¡Holaaa! Muchas gracias por dejarme todas sus impresiones en el capítulo anterior. Al parecer todos estamos en la misma situación de aislamiento y yo soy la única que me siento el centro del universo por eso (tonta de mí). Gracias por compartirme sus experiencias, no todos la estamos pasando de lo mejor y lamentablemente hay mucha mierda actualmente. Sin embargo, como ya les había comentado en otras ocasiones, aquí me tendrán. Mi pequeño aporte por mejorar un poquito la situación es darles algo de entretenimiento a corto plazo.

No me quiero enrollar demasiado que ya saben lo que se viene en este capítulo. Solo mencionar que los dos reviews de visita los responderé al finalizar el capítulo. Pero OJO si les pica la curiosidad, esperen a terminar el capítulo para que no vean ni un solo spoiler.

Como siempre, no se olviden de dejar reviews que me encanta leerlas. Son mi único contacto humano en estos días.

Besos, S.


Capítulo 25.

La lluvia golpeaba los cristales de su departamento. El traga luz provocaba un sonido relajante mientras se encontraba acostado en el sillón. Rasgaba la guitarra con delicadeza sobre su regazo, sin dejar de pensar una y otra vez en lo que Lily y Sam estarían haciendo.

Se sentía idiota. Todo lo que había pasado él mismo se lo había provocado al ser un cobarde. ¿Por qué no habló de frente las cosas con Lily? ¿Por qué no le explicó los motivos por los que era tan hermético? Tenía mucho pasado y sabía la respuesta: no quería que lo juzgara, no quería que lo rechazara por todas las cosas que había tenido que vivir. Había tomado malas decisiones, sí, pero era la única forma que tenía para sobrevivir.

Ahora tantos años después, esas vivencias eran las que lo conformaban. Él no podría ser otra persona que lo que era. Y de eso no se arrepentía. Se gustaba, a pesar de todo. Se sentía poderoso y todo lo había logrado sin tener nada. Ahora estaba ahí, bajo sus propios méritos. Sus padres en su oficio no lo apoyaban y había sido demasiado tarde cuando notaron que estaba metido en ese mundillo. Quisieron corregirlo, por supuesto, incluso amenazaron con mandarlo a un colegio militar. Al final desistieron, sabían que él los odiaría si lo hacían y por algún motivo, eso fue más fuerte.

Su vida estaba rodeada de drama, muerte, sangre y nudillos golpeados; pensamientos nublados, drogas y prostitutas. Ese no era el ambiente para una chica como Lily. Ella era buena, de buena familia, educada, mimada, caprichosa. Pero no lo hacía quererla menos. Demonios. No podía salir de su cabeza. En su memoria se repetía una y otra vez su rostro cuando le dijo "Porque me enamoré de ti, tonto": sus ojos estaban brillantes por las lágrimas, su voz no tembló y la determinación en su mirada le confirmó que era cierto.

Lily tenía sentimientos por él y no se lo podía creer. Era casi irreal que una chica como Lily se hubiera enamorado de alguien como él. Aun así, le creyó, porque toda ella se lo confirmaba.

Y ahora estaba en una cita con un idiota. Sam le agradaba antes, pero ahora se sentía con la responsabilidad de odiarlo. Él estaba tratando de conquistar a Lily a posta, sabía que ellos de alguna forma estaban juntos, y James se había dado cuenta que solía mirar demasiado a la pelirroja. Después de un tiempo se acostumbró, Lily solía llamar la atención de los hombres de manera natural. Ahora sabía que sus intenciones eran otras, y aunque admitía que Sam era mejor partido que él, no estaba dispuesto a pensar que hacía buena pareja con Lily.

Sus dedos se movían con reconocimiento sobre las cuerdas entonando algunas canciones que conocía. Ya había pasado una hora y no había enviado un solo mensaje a Lily. Tomó el móvil y comenzó a teclear:

Me gusta cuando usas pantalones cortos a pesar de que todos los hombres del lugar te miran.

Eso había pasado ese día. Lily llevó pantalones cortos deportivos en la brigada y no podía apartar los ojos de ella, a pesar de que prácticamente no se dio cuenta él anduvo rondando a su alrededor. Le carcomió la carne encontrarla hablando con Sam por la mañana pero pudo controlar sus celos y pasar de largo. Después no fue difícil averiguar que tendrían una cita, pues el chico lo había gritado a los cuatro vientos; casi parecía que se esforzaba porque James lo escuchara.

Más tarde tomó una decisión: no dejaría ir a Lily. Ella era todo lo que él quería y más. Ellos se complementaban, funcionaban juntos y eso era difícil de encontrar. Fue cuando comenzó a enviarle mensajes. Se había equivocado y lo sabía. Lily no cedería tan fácilmente, pero lo menos que esperaba era que le permitiera hablar, que escuchara lo arrepentido que estaba. Que supiera que los últimos días prácticamente no había podido dormir ni comer, y había realizado todas sus actividades cual muerto viviente, arrastrando los pies y gruñendo monosílabos.

No podía soportarlo más. Estaba acostado sin hacer nada simplemente mirando el tragaluz oscuro golpeado por la lluvia. Debía intentarlo de nuevo. Solo había ido una vez a su casa a buscarla una semana atrás, tal vez ya era hora de hacerlo otra vez. Si tenía suerte se los encontraría cuando terminaran la cita.

Se incorporó del sillón y subió las escaleras hasta el entrepiso. Se colocó las botas y tomó una chaqueta del armario. Estaba fresco y no pensaba ser golpeado por la fuerte lluvia. Podía ver a través de la ventana que el viento corría con fuerza, definitivamente se convertiría en una tormenta. Lo único bueno de eso era que no tendría que asistir a trabajar, las entregas de mercancía no solían hacerse bajo la lluvia para no dañar el producto, y además no tenía ánimos de supervisar a los perros, podrían hacerse cargo por un día.

Recogió las llaves de la mesita de entrada y salió del departamento. Incluso afuera se podía escuchar el viento fuerte golpeando las paredes del edificio. Que más daba, era solo agua y viento. Vivir en el último piso tenía sus ventajas ya que no tenía vecinos próximos, a pesar de que conocía a la mayoría de ellos, algunos eran buenos clientes y por supuesto todos eran estudiantes de Miller. Bajó las escaleras de dos en dos, pensando en que debía darse prisa antes de que la tormenta empeorara. Estaba por llegar al vestíbulo cuando se detuvo en seco, alguien corría por debajo de la lluvia hasta detenerse en el pórtico.

El corazón comenzó a palpitarle con fuerza. ¿Era real lo que veían sus ojos o solo una alucinación?

El cabello pelirrojo de Lily estaba empapado y alborotado. Chorros de agua se deslizaban sobre su frente y hombros, su ropa estaba casi tan mojada como su cabello y las zapatillas de tacón alto no parecían seguras para el clima. Se quedó sin aliento cuando los ojos verdes hicieron contacto con los suyos. No sabía que pensar ni que sentir, estaba demasiado sorprendido.

Lily se acercó los pasos que los separaban mientras apartaba el cabello de su rostro. Parecía tan sorprendida como él, a pesar de que ella era la que estaba en su edificio.

—Dijiste que querías hablar.


James observó a la pelirroja en su sala. Estaba sentada en uno de los sillones más apartados de él y secaba su cabello con una toalla. Seguía mojada pero se había negado a aceptar algo más. Apenas entonces la pudo ver mejor: llevaba un vestido rosa demasiado corto para su gusto, las zapatillas mostraban sus uñas esmaltadas en azul, y el bolso pequeño indicaba el ir a un lugar elegante. No llevaba abrigo y eso explicaba porque podía notar, a pesar de la distancia, su cuerpo vibrar.

—¿Y bien? —preguntó Lily sin detener el movimiento de la toalla sobre sus hombros.

James carraspeó. No sabía por dónde iniciar.

—Insististe tanto para que aceptara hablar contigo y ahora no sabes qué decir —dijo con una risita. Aunque esta risa era irónica, ya que no se veía en lo absoluto divertida.

—Estoy sorprendido de verte aquí, es todo.

—¿Sorprendido? He recibido alrededor de cien mensajes tuyos en el día, el último fue hace unos minutos, ¿y te sorprende que esté aquí? —Su voz estaba tintada en naranja, lo que significaba que estaba algo molesta.

James cruzó los brazos sobre su pecho.

—Sí. Está lloviendo a cantaros e imaginé que estarías en una cita o algo así.

La pelirroja suspiró. Dejó la toalla a un lado y se meció sobre el sillón. Había evitado su mirada todo el rato, más de lo normal, pero podía sentir un cambio de actitud. Sus mejillas no estaban sonrojadas, ni bajaba la cabeza como lo había hecho la primera vez que fue a buscarlo. Estaba curioso y sorprendido.

—Tenías razón —aceptó. James respingó—. No pude apartarte de mi cabeza durante toda la cita. Fue un desastre. Por eso estoy aquí, porque quiero saber qué es lo que tienes qué decir.

Ahora sí que clavó su mirada en él. Verde contra azul. Ninguno rompió la conexión. James pudo sentir los vellos de su nuca erizarse.

—Lo siento —dijo—. Quería pedirte perdón por no haberme detenido un minuto a pensar en cómo te afectaría el hecho de venderle droga a tu hermana. Me sentí responsable por lo que le había pasado, y por eso es que te ayudé a controlar su temperatura. He estado en demasiados lugares donde pasan ese tipo de cosas, que ya sé cuándo es conveniente ir al hospital.

—Está bien. Petunia ya me dijo que fue su culpa, que fue ella la que no siguió tus recomendaciones, y también, que te habías negado a darle algo, pero que ella había sido insistente.

Sorprendido asintió con la cabeza. Nunca pensó que Petunia se prestaría a defenderlo, al contrario, se imaginó que después de ello sería la primera en decirle a Lily que él no le convenía.

—Sobre lo otro yo… —comenzó a decir. Tuvo que romper la conexión, esto sería lo más complicado—. Tienes razón y también debo pedirte disculpas por ello. No he sido sincero al cien por ciento, te mentí a propósito al decirte que intentaría quitar mi armadura, cuando realmente no lo intenté ni por un segundo.

Ante esto, los ojos verdes de Lily comenzaron a aguarse. Sabía que sus palabras la lastimarían, así como lo habían hecho sus acciones. Era el único responsable y se sentía horrible en ese momento.

—Solo quería estar contigo, y pensé que si te daba la razón, podría tenerte sin necesidad de abrirme por completo.

—¿Por qué lo hiciste? —Le sorprendió la interrupción.

—¿Eh?

—¿Por qué no quieres abrirte conmigo?

Balbuceó un poco antes de responder. Se sentía miserable, y ni siquiera podía sostenerle la mirada un par de segundos.

—Siento vergüenza.

Al fin. Era la primera vez que lo decía con todas sus letras. El peso que había estado sobre sus hombros por tanto tiempo, de repente se había vuelto más ligero.

—Me avergüenza la vida que he llevado, las malas decisiones que tomé en el pasado y sigo tomando. Eres demasiado para mí, Lily, es imposible estar en el mismo nivel en que estás tú. Aunque enmendara el resto de mi vida nunca podría estar a tu altura.

James no podía recordar la última vez que había derramado una lágrima, pero en ese momento juraba que si seguía hablando, no podría retenerlas por más tiempo. Se encontraba a corazón abierto y era doloroso. Por eso no lo hacía, dolía demasiado pensar acerca de sus sentimientos y ponerlos sobre la mesa. Bajó la cabeza y escondió el rostro entre sus manos. Escuchó los tacones de Lily sobre el suelo acercándose a él, pensó que lo abrazaría pero sucedió todo lo contrario.

Tiró de su cabello hacia atrás y depositó una bofetada en la mejilla. Dolió, pero no tanto como para quejarse.

—¡Eres un cobarde! —exclamó Lily con los ojos bañados en lágrimas—. Te dije que no me importaba tu pasado. Ni lo que habías hecho. Te dije incluso que no me importaba a qué te dedicabas. Todo este tiempo pensé que era por mí, que probablemente no me tenías la suficiente confianza o que yo era demasiado poco, o tal vez era por haberte rechazado antes.

»Ahora me doy cuenta que el problema eres tú. Te asustas tú mismo y no tienes el suficiente valor para encarar tus sentimientos. Sí, te pasaron cosas mierda antes, pero eso no fue tu culpa. No es tu culpa haber sido huérfano cuando eras un niño. No es tu culpa haber buscado la manera de sobrevivir. No hay nada por qué sentirse avergonzado.

—Lily, por favor —suspiró—, no seas inocente e idealista. La mierda que hay en mi vida yo mismo me la he provocado. Me dedico a la venta de drogas desde los quince años, y esa fue mi decisión. Nadie me obligó, conscientemente accedí ante el ofrecimiento de Earl porque era la manera más fácil de conseguir dinero. Me gustaba el ambiente, era un niño, siempre había fiestas y prostitutas por todo el lugar. Era demasiado atractivo para alguien como yo que no tenía nada. De repente me dio popularidad con mis amigos porque siempre tenía dinero, fui aclamado por repartir yerba cuando tenía trece años, e incluso me aplaudían cuando les presentaba prostitutas.

»Esta es la puta vida real, Lily, no el cuentito de hadas en el que has vivido toda tu vida. Sí. Soy una mierda. He hecho cosas mierda. No me siento orgulloso de ellas, y por eso es que nunca me abrí contigo. No podía permitir que te metieras en mi cabeza y descubrieras todo lo que me avergonzaba, porque yo soy esta mierda. Esto que ves aquí. El jodido chico de diecinueve años que parece haber vivido treinta años más, el mismo que decepciona a sus padres una y otra vez. El que se encaprichó con una pelirroja del campus porque le gustó su cara y el color de su voz.

»No quise lastimarte, Lily, nunca fue mi intención. Por eso te mantuve alejada todo lo que pude, pero cada vez me iba involucrando más, cada vez parecías querer más mi compañía y yo no podía resistirme. El día en que te rechacé tomé una decisión. No podía involucrarme sexualmente contigo, era demasiada intimidad, y no podría lidiar con ello si con eso te lastimaba. Fue difícil, créeme, tú estabas tan dispuesta y yo tan excitado, que simplemente decidí que ese era mi límite. No me arrepentí porque pensaba que lo hacía por tu bien, a pesar de que tú no lo supieras. Perdóname, por favor. Me aterra lo que siento por ti y temo lastimarte.

Lily seguía de pie a su lado, escuchando cada una de sus palabras. Las lágrimas no habían dejado de salir de sus ojos verdes, y de repente lucía débil. Se sentó sobre la mesa ratonera, entre las piernas separadas de James sentado en el sillón.

—¿Y qué sientes por mi? —preguntó con voz suave.

James levantó la mirada y la clavó en la de la pelirroja. Su corazón no había dejado de bombear con fuerza, sentía los ojos llorosos y pensaba que se podría desmayar en un instante por la carga emocional.

—Veamos: no he podido dormir ni comer. No te apartas de mi mente ni un segundo. He visitado todas las noches tu vecindario para sentirte cerca. Te he seguido con la mirada cada día en el campus. Y sí, Lily, creo que también me enamoré de ti.

Mordió su labio inferior en ese gesto que solía hacer. Los ojos verdes parpadearon provocando que dos lágrimas se desprendieran. Se formó un puchero en la barbilla y las cejas se alzaron de las esquinas interiores. Lily se dejó caer en el pecho de James sollozando. James jamás la había visto llorar de ese modo, algo se apretó en su estómago, y envolvió sus brazos alrededor tratando de consolarla.

Estuvieron algunos minutos así, en esa posición. Lily con el rostro enterrado en el pecho masculino, y él dibujando círculos en la espalda tratando de calmarla. Le dolía pensar que él había provocado eso, que tenía el poder para causar dolor en una persona. Era una revelación increíble.

Los sollozos poco a poco fueron disminuyendo, así como la fuerza con la que Lily se aferraba a su camisa. También soltó su agarre, aunque no la dejó apartarse por completo.

—Te amo, James —susurró subiendo sus manos desde el pecho hasta el rostro del chico, ahuecándolo por las mejillas, con la voz verde azulada más potente que nunca—. Quiero estar contigo, pero debes prometerme que no volveremos a pasar por esto.

Con el corazón golpeando tan fuerte que temía abandonara su pecho, James unió su frente con la suya.

—Lo prometo.

Lily suspiró y se alejó un poco, sentándose correctamente sobre la mesita ratonera. Limpió sus ojos con las manos provocando un desastre en negro por su rostro, pero James no se lo diría ya que le parecía adorable.

—Yo solo venía por un beso —dijo con voz gangosa.

James soltó una risa y por primera vez mostró sus hoyuelos. Se sentía ligero, más de lo que nunca había estado.

—Primero quítate esa ropa, te enfermarás —advirtió poniéndose de pie. La pelirroja pataleó un poco, pero pudo notar que lo hacía en forma juguetona. La sonrisa en sus labios se amplió más si es que era posible—. Vamos, te prestaré algo.

Tomó la pequeña mano femenina y la jaló poniéndose de pie. Lily siguió sus pasos hasta llegar al entrepiso. La lluvia seguía golpeando los cristales, a pesar de que un minuto atrás no había sido consciente de ello. Se acercó al armario y comenzó a buscar algunas prendas que no fueran tan grandes. Hacía un poco de frío, así que eligió unos pantalones de chándal y una sudadera con capucha.

—Creo que con… —Se giró con las prendas en sus manos pero se detuvo al percatarse que Lily sacaba los brazos por el vestido, antes de deslizarlo por sus piernas.

Los senos estaban desnudos y solo se había quedado en unas bragas blancas. Los pezones estaban en punta por el frío y las zapatillas seguían en sus pies. Trató de usar todo su autocontrol para dirigir su vista al rostro y extenderle las prendas.

—Con esto se te quitará el frío —completó por fin.

Lily tomó la ropa en sus manos y la admiró un par de segundos. James estaba esperando que comenzara a ponérsela cuando esta terminó en el suelo.

Las mejillas de la pelirroja estaban sonrojadas, y no parecía tener frío en lo absoluto. Los pezones erguidos significaban otra cosa.

—No lo quiero —dijo.

Después tomó la chaqueta de los hombros de James y comenzó a deslizarla por sus brazos.

—¿Qué estás haciendo? —cuestionó, sintiendo que el palpitar de su corazón ya no estaba en el pecho sino en otro lugar en sus pantalones.

—Si es cierto lo que dijiste y ahora serás sincero conmigo, creo que debes demostrármelo de una manera en que yo pueda ver que no te asusta la intimidad conmigo.

Sus palabras parecían tener mucho sentido, y él se moría por hacer algún movimiento, pero había otras cosas a considerar: Lily era virgen, y él nunca había estado con una. No sabría qué hacer y le daría miedo lastimarla.

—Creo que deberías pensarlo dos veces, chica canela. Acabamos de arreglar las cosas hace un minuto. Tú eres virgen y tal vez el calor del momento te hace pensar que yo soy el adecuado, pero en el futuro no quiero que te arrepientas —dijo atropellando las palabras, pues Lily había comenzado a abrir sus pantalones y ahora estaban en la altura de sus rodillas.

—No tengo nada que pensar. Te dije que no me estaba reservando a nadie, simplemente quería hacerlo con alguien que me gustara y que le tuviera confianza. Eres el primer chico que me gusta, te tengo confianza y cuán más, te amo, James y quiero hacerlo contigo. Además, yo no veo el sexo como algo sagrado y quiero saber qué es lo que todos dicen que es tan maravilloso.

James estaba sorprendido por lo desinhibida que se mostraba Lily. Le costaba creerlo y eso solo lo hacía estar más y más duro.

—No sé si la primera vez sea tan maravilloso como dicen —murmuró por lo bajo, tratando de encontrar algún punto en la habitación en donde fijar su vista—. He escuchado que duele.

—Genial. Entonces si esto es solo un protocolo, y la primera vez real vendrá después ¿qué estás esperando?

El frío ya se había ido completamente de la habitación, incluso la playera que todavía llevaba puesta comenzaba a estorbarle. Se sacó las botas y el resto del pantalón, Lily esperaba impaciente, y creyó ver que puso los ojos en blanco cuando se deslizó escaleras abajo.

—¿Adónde crees que vas, cobarde? —le preguntó en voz alta.

Podía notar el ambiente juguetón y no podía decir que no estaba contento. Sí lo estaba, pero también aterrado. Además de que nunca había estado con alguien virgen, tampoco había estado con alguien por quien tuviera sentimientos. No sabía cómo hacerlo, suponía que siendo tierno y comprensivo, ¿podría lograrlo? ¿Qué tal si el deseo lo cegaba y se volvía una bestia descontrolada? No. No podía. Respiró varias veces en el cuarto de baño y se agachó a tomar un par de condones.

Se miró en el espejo. ¿A quién engañaba? la idea le gustaba demasiado como para negarse. Había soñado con eso por varias semanas, además si se arrepentía en esta ocasión Lily se iría y no volvería.

—Tú puedes, idiota. No la cagues —le dijo a su reflejo en voz baja.

—¿Qué tanto haces en el baño? —gritó Lily asomándose desde el entrepiso.

Suspiró una vez más y se dirigió a la habitación con los preservativos en la mano.

Lily ya se había quitado las zapatillas, y estaba sentada en la cama, luciendo nerviosa. Su pierna se mecía de arriba abajo y juraba que los dedos le temblaban. Le dio ternura. Estaba tan preocupado y nervioso por cagarla, que olvidó que él era el responsable de transmitirle seguridad. Ella quería, había aceptado y demostrado que no se echaría para atrás. Además, no era la gran cosa. Su primera vez tampoco había sido tan buena, fue más la emoción antes y la anécdota del después, aunque pensaba que en una mujer era diferente.

—¿Quieres esperar unos minutos? —preguntó sentándose a su lado.

—No quiero esperar, porque entre más tiempo pase me pondré más nerviosa.

Palmeó su rodilla un poco y trató de mirar cualquier otro lugar que no fueran sus pechos. La erección había cedido, pero nuevamente había empezado a endurecerse al entrar en la habitación.

—Si no estás segura no deberías hacerlo. No hay ninguna presión —sugirió.

Lily volteó a verlo e hizo un puchero.

—¿Tú no quieres? —preguntó con tristeza.

No tardo nada en negarlo, por fin fijó su atención en el rostro y se dio cuenta que ahora su pierna era la que se mecía de nerviosismo.

—¡Claro que quiero! Yo solo… No quiero que hagas nada de lo que no estás segura, mucho menos esto —Lily no respondió, sino que bajo la cabeza y siguió meciendo las piernas. Entonces a James se le ocurrió una idea:— Mira, ¿qué te parece si hacemos lo siguiente? —Extendió su mano— Estos son los preservativos. Pasemos un buen rato, disfrutemos de esto, y si en el debido momento te sientes segura me entregas uno y yo me encargaré del resto. ¿De acuerdo?

Lily tomó los dos empaques plastificados con la cabeza agachada. Podía entenderla, quería pero estaba aterrada, igual que él. Por primera vez, se dio cuenta que compartían el mismo sentimiento, y esta era su oportunidad de enmendar un poco lo que había hecho unos días antes.

Tomó la barbilla de la pelirroja y la elevó lo suficiente para unir sus labios. El beso fue tímido al principio, Lily apenas si le respondía, pero después cuando se permitió utilizar la lengua ella correspondió con la misma intensidad. Su cabeza daba vueltas, los besos eran absurdamente maravillosos, le hacían sentir cosquillas por todo el cuerpo y estas se iban a un solo lugar que poco a poco aumentaba de tamaño.

Se fueron dejando caer en la cama con lentitud, sin detener el beso y el instinto de James comenzó a actuar por sí mismo. Apoyó la rodilla contra el colchón, y con el codo pudo sostener su peso, de esa manera pudo estar sobre Lily sin aplastarla y continuar el beso. La mano libre se deslizó desde la mejilla dibujando todo el contorno de la barbilla y el cuello, siguió el camino hasta el hombro y posteriormente a la axila sintiendo la piel de gallina a su paso. Quería tocarle las tetas, eran fantásticas, pero sabía que aquello sería demasiado rápido y quería nublar la mente de Lily, que lo único que pudiera pensar era en el deseo.

Dio un pequeño brinco hasta la cintura, y sonrió sobre los labios de Lily cuando la escuchó gruñir en protesta. Abrió un ojo, los pezones estaban endurecidos y la piel a su alrededor en punta, el brazo femenino estaba al costado de su cuerpo y sus dedos ya habían comenzado a sujetar las sábanas.

—Chissstt —susurró a la pelirroja—. Todavía ni empezamos, amor.

Los ojos verdes se abrieron un poco clavándose en los suyos, le sonrió como respuesta, todo esto sin dejar de acariciar su cintura y ahora el estómago.

—Me llamaste amor.

—¿Sí? —Se hizo el desentendido y plantó un beso en la nariz— ¿Te molesta?

—Me molesta pelirroja y aun así lo utilizas, ¿qué más te da?

Sabía que no le molestaba, su expresión y el color de su voz lo decía todo. Sonrió de vuelta y deslizó los labios con el suave cuello, golpeándola con su aliento.

—No te distraigas.

La escuchó tragar saliva. Ahora su aliento estaba sobre uno de sus pechos, a pocos milímetros de hacer contacto con la piel. También sentía su boca salivar, quería usar la lengua, pero debía recordarse lo que él mismo había dicho: apenas iban iniciando.

Regresó su boca hasta la de Lily y se permitió besarla con mayor intensidad. Podía sentir su cuerpo arder, la temperatura poco a poco iba subiendo y los vestigios de sudor comenzaban a acumularse en su frente. Le sorprendió sentir la pelvis de Lily hacer contacto con la suya, ella se había alzado para sentir su erección contra los bóxer y la mano que hasta entonces había sujetado la sábanas, lo acariciaron por encima de la tela. Eso no lo veía venir. Se suponía que sería lento y excitante, al parecer Lily tenía unos planes muy diferentes.

Se reprimió de soltar un gemido cuando la pelirroja tomó el elástico de sus calzoncillos, y los deslizó por sus muslos hasta donde alcanzó. La erección rebotó sobre el vientre de Lily, y James juró que aquella era una de las imágenes más excitantes de su vida, Lily frotándose contra él y tomándolo por la nunca para evitar que se alejara.

No era justo, él era el que haría el trabajo y Lily con sus jugarretas lo estaba haciendo perder perspectiva. No lo toleró más y la mano libre se fue directo hasta sus pechos que presionó un poco. Esta vez fue el turno de gemir de la pelirroja, y no podía sentirse más satisfecho. Bajó los besos por la barbilla y aprovechó para hincar el pene en el pequeño espacio entre sus piernas. Se frotó una vez y tuvo que parar los besos por unos segundos. La tela de las bragas era suave, pero aun así podía sentirse chocar contra el colchón, era un poco molesto.

Estaba por alejarse, cuando subió la mirada y descubrió a Lily con los ojos cerrados mordiendo su labio inferior. Tenía las mejillas sonrosadas, el cabello alborotado y el maquillaje de los ojos corrido, y aun así nunca le había parecido más hermosa. Lily cerró las piernas por completo, quedando atrapado entre medio de los muslos. El calor del cuerpo femenino y la sensación piel con piel era agradable, podía sentir la humedad en el área, ella estaba pidiendo que la tocara.

Depositó algunos besos sobre los pechos sin dejar de frotarse. Apoyó una mano sobre el muslo indicándole que lo soltara. Lily obedeció y James irguió para quitarse el resto de su ropa. Terminó de bajar los calzoncillos por sus piernas, se sacó la playera por la cabeza y se deshizo de los calcetines. Lily lo miraba todavía recostada y sin soltar el labio entre sus dientes. James esbozó una sonrisa tranquilizadora y le guiñó el ojo antes de sujetar las bragas blancas y deslizarlas por sus piernas.

El rostro de Lily se volvió completamente rojo y llevó su mano a la nueva área descubierta con vergüenza. James rio un poco mientras se dejaba caer a su lado, divertido por la reacción tan infantil. Apoyó su cabeza sobre su brazo que formaba un triángulo, y con la mano libre tomó la barbilla girándola en su dirección.

—Mírame, amor. No dejes de mirarme —le dijo con voz suave.

Lily soltó el labio que había estado presionando y clavó sus ojos en los azules. Ahora James debía guiarse por el tacto porque quería ver el delicado rostro de Lily romperse en un orgasmo. Ella estaba nerviosa, sería difícil pero no imposible.

Deslizó la mano por el abdomen, que se contrajo en suaves espasmos hasta llegar a los muslos fuertemente presionados. Comenzó trazando círculos, tratando de relajarla, después tocaba un poco la mano de la pelirroja que seguía presionando en ese lugar, y posteriormente la mano se retiró de forma natural. Los ojos de Lily estaban somnolientos, por fin se veía relajada; no había ceños fruncidos ni mordidas de labios, se estaba guiando únicamente por las sensaciones en su cuerpo. Esa era buena señal.

Poco a poco fue adentrándose más hasta la parte interna de los muslos, que involuntariamente cada vez se separaban más. Suspiró cuando por fin su mano tuvo el espacio suficiente para tocar la vulva inflamada. Lily pegó un respingo pero no se alejó, ella ya había sido masturbada, o eso era lo que había dicho antes, incluso le habían hecho un oral. Tal vez no sería tan difícil como había pensado en un inicio, considerando que podía sentirla bastante húmeda.

Los ojos de Lily estaban completamente abiertos mirándolo fijamente. Sonrió para tranquilizarla, de nuevo se veía tensa.

—¿Está bien, chica canela? ¿Quieres que pare? —preguntó comenzando a hacer espacio entre los pliegues húmedos.

La carne estaba caliente y buscaba el punto exacto. Lo encontró inflamado, en la corona del sexo. Apoyó su dedo índice y con el primer movimiento la boca de Lily se abrió pero de esta no salió ningún sonido. Ahora los ojos estaban entre abiertos y mordía de nuevo su labio inferior. Repitió el movimiento una, dos veces, sintiendo la piel de la pelirroja aumentar considerablemente de temperatura.

—¿Quieres que me detenga, amor? —preguntó una vez más. Ahora con picardía, sabía que ella no lo querría.

Cuando negó con la cabeza no se pudo sentir más satisfecho. Ahora se sentía más seguro, y las piernas de Lily se habían abierto dándole completo acceso. Ya no tenía más sentido estar en esa posición cuando los ojos verdes estaban completamente cerrados, y él se moría por usar su otra mano acalambrada.

Sin detener los movimientos se incorporó y apoyo ambas rodillas entre las piernas de la pelirroja. Se tomó unos segundos para apreciarla, expuesta a él y con las manos sujetando las sábanas. Deslizó un dedo en su interior, y casi gimieron juntos. Lily arqueó la espalda y dobló las rodillas. Sus caderas comenzaron a mecerse de forma inconsciente, lo que dificultaba el movimiento de sus dedos. Tenía las dos manos ocupadas y un mechón molesto de cabello le caía sobre un ojo, quería verla con ambos, disfrutar de la imagen. Sacudió la cabeza y en ese momento algo sucedió en el interior de Lily. Las piernas se estiraron, la espalda se arqueó, las manos sujetaron con más fuerza las sábanas, y su sexo aumentó la humedad si es que era posible.

James disfrutó verla retorcerse, escucharla gemir y después un débil ronroneo. Casi no podía sentir sus dedos pero no importaba. Su temperatura había subido por las nubes y tenía una dolorosa erección. Debía concentrarse, sí, quería hacerlo, ahora más que nunca, pero le había dado la oportunidad a Lily de decidirlo. Ella incluso en ese momento, con las piernas alrededor de él y el pene a centímetros de su vagina podría decir que no, y él tendría que respetarlo.

Subió la mirada a Lily, ella todavía sostenía los preservativos en una de sus manos. El pecho bajaba y subía con fuerza, y ella también lo estaba mirando. Casi gritó cuando uno de los condones cayó a su lado en el colchón. Lily lo había lanzado y él lo tomo con rapidez. Abrió el empaque utilizando sus dientes y se aseguró de colocárselo correctamente, antes de ponerse de pie en el borde de la cama.

—¿Estás cien por ciento segura? ¿No habrá ningún arrepentimiento? —preguntó por última vez, mientras la tomaba de las piernas y la colocaba en la posición correcta.

Lily miró hacia el techo y asintió.

—Sí, estoy segura.

Ahora era momento de concentrar toda su energía en tratar de dañarla lo menos posible. Debía ser lento y paciente. Se colocó en la entrada y presionó un poco, observando la reacción de Lily. Esta cerró los ojos y sujetó las sábanas bajo su cuerpo.

—Solo hazlo, por favor —pidió.

Eso le dio valor para comenzar a deslizarse. El camino era difícil, a pesar de estar húmedo, ella estaba casi por completo contraída, y comenzaba a volverse doloroso. Se apartó el cabello sudoroso de la frente, y acarició uno de los muslos.

—Tranquila, amor. Estás muy tensa y solo ocasionarás que nos lastimemos los dos. Trata de relajarte.

—Duele —susurró, y pudo distinguir una pequeña lágrima deslizándose por su ojo.

—Podemos detenernos si es lo que quieres.

—No —negó con la cabeza—. Ya llegué hasta aquí y no me echaré para atrás. ¿Cuánto falta?

James bajó la mirada.

—Un trecho.

—Bien. Continúa.

No estaba muy seguro de que fuera lo correcto, pero ya estaba más adentro que afuera, y aunque dolía como el infierno, sabía que después mejoraría. Apoyó la mano en las caderas femeninas y comenzó a empujar una vez más, Lily no parecía relajarse, presionaba los dientes y lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

Cerró los ojos para concentrarse, y empujó una última vez. Casi inmediatamente sintió las piernas debilitarse, estaba completamente adentro y por primera vez era consciente de la textura húmeda y cálida. Estaba seguro que había soltado un gemido, porque encontró a Lily mirándolo con una última lágrima abandonando el iris verde.

—¡Esto no tiene nada de maravilloso! ¡Duele como el infierno!

Rio un poco. El dolor se había terminado para él y solo quedaba el placer. Se inclinó sobre Lily y depositó unos besos sobre el rostro.

—Tranquila. Me moveré despacio para que te acostumbres y, tal vez con suerte, puedas entender qué es lo que todo mundo presume.

Haciendo honor a sus palabras comenzó con lentitud, apenas deslizándose de afuera a adentro. Podía sentir cada una de las terminales nerviosas y se reprendió por no hacerlo más seguido de esta manera. Siempre lo había hecho rápido, empujando con fuerza y aunque era placentero, también lo era preocuparse por el placer de la otra persona.

Conforme los movimientos fueron avanzando pudo notar como el cuerpo de Lily se relajaba cada vez más; ya no se sentía la tensión en sus caderas, y su rostro dejó el ceño fruncido para empezar a formar una sonrisa. Cada vez buscaba más contacto acercándose a él, y una de sus piernas se enredó en la parte trasera de las suyas. Regresó su atención a los senos que habían vuelto a estar en punta, se inclinó y comenzó a succionar la delicada piel. Lily tarareó y ahora sus manos se habían ido hasta el cabello negro tirando un poco de él.

Ella sabía lo que a James le gustaba, y lo estaba haciendo a posta. Si tenía ánimos para jugar con él, quería decir que dolor ya no sentía. La sujetó de las caderas, y se deslizó con más rapidez adentro y afuera. El placer ya se estaba construyendo en su vientre bajo, Lily arqueaba la espalda y se presionaba con más fuerza contra su torso. James tenía las manos ocupadas sosteniendo su pecho contra ella. De repente era consciente de solo una cosa, su pene volviéndose fuego y colapsando en una explosión líquida. Esta vez no lo reprimió y no le importó: gimió con ganas.

Se dejó caer contra Lily que comenzó a quejarse por el peso y por otra cosa.

—¿Ya terminó? —cuestionó.

James soltó una risa que golpeó en el cuello de la pelirroja.

—Duré lo más que pude, chica canela, no puedes culparme si se supone que tú solo sentías dolor.

—Al final sí me gustó, pero fue tan poco tiempo que ya no sé. ¿Podemos volver a intentarlo?

Esta vez rio con más ganas. Se deslizó fuera de ella y se recostó a su lado sobre el colchón.

—Podríamos pero justo ahora no. No me repongo tan rápido.

Permanecieron en silencio unos minutos. James sentía su cuerpo completamente relajado, estaba cansado de los días de insomnio y el sonido de la lluvia golpeando los cristales no hacía más que relajarlo. Lily estaba a su lado. Por fin estaban juntos…

No. Todavía no.

Giró su rostro hasta ella y la contempló unos segundos.

—Lily —la llamó, ocasionando que las dos esmeraldas se abrieran por completo. Lo que dijo a continuación podía jurar que no había sido azul oscuro, no. Era la primera vez que podía notar el azul cielo en su propia voz—, ¿te gustaría ser mi novia?


Respuesta a reviews:

SerenaMileto: ¡Muchas gracias por estar aquí siempre! Yo no sé por qué pensaba que los países de latinoamérica ya habían levantado cuarentena y ¡mira que equivocada estaba! Espero que las cosas mejores pronto. Mientras tanto me hace feliz saber que contribuyo a que pases un rato más a menos, por lo menos una vez a la semana leyendo mis locuras. Por cierto, dices que te llega notificación, es decir ¿tienes cuenta? ¿por qué nunca comentas en ella? :c Me encanta responder a todos los reviews y hacerlo personalmente. Besos,S.

Lesli: ¡Bienvenida! Es genial tenerte aquí, al parecer la cuarentena ha hecho unas coincidencias preciosas que ha traído gente nueva a mis historias. Me encanta que te esté gustado, y todo ese amor que tienes por ahí, mándalo yo lo recibo con mucho gusto *.* El amor de James y Lily canon siempre me gustó demasiado, enemies to lovers a mí me puedeeeeee, aunque en mis fanfics normalmente no utilizo mucho el tropo sí que me divierto imaginándome mil escenarios en los que esta relación tendría lugar. Y, vaya, sí que hay mil universos, nunca me cansaré de ellos. Sobre lo que comentas de la cuarentena, admiro mucho a las personas que siguen laborando, de verdad que si no fuera por ustedes la economía se caería en mil pedazos. Yo tengo homeoffice pero definitivamente no es lo mismo que salir todos los días a arriesgarse, sin embargo, tiene sus cosas buenas... ¡cómo escribir! A mí me encanta, y sé que vas llegando, pero durante esta temporada he estado actualizando muy seguido y lo seguiré haciendo hasta que se me terminen todos los capítulos que tengo de adelanto, así que espero también leerte por aquí. Gracias por todo. Besos, S.