EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Todo lo vivido, todo lo que he pasado a tu lado, los buenos y los malos ratos, si volviera a nacer los volvería a recorrer paso a paso, uno a uno, mano a mano, por tal de estar en tus brazos".
NUPCIAS
CAPITULO XXXII
-¡Vamos Archie apúrate! – Decía Stear en la entrada principal de la mansión de las rosas, Albert, Stear, George, Patty y Annie, esperaban que el gatito terminara de despedirse de la tía abuela.
-¡Ya voy, ya voy! – Contestaba el chico melena castaña acomodándose en el interior del automóvil. – No pude convencerla. – Dijo con pesar a los ocupantes del vehículo.
-No te preocupes Archie. – Dijo Albert. – Tal vez sea lo mejor, Anthony merece ser feliz y si la tía abuela se presenta con su cara de pocos amigos dudo mucho que Candy pueda sonreír tranquila. – Todos aceptaron que tenía razón el patriarca y George encendía el automóvil para ponerlo en marcha e iniciar su camino rumbo al rancho de Anthony.
Albert y Stear acababan de llegar de su apresurado viaje a Inglaterra para poder solicitar la mano de Patty, ella se había quedado en casa de los Britter y había recibido a manos de su amado la carta en la cual se confirmaba la aceptación de sus padres a dicho compromiso, la chica estaba que brincaba de gusto al saber que por fin sería la esposa del su hermoso inventor, ambos iban con una sonrisa de oreja a oreja a la boda de los rubios y aunque iban con tiempo querían llegar muy temprano para poder ayudar en lo que se ofreciera, sobre todo las chicas quienes querían ayudar a Candy a ponerse bonita para la boda, sabían que la rubia era un poco despreocupada en ese aspecto.
El camino era un poco largo, sin embargo la plática entre los ocupantes del mismo lo había hecho muy ameno y corto, viendo de pronto el camino que los llevaba al hogar de Ponny y este al rancho de Anthony, a lo lejos pudieron ver el templete que ya estaba completamente adornado, quedando todos con la boca abierta al ver lo hermoso que había quedado. Los Cornwell no se imaginaban que cuando se despertaban por las mañanas interrumpido su sueño por los martilleos de los trabajadores que quedaría algo tan espectacular como lo que estaban viendo.
Desde lejos se veía el lugar decorado maravillosamente con rosas blancas, beige y rosa bajito, adornando cada una de las mesas con majestuosos arreglos de centro, los manteles blancos que adornaban cada una de las mesas brillaban de tan blancos que eran, todas las mesas estaban adornadas de la misma manera y cada una de ellas estaba alrededor de dicho templete, el cual tenía encima más de cien sillas colocadas de frente a una especie de arco el cual estaba decorado exactamente como el portal de las rosas que existía en la mansión de Lakewood, detrás de ese inmenso portal estaba simulada una capilla temporal para la boda por la iglesia, en el techo del templete estaba adornado con miles de pequeños focos que colgaban en extensiones a lo largo de una esquina a otra y en el centro estaba un candelabro de cristales inmenso que pendía del centro del mismo adornado en ese momento lo que sería la pista de baile, al centro entre las sillas había una alfombra que recorría desde frente al altar hasta la entrada del rancho, era el lugar que tenía que recorrer la novia para llegar al altar. Había varias mesas entre el pasto perfectamente recortado, se habían esperado en aplanarlo para que no quedara ninguna imperfección en el suelo.
-¡Esto es hermoso! – Dijo Annie al ver cada uno de los detalles con los que había sido adornado el lugar.
-¡Es maravilloso! – Dijo Patty también emocionada viendo con amor a su adorado pelinegro, el cual le sonrió con dulzura y la abrazó más a su pecho.
-¡Vaya! Veo que Anthony se esmeró a lo grande. – Dijo Albert al ver también el lugar que se veía desde lejos, pero que al estar cerca de ahí impresionaba aún más.
-Creo que Anthony espera mucha gente. – Dijo Archie también boca abierta del ver todo lo que su primo había arreglado.
-Solo vendrá la familia de los Andrew. – Dijo Albert como restando importancia a los invitados que tendrían, ya que quisieran los rubios o no eran parte de los Andrew y al saber que Anthony seguía con vida y al ser uno de los integrantes más queridos y extrañados, no pudieron evitar mucho invitarlos a la boda, y a pesar de saber que ellos no eran personas nada humildes habían aceptado ir a dicha celebración.
La boda se celebraría de día, eso ayudaría a los que vinieran de fuera que se pudieran retirar temprano para encontrar un hotel digno de su alta alcurnia, pero muy a pesar de aquellos invitados también había invitada gente del pueblo, gente que quería bien a Tonny Stevens y que estaban impresionados de que pertenecía a una de las familias con más poder de todo América.
-¡Chicos, bienvenidos! – Dijo Tom acercándose al automóvil que había visto llegar de los Andrew, saludando con gusto a cada uno de los pasajeros. – Adelante, ya conocen el camino. – Les dijo con una gran sonrisa, la cual evidenciaba lo feliz que era, eso advirtió a Albert que Elisa se estaba portando bien con él.
-¿Y Candy? – Preguntó Annie quien era la encargada de peinar y maquillar a la rubia y estaba impaciente por hacerlo ya que eran cerca de las diez de la mañana y la ceremonia comenzaría en punto de las dos de la tarde, a las cuatro sería la boda por el civil y la fiesta comenzaría de las cinco en adelante, no había límite para celebrar pero los rubios pensaban que si se terminaba temprano mucho mejor.
Albert, Archie, Stear y George comenzaron a preparar el automóvil del rubio y le pusieron unas maletas en la parte trasera, el típico letrero de recién casados y una latas que se emocionaba Stear colocándolas en la defensa del automóvil, en el compartimento del frente Albert colocó un sobre y lo cerró con una pequeña llave que le entregaría al rubio en propia mano.
-Buenos días Anthony. – Dijeron los caballeros después de haber terminado aquella maniobra.
-¡Tío, Stear, Archie, George! – Les dijo feliz acercándose a ellos para abrazarlos, emocionado por volverlos a tener ahí, sin embargo los jóvenes se veían de pronto rodeados de miles de personas que viajaban de un lugar a otro terminando los últimos detalles que tenían que terminar para dar inicio a la boda.
-¿Está todo listo? – preguntó Albert un poco dudoso.
-Ya solo falta que traigan la comida tío. – Dijo Anthony sin preocuparse mucho de la situación. – En un momento más la traerán, llegarán los cocineros, los meseros, la seguridad y cada uno del personal que se encargará del estacionamiento de los automóviles de los invitados.
-¿Y tú estás listo? –Preguntó de nuevo Albert al ver que su sobrino estaba muy ansioso y nervioso a la vez.
-Estoy más nervioso de que lleguen los invitados que de la misma boda. Estoy ansioso por casarme con Candy tío. – Le dijo con su ya espectacular sonrisa. Albert lo observó por unos instantes y le pareció ver a aquel pequeño niño con los ojos llenos de lágrimas cuando murió su madre, le sonrió con ternura y posó una mano en su hombro en señal de cariño.
-Lo sé hijo, y me da mucho gusto ver en tu mirada esa felicidad que siempre añoré ver en ti. – Le extendió la pequeña llave que había guardado en el bolsillo de su camisa y se la puso en su mano.
-¿Qué es esto? – Preguntó extrañado el rubio al ver en su mano aquella diminuta llave que parecía la llave del compartimento de su auto. Albert asintió confirmándole que eso era.
-Aquí querido sobrino encontrarás una pequeña sorpresa que te hemos querido preparar tus primos, George y un servidor. – Dijo mientras los demás lo veían con una sonrisa divertida. – Antes de que termine el baile tú y Candy se irán a cambiar de ropa y se subirán al coche, ahí tienen ropa y en el compartimento del auto encontrarás el destino que deben seguir. – Anthony lo veía con travesura sin comprender mucho.
-¿Y los invitados? – Dijo confuso, ya que siempre le habían inculcado estar en las fiestas agradeciendo y despidiendo a cada uno de los invitados, hasta que se fuera el último de ellos.
-Por ellos no te preocupes, aquí hay muchos. – Dijo volteando a ver a los demás. – que podemos hacernos cargo de ello. – Le dijo palmeando su hombro con tranquilidad al mismo tiempo que cerraba un ojo en señal de complicidad. Anthony asintió sonriente, feliz y agradecido de tener a aquel hombre a su lado.
-Gracias tío, muchachos. – Les dijo a los demás formando una bolita familiar que representaba un gran abrazo.
Mientras los caballeros estaban entretenidos en sus labores, las dos chicas llegaban al cuarto de Candy.
-Adelante. – Dijo Candy al escuchar las voces de sus amigas que se encontraban del otro lado de la puerta.
-¡Candy! – Dijeron ambas emocionadas y a la vez sorprendidas al encontrarse en la habitación a Elisa, quien estaba junto a Candy terminando de maquillar el rostro de la rubia.
-¡Annie, Patty! – Dijo emocionada acercándose a ellas en un momento que Elisa le liberó el rostro, ambas chicas miraron a Elisa algo desconfiadas y ella bajó la mirada apenada.
-Yo vuelvo más tarde. – Dijo sintiéndose incómoda por la situación.
-No Elisa, puedes quedarte, eres de la familia al igual que ellas. – Las chicas la miraron con cierto temor, no sabían que esperar de aquella pelirroja, sin embargo era la boda de su amiga y sería mejor que estuvieran cerca de ella para que no intentara nada malo, aunque pensándolo bien ellas eran un par de cobardes que siempre se escondían en las faldas de Candy para que ella las protegiera, pero de todas formas la iban a mantener vigilada para que no intentara nada malo. Elisa asintió un poco insegura de ello, sin embargo aceptó quedarse. – Elisa me está ayudando a maquillar Annie. – Le dijo dirigiéndose a la pelinegra, quien la miro con los ojos bien abiertos al ver que no sería ella la encargada de maquillarla.
-¿Quedó mal? – Pregunto Elisa un poco preocupada al ver el rostro de Annie. Ella creía que sabía de maquillaje y se había esmerado por maquillar a Candy como toda una dama.
-¡No! – Dijo Annie sorprendida de lo bien que había quedado su amiga. – Al contrario se ve bastante hermosa. – Dijo siendo sincera. Elisa sonrió por el comentario que había hecho Annie. – Te quedó muy natural, solo que creí que yo la iba a maquillar. – Dijo Annie bajando la voz un poco desanimada.
-No te preocupes Annie. – Dijo Candy para darle ánimo a su amiga. – Elisa dice que no sabe peinar, así que eso te corresponderá a ti. – Al decir esto Annie y Elisa cambiaron su expresión de angustia a una de felicidad, Elisa había maquillado a Candy, Annie la iba a peinar y Patty se encargaría de arreglar sus manos y entre las tres ayudarían a Candy a ponerse su vestido.
-¡Perfecto! ¡Déjame ver el vestido! – Dijo Annie para ver cuál sería el velo y el tocado que utilizaría Candy en aquel día tan importante de su vida. Candy las llevó del otro lado del vestidor para que admiraran las chicas la belleza de su vestido el cual reposaba en un maniquí que estaba detrás del vestidor, esto era para cubrirlo por si se le ocurría entrar a Anthony o a cualquiera de los caballeros a la habitación.
-¡Es maravilloso! – Dijeron las tres chicas una vez que lo vieron. Los ojos de Annie, Elisa y Patty se llenaron de lágrimas de alegría al ver el vestido, imaginándose el día en el que ellas llegarían para cumplir su sueño, hasta el momento la más próxima era Annie, sin embargo por la noticia hecha por Elisa, Tom también había decidido saltar al gatito, así que Elisa se casaría en un mes ya que regresaran los rubios del viaje de bodas, luego seguiría Annie quien en tres meses sería la esposa del gran Archivald Cornwell y por último Patty quien habían acordado la boda para finales de año ya que sería cuando podría sus padres viajar, de todas formas no faltaba mucho, así que un mes después de Archie, sería la boda de Stear y Patty, así pasarían todos las fiestas navideñas juntos, en pareja.
El vestido de Candy era algo sencillo, estaba bordado de cristales con hilos de plata que resaltaban la decoración de la parte superior, mientras que la amplia falda se formaban pequeñas uniones que levantaban un poco la tela formando pequeñas uniones y en cada una se encontraba bordada una pequeña piedra con el mismo hilo de plata, la unión entre el corsé del vestido y la falda terminaba en un pico al frente que delineaba la figura de Candy y se unía con un gran listón de seda formando al final de esa unión un coqueto moño que ayudaba a ajustar la talla del vestido.
El vestido no tenía mangas sino que quedaban sus hombros descubiertos y al final de estos el bordado que portaba tenía una exquisita terminación con el mismo hilo que le hacía ver más elegante. La parte inferior del vestido estaba adornada por un gran holán que al final tenía un fino encaje también de seda que adornaba el final del vestido, las fadillas que levantarían el vuelto también tenían al final cada una un adorno de encaje haciendo que quedara debajo varios holanes de encaje adornando el vestido para levantar el vuelo.
La ropa interior que portaría no era necesario describirla mucho ya que llevaba el coqueto corsé que se unía a un calzón a media pierna, unas medias de red blancas que se sujetaban a un liguero de encaje y moños el cual se unía al calzón y los zapatos eran de tacón medio y se ajustaban con un cordón tan largo que llegaban hasta el tobillo, estos estaban forrados del mismo material que el vestido y en cada hojillo por donde pasaba el cordón se adornaba con un cristal como los que tenía el vestido en la parte superior.
-¡Candy te verás muy coqueta con este atuendo! – Dijo Patty con la cara como un tomate al ver el atuendo que usaría la rubia debajo de aquel maravilloso vestido. Candy inmediatamente también le subieron los colores al rostro, mientras Annie ocultaba su rostro entre sus manos y comenzaba a reír, Elisa se unía a las risas de las chicas.
-¡Patty! – Fue lo único pudo decir Candy mientras se cubría el rostro por la pena que le causaba el comentario que era acompañado de risas.
-Bueno ya basta. – Dijo Patty, ahora hay que saber si está todo listo. - Dijo captando la atención de las presentes. - ¿Ya tienes algo nuevo, algo viejo, algo usado y algo prestado? – Pregunto a la rubia quien la miraba con confusión. - ¡Si Candy! Tienes que usar algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul para llevar contigo.
-El vestido es nuevo. – Dijo Candy como buscando una excusa.
-Bueno eso es algo – Dijo Patty de nuevo mientras Elisa y Annie la veían un poco confundida. - ¿A poco no lo sabían? – Miró a cada una de las presentes y todas negaban lo que les decía la chica de anteojos. – Es una tradición para las novias. – Dijo explicando. – Llevar algo nuevo representa el optimismo y la esperanza del futuro de su felicidad juntos, llevar algo viejo representa tu pasado y conexión con tu familia, llevar algo prestado simboliza la alegría que alguien más comparte contigo y algo azul representa el amor, pureza y fidelidad. – Terminó de explicar Patty mientras Annie sentaba a Candy frente al espejo para comenzar a peinarla.
-Es una tradición hermosa. – Dijo Candy al terminar de escuchar la explicación de la chica.
-Si es algo muy bonito. – Dijo Annie y Elisa asintió estando de acuerdo con ellas.
-Por lo pronto todo lo que llevas es nuevo. – Dijo Patty frotándose la barbilla para pensar cómo ayudar a su amiga.
-¡Lo tengo! – Dijo Annie saliendo de pronto de la habitación dejando a las demás con cara de confusión. – En un momento vuelvo. – volvió a decir en cuanto salió del marco de la puerta.
Los muchachos y los demás se quedaron algo sorprendidos al ver a una Annie que caminaba hacia ellos.
-¿Sucede algo damita? – preguntó Archie, sin embargo la pelinegra no se dirigió a él sino al rubio ojos azules que estaba a su lado.
-Anthony ¿Dónde puedo encontrar algunas rosas? –Preguntó directa. Anthony le indicó que lo acompañara mientras Archie la seguía de cerca.
-Amor, tú tráeme mi maleta por favor. - Le dijo sin dar más explicaciones, a lo que el muchacho obedeció dirigiéndose al automóvil para bajar la maleta que le pertenecía a su novia. – Gracias. – Le dijo sin decir nada más, tomó las rosas que le había llevado Anthony y se regresó a la habitación de Candy ante la mirada confusa de los caballeros. - ¡Listo! – Dijo la chica en cuanto entró a la habitación de Candy.
Colocó la maleta en la cama de la rubia y comenzó a juntar un montón de rosas con mucho cuidado, formando de pronto un ramo muy grande, mientras buscaba entres sus cosas un largo listón azul cielo que era complemento de uno de sus vestidos, anudó la flores con el lazo y dejó un enorme moño adornándolo al final de los tallos que estaban cubiertos por la cinta, lo colocó enseguida de la maleta y siguió buscando entre sus cosas hasta llegar a donde traía su neceser con todo lo necesario para peinarse, traía varios spray para el cabello de diferentes colores, entre uno de ellos resaltaba uno de tapa azul, del mismo azul de la cinta, lo tomo y comenzó a rociar con mucho cuidado el moño y las flores que comenzaron a brillar con tonos azules, la cinta de Annie brillaba tanto que Candy recordó aquella cinta que le había dejado un día afuera del establo de los Leagan.
-¡Se ve hermoso Annie! – Dijo Candy maravillada, Elisa y Patty estuvieron de acuerdo.
-Ahora ya tienes algo nuevo, algo azul, el cual está en el ramo que llevarás al altar. – Dijo Annie. – Falta algo prestado y algo viejo.
-¡Lo tengo! – Dijo ahora Elisa y salió de la habitación al igual que lo había hecho Annie unos momentos atrás. Los chicos veían a la pelirroja correr ahora a su habitación y Tom al igual que Archie quiso saber si algo pasaba.
-¿Pasa algo Elisa? – Preguntó Tom levantándose para seguir a su mujer. Elisa solo lo vio extrañada por que la había seguido.
-No. – dijo simplemente y se adentró a la habitación de Candy sin decir nada solo le dio un beso en la mejilla para que se calmara un poco. Tom volteó a ver a los demás y todos hicieron el mismo gesto de incertidumbre. – Candy cuando salí de mi hogar no traje muchas cosas conmigo, pero entre todo lo que pude traer traje este brazalete que me regaló Tom en mi cumpleaños, es muy valioso para mí, sin embargo puedes usarlo como algo prestado. – Dijo Elisa con ansias en sus ojos por que la rubia aceptara, era algo que representaba el amor que Tom tenía hacia ella y quería contribuir con aquella felicidad que tenía la rubia ese día. Los ojos de Candy se llenaron de lágrimas y Elisa temió que fuera por que la estaba rechazando, borrando sus sonrisa poco a poco.
-¡Es hermoso Elisa! ¿Estás segura que lo puedo usar? Es una joya muy costosa y valiosa para ti. – Dijo Candy con una sonrisa sincera. Elisa asintió también recuperando la sonrisa que había en sus labios momentos antes. Patty y Annie veían maravilladas la hermosa joya que portaba Elisa en sus manos.
-Me daría mucho gusto contribuir a esta tradición Candy. – Candy asintió feliz.
-Gracias Elisa, lo cuidaré mucho. – Le dijo sonriente.
-Falta algo viejo. – Dijo Patty interrumpiendo el momento, el tiempo apremiaba y se acababa poco a poco el gran evento.
-Eso ya lo tengo resuelto. – Dijo Candy mientras las chicas la observaban, dentro de una pequeña caja que reposaba en el tocador de la habitación Candy sacó el crucifijo que le dio la hermana María el día que ella había abandonado el hogar al ser adoptada por los Leagan aquel que había regalado un día al señor García y que este le regresó, así como una pequeña moneda que guardaba en aquel lugar, junto al boleto de la obra de Romeo y Julieta y la foto de su príncipe de las rosas. Candy tomó el crucifijo y lo colocó en su cuello al mismo tiempo que tomaba la moneda para ocultarla entre sus ropas como tantas otras veces lo había hecho. -¡Listo! – Dijo emocionada mientras las demás aplaudían felices por haber cumplido con dicha tradición.
Las tres chicas le ayudaron a colocar el vestido maravillándose al ver el resultado.
-Y aún falta el peinado. – Dijo Annie emocionada quien ya sabía cómo recogería el cabello de su casi hermana. Poco a poco fue levantando el cabello en capas hasta recogerlo por completo, colocando entre los rizos una peineta que ajustaba el velo a su cabello, colocaron sus aretes y la gargantilla que se hacía juego y casualmente combinaba muy bien con el brazalete de Elisa, Patty había terminado de pintar las uñas de la rubia y en esos momentos secaba sus manos agitándolas de un lado a otro para no arruinar el acabado.
-¡Te ves hermosa! – Le dijeron las tres mientras la observaban con los ojos cristalinos de lágrimas. De inmediato cada una sacó sus ropas, ayudándose entre sí, sin permitir que Candy hiciera nada, solo las observaba como se apresuraban entre ellas para estar listas para la ceremonia la cual pronto comenzaría.
Anthony por su lado se comenzaba a vestir y Albert entraba llevándole una camisa, un chaleco y una corbata de regalo.
-Ten Anthony, esto combinará a la perfección con el vestido de Candy. – Le dijo simplemente y el rubio se quitó la camisa que portaba para ponerse la que le había llevado su tío, se colocó la camisa que era de un tono gris tan bajito que tiraba a blanca, el chaleco era color gris satinado tirando a plata y la corbata era a rayas blancas, grises y unas finas líneas negras la decoraban. Anthony termino de vestirse y se comenzó a peinar, colocó un poco de perfume y Albert le colocó una dulce Candy en la solapa del Smoking.
-Te ves muy bien hijo. – Dijo con una sonrisa abrazando a su sobrino sintiéndose orgulloso de él, Archie, Stear, Tom y Jhon llegaban para acompañar al rubio en su habitación.
-Anthony ya es hora. – Dijo George mientras veía que todos estaban ya listos para comenzar. Anthony asintió y se dirigió rumbo al lugar donde se celebraría la misa. Al llegar ahí observó asombrado la cantidad de gente que había en aquel lugar, la familia de los Andrew había llegado poco a poco acomodándose entre las sillas que estaban acomodadas frente al altar, la gente del pueblo también se encontraba en el lugar sorprendiendo a los presentes con sus mejores galas, nadie en ese momento llevaba un solo sombrero, comprendiendo todos el nivel que tenía el joven Tonny Stevens, ahora conocido como Tonny Brower.
Anthony sonrió gustoso, sin embargo sus ojos buscaban alguien en específico, una figura que quisiera o no había sido la única figura materna que había conocido después de la muerte de su madre, sin embargo no la encontró por ningún lado, por el contrario encontró a un par de mujeres que estaban sentadas muy al frente del lugar en representación a las madres de su futura esposa.
-Ella no quiso venir Anthony. – Dijo Archie entendiendo a quien buscaba su primo. Anthony asintió con una sonrisa triste, sin embargo luego se recompuso al escuchar a su tío.
-Bien, entonces yo iré por la novia. – Dijo al momento que Anthony le sonreía feliz por su comentario.
El sacerdote ya esperaba a la novia, mientras Anthony iba al frente de aquella simulada capilla, observando el gran parecido que había entre ese y el verdadero portal. La mayoría de su familia verdadera se levantó para abrazarlo feliz de volver a verlo, retrasando un poco la llegada de él hacia el altar.
Albert llegó por Candy y las chicas abrían la puerta despidiéndose del rubio mayor para dirigirse en compañía de sus prometidos. Albert agradeció a las muchachas lo que habían hecho por su pupila con una sonrisa y de pronto se quedó con la boca abierta viendo a su hija frente a él, radiante, más bella que nunca.
-Vaya Candy, tengo que reconocer que te ves hermosa. – Le dijo bromeando un poco con ella. Candy sonrió de lado.
-¿Crees que Anthony opine lo mismo? – Preguntó algo nerviosa.
-Yo creo que Anthony se quedará hipnotizado al verte. – Le dijo ofreciendo su brazo para dirigirla hacia el altar.
Una vez que llegaron al comienzo de la alfombra los músicos comenzaron a tocar la marcha nupcial, mientras los invitados comenzaban a ponerse de pie para recibir a la futura novia. Albert caminaba orgulloso con Candy de lado, ambos con la mirada en alto, Candy con su corazón que parecía que se saldría de su pecho al momento de ir subiendo los escalones para llegar al altar. Anthony la veía enamorado, con sus ojos puestos en ella, feliz y con el corazón acelerado cada vez que se iba acercando a él, la sonrisa de sus labios se iba agrandando y cuando por fin estuvieron de frente uno al otro sus manos se encontraron sintiendo aquella vieja corriente eléctrica que ya conocían al momento de rozarse a pesar de los guantes que ella llevaba cubriendo sus manos.
El sacerdote comenzó la pregunta que ya todos esperaban.
-¿Han venido por propia voluntad? – Los rubios respondían al mismo tiempo sin dejar de mirarse mientras seguían hincados frente al sacerdote.
-Si padre. – dijeron al mismo tiempo.
-¿Hay algún impedimento para que esta unión se realice? – Preguntó el sacerdote, no se escuchaba ningún murmullo, mientras los rubios se miraban uno al otro sin despegar su mirada el uno del otro .
-Un momento. – Se escuchó decir por una aguda y gruesa voz al final del pasillo, en el nacimiento de los escalones. Candy y Anthony voltearon sorprendidos ante aquella voz conocida para ellos, mientras Albert y los muchachos se levantaban para observar quien interrumpía la ceremonia. El sacerdote enfocó su vista para observar quien interrumpía.
-Tía Elroy. – Dijo Albert molesto apuñando sus manos en señal de coraje, sin embargo se quedó esperando que dijera alguna otra cosa, más para sorpresa de los presentes comenzó a caminar hacia el frente, los pasos se escuchaban resonantes sobre la madera mientras se acercaba a un paso calmo. Anthony la observaba directo a los ojos y esperaba algún movimiento de su parte, sin embargo al llegar al frente, se posó en seguida de Albert buscando un lugar para sentarse, Albert lo comprendió y le dirigió una sonrisa de agradecimiento y se recorrió un lugar para cederle el suyo.
-Continúe por favor. – Dijo de nuevo al sacerdote. Anthony le dirigió una sonrisa de agradecimiento y la tía Elroy le correspondió.
El sacerdote asintió al ver que Anthony daba su autorización para continuar la ceremonia, comenzando así sin ninguna interrupción. Una vez dicho los votos matrimoniales y haber hecho el juramento ante Dios, el sacerdote los unía por fin en aquel sueño que un día había surcado la mente de Anthony.
-Los declaro marido y mujer. – Dijo con una sonrisa dando la autorización para besar a la novia. – Ahora puede besar a su esposa. – Dijo aclarando que ya no era solo su novia. Anthony se acercó a Candy y levantó el velo transparente que le impedía ver con claridad el rostro de su amada, se perdió una vez más en sus verdes ojos y lentamente besó su frente con infinita ternura.
En ese preciso momento los presentes estallaron en aplausos y arrojaron pétalos de rosas sobre ellos, los niños habían sido los encargados de colmarlos de esa espontánea muestra de cariño para los rubios quienes les deseaban con ello mucha prosperidad, felicidad y amor.
-Muchas felicidades Anthony, Candy. – Dijo la vieja Elroy al acercarse a ellos para felicitarlos, ambos muchachos le sonrieron en agradecimiento y la señora abrazó a su nieto con infinita ternura, después abrazó a Candy aunque con menos intensidad, le demostraba que estaba de acuerdo con que fuera la esposa de su nieto consentido.
Poco a poco las sillas fueron retiradas del lugar, acomodando rápidamente una gran mesa en donde se llevaría a cabo la firma del contrato matrimonial, el juez había llegado y se celebró este acto con mayor rapidez que la ceremonia religiosa. Una vez terminada la boda por lo civil se procedió al baile de los novios, los cuales estaban muy entusiasmados de iniciarlo, abriéndose paso al centro de aquel enorme templete, mientras de las mesas alrededor los invitados los observaban maravillados con el amor que ambos se profesaban y con lo bien que se veían juntos.
Elroy observaba con sus pequeños y viejos ojos lo grande y próspero que era aquel rancho que le habían dicho que pertenecía a su nieto, lo observaba y veía que su nieto había sido muy hábil para lograr él solo tanto en tan poco tiempo, de lejos los observaba bailar y reconocía que Candy lucia mucho más elegante que cualquier chica nacida en cuna de oro, veía Stear en compañía de aquella jovencita que siempre le pareció muy insignificante para su sobrino, después a Archie quien igual bailaba enamorado de la señorita Britter, otra chica que a pesar de haber sido bien educada y de ser fina en sus modales era una huérfana más, y que decir de Elisa quien estaba perdida por otro de los huérfanos del hogar, Neal estaba en prisión y su hija se encontraba en el destierro, no había nada que le quedara a ella más que aquellos jóvenes que no habían hecho su voluntad, sino que habían decidido seguir su propio camino, un camino que ella por miedo no supo elegir a tiempo. No quería morir sola, así que había decidido aceptar la familia que tenía y aceptar así no le gustaran sus decisiones.
-¿En qué piensas tía Elroy? – Preguntó Albert a la mujer que veía como a una madre a pesar de sus necedades.
-Estoy pensando que a ver cuándo me presentarás tú a una buena muchacha. – Le dijo de pronto mientras Albert abría los ojos sorprendido.
-Eso es algo que ni yo mismo sé tía abuela. – Dijo seguro de sus palabras. – Lo único que puedo decirte que por el momento soy muy feliz, viendo a mis sobrinos felices y realizados. – Le dijo con una sonrisa sincera. Elory sonrió por su comentario y volteó a verlo con ternura.
-Sólo espero que sea antes de que yo me vaya de este mundo. – Le dijo a modo de chantaje.
-No te preocupes tía tu eres aún fuerte y si no te tendrás que conformar con los bisnietos que pronto tendrás. – Le dijo sin delatar a los que ya venían en camino.
-Ojalá sea pronto, me gustaría volver a ver a unos cuantos chiquillos corriendo en el jardín. – Dijo con su mirada perdida en los recuerdos.
Cuando el sol comenzaba a ocultarse los focos que estaban sobre el templete se iluminaron como si fueran estrellas en lo negro de la noche, el candelabro se iluminó con tal fuerza que parecía que volvía a ser de día, las velas que estaban para iluminar el camino entre el campo formaban un camino muy romántico que hacía a las féminas suspirar. Momentos después en cada una de las mesas se fueron entregando a las parejas y a los niños unas linternas flotantes que se encenderían al mismo tiempo para desear buena suerte y prosperidad a los novios.
El espectáculo que se otorgó con ese acto fue maravilloso, Candy y Anthony sostenían a la linterna más grande de todas y mientras ambos estaban a lo amplio del campo dispuestos a liberar su linterna los demás invitados esperaban la señal para soltarla también. Candy y Anthony soltaron la linterna y ambos se abrazaron para fundirse en un beso, mientras los demás comenzaban a liberar la que les habían otorgado, después de esto Candy arrojó el ramo siendo atrapado por Nancy quien iba en compañía del doctor Lerry, la chica se emocionó de tal manera que se arrojó a los brazos del médico, quien la recibió un tanto tímido.
En un momento que todos estaban distraídos Candy se fue a cambiar a su habitación en compañía de Annie, Patty y Elisa, ellas la ayudaron a que lo hiciera más rápido y Anthony un poco después también se dirigió a su habitación para hacer lo mismo, la fiesta estaba en todo su apogeo y nadie reparaba que los novios no estaban por ningún lugar.
Los novios se dirigieron hacia el automóvil del rubio el cual estaba estacionado fuera del rancho ambos se subieron al auto y comenzaron el camino que venía indicado en aquel sobre que les había dejado Albert en aquel compartimento.
-Anthony, Candy, esta es la llave de una habitación de hotel que está a la entrada de Chicago, espero que disfruten su estancia en ese lugar antes de partir rumbo a su luna de miel, aquí mismo encontrarán los boletos y las fechas en las que tendrán que abordar tanto el tren como el barco, espero les guste esta sorpresa que les preparamos, Archie, Stear y un servidor, los queremos mucho y les deseamos una infinita felicidad.
-¿Lista mi amor? – Preguntó Anthony a su amada Candy una vez que terminó de leer la carta que le había dejado su tío.
- Mientras estés a mi lado, siempre estaré lista mi amor. – Le dijo Candy acurrucándose en su hombro mientras el rubio conducía hacia el inicio de esa vida que les esperaba a ambos, una vida que esperaban los llenara de felicidad. - ¿Crees que se molestaran porque no nos despedimos? – Preguntó con travesura.
-No creo que se hayan dado cuenta aún. – Dijo Anthony con una sonrisa traviesa, escuchando el ruido que hacían los botes mientras golpeaban las piedras por el camino.
Continuará…
Hasta aquí llegamos por hoy señoras y señoritas bellas, espero que les haya gustado, creo que en las próximas historias suprimiré las bodas ya que llevo cuatro y se me acaban las ideas jajajajaja creo yo ninguna ha sido igual, pero en fin tendré que idear otra cosa jajajaja espero no haberlas aburrido y espero la hayan disfrutado y si no por lo menos que hayan tenido una opción para no aburrirse en la cuarentena? Jajajaja espero estén muy bien, gracias por leer.
P.D. Quiero compartirles algo que me sucedió hace unos días, resulta que hace tiempo hice un comentario en un video donde ponían a los personajes de Candy interpretados por actores reales, para variar puse que estaban locos por el actor que según interpretaría a Anthony, para nada me gusto jajajaja no me gusta crepúsculo, así que podrán saber a quién habían elegido, no lo hice con el afán de ofender, además que no era la única que estuvo en desacuerdo, sin embargo fui la única a la que le mandaron mensaje y con letras mayúsculas "A VER TÚ A QUIEN HUBIERAS PUESTO?" que bien es sabido que las mayúsculas representan como un grito o un desafío al no poder representarlo escrito, así que rauda y veloz puse en google "rubio ojos azules" y que me aparecen un montón de hombres guapos y uno me llamo la atención, sin embargo no aparecía el nombre, pero no me di por vencida y hasta su Instagram conseguí jajaja para no hacer el cuento largo le contesté a la persona que me había preguntado que yo pondría a Christian Hogue, como mi Anthony hermoso, resultó que este amigo es un modelo famoso, así que les dejo el nombre para que lo chequen tantito a ver qué opinan y si quieren me hagan saber su opinión ya sea en comentario o mensaje privado jejejeje bueno a mí me gustó y más en la que se le ven los ojos azules preciosos, es un acercamiento de su rostro y el chico me pareció muy guapo, en fin jajaja soñar no cuesta nada, digo ¿Para qué me retan? Jajajaja
Saludos y bendiciones hermosas!
