Palabra: grito.
Izuku
I am not afraid to keep on living
I am not afraid to walk this world alone
Honey, if you stay
I'll be forgiven
Nothing you can say can stop me going home
Famous Last Words, My Chemical Romance
La magia de los nigromantes es uno de los misterios más grandes de la tierra conocida. Quizá, a la par del paradero de los dragones —aunque Izuku sabe que están más allá, al este de los picos de Yuei, donde nadie pueda alcanzarlos—. Pero la nigromancia es aún más rara. No cualquiera puede practicarla. No. Casi nadie puede. Uno tiene que nacer con el toque de la vida y con el toque de la muerte y los individuos que lo hacen suelen ser considerados malditos. Izuku conoce las historias. Controlar su poder es una de las cosas más difíciles que existen. Todo lo que tocan —y está vivo— puede morir si no tienen cuidado. El toque de la muerte está al alcance de sus dedos, en cualquier momento. En cambio, el de la vida es más complicado. Ese les desgarra el alma cada vez porque tienen que aventurarse en lo desconocido para jalar un alma de vuelta al mundo conocido.
A la mayoría los matan incluso antes de saber que son nigromantes, pero a veces, sólo a veces, alguno sobrevive. Como Shigaraki, que no necesita cadenas para mantenerlo sin moverse o acercarlo a su desgracia.
«No quiero perder el poder del báculo», piensa, pero no puede hacer nada, porque los dedos de Shigaraki están en su cuello. No puede verle la cara, pero escuchó su voz cuando dijo «con estos dedos maté a toda mi familia», sin ningún detalle más. Lo acercó a la hoguera y a Izuku sólo le quedó quedarse allí, sin moverse.
«Que Kacchan vuelva pronto».
Ya había considerado que intentarían acelerar el ritual cuando descubrieran el escape. En eso no se había equivocado. Shigaraki se había enfurecido y ahora Izuku tenía una marca debajo de una de las patillas de su cabello, allí donde el nigromante había tocado con sólo una prueba de lo que era el toque de la muerte. Había ardido y olido a putrefacto e Izuku había gritado, pero no había rogado por él.
Había aprendido eso de Kacchan.
De su mirada tan frustrada cada que Izuku se hacía pequeñito frente a él y decía: «por favor, Kacchan», implorando por una piedad que no existía. Fueron tiempos anteriores, pero a veces todavía duelen.
Una vez, Kacchan bufó y dijo una frase que se le clavó en las venas.
«No ruegues. Intentas que salga a pasear la lástima y la odio».
«Intentas».
Nunca había salido. A pesar de todo, Kacchan nunca le había tenido lástima. Odio, desagrado, eso sí. E Izuku había peleado contra eso con uñas y dientes. ¿Pero lástima? Eso nunca había existido entre ellos. Para Kacchan era el mayor insulto. Para Izuku existían cosas peores, pero nunca, jamás, se había atrevido a sentir lástima de Kacchan. Ni siquiera cuando lo derrotó.
Así que no ruega.
Si va a perder el báculo, lo va a perder con fuego en sus ojos.
—Ya está todo listo —dice Shigaraki, cerca de su oreja. No le suelta el cuello en ningún momento—. Nadie vendrá a rescatarte.
Izuku se esfuerza en no temblar. En mantener la vista fija en el suelo. No hay tiempo para lágrimas, piensa con todas sus fuerzas. No hay nadie que se las quite a besos, ni que lo abrace mientras llora. Allí no tienen sentido. Y aun así sus ojos se llenan de ellas.
Toga, la bruja, aparece con el báculo.
Izuku tiene la tentación de intentar alcanzarlo, pero los dedos de Shigaraki le recuerdan que no puede. Si se mueve, todo acabó. El toque de la muerte de los nigromantes es una de las magias más letales y poderosas que existen. Nunca son reconocidos por ello. La gente los busca para intentar traer de vuelta a otros, pero muy pocos nigromantes acceden a hacerlo. Con las almas no se juega. Además, si alguien pasa mucho tiempo desgarrándose el alma, invocando al toque de la vida, acaba perdiéndose a sí mismo.
Toga se acerca.
Extiende el báculo.
Y entonces se desata el infierno.
Izuku no entiende qué ocurre, pero ve a Kacchan impulsarse hasta la hoguera y, una vez encima de ella, soltar una explosión tan grande que todo se hunde en caos. No entiende que ocurre porque Shigaraki se tira al piso con él, los dedos aun fijos en su cuello. Intenta quitárselo de encima, pero no puede y ruedan entre el fuego y la tierra.
Hay ruido de espadas chocando.
«Aizawa», piensa Izuku, «Yamada».
El bardo es sorprendentemente hábil con las armas. Izuku una vez preguntó por qué. Yamada se rio y señaló a su compañero. «Es lo que aprendes yendo de un lado a otro detrás de él».
Oye un maullido tan agudo, del tipo de ruidos que destrozan los tímpanos de aquel que está cerca.
«Shinsou», se dice.
Todo el mundo está allí.
Y oye las explosiones de Kacchan, pero no puede ver lo que ocurre hasta que consigue alzar la vista y lo ve ir tras la bruja con una expresión maniática. Ella ni siquiera tiene tiempo de hacerle frente a un Kacchan enfurecido y un poco ciego de rabia. Es apenas un segundo.
Toga tiene el báculo en sus manos.
Luego el mundo explota a su alrededor y queda inconsciente en el suelo. No se mueve e Izuku no sabe si sigue viva. Sigue intentando soltarse de Shigaraki, pero no puede y eso lo frustra.
Kacchan le arrebata el báculo a jalones al cuerpo de la bruja inconsciente al tiempo de su otra mano avienta hacia atrás con una explosión al tipo del sombrero y la máscara. Izuku no lo ve caer porque en vez de eso Shigaraki consigue ponerse en pie y él intenta usar su pie para hacerlo volver a perder el equilibro. No llega tan lejos; Shigaraki le agarra un brazo y lo jala hacia arriba e Izuku no puede hacer nada porque tres dedos del nigromante están sobre su piel. Los cinco y puede activar su maldita magia.
—No te muevas —espeta e Izuku se queda inmóvil un momento, sólo para no provocarlo, mientras piensa en una estrategia.
Kacchan se deshace de otro atacante y entonces se dirige a ellos. Tiene el báculo en la mano, pero la piedra verde de la punta no se enciende para él.
—¡Suéltalo! —le grita a Shigaraki, cuando está más cerca.
Shigaraki tiene el descaro de reírse.
La furia aparece en el rostro de Kacchan. Sus ojos rojos arden, llenos de enojo. Izuku sabe que sólo duda en acercarse más porque el nigromante lo tiene agarrado. Necesitan una estrategia.
—Entrega el báculo o lo mato —responde Shigaraki.
Es el turno de Kacchan de reírse. Fuerte, con una carcajada burlona.
—Yo no voy a caer por eso —espeta. Levanta un poco el báculo y lo usa para señalar a Izuku—. Y él tampoco.
Entonces, lanza el báculo al aire.
—¡Atrápalo, idiota!
Shigaraki suelta a Izuku porque también quiere atraparlo. Es sólo un momento, pero Izuku lo usa a su favor para alejarse un poco de un salto. Después se impulsa con las rodillas y da un salto aún más alto, intentando alcanzar el báculo antes de que Shigaraki pueda hacerlo. Su mano es la primera que lo agarra y entonces la piedra verde brilla.
Izuku lo activa en el momento en que sus dedos lo tocan. El báculo empieza a absorber la magia del ambiente y él redirige el rayo de energía que sale del báculo un momento después hacia Shigaraki. Ya sabe manejarlo mucho mejor. Regular la manera en que el báculo se alimenta de la magia a su alrededor y la manera en que la libera.
Shigaraki parece furioso.
Izuku no se detiene a pensar antes de atacar de nuevo, con Kacchan a su lado que apunta ambas manos hacia Shigaraki.
—¡MUERE!
Sus movimientos no están coordinados a la perfección, pero no importa demasiado. Saben lo que hacen.
Izuku intenta atacar de nuevo y entonces, Shigaraki, en vez de concentrarse en ellos, hace otro movimiento. Entierra su mano en la tierra fresca del suelo. Izuku tarda en comprender lo que está ocurriendo; no es hasta que la putrefacción de la muerte inunda el ambiente que comprende. La tierra se tambalea bajo sus pies. Todo se muere. Todo lo que está vivo en la tierra. Así el báculo no puede alimentarse de nada.
Kacchan lo entiende primero y lo agarra por la cintura antes de usar una explosión para saltar en otra dirección a dónde Izuku pueda usar su magia. Apenas si alcanza a agarrase del cuello de Kacchan cuando se levanta en el aire. No está acostumbrado a los saltos del otro, que usa las mismas explosiones para impulsarse. Lo ha visto acercarse a las copas de árboles no tan pequeños sólo así.
Aterrizan a metros de Shigaraki, que va siguiéndolos.
—¡Recarga esa cosa, idiota! —grita Katsuki.
Izuku asiente y eso es lo que hace. El báculo necesita tener magia antes de que el toque de la muerte de Shigaraki arrase con todo.
Katsuki todavía corre unos metros.
—¡Princesa! ¡¿Dónde carajos estabas?! —lo oye decir Izuku.
Shigaraki está justo detrás de ellos.
—¡Cúbrenos! ¡Shigaraki viene detrás! —grita Izuku. No puede ver a Shouto con claridad, pero sabe que está allí.
Una barrera de hielo se alza para cubrirlos.
—¡Kacchan! —grita Izuku—. ¡Necesito impulso!
Así que Kacchan vuelve a agarrarlo por la cintura con una mano y a usar una explosión de la otra para elevarse en el aire. El báculo alcanza la orilla de la barrera. E Izuku deja salir toda la magia. Intenta controlarla, pero sale de golpe, toda, sin avisar. Empiezan a dolerle los dedos de la mano que aún no está herida o llena de cicatrices.
«No, ahora no», piensa. «¡Necesito más fuerza!».
Shigaraki hace explotar la barrera de hielo en todas direcciones cuando la toca. Izuku apenas alcanza a cubrirse el rostro y no está seguro de si Kacchan o Shouto tiene heridas. No puede verlos, está apenas un paso por delante. Una mano —la de Kacchan— todavía le rodea la cintura y un brazo —el de Shouto— se apoya en su hombro.
El príncipe alza la mano e intenta conjurar otra barrera de hielo. Dan un par de pasos hacia atrás hasta que chocan contra un árbol. El hielo siempre desaparece tan pronto como Shigaraki lo toca.
—¡Carajo, princesa! ¡¿Para qué quieres el fuego si no vas a regular tu temperatura?! —Una explosión—. ¡Estás lleno de escarcha! —Otra explosión—. ¡CARAJO! ¡¿POR QUÉ NO SE MUERE?!
—Están demasiado cerca —dice Shouto. Otra barrera. Pero Izuku empieza a darse cuenta de lo débil que está por la forma en la que respira.
—¡Izuku! —grita Kacchan—. ¡Cúbreme!
Al voltear, lo ve agachado, listo para lanzarse contra Shigaraki. En dos segundos, todo pasa por su mente. Primero, que Kacchan no es indispensable para Shigaraki. Él sí lo es porque lo necesitan para el maldito ritual para quitarle el báculo.
—¡Kacchan, no puedes…!
—¡CÚBREME! —grita Katsuki.
—¡PUEDE TOCARTE!
—¡NO LO HARÁ! ¡Voy a distraerlo!
«No lo sabes, Kacchan». Shigaraki sigue drenando al ambiente y ya no está muy lejos de ellos porque Shouto no lo puede detener demasiado. Sólo lo frena.
—¡Shouto necesita un descanso! —insiste Kacchan—. ¡TÚ PUEDES CUBRIRME!
Izuku se desespera. Los gritos no lo dejan pensar, ni siquiera aunque su mente usualmente vaya tan rápido.
—¡Yo hago las reglas! —grita—. ¡¿Recuerdas?! ¡Yo hago las reglas! ¡Y no puedes morir! ¡¿Me oíste?! —Parpadea para alejar las lágrimas de sus ojos. Lo hace de manera furiosa. Necesita tener la vista clara si quiere cubrir a Kacchan.
—Bien, idiota. Cúbreme.
Sospecha que sonríe por el tono que tiene su voz, pero no lo ve. Kacchan se impulsa con una explosión y se alza en el aire. Izuku se adelanta un momento hacia Shigaraki.
—Dame una ventana de ataque —le pide a Shouto—. Cuando te diga.
Kacchan se eleva lo más que puede y Shigaraki no puede alcanzarlo. Aterriza detrás de él.
—¡AHORA!
El hielo se detiene e Izuku lanza el ataque del báculo hacia Shigaraki. Kacchan dirige dos explosiones hacia él.
—¡MUERE! ¡MALDITA SEA, MUERE!
Izuku siente como, detrás de él, Shouto usa su fuego para regular su temperatura. Shigaraki, por primera vez, parece no poder contra ambos ataques. Izuku tiene una idea.
—¡Shouto, atácalo! ¡Con los dos elementos a la vez! ¡No podemos dejar que se mueva!
El príncipe le hace caso. Shigaraki intenta dirigirse hasta Kacchan, pero Shouto lo mantiene ocupado. Izuku intenta concentrar todo su poder en el báculo. Recuerda las palabras de Yagi Toshinori, la primera vez que puso una mano sobre la reliquia que ahora es suya y tiene en las manos.
«No estarás solo».
Shouto y Kacchan están a su lado. Y tiene el Báculo de Yagi Toshinori. No es cualquier cosa.
No, no el Báculo de Yagi Toshinori.
Es de Izuku Midoriya.
No sabe todavía todas las cosas que puede hacer con él, pero se concentra. Shigaraki es un nigromante y no puede morir con facilidad. Izuku necesita una alternativa.
Junta toda la magia a su alrededor, toda la que puede encontrar. Lo siente ir tras la magia de Shouto y Kacchan, ambos lo dejan aprovechar su magia, ayudarse de ella, usarla de apoyo. Grita cuando dispara. Sus brazos duelen, ambos. Apenas si puede controlar el báculo, pero se esfuerza por hacerlo lo mejor que puede. La piel le arde y está seguro de que se está forzando demasiado, pero cuando ve la piel de Shigaraki empezar a ponerse grisácea, sabe que lo ha logrado y que el báculo está haciendo lo que él quiere.
Jala más magia. Le implora al báculo que lo deje. Kacchan y Shouto no dejan de atacar, no dejan de prestarle su magia.
No está solo, se repite, como un mantra.
No está solo.
Es el héroe que vendrá y Shouto y Kacchan están a su lado.
Shigaraki, poco a poco, se convierte en piedra. Izuku está seguro de que nada que no sea un hechizo que pueda rivalizar con la magia del báculo podrá liberarlo. Cuando el mundo se funde el silencio porque ya no puede oír las explosiones de Kacchan y Shouto respira pesadamente detrás de él, Izuku da un par de pasos para adelante y se desploma.
No puede más.
El brazo que ahora no estaba herido ahora tiene una preocupante tonalidad morada. Ve a Kacchan prácticamente arrastrarse hasta él. Shouto se arrodilla a su lado.
—Idiota —dice Kacchan—. Idiota. Ahora cómo le voy a explicar a Uraraka que te destrozaste ambos brazos.
Izuku sonríe.
—Ochako va a matarnos. —Se le cierran los ojos. Lucha por mantenerlos abiertos—. Gracias —murmura. Alza una mano y no sabe si busca la mano de Kacchan o la de Shouto, pero ambas lo agarran y aprietan e Izuku sólo sonríe. Todavía aferra el báculo con la otra mano.
Qué silencio, piensa.
Lo último que escucha es la voz de Shinsou.
—¡Ey! ¡¿Están bien?!
Y luego, antes de que todo se funda a negro, la de Shouto.
—¡Sí!
Notas de este capítulo:
1) AH, QUÉ AGRIDULCE FUE ESCRIBIR ESTE CAPÍTULO. Es el penúltimo, el último desde el punto de vista de Izuku y el que cierra el último arco. (Más o menos, faltan detalles pero pura cosa de explicar qué ocurrió con qué cosas). Izuku es un héroe que no está solo y me importaba resaltar eso especialmente, porque es el punto de toda esta maldita historia. Kacchan, Shouto e Izuku como personajes. Todo este pedo es character driven.
2) El showdown contra Shigaraki era de ambos. Also tengo mixed feelings porque JURO QUE EL TIMING ES SIN QUERER. (Si entendieron, entendieron).
Andrea Poulain
