La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.
Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...
Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Escena 22:La historia del Reino de los que rien (y como acabaron llorando)
- ¿Usted sabía de la orientación sexual de Portgas D. Ace antes de que Akagami No Shanks se lo dijera? - negué con la cabeza y busque con mi mirada a Sabo, el me tranquilizaba con sus ojos serenos.
Como si estuviese diciéndome con suavidad "Quedó atrás. Ninguno de los dos debe esconderse ahora."
Sonreí con levedad.
- No lo sabía, pero supongo que en algún momento me iba a enterar y no me quedaba más que aceptarlo.
- ¿Fue esa la razón por la que apoyó a Barbablanca elaborando el plan para liberar a Portgas, junto a Marco el Fénix?
Trabajar con el pirata con el que mi pareja me había engañado por años no había sido fácil. Ninguno de los dos se sentía cómodo al apar del otro. Yo pensaba en todas las cosas que ellos habían experimentado juntos y él me miraba a mi como un peligro y traidora potencial. Y aún así, luchamos por un objetivo en común. Hicimos toda nuestra mierda y odio al lado por amor a Ace.
- Ace y yo no éramos pareja al momento de la Guerra, mucho menos al momento de su muerte, porque antes de una relación romántica o sexual, fuimos hermanos. Antes de salir al mar y ser una marine o un pirata, fuimos familia.
Siempre estuvimos conectados.
Y aquel siempre que nunca podría decir en voz alta iba mucho más atrás de lo que significaba aquella palabra.
Mucho tiempo atrás, en un periodo desconocido para la humanidad, existió un reino fuerte y próspero, bendecido por los dioses a quienes veneraban y ofrecían regalos y ofrendas simbólicas como agradecimiento.
La historia de este reino quedó sepultada en el olvido, como su gloria entre los pedazos de lo que un día fue el centro del mundo, el lugar que significó la ciudad y civilización soñada fue destruida en cientos de pedazos por la envidia, ambición y deseo de poder de otros quienes jamás podrían alcanzar el esplendor de aquella tierra.
La fuerza de sus guerreros era legendaria, todos desendientes de familias con antepasados de la primera de ellas, que luchó en la defensa del mismo en su inicio, siendo liderados por un viejo héroe, cuyos vestigios existían ahora en los principales comandantes del ejército que protegía y batallaba a favor del Reino. Implacables, sagaces y legendarios, poseían la voluntad, la fuerza, valentía y fiereza que el cielo les había entregado -entiéndase, Plutón- a quien veneraban abiertamente, manteniendo una relación de respeto y agradecimiento por todos los dones que los guerreros poseían, así como por permitirles ver brillar el sol en el cielo, siempre en dirección hacia ellos.
La sabiduría de sus gobernantes, mítica por el nivel de desarrollo, crecimiento y esplendor del Reino, que supo convertirse en el lugar más próspero, rico y seguro de todos los mares, era motivo de interés para los reyes del mundo, que consideraban injusto el privilegio de ser dotados con los mejores conocimientos para conducir y formar una isla de luz y armonía, donde su gente nacía, vivía y moría con felicidad. Los reyes de aquel lugar, descendientes de los fundadores, eran bendecidos por Hades con una larga vida que continuaba tras su muerte como recompensa por sus acciones para su pueblo, porque ellos siempre veían por las mayorías, porque su entrega y convicción los mantenía en un trono y en el poder que le brindaban sus ciudadanos al confiar en ellos.
Así, no en menor medida que las otras clases, se encontraba el pueblo. Un pueblo lleno de voluntad, inteligencia y servicio, personas que convivían en armonía por el provecho y el crecimiento de si mismos y de los demás, creando lazos con los cuales la familia iba más allá de la sangre, estaba compuesta por todos aquellos que diariamente trabajaban y servían al funcionamiento del Reino. Felices en la distribución de sus necesidad, disfrute y responsabilidades, los niños, adultos y ancianos adoraban que el mar siempre les favoreciera con sus olas al visitar reinos vecinos, al salir de pesca, al tener festivales y ayudar sus transacciones y comercio. Gracias al trabajo conjunto de los guerreros que les daban seguridad, de sus reyes que les servían de guías y brindaban orden, y de ellos mismos, que ejecutaban el sostén de la sociedad perfecta, el Reino nunca dejaba de brillar, de crecer, de estar siempre a la cabeza. Su servicio, habilidades, lealtad y humildad eran el sostén y la unión entre las demás clases.
No existían ninguno rey sin su reino, un reino no era capaz de subsistir sin sus reyes, y tanto el rey, como su pueblo, necesitaba de guerreros capaces de proteger sus fronteras y a sus ciudadanos. Un perfecto equilibrio entre todos los poderes.
Y todo ello, mientras eran acogidos bajo el beneficio y los favores de los dioses.
En un comienzo, aquellos que fundaron el Reino, agradecidos por el triunfo y la paz tras una larga y sangrienta guerra, se inclinaron ante los dioses, contrario a muchos quienes consideraban que únicamente el éxito provenía del quehacer humano. Las divinidades, conmovidas, o quizá, halagadas, respondieron a los mismos, proveyendoles de los dones y la guía necesaria para que Raftel se convirtiese en la Isla Dorada.
Una relación de entrega y agradecimiento se formó entre mortales e inmortales, donde los primeros eran bendecidos y los segundos bendecían. Pero para obtener un beneficio siempre era necesario el sacrificio, y, mientras cada dios concentraba sus dones en una parte de la sociedad dorada, los mismos ofrecían "regalos" a cada uno.
Los reyes, cada cuatro generaciones, entregaban al primogénito de su familia como "guardián" o servidor al templo creado en nombre y honor de Urano, el cielo mismo, quién siempre les había sonreído, llenandolos de la bendición de la sabiduría y la fidalidad a su pueblo. Por esta misma razón, cuando el niño era concebido, se pactaba un matrimonio entre este y la última hija de algún representante del pueblo que hubiese nacido durante el punto más alto de la marea, siendo entregada a Poseidón como agradecimiento por la voluntad, el trabajo y las habilidades que les habían sido dadas, así como la prosperidad del pueblo en tierra y en el mar. Esto mantenía un equilibrio y relación justa entre los gobernantes y los gobernados, quienes no se sentían como tal, pues consideraban a sus reyes como guías y a los guerreros como protectores. Y por último, el primogénito de los guerreros, quién se entregaba como servidor del templo del dios del Inframundo, la representación de que la gloria de los mismos únicamente acababa con la muerte, pues en vida, siempre contarían con su fuerza y protección durante la batalla.
De esta forma cada cuatro generaciones tres niños del Reino pasaban a estar al servicio de un dios. Las divinidades consideraban inútiles a dichos "guardianes" pero adoraban ser venerados y reconocidos, por lo que el trato se mantuvo durante mucho tiempo hasta que la última generación que les serviría. Tal vez, los tres dioses hermanos habrían deseados que los padres de los chicos que conocieron el fin hubiesen sido la última generación en servirles, y no aquellos a quienes conocieron en sus templos, pero habían cosas en la vida, y en el destino, que ni siquiera ellos podían controlar.
Nadie pudo evitar que las estrellas se alinearan una noche de forma perfecta luego de una larga tormenta que no parecía tener fin, y que tras horas completas de gritos y llantos de la Reina, un nuevo llanto simbolizara el nacimiento del heredero, de una nueva cuarta generación. Según la historia, que ahora nadie conocía, todos los dioses acudieron a darle su bendición, las estrellas habían escapado curiosas para conocerlo y las olas del mar, le habían acunado y mostrado respeto porque aquella alma era una que nunca habían conocido.
Contrario a los antiguos guardianes de las viejas generaciones que habían reencarnado una y otra vez desde el inicio del tiempo, aquel niño de ojos oscuros había sido una creación original, formado por el polvo de la estrella más bella que acaba de morir, de las gotas de lluvia que habían dejado de caer del cielo, de la tierra más fértil que había permitido el nacimiento de las flores, forjado por las manos de los valientes y bañado por las lágrimas del mundo, orgullosa de su obra maestra. El primogénito de los reyes D, quién es conocido -por los únicos que lo recuerdan- en la historia como Luffy.
Meses antes, nadie pudo prevenir tampoco la venida al mundo del hijo del Jefe guerrero. La vida destinada a ser entregada al frente, a la lucha y el fuego de la batalla. Al elegido por la muerte para vivir en su nombre. Alguien por quién los demás dioses miraría hacia otro lado, buscando jamás hacerle un desplante, jamás hacerle daño, porque en su corazón se formó la gracia y el poder. Nada bueno. Destrucción.
La última creación de la naturaleza, el cosmos y un ser superior a los mismísimos dioses fue una niña, quién a diferencia de los otros "elegidos" nació en una cabaña pequeña, casi a oscuras, sin nadie esperando que fuese ella quien sellara el inicio de un nuevo ciclo entre los dioses y el pueblo. Sin embargo, la marea alta y la muerte de su madre, quién ya era demasiado mayor y había tenido muchas hijas ya, provocó el vitoreo del pueblo entero que corrió al humilde lugar a conocer a la nueva servidora de Poseidón, el dios más humano de todos, el que siempre se mostraba más agradecido por la tradición y la compañía de una nueva generación. Fue así que nadie supo porque el dios no se presentó a conocerla, que nadie presenció el sentimiento de debilidad característico de los humanos que lo invadió cuando las lágrimas sucaron su rostro aquella noche.
Leriana nació riendo, quizá como una ironía de lo mucho que iba a llorar durante su vida e incluso más adelante. La gente la amo desde que posaron sus ojos sobre ella, de la alegría y paz que les brindaba, ignorando que su dios guía le había dado la espalda, y otros dioses pretendían hacerse con ella, con regalos como la belleza, inteligencia, sabiduría y fuerza, como quien desea apoderarse de la última gota de agua pura que no era protegida por nadie.
Luffy y Ace fueron recibidos por sus respectivos dioses, a Ler le tocó ser bendita y maldita a partes iguales hasta la salida del sol, cuando Poseidón se presentó, y ni siquiera quiso tocarla al darse cuenta de que era otra nueva alma forjada por el creador.
-Ojala hubieses sido su antes- Julián, la encarnación humana del dios de los mares se acercó a la niña que sonrió inocentemente a la nada, sin comprender lo que ocurría a su alrededor. Sin saber que sería de su vida, cuál era su destino- O mi después...
Los reyes convocaron la reunión un día después. El mayor de sus hijos, el medio del líder de los guerreros y la menor de las hijas de alguien en el vulgo, fueron presentados oficialmente ante los dioses y ante el pueblo entero como aquella señal de la promesa entre mortales e inmortales, la seguridad de la prosperidad, la mayor muestra de agradecimiento el presente hacia al glorioso pasado para asegurar el armonioso futuro.
Tal vez si Luffy hubiese nacido después que su hermano menor, los dioses no lo habrían escogido como su favorito. Tal vez si Ace no hubiese sido el hijo del mejor Guerrero del reino, no habría sido entregado a la fuerza al dios caracterizado por el engaño. Tal vez , si la madre de Ler hubiese sobrevivido, habría tenido una hija más, y no sería ella la servidora de Poseidón. Si una sola de das cosas hubiesen pasado, habrían cambiado totalmente su destino, porque en dicha historia, no podía existir ninguno de los tres sin los otros dos.
-Al hijo del rey, que seguirá sus pasos un día, le daré la inteligencia y sabiduría que ningún otro gobernante ha conocido- dijo Urano.
Plutón o Hades, harto y disgustado con las ceremonias que venían haciendo durante generaciones, solo se acercó al pequeño Ace porque sentía algo extraño hacia el que no podía comprender y que ninguno de sus iguales podía explicarle.
Presuroso por terminar y volver con su esposa Persepina, dijo:
-Que la gloria no termine con tu muerte, y ante la misma, te recibiré como el más grande y valiente de los guerreros que peleó en nombre de su reino y su dios guía. Creceras con la fuerza para sostener tu reino, con la valentía para pelear por el y la habilidad para nunca perder mientras recuerdes tu causa, entonces yo te recibiré en tu final en mi casa como un héroe.
Poseidón reparó en la ausencia de la madre de la niña mientras sus ojos azules conectaban con los del padre, que lo miraba de una forma significativa. Ignorando el gesto, procedió a tocarla por primera vez y hablarle :
-Ya te han entregado una belleza y voluntad superior a la de la madre que nunca conocerás, por eso yo te dotare de la fortuna que ella no tuvo y de la vida que le faltó para conocerte. Mientras sirvas a mí templo, te protegeré desde este día hasta tu muerte, las sirenas cantarán tu nana y las olas meceran tu cuna, el mar será tu hogar y tu tumba. Yo cuidare de ti como tú cuidarás del mar, hasta que la última gota de agua se seque.
Poseidón creyó que el principio del fin era el día en que nació la última de los tres guardianes, no en el que su temperamental hermano los convocaría hecho una furia al salón de la justicia, donde las almas que morían debían pasar para ser juzgadas, unos 20 años después.
-¿Quién se murió?- el siempre de buen humor Urano apareció entre una nube de humo, sosteniendo una copa de ambrosía entre sus manos.
El señor del Inframundo lo miro como si quisiera descargar toda su rabia sobre el, pero ante la mirada de advertencia de su otro -y más tranquilo- hermano, se contuvo mientras apretaba los dientes y decía las palabras que provocarían una crisis divina entre la relación de los tres con sus "protegidos":
- Nos traicionaron.
-¿De qué hablas? Ellos no...
- Leriana y Ace están juntos- Poseidón frunció el ceño y lo interrogó con la mirada.
- No puede ser, ella es la prometida del chico, del de mí templo - Urano parpadeó perplejo sin creer la afirmación que había hecho Plutón- Y Ace es...
- Ese detalle no les pareció tan importante MIENTRAS COGÍAN EN TU MALDITO TEMPLO - señaló al cielo mientras las paredes del lugar comenzaban a temblar. - Y TU CHICO LO SABÍA. LOS CUBRIÓ.
Poseidón abrió los ojos de forma exagerada, sintiendo que su corazón, después de muchos años, aún estaba allí. La historia tampoco sabría que el dios de los mares tenía corazón y que lo descubrió en el reino de la personas que sonreían.
- Primero, cálmate...
- NOS TRAICIONARON- y mientras sus hermanos intentaban calmarle, el se adelantaba a iniciar una historia que se extendería más allá de la vida de un mortal- MALDIGO EL DÍA EN QUE NACIERON POR ATREVERSE A JUGAR CON NOSOTROS.
- ¿Oyes eso? - Ace preguntó con preocupación mientras acariciaba el cabello de su pareja con suavidad, recostados en el jardín del templo marino.
- No lo escuché, pero lo sentí. Es extraño- respondió ella incorporándose levemente, mirando hacia el cielo- pero si fuese algo importante, se que Julián estaría aquí.
- No deberías llamarlo de esa manera- sugirió el mirandola- no son humanos, ni nuestros amigos.
- Créeme que lo sé, pero el no- aclaró ella, apuntando al tercer personaje en la escena, sentado solo a unos pasos de ellos, comiendo de una cesta con manjares solo para el. Suspiró.
- ¿De qué hablas? - preguntó Luffy, con la boca llena. Tanto Ace como Leriana se esforzaron en entender lo que el chico quería decir, pero acostumbrados, lograron hacerlo.
- Lu, deberías masticar primero antes de hablar- sugirió ella gateando hasta el chico para limpiarle las mejillas con el pulgar.
- Perdón, Ler - ella hizo un mohín, molesta por ser llamada de esa forma por el- pero tengo que terminar de comer rápido.
- No es una novedad- comentó el pecoso acercándose también, aprovechando a robarle una fruta.
- No es eso, algo está mal- explicó Luffy, frunciendo el ceño.
Bastó un segundo para que el trío se pusiese de pie con rapidez.
- Definitivamente algo está muy mal- admitió Ace esta vez, mirando también al cielo donde Leriana había visto momentos atras.
- Mierda.
- Será mejor que vuelvan a sus puestos, chicos- Ler dirigió su vista tras de ellos, hacia el interior del templo, con preocupación- creo que recibiremos visitas.
