Tras el incidente, Patrik fue detenido y puesto en custodia preventiva. En el colegio corrieron mil rumores e historias sobre la marcha del profesor pero se extinguieron tan rápido como empezaron.
A medida que se aproximaba mayo, los días se volvieron menos nublados y un poco más calurosos, y lo que a todo el mundo le apetecía era pasear por los terrenos del colegio y dejarse caer en la hierba viendo los fantásticos movimientos del calamar gigante por la superficie del lago.
Pero no podían hacerlo. Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y, en lugar de holgazanear, los estudiantes tenían que permanecer dentro del castillo haciendo enormes esfuerzos por concentrarse mientras por las ventanas entraban tentadoras ráfagas de aire primaveral.
Pero a pesar de los muchos deberes que tenían y de lo mucho que había que estudiar aún quedaba tiempo para disfrutar del penúltimo partido de Quidich de la temporada. Desde el castillo llegaba el sonido de los vítores y el jolgorio del evento. Johanna los oía desde la biblioteca donde estaban ella y Emma completamente solas.
Johanna llevaba quince minutos mirando el pergamino en blanco, con los libros de pociones abiertos. Su mente estaba muy lejos de la redacción. Tras lo ocurrido en Hogsmeade había evitado al profesor Snape, sin saber muy bien por qué. Era la última en entrar en la clase y la primera en irse, no respondía a las preguntas que se hacían en clase y tampoco reaccionaba a las provocaciones del profesor. El solo hecho de estar cerca de él la ponía nerviosa y muy a su pesar ya había descubierto el por qué. Ahora solo faltaba que su cerebro aceptara los deseos de su corazón.
- ¿Johana, estás bien? – Preguntó Emma.
La chica levantó la cabeza y asintió.
- Pues no lo parece. – Añadió su amiga señalándole el pergamino donde se le había caído la pluma y donde ahora había una enorme mancha de tinta.
- Perdón. – Dijo mientras cambiaba el pergamino manchado por otro nuevo. – Tengo la cabeza en otra parte.
- Llevas unos meses muy rara. ¿Hay algo que quieras contarme?
Johanna suspiró y le contó lo que había pasado aquél día en Hogsmeade y los sentimientos recién descubiertos que la estaban atormentando.
- Lo que no entiendo es qué estás haciendo aquí conmigo pudiendo decirle todo esto a él, ser correspondida y vivir feliz para siempre.
- Primero de todo porque lo de feliz para siempre no va conmigo y algo me dice que tampoco va con él. Segundo, porque mucho me temo que lo de ser correspondida solo pasa en tu imaginación. Y tercero, porque aún me queda un poco de amor propio que me impide hacer el ridículo de estas maneras.
- Tonterías. El que no arriesga no gana.
- No todas nos podemos permitir tener una historia de amor perfecta como la tuya. – Dijo Johanna con sarcasmo.
- Mi historia, ¿perfecta? La mía fue rápida, porque los dos abrimos la boca para decir lo que sentíamos. Aunque ahora que lo pienso, si hablamos de buena historia de amor, la vuestra hace más propia de Hollywood. – Emma se levantó y continuó la exposición de su argumento con más énfasis – El súper drama del hombre atormentado y la mujer que no quería amar. Yo creo que me compran la idea seguro.
Johanna se sonrojó y puso cara de falsa indignación. En el fondo sabía que su amiga tenía razón y que era mejor enfrentar la situación, que el profesor le dijera que no de malas maneras y así poder pasar página. Para asombro de la chica, Emma se levantó guiñándole un ojo y se perdió entre las estanterías de la biblioteca. Al poco rato volvió con un libro de cubierta verde esmeralda con el título reluciente escrito en color plateado "Severus Snape, héroe o asesino despiadado". Emma lo dejó caer encima de la mesa.
Johanna se sorprendió de que en la biblioteca del colegio tuvieran ese libro, pero seguramente lo añadieron en la colección hace años, cuando se publicó. En ese entonces muchos hijos de exmortífagos seguían asistiendo a Hogwarts y no le guardaban demasiada simpatía al profesor.
- ¿Cómo lo has encontrado? – Preguntó Johanna sorprendida.
- Lo vi por casualidad hace unas semanas. Estaba escondido detrás de unos manuales de plantas y hongos obsoletos en las estanterías del fondo.
- ¿Y para qué me lo traes?
- ¿No es obvio? – Dijo Emma sonriente. – A parte de las muchas tonterías y mentiras que ponga, seguro que encuentras información interesante, como su cumpleaños o su color favorito.
- Ni que fuera una revista del corazón. – Se burló Johanna.
- Pues un poco sí.
Emma abrió el libro en busca de alguna información interesante.
- Mira. – Dijo Emma señalando una página del libro. – Aquí pone que su cumpleaños es el 9 de enero. Pero este año ya ha pasado y aún queda para el año que viene. Esto no nos sirve.
- Déjalo Emma, ya leí ese libro y no creo que encontremos nada útil.
- Espera. – Dijo la chica. – Aquí pone algo que te puede servir. Dice que el día 2 de mayo de 1998 se le dio por muerto, pero que logró sobrevivir misteriosamente.
- No entiendo como esto puede serme útil para nada. – Dijo Johanna con escepticismo.
- Muy fácil. Mañana es 2 de mayo. Es el décimo octavo cumpleaños de su no muerte. Puedes ir a su despacho y celebrar con él que sigue vivo. Y ya luego te confiesas.
Johanna se puso colorada de nuevo.
- Estás loca.
- Puede ser. Pero podría funcionar.
La jornada de estudio no se alargó mucho más. Pronto llegó la hora de la cena y las dos chicas hambrientas bajaron al gran comedor donde todo el mundo comentaba la victoria de Slytherin contra Ravenclaw. Tras la cena, la mayoría de los estudiantes volvieron a sus salas comunes para intentar terminar los deberes que les quedaban. Johanna prefirió meterse en la cama pronto. Aquella noche apenas pegó ojo. Se despertaba a menudo con el corazón acelerado fruto de alguna pesadilla que no recordaba al despertar.
Durante todo el día tuvo que esforzarse para mantenerse despierta en las clases. Tras la última clase del día volvió rápidamente a la sala común. Necesitaba un poco de soledad para reflexionar si hacerle caso a su amiga o no. Se quitó el uniforme para ponerse algo más cómodo. La corbata le apretaba y le agobiaba un poco. Rebuscó entre su baúl para buscar algo de ropa muggle, pero encontró algo que ya había olvidado que tenía. Entre la ropa había una caja envuelta con una preciosa tela verde. La chica lo sacó del baúl y lo dejó en la cama. El corazón le latía muy rápido. ¿Sería una señal? Empujada por una energía que no creía tener se vistió con unos vaqueros y una camiseta de manga corta y bajó a las mazmorras con el paquete entre las manos.
Como hacía muy buen día, los alumnos estaban estudiando en los terrenos del castillo y Johanna no se topó con nadie.
Temblando como una hoja, la chica, llamó a la puerta del despacho del profesor, que se abrió con un leve chirrido.
- El profesor estaba en su escritorio corrigiendo trabajos y examinando pociones.
- Adelante. – Dio sin levantar la mirada de lo que estaba haciendo.
Johanna entró y la puerta se cerró detrás de ella. Respiró profundamente para armarse de valor. De perdidos al río, pensó.
- ¿Qué quieres? – Preguntó el profesor que acababa de levantar la cabeza de su trabajo.
Johanna extendió los brazos entregándole el paquete. Snape lo aceptó con el ceño fruncido y mirada desconfiada.
- ¿A qué viene esto? – Preguntó mordaz.
A Severus le resultó extraño verla allí después de tres meses de evasivas.
- Hoy es un día importante. – Empezó Johanna armándose de todo el valor que fue capaz para que no le temblara la voz.
El profesor la miró con incredulidad. Johanna sonrió y siguió hablando.
- Hoy hace 18 años que no moriste y hay que celebrarlo.
Snape se quedó sin palabras. Estaba desconcertado y a la vez furioso. Él no quiso sobrevivir aquél día en el que debería haber muerto para redimir todos sus pecados.
- No hay nada que celebrar. – Dijo Snape con brusquedad.
- Yo creo que sí. Y por esto estoy aquí. Hoy hace 18 años desde que no murió la única persona a la que he sido capaz de amar, contra todo pronóstico y a pesar de que mi cerebro no para de repetirme que es una mala idea. Aun así, no puedo negar que me hace feliz verte cada día, que te busco en el gran comedor cuando entro y que echo de menos quedarme dormida a tu lado.
Severus se había vuelto más pálido de lo normal. Por primera vez en su vida no le salían palabras sarcásticas ni comentarios mordaces. Notaba en su estómago un calor extraño mezclado con una sensación de vértigo y náuseas. Entonces sintió como su corazón empezó a latir con fuerza. ¿Qué le estaba pasando? No quería que aquello sucediera, no podía arrastrar a la joven a una condena así. Nadie merecía sentirse atado a él de este modo. Pero no era capaz de ahuyentarla, no cuando le había bajado las defensas hasta tal punto.
- Sabía que no era buena idea. –Dijo la chica ante el silencio del profesor. – Olvida todo lo que te he dicho, por favor. – Imploró la chica.
Severus seguía sin articular palabra. Johanna se dio la vuelta para irse, pero notó que la agarraban por el brazo. Se dio la vuelta para ver como Snape la sujetaba para que no se fuera. El hombre la atrajo hacia su cuerpo y la besó. Era la primera vez en su vida que se comportaba tan impulsivamente. Se besaron durante unos segundos. Johanna notó como su cabeza daba vueltas. No sabía cómo debía interpretar aquello. Había ido a ser rechazada y ¿La estaba aceptando?
Los dos se separaron por un momento sin poder dejar de mirarse. Johanna lo tomó de la mano para llevarlo hasta la puerta del dormitorio, la abrió temerosa de que en cualquier momento la echara de malas maneras. Se tumbaron en la cama sin dejar de mirarse. Esta vez no se tomaron con el ansia propia de la necesidad puramente física. Fueron despacio, saboreando cada momento como si fuera el primero y el último, hasta quedarse dormidos.
Al despertarse a la mañana siguiente, Johanna creyó que todo había sido un sueño hasta que vio al hombre durmiendo plácidamente a su lado. Aun le costaba creérselo. Snape abrió los ojos para encontrarse a Johanna acariciándole el pelo sin dejar de mirarlo.
Él sabía que estaba mal, que no debería darle esperanzas, pero a su lado se sentía mejor, extrañamente reconfortado. ¿Y si todos tenían razón? Y debía dejar el pasado atrás y centrarse en vivir, porque ya había sufrido bastante. Aun así tenía demasiados demonios en su pasado que serían difíciles de enterrar.
Un beso de ella era lo único que le hacía falta para dejar su mente en blanco. Y así lo hizo para sacarle de sus pensamientos.
- Estas muy serio. – Dijo ella después de separar sus labios de los del profesor. – Espero que no te estés arrepintiendo, porque te advierto que ya no hay vuelta atrás.
Al fin se había armado de valor para entregarse a alguien y no lo iba a dejar escapar tan fácilmente.
Snape se levantó de la cama y se puso una bata negra para cubrir su cuerpo desnudo.
- Deberías ir a desayunar. – Le dijo a la chica. – Después de la clase de pociones de esta tarde hablaremos.
Johanna se despidió de él con un beso y corrió a la sala común para ducharse ponerse el uniforme. Sabía que le esperaba por la tarde e iría preparada. El profesor le iba a decir que no podían hacer eso que era peligroso o quien sabe que tonterías. Pero no se lo pondría fácil.
Severus se dejó caer en la cama, con la cabeza repleta de pensamientos contrarios rebotando por sus paredes craneales dándole un dolor de cabeza insoportable. Se dio un baño rápido y se fue a la enfermería. Él tenía remedios que podía utilizar, pero apartó su orgullo por un momento para reconocer que lo que necesitaba era un poco de consejo, y solo tenía a Diana.
Tras un agotador día de clases al fin llegó la última clase de la tarde, tenían doble hora de pociones. En las mazmorras también se notaba la llegada de la primavera. Ya no hacía tanto frío y la humedad se les pegaba en la piel. Johanna solo podía pensar en el fin de la clase y la charla que tenía pendiente. Al fin terminó su poción vigorizante y la entregó. El profesor Snape no levantó la vista para mirarla y siguió con lo que estaba haciendo. Ella no esperaba menos. Después de todo estaba a punto de ser rechazada, pero su profesor estaba muy equivocado si se creía que ella le iba a tomar en serio cuando no pudo rechazarla el día anterior.
Cuando sonó la campana todos los alumnos abandonaron rápidamente las mazmorras, dejando a Severus y a Johanna a solas.
- Pasemos a mi despacho, señorita McBay.
- Johanna soltó una risita burlona.
- Que formal señor Snape.
- Es lo propio, estamos en el colegio y tú eres mi alumna.
Johanna suspiró. Estaba preparada para aquello, pero iba a ser duro.
- Siéntate, por favor. – Le dijo él señalando la butaca de su escritorio.
- La chica le hizo caso.
- Esto es un error. Eres mi alumna, no podemos hacer esto. No está bien.
- No seré tu alumna para siempre. Además yo te quiero y sé que en un pequeño rincón de tu sellado corazón tú también sientes lo mismo por mí. – Dijo la chica demostrando más seguridad de la que tenía en realidad.
-Pero es que yo no soy bueno para ti. Mira dentro de mi y verás cómo te arrepientes. Allí es donde se esconden mis demonios. Cuanto más te acerques, más sentirás mi oscuridad. No quiero decepcionarte, pero estoy atado al infierno. Los horrores de mi pasado vivirán en mis recuerdos para siempre. Todos dicen que junto a ti podré enterrar eso… Que quiero salvar tu luz. Necesito dejarte ir para que no te marchites a mí lado.
La chica se levantó de la butaca. Estaba seria y parecía enfadada.
- Severus… - Empezó ella temerosa de pronunciar su primer nombre por primera vez. – Sé que perdiste el amor de tu vida y llevas martirizándote por esto 36 años, pero ya es hora de pasar página. Cualquiera que fueran tus pecados ya pagaste por ellos y con demasiados intereses. Si me quieres aunque sea la mitad de lo que quisiste a Lily, acepta el sitio que te ofrezco a mi lado.
- No será fácil. – dijo él con las defensas totalmente por los suelos.
- No tiene que ser fácil. Lo fácil no es divertido. – Respondió ella con una sonrisa pícara.
- Además, tendrá que ser un secreto hasta que te gradúes.
- Sigues dándome argumentos positivos. Si no se te ocurre nada más, no conseguirás cambiar mi opinión.
Snape no pudo decir nada más. Sabía que no iba a ser fácil y que no lo merecía. Pero ya era hora de vivir para él y no para los fantasmas de su pasado. Sin mediar palabra agarró a Johanna por la cintura y la atrajo hacia si para besarla.
