Llévame a casa, tengo mi auto nuevo y mi arma
Mi cabello al aire, tomándote de la mano, escucho una canción
Llévame a casa, no quiero hablar de las cosas que vendrán
Solo eleva tus manos en el aire, enciende la radio
Un chico de unos trece años miraba con semblante serio y directo a la cámara. Su cabello rubio era muy, muy corto, casi al rape, y su rostro delgado con piel pálida, finos y afilados rasgos como un cuchillo de plata, peligrosos y enfadados ojos verdes. Usaba ropa de colores apagados. Era inconfundible a pesar de los años. Yuri Plisetsky, en su pre-adolescencia y en aquella fotografía, no se veía nada feliz.
Cuando Otabek vio que el mismo chiquillo ingresaba por la puerta de la oficina, sintió que se le caía en corazón al piso. Quiso gritarle que se fuera, quiso regañarlo por haber salido del carro, quiso... quiso... quiso esconderlo en lo más recóndito del mundo para que nadie jamás pudiera encontrarlo, pero las preguntas y el shock corrían rápido por su mente y él no tuvo palabras para nada.
Su respiración se agitó y uno de los policías exclamó un "¡ah!" al ver a Yuri.
El rostro de Yuri se congestionó en una mueca de horror puro cuando el hombre que enseñaba su foto volteó. Ambos se reconocieron.
En un acto de reflejo, al ver que Yuri parecía querer a echarse a llorar, Otabek quiso acercarse, pero el otro policía lo detuvo por el hombro tomando fuertemente sus manos.
— Suéltame, s-suéltame.
— Con que no podías sernos de ayuda, ¿eh? — El sonido metálico de las esposas siendo sacadas alertaron a Leo y a Viktor, pero no podían hacer nada, a ellos también se les acercaron otros uniformados para que no intentaran nada raro — señor Altin y compañía, me temo que tendrán que ir con nosotros a la comisaría. Tendremos que interrogarlos.
— Estás en graves problemas, muchacho — le susurró el oficial Kovlovsky con un extraño brillo en los ojos, como si hubiera hallado por fin la llave a un tesoro muy grande.
— Todos en la habitación tienen el derecho de permanecer en silencio, cualquier cosa podría usarse en su contra.
Yuri se sintió ahogado, la voz del arrepentimiento gritó una y otra vez en su cabeza, ¡¿qué diablos había pensado al irse a meter allí?! miró a Otabek con miedo, pero en los ojos castaños no halló más que angustia. No podían decirse nada, tenían todos los ojos puesto encima. El nudo en su garganta fue desesperante, sus ojos ardieron hasta soltar finas lágrimas.
Quería huir, quería huir, quería huir.
Los ojos negros del hombre con uniforme policial le dieron náuseas.
El corazón se le resquebrajó.
— Yuri Plisetsky, tú también vienes con nosotros — le dijo Kovovsky — no sabes la odisea que ha sido buscarte, tu ma...
— ¡No, no! — exclamó curvando la espalda cuando la mano del policía se le puso en la espalda — ¡no me toques!
Se retorció como si quemara y se hizo para atrás, su cabeza daba vueltas, súbitamente, era como si no creyera todo lo que estuviera pasando.
Otabek le miró sorprendido, sintió que le torturaban el corazón cuando Yuri se puso a sollozar y a mirar a los policías en el cuarto como si fueran largas sombras acechándolo, intentando arrastrarlo al infierno.
Lo agarraron de los brazos entre dos y el chico comenzó a forcejear como si la vida le fuera en ello.
Otabek se sintió horrible, veía el pánico entre los sollozos de Yuri y por primera vez se preguntó qué cosa tan terrible le había sucedido para ver a los policías de tal forma como si fueran monstruos.
Viktor y Leo observaban mudos la escena y el primero, al ver el atisbo de Otabek en querer zafarse para acercarse al menor, le habló con voz ronca y severa.
— Otabek.
El kazajo le miró de súbito. El mensaje estuvo claro en la cara seria de Nikiforov. No podía tocar ni hablarle familiarmente a Yuri, eso solo provocaría más sospechas sobre su relación.
Sin embargo, a Altin le importó poco. Ver así a Yuri mientras los sacaban de la oficina le rompía el corazón.
— Hey — le llamó.
— Señor, guarde silencio.
Pero Yuri volteó de inmediato ante su voz. Tenía los ojos rojos y estaba tan pálido como la nieve, incluso parecía estar sudando frío. Caminaba trastrabillando y movía los hombros para que lo soltaran. Tampoco dijo nada, pero se derrumbó otra vez en un llanto quejoso.
— Hey... — le volvió a repetir armando en sus labios una forzada sonrisa. Le silabeó a Yuri sin sonido un "tranquilo".
Todo va a estar bien, Yura.
Y si bien el chico no dejó de llorar, su cuerpo dejó de forcejear y avanzó a pasos temblorosos. Pero la mirada esmeralda buscaba a Otabek a cada instante como si temiera perderlo de vista.
Cuando estuvieron abajo, un par de transeúntes miraron curiosos la escena. Pero por suerte no había nadie de demasiada importancia.
El drama se volvió a armar cuando los separaron, Leo y Viktor en una patrulla, Otabek en otra y Yuri en una con el oficial del distrito Khamovniki. Yuri se resistió a entrar al automóvil y se echó al suelo forcejeando, entre cuatro tuvieron que echarlo de boca en los asientos traseros y cerrar rápidamente las puertas con seguro.
.
.
El último momento en que Yuri vio a Otabek fue cuando llegaron a la comisaría. Yuri sentía su cuerpo inyectado en miedo, nervios y pánico. Se miraron hasta que los llevaron a habitaciones distintas.
No podía dejar de llorar aunque quisiera, en su mente, su miedo más profundo e impronunciable se estaba volviendo realidad y él se sentía totalmente atrapado, sofocado.
Era como si, de golpe, lo tiraran a la realidad que más náuseas le provocaba, aquella en la que él solo era un niño asustado sin poder decisión ni capacidad de objetar nada. Aquella en donde, él era ese muñeco al que se podía vestir y hacer actuar a gusto propio ajeno.
No quería eso. Esa no era su vida.
Su vida era el piso el que vivía, su vida era su mascota, sus amigos, su trabajo, su vida era aquella en que acababa de terminar la preparatoria y pasaba la noche junto a la persona que amaba.
Su vida, en ese instante, era estar con Otabek el mayor tiempo posible.
Aparte de ello, no quería nada más.
La sala de interrogación en la que lo aislaron era fría y luminosa. Había una mesa de metal y él se hallaba sentado en una de las sillas frente a otra vacía. Le habían quitado su abrigo en donde estaba su móvil y las llaves del carro de Otabek.
No supo cuánto tiempo estuvo allí, quizá una hora consigo mismo hasta que las lágrimas se le acabaron y la angustia en sus pensamientos más razonables al fin se abrió paso. Cuando pudo recuperar algo de calma, se sintió un poco aliviado de que no le hubieran interrogado de inmediato, seguramente habría dicho incoherencias y palabras que podrían haberlo puesto a él y a los demás en más aprietos.
Temblaba como una hoja de papel y aunque se sintiera completamente débil, intentó rememorar todo lo que había sucedido y lo que se había dicho desde el momento en que había entrado a la agencia hasta que llegaron a ese lugar.
Cada vez que su cuerpo tenía pequeños espasmos amenazándolo con volver a ponerse a llorar, se pellizcaba fuertemente la pierna.
Cálmate, cálmate, cálmate, cálmate, tienes que calmarte, por favor.
Había entrado a la agencia y subido por las escaleras de emergencia. Todo estaba desordenado por el registro.
Otabek estaba detenido con Viktor y Leo como sospechosos suyos. ¿Habrían hallado algo sospechoso de los negocios de la agencia?
Pero no escuché nada de esa parte... demonios.
No, no era posible, ¿cierto? Habrían detenido a Otabek antes de que él hubiera llegado.
Una vez más, se insultó a sí mismo mentalmente por haber entrado ahí, ¡joder, era su culpa! ¡él y sus impulsos!
Se frotó la cara y cerró fuertemente los ojos.
¿Por qué Alexander Kovovsky, de entre todos los policías de Moscú, estaba allí? ¡ese no era su distrito! ¡cómo pudo pasar todo esto!
De sus labios salió un sollozo sordo, pero apretó bien los ojos para no soltar ninguna lágrima.
El pasado de Yuri era algo que él renegaba profundamente, le disgustaba, lo odiaba, no lo quería. Habían tantas cosas dolorosas que no valía la pena recordar ni mencionar.
Cuando huyó se prometió jamás volver física ni mentalmente. Dolía como el infierno y le asqueaba como nada más.
— No... puede... ser...
Fue cuando, como algo muy lejano, recordó de la única persona que sí había indagado a sus espaldas sobre él. El único capaz de hacer todo eso posible: Jean Jacques Leroy.
¡Había sido él! Todo ese tiempo que lo había hostigado y acosado, incluso habiéndole mostrado fotografías de su madre, ¡¿cómo pudo haberlo olvidado?!
— Maldito lunático, hijo de puta enfermo... — se tapó la cara y apretó la mandíbula tan fuerte que dolió.
¿Quién más iba a saber lo que se ocultaba en la agencia de Otabek Altin? Hubo personas que intentaron delatar a agencias anteriores, pero a todos los que lo hicieron les cortaron la lengua y se deshicieron rápidamente de ellos. Solo alguien de poder dentro del mismo círculo ilegal pudo haber logrado todo ese embrollo, ¿Y quién más que el loco de Leroy?
Todo en la cabeza de Yuri conectó en una milésima de segundo.
Él no le había dado en el gusto a Leroy con nada de lo que le exigió, ni cambiarse a su agencia, ni tener sexo con él, ni responderle las llamadas o mensajes. Lo había ignorado y la última vez los chicos que lo ayudaron a salvarse de un casi secuestro le habían roto el vidrio del automóvil.
Fue tu última oportunidad, Yuri. No digas que no te lo advertí antes.
¿Por qué buscar a un chico desaparecido hace años en una agencia de prostitución ilegal? ¿Por qué ligar dos asuntos completamente diferentes? Fácil: Jean mataba a dos pájaros de un tiro. Yuri y Otabek.
Por eso Alexander está aquí... qué gran hijo de puta, ¡maldita sea!
La culpa cayó sobre él como un balde de agua congelada. De no haber sido por él, ni Otabek ni nadie más habría sido involucrado en todo eso.
Se enderezó y miró a todos lados de la habitación. Tenía que hablar con Otabek.
Sin embargo, justo en ese instante ingresó alguien a la habitación para interrogarlo. Alexander le dedicó una fría sonrisa antes de trabar la puerta y sentarse frente a él.
Yuri sintió que quería golpearlo, pero se tuvo que controlar. Su corazón latía rápido, pero ya podía sentirse totalmente capaz de sostener sus lágrimas.
— ¿Dónde están los otros detenidos? — fue cauteloso en no decir nombres.
— El señor Altin todavía está siendo interrogado en otra sala y los otros dos aguardan aparte su turno. ¿Por qué tan preocupado? No es como si los conocieras, ¿o sí?
Yuri frunció el ceño y no contestó.
Las manos de Alexander se cruzaron por sobre la mesa, pero no puso ningún otro objeto para grabar la conversación o siquiera tomar apuntes.
— ¿Estamos siendo grabados?
El rostro ajeno parecía expresarle un orgulloso "chico listo".
— Ni grabados ni vistos. Pedí que te dejaran calmarte un rato, ya se te pasó, ¿no? Y luego, al tener tu última residencia legal en mi distrito, solicité que me dejaran a cargo tu interrogatorio, después de todo tengo el rango superior.
Yuri se sentía acorralado, razón por la que no dijo mucho más. Conocía demasiado bien a ese hombre como para saber que cualquier palabra que dijera sin planearla sería rápidamente puesta en su contra. Era un manipulador de primera.
— Y, además, soy tu padre.
Suficiente.
Yuri le escupió en la cara.
Podía aguantar todo, menos que esas palabras dichas con aquel tono presuntuoso.
— No ensucies el nombre de mi padre, tú solo eres el otro hombre con el que se casó Yarina, nada más.
Alexander cerró los ojos y con un pañuelo se secó el rostro. Con la nariz arrugada por el asco, Yuri le vio apretar la mandíbula. Se le marcaba una vena en la frente y, si tuvo ganas de golpearle, pues se aguantó muy bien y volvió a sonreírle como si estuviera frente a una pequeña y divertida bestia.
— Yuri, ¿ya te han dicho que hoy traes un inusual aroma a sexo?
Los dedos de Yuri se recogieron ante la sorpresa. La sangre se le congeló.
— Sudor y sexo en un colegial, qué adorable combinación — Alexander se inclinó hacia él con sus brazos cruzados por encima de la mesa — ¿por qué hueles así?
— No sé de lo que hablas.
— ¿Qué sucedería si en este mismo momento salgo y pido abrir un archivo con este interrogatorio mandándote al hospital a por exámenes por presunta violación? Me pregunto con quién compartiste sudor, aunque me puedo hacer una idea. Dime, ¿es el señor Altin tu violador?
— ¡N-No! No... él no ha hecho nada, él...
— Dime, ¿debería abrir esta investigación mucho más? ¿debería seguir cavando en la vida de ese hombre? De verdad parece ocultar muchas cosas bajo esa mirada inexpresiva, ¿te gustaría que mancháramos su expediente acusándolo de secuestro? Te tenemos a ti como clave en este caso, vamos, Yuri, dime algo, ¿no sería interesante si todos se enteraran que no es más que un vil proxeneta?
Los labios de Yuri se separaron. Sus nudillos estaban blancos.
¿Cómo él...?
— ¿Cómo lo supe? — metió la mano en su bolsillo y sacó un pequeño papel. Yuri sintió un leve mareo, se trataba de una boleta de pago de la agencia con una millonaria cifra escrita en ella. — estaba botada tras la barra del bar, de verdad me sorprendió que esos hombres no se les ocurrieran limpiar allí, y me sorprendió más el número aquí, ¡cuántos ceros!, así que, ¿te vendes allí o te acuesta con ese hombre? ¿cómo es todo esto?
— Soy-soy mayor de edad — dijo con un hilo de voz — si atestiguo que todo fue consensuado no hay...
— Sí, sí, el punto es que ese hombre vende personas para trabajos sexuales, no importas si tú dices que es consensuado, él se irá a la mierda si muestro esto. Los chicos no pudieron hallar nada más incriminador en el edificio, guardaron todo lo demás en quién sabe dónde y este papelito — dijo meneando el objeto ante sus ojos impotentes — es lo único que podría continuar toda esta investigación ¡Y está en mi posesión! ¡solo yo lo he visto, nadie más!
Soltó una carcajada.
— Oh, sí, olvidé mencionar algo — Alexander hablaba muy rápido y no dejaba a Yuri pensar, lo mareaba, se sentía aturdido con tanta información — dejando de lado el tema de ese hombre con el que te revuelcas, mejor hablemos de cosas gratas como la familia. ¿Debo contarte que el viejo mausoleo de la familia Plisetsky no ha pagado el mantenimiento y tu madre y yo pensamos vender el terreno?
¿Quién daba una noticia así en un momento como ese? Seguramente solo el desgraciado de Alexander Kovovsky.
Si no hubiera estado sentado, Yuri de seguro habría perdido la fuerza en sus piernas por el súbito shock.
Cuando se recompuso del impacto, el pecho del chico se inundó en cólera, un caliente y furioso malestar que hizo que su puño azotara la mesa y su cuerpo se lanzara hacia adelante para coger del cuello a Alexander con toda la fuerza que tenía.
— ¡¿Cómo te atreves?! — rugió enfurecido.
El hombre hizo una mueca y ambos forcejearon de manera bruta hasta que Yuri sintió un empujón en su pecho que lo hizo caer hacia atrás.
Alexander se arregló rápidamente el pecho y soltó:
— Todos ahí no son más que polvo y huesos, tu padre Valerik, tu abuelo Nikolai, todos ellos, ¿por qué te importan tanto? — de pronto, en su rostro se compuso una mueca de desprecio — ¿qué hay de tu madre, Yuri? ¿has pensado en ella que sí está viva?
Yuri, de pie, lo miró con asco. Su respiración era acelerada y las ganas de golpearlo cada vez se hacían más grandes.
— Tu padre se murió y la dejó llena de deudas.
— ¡Cállate! — le espetó — ¡cállate! ¡eso no es asunto tuyo!
— Yarina necesita el dinero, está cada vez peor. Escucha atentamente, niño, esto es lo que haremos.
Yuri soltó una risa sardónica.
— ¿"Lo que haremos"? disculpa, pero yo no tengo nada que ver con ustedes.
— Eres su hijo — le repuso enfadado — y le vas a responder como tal. Sé que tienes mucho dinero en el banco trabajando con ese hombre.
Oh, ¿esto era en serio?
Yuri soltó un jadeo, casi una risa incrédula y furiosa.
— No me digas, ¿fuiste tú el imbécil que quiso entrar a mi cuenta bancaria?
— Tu madre está desesperada.
— ¡¿Y entonces intentaste robarme?! Si hubieras podido sacarme el dinero en ese momento no habrías venido a por mí y Otabek, ¿cierto? Ni siquiera habrías dado el aviso a la comisaría de este distrito para armar toda esta mierda.
Alexander le miró seriamente. Era una confirmación.
Yuri soltó una risa incrédula y pateó la silla que se había caído.
— ¡No me importa el dinero! — exclamó con rabia — ¡te lo doy todo! pero déjanos a Otabek y a mí tranquilos, deja el mausoleo de mi familia en paz. Te daré cada rublo que tengo en mi cuenta, hijo de puta, pero no te vuelvas a acercar nunca más...
— No. Eso ya no será posible. Yarina ya sabe que te encontramos y Otabek Altin ya está siendo interrogado. — Yuri quiso volver a espetarle, pero Alexander se adelantó — solo tengo que mostrarles a los policías de esta comisaría esta boleta de pago de dudosa procedencia y empezarán a desarmar todo el edificio por completo en busca de más pruebas... y tú y to sabemos que en ese lugar sí se ocultan más cosas, ¿cierto?
Los ojos de Yuri relampagueaban en furia.
Lo sabía. Alexander era un miserable astuto.
— Comenzarán a registrar todos los datos de Altin, todas sus cuentas, sus propiedades, de inmediato sabrán que algo en todo eso no es limpio y caerá en poco tiempo.
Yuri había vuelto a quedarse contra la espada y la pared. Alexander le tenía cogido por la cola y él se sentía asfixiado.
No tenía ninguna arma a su favor.
El tan solo imaginar volver a ver a su madre le hacía sentir mal, completamente lleno de resentimiento, era una sensación tan pesada e insoportable.
— Déjame ir, Alexander, déjame... déjame ir, te daré el dinero, pero déjame ir...
— No creo que Yarina quiera eso, eres su único hijo.
— ¡Esa mujer no es mi madre! ¡No voy a volver a esa casa!
— Entonces yo mostraré el papel, Otabek se irá preso y las tumbas de tu familia se venderán. Problema resuelto.
— ¡NO!
Yuri había comenzado a temblar nuevamente. Dio un pasos por la pequeña habitación lejos de aquel hombre. Se sentía completamente atrapado.
No quería volver a esa fría casa con su madre sobre su nuca, vigilando y evaluando cada movimiento suyo, haciendo comentarios crueles sobre su padre, obligándolo a comportarse como ella deseaba mientras le decía que hacía todo eso porque era su hijo y le quería.
El dinero no le importaba. El dinero, a Yuri, nunca le había importado, por eso tenía mucho ahorrado, lo hacía desinteresadamente. En esa vida, lo único que más le importaba era su libertad y Otabek, eso fue lo único que lo hicieron quedarse en la agencia.
Le dio la espalda a Alexander cuando sintió que sus ojos volvían a llenarse de impotentes lágrimas.
Si no renunciaba a todo lo que en ese momento tenía y amaba, Otabek y el recuerdo de su familia se irían abajo. Y, al parecer, el amor de Yuri a ambas cosas era tan palpable que Alexander supo muy bien por dónde atacarlo.
Es tan injusto. Pensó mordiéndose el labio.
Había luchado mucho por volver a construir su vida después de huir de su antigua casa. Había luchado mucho para que Otabek por fin le amara de la manera tan ferviente como él hacía.
Y justo cuando todo parecía ir viento en popa, volvía a ser golpeado con un hacha por la espalda.
— Escucha atentamente, Yuri, esto es lo que haremos — la voz de Alexander era lejana — yo te prometo, te doy mi palabra, de que este papel jamás verá la luz ni será mostrado a nadie. Me encargaré de que Otabek Altin salga de este lugar como un hombre inocente y hablaré con Yarina para conservar el mausoleo de tu familia, después de todo, el terreno está a nombre de ella. Pero, a cambio de todo esto, tú te devolverás a casa con nosotros y le darás la dicha a tu madre de volver a tenerte. También, usaremos tu dinero para pagarle al banco el saldo que dejó tu padre antes de morir — su voz se volvió severa cuando añadió: — Yarina no se enterará jamás que su hijo estuvo de prostituta con un hombre mayor que él — Yuri apretó los dientes, su garganta ardía dolorosamente — tú solo deberás hacer de hijo arrepentido y volver a sus brazos para hacerla feliz. Y, por último, si se te ocurre volver a huir, yo mismo desplegaré patrullas por todo Moscú para que te traigan de vuelta y, por supuesto, ya sabremos quién será el primer sospechoso... si vuelves a huir, te aseguro que le haré la vida imposible a Otabek Altin y todos los que tengan relación con él.
Yuri no volteó, pero supo de inmediato que el hombre a sus espaldas sonreía.
Amargas lágrimas bajaron por sus mejillas.
— ¿Es un trato?
Hola!🌱
Yyyy tercero de esta actualización :)
Sí, sí sé que les dejo con mal sabor a boca :( perdón ajsj El pasado de Yuri, la verdad, sí es algo triste :( más adelante se explicarán más cositas, como sobre su madre y por qué la rechaza, sobre su padre biológico y qué pasó con él, su abuelito, cómo era él antes de huir, cómo se conoció con Otabek, etc ;)
Pero espero que hayan disfrutado!
¡Gracias por leer!
