Tocado por un ángel
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Capítulo 28
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Gracias a mi amiga y Beta Adriana Molina, ¿Contenta? Ya tienes un nuevo cap de mi griego. Jajaja, claro que no te he cambiado. No haría algo así.
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Bella Pov.
El brillante sol de la mañana y la brisa fresca del mar, me llenaba de tanta paz… que no habría otro lugar en el que deseara estar en este momento.
Las pequeñas olas golpeaban mis pies, y la arena se deslizaba con el movimiento del mar. Mirando la arena blanca algo pequeño llamó mi atención. Me agacheagaché un momento para verlo de cerca, pero poco a poco iba siendo enterrado por la arena, llevé mi mano hasta él para sacarlo, pero unos dedos tocaron con los míos.
Rápidamente aparté la mano, y miré en la dirección que provenía la otra, un joven muy apuesto me miraba completamente extrañado.
—Lo siento—dijimos ambos al mismo tiempo.
—No sabía qué...—nuestras excusas se volvieron a unir provocando sorpresa por la sincronía que parecíamos tener.
Ambos reímos al mismo tiempo al encontrarlo divertido. No sabía quién era él, pero me parecía un chico bastante amable.
Extendí la mano hacia él y sin dudarlo la tomó con una sonrisa.
—Es un gusto conocerte, soy Isabella Markopoulou.
—El gusto es mío, mi nombre es Luke Vulturi.
Ambos nos soltamos y nos quedamos mirando por unos breves segundos. —¿A ti también te dio curiosidad? —pregunté señalando el animalito o lo que fuera que estaba allí.
Él bajó la mirada—Sí, lo vi moverse y me pareció extraño, quise saber de qué se trataba, pero al final ninguno de los dos pudo hacerlo.
Me encongí de hombros ya que no podríamos hacer nada, porque al parecer, se había enterrado dentro de la arena.
Vi de reojo el perfil de él, mientras veía al mar, y no sabía porqué me parecía que su imagen me recordaba haberla visto antes, pero no sabía exactamente de que lugar me era familiar.
—¿Primer bebé? —preguntó de repente.
—¿Ah? ¿Cómo? —inquirí sorprendida.
—Cuando las mujeres están embarazadas, tienen un brillo especial que irradia de su piel, y de su rostro, es difícil no notarlo, a menos que seas muy despistado.
—No sabía que eso realmente era cierto. Creí que solo se debía a un mito.
Él negó con su cabeza—Tu rostro también muestra sus cambios. El papá debe de sentirse muy feliz.
Una sonrisa se formó en mi rostro al escucharlo, y no pude evitar sentirme realmente alegré.
—Sí. Lo esta—dije —¿Tú tienes hijos? —pregunté, pero al mismo tiempo me arrepentí de haberla hecho, porque su rostro quitó la sonrisa que lo adornaba, y se tornó sombrío.
—No. No tengo.
Miré su mano izquierda disimuladamente y llevaba un anillo de casado.
—Pero no debes desanimarte, posiblemente pronto, puedan darte la sorpresa.
—No habría mayor felicidad para mí, que ella me dijera que seré papá.
—¿Amas mucho a tu esposa?
Él sonrió —Sí la amo, aunque no sea lo mismo para ella.
¿Un amor no correspondido? Pero cómo podría ser eso posible, si están casados.
Decidí no indagar en ello para respetar su privacidad, pero la curiosidad quedó grabada en mí.
—¿Llevan mucho tiempo casados?
—Sí, ocho años.
Permanecí en silencio al escucharlo, e incosientemente sentí como mi corazón se estrujó al pensar lo difícil que sería amar alguien de esa manera.
La imagen del rostro de Edward vino a mi mente, y por un momento me imaginé lo que se sentiría amarlo, sin que él me correspondiera. Mi corazón dolió con cada palpitación, y mis ojos se llenaron de lágrimas, al recordar todo lo que habíamos pasado hasta el momento, y darme cuenta que, si yo no significara algo para él, no podría estar más a su lado, sintiendo cómo su indiferencia me hiriera en cada momento.
Miré a Luke por un momento, y no pude evitar que algo dentro de mí, me empujara a acercarme, y tocar su brazo con la punta de mis dedos. Él se volvió hacia mí y con sus ojos grises tan parecidos a los míos me observó con asombró.
—¿Por qué lloras? —dijo preocupado.
Las lágrimas no dejaban de caer, y poco a poco lo que en su momento era algo totalmente silencioso, se volvió en un llanto interminable de soledad.
Él se acercó y limpió las lágrimas que caían, pero eso no bastaba para detenerlas, porque mi corazón se había transformado en algo… vacío, y mi mente no dejaba de traer el lado oscuro de mi felicidad con Edward.
—¡Señora Markopoulou! —exclamó intentando alejarme de ese trance en el cual me encontraba en ese momento.
Sus manos llegaron a mis brazos y me apretaron un poco, al mismo tiempo que veía su rostro cerca del mío.
—Señora Markopoulou, debe tranquilizarse, sé que las cosas que pasan a su alrededor la hacen sentir más sensible de lo normal pero…
—No son las cosas alrededor —dije mirándolo —es la soledad que puedo percibir de tu interior.
—¿Ah?—exclamó confundido.
—No te conozco más, que de hace un momento, pero los ojos de una persona son el alma que hay en su interior, y aunque ocultes tu rostro con una expresión fría y sin sentimientos, tu mirada siempre delatará lo que en verdad sientes.
Su mirada empezó a alejarse de la mía para enfocarse atrás de mí.
—Si amas a tu esposa, intenta dar todo lo que tengas para demostrarlo, y si aun así, ella no te ve, es porque jamás fue para ti, y es mejor dejarla ir.
Las manos de Luke se alejaron de mis brazos, y fueron reemplazadas por algo más cálido, que hizo que mi corazón dejara de doler y de ahogarse en esta profunda soledad, de la cual me había sumergido intencionalmente.
—Edward—dije al reconocerlo.
No había nada en este mundo que pudiera hacer que me olvidará cómo se sentía la calidez de mi esposo.
—No llores más—pidió tiernamente—Yo estoy aquí.
Una sonrisa se formó en mi rostro deteniendo el pequeño llanto que se había formado.
—Lo sé, y eso es lo que hace que mi vida sea más hermosa.
Luke se alejó un poco para darnos privacidad, pero yo negué levemente.
—Luke—dije y Edward me miró un poco confundido.
—Creo que ya es hora de que me vaya señora Markopoulou—dijo él un poco avergonzado.
—Pero… antes quiero presentarte a mi esposo—me volví a ver a Edward y él cambió de posición al colocarse a mi lado.
—Ya nos conocemos, Bella.
—¿Ah? ¿Cómo? —inquirí sin entenderlo.
Luke río de una manera tan despreocupada, haciendo que me sorprendiera al verlo, porque la tristeza que había en su rostro, se esfumó tan rápido que por un momento creí que solo había sido mi imaginación.
—Como no conocer a uno de los griegos más respetados de Nueva York. Cuando trabajas en la industria llegas a conocer a muchas personalidades—dijo el recién conocido tan tranquilamente.
—¿Es eso cierto? —pregunté a Edward.
—Sí, es verdad, más que todo lo de respetable—respondió él mirando a Luke.
—Pero yo me refería a cómo lo conoces—dije insistiendo.
—Luke Vulturi, ¿Lejos de tu esposa? —cuestionó Edward.
La sonrisa en su rostro se borró, para dejar paso a la formalidad entre dos hombres que, hablaban cortésmente el uno al otro.
—Terminando una sesión de fotos para la próxima temporada de ropa.
—Empire, nunca pierde la oportunidad para ganar—dijo Edward y Luke pareció formar una pequeña sonrisa.
—Ustedes, los encargados lo saben mejor que los que trabajamos en ello. Toda oportunidad no aprovechada es solo un desperdicio para el futuro.
Edward sonrió divertido—Cada vez las palabras de la CEO se vuelven más tu propio lema.
—Ja—bufó Luke—creo que tienes razón Markopoulou, los años de convivencia hacen que termines por acoplarte a las palabras de la otra persona.
Esperen ¿La CEO? Esto se estaba volviendo extraño, no comprendía todo lo que estos dos estaban hablando.
Un pequeño sonido llamó mi atención, Luke sacó un celular de su bolsillo del pantalón, y después de verlo nos miró a Edward y a mí.
Se acercó para extender su mano hacia mí y yo sin dudarlo la tomé.
—Fue un verdadero gusto haberte conocido,. Isabella Markopoulou. Es bueno ver que una joven tan dulce como tú, logró conquistar al solitario griego.
Él estrechó mi mano y yo sonreí —El gusto también es mío, Luke, y espero que puedas ser muy feliz con tu esposa.
—Gracias por tus nobles y bondadosos deseos. Adiós Markopoulou, fue un gusto saludarte.
Mi mano fue liberada y Edward asintió en su dirección.
—Nos vemos Vulturi.
Luke mostró una última sonrisa, que como todas las demás que había visto de él en ese momento, no llegaba a sus ojos, convirtiéndose en el dibujo de una sonrisa totalmente falsa.
Paso a nuestro lado retomando el camino en la arena, paso a paso mientras sus pies desnudos se hundían en ella.
—Si sigues mirándolo de esa manera, harás que empiece a tener celos de ese modelo.
La sutil advertencia no la pasé desapercibida y aparte la mirada de Luke Vulturi.
—Me sorprende tu calma—comenté al verlo.
—En realidad cuando te vi a lo lejos siendo tocada por sus manos en tus hombros, y estando demasiado cerca de él, creí que debía encerrarte en la mansión, y no dejarte volver a salir sola—la sonrisa de su rostro me hizo estrechar la mirada hacia él.
—No serías capaz—dije y él se acercó a mí.
—Pruébame y lo sabrás—dijo divertido, pero con un dejo de seriedad que me indicó que no estaba bromeando.
—Edward—llamé estando a unos centímetros de sus labios— Bésame—pedí y él lo hizo con la mayor dulzura y ternura que podía poseer.
Mis manos hallaron su cabello tan tentador que no pude evitar introducir mis dedos en él.
—Mi Bella—dijo posesivamente.
—Tú también eres mío—reclame divertida.
—Totalmente —respondió.
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—¡Yo quiero ir! —exclamó Fernando una y otra vez frente a Edward y Alec.
—Fernando por favor...—regañé suavemente.
Alec sonrió divertido al ver a mi hermanito intentar llamar su atención una y otra vez.
—Por mí no hay ningún problema—dijo Alec y Edward asintió—Tampoco yo, no tengo ningún problema.
Fernando sonrió con alegría, y yo negué levemente mientras los veía a ambos.
—Luego no se quejen, si no logran completar los asuntos que tienen.
Alec río más fuerte al mirarme, y con diversión exclamó:
—Seremos unos niñeros completamente responsables.
—Sí, ya lo creo—respondí con sarcasmo.
Si había algo de lo cual no tenía duda, era que ambos cuidarían bien de Fernando, pero con lo que no estaba de acuerdo, era que mi hermano fuera tan consentido por Edward.
Iban a una pequeña reunión que Alec tenía en Creta, se reunirían con el director del nuevo hospital de la familia Cullen en esa isla. Y Edward iba a comprar algo que no quería decirme por más que le insistía. En pocas palabras, ellos decían tener asuntos en los cuales yo no tenía nada que ver.
—Como si quisiera—murmuré cruzando los brazos.
Edward se acercó al ver que me sentaba en el sofá de la sala de estar, y sentándose a mi lado me envolvió con sus brazos.
—Regresaremos pronto.
—¿Tengo otra opción más que esperar? —repliqué sin verlo.
Él tomó suavemente mi mentón, y me hizo ver sus ojos verdes tan intensos como las hojas de los árboles.
—Te ves tan linda cuando estás enojada—comentó acercándose cada vez más.
—Si vas a hacerlo, hazlo rápido—dije y él sonrió, pero acercó sus labios hasta unirlos con los míos.
La calidez de ellos me hizo sentir un hormigueo en el estómago, e hizo palpitar mi corazón alocadamente.
—¿Desde cuándo tan demandante? —preguntó al alejarse de mí un poco.
—Desde que me ocultas lo que harás—respondí fingiendo estar molesta.
Me acerque a él y tenía toda la intensión de darle un beso más profundo, pero una manita tomó la mía llamando mi atención
—Bella, ya nos queremos ir—su dulce y pequeña voz era acompañada por un rostro serio e impaciente.
—¿Se quieren ir?—cuestioné evitando sonreír al verlo tan serio—no veo que Edward quiera marcharse aún.
Mi hermano soltó mi mano y tomó la de Edward.
— Vámonos —dijo sin responder mis palabras.
Me sorprendí al ver su actitud, pero no hizo que me molestara, si no todo lo contrario, su manera de hacer las cosas me provocó tanta diversión, que no pude evitar reír sin poder parar.
Edward, Claire y Alec también rieron con diversión al ver la actitud de mi hermano con mi esposo.
—Creo que Edward ya no es solo tuyo, Bella—dijo Alec mirando a Edward ser llevado hasta la puerta de la entrada principal.
Claire se acercó a mí con Matt en brazos, y al verme mi hermanito más pequeño, alzó sus bracitos para que lo tomará.
—Nos vemos dentro de unas horas, Bella—dijo Edward saliendo de la casa.
—No te preocupes Bella, cuidaré de ellos—Alec dijo caminando detrás de mí esposo y mi hermano.
—Por favor —exclamé un poco alto para que me escuchara.
Caminé hasta la entrada y la cerré, luego me volví hacia Claire, pero el aspecto cansado de ella me preocupó un poco.
—¿Te encuentras bien? —pregunté llegando hacia ella.
—Sí, sólo necesito descansar un poco.
—Vamos a tu habitación—sugerí y tomé una de sus manos libres para conducirla a las escaleras.
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Después de dejarla y recostarla en su cama, llevé a Matt a la habitación de Edward y mía, lo acosté en la cama y él empezó a levantarse para sentarse sobre ella.
—¿Quieres jugar?—le pregunté, y me acosté a su lado dándole un muñequito de conejo de color azul, que tanto le encantaba.
Permanecimos media hora jugando con ese muñeco, y haciéndolo reír sin parar en ocasiones.
Todos los movimientos o mis reacciones le provocaban risa, era divertido verlo y me hacía sentir realmente feliz. Cuando cayó a mi lado, estaba realmente dormido, y se veía tan pacífico que no pude evitar querer acompañarlo en su profundo sueño.
Cerré mis ojos y me dejé llevar, al principio no había nada en mis pensamientos, más que la profundidad de la oscuridad y el ruido de unas sirenas que no paraban de sonar.
Moví mi cuerpo y por un momento, lo sentí pesado, dejé de hacerlo y creí que volvía a relajarme, pero ese molesto sonido seguía sin poder callarse.
Abrí mis ojos finalmente poco a poco, pero no fue la habitación de Creta la que apareció ante mí, si no, la imagen de un hombre que hablaba demasiado alto, provocándo que mi cabeza quisiera estallar.
Levanté un poco la cabeza, pero ese hombre se percató y amablemente dijo:
—No debe moverse.
Sentí como empezaba a fruncir el ceño al no saber de lo que estaba hablando, iba a preguntar, ¿Porque estaba allí? Pero otra voz a lo lejos llamó mi atención.
—¡Ayúdenme con el niño!
Moví mi cabeza difícilmente, pero al hacerla aun lado pude ver la imagen de un niño siendo sacado de un coche totalmente destruido.
Un hombre lo sacó del carro en sus brazos y rápidamente lo colocó en una camilla, la carita del niño se volvió hacia mí por el movimiento, y al verlo, pude ver perfectamente el rostro de Fernando.
Él se encontraba totalmente inconsciente, sin moverse, sin despertar. Los enfermeros de la ambulancia obstaculizaron mi vista mientras rodeaban a mi hermanito y lo asistían.
Volví a moverme pero todo mi cuerpo dolía, por un momento creí que todo esto era real, pero no podía ser cierto, porque yo no estaba en Nueva York, yo no me encontraba en esa calle, yo no estaba en ese accidente que había ocurrido hace ocho meses.
—No...—dije sintiendo las lágrimas caer y sintiendo cómo mi pecho dolía incesantemente.
Creí que estos sueños no volverían a aparecer, desde que Edward nos había acogido en su vida; esas pesadillas no habían vuelto, pero…, ¿Por qué ahora? Me pregunté, pero no hubo ninguna voz que me respondiera.
Volví a cerrar mis ojos fuertemente no queriendo ver más de lo que ya había vivido en esa ocasión, no quería recordar lo que había sentido, ver el cuerpo de mi padre totalmente destrozado entre los hierros del auto, ni a mi madre medio inconsciente y luchando por resistir, por mi hermanito que se encontraba en su vientre.
Mi respiración se agitó y mis lágrimas querían romper en llanto, la sensación de tristeza y soledad se hicieron más fuertes dentro de mí.
Volví abrir los ojos con temor de que las imágenes que mi mente guardaba siguieran estando allí, en esa pesadilla extraña y dolorosa.
Cuando finalmente desperté, llevé mis manos a mi rostro para secar las lágrimas que habían humedecido mis mejillas, y al ver a mi alrededor me di cuenta que seguía estando en Creta, en la habitación de Edward.
—No me gusta sentir esto— dije mientras tocaba a mí lado para sentir el cuerpecito de Matt, pero no había nadie junto a mí.
Miré alrededor de la cama pero tampoco estaba, me levanté apresuradamente, y un mareo me atacó de repente.
—¡Diablos! —exclamé sintiéndome anciosa.
Busqué por toda la habitación, pero no hallé nada, no había rastro de Matt, y me pareció extraño porque ya sabía sentarse, pero aún no sabía gatear, apenas estaba aprendiendo.
Ví la puerta del cuarto abierta y me preocupé, salí de allí para dirigirme a la habitación de Claire, abrí la puerta pero ella aún se encontraba dormida.
Volví nuevamente al pasillo y bajé las escaleras apresuradamente.
No había nadie en la mansión a quien pudiera preguntar, si lo habían sacado a Matt de la habitación, la sirvienta que apreciaba tanto a Edward, estaba descansando, no la había vuelto a ver desde el día que habíamos llegado aquí, e imaginaba que Edward le había indicado que queríamos privacidad.
Mi corazón palpitaba y mi preocupación aumentaba con cada segundo.
Busqué en todos los rincones dentro de la casa, pero no había absolutamente nada.
Me detuve junto a la sala principal, e intenté poner mis pensamientos en orden.
—No hay ninguna puerta forzada, no hay nada fuera de lugar, ¿Entonces dónde está Matt?
Al mirar al jardín una extraña y loca idea llegó a mi mente, pero era totalmente improbable, ya que no había señal de que alguien hubiera entrado a la casa.
Salí al exterior y caminando en el jardín, un miedo me invadió, llevé una de mis manos al pecho y haciéndola un puño, seguí caminando debajo de las pérgolas, y del cielo gris que amenazaba con que pronto llovería mojando todo a su alcance.
Bajé las escaleras y caminé a la orilla de la alberca, seguí pasando por el jardín de rosas de colores, y cuando llegué al final del camino, a unos metros de distancia, pude ver la imagen de una mujer con algo en brazos.
Seguí más apresuradamente por el mismo camino que ella llevaba y mientras la seguía, sentí que mi corazón se salía del pecho.
—Espere —dije algo fuerte pero la mujer pareció no escucharme.
Mis pasos se volvieron más rápidos dejando de caminar para empezar a correr.
La mujer caminó un poco más, hasta llegar donde el mar golpeaba con sus olas que se encontraban un poco más fuertes de lo normal.
Ella se detuvo y yo dejé de correr, para volver a caminar con mi respiración algo agitada. Mientras me iba acercando un nudo se creó en mi garganta haciendo que me fuera difícil tragar.
Cuando estuve a un metro de distancia, pude ver la cabecita que sobresalía de sus brazos.
—¡Matt! —exclamé y él se volvió al escuchar mi voz.
Me acerque a la mujer despacio, no deseaba que Matt estuviera en peligro, no sabía con qué intenciones ella había entrado a la casa, y se lo había llevado.
¿Pero cómo había logrado entrar? Eso era algo que no lograba entender.
—Es muy fácil perder a las personas que tanto amas, ¿No es así?
Cuando escuché su voz, mi cuerpo quedó inmóvil a unos pasos de ellos.
—¿Qué hace usted aquí? —pregunté realmente sorprendida.
Ella se giró hacia mí quedando frente a frente, sus verdes e intensos ojos se mostraron fríos y sin compasión.
—Lo mismo preguntó, ¿Qué haces en mi casa, en la vida de mi hijo, y desenterrando un pasado que hace años murió?
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Holaaaa, hace tiempo que no nos leemos, ni ustedes un cap, ni yo sus comentarios.
Y créanme que eso es lo que más extraño de cuando no público, saber lo que les ha parecido el capítulo es lo que me alegra, porque me doy cuenta que a alguien más le gusta lo que mi imaginación crea.
Gracias por leer a mi griego y a mí dulce Bella.
Bye, nos leemos.
