20. Mi falta de experiencia es tan obvia como si lo llevara tatuado en la frente
—Ni de coña.
—Venga, Saku, pruébalo una vez, solo te pido eso.
—Es demasiado pronto, no puedo.
Agacho la cabeza, derrotada, y me maldigo en silencio. ¿Por qué tengo que ser tan cobarde? Tampoco me está pidiendo que haga algo inaudito. La gente lo hace continuamente; es algo básico cuando eres adolescente.
—No tiene que darte miedo. Yo te ayudaré en todo lo que pueda y me aseguraré de que te lo pases bien —me promete, y su voz desprende sinceridad.
Estoy tentada a aceptar, la idea suena prometedora y, a medida que el tiempo pasa, me siento menos intimidada, pero sigo dudando de mí misma y tengo tanto miedo que esto me impide aceptar. Soy la peor casi novia del mundo, en serio.
—Tú te lo pasarás bien, seguro; yo no puedo decir lo mismo.
Itachi suspira porque sabe que estoy intentando buscar pelea. Maldito sexto sentido, ¿por qué no puede ser tan insensible como el resto de la población masculina?
—Saku, no te insistiría si no creyera que esto nos ayudaría a los dos.
—No necesitamos ayuda, estamos bien como estamos y no necesitamos hacerlo.
—Pero si lo hace todo el mundo. No hay para tanto, no tienes por qué ponerte nerviosa. Ya te lo he dicho, yo me encargaré de que estés lo más cómoda posible.
—Pero...
Justo en ese momento, Sai asoma la cabeza entre los dos. Ni siquiera me he dado cuenta de que se ha levantado de su asiento junto a Ino, en la mesa de la comida, así que cuando nos habla soy consciente de que no estábamos prestando atención al mundo que sigue girando a nuestro alrededor. ¿Nos podría culpar alguien? Estamos discutiendo un tema muy peliagudo.
—Os dais cuenta de lo que parece esta conversación, ¿verdad?
Temari se atraganta con el refresco y Ino intenta aguantarse la risa, pero en vano. Cuando por fin entiendo lo que quiere decir, todo el mundo ha dejado ya de fingir que no acabo de hacer el ridículo más espantoso de toda mi vida. Me pongo colorada como un tomate y fulmino a Itachi, que, como siempre, parece estar disfrutando con mi humillación. Espera a que todos se calmen y me da un empujoncito con el hombro.
—Quiero que sepas que he disfrutado mucho con la conversación.
Me vuelvo a poner, aunque esta vez no es de vergüenza.
La posibilidad de que algo así pase entre nosotros es ridícula, teniendo en cuenta que ni siquiera nos hemos besado. Llevamos «juntos» casi tres semanas, ¿a qué está esperando? ¿Es que no le apetece tanto como a mí que nos besemos?
—Entonces qué, ¿cuál es el veredicto? ¿Vamos o no? —pregunta Sai, y yo respondo sin demasiado convencimiento.
—¡Tenemos que ir! —Ino se pone del lado de su novio, la muy traidora, pero cuando se da cuenta de la mirada asesina que le acabo de echar intenta defenderse—. Piénsalo, Sakura. La gente solo habla de vosotros dos. Si vais juntos a la fiesta como pareja, todos dejarán de hacer cábalas. ¿No decías que estabas harta de tanta atención?
Lo último, por desgracia, es verdad. Volver a clase después de las vacaciones de Navidad ha sido una tortura, y me quedo corta. La fábrica de chismes estaba cargadita de historias de Itachi y de mí. Que fueran ciertas era lo de menos porque aun así me he sentido violenta e intimidada. Por si fuera poco, Karin ha perdido su trono de la forma más cruel posible. Se ha quedado sin corona y sin novio en cuestión de semanas, lo cual la ha relegado al escalón más bajo de la pirámide.
Hemos intercambiado los papeles y no podría sentirme peor al respecto. Chicas que ni siquiera me habían mirado de pasada ahora se mueren de ganas de ser mis mejores amigas. Gente que me había ridiculizado y que había apoyado a Karin en su propósito de convertir mi vida en un infierno ahora me trata como si yo fuera el miembro largamente perdido del clan Brangelina. Itachi es la razón principal de semejante cambio. Por la forma en que nos hemos estado comportando toda la semana, es evidente que hay algo entre nosotros. No sé si es porque nos damos la mano, porque me lleva los libros o por esos besos en la frente ya no tan disimulados y que tanto me gustan, lo cierto es que todo da a entender que estamos juntos. ¿Ir a la fiesta ayudaría a que la gente entendiera lo que ha tenido delante de las narices desde el primer momento? Si la respuesta es sí y además sirve para que dejen de seguirme a todas partes, entonces quizá no sea tan mala idea.
—¿Estáis seguros de que funcionará?
Mi experiencia con las fiestas no ha sido muy buena que digamos. Solo he ido a una en todos mis años de instituto y ya sabemos cómo acabó. Itachi me pone una mano en la pierna porque es consciente de mis temores. Es el único de toda la mesa que sabe qué ocurrió exactamente. Casi puedo sentir la rabia que desprende. Si a Kakusu no lo hubieran trasladado a un instituto al otro lado del pueblo, seguramente ahora temería por su vida. O puede que no.
—Sí. En cuanto sepan que estáis juntos, os dejarán en paz. Sois como el juguete nuevo con el que están obsesionados. Si actuáis como si no fuera nada especial, seguro que pasan.
Me vuelvo hacia Temari y le dedico una mirada suplicante.
—¿Estás segura de que no quieres venir?
Me sonríe y sigue mordisqueando lentamente la patata frita que tiene entre los dedos. Otra traidora, se le nota que está encantada con la posibilidad de que vaya a la fiesta. Dicho esto, si supiera lo que pasó la última vez, sería mi guardaespaldas particular.
—Estoy convencida de que tu novio cuidará bien de ti.
No sé qué me apetece más ahora mismo, estrangularla o pegarle un puñetazo en toda la cara. Miro a Itachi de reojo y veo que está ocupado hablando con Sai, así que quizá no lo ha oído. Las chicas han sido un gran apoyo para mí en esta nueva etapa, si por apoyo entendemos a Ino hiperventilando durante más de una hora; pero no paran de pedirme que etiquete lo que somos el uno para el otro.
No quiero que Itachi se sienta presionado. Sé que le gusto, él sabe que me gusta y con eso basta, ¿no?
Itachi me acompaña a casa, aún faltan unas cuantas horas para la fiesta a la que, muy a mi pesar, he aceptado ir. Él me comprende y está siendo especialmente encantador. Creo que el motivo real por el que quiere llevarme es para que supere el miedo a las fiestas. Juré que no volvería a pisar una y eso le cabrea. No quiere que Kakusu tenga ese poder sobre mí, así que esta es la forma de devolverme las riendas de mi vida.
—Eh.
Me detiene a medio camino de la cocina pasándome un brazo alrededor de la cintura. Por suerte, mis padres raramente están en casa y Shikamaru ha empezado a quedar con sus amigos de antes, así que dejo que me atraiga hacia sí. Apoya su frente contra la mía y me da un beso en lo alto de la cabeza que me hace cerrar los ojos.
—Lo siento si te sientes obligada a hacer esto por mí. Es que... quiero que te diviertas sin tener que mirar todo el rato por encima del hombro. Me sabe fatal que lo pases mal y que yo no pueda hacer nada al respecto.
Parece tan angustiado que inmediatamente empiezo a sentirme culpable. Nunca había pensado en ello desde esa perspectiva y entiendo lo que quiere decir. Desde lo de Kakusu, me pone un poco nerviosa salir, sobre todo si es a sitios ruidosos con mucha gente. Itachi se merece algo mejor, alguien que no prefiera pasarse el fin de semana encerrada en su habitación, aunque en cuanto me lo imagino con una chica fiestera tipo Snooki, los celos asoman la cabecita. De repente, tengo miedo pero por otra razón totalmente distinta. No puedo perder a Itachi por algo así; si quiere que vaya a esa fiesta, iré por él. Prefiero pasar unas cuantas horas bebiendo cerveza caliente antes de permitir que una de sus groupies lo magree.
—No tienes que disculparte —susurro, y estamos tan cerca que el corazón me palpita—. Esta cosa que siento, esta fobia, es una tontería y tienes razón cuando dices que tengo que superarla. Quiero hacerlo contigo.
Al oír mis palabras, una sonrisa le ilumina la cara, me levanta en alto y me hace girar. Su entusiasmo es recompensa más que suficiente. Haría cualquier cosa para verlo así de contento, y una absurda fiesta de instituto tampoco parece gran cosa.
—Ya estamos otra vez con los dobles sentidos, Saku —bromea después de dejarme en el suelo, y yo le doy un golpe en el brazo.
Hombres.
Una vez en mi habitación, me permito ponerme un poco de los nervios antes de que vuelva Itachi para llevarme a la fiesta. Mientras ha estado aquí he fingido que no pasaba nada, que estaba perfectamente, y nos lo hemos pasado bien acurrucados en el sofá y viendo realities en la tele. Ahora, en cambio, juraría que tengo todos los síntomas de un ataque de nervios. Me parece increíble que haya conseguido vestirme yo sola, pero por lo visto he hecho grandes progresos para no ser una fashion victim. Ponerse un par de camisetas superpuestas y unos vaqueros ajustados es con diferencia la parte más fácil de la noche. Más fácil aún es el maquillaje porque a Itachi no le gusta que me ponga mucho.
En serio, ¿qué me pasa hoy con los dobles sentidos?
Consigo controlarme justo a tiempo y volver a poner la misma cara de pepino que he paseado durante toda la tarde. Itachi suele llamar al timbre cuando viene a buscarme. Siempre he pensado que se jacta en exceso de tener acceso directo a mi casa, pero, cuando se trata de citas oficiales, es el perfecto caballero. Respiro hondo y bajo las escaleras corriendo para no darme tiempo a pensar y acabar montando una barricada en la puerta. Todo irá bien, valdrá la pena. Me digo a mí misma que esto lo hago por Itachi, que no puedo permitir que siga sintiéndose culpable.
—¿Te he dado suficiente tiempo para que te convenzas a ti misma de que no quieres hacerlo?
Es lo primero que me pregunta Itachi cuando abro la puerta y yo me abalanzo literalmente sobre él. Siento la necesidad imperiosa de seguir con esto, de jugármela, y él es perfectamente consciente, pero admiro su capacidad para quitarle importancia.
—Ah, no, señorito, quiero seguir con esto. Vamos a ir a esa maldita fiesta y nos lo vamos a pasar en grande. Me da igual si acabo respirando en una bolsa de papel, vamos a salir como una pareja normal y a divertirnos. ¿Me has oído, Uchiha? Vamos a divertirnos.
Al final de mi discurso, exhalo con fuerza y percibo la mirada risueña de Itachi. Bien, no cree que esté loca. La noche es joven y al fin y al cabo yo soy Sakura Haruno.
—¿Pareja?
Sonríe y yo pongo los ojos en blanco.
—¿Es la única palabra con la que te has quedado?
—Es la única que me importa. La fiesta me da igual, bizcochito. Para mí es suficiente que tú estés dispuesta a salir ahí fuera. Sinceramente, pensaba que tendría que romper un par de puertas y sacarte a rastras de aquí, pero me equivocaba. Estoy muy orgulloso de ti, pequeña.
De pronto, una muestra de cariño tan poco original e inspirada como la palabra «pequeña» significa mucho más. De hecho, de todo lo que me ha dicho Itachi hasta ahora, es mi palabra favorita.
Él se ríe al ver mi cara de pasmada y me pasa un brazo alrededor de la cintura.
—Si no quieres ir, solo tienes que decirlo. Podemos salir igualmente; ir a un chino y luego al cine, pasear por el parque, nadar un poco, lo que tú quieras.
Es tan considerado conmigo que no puedo evitar que mis sentimientos hacia él se vuelvan mucho más fuertes. Se preocupa tanto por mí que lo mínimo que puedo hacer es intentar encajar en su mundo. No quiero que haya una línea divisoria entre la persona que es con el resto del mundo y el novio perfecto que es conmigo. Si sigo adelante, si salgo con sus amigos y las novias de estos, quizá podrá tener lo mejor de los dos mundos al mismo tiempo.
—No, quiero ir, de verdad. Vámonos.
La casa de Kamkuro es más un piso de soltero que otra cosa. Sus padres viajan por todo el mundo porque trabajan como presentadores y productores en un canal de televisión, así que vive solo. Esa es la historia que me cuenta Ino cuando entramos en el bloque de apartamentos de estilo minimalista. Todo son encimeras de granito y acabados en acero con detalles en negro. Esta fiesta es mucho más moderada que la otra, hay menos gente y me cuesta menos relajarme.
Quizá también influya que Itachi no se haya apartado de mi lado desde que hemos llegado. Me ha presentado a todos los chicos de su equipo y no se me han escapado las miraditas de sus amigas las animadoras. Todo el mundo parece un poco hostil, pero Ino dice que es porque están asustados. Las chicas están acostumbradas a seguir las órdenes de Karin y, ahora que ya no está, son como cachorros perdidos. Por si fuera poco, estoy saliendo con Itachi, lo cual a nivel de instituto equivale a tener contactos con la mafia.
¿Pasa algo si estoy moderadamente contenta? Esto es increíble, algunas de las chicas se han encogido literalmente de miedo y yo no he podido evitar sentirme como el Padrino. Si se me permite, mola y de qué manera.
—¿Quieres beber algo?
Observo los vasos rojos que todo el mundo sostiene en la mano y respondo que no con la cabeza. Mi última experiencia con la bebida no fue demasiado bien, así que prefiero no ponerme en evidencia delante de toda esta gente.
—No, creo que esta noche paso del alcohol.
Itachi esboza un puchero y se ríe.
—Oooh, vaya, y yo que esperaba ver a Saku la borracha.
—Sí, tengo entendido que es muy divertida —replico yo, un tanto seca, y a él le brillan los ojos de diablillo.
—Ya sabes que siento predilección por ella porque opina que soy increíblemente sexy.
Gruño entre dientes y me tapo la cara con las manos. Esto no lo olvidará jamás. ¿Por qué tuvo Sasuke que abrir la bocaza? ¡Tendré que vivir el resto de mi vida con ese peso sobre la cabeza!
—Va, venga, que estoy bromeando. No pienso volver a sacar el tema, te lo juro — dice, pero no tengo intención de creérmelo.
Da igual lo mucho que me esfuerce para intentar ocultarlo, para olvidar lo que aquella noche significa para mí. Lo más importante de todo es que esas palabras se las dije yo a Sasuke, y para Itachi significan el fin de un enamoramiento que debería haber acabado mucho antes.
—Eh, chicos.
Siento que se me tensa la espalda y el brazo de Itachi se pone rígido alrededor de mi cintura. Estamos bailando agarrados en la pista, rodeados de más parejas, y yo estoy encantada de poder disfrutar de mi pequeña burbuja con Itachi. No necesito volver a oír esa voz, sobre todo después de lo que pasó en su casa.
—Estás borracho —dice Itachi, y yo estoy demasiado asustada para darme la vuelta y enfrentarme a la persona que tengo detrás; en vez de eso, me hundo aún más en el pecho de Itachi en busca de protección.
—Y una vez más a ti se te ve muy a gusto con algo que, para empezar, no era tuyo.
Si Itachi sigue tensando el brazo alrededor de mi pecho, acabará aplastándome los pulmones. Intento zafarme pero es inútil.
—Vete, Sasuke, no es el momento.
—Qué, ¿te da miedo que te deje en evidencia delante de tu novia, que se dé cuenta de que no eres más que un perdedor?
Por favor, que esto no esté pasando. ¿Existe algo así como un dios de la fiesta? Si existe, te lo ruego, oh, Dios de la Fiesta, apiádate de tus fieles antes de que uno de los hermanos Uchiha acabe en la cárcel por intento de homicidio y el otro, en el hospital.
La gente empieza a mirarnos con atención; es como si sintieran una satisfacción enfermiza viendo a estos dos chicos, que son hermanos, tratándose de esta manera. Ya sé que Sasuke se comporta así por culpa del alcohol. Sí, también sé que no se llevan muy bien, pero aun así siempre se guardan las espaldas. ¿Por qué nadie los separa? ¿Es que no se dan cuenta de cómo puede acabar esto?
Soy consciente de que la irascibilidad de Itachi pende de un hilo. Una sola palabra más de Sasuke e irá a por él. Aprovecho que está distraído para librarme de su brazo y plantarme delante de su hermano. Está horrible, lo cual tiene mérito teniendo en cuenta lo guapo que es. Tiene los ojos inyectados en sangre, barba de dos días y el pelo sucio y necesitado de un corte urgente. Por si fuera poco, apesta a alcohol y a tabaco.
Es como el chico ideal tras una ruptura difícil, pero es que el pobre tiene que enfrentarse a muchas cosas, no solo a la pérdida de Karin. Me siento mal por él y terriblemente culpable por la persona en la que se ha convertido. Recuerdo al chico que vino a hablar conmigo un par de días antes de que Itachi volviera al pueblo. Recuerdo que se ofreció para apoyarme y ¿qué hice yo? Me obsesioné tanto con Itachi que básicamente me olvidé por completo de él. No me arrepiento de un solo segundo de los que he pasado con Itachi, pero quizá no debería haber borrado a Sasuke de mi vida, no de una forma tan drástica. Ha dicho algunas cosas que no tenía derecho a decir, sí, pero nos conocemos de toda la vida y durante una época creí estar enamorada de él. Ahora sé que lo que sentía no era ni de lejos amor, estaba colgada por él y se merecía algo mejor.
—Sasuke, por favor, estás borracho. Vete a casa y duerme un poco —le suplico, pero tiene los ojos tan vidriosos que soy incapaz de saber si me ha entendido.
Está mirando fijamente a Itachi, como si quisiera matarlo con sus propias manos.
—¿Ves lo que has hecho? Sakura se ha pasado la vida pensando que yo era su puto príncipe azul. ¡Me quería a mí, no a ti! Pero no podías soportarlo, ¿verdad? ¡Me has quitado a mi madre, a mi novia y ahora a ella! —exclama, y le da un empujón a Itachi.
Le bloqueo el paso justo cuando se dispone a golpear a su hermano y el puñetazo destinado a Itachi impacta en mí. Me quedo sin aire, me sujeto el costado e intento por todos los medios no echarme al suelo en posición fetal. Oigo gritos de sorpresa a mi alrededor, pero la voz que sobresale por encima de las demás es la de Itachi.
—Saku, ¿estás bien?
—Lo siento, Sakura, no quería...
Las disculpas de Sasuke se quedan a medias porque Itachi se abalanza literalmente encima de él y lo tira al suelo. Su puño aterriza en la cara de su hermano y de pronto oigo el sonido inconfundible de algo que se rompe.
—¡Sai! —grito, buscando a alguien a mi alrededor que pueda detenerlo.
Las cosas se suceden a cámara lenta, como si todo el mundo estuviera jugando a las estatuas y yo no pudiera hacer nada, solo presenciar cómo Itachi le pega una paliza a su hermano, que está demasiado borracho para defenderse.
Al fin alguien tira de él y yo siento que me abrazan. Ino está histérica, me pregunta una y otra vez si estoy bien y me pide perdón por no haber llegado a tiempo. Creo que le digo que no es culpa suya, no sé, estoy un poco mareada. Veo a Sai apartando a Itachi de Sasuke y sujetándolo. Varios chicos más se deciden finalmente y corren a ayudar a Sasuke, que está bastante maltrecho. Tiene la nariz rota, el labio partido y un corte bastante feo en la mejilla.
El pecho de Itachi sube y baja a un ritmo endemoniado. Cuando nuestros ojos se encuentran, veo tristeza en ellos, veo un ruego, una súplica. Creo que está esperando que yo estalle, pero, por muy mal que me sienta ahora mismo, no consigo estar enfadada. No sé qué ve él en mis ojos, pero el dolor desaparece y en su lugar solo quedan remordimientos. Así es Itachi, una persona increíblemente apasionada. Es esa pasión incontrolable la que lo empuja a hacer locuras y luego, cuando se rompe el hechizo, se da cuenta de que el resultado de sus actos no es tan genial como parecía.
—Llévatelo a tu casa, Sakura. Yo me ocupo de Sasuke, ya me inventaré algo para el señor y la señora U.
—No hace falta —protesta Itachi, pero Sai le echa una mirada que, al parecer, lo dice todo.
Están hablando en silencio y no sé qué intenta decirle Sai pero funciona, porque lo siguiente que sé es que Itachi entrelaza sus dedos con los míos y tira de mí. Miro a Ino y esbozo una pequeña sonrisa, y ahora somos nosotras las que hablamos en silencio. Quiere que le mande un mensaje cuando todo se haya acabado y le prometo que lo haré.
Le hago caso a Sai y conduzco el coche de Itachi hasta mi casa. Las luces de la cocina están encendidas y el coche de mis padres está aparcado en la entrada. Genial. Me doy un cabezazo contra el volante de pura frustración. Hoy todo me sale al revés.
—¿Te duele?
La voz de Itachi rompe el silencio y es entonces cuando me acuerdo de mis costillas.
—Sí, bueno, nada que un calmante no cure —respondo, pero por la reacción que veo en su cara sé que no me cree.
—Lo siento, Saku, por todo.
Su voz está cargada de remordimiento. Sé que lo dice de verdad, pero no es con él con quien estoy enfadada, sino conmigo misma. Esta noche iba a ser divertida, nos íbamos de fiesta a pasarlo bien, pero no, siempre tengo que llevar el drama conmigo.
—No sé... no sé qué decir, Itachi. No deberías haberle pegado, pero él ha dado el primer paso. Estaba borracho y es tu hermano... No deberíais pelearos por mí. No vale la pena.
Itachi inspira con fuerza y sé que lo que acabo de decir le ha molestado. Lo miro a través de las pestañas y veo que tiene la mandíbula tensa, el cuerpo rígido.
—No vuelvas a decir eso. Claro que vales la pena, para mí lo eres todo.
Intento contener las lágrimas e ignoro el nudo que tengo en la garganta. La tensión entre los dos es evidente, como si Itachi supiera que estoy en plan autodestructivo. Tengo que salir del coche cuanto antes.
—Saku...
—Estás herido, vamos dentro —lo interrumpo.
Me bajo del coche y él me sigue después de mirarse la piel resquebrajada de los nudillos. No puedo quitarme de la cabeza las palabras «culpa mía» y repetirlas me provoca náuseas. Me da miedo cruzarme con mis padres. Adopto mi expresión más neutral, o al menos espero que sea neutral y no de oh-Dios-soy-Yoko-Ono.
Por suerte, en cuanto pongo un pie en casa sé que nadie me va a molestar. Mis padres están en plena competición de gritos y, cuando eso pasa, me dejan en paz. El alivio es tal que ni siquiera me da vergüenza que Itachi oiga a mis padres en la peor versión de sí mismos. Subimos las escaleras en silencio y nos encerramos en mi habitación.
Lo hago sentar en la cama y voy al lavabo a coger el botiquín. Me tomo un par de calmantes para mis costillas y vuelvo junto a Itachi.
Un solo vistazo a sus nudillos y me empieza a temblar la barbilla. Le iría mucho mejor sin mí. Si tuviera algo de conciencia, lo dejaría en paz, pero estoy demasiado involucrada para pensar siquiera en ello.
—Dame la mano.
Me siento a su lado y empiezo con la cura. Cuando le pongo el desinfectante, él suelta algún taco, pero esas son las únicas palabras que intercambiamos. Le vendo las dos manos y me dejo llevar por el impulso de darle un beso en los nudillos.
—Saku —susurra él acariciándome la mejilla.
—Lo siento mucho, Itachi —sollozo, incapaz de contener por más tiempo las lágrimas.
—Eh, eh, Saku, mírame. Chsss, preciosa, no pasa nada. Estoy bien, por favor, mírame.
Estoy exagerando, lo sé. Solo ha sido una pelea, pero no puedo dejar de llorar porque sé que en cierto modo es culpa mía. Itachi se ha hecho daño por mí, se ha peleado con su hermano por mí y yo lo único que puedo hacer es llorar.
—Ven aquí.
Me abraza y yo apoyo la cabeza contra su pecho, y lloro un rato más hasta que me libero de la ansiedad y la tensión que llevo acumulando desde el enfrentamiento con Karin. Cuando por fin se agotan las lágrimas, me embriago con su olor. Respiro hondo, dejo que la Sakura tímida y retraída se aleje volando por la ventana y poso los labios sobre su cuello. Se le acelera la respiración y el corazón le palpita, y yo no puedo evitar sonreír contra su piel. Se aparta un poco y me mira a los ojos como si me pidiera permiso. Yo me muestro más que dispuesta y le paso los brazos alrededor del cuello. Me acerco más a él y, por una vez, intento ser valiente.
—¿Saku?
Su voz es tan grave, tan ronca, que casi no la oigo.
—Dime.
—Nunca te han besado, ¿verdad?
Siento una oleada de vergüenza y humillación. Lo sabe, se me nota; mi falta de experiencia es tan obvia como si lo llevara tatuado en la frente. Aquí me tienes, intentando desesperadamente acercarme a él, olvidando por completo que no tengo ni idea de cómo hacer que alguien me desee. Seguro que le parezco tan empalagosa que lo estoy ahuyentando.
—No... no... nunca.
Mis palabras están impregnadas de vergüenza y él se da cuenta enseguida.
—No es malo, al contrario, es la mejor noticia de todo el día. Eres mía, Saku, y si otro chico hubiera tocado esos labios antes que yo, no sé qué haría.
Se me dispara el corazón al oír sus palabras. Desde que volvió, no ha dejado de demostrarme que es demasiado bueno para mí. Es la viva imagen de la perfección y yo tengo la suerte de estar con él.
Acerca un poco la cara, me cubre la mejilla con una mano y con la otra me rodea la nuca y tira lentamente de mí.
Me concentro en sus ojos, que me abrasan. No quiero olvidar este momento por nada del mundo. Si mañana sufriera de amnesia y solo pudiera conservar este recuerdo, sería una mujer feliz.
—Dios, no sabes las ganas que tenía de hacer esto.
Coge aire y en un instante recorre el espacio que nos separa y cubre mis labios con los suyos.
