Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.


Thank you iambeagle for trusting me with your story!


Futuretake Parte 2 de 2

Luego de que todos nos arreglamos un poco, y de que Edward y yo hayamos puesto en uso la cama tamaño King, nos dirigimos a la ciudad para ver el famoso restaurante de barbacoa El Palacio Pioneertown de Pappy y Harriet.

Nos sentamos afuera, comemos demasiada comida y disfrutamos de muchas bebidas. Hay una banda en vivo que comienza a tocar alrededor de las nueve, así que Emmett sugiere que nos quedemos para el espectáculo.

La noche se vuelve más fría, pero yo me caliento más. Edward está borracho y anda muy manos largas, me jala hacia él y me besa profundamente de vez en cuando. Lo amo cuando es así. Coqueto y cursi y ebrio. Parte de mí sigue sintiéndose culpable por todo el asunto sobre Cora, pero lo dejo ir. Él ya lo olvidó y no quiero sacarlo a tema de nuevo cuando nos estamos divirtiendo tanto.

Nos quedamos más de lo planeado y bebemos más de lo que deberíamos. La nostalgia me pega con fuerza porque he extrañado a Em y Rose. En realidad, todavía no tenemos amigos cercanos como ellos en LA. Y no podemos volar tan seguido para verlos. Edward siente mi cambio de humor y me dedica una mirada mientras esperamos la cuenta. Yo sólo sacudo la cabeza, ofreciéndole una sonrisa tranquilizante y me termino mi cerveza.

Ya es cerca de la una de la mañana para cuando los cuatro salimos a trompicones del taxi y entramos al AirBnb.

—Hora del jacuzzi —anuncia Emmett. Él y Rose desaparecen en la habitación.

—¿Jacuzzi? —pregunta Edward, mirándome.

Me encojo de hombros.

—La última vez que estaba tan borracha y me metí a un jacuzzi hizo que mi resaca fuera mil veces peor.

Él lo recuerda.

—¿Estás segura que no fueron los dos shots de tequila, las cuatro cervezas y…?

—Bien, bien. Lo entiendo. Pero… ¿tal vez no al jacuzzi? Tú puedes ir si quieres.

—Estoy algo cansado.

—Bueno, espero que no estés tan cansado…

Él sólo sonríe.

Cuando Em y Rose vuelven en sus trajes de baño, les digo que nosotros nos iremos a la cama.

Pero no es totalmente cierto. Tengo otros planes en mente.

Les deseamos buenas noches y nos dirigimos a la habitación. Edward cierra la puerta a nuestras espaldas, cierra las cortinas y enciende la lámpara mientras yo me quito los zapatos. Podemos escuchar los murmullos de la conversación entre Rose y Em allá en el patio, y Edward me mira.

—Si nosotros podemos oírlos un poco, ellos probablemente puedan escucharnos, así que…

—¿Me estás advirtiendo que sea silenciosa mientras me follas?

Veo sus ojos oscurecerse solo un poco y se moja los labios.

—Sí.

—Si quieres que sea silenciosa, entonces vas a tener que ser no tan bueno… —comienzo a quitarme la ropa.

—Deja de hacerlo.

—¿Hacer qué?

—Desvestirte. Es mi trabajo —murmura.

—Pues ven aquí y hazlo —digo de forma coqueta.

Cruza la habitación y se toma su tiempo en bajarme por las piernas los shorts que ya me desabroché. Me los quito con los pies y me saca la blusa por la cabeza. Cuando estoy a punto de desabrocharme el sostén, me aparta las manos del camino, haciendo eso también por mí. Y en lugar de quitarme las bragas, se pone de rodillas y las hace a un lado.

Me muevo con anticipación, luego jadeo por el contacto de su caliente boca en mi clítoris, su rebelde cabello roza mi vientre mientras él lame y chupa.

Mis piernas comienzan a temblar y me retuerzo.

Me aparto un poco hasta que puedo acostarme en el colchón. Se queda de rodillas, luego regresa a lo que estaba haciendo, esta vez añade sus dedos a mi coño ya mojado.

—Oh, carajo —grito y tiemblo cuando me corro en su boca—. Justo así.

Me encanta que sepa exactamente qué hacer. Que conozca tan jodidamente bien mi cuerpo y que estar juntos sea tan perfecto.

Cuando termina, yo intento recuperar el aliento y me subo más a la cama. Él se desviste, luego queda suspendido sobre mí sosteniéndose con una mano y palmeándose unas cuantas veces la polla con la otra.

—Ese es mi trabajo —murmuro, reemplazando su mano con la mía, acariciándolo de arriba abajo. Él sisea un carajo y sus caderas se empujan hacia enfrente—. ¿Quieres follarme?

—Sabes que sí —dice entre dientes apretados, apoyándose sobre sus talones—. Abre más tus piernas, nena.

Y eso hago.

Se sostiene una vez más sobre mí, pero esta vez se agarra la polla y luego lentamente frota mi coño con la cabeza. Lo hace a propósito cuando intenta hacer que me retuerza. Y por mucho que me encante, lo necesito dentro de mí.

—Carajo —lloriqueo—. Fóllame.

—No sé —exhala una carcajada, entrando ligeramente en mí antes de salirse—. Me estoy divirtiendo con esto de molestarte.

—Compa.

—¿Sí?

—No es justo.

—Tú me has estado molestando todo el día. Subiendo tus piernas al tablero. Frotándote en mi polla cuando te sentaste en mi regazo esta noche. Frotándome sobre los jeans en el asiento trasero del taxi cuando Rose no estaba viendo.

Me aguanto una sonrisa. Sí. Hice esas cosas.

—Te estaba preparando para follarme, es todo —jadeo cuando la cabeza de su polla pasa de nuevo sobre mí.

Levanto un poco las caderas y él cede, entrando en mí antes de dejar caer todo su peso en mi cuerpo.

Unghh —gime con incoherencia—. Te sientes tan jodidamente bien.

te sientes así.

Nos movemos el uno contra el otro, jadeos en voz baja y gruñidos suaves. Doblo la rodilla y lo dejo entrar más profundo, y se siente tan jodidamente bien. Comienzo a ser un poco de más de ruidosa, especialmente cuando él mueve las caderas para rozar mi clítoris.

—Shh —se ríe un poco.

—No puedo evitarlo —digo sin aliento—. Tu polla se siente tan bien.

Creo que mis palabras le dan ánimos porque embiste con más rapidez y cuando mis gemidos se vuelven más altos, él me tapa la boca. Grito detrás de su mano y entre más ruidosa intento ser, más fuerte me folla.

—¿Quieres estar arriba? —pregunta, apartando la mano.

—No. Me gusta así —digo, bajando una mano por mi estómago para frotarme el clítoris.

Me mira tocarme, su mirada se desenfoca y su cara se relaja como siempre. No tarda mucho tiempo para que el calor crezca en mi vientre de nuevo y se lo advierto.

—¿Te vas a correr para mí de nuevo? —pregunta sin aliento.

Todo lo que puedo hacer es asentir tontamente y cerrar los ojos con fuerza mientras embiste en mí, cazando su propia liberación, suaves carajo y te amo caen de nuestros labios.

Se queda sobre mí mientras recuperamos el aliento, luego me besa la frente, las mejillas y la boca antes de salirse y darse la vuelta. Dejo la cama para usar el baño, luego enciendo el ventilador del techo para acostarme de nuevo en la cama. Mueve su brazo, invitándome a acurrucarme a su lado y apoyo la cabeza en su pecho.

—¿Fui muy ruidosa?

—Me gustó. —Puedo escuchar la sonrisa en su voz.

—Por supuesto que sí —digo, subiendo una pierna sobre su cintura—. ¿Adivina qué?

—¿Qué?

—Ya pasa de media noche. —Alzo la cabeza para besarlo—. Feliz cumpleaños, cielo.

Sus manos pasean por mi cuerpo, bajan hacia mi culo y me acercan todavía más a él. Profundizo el beso, empujando mis caderas contra las suyas hasta que está gimiendo de nuevo en mi boca.

—¿Otra vez, mujer?

—No. —Me rio de su cansada expresión—. Oye.

—¿Sí?

—Lamento haber trabajado hoy.

—Está bien.

No lo está, pero me alegra que pudimos dejarlo atrás y no permitir que arruinara el día, como lo hubiéramos hecho en el pasado, antes de comenzar la terapia.

Frota mi brazo de arriba abajo con su mano.

—Sé que te pagan extra por ese tiempo, pero si lo que quieres es dinero entonces mejor yo te pago para que pases tiempo conmigo en lugar de que estés trabajando.

Me rio con demasiada fuerza, tapando su impertinente sonrisa con mi mano.

—Cállate. —Aparto la mano y lo beso—. Aprenderé a ser mejor para decir que no. ¿Te divertiste esta noche?

—Sí. Siempre me divierto contigo.

Beso su barbudo mentón.

—¿Para qué llamó tu mamá hace rato? ¿Para desearte un feliz cumpleaños? —Justo después de comer su celular sonó y se apartó de la mesa por unos minutos.

—Sí. Pero la señal fallaba mucho. Por cierto, pidió que te dijera hola. Igual que mi papá.

Hola. —Sonrío—. Los extraño.

—Yo también. Detesto que ya ha pasado casi un año desde la última vez que estuvimos en casa.

—Deberíamos visitarlos pronto. Sé que también Charlie nos extraña.

No mencionamos a Renee. Más que nada porque no hay mucho que decir. No he sabido de ella en más de un año. Es el periodo más largo que hemos pasado sin saber dónde está o con quién está. A veces me pone triste. Otras veces siento enojo. Pero al final de cuentas, sé que esto depende de ella, no de mí.

Mis dedos recorren un camino de arriba abajo por su estómago, haciéndolo estremecerse bajo mi toque.

—¿Has pensado en mudarte de regreso a Seattle? —pregunta, moviéndose un poco para verme.

—O sea… ¿sola? ¿O contigo?

Se ríe entre dientes, dándose cuenta de cómo sonó eso.

—¿Has pensado en mudarnos de regreso a Seattle? —se corrige.

—Sí, cuando recién me mudé a LA. Quería que regresáramos a Seattle. Sólo porque era incómodo. Desconocido. Pero… ¿ahora? Me quedaría. Me gusta LA.

—A mí también.

—O sea… ¿estarías de acuerdo si nunca regresamos a Seattle?

—Estaría bien con eso —acepta—. Pero mi mamá no estaría muy emocionada. Especialmente cuando tengamos un hijo.

—¿Cuando tengamos un hijo? —repito sonriendo—. Por cierto, ¿cuándo será eso?

—Cuando tú quieras.

—No estamos casados. —No sé por qué lo dije, porque eso no importa para mí. Tendría un bebé con él sin anillo o un pedazo de papel que nos diga que estamos legalmente juntos.

—No tienes que estar casada para tener un bebé —dice simplemente.

—Lo sé. —Hago una pausa, pensando. Claro, él y yo hemos hablado sobre bebés, pero fue sólo recientemente en mis propias sesiones de terapia donde ha salido el tema de niños y qué tipo de mamá sería yo—. Es que a veces…

—¿Qué? ¿Cambiaste de parecer o algo así? —pregunta tentativamente.

—No. —Niego con la cabeza, luego muevo mi cuerpo para que mi barbilla quede apoyada en su pecho—. Nada así. Pero… ¿no te preocupa?

—¿Qué, tener un bebé? Por supuesto que me preocupa. No espero que sea fácil, pero quiero hacerlo contigo.

—Pues hacerlo es definitivamente el primer paso para hacer que salga un bebé —bromeo ligeramente antes de ponerme seria, y aparto mi mirada de la suya—. Me refería a que…

—¿Qué?

—¿No temes que sea una mamá de mierda? ¿Igual a Renee? —Porque yo estoy preocupada por eso. Me persigue. Y sé que no abandonaría a nuestro bebé ni nada así de dramático, pero hay una multitud de distintas formas en que podría joderlo, y la idea de verdad me aterra.

Se queda callado y miro sus ojos con reticencia.

—Nena, no —susurra—. No serías una mamá de mierda. En absoluto.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de que no joderé a nuestro bebé?

—Porque te conozco. Conozco tu corazón —murmura, sus palabras son tan tiernas y amorosas como su mirada—. ¿Y quién dice que yo no joderé a nuestro bebé?

Me rio un poco.

—No lo harías. Eres perfecto. Tu familia es perfecta.

Me mira. Detesta cuando digo mierdas como esas.

—No somos perfectos. Para nada.

Sí lo son, pero no pelearé con él por eso.

—Sólo tengo miedo de joderlo todo y causarle un daño irreparable a nuestro bebé, y que luego termine resintiéndome toda su vida de la misma forma en que yo… —me detengo de decir por la misma forma en que yo resiento a Renee, porque se siente como si todo por lo que he estado trabajando fuera por nada. Necesito soltar esas mierdas, pero ha sido difícil. Unos días es más fácil que otros—. Ugh. —Me tapo la cara—. Lo siento. Esta es la última cosa de la que deberíamos estar hablando mientras estamos ebrios. Y en tu cumpleaños, para variar.

—Bella… —me aparta la mano de la cara—. Quiero hablar de esto.

Mi asentimiento es leve, y suspiro.

—He tenido que esforzarme jodidamente mucho para dejar atrás algunas de las cosas que han pasado con Renee. E incluso entonces hay muchas cosas que todavía ni siquiera he tocado —le digo con honestidad—. Nunca me perdonaría si hago que nuestro bebé pase por tan siquiera una pizca de la inseguridad y el caos con los que tuve que lidiar al crecer.

—No lo harías. No lo haríamos —me asegura, rozando mi mejilla—. ¿Pero por qué no me has dicho nada de esto antes?

—Porque no quería decírtelo en voz alta. No quiero poner los mismos pensamientos en tu cabeza.

—Puedes decirme lo que sea, nena. Nada de lo que digas cambiará lo que siento o pienso de ti. ¿De acuerdo?

—Lo sé.

—Y entiendo por qué estás asustada. Entiendo de dónde vienen tus pensamientos, pero… ¿Bella? —toma mi cara en sus manos, mirándome directo a los ojos—. No eres Renee. Ni de cerca. Tú eres compasiva, amorosa, empática, y serás la mejor mamá de todo el jodido mundo.

Mi corazón se hincha con emoción.

—No tienes que decirlo.

—Sí tengo que hacerlo.

—Gracias.

—No tienes que agradecerme. Todo es verdad.

Nos besamos por un momento, labios sobre labios hasta que él separa su boca y lo profundiza.

—Te amo —murmura con su boca todavía en la mía—. Jodidamente tanto.

—También te amo. —Me acurruco con él, apoyando la cabeza en su pecho y pasando un brazo sobre su estómago—. Supongo que, si tus padres son una guía de cómo criar hijos, Renee es una de cómo no hacerlo.

—Es una forma de verlo. —Resopla una carcajada—. Nada de seguirse preocupando por todo eso, ¿de acuerdo? Estaremos bien. Más que bien.

—De acuerdo. —Suspiro profundamente—. ¿Sabes que no va a estar bien?

—¿Qué?

—La caminata de mañana. Tal vez no deberíamos ir.

—Nah. Sí hay que ir. Esa era la única cosa que yo quería hacer este fin de semana por mi cumpleaños.

—¿O podemos quedarnos en cama todo el día y tener sexo de resaca?

—Bien, la caminata era la segunda cosa que quería hacer este fin de semana —se corrige con una carcajada—. Sexo de resaca, luego la caminata.

—Eres un hombre cruel, pero está bien.

—Me amas. Y te vas a sentir feliz por haber ido.

Edward se queda dormido primero, como siempre, y yo me quedo en sus brazos, recordando nuestra conversación sobre bebés y ser padres y todas las cosas que todavía están por venir. Eventualmente cierro los ojos, sintiéndome llena de esperanza y sentimental de la mejor manera, luego me quedo dormida.

XXX

—¿Qué están haciendo? —le pregunto a Rose y Em cuando los encuentro acostados en el sofá, todavía con aspecto decaído—. ¿No irán de senderismo con nosotros?

Hemos estado flojeando todo el día, esperando hasta que se haga de tarde para ir a la caminata cuando ya no esté tan caliente afuera. La única otra opción era muy temprano en la mañana y no había forma en que pudiéramos levantarnos al amanecer.

Sigo esperando que Rose y Em se compongan ya, pero claramente siguen teniendo problemas.

—Creo que pasaremos —grazna Rose—. Bebimos demasiado y nos quedamos mucho tiempo en el jacuzzi. Estar en el sol no será una buena idea para mí.

—Ni para mí —añade Emmett, abriendo una cerveza.

—Um. ¿Es buena idea eso?

—No sólo es buena idea, es necesario —dice—. Necesito mantener este tren en movimiento, sino se estrellará.

—Entonces échate una cerveza y vámonos.

Em le da un largo trago.

—No puedo hacerlo.

Sacudo la cabeza.

—Aguántense, perras. Es la caminata por el cumpleaños de Edward.

—Está bien así —dice Edward, pasando junto a mí para ir a la cocina a llenar su botella de agua—. En serio. Prefiero que nos esperen aquí a que vomiten en el sendero.

Asqueroso, pero tiene sentido.

—Bien. ¿Dónde está la mochila? —pregunto.

—¿Por qué?

Lo miro divertida.

—¿Porque quiero guardar mi bloqueador y mi botella de agua?

—Yo lo hago. —Me quita las mierdas de la mano y desaparece en la habitación, reapareciendo luego con los zapatos puestos y la mochila asegurada en su espalda—. Vámonos.

Es un viaje de media hora hacia donde haremos el senderismo. Edward está algo callado, lo que está bien. Pero fue algo cortante conmigo esta mañana y siento que tiene algo en la mente.

—¿Estás bien?

Golpetea el volante con sus dedos.

—Sí.

—¿Sigues enojado conmigo por todo este asunto del trabajo?

Aparta los ojos de la carretera por un segundo para verme.

—Bella, no.

—Cara me envió un mensaje esta mañana y me pidió que le enviara las fotos editadas, las cuales no he editado. Así que le dije que no y que se las puedo enviar el lunes.

—Muy bien —dice, su tono un poco más afilado—. ¿Se enojó?

—No creo que estuviera feliz, pero al carajo.

Toma mi mano y se la lleva a la boca, dejando un dulce beso en mi palma.

—Gracias.

—Te amo. Es que… a veces me quedo atrapada en todo esto.

—Lo sé.

—Me gusta sentirme necesitada y me gusta saber que soy buena en mi trabajo, y es que…sí.

Yo te necesito —dice simplemente y aprieto su mano, diciéndole que yo también lo necesito antes de quedar en un cómodo silencio.

XXX

El sol sigue calentando mucho más tarde ese día, pero la caminata hacia la cima es de tan sólo una milla y media, así que estamos determinados a lograrlo. Está más inclinado de lo que creímos y el sendero es rocoso, así que me resbalo unas cuantas veces. Edward permanece detrás de mí por si me caigo de nuevo, lo que no sucede porque la siguiente vez que me resbalo él me agarra de la cintura para estabilizarme.

Finalmente llegamos a la cima, sudorosos y llenos de polvo. Me tomo la mitad de mi agua, luego se la entrego.

—Carajo, es hermoso aquí —jadeo, limpiándome la frente.

—De verdad que sí.

—Pero maldición no tengo condición.

Se ríe.

—Sí tienes. También fue difícil para mí con la subida.

Miramos la vista panorámica de formaciones rocosas y desierto de grava. Árboles Joshua y cactus rodean la cima, así que tenemos que tener cuidado con dónde pisamos. El cielo es tan azul, libre de toda nube. Tomo unas cuantas selfies de nosotros dos – sonriendo, besándonos, riendo. Son nauseabundamente lindas, pero no planeo publicarlas en ningún lugar. Son sólo para nosotros.

Nos sentamos durante un rato sin importarnos que nuestros traseros quedarán cubiertos de tierra y compartimos unos bocadillos. Es una caminata muy popular, así que no somos los únicos pasando el rato en la cima. Comento que Rose y Em de verdad se lo perdieron, pero Edward no se muestra de acuerdo ni en desacuerdo.

Cuando estamos listos para bajar, Edward se para y me ayuda a pararme. Una vez de pie me limpio la tierra del culo y Edward, siendo el caballero que es, también me ayuda.

Me río, delatándolo.

—Qué servicial.

Sonríe.

—Hago lo que puedo.

Comienzo a avanzar, pero Edward sacude la cabeza.

—Espera, necesitas más bloqueador.

Me toco las mejillas; sí se sienten un poco irritadas. Él rebusca en la mochila mientras yo me veo los brazos y hombros para revisar sí también se quemaron. Y por supuesto que sí se quemaron.

Cuando me giro hacia Edward lo encuentro en una rodilla.

No me resulta extraño, no al principio. No hasta que mis ojos caen en el anillo de diamante en su mano.

Mi corazón se detiene y me tapo la boca sorprendida de verdad.

—Bella —comienza, su cara se ve más sincera de lo que lo he visto jamás.

—¿Sí? —pregunto en voz baja desde detrás de mi mano. Mi estómago revolotea con los mejores nervios de todos porque me está proponiendo matrimonio. A mí. Edward me quiere de por vida, y esa comprensión me abruma y hace que mi mirada se vuelva borrosa por las lágrimas.

Él vacila, nervioso.

—¿Recuerdas cuando te dije que eras la indicada para mí?

—Lo recuerdo —respondo, mi voz tiembla a la vez que dejo caer la mano.

—He sentido eso desde hace mucho tiempo.

—Tú también eres el indicado para mí. —Me limpio bajo los ojos, atrapando unas cuantas lágrimas antes de que caigan en mis mejillas.

—Si soy honesto, me he sentido así desde el día en que nos conocimos.

—Pero fui una perra contigo —me rio a través de mis lágrimas.

—No —se ríe conmigo—, no lo fuiste.

Puedo ver unas cuantas personas mirándonos en mi periferia, pero no me concentro en ellos porque Edward está sobre una rodilla y todo a mí alrededor se difumina con el trasfondo. Todo lo demás desvanece cuando él está cerca. Él tiene toda mi atención y mi corazón por completo. Lo tiene todo.

—Nunca antes me he sentido tan en serio sobre nada o nadie en toda mi vida —murmura, tomando mi mano izquierda—. Sé que hemos pasado por mucho para llegar a este punto, pero ha valido toda la jodida pena.

—Yo también lo pienso —murmuro, sollozando—. Mierda. Lo siento. ¿Se supongo que debo dejarte hablar o…?

Edward se ríe junto con las pocas personas que nos están viendo.

—Está bien —me promete—. Me gusta escuchar lo que tienes que decir porque me permite saber que lo siguiente que saldrá de tu boca será la respuesta que he querido escuchar. —Traga, su mirada se ve llena de determinación y nerviosa al mismo tiempo—. Te he amado desde hace tanto tiempo y has sido mi mejor amiga incluso desde hace más. Sólo quiero pasar el resto de mi vida contigo. Cásate conmigo, Bella.

Exhalo un incoherente , sonriendo a través de las lágrimas más felices que he llorado jamás.

—¿Sí? —pregunta.

Asiento frenéticamente, acuno su cara al inclinarme para besarlo.

—Sí —murmuro sobre sus labios—. Carajo, sí.

Todavía en una rodilla su mano tiembla un poco mientras pone el anillo en mi dedo, soltando un suspiro de alivio al ver que sí me queda.

—Mierda —exhalo, mirando el sencillo diamante brillando en la banda de oro—. Es hermoso.

Se para y me lleva a sus brazos, así que mis piernas se enganchan en su cintura. Escuchamos unos aplausos a nuestro alrededor, pero no aparto mis ojos de los de Edward.

—Vas a ser mi esposa —susurra asombrado y me derrito al escuchar la palabra salir de sus labios.

Apoyo mi frente en la suya, luego lo beso con todas mis fuerzas. Hemos pasado por jodidamente tanto – tantos recuerdos maravillosamente confusos llenan mi mente – y todo nos llevó a este momento exacto. Él se ha quedado conmigo. Ha sido paciente, amoroso y tan jodidamente comprensivo. Lo amo, me importa tanto y no puedo esperar para seguir con nuestras vidas juntos.

—Estaba muy nervioso —me dice cuando vamos caminando de regreso al auto. Está sosteniendo mi mano izquierda y de vez en cuando bajo la vista sólo para mirar el anillo.

—Pero sabías que diría que sí.

—Lo sé, pero… no importa. Es un momento importante. No quería joderlo.

—¿Es por eso que has estado tan callado hoy?

—Sí.

Le sonrío con simpatía.

—¿Em y Rose lo saben?

Sonríe.

—Sí. En realidad, no iban a acompañarnos en la caminata. El plan era proponerte matrimonio a solas.

—¿Entonces fingieron tener resaca?

—No, esa parte fue real —dice y nos reímos.

—¿Lo saben nuestros padres?

—Saben que compré un anillo. Pero no les dije cuándo lo haría.

—¿Lo sabe Charlie?

—Lo llamé la semana pasada.

—¿Le pediste mi mano a mi papá? —pregunto. Es tan anticuado, pero lo encuentro jodidamente adorable.

—Tiene pistolas. No soy estúpido. —Resopla una risa nerviosa—. Dijo que no necesitaba su bendición, pero apreciaba que le dijera.

—Charlie te quiere.

—Mi familia también te quiere. Prepárate, estoy muy seguro que en cuanto llamemos a mis padres para decirles, mamá enviará esa hoja de cálculo para la boda.

—Estoy lista —me rio, mirando de nuevo el anillo—. Pero me acabo de dar cuenta que tú me diste a mí un regalo en tu propio cumpleaños.

Niega con la cabeza.

—O sea, yo también saqué algo de esto —dice con honestidad—. Te tendré a ti para toda la vida.

Me detengo en el sendero, mirándolo y sintiéndome abrumada con lo jodidamente afortunada que soy por tenerlo. Por la forma en que me mira sé sin duda alguna que él se siente igual. Me paro de puntillas y dejo un dulce beso en su boca

No puedo esperar para darle todo lo que siempre hemos querido.

No puedo esperar para tenerlo todo con él.

Lo bueno, lo malo y todo lo que hay en medio.