Capítulo Veintinueve
Sonrió al ver que no era algo que los dos esperaran. En especial Yoh que trataba a toda costa de mantenerse calmado, mientras era examinado por Hao.
—El señor Hao Asakura—pronunció su padre—Christian Grey.
Hasta ese momento todo le había parecido simpático. O al menos aliviaba su carga emocional tras ese momento de loca pasión. Pero eso rayaba en lo absurdo. Buscó en la cara de Hao algo que delatara su conocimiento sobre el tema: nada.
—Un gusto conocerlo, señor Asakura—dijo firme.
—Igualmente, señor Grey— dijo sin la menor importancia—Supongo que es parte de la mano de obra momentánea por la cosecha.
—Sí, así es—afirmó el señor Kyoyama—También es quien maneja nuestro inventario y la contabilidad del producto, por eso y porque aun no ha visto parte del proceso posterior a la recolección, le pedí que nos acompañara en el recorrido.
—Claro—contestó indiferente—¿Nos acompañará en el recorrido, señorita Kyoyama? Nadie habla con tanta elocuencia de manzanas como usted.
Roló los ojos, tomando una pequeña bocanada de aire, advirtiendo la necesidad de salir corriendo de ahí por parte de Yoh.
—Temo que declinaré la oferta, otras labores ocupan mi tiempo—respondió caminando hacia la entrada—Y papá… no olvides mostrarle al señor Asakura qué hacemos con los desechos del producto, no será que piense reutilizar algo de lo que ya no sirvió. Él tan ecológico que es, debe estar interesado en que la composta genera tierra nueva, no revive árboles muertos.
Tanto Yoh como su padre se miraron entre sí confusos.
—Si el árbol no está muerto de la raíz, puede volver a revivir. Nada que un poco de agua no ayuden para hacerlo germinar de nuevo, más floreciente e imponente.
Bufó saliendo de ahí molesta, mientras Hao sonreía victorioso, dejando también del lugar.
—Creo que me perdí la clase de biología—comentó Yoh.
—Creo que los dos—afirmó el hombre, palmeando su brazo—Y no acepto más negativas, ya estás aquí.
¿Tenía opción? Cuando le dijo que necesitaba su ayuda, no pensó que lo fuera a meter en esa situación. ¿Si sudaba frío? Sólo un poco. Mas que nada porque no quería este reencuentro. Tenía sentimientos encontrados y no quería que eso dominara sus acciones futuras. Aunque decir que le pareció del todo desagradable sería mentir, le agradaba ver que su hermano era un hombre recto, como él siempre quiso ser.
—Señor Grey.
En cuanto pisó de nuevo el suelo de casa, buscó por todos lados ese rostro familiar. Pensó que su padre haría un trabajo sobresaliente al convencer a Yoh de ir con él. Lo que nunca imaginó fue que su idea se viera arruinada tan pronto. Menos por una estupidez
—¡Qué cara, hermanita! —dijo Justin, casi esquivándola—¿Aparte de bajar toda tu compra, hay algo más en lo que te pueda ayudar?
—Sí, dónde está tu hermana.
—En la cocina con tu mamá—dijo Christine, su cuñada.
Ambos se sonrieron al verla tan airosa, así que tras unos segundos que desapareció, no tardaron en seguirla. Ethan y Suzzete brindaban con un par de copas de vino, mientras marinaban la ternera. Los miraban desde el marco de la puerta, alertas ante las visitas.
—Vamos, blondie, no sé por qué te enojas—dijo su hermana—Papá no sabía qué nombre falso usar, yo solo le di una opción.
—¡Pero qué opción, Suz! —gritó exaltada.
Ethan reía a carcajadas, mientras su madre los miraba casi resignada al escándalo. Tampoco sin comprender del todo el dilema.
—Nena, lo importante es que tiene un nombre—comentó ella.
—¡De un libro! —gritó tomando una copa de vino.
—Ay, yo no le veo el problema, al tipo le va bien el nombre—comentó Ethan—Es igual de gris y aburrido.
Anna lo vio mal de inmediato, lo que provocó la risa de Justin que se acercó a palmear el hombro de su hermana pequeña.
—Calma, Annie, ¿cómo le pusieron? ¿Dorian Grey? No suena tan mal.
—Christian Grey—dijo tomando un gran trago de vino tinto.
Ambos hermanos se miraron sin comprender nada aun. Por lo que fue el turno de Suzzette de mirarla con gracia.
—¿Ves ellos ni siquiera lo notan, verdad, Christine? —ella asintió, tratando de esconder la sonrisa—¡Son hombres!
Cómo si eso frenara a Hao de querer buscarlo en línea. ¿Qué le diría? No era tonto, si Yoh sabía de ese riesgo, se iría de inmediato. En ambos lados salía perdiendo mucho.
—Mira deja de pensar en ese idiota y mejor ayúdanos a preparar la ensalada—dijo Ethan.
Parecía ser el único en rechazarlo. No era necesario ser genios para saber que no le agradaba la presencia de Yoh y que prefería mil veces la de Hao. Sin embargo, no estaba en discusión su permanencia. Era el acuerdo al que habían llegado. En cuanto se recuperara por completo, se marcharía. Yoh se había negado a ser parte de ellos, más que nada por su seguridad, algo en lo que todos concordaron. Así que permanecería en la granja todo el tiempo.
—Vas a cortarte, si sigues en la lela—le advirtió Suzzette—¿El señor Grey tiene talento?
No pudo evitar sonrojarse un poco por el repentino recuerdo, ante la evidente burla de su hermana.
—Veo que sí—dijo con una pequeña sonrisa—Saben qué, voy a decirles a los niños de este cambio, no queremos que lo delaten tan pronto.
—Te acompaño—dijo Christine.
En general conocía la propiedad, había partes en las que no tenía idea que estaban ahí, porque más que nada se abocaron a la reconstrucción y algunos aspectos de reacomodo de insumos. De cualquier modo, su visita no incluía como tal trabajos manuales. Salvo en ocasiones, que deseaba ayudar a Anna con sus tareas designadas.
Así que consideró como recreativo conocer hasta el más mínimo detalle de la empresa familiar, los canales de distribución y los de comunicación, en los que llevaba laborando Anna los últimos meses. Lo que no comprendía es cómo aquel hombre podía casi pasar desapercibido. Era demasiado silencioso, incluso en su propia abstracción.
—De modo que labora para la familia—le comentó curioso—¿Desde hace cuándo?
—Unas semanas en realidad—contestó viendo al padre de Anna abrir un par de recipientes de jugo.
—¿Ha estado en Londres?
—Ocasionalmente.
Tal vez era su impresión, pero le resultaba familiar en algún extraño sentido. Pero no es como si fuera algo sobresaliente. No tenía mucho carisma, era demasiado retraído y su físico tampoco salía del común. Cabello negro azabache, ojos color verde, lentes negros, piel blanca, casi pálida. Lo que sí podía resaltar es que tenía la misma altura que él, incluso dos centímetros por encima, y él no era tan bajo.
—No se ve como un simple granjero.
De hecho se veía estilizado su modo de vestir. Claro que tampoco podía ni le gustaba juzgar a las personas por su condición social. Pero podía ver con claridad que la ropa era de calidad.
—¿Un sombrero de paja le parece más acorde? —preguntó con gracia.
Él sonrió, extrañado del raro sentimiento de complicidad, si sólo habían intercambiado un par de palabras. Iba a comentar algo más, cuando Kyoyama regresó con tres botellas de jugo.
—Éste sí es más específico, casi no lo sacamos porque es caro hacerlo masivo—explicó el hombre—No es néctar, es clarificado.
—Sabe bien—calificó el castaño, dejando sobre la repisa el recipiente.
Las manzanas no eran su delirio, pero no negaba que tenía un agradable sabor.
— Es delicioso—admitió Yoh—¿Puedo tomar el resto? —señaló su botella.
Corrección: tal vez el hombre era tímido, porque de la nada había sacado una chispa de alegría.
—Adelante—aceptó el castaño, viendo que resurtía el envase con el suyo.
—Señor Grey—llamó la atención Kyoyama.
—Lo siento.
Sonrió, negando con su cabeza, ya estaba delirando al ver en él el reflejo de otra persona. De una que no deseaba volver a evocar en su vida. Fuera de eso, se mantuvo callado el resto de la demostración gastronómica. Cerca de las siete, regresaron a la casa principal. Le pareció raro ver a los perros correr familiarizados hacia él.
—De modo que también es domador de perros—bromeó el castaño.
—Todos los animales son agradables, los perros en particular son muy fieles—respondió acariciando la cabeza de los labradores—Pero todos merecen un trato digno.
Le extrañaba concordar con esa idea, aunque muchos pensaban de igual manera, no debía sorprenderse.
—A mí nunca me hicieron ese baile, ni me dejaban acariciarlos así—aludió, recordando todas sus visitas—La primera vez me ladraron.
—Es su trabajo, son los que cuidan la granja—apremió, dándoles un pequeño premio de su bolsillo—Hacen un gran trabajo.
Odiaba reconocer que ese tipo le parecía agradable, porque no era de fácil impresión. Sin embargo, los pocos minutos que hablaron, sentía como si hubiese sido suficiente para reconocer a él a un gran sujeto.
—Ya pueden pasar, la mesa está servida—les anunció el patriarca.
De inmediato observó el gran banquete. Aunque había convivido con todos en general, aun no lograba acordarse del nombre de los niños, más que el de Maisie, que lo llamó por ese apodo muy impregnado en ella. La sensación en sí de quedarse a cenar no le gustaba mucho, menos con tal cantidad de personas. Pero analizaba que si Grey podía, él también podría tolerar un ambiente familiar tan perfecto.
Buscó a Anna con la mirada, pero ella aún no se había sentado a la mesa.
—Aquí puedes sentarte—le indicó Ethan—¿Y qué tal Silver? ¿Ya regresó del retiro por su hija?
Sonrió, recordando todos esos malos partidos, en donde Alumi no dejaba de llorar.
—Sí, ahora es un poco más lento y distraído.
—No lo culpo—intervino Justin—A los hombres nos pasa que ser padres nos modifica algo. Parece que tenemos la mente en otro sitio. Ya no somos tan arriesgados.
—¡Oh, Just, tu nunca fuiste tan arriesgado! —exclamó Ethan.
Entre hermanos, eso parecía ser muy normal. Aunque charlaba bien con todos, no podía sentir esa misma conexión en la charla, como para bromear una tras otra vez. Tampoco tenía los recuerdos para hacerlo con ellos.
—¿Usted quiere ser padre, señor Asakura? —preguntó Suzette.
Esta era una de las razones por las que no le gustaba cenar en familia, las preguntas incómodas.
—Suzette—objetó su esposo—No puedes ser tan atrevida.
—¿Qué? No pregunto nada anormal, además estamos rodeados de niños. Apuesto a que Becky y Ethan no tardan en empezar la producción—dijo mirando a la pareja—Incluso el señor Grey pudiera tener ya una postura en el tema. ¿no es así? —dijo llamando su atención.
—¿Perdón, cuál es la pregunta? —dijo confundido.
Sentado frente a él, era casi imposible que pasara por alto el gesto de abstracción que lo estaba dominando. Tan diferente a su aspecto relajado de segundos atrás, que sostenía con los animales.
—Bebés.
—¡Oh! Ya—dijo sonriéndole un poco—Concebidos con amor y con el agrado de sus padres, creo que es una bendición para cualquier familia.
Suzette de inmediato dio su aprobación por aquel comentario.
—¿Pero y si no hay familia? —preguntó Hao.
—No se puede nacer por generación espontánea—contestó simple, dejándolo más que sorprendido.
Más de uno rio por esa respuesta, incluso la madre cuestionó cuál era el motivo, mientras acomodaba el plato principal en el centro de la mesa. Anna llevaba dos bandejas en sus manos. Yoh se levantó y tomó una para colocarla al otro extremo de la mesa. El otro recipiente con verduras, lo ubicó delante de ellos. Porque si ya de por si estaba extrañado de todo ese ambiente y lo fácil que era congeniar con el ayudante, ver a Anna sentarse a su lado, en vez de hacerlo de su lado le pareció descortés, a sabiendas que era su invitado también.
—¿Te falta algo?
—El batido y los bollos de pan—dijo ella, sentándose ya.
Su padre comenzó a cortar las rebanadas de carne, mientras no dejaba de observar que rellenaba el plato del hombre con verdura de toda clase. Él llegó a los pocos minutos, con lo que ella le había indicado.
Algo en toda esa dinámica no le terminaba de gustar.
La charla dejó el tema de la crianza y se enfocó en negocios, algo de lo que él hablaba con fluidez. En todo momento, aquel sujeto se mantuvo al margen, bebiendo agua y aquella cosa extraña color verde, mientras Anna le pasaba un frasco de pastillas para que acompañara.
Pese a estar atento a la plática, detalles así no se le fueron con facilidad, al ver que Grey incluso le pasaba algunos vegetales a su plato. No pudo evitar su molestia, fue peor cuando en las preguntas dirigidas a ella, se limitaba a contestar lo suficiente.
—Desde niña he adorado las manzanas con caramelo—dijo limpiando su boca—Y el jugo clarificado, aunque no lo hacen muy seguido. Pero en general, creo que ése es mi producto favorito.
—Súper predecible—bromeó en voz baja el hombre a su lado.
Ella le dio un pequeño codazo, apenas notable.
—Tú adoras los jugos y nadie dice que eres predecible—respondió en el mismo tono.
—No, ahora yo también soy fan del jugo clarificado—concordó con una pequeña sonrisa.
—Hey! Qué son esos cuchicheos, señores Grey—intervino su hermana—Lo que vayan a decir, díganlo para todos.
Más de uno comenzó a reír. Ethan los excusó, diciendo que era normal que su hermana dijera bromas tontas. Pero al ver cómo eso ni inmutaba a los involucrados, su paranoia estaba creciendo en límites exorbitados. Cuando llegó el postre, lo obvió. Eran demasiadas manzanas por un día y demasiado qué procesar aun.
—¿Quieres quedarte a dormir, Hao? Puedo preparar la habitación de huéspedes—le ofreció la madre de Anna.
En otras condiciones, hubiese declinado la oferta, sólo eran las nueve de la noche.
—Claro, si no es inconveniente, quiero firmar documentos mañana—aclaró solemne.
—Es un honor para nosotros tenerlo como nuestro huésped—contestó el padre.
No lo dudaba, sentía el cariño sincero de los Kyoyama hacia él. Pero más que nada, quería seguir evaluando el comportamiento de su adorada rubia, que ayudaba a recoger los trastos para que el misterioso hombre los lavara. Eso no le parecía extraño, pero sí el modo en que se dirigía a ella, a sabiendas que trataba con la hija de su jefe.
Pasó una hora y aquel hombre no desaparecía, ni tenía la más mínima intención de marcharse.
—¿El señor Grey también duerme aquí? —fue directo cuando ya solo quedaban pocos en la sala.
—Sí, es amigo cercano de Anna—mencionó su padre—Pero pierda cuidado, tenemos una habitación disponible para usted.
Muchas de las piezas comenzaron a embonar como engranes. En especial, con la breve ilustración que le hizo Anna de su casa.
—Pero sólo hay una habitación de huéspedes—comentó casual—¿Acaso duerme en el granero?
Si durmiera con los perros, no le parecería raro.
—Desconozco la ubicación exacta, Hao—dijo bebiendo el café.
Eso en definitiva activo todos sus alarmas, en especial por sus recientes compras en el almacén. Entonces cada minúsculo gramo de empatía hacia el sujeto desapareció en el instante que lo vio subir a la planta alta, donde solo estaban las habitaciones principales.
—Claro…
Pero no había que ser genios para saber dónde dormía.
Continuará
He vuelto a las andadas con un capítulo más. Me he enfocado mucho, liberándome un poco del estrés gracias a la escritura y qué les cuento, estoy muy feliz de seguir actualizando y traerles más capítulos. Sobre el fic: no esperaban que saliera Yoh así nada más, ¿verdad? Más que nada verán un poco de sus razones para su cambio y sus posiciones en el siguiente, pero aquí, me pareció divertido ponerlo así, medio ansioso y al mismo tiempo relajado con su hermano. Pero Hao ya descubrió algo que no le gusta de Yoh. Algo en que él quisiera estr en su lugar. ¿Qué les parecen las parejas para Anna? Y sus hermanos, siento que debía equilibrar mucho el asunto, Team Yoh: Suzette y Team Hao.: Ethan Team Anna: Justin. Y el nombre no tan secreto de Yoh, fue gracioso todo eso.
Gracias por seguir comentando, son unos mil amores. Los quiero porque me animan a seguir dando todo de mí. Espero que les complazca la historia.
