Oscuridad, una tétrica, penetrante y profunda oscuridad.
Era ridículamente sencillo ver a través de las penumbras, su visión se había adaptado a cada rincón de esa enorme habitación, una función muy útil, y bastante conveniente de su raza era el observar sin problema dentro de la oscuridad, algo que precisamente le beneficiaba, para así poder concentrarse en el misterioso entorno que lo rodeaba. Su situación actual era realmente mala, en primera instancia su cuerpo estaba entumecido, en una posición incómoda gozando de cierta libertad, sin ningún tipo de atadura física que lo estuviera reteniendo, sin embargo, no tardó en descubrir el impedimento oculto que recaía principalmente en sus extremidades, como lo eran sus brazos o piernas, al no responder de forma adecuada a un acción tan sencilla como lo era levantarse. Básicamente, no lograba moverse a voluntad. Su mente se nublo por el horrible terror que significaba eso, literalmente estaba totalmente paralizado, deduciendo con fricción que sus opciones para escapar sean reducidas a la mitad. ¿Como fue que se condenó a sí mismo? El persistente dolor invadió plenamente su cabeza, devolviéndole parte de sus antiguas vivencias, recordando como fue sedado y probablemente secuestrado a manos del castaño.
Maldijo una y mil veces en su lengua madre, todo era su culpa por bajar la guardia cuando menos lo esperaba, estaba harto de tanto egoísmo humano, solo lo utilizaban para sus inherente mentas o buscando todo tipo de empoderio, provocando que las circunstancias se transformarán en algo terriblemente problemático. Incluso confirmando que de alguna u otra forma, terminaba enredado como una indefensa y débil presa siendo acosado, solo por tratar de convivir pacíficamente como otro repugnante terrícola en un planeta condenado y auto-destructivo. Suspiró para sus adentros, tratando de recuperar parte de su movilidad, sus articulaciones eran reacias negándose a cooperar, conciliar un pensamiento coherente era nulo cuando la desesperación era quien te dominaba a través del inconsistente miedo, por donde se lo mire el ex-invasor no conseguía ideas para salir de ese sombrío sitio, con detenimiento observó el ambiente de lo que parecía ser un laboratorio repleto de experimentos, artefactos y planos de variados modelos, escritos a mano en el idioma humano, inundandolo de una corta intriga sobre las múltiples pruebas que tal vez realizaran allí.
Fijó la vista hacia abajo, obteniendo más conocimiento de donde se hallaba postrado, para sorpresa del irken se mantenía recostado sobre una acolchonada y alargada silla de color negro, pegando su espalda en el cómodo respaldo, sus piernas parcialmente extendidas, mientras que sus manos localizadas detrás de su espalda baja, firmemente unidas. Internamente aborrecía esa pose notablemente vulnerable, forcejeaba inútilmente sin éxito alguno, dejando como resultado a un alienígena frustrado e inmovilizado, totalmente pensante. Una fugaz idea se instaló con tardanza en su confusa cabeza, algo que era primordial para toda supervivencia: Su Pak. Tal vez conservaba una oportunidad si conseguía tranquilizarse, y así liberar las extremidades robóticas, sin duda con eso obtendría su tan ansiada libertad. Despejó toda clase de emoción negativa, recelo o arrepentimiento, buscando deshacerse del complejo suplicio que seguía experimentando, recurriendo desesperadamente a una falsa e inexistente paz interna.
Los segundos parecían ser interminables y eternos, hasta que su respiración se normalizo junto al pulso que poco a poco disminuyó, sintiendo cómo recobraba su estado actual de superioridad corporal. Decidido, tosió débilmente para aclarar su garganta, preparando mentalmente la orden especifica que debería efectuar, pero justo antes de que pudiera activar el mecanismo por voz, unos leves sonidos se dispersaron a lo largo de la habitación, deteniendo abruptamente el accionar del pequeño ex-invasor que instintivamente elevó ambas antenas, con el objetivo de apreciar con mayor efectividad la fuente original del ruido.
Bastaron unos instantes para averiguarlo, justo delante hizo aparición una extravagante puerta escondida, filtrando una escasa iluminación que sirvió para orientarse mejor, y a su vez delataba la presencia del castaño, el cual caminaba tranquilamente entre las sombras, arrastrando sin cuidado algo entre sus manos.
- Oh, Zimmy~ -lo nombró con dulzura, elevando su voz- ¿Ya estas despierto?
- ¿Humano-Louie? -hablo con cautela, mirándolo confundido- ¿Por que estoy encerrado aqui?
- Estaba aburrido. -contestó con simpleza, encogiendo sus hombros- Últimamente no hay nada interesante desde que cancelaron "Misterios misteriosos" -suspira levemente, moviendo su mano- No voy a lastimarte Zim.. ¿O tal vez si? -bromeo con una sonrisa cínica.
- ¡No soy objeto, ni burla para tu absurdo entretenimiento! -chillo ofendido, conteniendo su odio- ¡Libérame de inmediato, sucio humano! -ordenó levantando cada vez más su voz- ¡No caeré en tus retorcidos juegos!
- Simplemente quería hablar. -refuto con tranquilidad, alzando una ceja- Y como no me dabas una oportunidad, opte en utilizar un método más ortodoxo. -explicó despeinando suavemente su alborotado cabello- Además, es mucho más divertido cuando fingimos que es un secuestro.
- Cuestionaría eso, pero también lo he hecho. -gruñe enfadado, desviando su mirada- ¡¿Que le has hecho a Zim?! ¡No puedo moverme!
- Oh, es solo un inofensivo paralizante. -menciona cerrando la puerta, detrás de sí- El efecto solo dura un par de horas, descuida pronto deberías volver a moverte. -explicó desinteresado, adentrándose en el cuarto.
Las luces se encendieron, delatando la verdadera naturaleza del cuarto.
- Despreciable saco de órganos... -balbuceo crispando sus antenas- Zim debió eliminarte cuando tuvo la oportunidad. -escupió reflejando furia- ¡¿Acaso vas a entregarme a tus estúpidos líderes humanos?! -elevo mucho más la voz, manteniendo el enojo- ¡¿O piensas terminar lo que tanto añoro hacer el cabezón y me harás eso de la "necropsia"?!
- Eso dependerá de lo bueno y cooperativo resultes ser conmigo, Zimmy~ -refuto entre risas, caminando por el cuarto- Y esto será un buen incentivo para saber y entender tus verdaderos sentimientos. ¿No crees?
- ¡¿De qué hablas?! ¡El magnífico Zim no.. -
Silencio, las palabras referente a su deseo natural de oposición y orgullo, fueron acalladas al ver el cuerpo inconsciente e herido de su antiguo némesis, quien apenas lograba respirar entre ligeros quejidos, los mismos eran fácilmente percibidos por el agudo oído del ex-invasor, siendo perseguido por un ajetreado cuestionamiento moral. Un fuerte sentimiento de odio lo invadió en su totalidad, tratándose de una extrema posesividad que recorría sus venas, el singular hecho de que alguien ajeno a su increíble persona, hubiera dejado en tan deplorable estado a quien más detestaba, aborrecía y secretamente deseaba su ruina era... Inaceptable. Luego de todos los acontecimientos bizarros que habían vivido a través de los años, cada pelea, disputa y venganza que planearon de manera personal, la convivencia conflictiva que desarrollaron con anterioridad en contra de su voluntad...
Todo, para que un simple y desconocido humano le cause tanto daño a su eterno rival era imperdonable... ¡Zim era el único que tenía el derecho de dañarlo, torturarlo y eliminarlo! No había soportado tantos dolores de cabeza, graves heridas y patéticas dudas existenciales, para que que cualquier allegado pudiera venir y arrebatárselo. ¡Jamás!. Mucho más, cuando todavía no estableció un vínculo de dolor, su misión era causarle sufrimiento y devastarlo con miseria, después de todo, lo necesitaba con vida, buscando la manera adecuada de hacerle pagar por los sucesos que indirectamente hizo con su presencia.
- Libera a Dib. -exigió con firmeza, intentando mover su cuerpo- AHORA.
- ¿Por qué? -cuestionó impasible, mirando el cuerpo de su hermano- Estaba entrometiéndose en mis planes. -se excuso, pateando con fuerza el estómago del contrario- Aunque dudo que haya averiguado algo tan rápido. -deduce tocando su barbilla.
- ¡No lo subestimes! -reaccionó sin pensar- ¡Es un cabezón listo! -defendió mirando momentáneamente a su némesis- Por su culpa este planeta no fue conquistado por el grandioso Zim. -habló recordando sus viejas batallas- Eres un mono idiota si crees que vas detenerlo con algo tan simple como esto.
- Oh~ ¿Me estás retando a matarlo? -lo desafío divertido, acortando la distancia con el irken- No estás en una posición muy favorable, "pequeño invasor". -se burló tomando entre sus manos el rostro del contrario- Si decides ayudarme en mi plan original, voy a recompensarte.
- Me niego. -se rehusó, apartando la mirada- No recibo órdenes de los humanos. -sentenció con una mueca de disgusto- Y cuando recobre mi libertad, voy exterminarte con mis propias manos, despreciable gusano.
- Eres adorable, Zimmy~ -sonríe apretando suavemente sus mejillas- Amo cuando tomas esa postura arrogante, y superior. -susurró besando la comisura de sus labios- Es irresistible... Me fascina...
- ¡A-Aléjate ahora mismo! -ordenó con un fuerte rubor azulado en su rostro- ¡No vuelves a tocarme! ¡Suéltame de una vez, inmunda criatura inferior!
- Ríndete Zim. -pidió con tranquilidad admirando el rostro del alíen- Todo sería más interesante y sencillo si te unes a mí. -propuso acariciando sus labios con el dedo índice- Acepta, o podría arrebatarte lo único que te queda... -amenazó señalando al de gabardina negra- Y está agonizando justo ahí.
El alienígena llevó su mirada hasta donde se encontraba el yaciente cuerpo del chico gótico, llevándose inesperadamente una grata sorpresa, sintió como su squeedly spooch se estrujaba en una mezcla de emociones variadas, difería contra su deseo de verlo muerto, pero como estaban ahora las circunstancias, agradeció internamente que reconociera a la perfección cuando ese tonto cabezón estaba fingiendo. Era cotidiano reconocer su propio juego, gracias a sus encuentros de enemigos sabían a la perfección sus movimientos, aunque la ausencia reciente en ambas partes se hizo presente, pudo haber cambiado un poco las estrategias, pero eso no quitaba el hecho de los viejos trucos que utilizaban en los días de eskuela, nunca cambiaban.
Solo por esta vez, trabajarían juntos otra vez.
- Humano.. Dib.. -lo llamó entre fingidos sollozos- ¿El esta..? -se detuvo, conteniendo sus deseos de reír- ¡Ese cabezón, está.. esta..!
- ¿Mmm? -balbuceo desinteresado, apartando rápidamente la mano del pak del irken- ¿Zimmy? ¿Por que estas..?
- ¡Se está tardando demasiado en despertar! -interrumpió frustrado, cerrando con fuerza los ojos- ¡Levántate de una buena vez, estúpido cabezón! ¡Zim no va a esperarte por siempre!
Ese adorable reproche fue una clara advertencia para el de ojeras, quien con una total indiferencia, desvió la mirada, encontrándose de frente con el rígido y tambaleante cuerpo de su hermanastro, el cual lentamente movía sus extremidades, delatando cierta dificultad al levantarse del piso, recuperándose del contundente golpe y finalmente ponerse de pie, mientras que sacudía ligeramente su ropa. Una enorme y maliciosa sonrisa estaba dibujada en sus cara, algo que el de ojos azules reconoció demasiado bien, se estaba burlando. Internamente, el castaño no pudo contenerse, provocando que de sus labios soltara unos pocos gruñidos, la deducción que había predicho no era del todo correcta, teorizó que le tomaría al menos otra media hora para que el de lentes despertara, tenerlo completamente consciente no era su idea original, pero siempre estaba preparado por si algunas otras complicaciones innecesarias surgían.
- ¡Hey, chico espacial! -saludo con ironía, cruzándose de brazos- Si te salvó ahora.. ¿Me dejarías hacerte una necropsia?
- Lo siento, hermanito, el único que va abrir a Zim seré yo. -anuncio conteniendo una risa- Tenerlo sujetado a una camilla, mientras arrancó sus entrañas empieza a sonar demasiado tentador.
- Tsk.. -chasqueo su lengua, maldiciendo por lo bajo- Aborrezco a las insolentes criaturas humanas.. ¡Los maldigo! -expreso observando enojado a ambos humanos.
- Ese irken de ahí es solo mio. -comento con arrogancia- Y no dejare que absolutamente nadie, le haga daño. -aviso con seriedad, cruzándose de brazos- Solo yo tengo permitido hacerlo, así que.. -lo fulmino con la mirada- SUÉLTALO.
- Ugh, ¡Qué miedo! -bromeo divertido, conservando su postura- ¿Sabes? Tu sola existencia está empezando a ser una molestia. -acotó encogiéndose de hombros- ¿Acaso vienes a defenderlo?
- ¡Zim no necesita ser rescatado por nadie! -interrumpió el orbes magenta, completamente fastidiado- ¿Por que simplemente no pueden eliminarse mutuamente y dejarme en paz? -susurro cansado, desviando la mirada.
- Es mi propósito. -respondió con simpleza, ignorando las protestas del alíen- No podrás detenerme, protegeré a Zim cueste lo que cueste.
Suspiro exhausto ante el comentario de su hermano. No quería tomarse el trabajo de hacer las cosas aún más difíciles y complicadas para lograr llegar hasta su objetivo... Sin embargo, lo estaban obligando a utilizar medidas drásticas, quería tener el mundo en sus manos y lo obtendría a cualquier costo, sin importar que tan despiadado, cruel o egoísta tuviera que ser.
Ya era cotidiano mentir, tan común engañar y ni hablar de lo acostumbrado a fingir ante los demás. Cansado, solo y con un solo persistente deseo.. Tener a su lado lo que era suyo.
- ¿Podrás protegerlo cuando el mismo sea quien te quite la vida?
Un mecanismo se activó, las funciones ofensivas del pak se empezaron a configurar. Todo estaba preparado para efectuar una prueba que pondría en riesgo los sentimientos humanos.
