27
Esa se volvería una de las peores noches de su vida.
El viaje de regreso fue en silencio, solo escuchando la radio y los diferentes crímenes en Gotham, además del regreso del Caballero de la Noche.
Deseó que el Caballero oscuro la detuviera y se la llevara lejos, presa, que se la llevara a la comisaria, a Arkham o a donde sea.
Pero no ocurrió. Así que decidió tomar otra ruta. No iba a llegar a "Carnival", oh definitivamente no.
No tenía a otro lugar donde ir.
Harley salió del auto y miró la mansión de lejos. El fresco hacía que sus coletas se movieran ligeramente y su piel se erizara.
Él no debía de estar ahí, pues después de todo, la mansión no era un lugar seguro para él, así que era un lugar seguro para ella, un lugar donde pasar la noche. Tal vez al día siguiente iría a la feria abandonada y le explicaría todo.
Sí, eso iba a hacer.
Dejó escapar un gemido lleno de miedo. Era cómo entrar a una casa del horror.
Caminó entre la maleza, lentamente, como si cada paso le pesara dar y entró por la ventana, cómo solía hacerlo, pero esta vez tenía mucho, muchísimo cuidado de no hacer ruido,
Por detrás, a los lados, por delante, sus ojos iban a todas las direcciones. No bajaba la guardia. Abrazaba la bolsa con su traje con mucho temor.
No se atrevía a respirar siquiera.
Daba los pasos con mucha cautela, sabía que no estaba ahí, pero era como si estuviera su fantasma merodeando cerca de ella. Se dirigió a las escaleras, temblaba como si estuviera en pleno invierno.
Puso su mano en el pasamanos. Ni siquiera podía sostenerse a sí misma, necesitaba apoyo.
Su mano de repente fue tomada por otra y con la brusquedad de un animal la llevó por detrás de su propia espalda.
—Tardaste mucho en llegar muñeca, estaba esperándote
El alma de Harley la abandonó por un momento. Arthur estaba ahí.
No, Arthur no, era Joker.
Sus labios temblaban.
—Por favor pudín— Harley rogó con voz muy temblorosa —Suéltame...
—Ok, como tú lo pidas
Sin esperarlo de él, Joker aventó a Harley al suelo. Cayó sobre sus rodillas. El temblor dentro de ella empeoró —Una cosa más: No me llames pudín
Harley se tomó un brazo, sabía que había cometido un grave error, y el precio por pagarlo iba a ser muy alto
—¿Porque carajos hiciste eso Harley?
Y a pesar del nacimiento del miedo dentro de su pecho y estómago, aún pudo desafiarlo.
—Eso... Eso es algo que no te importa
Joker levantó una ceja e hizo una mueca con su boca.
¿De verdad pensaba en desafiarlo?
—Te equivocas Harley, en realidad sí me importa ¡Sí me importa una mierda!— Tomó una de sus coletas y la jaló hacia arriba. Harley gritó de dolor, obligándose a levantarse —Lo volveré a repetir, ¡¿Porque carajos hiciste eso?!
—¡Déjame en paz! ¡Déjame!— Harley le rogó a Joker, pero este no iba a entender. Entre chillidos y aullidos, Arthur se llevó a Harley casi arrastrando hasta la habitación principal. Dentro de esta, Harley empezó a forcejear, logrando liberarse de él.
Pudo sentir su mirada sobre ella, pudo sentir todo lo que esa mirada no le decía con palabras.
Pero Arthur intentaba controlarse, trataba de entender porque Harley lo confrontó hasta el grado de golpearlo.
Pero era Joker quién no quería entender.
—Harley, hoy hiciste cosas que me colmaron la paciencia...— Su tono de voz se volvió tranquilo, se relajó. Parecía que realmente quería entender sus acciones, pero también era como la calma antes de la tormenta.
—Pero y-yo—
—No me interrumpas muñeca. Hiciste cosas malas Harley, de verdad que muy malas— Harley sólo desvió su vista de Joker, pues podía sentir todo su peso —No, no, no, no, no— Joker tomó bruscamente la barbilla de Harley, obligándola a verlo —Si no lo recuerdas voy a tener que recordártelo, muñeca: Hiciste órdenes a mi nombre, quién sabe qué carajos siguieron mis hombres porque les dijiste que yo lo ordené... Eso es lo primero muñeca— Tomó su mentón con más fuerza, y también su voz se agravó — Mataste a dos de mis hombres Harley, y se los diste de comer a tus hienas, como si ellos fueran croquetas... Te burlaste de mí, hiciste que mis hombres se burlaran de mí todo gracias a ese cabrón imbécil que...— Intentó no recordar ese asunto que le daba dolor de cabeza, pero era imposible no ponerse enfermo de celos al recordarlo—...Incluso te atreviste a golpearme, y a intentar matarme Harley... Y muchas más cosas que...
Arthur respiró profundamente, intentando serenarse, lo intentaba.
Pero no podía.
Soltó a Harley, pero eso no significaba que era libre.
— Iniciemos con lo menos grave Harley... ¿Quién era esa chica?— Harley, al darse cuenta que se refería a Gigi, selló sus labios, por supuesto que no le contaría de ella, ¡No lo haría, se lo había prometido a ella y a su madre!—No escuchas ¿Cierto? lo volveré a repetir hasta que me lo digas... ¡¿Quién era?!— Tomó otro de sus brazos y la jaló hacía él.
Con más miedo respondió, pero no lo que Joker quería escuchar.
—¡Quién sea que fuera! ¡No te importa!
—¡Si! ¡Si me importa! ¡Vas a decírmelo ahora mismo!
—¡No te diré ni una mierda! ¡No voy a seguir tu mierda! ¡¿Cuál es tu maldito problema?!
Harley gritó a la cara de Arthur.
Sabía perfectamente que la relación entre ambos se estaba tornando tensa, incomoda, poco a poco las peleas reemplazaban los momentos felices entre ambos. Ella se daba cuenta de eso, y él también, pero ninguno de los dos quería darse cuenta de eso. Sobre todo, Harley.
Y todas esas tensiones, esas peleas, esas discusiones estaban siendo acumuladas, y todo eso estaba por explotar.
—Ok... No me interesa esa niña de cualquier forma... Pero hiciste cosas malas Harley, muchas cosas que me ponen infeliz. Tú sabes que cuando estoy infeliz, que cuando alguien me hace infeliz, suelo hacerle un par de cositas que tu conoces y al finar ponerle una sonrisa de sang—
—¡No me importa!— Harley volvió a gritar, ignorando su amenaza. Ella estaba harta. Y el estaba hartándose.
—No Muñeca, no me hagas enojar ¡No lo hagas! ¡Si lo haces soy capaz de...!
—¡¿De qué?! ¡¿De matarme?!— Arthur guardó silencio impactado al escuchar a Harley. Y ella también al darse cuenta hasta donde ella creía que Arthur podía llegar a ser capaz.
Arthur se debatió internamente que debía de hacer, ¿Le haría daño a ella? ¿De esa forma?
Lo peor es que el mismos se respondió al contestar la irascible pregunta de Harley.
—... Tu aprecias mucho tu vida, ¿Verdad, Harleen?
La piel de ella se erizó al frío del miedo que nació dentro de su pecho, sobre todo por él hecho que la llamó por su verdadero nombre. Quedó suspendida, su cara de temor la delató ante él.
Harley sólo movió su cabeza de arriba abajo, temblando.
Joker tenía lo que buscaba, su miedo. Y sabía que si no era el amor era el miedo con lo que podía manejar a Harley.
—Muy bien muñeca, entendemos esa parte, así que deberías de empezar a decirme porque hiciste todo esto el día de hoy o habrá serias consecuencias, muy serias... ¿Podrías empezar?
No podía creer lo que escuchaba de él.
¿Él era capaz de hacer eso?
¿De verdad era capaz de hacerle daño?
Harley se sintió entre la espada y la pared, era obvio, tenía tanto miedo de sufrir daño.
Pero, por otro lado, no quería que ni Gigi, ni Sophie ni el Mensajero tuvieran que sufrir ese daño por su culpa.
—Bueno, entonces mátame
Arthur quedó helado al escuchar su respuesta.
¿De verdad le estaba pidiendo eso?
Arthur pudo escucharse a sí mismo gritar dentro de su cabeza, rogándole a Harley que no hiciera eso, porque su lado oscuro era capaz de tomar ese reto, y hacerlo como un juego.
Harley notó la expresión de Arthur, desconcertado ante su petición.
—¿Qué es estás esperando? ¡Mátame entonces! ¡Vamos! ¡Asesíname! ¡Eso se te da tan bien! ¡Te encanta matar a la gente como si fuera un maldito juego de feria!
—Harley...
"No seas idiota, aprovecha"
—¡¿Que esperas?! ¡Te lo estoy pidiendo!
"Me pregunto lo mismo, ¿Qué estas esperando?"
—¡Ten cuidado con lo que pidas Harley...!— Arthur advirtió una última vez— ¡No olvides que tú eres mía Harley! ¡Que tú me perteneces y yo puedo hacer lo que quiera conti—
—¡Eso ya lo sé! ¡Por eso te lo estoy pidiendo! ¡Vamos! ¡Mátame! ¡Te estoy pidiendo que me mates! ¡Hazlo como lo hiciste con Penny!
Arthur quedó gélido.
Y si de por si estaba loco, esto hizo que perdiera la cabeza.
—¡Vamos! ¡Hazlo! ¡Mátame como lo hiciste con Penny Fleck! ¡Mátame como mataste a tu madre!
—¡Cállate!
—¡Te lo estoy pidiendo!
—¡Cállate Harley!
—¡Mátame! ¡Mátame!
—¡Que te calles!
Arthur cacheteó a Harley en ese momento, fue de tal fuerza el golpe que ella perdió el equilibrio y cayó a la cama.
Ella sólo sintió su mejilla arder, tocándose su golpe, miró a Arthur, paralizada de miedo.
Un líquido llegó a sus labios. Pudo sentir su nariz húmeda y su labio reventarse.
Arthur, más enojado que nunca, fue por ella e intentó hacerle más daño. Harley reaccionó dándole un puñetazo directo en su cara. Joker, dando pasos atrás, sintió un sabor metálico en su boca que provenía de su nariz.
La mirada hacía Harley fue odio puro, y se abalanzó contra ella.
Fueron los peores minutos en la vida de ambos. Los dos intentaban atacarse el uno al otro, defenderse de los golpes y agredirse entre sí. Esa habitación que solía llenarse de amor y palabras de cariño ahora estaba llena de odio y gritos de rencor.
Recordando que tenía una ventaja sobre ella, Arthur rápidamente sacó su pistola y puso el cañón en la frente de Harley, deteniéndola.
—¡Ya es suficiente!
Harley tembló de miedo, sabía que eso no era como aquella noche en el mirador.
—¡¿Vas a abrir la maldita boca sí o no?!
Pero no quería que la niña que acababa de salvar muriera en vano. No quería que una madre se quedara sin su hija. No quería que un hombre perdiera su vida por su culpa.
Aun con temor, cerró sus ojos y negó con la cabeza.
Insatisfecho, Arthur guardó él arma. Pero no acababa ahí. Arthur volvió a cachetear a Harley y volvió a caer sobre la cama. Más enojado, puso una mano sobre su cuello y apretó con fuerza. Harley golpeaba el brazo de Arthur, intentando liberarse.
No podía creer que esto realmente estaba ocurriendo.
¿En qué momento todo se quebró?
En medio de la acalorada situación, Arthur miró una de las almohadas. La tomó. Iba a cumplir con su petición, y de la misma forma que lo hizo alguna vez.
Aplastó la almohada contra la cara de Harley. Pudo escuchar cómo estaba luchando, como cada vez se volvía más débil. Cerró sus ojos, recuerdos oscuros regresaron a él, a esa habitación azul de hospital.
Y algo hizo que lo detuviera.
La dejó libre.
Harley tosía y sólo tosía, sus pulmones estaban recuperando él oxígeno, y a la vez gateaba por la cama, alejándose lo más que podía de él.
Arthur quedó petrificado, cayendo en cuenta de todo lo que estaba pasando entre ambos.
Los dos quedaron en un silencio mortal.
Ni siquiera intentaban respirar por miedo a quebrar esa pesada atmósfera de tensión y volver al caos, al menos de parte de Harley.
Pero al final lo hizo Arthur.
—Harley...
Ignoró su llamado. Se encontraba en shock.
No podía creer que Arthur la dañaría también. De todas las personas que le hicieron daño a lo largo de su vida, ella realmente esperaba de corazón que Arthur fuera la excepción.
Sintió sus dedos en su barbilla y giró su cara, obligándola a verlo.
Su mano bajó de nuevo a su cuello, volvió a presionarlo. Ella no hizo nada. No le importaba, si él estaba decidido a matarla, ella iba a aceptar su destino.
Y de repente la obligó a besarlo.
La aventó después de eso, quedando sobre ella. Acarició la mejilla que anteriormente había abofeteado. Tembló a su toque, ahora lleno de ternura. Arthur abrió su palma a propósito, dejándole ver la cicatriz antes de ahora pasar sus dedos sobre sus labios rotos.
Harley empezó a llorar.
Harley no sabía cómo reaccionar, hace apenas unos minutos era el hombre que más odiaba en el mundo, pero justo en ese momento, la forma en la que empezó a tratarla, la dejaba más confundida.
¿Cómo debía de sentirse? Apenas hace unos minutos intentó asesinarla, y ahora estaba ahí, amándola de nuevo.
¿Amándola?
El aspecto de Arthur cambió. Algo dentro de su mente se conectó.
¿Pero qué carajos acababa de hacerle a Harley?
No. Justo lo que quería evitar, justo por lo que había luchado todo este tiempo. Tratando de no escuchar su lado oscuro, o más bien, era Arthur quién intentaba despertar de nuevo.
Toda esa horrible batalla dentro de él mismo tuvo una sola víctima, y era alguien ajeno a él.
La risa no tardó en aparecer. La habitación silenciosa se llenó de las carcajadas de Arthur.
Harley esta vez no fue tonta. Aventó a Arthur lejos de ella y aprovechó para huir de la habitación.
Huyó y se encerró en su habitación. Dentro, tiró todo lo que estaba dentro de la estantería y lo puso contra la puerta. Pasaban minutos que se sentían como horas, la risa no cesaba. Parecía nunca cesar.
Lloró, empezó a llorar. Se sentía tonta, estúpida. Insegura.
Pero de lo que estaba segura es que estaba llena de miedo.
...
Durante la noche estaba durmiendo con su navaja en mano y la pistola oculta entre la pared y la cama. Pero siendo sinceros, ni siquiera se atrevía a cerrar sus parpados.
Sentada en su cama, abrazando sus piernas, Harley dormitaba, pero se despertaba a los segundos. ¿Por qué no escapó de la mansión? Oh, era cierto. No tenía a donde ir.
En la madrugada, alguien intentaba entrar a la habitación. El instinto de Harley la despertó.
Tomó la navaja con fuerza. Debió usar esa navaja en Arkham cuando tuvo la oportunidad.
Intentaban abrir la puerta, pero se encontraba bloqueada por todas la fortalezas que Harley tuvo que poner de último momento.
—¿Harley?
Escuchó su voz, pero casi no la reconocía. No sonaba a él, sonaba a alguien distinto, pero sabía que era el.
No respondió, sólo tenía su navaja en mano. No tardó mucho en cesar la insistencia.
Quiso seguir alerta, porque a partir de esa terrible noche supo que él era capaz de todo. Pero no pasó mucho tiempo para caer rendida al sueño.
Al día siguiente, Harley abrió sus ojos. Su cuerpo dolía tanto, que sentía que el dolor llegaba a su alma.
Se arrastró fuera de la cama, caminó al tocador y se vio al espejo.
Volvió a llorar. No podía creerlo, no podía creer que era su propio reflejo el que miraba en el espejo.
Uno de sus ojos estaba morado, su nariz aún tenía rastros de sangre y su labio estaba roto.
Se miraba, se acercaba, se alejaba.
¿Qué iba a hacer? ¿Qué era lo que iba a hacer?
...
Dos días enteros pasó encerrada en su habitación.
No importaba si su estómago exigía comida para sobrevivir, era más su miedo a volverse a encontrar con él que su apetencia. Pero eso iba a ganarle pronto.
Al día siguiente, cuando no pudo más contra el dolor de su vientre, fue cuando se atrevió a salir. Abrió la puerta, aun temerosa y con pistola en mano.
Trataba de pensar en muchas cosas. Posiblemente Arthur ya se habría ido de la mansión, posiblemente estaría en su lugar de trabajo, ocupado con más idioteces. Sabía que él tenía tantas cosas por preocuparse, tantos crímenes que cometer que ni siquiera estaría pensando en ella.
Harley bajaba las escaleras con tanta lentitud, temía que el suelo crujiera y le delatara, aunque fuera a la nada.
Llegó a la cocina, con tanto temor, intentó conseguir algo de comida. A pesar de la voracidad de su estómago, comía despacio, no quería hacer ruido. Estaba tan jodidamente asustada.
Una vez saciado su hambre, Harley pensó en irse de ahí, aunque tenía que ir por sus cosas a su habitación.
Pero al momento de salir de la cocina y dirigirse a las escaleras dio un grito ahogado y apuntó con su pistola.
—Muñeca
Él aún estaba ahí.
—Tranquila Harley, no... soy yo...
La pistola temblaba bajo sus manos.
—Lo sé...
Arthur lo sabía. Sabía que lo había arruinado todo.
Al igual que ella, había pasado esos dos días pensando como loco, fumando cigarrillos a lo demencial, pensando cómo podía acercase a ella, como podía remediar lo que había hecho.
¿Pero había forma de remediarlo?
—Harley...Por favor— Se llevo una mano a su cabello, intentado acomodarlo, al igual que sus ideas —Necesitamos... Necesitamos hablar...
—¡No quiero! — Respondió alterada, si él iba a volver a dar pelea, esta vez estaba preparada para la pelea.
—Harley, esto es importante, por favor. Tenemos que hablar
—¿Y de que carajos quieres hablar Arthur? ¿Quieres darme una disculpa? Métela por tu culo
Harley se sorprendió a si misma al hablarle así a Arthur, a los segundos se arrepintió, esperando que eso no tuviera represalias.
—Muñeca... Baja el arma, por favor... No te haré daño...
Arthur empezó a bajar escalón por escalón, lentamente. Harley seguía apuntándolo, pero no estaba si era capaz de disparar.
—¿Qué me asegura ahora que tus palabras sean ciertas?... — Arthur bajó lentamente hasta quedar a un escalón de ella, pero se detuvo abruptamente cuando Harley habló de vuelta—Arthur... Mierda... Me rompiste...
Arthur cerró sus ojos. Ella tenía razón.
—Harley...— Arthur tomó el cañón de la pistola, Harley se puso más a la defensiva, pero sabía que eso no iba a durar por siempre.
—Me rompiste Arthur...— Volvió a repetirle, su voz quebrada y sus ojos a punto de derramar lágrimas. Arthur sintió que lo había arruinado todo por completo —Me rompiste...
—Harley... Lo siento...
—¡No! ¡Eso no es cierto! ¡No lo sientes!
Harley gritaba agresivamente, que en cualquier momento podría jalar del gatillo.
Arthur en cambio, sonaba tan tranquilo, y él esperaba que Harley jalara el gatillo.
—De verdad lo siento...— Harley tenía que admitir algo: Era la primera vez que escuchaba a Arthur así, callado, apenado. Pero podría estarla manipulando.
En cambio, Arthur sentía que todo lo que había construido estaba cayéndose a pedazos.
—Se que no recuperaré tu confianza pronto muñeca, pero... Ese día realmente me desquiciaste, y sólo tenías que decirme porque lo hiciste...
Otra vez con ese tema, Harley volvió a temblar ante él. No quería volver a vivir eso.
—No es algo que te incumbiera... Si te refieres a la chica, ni siquiera sé quién es.
—¿Y porque hiciste todo eso por ella?
Dudando, miró a los ojos verdes de Arthur.
¿Por qué lucía tan diferente esta vez?
—Tus hombres la secuestraron y la dañaron... Y eso es desagradable... Me recordó a mí cuando era más joven, tú sabes, cuando estaba indefensa ante el mundo... Me vi a mí misma en ella, como si fuera un espejo. Sólo quería que la diferencia entre ella y yo fuera que ella tuviera a alguien que la salvara...
Harley se apaciguó ante eso, y dejó de apuntar a Arthur, empezó a llorar y se llevó una mano a su rostro.
Una mano ajena a ella tomó su barbilla, ella se asustó.
—¿Eso era todo, Harley? Dios, pude comprenderlo...
¿Qué carajos Arthur quiso decir con eso?
—¿De verdad?
—Sí, aunque debo de admitir que... Me encantó tu voluntad de hierro, muñeca, eres alguien fuerte
—Vete al carajo Arthur— Harley le quitó la mano de encima, pero cada que hacía algo así sentía una pequeña pizca de temor.
—Muñeca...
—Deja de decir eso, Art. No... No sé si quiera seguir siéndolo... No sé si pueda...— Las lágrimas corrían por su rostro.
Harley, quebrándose de nuevo, bajó el arma. Ni siquiera le importaba si Arthur se transformaba de vuelta y esta vez le diera fin.
Sintió sus manos sobre ella, tembló como un pequeño animal aterrado, pero todo lo contrario a lo que pensaba que iba a ocurrirle. No se atrevía a dirigirle la mirada.
Arthur la fue sentando poco a poco en uno de los escalones, él se sentó junto a ella, y aprovechó para observar sus heridas.
Un vacío sintió a verla, negra y azul, y pensar que él mismo provocó esos colores en su cuerpo.
—Muñeca, de verdad lo siento tanto, yo no quise... Mierda, creo que perdí la cabeza... Pero si pudieras, cariño, si pudieras darme la—
—Vi esa mirada en ti
Harley lo interrumpió, Arthur quedó desconcertado al escucharla.
—¿Qué?...
Harley dudaba en dudaba en decirle la verdad, lo que pensaba ahora de él. Pero, a decir verdad, ya no le importaba nada, ya no le importaba si lo hacía enojar, o lo hería.
Harley finalmente se atrevió a verlo a los ojos.
—Esa noche te vi a los ojos Arthur, y en tus ojos estaba... Estaba la misma mirada de todos aquellos que me hicieron daño...— Su voz empezó a quebrarse, pero no iba a detenerse —... Vi tu rostro, ¿Sabes qué fue lo que vi? En tu rostro vi al jodido estúpido rico que me destruyó la vida, también vi al jodido idiota de Guy...
El corazón de Harley se quebró. Se suponía que él la salvó, él la protegió, debió de ser así siempre. No debió de ser al revés, no debió de cambiar de papeles, el debió de ser su protector, no su agresor
—No, Harley, yo no quise, yo no... Si, sé que puedo ser horrible, pero no soy capaz de hacerte daño de esa manera
—¡¿Hacerme daño de esa manera?! ¡¿Y si de la forma en lo que lo hiciste?!
—Harley... Yo...
De repente, él no pudo continuar más. Su condición salió a flote. La silenciosa mansión se llenó de sus dolorosas risas.
Mientras trataba de sobrevivir, Harley sólo estaba a su lado, quieta, ni siquiera intentaba hacer algo por él. Sólo lo miraba, miraba también las marcas de violencia que le había provocado, algunos golpes en su cara y varios en su delgado cuerpo.
No sabía que hacer, sabía que cuando ocurría eso Arthur la necesitaba más que nunca. No quería ayudarlo, temía hacer algo mal, le temía tanto.
Lo único que pudo hacer fue tomarle su mano. Arthur la tomó con mucha fuerza.
Una parte de Harley quería cachetearse a sí misma y decirse "¿Qué demonios estás haciendo? ¿Lo estas ayudando?"
Y ella misma se respondería con un "Sí"
No tardó mucho en que el ataque de Arthur cesara, pero la mudez entre los dos fue casi eterna. En silencio, sentados en los escalones de madera vieja, sin atreverse a mirarse el uno al otro, pero ambos con sus manos entrelazadas.
No supieron cuántas horas pasaron, pero debieron de ser muchas, ya que Harley miró por la ventana que estaba por atardecer.
La mente de ambos trabajaba a mil por hora. Se preguntaba la pareja que estaría pasando en la mente del otro. ¿Había odio? ¿Resentimiento? ¿Tristeza tal vez? ¿Aún habría amor?
—Har... — Arthur lo dudó muchísimo, tal vez pasó 2 horas en pensar si abrir la boca o no —Harley... esto que pasó...
—Creo que fue mi culpa
Harley lo interrumpió abruptamente.
—¿Qué?
Arthur finalmente la observó, sorprendido.
—Sí... Pensé que podía... Que podía... — "Podría ayudarte, pero sé que eso no va a pasar"—... No lo sé...— No tuvo el valor de terminar la frase. Lentamente, Harley volvió a mirarlo, observó Arthur su miedo cristalizado en su ojos brillosos, parecía que iba a llorar de vuelta —¿Crees que esto vuelva a pasar? — Con mucho temor, Harley preguntó a Arthur.
Arthur quedó callado y cerró sus ojos. Arthur no quería volverla a herir, pero el sabía que era tan inestable.
¿Qué podía decirle a Harley?
—... No me gustaría que sucediera de vuelta...
—Tampoco a mi...— Ella se apresuró a decir —... Tampoco quiero que esto suceda de nuevo, Arthur...
—Arthur... Arthur...
"Y aún te llama así... Aún te llama así"
Arthur la tomó de su brazo, ayudándola a levantarse. Cuando ambos estuvieron de pie, la tomó de sus mejillas y la beso, de nuevo. Harley cerró sus ojos, dejándose llevar, hasta que el golpe de su labio la obligó a alejarse de él rápidamente.
Arthur observó como Harley se llevaba sus dedos a su labio herido.
—Perdón por haber perdido el control...
Y Harley lo entendió mal, entendió mal al ver los golpes de su rostro, al recordar los suyos al verse al espejo.
"No son golpes, son besos"
¿Y que eran los besos?
"Son su nueva forma de demostrar amor"
—Sabes que... Que puedo perdonarte Art...
Arthur se sintió alivianado al escuchar su perdón.
—...Pero prométeme que no volverá a pasar esto Artie, por favor
Harley tomó sus manos, muy esperanzada de recibir la respuesta de Arthur. Algo que le dijera que no intentarían dañarse de nuevo y de esa terrible forma.
Él no quería que Harley le pidiera eso, porque sabía que no podía prometérselo. Y no le gustaba mentir.
Tal vez tenía que aprender a mentir.
—Así será muñeca... Así será...
Sin que lo esperara, Harley se abrazó a Arthur y él le correspondió el abrazo. Le daba un par de besos delicadamente, en cada una de sus heridas. Deseó poder curarlas con besos.
Los dos se fueron a la cama, el cual fue algo incomodo, ya que aún había rastros de la pelea de apenas hace un par de días.
Se acostaron en la cama, pero no se abrazaron, ni siquiera hicieron el intento de acercarse más. Simplemente quedaron tendidos, observándose el uno al otro, a unos cuantos centímetros.
Se miraban a los ojos, intenta sonreír, pero no podían, simplemente no podían hacerlo.
Algo entre ellos se rompió, y era muy evidente.
Arthur fue el primero en cerrar sus ojos, Harley lo miró una vez más, pensando en todas las cosas que ambos hablaron.
¿Esa conversación podía arreglar lo que ocurrió?
Acomodándose para no sentir el dolor de sus moretones, Harley cerró sus ojos y durmió
Sin embargo, no pudo descansar, dormía al lado de alguien quién la hirió, quién la daño, quién tuvo las intenciones de acabar con su vida. Sus pesadillas le fortalecieron lo evidente.
Despertó asustada en medio de la noche, soñando que Arthur, al verla dormida e indefensa, aprovecharía para ahora sí cumplir con su amenaza.
Él ahí estaba, durmiendo tranquilamente.
Harley, en una encrucijada, sabía lo que debía de hacer.
Aunque le doliera en lo más profundo de su corazón.
...
La luz entró por la ventana de la habitación, cayendo sobre la cara de Arthur. Este se despertó un poco alterado, pero sólo sus memorias le hacían una mala jugada de nuevo.
Sin embargo, se dio cuenta que algo estaba fuera de lugar.
—¿Harley? — Arthur se levantó al darse cuenta que no se encontraba a su lado. No se preocupó tanto, debía de estar haciendo el desayuno.
Aun avergonzado de lo que hizo, bajó las escaleras en silencio, buscando asustarla como solía hacerlo, o abrazarla y llenarla de besos.
Pero la cocina estaba vacía, limpia incluso.
Entonces fue a su habitación, tal vez necesitaba estar a solas, claro que iba a dejarla a solas, pero sólo quería saber si ella estaba ahí. Abrió la puerta y fue cuando debía empezar a preocuparse.
El armario estaba abierto, y había pocas prendas dentro de este. Vio en las cajoneras, vacías. Lo único que tenía el tocador era el perfume de durazno. Ni su arma, ni su pistola, ni siquiera su labial.
—¿Harley?
Buscó por toda la mansión, en cada rincón de esta. Buscaba a la Arlequín que le partencia.
Al elevar su mirada hacía la ventana, se dio cuenta que no estaba el auto.
El teléfono sonó, Arthur caminó rápidamente a este y contestó
—¿Sí?
—¡Jefe! ¡Nos han robado!
—¿Qué?
—Robaron un par de bolsas con dinero, también robaron algunas cosas de su estudio y las hienas tampoco están, parece que fue alguien que esta entre nosotros, supo exactamente donde—
Colgó Arthur, era obvio quién era la ladrona.
Arthur caminó lentamente hasta el sofá, apretando sus nudillos. Quiso reprimirla, pero no pudo contra la risa.
Las señales eran claras. Bastante claras.
...
En una carretera muy lejana, el auto de Harley estaba a toda velocidad. En el asiento de los pasajeros, una enorme maleta, sus dos pequeñas hienas durmiendo profundamente y su martillo rojo y negro.
¿Por qué estaba tan asustada?
Orilló el auto, se bajó de este. Se sentó en el cofre. Metió su mano a su chaqueta, había un par de pastillas "mágicas" que había robado antes de huir. Tentada a drogarse de nuevo, metió la mano a la bolsa.
"No... Estas en medio de la carretera... Cuando llegues a tu destino, Harley, puedes usarlas...Mierda"
—Mierda... ¡Mierda! ¡Ahhh! — Dio un grito desgarrador que pudo escucharse por toda la pradera.
Se sentía asustada, sin lugar en el mundo, perdida.
Pero eso no era lo peor.
Lo peor de todo es que lo amaba, todavía lo amaba, y todavía se sentía culpable de la pelea que hubo entre ellos, pelea en la que cualquiera de los dos iba a acabar muerto, con más probabilidad ella que él.
A pesar de los golpes, las humillaciones, a pesar de todo, lo amaba. Y se odiaba a si misma por seguirle teniendo cariño. Por creer que podía arreglarlo.
Que equivocada estaba. Que equivocada estaba la pobre de Harleen.
"¿Por qué Harley? ¿Por qué aún lo amas?"
...
"He used to call me DN
That stood for deadly nightshade
'Cause I was filled with poison
But blessed with beauty and rage
Jim told me that
He hit me and it felt like a kiss
Jim brought me back
Reminded me of when we were kids
This is ultraviolence
Ultraviolence
Ultraviolence
Ultraviolence
I can hear sirens, sirens
He hit me and it felt like a kiss
I can hear violins, violins
Give me all of that ultraviolence
He used to call me poison
Like I was poison ivy
I could've died right then
'Cause he was right beside me
Jim raised me up
He hurt me but it felt like true love
Jim taught me that
Loving him was never enough
This is ultraviolence
Ultraviolence
Ultraviolence
Ultraviolence
I can hear sirens, sirens
He hit me and it felt like a kiss
I can hear violins, violins
Give me all of that ultraviolence"
— Lana del Rey – "Ultraviolencie"
