Capítulo 59

Frío

Que el frío de la mañana conseguía que su piel luciera tersa y firme no era el problema. El problema era que aquel aire helado se colaba directamente hasta sus pulmones, y conseguía congelar todo a su paso.

El sol brillaba como nunca. A punto estaba de entrar el mes de febrero y el frío seguía acompañando a Quinn en su carrera matutina, a pesar de que ya casi eran las diez de la mañana. Deseaba tanto que llegase la primavera, que no podía evitar observar los árboles que salían a su paso, y ver si conseguía distinguir alguna flor emergente. Signo de la llegada de una nueva estación.

Evidentemente, no iba a encontrar absolutamente nada con aquel frío. Las flores no estaban tan locas como ella para dejarse ver en aquella mañana.

Sabía perfectamente que el cansancio que le aquejaba, y que no le estaba ayudando en nada para disfrutar de una de sus rutinas favoritas, tenía una sola culpable. Y no era ella, precisamente, sino Santana.

Pasar un fin de semana con Santana te provocaba resaca. Echaba abajo meses de rutinas, de esfuerzo y trabajo duro, en tan solo 48 horas. Dos días de comidas, cenas, cafés, visitas a tiendas, copas, una noche de patadas en la cama, y por supuesto el estrés. El maldito estrés que lograba transmitir por culpa de su carácter.

Era agotador, no solo físicamente sino también mental. Y eso era lo que estaba pasándole factura en aquella mañana.

No obstante, aquel fin de semana no había sido como los que la tenía acostumbrada. Sí, habían salido, habían ido a comer, a cenar, a divertirse un poco. Se habían regalado patadas al dormir juntas, como cualquier otro fin de semana, pero esta vez, el estrés, el temperamento de su amiga terminó regalándole una tregua con el pasar de las horas. Justamente después de lo vivido durante el sábado noche, cuando tuvo que proteger a Rachel de los paparazis. Ese fue el punto clave de su cambio de actitud. Tal vez porque realmente comprendió que la situación con Rachel era un asunto serio. O quizás porque estaba cansada de fingir que no le importaba nada ni nadie. O puede que simplemente quiso eso, entregarle una tregua. No lo supo, pero Quinn agradecía de corazón que durante esas últimas horas que compartieron juntas, y sus reproches y las continuas burlas con las que la castigaba, terminasen desapareciendo.

Santana le había vuelto a dar una lección de amistad, de lealtad y honestidad al aceptar su petición de ayuda con Rachel. A pesar de que su relación con ella era pésima.

En ese lunes, cuando el frio, el cansancio y la pereza casi la convencen para quedarse en la cama, encontró en ella ese empuje necesario para no rendirse. Recordar todo lo vivido durante el fin de semana, fue su pasatiempo favorito para completar los 45 minutos de carrera entre los árboles de Central Park. Esa vez no hubo zapatos, ni árboles extraños que contar. Ese lunes su mente estaba directamente anclada en los buenos momentos que había compartido junto a su mejor amiga, y la voz de su cantante favorito como banda sonora.

Justo estaba en mitad de una de sus canciones favoritas cuando algo le hizo detener por unos instantes la carrera, y esbozar una enorme sonrisa a pesar de la agitación de su pecho por contener el aire.

Una llamada en su teléfono que rápidamente se trasladó hacia los auriculares que llevaba puestos.

—Buenos días, dormilona—saludó sonriente.

—¡Quinn! ¿Dónde estás? —cuestionó Rachel sorprendida por el ánimo que mostraba.

—Corriendo—respondía rápidamente—¿Y tú? ¿Te acabas de levantar?

—No, estoy con Brody.

—Ah ¿Y qué tal?

—Bien—murmuró—. Escúchame Quinn, necesito hablar contigo. Es importante.

—¿Hablar? —balbuceó pausando la carrera tras notar la seriedad en las palabras de la morena—¿Qué ocurre?

—Dime dónde estás exactamente y voy a verte.

—¿Ahora? ¿Quieres hablar ahora?

—Sí Quinn. En una hora tengo que estar en el teatro y… Bueno, no quiero perder tiempo. Dime donde estas.

—Pues estoy junto a la Charca—espetó lanzando una mirada hacia el pequeño lago—. Pero si quieres me acerco más hacia…

—Ve hacia los bancos, donde siempre estiramos ¿De acuerdo? —interrumpió.

—Eh claro, voy para allá.

—Perfecto Quinn, ahora te veo—espetó terminando la llamada, sin darle más opción de respuesta.

No entendía muy bien que había sucedido. Y a pesar de la preocupación, no quiso darle demasiada importancia. Al menos no hasta saber lo que le sucedía.

Quinn recorrió la distancia que la separaba desde donde estaba hasta la pequeña placita en apenas un par de minutos, y tuvo el tiempo suficiente para lograr bajar las revoluciones de su corazón, y recuperar la respiración antes de que Rachel se presentara ante ella. Lo hizo unos cinco minutos después, envuelta en uno de sus abrigos y el gorrito de lana que empezaba a ser su debilidad.

Quinn no pudo evitar esbozar una leve sonrisa al verla aparecer. Sonrisa que se esfumó en el mismo instante en el que observó el gesto serio de su chica, que caminaba hacia ella pensativa. Casi sin percatarse de lo que sucedía a su alrededor. Tanto que no la vio hasta que apenas estuvo a unos metros de ella.

—Hey ¿Qué tal? —le sonrió tratando de recuperar la naturalidad. Gesto que desconcertó aún más a Quinn.

—Hola cielo ¿Cómo estás?

—Bien—se acercó sin temor—¿No tienes frío?

—Un poco, pero bueno, no paro de moverme y se pasa—respondía al tiempo que daba un par de saltitos y provocaba la segunda de las sonrisas en Rachel. Aunque seguía siendo una sonrisa extraña, casi obligada—¿Qué sucede?

—Bueno, la verdad es que es algo un poco delicado para hablar así, sin más, y realmente es algo que tendría que haberte dicho ayer, pero como estabas con Santana y yo tenía dudas pues…

—¿Qué sucede, Rachel? —interrumpía Quinn con algo de temor. No pudo evitar rememorar aquellos primeros días en los que Rachel se mostraba distante. Y eso no le gustó en absoluto.

—Verás, Quinn. El sábado sucedió algo.

—¿Qué? ¿Qué pasó el sábado?

—Ya, ya te dije que Brody y yo hablamos de todo, incluso de la terapia con Santana.

—Ajam…

—Y bueno, cuando regresamos del restaurante, Kate se fue y él, bueno, ya sabes, siempre se queda en casa a dormir cuando está aquí.

—Ajam…

—Lo cierto es que después de todo lo que tuvimos que hacer para salir a cenar, y luego la charla con él, todo el estrés de enfrentarme a Santana… No sé, Quinn. Me sentía realmente vulnerable, y cuando Kate nos dejó a solas, yo…

—No—susurró Quinn con el rostro descompuesto. Veía la actitud de Rachel. Como apenas conseguía ordenar una frase completa, y cómo desviaba la mirada en todo momento, evitando posarla sobre ella, y el miedo se apoderó de sus pensamientos, obligándola a pensar en algo que no quería creer que hubiese sucedido.

—No ¿qué? —cuestionó la morena.

—No Rachel, no me digas que… —balbuceó lamentándose—No me jodas.

—¿Qué ocurre, Quinn?

—¿Qué diablos has hecho? No me jodas, Rachel—se alteró—No me vengas a decir que tú y Brody… No, por favor, no me digas que…

—Hey, hey—interrumpía de nuevo—¿Qué te pasa?,¿Por qué estás a punto de llorar?

—¿Qué has hecho Rachel? —se desesperó.

—Le hice caso a Santana—respondía confusa.

—¿A Santana? ¿Cómo que a Santana? ¿Qué te ha dicho que hagas?

—Me dio una serie de pautas para solucionar mi problema—respondía con dificultad—. Ya sabes, para lo de Emily y… Bueno, no pude soportarlo más y terminé desahogándome con él.

—Rachel, habla de una vez por favor ¿Qué has hecho con Brody? —se impacientó.

—Hemos ido a la guardería — le dijo aturdida por la reacción de Quinn, y el silencio se apoderó de ambas—¿Quinn?

—¿Guardería? —reaccionó al fin completamente confusa—¿Una guardería para qué?

—¿Para qué va a ser, Quinn? Para Em.

—¿Vas a llevar a Em a una guardería? —volvía a preguntar sorprendida.

—Eh sí. No, no pude evitarlo, Quinn. Me sentía tan vulnerable y Brody fue tan comprensivo conmigo, que tomé la decisión de seguir las pautas de Santana. Lo, lo he hecho. He dado el paso, Quinn, y necesitaba decírtelo así, a la cara.

—A una guardería—balbuceó tratando de asimilar que había oído bien, que aquel sermón de Rachel no tenía nada que ver con la terrorífica idea que rondó por su mente. Y que Rachel no había sucumbido a los encantos del chico de moda de Hollywood.

—Sí. A una guardería. Santana me dio unas pautas a seguir para poder llevar a cabo la terapia. Yo le prometí que iba a hacerlo y… Bueno, el primero de los puntos era el más difícil, hacer que Emily tenga algún tipo de relación con otros chicos de su edad y que se vaya introduciendo en su mundo—resopló—. De hecho, aún no termino de creerlo ni soy consciente de que esté dispuesta a hacerlo, pero tengo que intentarlo—explicó—. Se lo comenté a Brody el sábado y está encantado, tanto que ayer mismo se puso a buscar guarderías y ésta mañana hemos ido a visitar una de ellas—hizo una pausa—. Está muy cerca de casa y es muy importante—comenzó a explicar con nerviosismo—. Al parecer hay más hijos de gente conocida allí. Son muy profesionales y lo más importante, hemos comprobado que hay niños con diferentes capacidades como Em. Tienen educadores preparados para atenderlos perfectamente, ya sabes, lenguaje de signos, Braille… Y lo mejor de todo es que están todos juntos. No, no hay distinciones entre ellos. Brody y yo pensamos que es algo bueno que sea así, y sabemos que en septiembre ella tendrá que entrar en el colegio, y es una buena experiencia para ella, aunque sea dos o tres meses. No sé… Realmente, es algo que le va a venir bien, aunque aún no es nada oficial. Porque yo, yo no estoy segura, no creo que sea capaz de asimilar que voy a dejarla una o dos horas en aquel lugar sin mi o sin Kate. Y es probable que me vuelva loca, pero…

—Rachel—interrumpía Quinn con los ojos humedecidos por la emoción.

No podía evitar observar el nerviosismo que se adueñaba de su chica mientras hablaba casi sin respirar, expulsando las palabras unas tras otras sin tregua alguna.

—Es muy duro. No sé cómo voy a ser capaz de llevarlo a cabo, pero le prometí que lo iba a hacer y no, no puedo fallarle—volvía a hablar.

—Shhh—volvía a interrumpir Quinn—Rachel.

—¿Qué? ¿Qué pasa? ¿No te parece bien? Quinn, yo quería habértelo dicho antes, pero hasta que no he ido a la guardería, no debía. Porque no quería ilusionarte, o desilusionarte si me arrepiento.

—¿Te das cuenta de lo que has dicho? —La volvía a interrumpir.

—¿Qué he dicho? —tartamudeó tratando de entender la expresión que mostraba Quinn, completamente emocionada, y con una leve sonrisa en sus labios que desprendían una dulzura infinita.

—Es la primera vez que dices que Em tiene una capacidad diferente ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

—Eh si, supongo que sí—respondía un tanto confusa.

—Rachel, es la primera vez que te oigo hablar de Em y no haces referencia a que tiene un problema—le dijo—. Lo acabas de llamar por su nombre y eso es genial. Es el mejor paso, el más importante—sonreía satisfecha—. Estoy orgullosa de ti.

—¿Solo por eso? Ni siquiera estoy segura de ser capaz de llevarla a esa guardería.

—Lo estás pensando, estás tratando de actuar y eso es lo importante. Créeme, estoy segura de que Santana te dirá lo mismo. Lo importante es dar el paso, lo demás llegará, te lo aseguro.

—¿Entonces? ¿Estás orgullosa de mí? ¿No estás enfadada porque no te lo he dicho antes?

—Shhh—avanzó hasta acariciar su rostro—. Estoy orgullosa de ti, Rachel. Estoy feliz te lo aseguro. Es la mejor noticia que me podrías dar, y sobre todo es lo mejor para ti y para Em. Que lo hables con Brody antes que conmigo es lo lógico y normal. No te preocupes por eso, cielo.

—¿Tú no sabias nada? —le preguntó extrañada—. Santana no te ha dicho nada.

—No, absolutamente nada. De hecho, el sábado estuve tratando de sacarle información y nada. No hubo manera. Incluso se enfadó conmigo por insistirle mucho—sonreía—. Puedes estar tranquila, en eso Santana sí que es firme.

—Bueno, la verdad es que tampoco hay mucho que decir. Ella, ella solo me abrió los ojos y me dijo lo que tenía que hacer para comenzar a sentirme con seguridad y confianza.

—Pues no sabes cuánto me alegro y me sorprende. Me encantaría saber qué es lo que te ha dicho para que, en solo tres horas, consiga lo que no han conseguido tus padres o Brody.

—Me ha dicho exactamente lo que me decían mis padres, Brody o tú—aclaró.

—¿Y cuál es la diferencia?

—La diferencia es que es Santana—respondía con seguridad—. Vosotros siempre habéis mirado por Emily, pero también lo hacéis por mí y ella no. A ella no le importo yo ¿Sabes? Me confesó que me estaba ayudando por ti, porque es tú amiga y quiere que tú estés bien. Y por lo que se ve, si yo estoy bien tú lo estás—susurró—. Y también lo hace por Emily, sin conocerla, sin saber cómo es ni nada. Santana quiere ayudarme por ti y por mi hija, no por mí, y eso realmente me ha impactado. Y yo tengo que hacerlo por vosotras, por Emily y por ti.

—Pero Rachel, eres tú la que tiene que estar bien.

—No, no me cambies el discurso—interrumpía rápidamente—. Me hace bien pensar de esa forma Quinn. No he sido capaz de hacerlo por mí misma antes, pero si tengo la promesa de hacerlo por mi hija y por ti. Y por Santana, dicho sea de paso. Ella, ella me ha dado una gran lección y no quiero defraudarle.

—Pues no te haces una idea de lo que me alegra oírte decir eso. Me da igual por quien lo hagas, lo importante es que te hayas lanzado y estés segura de hacerlo.

—Bueno, vayamos paso a paso—murmuró—. Ya, ya te he dicho que aún me cuesta asimilarlo y no sé si voy a ser capaz de llevarlo a cabo.

—Lo harás—intervenía volviendo a regalarle una caricia—. Estoy segura de que lo vas a hacer.

Un suspiro. Esa fue la respuesta de Rachel a aquella pequeña caricia de su chica y una nerviosa sonrisa que volvía a aparecer en sus labios.

—Menudo susto me has dado, idiota—habló de nuevo Quinn tras recordar el principio de aquella conversación.

—¿Por? ¿Qué te pensaba que iba a decirte? —se interesó.

—Pues no sé. Me has llamado y estabas rara, distante, y luego te he visto completamente seria y nerviosa—explicó—. Además, has llegado hablándome de Brody y de que después de la cena del sábado tú y él bueno…

—No me lo puedo creer—interrumpía—¿No habrás pensado que él y yo?

—Mas o menos—se excusó avergonzada.

—¡Quinn! —exclamó sorprendida—Pero ¿cómo piensas que iba a hacer algo así?

—No lo pienso, es solo que no sé. Me ha dado la sensación de que estabas arrepentida por algo que habías hecho el sábado, porque te sentías vulnerable… ¿Qué quiere que piense?

—¿Me crees capaz de hacerte eso?

—No, pero…—se lamentó—Dios, lo siento Rachel, lo siento de veras. He sido una estúpida por pensar así de ti.

—Quinn—esta vez era Rachel la que acortaba distancias y se aventuraba a rodear su cintura—. Te quiero a ti, eres la única en mi mente y te aseguro que sería incapaz de hacerte eso. Jamás jugaría contigo así.

—Lo sé.

—¿Entonces? ¿Por qué piensas en algo así?

—No lo sé, Rachel. Tal vez es que tengo miedo.

—¿Miedo? No estarás pensando otra vez en la idiotez esa de la familia perfecta, ¿verdad?

—No, Rachel, pero si tengo miedo a que un día te arrepientas por estar conmigo. No sé, creo que siempre voy a tener esa sensación. No soy capaz de asimilar aún que alguien como tú me quiera tener a su lado para…

El frío desapareció o quizás no. El sol brillaba tanto sobre ellas y el calor de los labios de Rachel era tan intenso, que Quinn sintió como aquel helado mes de febrero que recién acababa de comenzar, se había esfumado, y la primavera se hacía presente en apenas un par de segundos. Justo el tiempo que tardó Rachel en acortar las distancias y entregarle aquel beso que la sorprendió, y que la llevó a un estado de absoluto descontrol.

Descontrol porque no podía evitarlo, ni quería. Descontrol porque no lograba controlar sus manos que se aferraban a su abrigo, y tiraba de ella para sentirla más cerca, mientras se perdía en sus labios, olvidándose de donde estaban. Tuvieron que pasar varios minutos, y el revoloteo de unas de esas palomas que hacia las delicias de Emily, para devolverlas a la realidad, y destruir el beso con dificultad.

—Dios—susurró Quinn sintiendo que le costaba un mundo alejarse de sus labios—. No deberíamos de haber hecho esto —añadió y la inercia llevó a reaccionar a Rachel como ella misma lo había hecho. Lanzó una mirada a su alrededor con el temor anclado en su rostro. La suerte parecía acompañarlas en aquel instante, en el que nadie parecía haber tomado el sendero que llegaba hasta aquella pequeña explanada.

—Tienes razón—dijo Rachel tras asegurarse de que estaban a salvo—. Creo que es mejor que me marche ya. Además, tengo, tengo que prepararme para ir al teatro y quiero ver a Em antes de marcharme.

—Claro. Vamos, te acompaño—respondía Quinn volviendo a mirar a su alrededor.

—¿Ya has terminado de correr? —cuestionó al tiempo que comenzaban el trayecto hasta la salida.

—Sí ya, ya es suficiente por hoy—respondía sonriente.

—Nunca es suficiente—bromeó.

—Estoy cansada y sudando. De hecho, no entiendo como he dejado que me beses estando así—susurró.

—¿Por? Ya te he dicho miles de veces que verte a ti de esa forma no es desagradable precisamente. Todo lo contrario. Igual desprendes algún tipo de…

—¿Feromona? —interrumpió divertida.

—Puede, pero lo cierto es que es irresistible.

—Deja de mirarme así—interrumpía al tiempo que negaba con la cabeza y se mordía los labios

—¿Así cómo?

—Así, con esa sonrisa y esa mirada traviesa—le replicó lanzando la vista al frente.

—Es mi sonrisa y mi mirada de, dios ¿Cómo no me he enamorado antes de Quinn Fabray?

—Pues quizás porque no me has visto sudar—bromeó.

—Hey—espetó señalándola con el dedo—. Me has dicho que no hable de eso y vuelves a sacar el tema—hizo una pausa—. Al final va a resultar que te gusta que te diga esas cosas.

—No, no—sonreía—, basta ¿Ok? Zanjamos ese tema ahora mismo. Ya tuve suficiente con Santana durante todo el fin de semana como para seguir sufriendo contigo.

—¿Santana? ¿Qué te ha dicho? —se mostró curiosa.

—Mejor pregunta qué no me ha dicho—aclaró.

—¿Sobre nosotras? ¿Sobre nuestra relación? Espero que no hayas dicho nada comprometido. Ya hablamos de eso y sabes lo que…

—No le he dicho nada de eso, tranquila. Santana está así porque está sola, y le da rabia que los demás nos divirtamos. Pero es todo fachada, sé que en el fondo se alegra por mí.

—Oh —lanzó la mirada al frente—. Oye ¿Y qué tal está con Britt?

—Pues más o menos. La semana pasada se vieron y al parecer tuvieron un pequeño acercamiento, pero Britt sigue sin querer darse por vencida.

—¿No confía en ella? Me dijiste que Santana le había engañado con otra chica.

—Así es. Y supongo que sí confía, pero le cuesta hacerlo plenamente. No sé, es complicado.

—Vaya ¿Y crees que podríamos ayudarlas de alguna manera? No sé, quizás si hablas con Britt y…

—No, no—interrumpía—. No creo que deba meterme entre ellas, recuerda que soy amiga de ambas y te aseguro que, en esa relación, Santana sale mal parada si algo va mal. Y su ira caería sobre mí.

—La verdad es que tienes razón, y Santana es bastante rencorosa. Solo hay que ver cómo me odia.

—No te odia—aclaró—. Solo… Bueno Rachel, quizás no sepas exactamente por qué ella está así contigo.

—Porque hice llorar a Britt ¿No?

—No solo es eso—se mostró seria—. Hay algo más, algo que me explicó precisamente ayer y que tú no sabes.

—¿El qué?

—Britt no solo quiso visitarte porque estaba en la ciudad, también, también quería hablar contigo porque estaba mal —comenzó a explicar—. Tenía dudas acerca de volver o no con Santana, si darle una oportunidad o, por el contrario, alejarse de ella. Y tenía la esperanza de poder hablarlo contigo. De que alguien como tú le ayudase a saber cuál era la mejor opción.

—¿Hablas en serio? —susurró.

—Sí. Yo estaba en Londres, y bueno, tal vez vosotras no hayáis sido muy amigas, pero Santana y tú compartisteis muchas cosas cuando ella vivió aquí. Britt pensó que tú podrías ayudarla a aclararse. Al no poder hacerlo, regresó a Lima y fue allí donde se encontró con algunos de los chicos con los que ahora está viajando—hizo una breve pausa—. Santana está convencida de que, si tú la hubieses recibido, le habrías hecho entrar en razón. Y Britt le habría dado una nueva oportunidad.

—Oh dios, Quinn—se lamentó—. No, no tenía ni idea de eso, no ¡Oh dios! Es sido la peor amiga del mundo.

—Ya sabes que eso no es motivo para el rencor que te guarda Santana, pero es Britt, y todas sabemos que es alguien muy especial, muy sensible—añadió—. Desde que está con esos chicos se ha vuelto más dura, más desconfiada, y es Santana la que está sufriendo ese castigo.

—¿Pero Santana no ha vuelto a estar con nadie?

—Sí, pero solo son chicas de una noche—respondía—. Ya sabes, es complicado estar dos años sin nadie en tu vida, y ella tiene la esperanza de que Britt vuelva con ella. Pero es lógico que mientras tanto, al menos se divierta.

—Ya—susurró con algo de pena—Vaya… Ojalá hubiese podido hacer algo. Si lo llego a saber lo habría hecho de otra forma.

—Tú no tienes la culpa, Rachel. Te recuerdo que fue Santana quien tuvo ese desliz con su compañera—fue sincera—. No tienes nada que ver en eso. Además, podrías haberle dicho a Britt cualquier cosa que tampoco la hiciese volver junto a ella. Lo que le sucede a Santana contigo es que te ha elegido para pagar su frustración. Nada más.

—Pero aun así me siento mal.

—¿Crees que ella habría aceptado mi petición de ayudarte con la terapia si no fuese consciente de que no tiene motivos para estar así contigo?

—¿Estás diciendo que ella sabe que su enfado no tiene fundamentos y por eso ha aceptado ayudarme?

—No lo pensaba cuando se lo pedí, pero si lo pienso desde ayer, cuando me dijo el verdadero motivo de su enfado. Está claro que sigue dolida, pero es su orgullo y ahora, después de ver cómo es tú vida y lo que estás luchando por seguir adelante, no tiene más remedio que recapacitar y aceptar que no tiene razones contundentes para tratarte así. De hecho, creo que ha empezado a mirarte de otra forma.

—Ojalá. Aunque no lo creas, le tengo mucho afecto y es alguien importante para mí—confesó—. Me costó mucho tratar de ignorarla para que se alejase de mí y de mis mentiras.

—Bueno —espetó con algo más de optimismo tras llegar a la salida del parque que daba exactamente a la calle de Rachel—Es hora de cambiar eso ¿No? Estoy segura de que poco a poco todo va a ir mejorando entre vosotras y, además, sé, al menos es lo único que aceptó en contarme, que vais a mantener sesiones a través de teléfono ¿No es cierto?

—Sí, así es. Vamos, vamos a hablar una hora a la semana para ver como avanzo y contarle mis cosas.

—Bien, pues eso es lo importante—se detuvo frente a ella—. Poco a poco, por tu bien y por el de ella—sonreía con dulzura.

—¿Sabes qué? Vamos a hacer algo para que se vuelvan a estar juntas.

—¿Qué? —cuestionó extrañada.

—Lo que oyes. Voy a pensar en algo para que Britt y San vuelvan a estar juntas, y lo voy a conseguir.

—Rachel—la detuvo—. Por experiencia personal, te diré que no creo que sea bueno que te metas en esa relación. De veras, es cosa de ellas.

—No me voy a meter—respondía pensativa—. Voy a pensar en algo, no sé en qué, ni tampoco como. Pero como que me llamo Rachel Berry, éstas dos vuelven a darse una oportunidad.

—Rachel —susurró sorprendida.

—Ni Rachel ni nada—masculló con temperamento—Berry siempre consigue lo que se propone ¿No es cierto? Pues bien, unir a Santana con Britt va a ser mi próximo objetivo extra personal.

—Estás loca ¿Lo sabes? —murmuró sin poder contener la sonrisa tras ser testigo del cambio y como su actitud se mostraba divertida y a la vez orgullosa, como la Rachel Berry de antaño.

—Siempre lo he estado—respondía sin dudas—. Y ahora, será mejor que me marche a ver a lo más hermoso de mi vida. Bueno recapacito, lo primero más hermoso de mi vida, porque tú eres lo segundo.

—¿La segunda? Mmm… No sé si ponerme celosa.

—Lo siento, Fabray—se excusó lanzando una mirada a su alrededor para comprobar como allí si había gente que podría descubrir sus intenciones—, pero ella me enamoró antes que tú—añadió—. Eso sí, siéntete privilegiada, has conseguido ocupar una parte de mi corazón que yo pensaba que solo iba a pertenecer a mi pequeña.

—Me alegro entonces—respondía divertida—. Es un placer robarme un trocito de tu corazón.

—Yo también me alegro de que lo hayas hecho—sonreía—. Siento no poder besarte aquí, ahora—murmuró con un divertido gesto—,pero te prometo que, si esta noche vienes a cenar a casa, tendrás postre doble—le guiñó el ojo.

—Perfecto, porque me muero de hambre—bromeó tras regalarle una traviesa sonrisa.

—Ok… Mejor me marcho, o no podré resistirme—le dijo regalándole un beso en la mejilla—. Ya me contarás que tal en la sesión de fotos para esta tarde ¿Ok?

—Claro, luego hablamos—respondía sonriente—Hey—la detuvo cuando ya comenzaba a alejarse de ella—, te quiero.

Una sonrisa.

Esa fue la última palabra de Rachel antes de abandonar la acera y dirigir sus pasos hacia su hogar, donde debía estar esperándola la que era el amor de su vida, mientras Quinn la observaba embelesada, olvidándose del frío que ya conseguía de nuevo volverla a estremecer.

Necesitaba entrar en calor y la mejor manera de hacerlo era con una nueva carrera, esta vez, en busca de su tan preciado Mocca blanco que ya podía incluso degustar sin ni siquiera haber llegado a la cafetería.

No iba a tardar demasiado en hacerlo, al menos eso pensó al llegar a la glorieta que dividía aquel céntrico lugar. Pero no sabía que alguien la iba a interrumpir en su trayecto. Alguien a quien no conocía y que consiguieron provocarle el primero de los muchos quebraderos de cabeza que estaban por llegar.

Una voz, o mejor dicho dos voces sonando al unísono tras ella, justo en el momento en el que volvía a detener sus pasos para esperar a que el semáforo le diese vía libre para cruzar.

Dos chicas jóvenes con una mueca de nerviosismo implantada en sus rostros se detenían junto a ella, y la cuestionaban con la mirada.

—¿Eres Quinn, Quinn Fabray? —preguntó una de ella tomando la voz cantante.

—Eh sí—respondía con algo de confusión.

—¿Nos firmarías un autógrafo? —habló la otra chica.

—¿Un autógrafo? Eh claro. Por supuesto—espetó con una forzada sonrisa.

—Gracias—respondía la primera entregándole una pequeña libreta y un bolígrafo—Te admiramos mucho Quinn, somos fans.

—Ah vaya, me alegro mucho. Gracias—respondía al tiempo que comenzaba a dejar una pequeña dedicatoria en las hojas.

—¿Puedo hacerte una foto con ella?

—¿Una foto? Eh bueno, no estoy muy presentable, pero…

—Por favor.

—Está bien—volvía a sonreír tras entregarles la libreta—Vamos, tomemos esa foto —añadió y la chica no tardó en sacar su teléfono móvil para tomar la fotografía de su amiga junto a Quinn, que ya posaba con su mejor sonrisa. Gesto que volvía a repetirse tras la petición de una nueva instantánea, esta vez con la otra chica.

—Gracias Quinn, eres la mejor.

—Gracias a vosotras. Es agradable sentir el cariño así.

—Te seguimos desde Streets of town—explicó una de ellas.

—Vaya, pues no sabéis lo contenta que me pone eso—respondía con una enorme sonrisa—Gracias de veras ¿Sois de Nueva York?

—No, somos de Chicago, pero estamos aquí de viaje con unos amigos.

—Ah pues que bien. Espero que disfrutéis de la ciudad—Quinn volvía a mostrarse con simpatía y con algo más de tranquilidad.

—Habíamos leído que estabas aquí y estábamos como locas por poder verte en persona.

—Sí. No, nos lo creíamos cuando te hemos visto en el parque. No sabíamos si de verdad eras tú o lo estábamos soñando.

—¿En el parque? —cuestionó un tanto confusa.

—Sí, te hemos visto corriendo—respondía la otra con visibles muestras de nervios tras observar la imagen en la pantalla de su teléfono—, pero queríamos asegurarnos de que eras tú y bueno, sentimos mucho haberte molestado, pero no podíamos márchanos sin decirte nada.

—No, no—interrumpía Quinn—. Está todo bien. Me alegro de conoceros, pero me tenéis que disculpar, tengo que marcharme.

—Sí, si claro. Gracias por los autógrafos y por las fotos.

—De nada—volvía a sonreír al tiempo que comenzaba a alejarse, aprovechando que el semáforo ya se había puesto en verde para ella—Gracias a vosotras.

—Eres la mejor, Quinn.

—Te queremos.

—Gracias—respondía ya desde lejos y tratando de seguir con la sonrisa dibujada en su rostro. Algo complicado tras la incesante sensación de malestar que comenzó a apoderarse de ella, desde el momento en el que escuchó que la habían estado observándola correr por el parque. No había problema con aquel detalle si no fuese por su encuentro con Rachel, producido en el mismo y más aún, tras aquel beso que compartieron ajenas a donde estaban.

—Cálmate Quinn—susurró tratando de relajarse—. Seguro que esas chicas no nos han visto —quiso convencerse, aunque le resultaba complicado hacerlo cuando ya notaba como una sensación de calor se apoderaba de su cuello, y la angustia se adueñaba de su cuerpo—No, no nos han visto.