Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .

Capítulo 29. Una cuenta pendiente.

Cuando Candy y Albert llegaron a la mansión les pareció un poco extraño que la matriarca no saliera para recibirlos. Cuando preguntaron por ella les avisaron que se encontraba en el estudio, entonces se encaminaron para alcanzarla. Cuando llegaron pudieron observarla bastante molesta con un sobre en sus manos. No había escuchado ni siquiera cuando llamaron a la puerta. Así que Albert le dijo.

—Tía ¿Sucede algo…?

Entonces la matriarca volteó a mirarlos y reaccionó, así que con su cansada voz y sin levantarse de la silla del escritorio en donde se encontraba le respondió a Albert.

—Hola hijos. Sí estoy bien, un poco preocupada es todo, pero que bueno que llegan así de una vez también se enteran de esto como yo.

Al momento le entregó a su sobrino el sobre que tenía en las manos. Cuando éste lo abrió su expresión de asombro era más que notoria, luego entonces le cuestionó a la anciana.

—¿Quién le trajo esto tía?

—Un mensajero vino a dejarlo y el mayordomo solamente lo recibió pero en verdad no sé quién pudo haberlo hecho. En un principio llegué a pensar que podría haber sido George, pero después lo descarté, porque cuando el necesita informarme sobre algo personalmente viene a decirme, además de que ya estábamos enterados de su comportamiento y no creo que cometiera la indiscreción o el mal gusto de mandar esas fotografías.

Entonces Candy le pidió el sobre a Albert.

—¿Puedo verlas amor? –Le dijo tranquila—

—Claro pequeña, pero no te va agradar nada lo que vas a ver. Te pido que seas fuerte.

Cuando Candy miró las fotos se quedó impresionada. En todas y cada una de ellas salía la que consideraba su "hermana" en actitudes por demás comprometedoras y sin recato alguno mostraban sus encuentros amorosos con el caballero en turno. De repente sintió una gran tristeza por ella. Annie era hermosa y no tenía necesidad de hacer algo como eso, pensaba que primero debió hablar con Archi y arreglar sus diferencias con tal de terminar su compromiso de la mejor manera posible, pero sabía que con esas fotografías iba a resultar casi imposible que su adorado primo la perdonara para poder entablar una amistad y ella lo apoyaría completamente. Desde que le comentaron que se había reunido con Nicolette algo se rompió en su interior y comenzaba a pensar que realmente tenían razón las palabras de la tía abuela cuando le expresó que no la sentía sincera, además de que ella había notado el cambio en su comportamiento tiempo atrás desde el día en que la acompañó a comprar su vestido, pero no le dio la importancia necesaria porque su cariño no se lo permitió. No podía creer que habiéndose criado juntas los primeros seis años de su vida, con un cariño tan entregado y sincero entre las dos pudiera haber cambiado tanto a lo largo de los años. Mientras las seguía observando Albert hizo una pregunta de la que ella conocía la respuesta pero no se había atrevido a hacerla.

—¿Piensa enseñarle estas fotografías a Archie tía? –Dijo preocupado y mirando fijamente a la matriarca—

Si por el rubio hubiera sido no se las habría enseñado a su sobrino, ya que pensaba que con el testimonio de George bastaba, el moreno siempre había sido leal a la familia y sería incapaz de mentir sobre un asunto tan delicado como ese, pero no sabía si la anciana coincidía con él. Entonces una seria y decidida Elroy le contestó.

—Por supuesto que se las voy a enseñar a Archibald, él tiene todo el derecho de saber con qué clase de mujer está tratando. No debe tener la menor de las consideraciones hacia ella y estas fotos terminarán de abrirle los ojos.

Entonces Albert replicó.

—¿No cree que es suficiente con el testimonio de George tía?. Conozco a Archie perfectamente y puedo asegurarle que justo en estos momento no se ha de sentir nada bien, ya que si todos sabemos que no amaba con locura a Annie sí la quería lo suficiente para pensar en formar una familia a su lado y creo que el entregarle esas fotografías lo terminará de destrozar. Reconsidérelo tía.

—No tengo nada que pensar William. Archie tiene que observar con sus propios ojos el tipo de mujer que es Annie Britter. Porque a estas alturas la creo tan capaz de poner su carita de niña buena y puede terminar por convencerlo, tu primo es muy bueno y podría llegar a perdonarla y eso sí que no lo voy a permitir. No quiero una mujerzuela en la familia. Porque por muy buen apellido que ella tenga eso es en lo que se convirtió. –Dijo ya bastante molesta—

—Pues bien tía si es lo que considera mejor, no pienso meterme en esa decisión. Que suceda lo que tenga que suceder entonces.

Elroy se calmó un poco, porque aún tenía un tema que tratar con su sobrino, así que se dirigió a Candy para decirle.

—¿Hija me podrías hacer el favor de avisar que sirvan la comida?, necesito platicar algo rápidamente con William y en un momento más te alcanzamos.

—Claro tía, en un momento lo hago. –Dijo mientras caminaba hacia la puerta del despacho—

Candy entendió perfectamente que no era requerida en esa plática, aunque ya se imaginaba lo que hablaría con su amor y eso era sobre de lo que pasó anoche entre ellos. Entonces una ligera sonrisa se dibujó en sus labios cuando cerró la puerta mientras pensaba: "Ni hablar Bert, ahora te tocará a ti recibir un sermón de la tía".

Dentro del despacho.

—Usted dirá tía.

Elroy Andrew solo rogaba al cielo que tantas impresiones no repercutieran en su azúcar y su presión, así que respiró hondo y le habló claramente a su sobrino.

—Hijo…ya sabes que cuentas con mi total aprobación para que te cases con Candy, pero aunque entre ustedes ya existió intimidad necesito aclararte que eso no lo volveré a tolerar en esta casa hasta el día en que sean oficialmente marido y mujer.

Albert abrió grandemente los ojos, se había quedado inusualmente sin algún argumento.

—No, no me mires así hijo. ¿No pensabas pasar junto a Candy cada noche lo que resta de estas dos semanas?. Sé muy bien que son jóvenes, que se aman y que por eso se precipitaron en su actuar, pero lo menos que puedes hacer es respetarla hasta el día de su boda y no acepto un "No" por respuesta, ya que no es algo que te esté preguntando, solamente te estoy avisando lo que sucederá.

Albert hizo un gesto de inconformidad, pero muy a su pesar aceptó la condición de su tía. Finalmente tenía razón en que faltaba muy poco para que se casaran.

—Está bien tía, trataré de hacerlo.

—Nada de "trataré de hacerlo" William, prométeme que respetarás a tu novia los días que faltan, no quiero que la expongas a más habladurías, que suficiente tengo con el reguero de chismes que hubo en la casa por tu casual salida en toalla de la habitación de Candy y ni qué decir del susto que le dieron a la pobre Dorothy. Por lo menos hubieran asegurado la puerta hijo. – Dijo la anciana mientras sonreía veladamente y se abanicaba—

Parecía que su tía últimamente disfrutaba de ponerlo en situaciones incómodas, pero no le quedó más que aceptar.

—No se preocupe tía, le prometo respetar a Candy y no tocarle un cabello hasta que estemos casados.

—Eso es lo que necesitaba escuchar hijo. Que bueno que entraras en razón. Ahora vayamos donde Candy para almorzar.

Fueron al comedor y todo trascurrió con normalidad. Cuando terminaron Albert le pidió a Candy salir un rato al jardín y ella gustosa aceptó. Iba colgada de su brazo, cuando decidieron sentarse en una banca.

—Princesa, ¿Cómo te sientes respecto a lo de Annie? –Preguntó tranquilo pero un tanto preocupado ya que sabía el inmenso cariño que su pequeña sentía por la morena—

Entonces Candy un tanto afligida le respondió.

—Pues estoy muy decepcionada de ella Bert. No puedo negarte que la quiero mucho, pero desde que supe de su reunión con esa mujer comencé a pensar que realmente ella no siente lo mismo por mi y respecto a lo de Archie aún no puedo creer que lo haya engañado de esa forma, además de que no sabemos si es la primera vez que lo hace. Pensar en eso me pone un poco molesta ya que Archie es muy bueno y no se merecía eso, pero bueno…así es la vida, a veces las personas cambian y uno no puede hacer nada al respecto más que aceptar la realidad, pero por mi parte ya no podré considerarla mi amiga aunque le perdone sus actitudes. Ya no confió en ella Bert.

—Pequeña… a veces estas cosas pasan, pero sabes que no quedó en ti. Tú siempre estuviste para ella. –Le dijo mientras jugaba cariñoso con uno de sus rizos—

—¿Tienes idea de quien pudo haber mandado las fotografías amor?.

—No estoy seguro pequeña, pero tengo el presentimiento de que fue Nicolette.

—¿Pero cómo lo sabes…?

—No lo sé pequeña, solo siento que puede ser así. Es muy sospechoso que la hayan visto con ella el otro día y ahora lleguen estas fotografías. Creo que algo no le salió como lo planeaba y se está vengando de ella.

—¿Tú crees que le haya pedido hacer algo a Annie?

—A estas alturas puedo pensar cualquier cosa de esa mujer amor.

—Pero no se conocían Bert como es que dio con Annie.

Entonces tomó su mano delicadamente mientras le explicaba.

—Pequeña Nicolette es una mujer muy poderosa, tanto o más como lo soy yo y cuando uno necesita saber algo utiliza todas sus influencias para obtenerlo. Recuerda todo lo que le he pedido hacer al pobre de George y si ya te tiene vigilada y te ha mandado anónimos en tu trabajo no dudo que también haya investigado sobre tu vida y si encontró con que manipular a Annie no creo que haya dudado en desquitarse si es que algo no salió como lo esperaba. Por cierto hablando de ella, ya tengo listo "aquello " que necesito que cargues contigo. –Dijo más serio—

—Está bien amor más tarde me las das. Pero ¿estás seguro de que no tengo que practicar aunque sea mi puntería?. Era muy buena con el lazo, pero esto es nuevo para mi. –Preguntó con naturalidad la rubia—

Albert sólo pudo sonreírle a su pequeña mientras le decía.

—No pequeña, es muy sencilla de manejar y sé que tienes muy buena puntería porque también la necesitabas para el lazo, sólo te enseñaré a poner y quitar el seguro.

Seguían platicando amenamente cuando el mayordomo se acercó hasta donde estaban.

—Joven William ha llegado un telegrama para usted. –Dijo con completa seriedad—

Albert tomó el pequeño papel, agradeció al mayordomo y cuando éste se hubo retirado lo comenzó a leer.

—¿De quién es Bert?

—Al parecer es de Archie hermosa. Veamos lo que dice.

Albert. Gatita. El barco llegará antes. Estaré ahí la próxima semana. El viernes. Estoy mejor. No se preocupen. Felicidades por su boda. Espero llegar a tiempo. No seas una gatita revoltosa y pórtate bien con la tía Candy.

Albert no pudo reprimir su risa y le dijo a su pequeña.

—¿Así que Archie sabe que puedes ser una "gatita revoltosa"?

—¡Ay!.! Ese hombre no cambia aunque pasen los años Albert!. Siempre me molesta con eso desde que las monjas me regañaban por no ser el "modelo de dama" y bueno… porque en las noches saltaba de árbol en árbol hasta llegar al dormitorio de los chicos…

Entonces revolviendo los cabellos de su rizada cabeza le contestó.

—No te enojes hermosa, solo te estoy molestando y te aseguro que Archie no lo hace con mala intención, no podría si te adora. Así que anda, cambia esa carita y mejor regálame un beso.

Candy abrió sus ojos enormemente.

—¡Un beso!. No Bert estamos en el jardín y cualquiera podría vernos. Hasta la tía y no quiero ni imaginarme lo que nos diría si nos descubre. –Dijo apenada—

—Solo quiero uno pequeño princesa, ni cuenta te vas a dar de lo corto que será. –Le habló quedamente mientras tomaba su barbilla y se acercaba despacio hasta sus labios—

En el momento en el que Albert tomó la barbilla de Candy, ella dejó de pensar en cualquier persona que pudiera verlos. Disfrutaba que le hablara de esa manera tan suya y adoraba sentir el contacto de su piel con la de ella, así que inmediatamente cerró sus ojos y se dejó llevar.

Al mirar que cerraba sus ojos el atractivo rubio retiró la mano de la barbilla de su pequeña y la colocó en su cuello para acercarla más hacia él. Cuando sintió que estaban lo suficientemente cerca tomó delicadamente sus labios. Dios extrañaba tanto besarla. Todo el día había esperado el momento para hacerlo. Así que lentamente la besó, acariciándola con toda delicadeza, pero no pudo contenerse y mordió suavemente su labio inferior. Era un encuentro tierno pero seductor a la vez. Cuando la escuchó suspirar quedó extasiado, le fascinaba esa pequeña mujer, era su mundo entero y la protegería de cualquiera con su vida. El momento duró unos cuantos segundo más, pero tenía que separarse de ella, así que lo hizo despacio, volviendo más lentos sus movimientos. Ella aún se encontraba con sus ojitos cerrados, los dos querían más pero muy a su pesar se alejó de esos carnosos y adictivos labios. Había prometido a su tía que la respetaría y pensaba hacerlo. Recargó su frente en la de ella y rozó exquisitamente su naricita respingada mientras le decía.

—Te prometí que sería pequeño hermosa. Creo que nadie nos descubrió así que estamos a salvo de la tía.

Candy regresó de su burbuja de amor y abrió lentamente sus ojos para reflejarse en el cielo azul de los de él. Dio un gran suspiro de resignación y le preguntó.

—¿Qué fue lo que te dijo la tía en el despacho Bert?

Albert la tomó de la mano mientras le explicaba.

—Me dijo que aunque nos apoyaba para casarnos no iba a permitir que pasara más noches a tu lado hasta que estemos casados pequeña. Me pidió que te respetara y eso es lo que voy a hacer. –Dijo más resignado que otra cosa—

—Pero…

—Ya lo sé pequeña…Yo también muero por estar contigo nuevamente, pero aunque no me guste la tía tiene razón. Ya nos adelantamos a la noche de bodas, así que te respetaré hasta que seas oficialmente mi esposa. Pero eso no quiere decir que no te robe un beso de vez en cuando. Además ya no serán dos semanas de espera, ya ves que Archi llega el viernes de la próxima semana así que falta poco más de una semana. –Dijo mientras se acercaba para besar su mejilla—

—Está bien Bert –Dijo haciendo un pequeño puchero—

Albert estaba más que complacido al notar que su pequeña hechicera lo deseaba igual que el a ella y también moría por estar de nuevo con él. Así que la miró atrevidamente y se acercó a su oído para decirle muy despacio.

—Te prometo que cuando nos casemos te voy a llevar a un paradisiaco lugar, donde podamos amarnos libremente y sin prejuicios para poder enseñarte una que otra travesura princesa.

A Candy se le erizó la piel y se le subieron todos los colores. Al notarlo el rubio le dijo.

—No te sonrojes pequeña. Amarnos es lo más natural del mundo. Tu cuerpo es mío al igual que yo soy completamente tuyo y te prometo que no habrá un centímetro de tu piel que deje sin explorar y tu podrás hacer lo mismo conmigo.

Candy no supo que decir. Seguía roja cual manzana, aunque en el fondo no le desagradaba para nada la idea. Entonces Albert optó por no abochornarla más, sabía que a su pequeña le costaba en un principio adaptarse a esos temas pero cuando estuvieran solos ya cambiaría de opinión. Entonces con una sonrisa en su rostro decidió cambiar de tema.

—Mejor vamos adentro princesa porque si tardamos más la tía mandará a alguien por nosotros.

Por su parte Nicolette decidió dejar pasar un par de días, en los cuales retiró a los hombres que vigilaban a la enfermera y los sustituyó por una mujer que metió nuevamente de voluntaria como afanadora, la cual rápidamente y atenta a cualquier movimiento de la rubia pudo enterarse de que pensaban casarse el Sábado de la próxima semana. En el momento en que la pelirroja recibió la noticia un terrible enojo invadió todo su cuerpo y en un arranque de ira destrozó cuanto mueble se le cruzó a su paso. Después de unas horas de haber desahogado su frustración decidió mandarle a Albert un último anónimo y si no le hacía caso la maldita pecosa pagaría las consecuencias.

Ese día Albert se encontraba trabajando como siempre en su despacho cuando entró George y muy serio le dijo.

—William. Ya tengo listo todo para que se casen el sábado de la próxima semana sin ningún problema. El párroco estuvo más que emocionado por casar al "Patriarca de los Andrew"

Entonces Albert con una radiante sonrisa lo miro diciéndole.

—Esa es la mejor noticia que me has podido dar George, pero no entiendo el porqué de tu seriedad.

Entonces George le entregó el sobre que traía en las manos mientras le decía.

—Toma. Esto llegó hace un rato. Me lo acaba de dar Margarita. No tiene remitente así que presiento que ya sabes de quien se trata.

Entonces abrió el sobre para leer la nota.

Esta es la última oportunidad que te doy. Recapacita y regresa al lugar al que perteneces. Ella no vale la pena.

Inmediatamente Albert le entregó la nota al moreno para que la leyera. Cuando terminó le comentó.

—Necesito que des parte a la policía George. Esto no puede continuar así.

—No te preocupes William. Justo me acaban de llegar unas fotografías de ella merodeando el hospital en donde trabaja la señorita Candy junto con otras en donde se encuentra hablando y entregando dinero a unos hombres armados. Creo que eso aunado a los anónimos será suficiente para que se levante una demanda por acoso y podamos atraparla.

—Ok George. Te lo encargo mucho. Que no pase de hoy.

—Así lo haré William no tengas pendiente.

Ese día Albert no pudo pasar por Candy ya que se encontraba sumido en el trabajo, adelantando todo para no dejarle pendientes a George y poder partir a su luna de miel tranquilamente sin que nadie los interrumpiera por dos semanas. Cuando llegó a la mansión por la tarde observó como su pequeña daba un paseo por el jardín, así que decidió acercarse a ella, lentamente para que no se diera cuenta de su presencia. Justo cuando estaba detrás le cubrió los ojos y con una voz ronca y fingida le preguntó.

—¿Adivina quién soy?

Candy inmediatamente se volteó para mirarlo y con una sonrisa le contestó.

—¡Bert!. No te esperaba. Te extrañe a la hora del almuerzo – Dijo mientras se colgaba de su cuello y le regalaba un beso en la mejilla—

Albert la miró sonriente, le encantaba la espontaneidad de su pequeña, así tuviera ochenta años ella nunca cambiaría.

—Lo siento hermosa es que me quedé trabajado para adelantar todo y así cuando salgamos de viaje no haya nada que nos interrumpa. –Dijo contestándole con un beso igual en su sonrojada mejilla—

Luego tomó su mano y se fueron a sentar a una banca. Cuando estuvieron cómodos le comentó.

—Hoy me llegó otro anónimo pequeña.

La rubia enfermera solamente frunció el ceño.

—Bert deberíamos de hacer algo pero ya.

—Lo sé pequeña, tienes razón, de hecho George hoy mismo va a ir donde la policía a dar parte de todos los anónimos, así como de algunas fotografías que comprometen a esta mujer para que puedan apresarla.

—Espero que lo logren.

—Tranquila princesa ya verás que sí. Ella saldrá de nuestras vidas para siempre y tú y yo podremos estar tranquilos.

Los siguientes días transcurrieron con normalidad. Paty había mandado un telegrama a Candy avisándole que ese día estaría en Chicago. Estaban a dos días del Viernes. Archie llegaría y el sábado se casarían. Por su parte la tía Elroy ya tenía todo organizado para una pequeña comida en la mansión. No habría grandes invitados ya que a petición de los rubios solo serían ellos cinco más George y Dorothy. Candy se encontraba contenta porque por el momento no habían tenido más noticias de Nicolette. Ninguno de los dos había recibido más anónimos y aunque seguía portando consigo la pequeña arma que le había entregado Albert ya no se sentía tan inquieta. Pensaba que quizá la mujer había desistido de acosarlos ya que George les había informado que los hombres que la vigilaban se habían retirado también. Se encontraba terminando su turno del hospital, esta vez sí le había dado tiempo de cambiarse el uniforme y traía puesto un coqueto vestido azul cielo de tirantes. Jonathan la observó de lejos y se decidió. Habían pasado varios días desde que había mantenido su distancia para con la enfermera pero pensó que había transcurrido el tiempo suficiente para poder retomar su amistad. Entonces alcanzándola en el pasillo le dijo.

—¿Candy me permites acompañarte a la salida?. Tiene varios días que no platico contigo.

Ella se le quedó mirando recordando la última vez que le pidió lo mismo "platicar", lo dudó por un momento, pero reconoció que Jonathan no era malo, solo que había puesto sus ojos en alguien que no le correspondía, pero ella le había ofrecido su amistad así que aceptó.

—Está bien Jonathan –entonces empezaron a caminar por el corredor hacia la entrada—

—¿Sabes? no podré quedarme mucho tiempo a platicar porque hoy llega una amiga muy querida de Florida y tengo que estar a tiempo para recogerla en la estación. –Dijo contenta— De hecho creo que debería presentártela, se llama Patricia O'bryan, es de una familia inglesa, es algo tímida pero tiene el carácter más dulce que he conocido, además de que es sumamente inteligente y hermosa claro.

Se encontraban tan absortos platicando que no se dieron cuenta que ya habían llegado a la entrada del hospital y cierto rubio los había estado observando desde lejos. Está de más decir que en cuanto vio a Jonathan su temperatura corporal comenzó a subir, recordaba las palabras que le había dicho Candy "Me robó un beso…" y le taladraron duramente en su cabeza, ese hombre se había atrevido a tocar a su princesa, entonces en cuanto lo vio caminando tan despreocupadamente con ella lo miró lleno de celos y con fuego desprendiendo de esos ojos azules. No había mentido cuando le dijo a Candy que si se lo encontraba le partiría la cara. El no era agresivo pero se había metido con lo que más amaba en la vida y aunque pareciera un bruto se lo iba a dejar más que claro. Esa rubia era suya.

En cuanto estuvieron los tres frente a frente Candy lo saludó amorosamente.

—¡Hola Be…

Pero ni tiempo de terminar el saludo le dio cuando ya le estaba propinando tremendo puñetazo en la cara a Jonathan. Este se levantó enseguida y le reclamó retadoramente.

—¡Pero qué te pasa Andrew¡. ¡Te volviste loco o que! –Dijo mientras se agarraba la cara—

Albert parecía un furioso león y con todo el coraje que tenía guardado para el galeno le espetó mientras lo señalaba con su mano.

—¡Eso es para que aprendas a respetar a una dama estúpido!

Ese comentario exacerbó a Jonathan.

—¡Eso no te incumbe desgraciado!. ¡Tú fuiste el que la lastimó y por algo ella terminó contigo, así que no vengas a darme clases de etiqueta! ¡Al menos yo he sido siempre sincero con ella!

Entonces Albert lo tomó por el cuello de la camisa. Se miraron fijamente. Azul y gris sacaban lumbre de los ojos. Los dos tenían casi la misma estatura así que quedaron a nivel y luego entonces con su voz cargada de enojo el rubio le dijo.

—Entre Candy y yo no hay secretos, ya supe que la besaste y más te vale que no le vuelvas a faltar al respeto o vas a saber de lo que soy capaz infeliz. Y de una buena una vez te aclaro que ni se te ocurra pensar en que tendrás una oportunidad con ella porque este sábado nos casamos.

Jonathan no era ningún debilucho así que en ese momento se soltó del agarre de Albert y tomándolo desprevenido le soltó un derechazo, el cual apenas y molestó al rubio que se limitó a devolverle una mirada amenazante.

—A mi no me vas a venir a decir lo que tengo o no tengo que hacer Andrew. Yo ya aclaré las cosas con Candy que es…

Otro puñetazo calló las palabras de Jonathan haciéndolo caer al suelo. Entonces el rubio le volvió a decir.

¡No me interesa lo que tengas que decir doctorcito de quinta! –Dijo con sus ojos inyectados de rabia—

En eso se escucharon las palabras asustadas de Candy.

—¡Albert basta ya por favor! –Corriendo hasta a donde estaba el—

Albert se calmó pero le dijo con su imponente y grave voz otras palabras a Jonathan que continuaba tirado en el suelo por la fuerza del golpe que recibió.

—¡Quedas advertido Kingsford!. ¡Si la vuelves a tocar no voy a dudar ni un minuto en romperte de nuevo esa estúpida cara de niño bonito que tienes!.

Jonathan se levantó rápidamente y lo amenazó.

—¡Cuando quieras Andrew! ¡No te tengo miedo!

Iba a acercársele de nuevo para seguir peleando cuando sintió como la mano de Candy lo jalaba. Entonces decidió retirarse.

Acto seguido. Albert tomó a Candy, la subió a su Rolls Royce y se fueron, no sin antes dejarle una última amenaza al moreno.

—¡No estoy jugando Jonathan deja en paz a Candy o vas a conocer quien es William Albert Andrew en realidad!

De camino Candy iba más callada que nunca, la única vez que lo había visto así de temerario fue aquella ocasión cuando la defendió de "Mongo". El rubio al notarla un poco nerviosa le dijo mientras acariciaba su mano.

—Pequeña perdóname por haberme comportado así, has de estar pensando que soy un salvaje pero no me pude contener, el verlo caminar junto a ti despertó mi furia al recordar que te robó un beso.

Candy lo miró ya un poco más relajada y le contestó.

—Está bien Bert no te preocupes. Pero no puedo negarte que tuve miedo de que te pasara algo. Cuando lleguemos más tarde a casa tendré que ponerte hielo en ese moretón. ¿Te duele mucho?

—jajaja No pequeña, no te preocupes apenas y me duele un poco. El que ha de estar peor que yo es Jonathan, pero se lo tiene merecido. Espero que después de esto le quede claro que no tiene ningún derecho sobre ti. Pero mejor hablemos de cosas más interesantes. Dime ¿no estás emocionada de que en menos de una hora por fin volverás a encontrarte con Paty?

A Candy se le llenaron los ojos de emoción al recordarlo, ya que con la pelea por un momento lo había olvidado.

—Claro que sí amor, tiene mucho que no la veo, solamente hemos hablado por cartas, así que tenerla unos días con nosotros va a ser muy bonito. Podremos ponernos al corriente de todo personalmente. –Dijo con una bella sonrisa—

Por fin llegaron a la estación. Todos los pasajeros iban bajando lentamente. Candy buscaba ansiosa a su amiga pero ésta aun no aparecía, estaba comenzando a preocuparse cuando se dio cuenta de que una hermosa castaña baja lentamente de un vagón. Candy sólo abrió enormemente sus bellos ojos y gritó:

—¡Paty!

Continuará…