A las diez de la noche Hermione estaba en el recibidor del castillo. Antes de que transcurriera un minuto de la hora acordada, Bellatrix apareció. No sabía en qué punto de su relación estaban, pero sin darle tiempo a pensar, la chica la saludó con un beso en los labios. La mortífaga se sorprendió un poco pero no protestó. Sin decir nada, salieron del edificio a la fría noche de febrero. La morena sonrió ligeramente al ver que su estimada niebla seguía envolviéndolo todo. A Hermione cada vez le molestaba menos aquella cortina que todo lo aislaba de la realidad.

De camino a la zona donde se luchó la última batalla, Bellatrix le describió los hechizos localizadores que solía emplear. Hermione asintió. Internamente sintió una ligera zozobra: eran todos los que se le habían ocurrido a ella e incluso algunos no conocía (magia oscura). Empezó a dudar. Necesitaba participar para cumplir su parte y que la bruja solucionara su deuda, pero tampoco quería darle falsas esperanzas… Así que optó por la sinceridad:

-Bellatrix, no quiero engañarte: no sé si voy a ser de mucha ayuda… No se me ocurre nada que…

-Sí lo serás –la cortó la morena con rotundidad.

Ante la seguridad con que lo dijo y el genuino interés que parecía tener en que la ayudara, Hermione asintió reconfortada. Igual no buscaba tanto ayuda como compañía. Era duro volver a pisar esos lugares donde nadie ganó. La mortífaga había dividido las áreas donde podía estar su cuaderno: el Bosque Prohibido, los terrenos entre ese lugar y el castillo y los pasillos por los que pasó durante la batalla. Lo primero que investigó y descartó fue el Gran Comedor. Le bastaron un par de noches y media docena de hechizos para constatar que ahí no había nada oculto. En el Bosque pasó de septiembre a enero. Recorrió los lugares en los que recordaba haber estado y empleó hechizos de detección de magia muy avanzados. Todo sin resultado.

-Así que solo me quedan los terrenos adyacentes y algunos pasillos sueltos –resumió.

A Hermione le pareció un buen sistema. Si bien era una locura buscar un cuaderno perdido hacía meses, Bellatrix estaba tan segura de que aparecería que ella no dudaba. También agradeció no tener que ir al Bosque.

Cuando llegaron a la zona en cuestión, la morena le señaló el perímetro. Empezaron a ejecutar hechizos localizadores y anti-ocultación de forma bastante organizada. Aunque el terreno era amplio, Hermione calculó que una semana podían cubrirlo todo. No obstante, el plan dependía de que la slytherin recordara exactamente todos los lugares por los que pasó la tarde de la batalla.

-¿Lo recuerdas todo? Yo tengo grandes lagunas –reconoció la chica-. Solo me vienen a la mente los sitios donde vi los cadáveres de mis amigos. El resto es todo fuego, escombros y dolor.

-Sí, tengo buena memoria y tampoco pasé por muchos sitios. Bosque, camino al castillo, un par de pasillos, Gran Comedor y luego esta zona fuera donde el duelo final.

-Pero… -empezó Hermione intentando fingir desinterés- Cuando pareció que Molly te… derrotaba, irías a algún sitio, ¿no? ¿No sería ahí? O igual con el impacto se destruyó el cuaderno…

Bellatrix cesó en su labor por un momento y le dedicó una sonrisa torcida.

-Te mueres por saber cómo sobreviví, ¿eh?

-Yo y toda Inglaterra –reconoció la castaña.

Bellatrix rió y continuó la búsqueda sin dejar de hablar:

-Durante la batalla ocurrió algo que me hizo cambiar de opinión (no te pienso contar el qué) y me di cuenta de que nunca había tenido voluntad propia. Así que decidí renunciar. Tracé sobre la marcha un plan para fingir mi muerte y largarme a vivir al extranjero. Alguien debía derrotarme para que me dieran por muerta y no me buscaran. Quería que fuese alguien digno, mi amada Minnie, por ejemplo. Pero caí en la cuenta de que debía ser alguien más inexperto: ella se hubiese percatado de que no estaba muerta. Así que el ama de casa furibunda me pareció buena opción.

-¿Qué hechizo usaste?

-Dos bastante sencillos: un maleficio espejo que crea una imagen de ti que dura unos tres segundos y otro para generar una explosión de humo negro. Los utilicé ambos y, como habíamos roto los encantamientos anti-aparición que protegían el colegio, pude desaparecer al instante.

-¡Lo sabía! –exclamó la chica- ¡Ya sabía yo que nadie moría así, en esa extraña de explosión de partículas negras! Lo repetí varias veces pero nadie me hizo caso.

-La gente cree lo que quiere creer, monito. El mundo deseaba verme muerta y sin duda abrazaron esa idea.

La chica asintió y le preguntó por qué regresó. La duelista se había vuelto a ocupar revisando los terrenos, pero al rato confesó:

-Porque me di cuenta de que nunca sería realmente libre. Soy famosa en todo el mundo mágico: aun dándome por muerta, ante la mínima sospecha, reabrirían el caso. Me niego a pasar el resto de mis días escondiéndome, eso no es vida ni es nada.

-Es verdad. Los meses que pasamos huyendo por los bosques fueron los peores de mi vida.

-Claro… Supe que tenía que formar parte del bando ganador. Como había perdido la fe en mi maestro, me la jugué. Decidí que si podía derrotarlo, sería una señal de que era mi destino y si me mataba él, bueno… también hubiese sido libre. Por eso volví y me enfrenté a él. Supongo que como él no tenía su varita original y yo sí… Nunca lo sabremos. Luego negocié con Shacklebolt para que cuando este programa de rehabilitación termine, por fin pueda ser libre.

La castaña asintió, tenía sentido. Le interesaba mucho saber qué ocasionó su ruptura con Voldemort, pero sabía que no iba a confesar más. Ya le había contado mucho más de lo que esperaba. Aún así no pudo evitar pensar que igual el odio al Mago Tenebroso no fue su única motivación. Quiso pensar que una parte de ella lo hizo por salvar a Harry, por cumplir la voluntad del único hombre al que amó. Pero antes muerta que sugerir esa posibilidad.

Continuaron la búsqueda durante dos horas sin resultados. Finalmente, la morena dio por terminada la jornada. Comentó con cansancio que necesitaba whisky. La castaña, también agotada, suspiró que a ella tampoco le iría mal. Bellatrix se encogió de hombros y le dijo que tenía en su cuarto. Hermione no supo si era una invitación, pero decidió tomárselo como tal. No hablaron por el camino, pero la mortífaga tampoco la echó cuando en lugar de dirigirse a la torre de Gryffindor la acompañó a las mazmorras. Al llegar a la entrada, murmuró algo que Hermione no entendió y accedieron. Recorrieron una laberíntica serie de pasillos hasta llegar ante la escultura de un thestral. Bellatrix lo acarició y apareció una puerta.

-¿No pide contraseña?- inquirió Hermione.

-Lo hacía al principio, pero no me fío. Lo modifiqué para que solo reaccione ante mi tacto.

-No sé si eres un genio o una pirada paranoica…

"Ambas" murmuró la slytherin encendiendo la luz. La chica comprobó que esas habitaciones eran más grandes que las suyas. Además del dormitorio y el cuarto de baño contaba con un amplio salón, una biblioteca considerable y un mueble-bar mejor surtido que el de cualquier garito. Era similar a la suya solo que mejor distribuida y sin la pequeña cocina que venía por defecto. Intuyendo su pensamiento, mientras se quitaba la capa y las botas, la morena comentó:

-Renuncié a la cocina para que me cupiera la biblioteca porque…

-Cásate conmigo.

-Porque soy de sangre pura y sería indigno de mí cocinar. Me vale con el alcohol para vivir.

-Anulo la petición.

Se miraron a los ojos y seguidamente se echaron a reír. Mientras la anfitriona servía el whisky, Hermione se sentó en el sofá y lo observó todo. No había ningún objeto personal, solo libros y más libros. Y un calendario de París con un hechizo que iba tachando los días y ejecutando una cuenta atrás.

-¿Es el tiempo que falta para que termine el curso? –preguntó aceptando el vaso.

La morena se sentó a su lado y asintió.

-Me lo regaló Elle y se va tachando solo. ¡No veo el momento de largarme de aquí!

-¿Por qué? Es decir, entiendo lo de ser libre, por supuesto, pero este no es un mal trabajo, podría ser mucho peor. Y los alumnos te adoran, vaya usted a saber por qué…

"No son los alumnos ni el trabajo, es…" la morena dio un trago. Seguidamente se tumbó con la cabeza apoyada en el reposabrazos y colocó sus piernas en el regazo de Hermione. La chica se lo permitió. A cambio, su compañera continuó:

-En el programa que diseñaron Shacklebolt y su equipo es obligatorio ejecutar un trabajo normal durante un año, para demostrar que estás cuerdo de cara a la gente y todo eso… A Lucius lo colocaron en el Ministerio, como toda su vida, pero conmigo no podían arriesgarse. A mí me tienen más miedo y ahí hubiese tenido acceso a información delicada. No obstante, querían un entorno muy controlado, así que propusieron Hogwarts. Me dio tanto horror que yo misma sugerí que prefería…

La slytherin se calló y cerró los ojos. Hermione, mientras le acariciaba el muslo inconscientemente, la animó a seguir.

-Prefería Azkaban.

-¿¡CÓMO!? –exclamó la joven sobresaltada.

-Hubiese preferido trabajar ahí. Ahora no hay dementores y es mucho más humano, no me hubiese importado hacer guardias o lo que fuese. Y es evidente que hubiese estado vigilada como querían… A ellos les pareció genial, pero la sanadora de almas que me trató dijo que no era buena idea. Podía despertar antiguos traumas, volverme más loca, empeorar mi estabilidad mental…

-Sí, claro, ¡es una idea pésima! –aseguró la chica- Sí que tienes que odiar esto para preferir volver ahí…

-Es que respecto a mi estancia en la cárcel sí que he progresado: puedo moverme en libertad más metros, puedo ducharme, estoy mucho más buena…

-Ojalá pudiera decirte que no es así –sonrió Hermione.

La morena dibujó su sonrisa burlona y continuó con la mirada perdida en algún punto del techo.

-Pero respecto a mi etapa escolar… Soñaba con terminar el colegio y conquistar el mundo, ¿sabes? Ya te conté mis planes con Sirius… Yo creí que habría algo más, sinceramente; no que veinte años después seguiría aquí encerrada pero aún más…

-Más sola que al principio –completó Hermione recibiendo un asentimiento-. Lo sé, estoy exactamente igual. Lo comprendo. Aunque claro que en tu caso han pasado más años y…

-He perdido veinte años de mi vida. Veinte años. Y los que me quedan ni siquiera sé qué quiero hacer. A veces pienso que hubiese sido mejor que Voldemort me hubiese derrotado.

-¡No, por supuesto que no!

Bellatrix enarcó una ceja sorprendida ante su efusividad. Hermione justificó que era lo mejor para el mundo mágico y todo eso, pero… Pero que podía hacer que lo siguientes años contaran y cambiar las cosas. La morena no respondió, rellenó su vaso perdida en sus cavilaciones. Hermione le confesó que para nada le había dado la impresión de que fuese desgraciada durante sus primeras semanas.

-Llegaste como una diosa oscura, tan segura de ti misma, con tu actitud de superioridad y de burla… Cuando nos pillaste a Minerva y a mí en lo de tu evaluación, en las reuniones de curso, en las clases… Yo creí que lo tenías todo bajo control.

-Por favor… Me criaron para eso, para dar la imagen. ¿Recuerdas que el primer día llegué tarde?

La chica asintió. Es verdad, ahora le resultaba extraño: la morena era extremadamente puntual en todas sus citas.

-Hubiese preferido llegar antes y sentarme sin llamar mucho la atención, pero… Pero tuve que encerrarme en un baño a llorar de la ansiedad- confesó avergonzada-. Sé quién soy y cómo soy, pero aún así nunca había trabajado con gente que me desprecia. Los mortífagos me temían y me respetaban, hasta mi señor lo hacía. Supe que aquí iba a estar sola pero rodeada de gente, que aún es peor que en una celda en la que al menos nadie te mira y murmura. Así que hice como me enseñaron: sonreí, imposte mi actitud de orgullo y superioridad y me centré en hacer mi trabajo. Pero las clases solo son unas horas al día y… Entiendo vuestro odio ¡y ni de coña quiero hacerme amiga de esos imbéciles! Pero aguantar a la gente sin poder cruciarlos es algo que me supera.

-Vaya, no lo había visto de ese modo… Entiendo que fuera difícil para ti trabajar con quienes fueron tus enemigos…

-Bueno, no lo fue tanto gracias a Elle. Es mucho más inteligente de lo que parece. Cuando me acompañó a mis habitaciones, notó que estaba angustiada. Y se quedó conmigo. Y me dejó llorar y maldecir y chillar hasta que me desahogué. Era la única que no me conocía y supongo que esa no fue la mejor forma de hacerlo, pero… Se dio cuenta de que necesitaba a alguien, aunque no lo mereciera.

-Me alegro –respondió la chica algo desconcertada por tan chocantes revelaciones-. Mir es un cielo, nunca juzga a nadie.

Bellatrix asintió y siguieron bebiendo en silencio. Cuando se terminaron las copas, la mortífaga le sugirió follar como quien te invita a un té. La gryffindor supo que aunque intentara dejar las emociones al margen, la slytherin confiaba en ella y agradecía su apoyo. Necesitaba aquello para desfogarse. Así que tras mostrar un fingido pero necesario reparo moral, aceptó. Cuando terminaron, la morena intentó echarla de su cama pero ella se negó. Le exigió que se aguantara: ella había querido hacerlo y ahora no estaba en condiciones de volver a su torre. Bellatrix suspiró y fingió rendición:

-Está bien, tienes razón –murmuró tapándose con las mantas-. He de asumir mis responsabilidades: tengo una mascota y he de hacerme cargo de ella… Pero nada de estrujarme como a un peluche, monito, o te despertarás con alguna extremidad menos.

-Buenas noches a ti también –respondió la chica adormilada.