Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


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CHAPTER XXIX: Lo siento.

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La lluvia de otoño se intensificaba por las noches, caudales considerables de agua cayendo del cielo y empapando todo cuanto alcanzaba, enlentecía el tráfico, sobrepoblaba la ciudad con paraguas y humedecía a los que corrían sin protección alguna. Muchos levantaban la mirada al cielo, sonriendo con las gotas de lluvia, suspirando de alivio, diciendo ser una bendición.

Bakugo Katsuki era una persona ansiosa por naturaleza, no le gustaba llegar tarde, odiaba la impuntualidad y por sobretodo, odiaba tener cosas que hacer, cosas realmente importantes como saber si su ex novia esperaba un hijo suyo o no, y el maldito embotellamiento de Tokio le dejara varado realmente lo ponía de muy mal humor. Definitivamente, Katsuki no consideraba una bendición la lluvia que caía esa noche.

―Tiene que ser una puta broma… ―Volvió a decir entre dientes, molesto. Carajo que necesitaba ver a Ochako cuanto antes. Sus dedos tamborileaban sus rodillas de forma inquieta mientras sus pies golpeaban el piso del vehículo con hastío. Miró a su chofer―. ¿No puedes tomar un atajo o algo?

―Lo siento, Bakugo-san, pero… ―Suficiente.

―No me interesa. ―Katsuki, harto de las excusas sin sentido por parte de su chofer, abrió la puerta del vehículo sin importarle que una motocicleta casi pasó sobre él en el instante en que salió del móvil. Un sinfín de bocinazos ofuscaban la noche, él sólo se concentró en correr como si su vida dependienra de eso.

Y en parte lo hacía. No le importaba empaparse, no le interesaba volver a enfermarse del modo en que lo hizo meses atrás, tampoco le interesaba que su chofer le gritara que esperara; había perdido veinte malditos minutos en aquel sitio y no podía seguir prolongando su odisea interna.

Habían dejado Minato con rapidez pero el verdadero caos inició en el ingreso a Chiyoda; un verdadero suplicio para él, que sentía que se volvería loco en cualquier instante. Recordaba la dirección del departamento de Ochako, él personalmente lo había sugerido a Todoroki para que se lo propusiera a Uraraka, ya que contaba con muchas comodidades además de tener una cercanía considerable a su actual trabajo en la pastelería.

Corriendo del modo en el que lo hizo, no le tomó mucho tiempo llegar a él, después de todo Katsuki era bueno para apartar personas de un manotazo y abrirse paso en el gentío. Sus ropas se pegaban a su cuerpo con cada movimiento que realizaba gracias a la condición húmeda de su cuerpo, se sentía pesado por ello pero eso no le impidió seguir corriendo hasta donde se hallaba el Central Studio Apartment, un complejo de departamentos con menos pisos y habitaciones más pequeñas que el Meraki's Place pero eso no le quitaba su alto nivel.

Llegó hasta las puertas del Central y una vez que las puertas automáticas se abrieron hacia él, ingresó hasta la recepción; la recepcionista pegó un respingo al verlo saltar sobre el escritorio que los dividía, pero cuando reconoció el rostro del conocido hombre, formuló una sonrisa que intentaba remediar su susto inicial.

―Uraraka Ochako, ¿en qué departamento se encuentra? ―Fue lo primero que pronunció. La mujer tomó un segundo para comprender a qué se refería.

―Oh, Uraraka-san… ―Miró su computadora para buscar los datos de la mujer―. El 207.

Apenas escuchó el número, Katsuki se dirigió a los elevadores para tomar uno, empujando a algunas personas para ingresar, recibiendo palabrotas en el trayecto, no le importaba. En su mente sólo había espacio para la única persona que le importaba en esos momentos; dejó de prestar atención a las personas a su alrededor que lo miraban entre miedo y desagrado por estar completamente mojado entre ellos.

Las puertas del elevador se abrieron en el segundo piso y así como se hizo paso entre las personas, empujándolas sin discriminación, volvió a hacerlo para salir de allí. Leyó los números de cada puerta cerca hasta hallar el departamento de Ochako. Sus nudillos se dirigieron de inmediato a la madera de la puerta para comenzar a golpear mientras su mano libre, tocaba el timbre con desesperación.

Varios vecinos fueron saliendo de sus propios cuartos, todos alterados por los ruidos percibidos en el pasillo, un lunático golpeando una de las puertas como si no hubiese un mañana.

La puerta se abrió y Katsuki vio a Ochako en pijamas, llevaba una vieja sudadera de mangas largas y ancha, con unos shorts cortos apenas visibles bajo la prenda superior. Cuando lo reconoció en su puerta completamente empapado y con un rostro de ultratumba, no supo cómo reaccionar

―¿Katsuki? ―Preguntó la mujer.

Verla con las prendas anchas no le ayudaba en apaciguar su duda, así que lo primero que hizo Katsuki al verla frente a él, fue llevar sus manos bajo la sudadera de la mujer, tocando su vientre, sintiendo su piel por debajo de su prenda, comprobando que no había ningún volumen extraño, nada que le dijera que su ex novia estaba embarazada.

Lo siguiente que sintió fueron las manos de la mujer sobre su pecho, empujándolo con fuerza de ella. La vio con la mirada asustada y su sonrojo subiendo por sus orejas.

―¡¿Qué te sucede?! ―Gritó ella molesta.

Katsuki aún sentía el pálpito del golpe en su pecho, como si aquel golpe fue el neceario para hacerle entrar en razón de lo imbécil que debía verse en esos momentos. Llegar como diablo suelto, tocar su puerta y su timbre a la vez, alarmarla de tal punto para luego meter sus manos por debajo de su prenda. Katsuki se sonrojó con violencia al ser consciente del tremendo patán que podía llegar a ser.

―La vieja… ―Inició, cerró los ojos un momento, se relamió los labios, intentando relajarse y no asustar aún más a Ochako―. Lo lamento, ¿me dejas pasar?

―¿Volverás a tocarme así? ―Preguntó Ochako, mirándolo desconfiadamente. No la culpaba. Él negó ante su pregunta, la mujer lo miró un momento en silencio, decidiéndose en darle paso o no, finalmente y para alivio del hombre, ella se hizo a un lado con un suspiro―. Pasa. Quítate la ropa mojada, te traeré una toalla.

Katsuki dejó sus zapatos en la entrada del departamento, se quitó su saco completamente empapado y recordó entonces que guardó la carta de Shoen en uno de sus bolsillos, así que lo sacó para ver su estado, comprobando que no estaba tan estropeado como se lo imaginó, sólo un poco mojado en una de sus puntas.

Vio a Ochako regresando con una toalla limpia, lo tomó al tiempo en el que ella le pidió su saco para colgarlo en el tendedero que tenía en el sector de lavado. Él se secó lo que pudo con la toalla, principalmente su pecho, su trasero y sus muslos, secó su cabello para finalizar. Sentía la mirada de la mujer encima suyo, quizá recordando que la última vez que se enfermó por andar bajo la lluvia, ella terminó cuidándolo.

Sonrió para sí mismo. Apenas pasaron seis meses y medio de aquel episodio vivido al lado de ella, mas en su memoria, parecían haber transcurrido años. Él le devolvió la toalla y ella le hizo un gesto con la mano para que ingresara. La toalla mojada fue a parar en el mismo sitio que su saco; Ochako regresó a él y ambos tomaron asiento en la pequeña sala del sitio, Katsuki en el sofá de dos cuerpos y Ochako frente a él en el individual.

Bakugo juntó sus manos intentando organizar sus ideas, intentando poder ser lo más claro posible, no quería que Ochako pensara que estaba loco… Bueno, con su llegada y su impulso por tocar su vientre, no le ayudó mucho en dar una buena primera impresión.

―¿Me dirás por qué estás aquí? ―Preguntó la mujer cruzada de brazos. No quería prolongar el asunto, su postura se lo decía. Él tampoco vino con intenciones de pasar una velada agradable―. No creí que querrías verme, no después de cómo me trataste en el funeral de tu abuela.

―Ésta noche fue la lectura del testamento de la vieja ―Inició Katsuki―, hizo la división de bienes entre los miembros de la familia y el idiota de Mitad-Mitad. Ella… ―El hombre aspiró profundo para soltar finalmente―, ella mencionó a un hijo mío en su testamento.

Ochako escuchó con atención sus palabras hasta el final y entonces, la vio frunciendo el entrecejo, apartó su mirada de él, a pesar de eso, podía ver el sonrojo en sus mejillas.

―¿Y crees que hablaba de mí? ―Preguntó ella.

―No he estado con nadie más en estos seis meses, Ochako.

Uraraka lo miró molesta.

―¿Por eso me tocaste de esa manera? ¿Crees que te ocultaría algo así? ―Preguntó Ochako dolida.

―Luego de que te alejaste, pensé que quizá…

―¿Me alejé? ―Ella lo miró a los ojos entonces―. Tú me alejaste, Katsuki.

―Lo hice para protegerte.

―¿De qué? ―Preguntó molesta poniéndose de pie―. ¿De tu abuela? ¿Tu familia? ¿Tan débil crees que soy?

―Nunca dije eso ―Katsuki dejó su asiento, acercándose a ella―. Mi madre es una de las mujeres más fuertes que conozco y aun así, ha sufrido un tormento por estar con un Bakugo. ¿Crees que quiero lo mismo para ti?

Ochako lo miró a los ojos un momento, negó con la cabeza después, esbozando esa sonrisa amarga triste en sus labios.

―¿Acaso no es esa mi decisión, Katsuki? ―Preguntó ella y él guardó silencio―. Vaya, no cabe duda que todos los Bakugo saben lo que es mejor para los demás. Dime algo, ¿qué habría pasado si en realidad estaba embarazada? ―Él frunció su entrecejo―. ¿Me arrastrarías al "fatídico infierno" del que provienes y del que tanto quieres protegerme? ―Preguntó enfatizando sus palabras con sus dedos―. No inventes excusas, Katsuki.

―Las cosas hubieran sido distintas si eso hubiese sido el caso.

―¿Estarías conmigo sólo por eso? ―Ochako comenzaba a perder la paciencia, podía escuchar cómo su voz intentaba mantenerse fuerte pero había flaqueo en ella―. Sabes, no respondas. No quiero saberlo.

Ella se apartó de él, había tenido suficiente pero Katsuki tomó su mano para impedirlo.

―Si tan sólo todo fuese distinto, nunca te hubiera dejado ir ―Dijo él. Ella se volvió a verlo con los ojos húmedos, rompiéndole aún más el corazón―. Ochako…

―No me tomes la mano y digas esas cosas como si mi opinión no importara. ―Ella se acercó a él, las primeras lágrimas cayeron por sus mejillas mas en su mirada, él hallaba rabia―. Hablas de tu vida como si fuese un infierno pero el único que está ardiendo eres tú. ―Ella se soltó de él entonces―. Y yo te amaba tanto que estaba dispuesta a arder contigo.

Bakugo no apartó sus ojos de los de la mujer, veía sus mejillas sonrojadas y húmedas que contuvo todo impulso por limpiarlas con sus dedos. Su visita había terminado, estaba claro, aún así, tomó el sobre que trajo consigo para dejarlo en la mesa de la sala.

―Shoen te dejó una carta. ―Dicho esto, se alejó de ella para tomar su saco y dejar finalmente el departamento de la mujer.

Ochako no quiso verlo marcharse, no de nuevo. Esperó a que el sonido de la puerta cerrándose le dijera que ya podía derrumbarse allí y una vez lo hizo, se dejó caer sobre el sofá en donde se encontraba sentada momentos atrás, toda la frustración salió de ella a través de su llanto. No sabía qué le dolía más, haber pasado seis meses intentando olvidarlo y que él aparezca diciéndole que le había hecho un favor o que creyera que le ocultaría algo tan grande como un embarazo.

Estuvo un buen rato llorando antes de ver el sobre sobre su mesa, tenía partes húmedas y estaba arrugado por haber estado en el saco de Katsuki. Lo pensó un momento antes de tomarlo entre sus manos y abrirlo. Era una carta de puño y letra de la matriarca de los Bakugo. Dudó un momento pero el inicio de la carta llamó su curiosidad.

Lo siento.


Bakugo dejó el departamento de Ochako y marcó el número de su chofer. El hombre había logrado salir del embotellamiento pero saber que su estadía en él fue innecesaria, lo obligó hacer otra maniobra para retomar el trayecto que lo dirigía a Minato. Katsuki llegó a su casa unos quince minutos después, empapado y con un semblante que claramente no daba buena espina a los empleados que lo veían adentrarse a su morada, alejándose de él como si éste emitiera un repelús casi palpable.

Katsuki vio a su madre acercándose a él con el rostro empapado de preocupación, intentando descifrar en el rostro de su hijo algo sobre su visita a Uraraka Ochako. Él, al verla enfrente suyo, sólo pudo negar con la cabeza y no supo por qué, encontró más decepción en sus ojos que antes.

―¿Por qué esa cara? ―Preguntó su hijo. Mitsuki se encogió de hombros―. No quiero ser padre. No en ésta situación.

―Lo sé, esa noticia nos tomó tan de sorpresa pero por un momento, me ilusionó la idea de tener a un Katsuki pequeño en mis brazos. ―Ella se encogió de hombros, mirándolo con pena―. ¿Cómo está Ochako?

―Odiándome, de seguro.

―¿La culparías? ―Él frunció su entrecejo a su madre, pero ésta no se inmuto en absoluto―. A veces creo que te encanta sufrir, Katsuki.

―Es mi pasatiempo favorito. ―Dicho esto, se alejó de su madre con destino a su propio cuarto. Tenía las prendas mojadas, el cabello igual y su cuerpo se sentía cansado por la maratón realizada, el tobogán de emociones y la carga emocional que el encuentro con Ochako le había producido.

Se quitó sus prendas en el baño que contaba su cuarto, halló su reflejó frente al espejo y vio lo demacrado que estaba. Tenía fresca la memoria de Ochako, su rostro, su cuerpo, la textura de su piel, su aroma. Carajo, verla un momento le había dejado en claro que no importaba cuánto tiempo pasara, él seguiría derritiéndose por ella.

Y yo te amaba tanto que estaba dispuesta a arder contigo.

Su puño encontró la superficie fría del vidrio y tras el impacto, el frío se transformó en calor y el reflejo en fragmentos incrustados en su piel. Vio su imagen distorsionada en los pocos pedazos de vidrio que prevalecían en el marco, mirándose sin poder reconocerse.


Uraraka abrió su casillero para guardar sus pertenencias cuando la fotografía de Katsuki volvió a recibirla. Ésta vez no lo pensó mucho para arrancarlo del metal de la hoja y arrugarlo, tenía intenciones de arrojarlo en el basurero, no había otro lugar en donde perteneciese su relación pasada con el primogénito de los Bakugo, pero antes de poder realizarlo, la puerta del vestidor se abrió con la llegada de Shiretoko Tomoko y Sosaki Shino. Ochako las vio e inmediatamente, guardó lo que quedó de la fotografía en el bolsillo trasero de sus jeans.

―Uraraka ―Nombró Shino al verla―, alístate y ve a la cocina. Los nuevos llegaron temprano.

―Sí, Sosaki-san ―Asintió la mujer para tomar su filipina blanca y encaminarse a la salida.

―Uraraka-chan, ¿estás bien? ―Preguntó Tomoko preocupada. La castaña la miró con duda y Shino prestó mayor atención a la instructora―. Tienes el rostro un poco hinchado.

Ochako se sonrojó terriblemente al darse cuenta que su pésima noche gracias a la visita de Bakugo Katsuki y a la carta de Shoen, estaba evidenciada en sus bolsas bajo sus ojos porque de no haber llorado por su relación en varios meses, la noche pasada con su llegada y la bendita carta, amaneció acurrucada en su sala, con el rostro con rastros de humedad.

Comenzó a reír con nerviosismo.

―No pude descansar bien, es sólo eso. ―Mintió y sin esperar respuesta alguna, dejó la sala de vestuario.

―Debería cuidar más sus horas de sueño ―Comentó Shino cruzándose de brazos para dirigirse a su propio casillero.

Tomoko miró por donde Ochako se marchó, percatándose de un pequeño detalle en el suelo, un pedazo de papel arrugado. La entusiasta repostera dirigió sus dedos hasta el papel y tomándolo entre éstos, lo abrió comprobando que era la misma fotografía que Ochako solía ver en su casillero. Pero, ¿por qué pasó de estar en su casillero a convertirse en sólo un arrugado y olvidado papel?

―¿Todo bien, Tomoko? ―Preguntó Shino al verla tan callada.

―Sí, sólo buscaré mi uniforme ―Respondió con su sonrisa característica, guardando en su bolsillo la fotografía de Katsuki.

Ochako dejó los vestidores para encaminarse a la cocina, colocándose encima su filipina y abotonándosela cuando su teléfono vibró en su bolsillo trasero. Lo tomó y vio la fotografía y nombre de su padre en la pantalla, una sonrisa involuntaria afloró en ella para contestar.

Chako, ¿cómo estás, linda? ―Preguntó Kiyoshi tras la línea.

―Feliz de escucharte, papá ―Respondió ella.

Me alegra saberlo. No te has olvidado de mí, ¿no es así? ―Lo escuchó reír y ella sonrió por lo bajo.

―¿Cómo podría? Estaré en la estación de trenes a las seis y media, así que si llegas antes, espérame allí ―Respondió Ochako.

¿A dónde más iría? ―Ambos rieron.

―¿De verdad no quieres quedarte conmigo en el departamento? ―Preguntó su hija, lo escuchó negando tras la línea.

Cariño, sólo estaré ésta noche para la cena con el inversionista que te comenté. Mañana haremos un recorrido rápido por sus instalaciones y por la tarde, regresaré a casa. ¿Qué hace un día de hotel para tu padre? ―Sonrió al escucharlo tan entusiasmado.

Esa tarde, su padre estaría por Tokio por una reunión de negocios y ella debía buscarlo para llevarlo a su hotel. Su padre, a pesar de su edad, fue contactado por una cadena de restaurantes de estilo tradicional interesado en el negocio familiar con la intención de contratarlo para su negocio, aunque eso implicaba dejar Nagoya y adherirse a un nuevo empleo. Ochako no estaba muy convencida, después de todo, su padre vivió y creció en su ciudad toda su vida, nunca había vivido en otro sitio y dejar el negocio familiar le sabía preocupante.

A pesar de sus reiteradas charlas sobre su opinión al respecto, su padre respondía de la misma manera.

―Chako, tú me diste la inspiración de mirar para adelante. Mi pequeña me enseñó más de lo que yo alguna vez lo hice contigo. No somos árboles, no podemos quedarnos en un sitio por siempre.

Saber que su aventura fuera de Nagoya terminó por envalentonarlo para tomar un nuevo empleo que podría generar grandes ingresos a su familia y además, brindar de reconocimiento a su actual negocio, le daba satisfacción y miedo por partes iguales.

―Está bien, pero me marcas cuando llegues al hotel después de tu cena, ¿de acuerdo? ―Dijo Ochako con fingida voz mandona.

Por supuesto, Cariño. Te amo.

―Yo igual.

Culminó su llamada y devolviendo su teléfono a su bolsillo, ingresó a la cocina, encontrando a sus nuevos empleados aguardándola; una vez la vieron, se irguieron como soldados, haciéndola sonreír. Recordaba su inicio en Towers y de cómo también ella estaba tan nerviosa en trabajar allí, aunque claro, la situación que ella había vivido allí fue distinta, después de todo, tenía a un jefe que los primeros tiempos, le había hecho vivir un infierno.

Apartó esos pensamientos de ella para sonreír a los nuevos contratados.

―Bien, comencemos.


El horario de almuerzo llegó para los empleados, era el momento en el que la tienda tenía un pequeño receso de clientes para darle tiempo a los que trabajaban a que pudiesen descansar y comer algo. Kota se ubicó en el asiento cercano a la ventana que daba al exterior de la tienda, un pequeño callejón en donde, por costumbre de la instructora Uraraka Ochako, acostumbraba a verla allí en su horario de descanso. Estaba enfrascado en observarla en silencio que no notó que Chatora se acomodó detrás suyo para intentar encontrar aquello que llamaba de tal manera su atención.

―Así que Uraraka-san te interesa, eh ―Habló el gran hombre.

Kota pegó un respingo casi atragantándose con los onigiris que estaba comiendo. Comenzó a toser con fuerza, buscando estabilizarse de aquel susto. Miró con recelo a su superior y conocido de la infancia quien sólo parecía divertido con verlo tan sonrojado.

―No me interesa ―Respondió cuando pudo dejar toser―. Es sólo que hoy lucía un poco extraña.

Chatora se mostró pensativo con las palabras del más joven, comprobando que quizá el chico tenía razón.

―Es verdad ―Ryuko correspondió a las palabras del joven, introduciéndose a la conversación para desagrado de Kota―. Hoy la noté un poco aérea, sin mencionar que no parece haber dormido muy bien.

―¿También lo notaste? ―Inquirió Yawara a Tsuchikawa.

―Creo que se debe a un mal de amores ―Todos voltearon a ver a Tomoko de pie con su bento en mano. La joven sacó un pedazo de papel de sus bolsillos con el rostro de un hombre rubio de ojos rubíes en él―. Solía tener ésta fotografía en su casillero pero hoy lo arrancó y redujo a sólo un papel arrugado.

―¿De qué hablas? ―Kota se puso de pie para dirigirse a Tomoko y tomar con sus manos la fotografía del hombre―. Me tiene un rostro familiar.

―Déjame ver ―Chatora se acercó a él para ver la fotografía―. Oh, lo recuerdo. Era el jefe de cocina de Towers. Tuvo un amorío con una empleada suya, no creí que fuese Uraraka-chan.

―Recuerdo toda la polémica que la involucró ―Comentó Tsuchikawa cruzada de brazos―. Creo que después, él la terminó dejando. Hombres.

―¡Hey, no todos somos unos insensibles! ―Contestó Yawara.

―Él no la merece ―Dijo Kota en un hilo de voz, observando receloso la fotografía de Bakugo Katsuki.

―¿Qué tanto cuchichean allí? ―Shinso ingresó al salón de descanso que contaba el sitio para ver a sus empleados reunidos alrededor de algo que no pasaba por su conocimiento.

―¡Nada, nada! ―Habló Tomoko tomando la fotografía para guardarla nuevamente en sus bolsillos.

Kota volvió a observar a Ochako a través de la ventana que los separaban, volviendo a sumergirse en sus propios pensamientos.


Ochako levantó su mano, estirándose tanto como su pequeño cuerpo podía, luchando por hacerse notar entre el gentío de personas que circulaban a su alrededor. Kiyoshi no tardó en reconocer a su hija y se dirigió hasta ella, ajustando su mochila de viaje a su hombro, abrazó a su hija con fuerza.

―¿Ves por qué es necesario un cartel en una estación de trenes? ―Preguntó su padre al separarse de ella.

―Ni lo menciones. ―Ochako rodó sus ojos―. Vamos, el uber aguarda.

Y así, tanto padre e hija se encaminaron hacia el vehículo en marcha que los aguardaba fuera de la estación. Esa noche, su padre tenía una cena importante y su hija se encargó de registrarlo en un hotel cercano a su departamento y donde sabía que el costo por noche no era excesivo. Lo ayudó a subir las pocas pertenencias que trajo con él y verificó que su traje estuviese listo para su noche.

―Con razón mamá cayó rendido a tus pies, papá ―Dijo divertida Ochako al verlo probándose el traje frente al espejo del placar que contaba su habitación.

Kiyoshi rio por su comentario, terminaba de ajustarse la corbata al cuello.

―Que no te engañen las historias de tu madre, Ochako ―Respondió su padre mirándola desde el reflejo del espejo―. Conocí a tu madre por accidente, chocamos en plena calle y aunque éramos un manojo de nervios porque yo iba a una entrevista de trabajo y ella a la universidad, me tomó sólo un segundo saber que era el amor de mi vida.

Ochako lo miró con ternura.

―Nunca me contaste esa historia. ―Su hija se dirigió hacia su padre para acomodarle mejor la corbata. Kiyoshi se encogió de hombros rendido.

―A tu madre le gusta decir que nos conocimos en mi tienda de comida, pero en realidad, lo hicimos mucho antes, sólo que ella no lo recuerda. ―Ochako lo miró sorprendida y Kiyoshi le hizo un gesto con su dedo para que guardara silencio―. Ella sólo tenía interés en estudiar así que no notó al chico con quien se topó esa mañana en la calle.

―¿Nunca se lo dijiste? ―Preguntó ella.

―¿Por qué habría de hacerlo? ―Ochako lo miró confundida―. Finalmente, si alguien es para ti, no importa los caminos o atajos que tomes, siempre regresarás a esa persona.

Kiyoshi se peinó el cabello frente al espejo, mientras que Ochako repetía internamente las palabras de su padre en su mente. Pensó en Katsuki, pensó en la situación que los envolvía y en la distancia que los separaba. Negó con la cabeza. Debía dejar pensar en el asunto.

―¿Y? ―La voz de su padre la despertó de sus pensamientos, el hombre extendió sus brazos para enseñar el traje que llevaba puesto―. ¿Luzco para ser contratado?

―Luces para conquistar todo Tokio. ―Ambos echaron a reír, el hombre abrazó y besó la frente de su hija para terminar de alistarse.

Esa noche era verdaderamente importante para su padre y ella sólo podía desear que todo lo vaya excelente. Se despidió de él en el lobby para marcharse a su propio departamento; compró una botella de vino rosa y comida en envase para su cena, no tenía ganas de cocinarse y sólo deseaba acostarse a dormir.

Pero cuando llegó a su departamento y dejar sus compras en la cocina, volvió a hallar la carta de Shoen en la mesa de su comedor. Lo había dejado tirado allí después de leerlo la noche anterior. Se acercó a él y tomándolo entre sus manos, volvió a leerlo.

Querida Uraraka Ochako:

Lo siento.

Si estás leyendo ésta carta, es porque ya no estoy en éste mundo.

El saber que no me queda mucho tiempo de vida, me hizo recapacitar muchas cosas en mi vida, sobre mis acciones y mis decisiones. No puedo mentirte, éstas semanas, por muy duras que hayan sido para mí cuerpo, he disfrutado de la compañía de mi nieto, pero temo que esto se deba a, más que nada, una de esas acciones y decisiones mías.

Toda la vida de Katsuki ha sido impuesta y organizada de tal manera que se conviertiera en lo que yo quería, en lo que aspiraba, ignorando su deseo por una vida distinta. Crecí bajo la estricta regla de que un Bakugo debe aspirar a alcanzar lo que nadie más puede. A veces creo que las cosas hubiesen sido distintas si, en lugar de albergar convicciones de mis padres, hubiese construido las propias al igual que mi nieto.

Supongo que nunca lo sabremos.

La razón de ésta carta, más que nada, es hacerte saber que no me he acercado a ti con fines honestos y en un principio, mi único interés en ti fue hallar una debilidad en mi nieto, un indicio que me diga cómo poder ganar la tonta guerra que yo misma creé; pero muy lejos de hallar alguna debilidad, hallé una fortaleza única que sólo cuando él te dejó ir, lo supe reconocer.

Por ese motivo, no quiero partir de éste mundo sin antes confesarte que la persona que capturó su fotografía en el estanque y lo publicó fue alguien a quien yo había contratado para tal fin. Mi intención no fue herirte, no fue algo personal, pero necesitaba ponerte en peligro porque la única manera que hallé para que Katsuki accediera a tomar las riendas de la empresa, fue esa. Tal como lo esperé, él recurrió a mí el día que todo salió a luz y renunció a su libertad por ti, para asegurar que nunca pierdas la tuya.

Y lo lamento.

Sólo me interesaba que, llegada mi hora, mi nieto regresara a casa y asumiera el papel que había preparado por tantos años para él; sin embargo, no contaba con que lo haría con tanto sufrimiento y dolor porque él, hasta ahora, sigue culpándose por lo que te sucedió. Hoy, languideciendo en éste hospital, viendo a la muerte asomarse por mi puerte día tras día, soy consciente de que aborrezco el modo en el que actué contigo y con mi nieto y sólo espero que, en algún momento de tu vida, puedas perdonarme. Eres libre de mostrar ésta carta a Katsuki, todos necesitamos un cierre.

Con verdadero pesar.

Bakugo Shoen.

Los dedos de Ochako apretaron con fuerza el papel entre ellos, lo estrujó con rabia y dolor, preguntándose una y otra y otra vez, por qué. Volvió a pensar en Katsuki, en su visita del día anterior, en la desesperación por saber si ella esperaba un hijo suyo, si las palabras de Shoen eran ciertas.

No importaba el tiempo, no importaba cuánto pasase: Bakugo Shoen, incluso después de muerta, seguía jugando con ellos como si fuesen peones en un tablero que sólo ella podía controlar.

Se dirigió a la cocina con la carta en mano, tomó un fósforo y lo encendió para arrimarlo al papel en su diestra aguardando que el fuego hiciera lo suyo. Ese día, ella quemó el papel que la vinculaba con Bakugo Shoen, borrando toda evidencia de lo que alguna pasó, de lo que hizo, de sus disculpas, de su remordimiento post mortem. Ella rompería todo hilo que la arraigaba a aquel tablero invisible del que, por tanto tiempo, participó sin ser consciente.

Primero como la inquilina del departamento de Katsuki, de las mentiras que había dicho para protegerlo, de su trato con él, de su noviazgo y finalmente, de la tragedia que los llevó a separarse. El papel se hizo cenizas en la mesada de su cocina y ella no podía dejar de sentirse tan vacía, tan enfadada. Creyó que si se deshacía de lo último que le vinculaba a los Bakugo, ella sería libre pero no se sentía como tal.

Su teléfono vibró en el bolsillo de sus pantalones, llamando su atención. Lo sacó con torpeza, tenía las manos temblándole de la impotencia, sucias con las cenizas de la carta de Shoen. Leyó el nombre de Mina en la pantalla. Dudó en contestar.

¡Chako! ―Respondió su pelirrosada amiga tras la línea―. Ginza, Tsuyu, Camie, tú y yo. ¿Te alistas?

Uraraka volvió a mirar las cenizas sobre la mesada, frunció su entrecejo con molestia. Quizá Mina halló una mejor manera de librarse de sus demonios.

―Claro.

¡Genial! Iida es el conductor designado, así que tienes permiso de perder la consciencia.

―Bien, porque es lo que planeo hacer.

Porque no había nada mejor para la frustración que tenía encima, salir con sus amigas y embriagarse. Por un día, quería recordar qué se sentía no formar parte de la vida de los Bakugo.