La historia es una adaptación del libro de Vi Keeland y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


28

POV Rosalie

Las salas de emergencia que ves en televisión son un montón de mierda. Médicos y enfermeras corriendo por el pasillo con camillas, uno de rodillas haciendo RCP a un paciente mientras otro maniobra hacía unas grandes puertas dobles que se abren solas, sí, claro.

Miré alrededor de la deprimente habitación gris, casi todos los asientos estaban ocupados mientras la gente esperaba. Y esperaba. Tres mujeres vestidas con uniformes azules estaban sentadas detrás de gruesas ventanas de placas de vidrio, charlando y tomando café. Dos guardias de seguridad parados en la puerta de entrada. Se sentía más como una sala de espera de una prisión que un hospital.

Dos horas habían pasado sin actualizaciones. Me acerqué a la ventana de recepción y esperé, jugando con mi collar nerviosamente. Las mujeres continuaron ignorándome hasta que una finalmente me miró, molesta.

―¿Puedo ayudarte?

―Mi abuela fue traída hace unas horas.

―¿Llamamos su nombre?

―No.

―Llamaremos su nombre cuando el médico termine de examinarla y te daremos una actualización de su estado.

Los ojos de la mujer miraron por encima de mí, un siguiente no verbal.

Regresé a mi asiento y terminé de quitar el barniz de mis uñas, luego fui al baño de mujeres. Había estado aguantándome, sin querer perderme si llamaban, pero la madre naturaleza se había vuelto más impaciente.

Cuando regresé, Emmett estaba en el mostrador de recepción hablando con la enfermera. No me sorprendía que hubiera aparecido. El hogar de ancianos me había dicho que le habían dejado un mensaje. Sin embargo, verlo ahí hizo que me detuviera por un segundo. A pesar que había dejado claro que no quería nada que ver conmigo, me acerqué a la ventana y me uní a él. Asintió hacia mí en reconocimiento y continuó su conversación con la misma enfermera miserable que acababa de despacharme. Excepto que ahora, la señorita Miserable estaba sonriendo. Y aparentemente, podía levantarse de su silla.

―Déjeme ir y revisar por usted. El sistema todavía muestra que está en evaluación, pero han pasado algunas horas. Estoy segura que pueden darme una actualización. Solo dame un minuto.

Emmett se volteó hacia mí mientras esperábamos.

―¿Acabas de llegar aquí?

―No. Estaba en el baño. Vine en la ambulancia con ella hace como dos horas.

Asintió.

―Acabo de intentar llamarte. ¿Qué encontraron hasta ahora?

―No tengo idea. La llevaron dentro y no me han dicho nada todavía.

La enfermera regresó unos minutos más tarde. Señaló hacia la derecha.

―Te dejaré pasar. ¿Por qué no vienes acá atrás?

Seguí a Emmett, a pesar que no había sido invitada. La enfermera nos llevó a una sala de consultas vacía y nos dijo que tomáramos asiento. Unos minutos más tarde, un médico entró. Se quitó un guante y estrechó su mano con Emmett primero.

―Soy el doctor Simon. ¿Es el nieto de la señora Hale?

―Soy su tutor legar. Rosalie es su nieta. ―El doctor estrechó mi mano. Hasta ese momento, no tenía idea que Emmett era su tutor legal.

―¿Por qué no tomamos asiento?

No me gusta el sonido de las cosas hasta este momento. Ambos nos sentamos, mis manos retorciéndose mientras el doctor hablaba.

―La señora Hale sufrió un derrame cerebral. Hay muchas causas diferentes de los derrames cerebrales. Creemos que la suyo fue una hemorragia cerebral producida por una arteria en el cerebro que estalló.

―Oh Dios mío. ―Mi mano voló hacia mi boca.

―¿Está bien? ¿Puede ser tratado? ¿Arreglado? ―preguntó Emmett.

―Ahora le están haciendo una tomografía axial computarizada. Eso nos dirá la localización de la hemorragia y el nivel de hinchazón. Sabremos más después de precisar el alcance del daño y el tamaño del hematoma que sospecho se ha formado. En este momento, todavía estamos trabajando en estabilizar su presión sanguínea y respiración. Tuvimos que ponerle un respirador para ayudarle a respirar, y estamos tratándola con medicamento en su vía intravenosa para tratar de regular su presión.

―¿Entonces qué? ¿Harán una cirugía?

El médico miró a Emmett, luego a mí y de vuelta a Emmett.

―La señora Hale está muy débil en este momento. No descarto nada. Haremos todo lo que podamos para tratarla. Pero, en este momento, en la condición que está, no soportaría una cirugía craneal.

Si la gravedad de las palabras del médico no me había dicho lo serio que era, supe que las cosas eran terribles por las acciones de Emmett. Se inclinó y cubrió mis manos con las suyas.

―Debería estar de regreso de la tomografía en unos minutos si quieren verla. Los resultados deberían estar listos bastante rápido después de eso.

―Nos gustaría verla. Gracias.

El médico se puso de pie.

―Lamento no tener mejores noticias. ¿Por qué no se quedan aquí, y le diré a la enfermera que venga por ustedes cuando ella esté de regreso?

La pequeña habitación se sintió más pequeña con un cuerpo menos. Emmett pasó sus manos por su cabello.

―¿Estás bien?

―Eso creo. ―Mi respuesta fue menos que convincente. Era difícil sonar creíble cuando ni siquiera creías en tus palabras.

Dos dedos se deslizaron debajo de mi barbilla, y levantaron mi cabeza.

―No pensemos lo peor. Vamos a pensar positivo. Eso es lo que Maggie estaría haciendo.

Miré por la ventana del hospital, observando el sol saliendo lentamente por el horizonte. Tan simple. Tan magnífico. Sin embargo, pasé años sin darme cuenta o prestarle atención. Incluso en mis horas más oscuras, había contado con el sol saliendo la mañana siguiente. No como las otras dos personas durmiendo en la habitación.

Después de unos minutos, aparté mis ojos de la belleza de afuera y miré alrededor hacia el resto de mi mundo. La única cosa que he sabido a ciencia cierta en mi vida es que el sol brillaría de nuevo y que estos dos estarían ahí para mí. Ahora nada parece seguro, excepto la salida del sol.

La abuela estaba durmiendo, una docena de tubos conectados a ella, el sonido del ventilador aspirando el aire de sus pulmones y dándole nueva vida junto con el rítmico pitido de su monitor. Había logrado pasar la noche, que era más de lo que el médico al principio había esperado que sucediera. Ahora era cuestión de tiempo hasta que pudieran repetir la tomografía y ver si el sangrado se había detenido.

Mis ojos llorosos se posaron hacia el hombre durmiendo junto a mi abuela. Emmett finalmente se había quedado dormido hace una hora aproximadamente, sentándose en una silla acolchada. Le dije que podía irse, dirigirse a casa y dormir por al menos un par de horas, y yo me quedaría. Pero ni siquiera consideró eso. La abuela siempre había sido como familia para él. Después que su mamá murió de cáncer cuando solo tenía siete años, la abuela llenó el vacío matriarcal en su vida. Siempre estuvo allí para él. Y él, a su vez, había sido la única persona de confianza en su vida después que Pop Pop había fallecido.

Las mujeres siempre habían amado a Emmett. Con su innegable buena apariencia, físico de atleta profesional que tiene, y la estatura de uno de los mariscales de campo más admirados en Estados Unidos, no había mucho que no gustara. Añade una dosis de confianza y la habilidad de hacer que una mujer se sienta como si fuera la única persona en la habitación, y no había duda que las mujeres literalmente lo perseguían. Pero, la cosa que lo hace un hombre imposible de superar es exactamente quién es en este momento. La persona más fiel que jamás he conocido. Cuando el hombre ama, ama de verdad, nada se interpone en su camino.

Dios, hubiera dado cualquier cosa para tener mi antigua vida de nuevo. Regresar el tiempo así podría apreciar todo lo que tenía, en lugar de desecharlo todo. Yo merecía ser la que estuviera en esa cama, no la abuela.

Pasé la próxima hora jugando distraídamente con mi collar, observando a las dos personas que más me importaban en el mundo, y enamorándome de ellos una y otra vez. Cuando los ojos de Emmett se abrieron y me vio sentada al otro lado de la habitación, nuestras miradas se quedaron fijas por un tiempo largo. Vi el momento en que se dio por vencido. Puede que me odiara profundamente, pero estaba dejando ir su furia. Por los menos, por ahora.

―¿Cómo está? ―preguntó.

―Igual.

―¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?

―Dos horas, tal vez.

―¿Dormiste algo?

―Todavía no.

Se estiró en la silla, sus brazos elevándose y su cuello yendo de lado a lado.

―¿Por qué no vas a casa? Duerme un poco. Te llamaré si algo cambia.

―Quiero quedarme.

Parecía que iba a decir algo más, pero entonces cambió de opinión. En cambio, solo asintió.

―¿Sigues tomando azúcar con algo de café? ―Se puso de pie.

―Sí. ¿Aún lo bebes negro y repugnante?

Se rió.

―Iré a buscarnos un poco.

Las cosas entre Emmett y yo se relajaron mucho más después de eso. No éramos los mejores amigos de nuevo, pero tampoco se sentía como si estuviera disparando un arco y flecha imaginarios, con mi frente como blanco.

―¿Cuánto tiempo ha estado en Boradhollow Manor?

―Poco más de tres años.

Asentí. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde que los había visto a ambos. Años de mi vida habían desaparecido y sido desperdiciados. Lo jodido era, ahora que estaba sobria, me sentía como si el mundo se hubiera detenido para mí. Había crecido, pero la vida nunca había progresado. Es como si estuviera continuando desde donde puse pausa a mi vida por un largo tiempo. La cosa era que mi vida era la única cosa que había estado en pausa. El mundo había seguido a mi alrededor.

Emmett y yo charlamos un poco mientras seguíamos con la vigilia. Era mejor que estar en silencio, aunque había muchas cosas significativas que necesitaba decir y todavía no tenía el coraje. Cuando la enfermera entró unas horas más tarde y nos pidió que saliéramos un momento así podía lavar a la abuela y tomar sus signos vitales, Emmett y yo nos dirigimos a la cafetería para conseguir algo para comer. Primero entramos en una tienda de regalos.

―¿Necesitas algo? ―Tenía una gorra de béisbol en su mano.

―Un cepillo de dientes sería bueno.

La mujer en el mostrador reconoció a Emmett cuando nos cobró. Saliendo de la tienda, se colocó la gorra, bajando la visera para cubrir su rostro.

―¿Disfraz?

―Algo así.

―¿Es todo lo que pensaste que sería?

―¿Qué?

―Ser famoso. ―Cuando éramos adolescentes, solíamos pasar horas soñando cómo sería ser un jugador de fútbol.

Me miró.

―Nada resultó de la forma que pensaba que sería.

Pedimos dos sándwiches de huevo de la cafetería y nos sentamos para comer. Emmett terminó el suyo en lo que parecieron tres bocados. Yo comí solo la mitad del mío.

―¿No vas a comer eso?

Sonreí. Emmett siempre había tenido un apetito ridículo. Donde fuera que íbamos, nuestros platos quedaban vacíos, pero por lo general era porque Emmett se devoraba todo de su plato, luego atacaba el mío.

―Nop. Sírvete.

Terminó mi desayuno y bebió su pequeño café negro.

―¿Recuerdas cuando fuimos a ese Oktoberfest durante nuestro último año, y te comiste todo el plato de comida de ese chico porque pensaste que era mío?

―Sí. Casi me patea el culo Paule Bunyan en pantalones de cuero. Esa era la persona más grande que he visto en mi vida usando overoles. ―Ambos reímos ante el recuerdo. Nos habíamos escabullido a un festival alemán, pero solo teníamos veinte dólares entre los dos y estábamos hambrientos y nada dispuestos a renunciar a la cerveza. Así que, ambos pedimos un aperitivo y el tarro más grande de cerveza que pudimos pagar. Emmett estaba hablando con algunos chicos del equipo de fútbol, y cuando regresó, le dije que podía terminarse mi aperitivo mientras iba al baño. Él se comió toda la comida de quince dólares que estaba en la mesa. Solo que era la mesa junto a donde habían estado las sobras de mi aperitivo. Tuvimos un gran tipo alemán enojado con quien lidiar cuando se dio cuenta que su comida se había ido.

Cuando regresamos a la habitación de la abuela, la enfermera había terminado, y el doctor entró unos minutos más tarde. Nos dijo que a pesar que sus signos se habían estabilizado por la medicina, no estaba intentado respirar por su cuenta, y eso no era una buena señal. Repetirían la tomografía por la tarde para determinar la magnitud del daño. Cada médico que se detenía se sentía obligado a advertirnos que las cosas no se veían bien. Era como si estuvieran tratando de prepararnos para lo que las pruebas de la tarde pudieran traernos.

Emmett y yo estuvimos en silencio por un tiempo después que los doctores se fueran.

―Tiene un apoderado médico. Encontré los papeles cuando estaba limpiando sus cosas en el apartamento. Ella y tu abuelo lo habían nombrado años atrás. Nunca intenté que hiciera uno nuevo, porque mi abogado dijo que su capacidad mental sería un problema si hacíamos cualquier documento legal. Así que, a pesar que soy su tutor legal ahora, su apoderado médico fue hecho cuando ella era capaz de tomar sus propias decisiones. Y esas decisiones eran sus deseos.

―¿Qué significa eso?

―Significa que sus decisiones médicas tiene que tomarlas la persona que ella quería que las tomara, no yo.

―¿Y quién es? ―La respuesta era obvia, pero esperaba que estuviera equivocada.

―Tú.