Capítulo 32: El Océano de Atakaza.
Ko'atal y su padre, K'etz, viajaban a bordo de un gran Junco de guerra, cortesía de la Emperatriz Mileena y su General, Reiko. Lo acompañaban uno de los últimos batallones Osh-Tekk, una cultura largamente olvidada de un Reino de Oro conquistado hace años por Shao Kahn y su campeón Goro. Junto a ellos, la Kyntinn D'vorah, una colmena y ente propio humanoide con un exoesqueleto amarillo y ropajes oscuros que incluían una túnica, capa y capucha, más que nada para ocultar su apariencia que por modestia, ya que los Kyntinn son una especie en peligro de extinción al igual que los Osh-Tekk; la primera odiada por Outworld masivamente y tratados como pestes, pero en la compañía de Ko'atal y K'etz se le ha prometido protección por el favor que les había prestado.
El Océano de Atakaza separaba los dos "continentes" de Outworld. Dos grandes masas de tierra separadas por ríos, lagos, mares y océanos con múltiples cadenas montañosas, bosques, pantanos, selvas, tundras y desiertos. Los dos continentes se separaban en múltiples partes por sus placas tectónicas, volviéndolos realmente siete continentes oficialmente, pero todos se refieren a ellos como solo el primero y segundo, Kahvod y Dagharan.
Kotal K'etz y su hijo Ko'atal se encontraban en el alcázar del enorme Junco, parte de su batallón se encontraba con ellos sentados en varias mesas, recibiendo el calor del sol y compitiendo entre ellos con sus puños o patolli, un juego de mesa de apuestas de los Osh-Tekk. El resto se encontraba supervisando la nave, limpiando los cañones o en cubierta atendiendo a los animales que tenían y sus recursos en general. La kyntinn D'vorah los observaba manteniendo su distancia, recargada en los barandales de la nave mientras el resto discutía el futuro.
– El valle de Ardania – señaló Ko'atal en un enorme mapa extendido por la mesa donde se encontraba su padre – El pueblo de la Capital Ardiana siempre ha sido muy leal a su Kahn.
– Las defensas de la ciudad Atrep son muy efectivas contra ataques marinos – hablo K'etz – pero siempre ha dependido de la defensa de sus fortalezas y ciudades vecinas contra ataques en tierra dentro.
– Tenemos tanto información como rumores que el reino de Ardania ha permanecido neutral – respondió Ko'atal – Ni soldados del Régimen de Shao Kahn ni de la rebelión se han pronunciado en guerra contra Ardania.
– ¿Y los regímenes de Shao Kahn están dispuestos a unirse? - pregunto Xcaret, guerrera de K'etz.
– Sera peligroso – declaró Ko'atal – Pero lo mejor sería enviar mensajes a estos, buscar quienes son realmente aliados de Mileena Kahnum.
– Si hay conflicto entre ellos es posible que planean una emboscada – remarco K'etz.
– Por lo que solo enviaremos estos mensajes después de haber asegurado nuestra llegada a la ciudad de Atrep – respondió Ko'atal.
– Señor Ko'atal – se dirigió Xcaret al hijo de su señor - ¿Cómo está usted tan seguro que el pueblo de Ardania nos recibirá pacíficamente?
– Por que tengo información directamente de allá Xcaret – respondió Ko'atal – A'vital, colmena hermana de D'vorah se encuentra en Atrep actualmente.
– ¿Otra Kyntinn? - pregunto a Xcaret a K'etz, con un fuerte tono de desconfianza y preocupación.
– Tranquilos – ordenó K'etz – Ko'atal ¿cómo es que tu relación con los Kyntinn se extiende de forma tan grande?
– Los Kyntinn son odiados tanto como nosotros – respondió Ko'atal – Shao Kahn ordenó que incineran a su gente, quemaran su hogar y los extinguieran. Justo como Shao Kahn hizo con nosotros.
– ¿Entonces es esto una alianza basada en pura supervivencia? - pregunto Xcaret - ¿Cómo sabemos que podemos confiar en ellas? Los Kyntinn son criaturas elusivas, no sabemos si el honor y la familia son tan importantes para ellas como nosotros.
– Ésta prioriza la supervivencia de la Colmena – los interrumpió D'vorah, avanzando hacia ellos – Es por esto que ésta trabajó para Shao Kahn.
– Eso no lo detuvo de cazar a tu especie Kyntinn – respondió Xcaret, insatisfecha con su respuesta.
– Ni tampoco a la nuestra Xcaret – contestó Ko'atal, fijando la mirada al suelo – Shao Kahn fue contra nuestro pueblo, usándome a mí de excusa e inventando una conspiración a su trono que nunca existió.
– Shao Kahn ordenó la eliminación de mi especie – continuo D'vorah – pero mientras una colmena continué existiendo el futuro de los Kyntinn está asegurado. Nuestra especie presenta individualidad, pero dentro de cada individuo existe un grupo. No somos como ustedes, pero compartimos el mismo sufrimiento y peligro.
– Eso me hace desconfiar más de ti – respondió Xcaret – La supervivencia es una fundación débil y quebradiza para erigir una alianza. Esta se puede derrumbar en el momento en que surgen problemas.
– Lo lamento hijo – hablo K'etz – pero estoy de acuerdo con Xcaret. Tú tal vez confíes en D'vorah, pero nosotros no tenemos razón alguna de confiar en la colmena.
Ko'atal y D'vorah permanecieron en silencio por un tiempo, mirándose cada uno a los ojos. La colmena retiró la mirada y retrocedió, enfocando su vista al horizonte del mar abierto. Ko'atal se puso de pie, la brisa del mar salado comenzaba a borrar la pintura azul y verde de su piel, mostrando su color natural. Ko'atal se dirigió a su padre diciendo que él confiaba en D'vorah y preguntando que si su palabra de su propio hijo no era suficiente para convencerlo.
– D'vorah estuvo sirviendo durante un tiempo contigo ¿no es así? – pregunto K'etz
– Es correcto – respondió Ko'atal – D'vorah siempre sirvió a su Kahn y sus generales con gran obediencia y honor.
– Y, sin embargo – interrumpió K'etz – ella es la única que sobrevivió de tu expedición cuando Shao Kahn ordenó tu captura.
– D'vorah ya no servía conmigo desde años antes de mi captura – respondió Ko'atal – D'vorah fue quien me sacó de los pozos de Shang Tsung una vez Shao Kahn fue derrotado, sus habilidades lograron sanar mis heridas lo suficiente para re-encontrarme contigo.
– ¿Por qué hiciste eso? – pregunto K'etz – No es que yo o mi pueblo no esté agradecido por el gran favor que nos has otorgado, pero esto es Outworld.
– Outworld – respondió D'vorah, todavía fijando su mirada al océano – Mi servicio a Shao Kahn fue minusvalorado, mientras esté mantuvo a la colmena viva, Shao Kahn uso mi información para mantener a los Kyntinn en línea. Nuestras Islas fueron incineradas, nuestras larvas usadas en experimentos para Shang Tsung, los sacerdotes y hechiceros del Kahn. Outworld no es nuestro aliado.
– ¿Por qué buscas servir a su Kahn de nuevo entonces?
D'vorah devolvió la mirada a Ko'atal y su gente, los ojos de todos a su alrededor la observaban. La Kyntinn sentía la presión de sus miradas en sus hombros, pero no dejaría mostrar duda ni debilidad.
– Ésta hace lo que puede para mantenerse con vida – explicó D'vorah – Outworld bajo el mando de Shao Kahn ha condenado a los Kyntinn, pero un Outworld sin Kahn atenta con nuestra extinción.
– Shao Kahn podrá ser muchas cosas – habló Ko'atal – pero Outworld se mantenía unido bajo su mando, el control no era absoluto, pero la supervivencia de todos era posible, aunque muy limitada. Para volverse más fuerte, el Kahnum aplastaba todo aquel que consideraba débil, inservible o una posible amenaza. La corte del Kahn se lleno de víboras, entre ellos conspiraban para ganarse el favor del Kahn. Outworld se debilito.
– Shang Tsung y Quan Chi – menciono K'etz – Peor peste no pude llegar a Outworld.
– Chacales con agendas propias – explicó Ko'atal – Su poder extendía la influencia del Kahn a otros reinos, pero terminaron fallando a Outworld o conspirando contra éste.
– Mientras nosotros, quienes hemos obedecido perecíamos bajo el martillo de Shao Kahn – expreso D'vorah, abriéndose camino entre los guerreros Osh-Tekk y sentándose al lado de Ko'atal – Tarkatans, Shokans, Centaurians, especies beneficiadas y privilegiadas bajo el mando del Kahn. Kintynn y Osh-Tekk, condenadas por decreto de Shao.
– Outworld es nuestro y de su gente – remarcó Ko'atal – pero primero debemos ganárnoslo.
– ¿Ko'atal realmente cree que Mileena pueda ser mejor que Shao Kahn? – pregunto D'vorah, mirándolo a los ojos y doblando el rostro.
– Dudo mucho de la capacidad de la heredera al trono – hablo K'etz - pero ¿qué piensas tú Ko'atal?
– Mileena es solo una cachorra – confesó Ko'atal – En más de un sentido… y sus aliados más cercanos son hienas adultas, esperando el momento para devorar a su presa.
– Reiko – confirmo D'vorah, mirando a K'etz y de regreso a Ko'atal – El General de los ejércitos de Shao Kahn ¿Ko'atal duda de su lealtad?
– Algo en Reiko ha cambiado – contestó Ko'atal, entrelazando sus dedos y apoyando su rostro sobre ellos mientras se volvía a sentar– Siento en él una ambición que jamás había visto.
Ko'atal recordó sus tiempos como General dentro de la corte del Kahnum, las "marchas pacificadoras" del Kahn en las que participaron para acallar las rebeliones que se levantaban en los reinos absorbidos. Reiko conoce muy bien a los Osh-Tekk, sus fuerzas y debilidades, peor aún, Reiko conoce muy bien a Ko'atal y D'vorah y es ahora la persona más cercana a la nueva Kahnum. Su primer movimiento fue acertado al mostrarle a Mileena que le enemigo es Netherrealm, no Earthrealm, pero era obvio que se necesitaría más eso para ganarse su confianza.
– ¿Cómo podemos estar seguros de que la hija de Shao Kahn no buscará exterminarnos como su padre lo hizo? – pregunto Xcaret – Ya nos entregaron como ganado al matadero una vez, ni siquiera sabemos por quien.
– Shang Tsung me mantuvo en sus fosas para experimentar en mí – respondió Ko'atal – Todos los miembros de la corte del Kahnum son posibles sospechosos, incluyendo a Reiko.
– Está tal vez pueda apoyar un poco en su búsqueda – se ofreció la Kyntinn, colocando su mano en el hombro de Ko'atal – pero tendrá que esperar a que se termine esta campaña.
– Por el momento sepan esto – hablo Ko'atal, colocándose de pie de nuevo y elevando la voz – Mi padre y yo buscamos que nuestro pueblo prospere, nada es más importante que los Osh-Tekk para nosotros dos, pero nuestro reino ya no existe y todos somos parte de Outworld ahora. Edenianos, Osh-Tekk, Kyntinn, Naknadianos, Shokan, Centaurian e incluso Tarkatan forman parte de un todo. La lucha por nuestra supervivencia es la lucha por la supervivencia de Outworld. Por ahora estamos en un conflicto interno, pero en un amanecer no muy lejano Outworld permanecerá unido contra amenazas del exterior.
– Por Ko'atal y Kotal K'etz – elevó su voz D'vorah, colocándose de pie a su lado, la diferencia de tamaños era imposible de ignorar.
– Por Outworld – respondió K'etz, seguido de todos aquellos a bordo del navío.
Era de noche, el barco surcaba el océano agitado por las lunas de Outworld, las velas del enorme navío eran operadas por un reducido pero suficiente número de marineros acompañados por varios guardias y los insectos de D'vorah, los cuales mantenían un ojo firme hacia todo lo que ocurría en el navío y reportaban de regreso a ella. Había solo un lugar que sus insectos no vigilaban, pero estaba resguardado por guerreros Osh-Tekk, la cabina del capitán. Dentro de la cabina se encontraban Ko'atal y K'etz, compartiendo de un "vino" de una vasija de cerámica color azul y el rostro de un antiguo dios Osh-Tekk. Sus cascos, el penacho de Ko'atal y la barbuta de K'etz, descansaban en bustos de piedra de ellos mismos.
– Reiko sabe que somos más vulnerables durante la noche – habló Ko'atal – Que nuestra fuerza es otorgada por la luz del sol.
– ¿Cómo aprendió de esto? – pregunto K'etz mientras le servía en una copa a su hijo.
– Años de observarnos en combate – respondió Ko'atal – No creo que hubiera un traidor Osh-Tekk en mi régimen, aunque la gente de Outworld puede ser muy persuasiva.
– ¿Qué tal si fue otra especie? – pregunto su padre, sirviéndose en su copa.
– ¿Todavía dudas de D'vorah? – Ko'atal pauso para tomar un sorbo – ¿O es alguien más quien tienes en mente?
– Muchos candidatos – respondió K'etz – Por mucho tiempo creí que estabas muerto, cuando te vi de pie en el Templo Mayor de nuestra tierra natal, los rayos del sol se reflejaban de ti como el mismo Huitzilopochtli.
– Nuestra tierra ha sido destruida y nuestro pueblo asesinado a manos de Shokans, Centurians y demás invasores – Ko'atal apretó con fuerza su copa – Los cuerpos desollados de todos ellos alrededor del templo les enseñara a no profanar nuestra tierra santa.
– La gente y el pueblo son primero – le recordó K'etz, tomando asiento enfrente de él – A los dioses se les rinde tributo, pero sin un pueblo, un dios es una simple idea, sin forma y sin poder.
– Los Dioses Antiguos… - mencionó Ko'atal al aire – ¿Realmente interfirieron? ¿Fue debido a ellos que Shao Kahn pereció?
– ¿No fue eso lo que D'vorah te mostró?
– El Earthrealm cambio mucho de la última vez que lo visite – mencionó Ko'atal – Era irreconocible para mi, pero pude ver al Dios del Trueno derribar a Shao Kahn y a Liu Kang. Padre… ¿estás seguro de lo que pasó?
– Debes dejarlo ir – respondió K'etz, colocando su mano sobre la mano de su hijo – Los rumores de Sindel regresando, el sacrificio de Earthrealm, no podemos estar seguros, pero tampoco podemos depender de ellos ahora.
– Los cielos no mienten… el Dios del Trueno provocó esto. Todos muertos, incluyendo a… Jade – Ko'atal cerró el puño con fuerza, endureciendo sus músculos y su mirada humedeciéndose.
– Que los dioses nos conceden la serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valentía para cambiar las cosas que podemos cambiar y la sabiduría para reconocerlas – recitó K'etz, seguido de Ko'atal y recitado al unísono por los dos.
– Raiden ¿me pregunto si confiá en los Dioses Antiguos tanto como lo hacía antes?
– Su creencia en ellos detuvo a Shao Kahn – mencionó K'etz, bebiendo de un trago su copa y limpiándose con el puño – Liu Kang en cambio perdió su fé en su protector y en los Dioses Antiguos.
– Liu Kang me recuerda un poco a mí – confesó Ko'atal, acabándose su bebida también – En Earthrealm fui venerado como un Dios, como un líder. Quería demostrarle a los dioses y a tí, padre, que estaban equivocados. En cambio solo condene a un pueblo a su muerte.
– Recorrerás todos los caminos antes de encontrarte a ti mismo Ko'atal. Esa es la enseñanza del pasaje del RealmWallker.
– Décadas han pasado padre y todavía sigo en el camino.
– Eso es bueno – reconoció K'etz – Tal vez te perdiste al principio del sendero, pero has recobrado el camino. Ahora solo falta llegar al final.
– Las pruebas que se avecinan son grandes ¿cuando tú supiste que llegaste al final del sendero?
– Cuando te vi por primera vez me di cuenta de que toda mi vida había estado equivocado.
– ¿A que te refieres? – pregunto Ko'atal.
– Cuando tu madre te sujetaba en sus brazos, me di cuenta de que mi camino apenas había comenzado – respondió K'etz, colocándose de pie y equipándose su casco – Todo lo que había antes fue solo para prepararme para el reto mas grande de toda mi vida. Veras hijo, tu no caminas este sendero solo, yo estoy a tú lado y juntos… llegaremos al final del horizonte para ver un nuevo amanecer para los Osh-Tekk.
Kotal K'etz le ofreció el penacho a su hijo y los dos compartieron una fuerte sonrisa. Ko'atal casi rompe a carcajadas con su grave y fuerte voz, el hijo superaba por unos centímetros a su padre en tamaño. Pero era obvio quién de los dos tenía el corazón más grande y quien poseía más sabiduría. Hace muchos años, Ko'atal pensaba que su padre era un cobarde que había vendido el honor de los Osh-Tekk a Shao Kahn por una simple reliquia familiar, desde ese día en adelante Ko'atal ha estado superando prueba tras prueba, su orgullo y ego haciéndole creer cada vez que completaba una que había llegado a la cima de la montaña solo para aprender que el sendero continuaba por un largo valle que no tiene fin. El fuerte guerrero Osh-Tekk había crecido y se había vuelto más humilde con cada prueba, entendiendo cada vez más a su propia gente, su padre y a sí mismo.
– Nos espera un largo viaje – respondió Ko'atal – Las aguas de los océanos de Outworld están llenos de peligros, será un milagro llegar vivos a las costas occidentales de Dagharan.
– Ningún Kraken nos va a detener, mejor aún, nos facilitara tener más raciones para las batallas que se avecinan – bromeó K'etz mientras los dos se retiraban de la cabina a sus aposentos.
Los Osh-Tekk poseían varios rituales y pruebas de pasaje, entre ellos se encontraban el RealmWalker y el DreamWalker. Ambos hacían referencia a un noble de sangre fuerte que se ponía a prueba y sobrevivía en un reino hostil por cuenta propia, la diferencia es que uno lo hacías dormido y el otro despierto. El DreamWalker era un pasaje ritualista otorgado por los mismos dioses, no era uno que alguien podía tomar. Kotal K'etz jamás había cruzado hacia el reino de los sueños, un reino cuya existencia en sí misma, se dudaba. Descendientes del emperador de los Osh-Tekk hablaban de haberlo cruzado, demostrando su poder y que eran elegidos por los mismos dioses para ser líderes de su pueblo. Cada vez que un DreamWalker aparecía, los Osh-Tekk del Reino de Oro iniciaban otra gran conquista hasta que todo el Reino le perteneció a la tribu Osh-Tekk. Hace generaciones que no aparecía un nuevo DreamWalker, pero ahora, uno nuevo había llegado.
En sus sueños, Ko'atal podía escuchar el nombre de su padre: Kotal, Kotal, Kotal. El aún joven Osh-Tekk se encontraba en un largo océano caminando por encima de la superficie del agua. El cielo se reflejaba, creando un espejo que reflejaba el claro de las alturas. Del cielo y el océano un enorme Dragón emplumado aparecía, su cuerpo lo suficientemente largo y grande para enrollar Outworld varias veces. El Dragón lo invitaba a hablar, en una pequeña isla en el centro de todo. Ko'atal lo hacia sin dudar, lleno de admiración y exuberancia. El Dragón le contaba sobre eventos del pasado, presente y futuro, pero no revelaba cuál era cuál. Los sueños se venían repitiendo cada noche, cada vez con más frecuencia y claridad; el mensaje era borroso las primeras noches, pues se olvidaba al despertar, pero se volvía cada vez más claro, Kukulcan le pedía que contactara con el Dios del Trueno, el Dios que vio el futuro y lo cambio, solo así Ko'atal podrá descifrar el mensaje de su Dios.
Ko'atal creía que tal vez Raiden había tenido visiones similares a las de un DreamWalker, pero más claras y fuertes. Si eso era cierto, tal vez Raiden podría ayudarle a entender el mensaje que la Serpiente Emplumada trataba de comunicarle. Sin embargo, llegar a Raiden no sería tarea fácil. Su mismo padre le ha dicho que se olvide del Dios del Trueno, que esto es Outworld, el Reino sin Dioses. Aunque era cierto que Ko'atal todavía no le había dicho nada a su padre sobre sus sueños, el mencionarlo no cambiaría la situación, Ko'atal sentía que estaban destinados a unirse a contra el Netherrealm, que el mensaje era tal vez sobre el regreso de la oscuridad y como Outworld y Earthrealm tenían que poner a un lado sus diferencias. La muerte de Shao Kahn era una bendición y una maldición al mismo tiempo, pues mientras significaba que nuevos vientos soplaban en el reino, estos cambios podrían debilitarlo y sembrarlo en una guerra por muchos años. Mileena no era la Kahnum que esperaba, pero era la única que tenían por el momento, Ko'atal tirara una moneda hacia ella, pero se negaba a servir a otro Kanhum como el de su padre el cual le costó todo lo que le importaba. Jade murió, levantándose ante la injusticia y daño que causaba Shao Kahn, ella vivió como una gran guerrera y murió como una. Ko'atal ahora tiene una segunda oportunidad, de una forma, por tan indirecta que fuera, era gracias a su sacrificio. Los Osh-Tekk no se rinden tan fácilmente, pero debe recordar bien las enseñanzas de su padre, pues es mejor vivir para luchar otro día, vivir en rodillas es justificable si significa que nos da el tiempo suficiente para levantarnos y salir victoriosos.
El enorme navío se mecía con el incremental movimiento de las olas del océano, interrumpiendo su sueño, pero la noche era tranquila en comparación con otras aguas de Outworld. El oscuro cielo nublado era iluminado por las lunas de Outworld, grandes como montañas, pero más lejanas que la profundidad de los mares. Ko'atal miró por una de las ventanas del navío, el color púrpura de la noche absorbía a el Outworld, era una noche especial, era una noche de luna roja. Cada cinco años el cielo alrededor de la luna más grande de Outworld se tiñe de un rojo tinto, mientras la luna viste colores de sangre fresca. Esta noche, los Vampiros de Vaeternus abandonan su castillo en las montañas de las Tierras Altas y se alimentan, algunos de simples campesinos, otros de ganado, otros se coordinan e invaden grandes ciudades, otros simplemente surcan los cielos, en busca de lo que se cree son las reliquias de su tierra que les permitía atravesar el espacio entre los reinos e invadirlos, llenando sus barriles y estómagos de la sangre de la gente de múltiples reinos. Estos rumores y leyendas le recordaban a Ko'atal del preciado tesoro que su padre protegió y por el que entregó su honor y el de todo su reino e imperio a Shao Kahn. La Piedra Solar, todavía en posición de los Osh-Tekk y Kotal K'etz, era la clave para viajar al Earthrealm y establecer un tratado de paz con Raiden, pero no podía usarla hasta que Mileena controlara Outworld y entrara en razón. La Kahnum reconocía al Netherrealm como enemigo, pero al Earthrealm también, ofrecerle dicho poder sólo llevaría a una guerra. Ko'atal no podía creer que ofrecieran el tesoro que una vez salvó a los Osh-Tekk a la heredera de su destructor, menos podía creer que él mismo fuera quien pensara en ello. Los años lo habían cambiado, las lecciones de su padre le habían llegado al guerrero Osh-Tekk, su joven orgullo y de su pueblo les habían hecho creer que eran invencibles y la derrota era imposible. Ko'atal pensó en cómo su padre debió sentirse ese día, derrotado y con la vida de su pueblo en riesgo. El joven guerrero pasó de pensar que su padre era débil, a que su padre era un honorable emperador dispuesto a hacer lo que sea por salvar a su pueblo, a darse cuenta que era un amoroso padre que no podía ver a su hijo morir en los inicios de su juventud. Ko'atal aprendió que su pueblo y la gente del Reino de Oro no era muy diferente a la pequeña tribu que comandó cuando estuvo viviendo venerado como un Dios en el Earthrealm. La familia lo era todo. La familia lo vale todo. Ko'atal se preguntó si los vampiros de Vaeternus tenían esos mismos lazos familiares, se preguntó si los Edenianos lo tenían y si estos los mantenían a pesar de pasar décadas añadidos al Reino de su conquistador, sus tierras originales arrasadas por guerras, sus templos destruidos, sus tesoros tomados, su gente asesinada, su cultura olvidada.
"Dioses… ¿por qué no intervinieron antes?" - se preguntaba Ko'atal. Los Dioses intervinieron cuando Shao Kahn intentó mezclar los reinos en contra de las reglas establecidas en Mortal Kombat, pero solo cuando intento mezclarlos, no cuando invadió el Earthrealm. "Una distinción sin diferencia" - declaro Ko'atal. Incluso aunque fuera una farsa, Ko'atal había sido venerado como un Dios, Buluc era su nombre en el Earthrealm, y aunque les había fallado a su pueblo, condenandolos a la muerte, sentía que había hecho más por un número de personas crédulas que los Dioses Antiguos por siglos. Earthrealm ¿por qué Earthrealm? ¿por qué Earthrealm fue protegido de la furia de Shao Kahn? ¿por qué los Dioses Antiguos permitieron que él conquistara tantos Reinos, por más pequeños que fueran? ¿Por qué crearon el Mortal Kombat en lugar de solo prohibir la fusión de los Reinos? ¿Por qué su pueblo tenía que morir? ¿Por que su madre y Jade tenían que morir? Los ojos de Ko'atal reflejaban el rojo del cielo mientras lagrimas recorrían sus mejillas, no había llorado la muerte de sus caídos por años y no pudo morir a su lado al estar atrapado en los pozos de muerte del hechicero favorito de Shao Kahn. El heredero del casco de Kotal K'etz se derrumbó en sus rodillas, lamentando todo lo que no pudo evitar. El guerrero dudo sobre su camino, el sendero lo había perdido, a pesar de salir vivo de la boca de un bosque infinito, todavía no podía encontrar el camino. "Hablen conmigo" - suplicó a los cielos - "Si son tan poderosos como creen que son… hablen conmigo ¿qué debo hacer?" - le hablo a la Serpiente Emplumada - "¿Qué debo hacer? ¿Qué camino debo seguir?" Los Dioses no respondieron a sus súplicas, como las voces de muchos por todos los reinos, sus mensajes llegaban a oídos sordos. Dioses que no intervenían en los problemas de mortales, en los conflictos terrenales, o en el sufrimiento de sus creyentes. La aparición de los Dioses en el Earthrealm, fue un momento histórico, pues no se tenía registrado ninguna aparición de los Dioses en tanto tiempo, que los que sí lo hacía parecían más leyenda y ficción que hecho. Ko'atal al principio lo tomo como una señal de esperanza, el rayo de luz que partía la tormenta en dos, pero pronto se dio cuenta que era más bien una señal de lo desesperada que era la situación, de lo imposible que es hacer llegar tus plegarias a ellos, que su mismo mensajero y servidor, Raiden, entregó su reino y campeones al conquistador Shao Kahn para que respondieran. Estaban solos, esto es Outworld, aquí no hay Dioses, aquí no hay luz, aquí no hay paz y así como el cielo y la luna estaban pintados de rojo, los ríos, tierras y mares de Outworld tendrán que brillar de un fuerte rojo sangre antes de ser escuchados por los Dioses Antiguos. La sangre purificara la tierra, limpiara los ríos y enriquecerá los mares. Un fruto prohibido nacerá de la monte más alto, alimentado por los baños de sangre, y les dará el poder necesario para triunfar, incluso en la oscuridad de la noche. Mientras Ko'atal profesaba unas palabras en su lengua natal, el Osh-Tekk cortaba su pecho con una daga. Sangre bañó su torso por completo, invocando a un poder prohibido por los iluminados Osh-Tekk años atrás. Los tatuajes del guerrero, que brillaban en un fuerte tono dorado bajo la luz del sol, se volvió de un fuerte color rojo al igual que sus ojos. Buluc, Dios de la Guerra, Muerte Violenta y el Sacrificio. Guerra, Sol y Sangre, guiado por Kukulcan, el viento y el agua, no dejaría a su pueblo por Dioses sin corazón ó por Conquistadores, con la Magia de Sangre de su lado, su pueblo nunca más se perderá en la oscuridad. Los Osh-Tekk por ahora combaten en nombre de Mileena Kahn, pero realmente lo hacen por ello mismos y regresar a la gloria que era el imperio Osh-Tekk. Bajo la Luna de Sangre, maestra de la Magia de Sangre, proveedora de poder y control que otorgó su conocimientos a los Vampiros de Vaeternus y los Guerreros del Reino de Oro, Ko'atal hacía el juramento de destruir a los mismos Dioses si era necesario para asegurar el futuro de su pueblo.
La ciudad de Atrep quedaba a dos meses y una semana, después de asegurar el valle de Ardania y apagar los fuegos de la rebelión de los pueblos en los que Ko'atal veía el justificado derecho de sus habitantes, Mileena tendrá las fuerzas suficientes para asediar las Ciudades libres de Lei Chen. La nueva Kahnum prometía lograr lo que su padre junto con sus mejores guerreros no pudo. Incluso con la creación de los enormes cañones de Orbon, el herrero del Kahnum, que fueron capaces de derriban las murallas impenetrables, los guerreros de Outworld fueron derrotados por las fuerzas de Lei Chen y la Guardia de Seido. Ko'atal no entendía como ella y Reiko planeaban lograrlo, cómo planeaban evitar los ataques de guerrilla a las líneas de re-abastecimiento del ejército del Kahn, a el flanqueo por las ciudades vecinas, a la fuerza naval del otro lado de las montañas, a la ciudad en las montañas, a la superioridad tecnológica del Orderrealm y todo ello bajo un Imperio al borde de ser derrumbado. Incluso sus mejores asesinas, Kitana y Jade, habían fracasado en traer la cabeza de Zeffeero. Mileena tenia ambición, la misma que su padre, y será esa misma ambición lo que derrumbaría su imperio y su Kahn por segunda vez. Ya sea a manos del Orderrealm y Lei Chen, el Netherrealm, el Earthrealm… o el mismo.
