-No sé leer bien. –confesó tímida.

-Eso es lo de menos, ¿qué dices?

Ella sonrió con su mejor gesto.

-Sí, claro que sí.

Se lanzó a los brazos de él y tras un apasionado beso ella escribió su nombre en el tratado, seguido de Dagur.

Según las leyes de la extinta isla Bog Burglar, ellos eran vikingo y mujer; lástima que esa promesa duraría poco.

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Notas de la autora:

Espero terminar el fic el próximo mes. Muchas gracias a quienes han seguido hasta aquí.

Gracias por leer

**Amai do**

Publicado: 26 de julio de 2020