La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Capitulo 26

—He oído que le cuesta trabajo conseguir clientes —dice John Sanders desde su taburete junto al mostrador. Es uno de los muchos asiduos, un campesino de setenta y dos años que trabaja seis horas diarias antes de ir a Diamonds a por un plato de huevos y tocino a última hora de la mañana.

Tampoco es un chismoso. Si dice algo, es más que probable que sea cierto.

Agacho la cabeza y me enfoco en recargar servilletas de papel en su dispensador, fingiendo que no escucho a la gente hablar de que James Philips se encuentra de regreso en Balsam. Pero he oído cada palabra, y parece que no ha tenido la cálida recepción que su madre podría haber esperado.

Regresó solo, al parecer, a la maravillosa casa de sus padres, sin señales de su esposa o hijos. Algunos especulan que es porque el año escolar aún no ha terminado, pero otros señalaron que el año escolar termina antes en el sur. Eso lleva a algunas personas a creer que Linda Stovers decidió que había tenido suficiente. Y claro, otros insisten en que ella fue lo suficientemente estúpida como para casarse con él en primer lugar, por lo que no debe estar molesta.

Es una olla de chismes.

Pero, por una vez, no soy un ingrediente clave.

El teléfono de Jess suena cerca; es una carcajada ridícula que descargó para sus mensajes entrantes, y se apresura a comprobarlo. Su cara se ilumina y sé que es DJ. Sin embargo, no le pregunto. A pesar de lo que dijo sobre no querer pelear, las cosas han estado tensas entre nosotras. Y me aterroriza estar mostrando signos de la influencia de Renee Swan, así que no quiero arriesgarme a decir algo para solidificar ese miedo.

Porque lo hace. Abro la boca para mentir y decirle a Jess que no es gran cosa, que Sue tiene un mal día.

—Así que, ¿has pensado más en esa oferta de trabajo, Izzy? — La voz de Jason se alza, sorprendiéndome. Las servilletas en mi mano se dispersan sobre el mostrador.

Jason apareció hace una hora, pidiendo sentarse en mi sección.

Noté la mirada que Harry disparó a través de la ventana de la cocina, junto con la mirada de advertencia que Sue devolvió. Una que le dijo que no podía quemar los huevos de Jason.

Pero para la tercera vez que Jason me hizo un gesto con la mano, no para pedirme su orden, sino para tratar de entablar conversaciones sobre mi Escape, sobre Brenna, sobre dejar Diamonds y volverme su asistente personal, estaba lista para pagar a Harry de mi propio bolsillo para carbonizar toda la comida de Jason.

Y ya que Sue no va a cobrar a la familia, y él ya ha mencionado entre risas que mi propina fue incluida en el trato de mi camioneta, dejé de hacer contacto visual después de recoger su plato sucio.

—Gracias, pero no me interesa ser asistente.

Su cara se divide en una sonrisa, pero es condescendiente.

—Venga, Izzy. —Aún sonríe mientras baja su voz y susurra—: Creo que es hora de que retrocedas y enfrentes la realidad.

Le ofrezco una sonrisa tensa, tratando de no arrugar demasiado las servilletas en mi mano. —¿Necesitas un café para el camino?

El chillido agudo de Jess ahoga cualquier respuesta que Jason da, sorprendiéndome. Dejo caer la pila de servilletas. De nuevo.

Tan pronto como veo que sus amplios ojos están clavados en la puerta, sé por qué, sin ni siquiera tener que mirar.

Emmett acaba de entrar en Diamonds.

Mi corazón comienza a martillar en mi pecho.

Él le asiente a los camioneros sentados en sus taburetes en la barra, sus cabezas inclinadas para mirarlo mientras deja a Donovan con la anfitriona y se mueve hacia mí.

Jason está diciendo algo, pero lo ignoro y cierro la distancia hacia Emmett, reprimiendo mi deseo de extender la mano y tocarlo por todos los ojos que están en nosotros. —¿Qué haces aquí? —susurro, robando una mirada a su pierna buena, desnuda en pantalones cortos y surcada en músculos. Tratando de no concentrarme en su pierna lesionada, que es visiblemente esbelta en comparación.

—Sid me prestó su casa para el fin de semana y pensé en comer algo rápido en el camino. He oído que la comida es buena aquí. Y el personal es sexy. —Hace una exploración rápida de la cabeza a los pies

de mi uniforme, logrando que me ruborice.

—No te pago para que estés con tu teléfono. El almuerzo va a comenzar pronto. —El rostro de Sue no parece contento mientras que pasa por delante de mí, mirando a Jess.

—¿Por qué siento que me reprende más que de costumbre? — gime Jess, más para sí misma.

En su rostro aparece una amplia sonrisa.

—La gente hablará. —Al menos estamos cerca de una estación de

servidores, lejos de los oídos curiosos, siempre y cuando mantengamos

nuestras voces bajas.

—¿De qué? ¿De mí, saludándote y luego comiendo? —Se burla de mí y su rostro se transforma con una máscara inocente. Solo puedo sacudir la cabeza hacia él. Y tratar de no dejar que todo el mundo vea lo enamorada que estoy—. ¿A qué hora termina tu turno?

—Aproximadamente en dos horas. Tengo que llegar a casa a tiempo para recoger a Brenna de la escuela. Y luego regreso para un turno en la cena.

Frunce el ceño. —¿Hay alguna posibilidad de que salgas de esto?

—¿Del trabajo? No, no puedo hacerle eso a Sue. —Aunque todo lo que quiero es tirar a un lado mi delantal e irme lejos con él justo en este momento.

—¿Hacerme qué? —Sue aparece de la nada.

—Nada. Sue, este es Emmett Mccarty. Emmett, esta es mi jefa, Sue.

Ella le da una simple inclinación de cabeza, como si fuera apenas otro cliente que pasa por aquí, pero no me pierdo la mirada estimativa en sus ojos. Tiene una tendencia a diseccionar a la gente en la primera impresión y tomar una decisión sobre ellos allí. Rara vez se equivoca.

—Hola, Sue. Solo preguntaba si Bella tenía que trabajar esta noche. —Emmett sonríe.

—Bueno, qué curioso. No lo creerías, pero metí la pata con el horario y el exceso de personal esta noche. Y también mañana por la mañana.

¿Qué?

—Así que puedes tomarte el día libre en el momento en que tu turno haya terminado.

—Pero, tengo que hacer...

Su mirada hace que olvide mi queja. Con un gesto hacia Emmett, se marcha.

Dejándome con un sonriente Emmett. —Bueno, eso funcionó bien. Ahora tú y Brenna pueden ir a pasar la noche a la casa de Sid. Te encantará estar allí.

Mi estómago revolotea con la idea de otra noche con Emmett, incluso mi corazón se hincha con el hecho de que automáticamente ha incluido a mi hija en nuestros planes. Sacudo la cabeza. —¿Estás seguro de quererla allí?

Aparecen esos hoyuelos. —He aceptado totalmente la realidad de un montón de duchas frías en mi futuro, si eso es lo que quieres decir, sí. —Su mirada parpadea sobre el comensal antes de regresar a mí, cayendo a mis labios durante solo un segundo—. Tengo hambre. ¿Qué te parece si consigo una mesa?

Creo que tal vez sea hora de que aproveche la oferta de mis padres para cuidar a Brenna por una noche.

—Por supuesto. —Le dirijo hacia Bree, la nueva anfitriona, porque Sue tuvo que despedir a otra por falta de turnos.

—Hola, Donovan. Bree, ¿puedes ponerlos en la mesa diez?

Frunce el ceño un poco. —Pero pensé que estabas cubriendo...

—Mesa diez. —Le doy una mirada cómplice.

Se encoge de hombros. —¡Muy bien! —Sus ilusionados ojos se dirigen a Emmett antes de desviarse suavemente—. Síganme.

Le sonrío con dulzura. —Disfruta de tu almuerzo. —Le dedico una sonrisa amable y luego me dirijo a la puerta que se balancea hacia la cocina.

—¿Ya llega la emoción? —Harry se encuentra en el mostrador, pelando las patatas, el trabajo que debe hacer su personal, pero él lo encuentra terapéutico.

—Aún no.

Me mira pasar y echar un vistazo por el mostrador de servicio de comida. —¿En qué andas?

—Una ofrenda de paz. —Sonrío, viendo a Bree llevar a Emmett y Donovan a su mesa—. Y entretenimiento barato.

Jess los ve sentarse en su sección, porque sus ojos no se han apartado de Emmett desde que entró por la puerta, y su rostro se ilumina.

Escaneando el restaurante, finalmente me llama la atención.

—¡Gracias! —dice.

Emmett aún se está instalando cuando Jess se apura a saludarlos y sus manos empiezan a agitarse de esa manera emocionada que me hace pensar en un pájaro recién nacido tratando de volar. No puedo oír lo que dice, pero su voz es por lo menos cinco octavas más alta que el chillido normal.

Donovan, esconde sus emociones mejor que nadie que haya conocido, pero lucha por mantener su compostura.

No puedo contener mi resoplido.

—Eres una persona cruel, sometiéndolo a eso —murmura Sue, de pie junto a mí para asistir al espectáculo, con los brazos cruzados sobre su amplio pecho.

—A él le encanta la atención.

—Tanto como una picana eléctrica, al parecer.

Harry se coloca a mi otro lado para averiguar qué miramos. Su profunda risa calienta mi corazón. —No conozco a muchas mujeres que voluntariamente le lancen a Jess a su hombre. La chica hablará de él durante la próxima semana.

—No es mi hombre —lo corrijo. Y extrañamente, ni siquiera me molesta por un segundo la idea de una mujer acosándolo. Tal vez sea porque es Jess, por quien no me siento amenazada. O tal vez es porque en algún momento decidí que puedo confiar en que Emmett no me hará daño de esa manera.

—Ja ja. —Harry suelta una ruidosa carcajada mientras Jess se inclina para obligar a Emmett a hacerse una foto. Donovan está ocupado explorando su entorno, fingiendo que su cliente no es maltratado por una camarera rubia de grades pechos.

—Ve y sálvalo antes de que tenga que despedir a Jess por acosar a mis clientes —gruñe Sue, esforzándose por ahogar su propia sonrisa.

—Bueno, eso liberaría tu horario de exceso de personal. —No escondo el sarcasmo de mi tono mientras me alejo de la vista de la ventana de la cocina.

Me dedica una mirada resplandeciente antes de alejarse.

—He estado aquí por seis años y medio, y nunca lo has fastidiado con los horarios.

—¿Qué puedo decir? Supongo que me estoy volviendo vieja y olvidadiza. ¿Verdad, Harry?

—Sí, señora. No recuerda mi nombre la mitad del tiempo. Sigue llamándome idiota...

—Idiota es tu nombre la mitad del tiempo, querido.

Un sonido seco y metálico suena cuando el lavaplatos, Collin, pone un estante de vasos recién lavados sobre la mesa para que yo los lleve al frente, guiñando un ojo antes de regresar a su estación.

—Dime la verdad, ¿Emmett llamó aquí y te hizo darme esta noche libre? —Porque todo parecía funcionar demasiado bien, por lo demás.

—¿Cuándo alguna vez alguien me ha hecho hacer algo? —se burla.

—De acuerdo. No me lo digas. —Me dirijo al frente con mis brazos cargados.

—Parece que también metí la pata en el horario de mañana por la tarde, así que también puedes tomarte el fin de semana entero.

Suspiro, sabiendo que no tiene sentido discutir con ella.

Y la precipitada oleada de anticipación comienza a fluir por mis venas.


Perdón por no subirlo ayer pero recién ahora mi migraña se atenuó lo suficiente. Por cierto en el siguiente capitulo, las cosas suben de temperatura.

Espero que lo hayan disfrutado

26/33