Omake 9


Tiempo atrás el mismo día que Sabo entro como polizón en el barco de su hermana cierto shishibukai se encontraba navegando hacia ese lugar, decidido a enfrentarla nuevamente y por última vez, si el destino así lo quería.

Era duro ir en el barco, al lugar donde sabía que estaría su hermana pasando su últimos días, no pensó en que condición estaría, no se torturaría de esa forma, ni de ninguna otra, pensando que este resultado era gracias a las maldiciones. El ya no era el joven de cabeza caliente, que había sido hace tanto y ella… no, no debía vivir el pasado sino él ahora pensó Mihawk sacudiendo la cabeza.

La isla de las doncellas, la isla del Amazon Lily, Mihawk, no Fede, se corrigió a sí mismo, dejando caer la percepción de la falsa forma que lo había acompañado en los últimos casi 30 años, no quería que la emperatriz pirata supiera quien era realmente su compañero shishibukai, no es que se hubiera encontrado antes, pero quería separar su vida actual, del pasado.

El destino le sonrió a Fede en la costa no había nadie, en la isla, no se veía ningún barco, así que era probable que las piratas Kuja no estuviera en ella, aunque habían pasado más de cien años desde que había estado aquí, encontró desde lo alto que la cuidad se había hecho un poco más amplia y poblada, Fede supuso que eso fue el resultado de la maldición que Diana impulso en las cazadoras ¿Si su hermana estaba aquí estaría en el palacio?

Si era así, sabia en que habitación estaba, tan estúpida como él, se estaría auto torturando en esa habitación.

Cuando entro, se burló de mal sistema de seguridad que las amazonas tenia de su pueblo, tan confiadas de que nadie cruzaría el Calm Belt, o se metería con una shishibukai, idiotas totales.

Ahí estaba mirándolo su hermana con su misma mirada de halcón.

−Muchos siglos sin verte Fede.

−No suenes tan contenta−dijo Fede mirando con su penetrantes ojos como un halcón, podía ver todas las maquinas conectadas, a su hermana, lo desarreglada y pálida que estaba, pero lo que le llamo la atención fue el cuchillo que ella tenía en sus manos.

−No es para pelear contigo−tose Diana secamente de forma repetida− Fede, solo analizo lo que debo hacer.

Fede cerro sus ojos.

−Fede−tose nuevamente Diana apretando el mango del cuchillo de forma acusatoria−hiciste algo, tu…

−Tu hija, sigue viva…

−Aléjate de ella, Fede −dijo Diana con una mirada y tono de voz helados.

−No volvería a hacernos esto Diana−dijo Fede dejando su espada negra recargada en la pared se acercó con lentitud hasta el centro de la gran habitación donde su hermana estaba.

−No lo sé−dijo Diana tosiendo, −yo, ya no, nos reconozco.

−Hemos vivido demasiado tiempo−concordó Fede−el suficiente para ser personas distintas en tantos años.

Diana respiro profundamente con mucha dificultad− No, estas aquí para hablar del pasado−tosió−espero.

−¿Cuánto tiempo te queda? −inquirió Fede si apartar la mirada de su hermana.

Diana sonrió−no lo puedes sentir, tu poder se−respiro ruidosamente− debilito tanto.

Fede la miro con una mirada aguda− no estamos hablando de mí, pero si te interesa, yo no tengo seguidores devotos como los tuyos, aun con lo que le hicisteis.

Diana frunció el ceño por un momento, cerro los ojos y apretó el cuchillo en su manos con gran fuerza− el pasado es el pasado, no puedo cambiar mis elecciones−abrió los ojos mirando hacia enfrente− te he perdonado, y las perdones hace mucho años−Diana miro a Fede−pero no olvido lo que yo perdí ese día.

Fede la miro fijamente−yo tampoco me arrepiento, ese fue el destino, no podía dejar que rompiera la promesa con la que vino tu bendición…

Diana rio con dolor−pero al final la rompí, por completo y ese también fue el destino, −dijo tosiendo y agregando con sarcasmo− sí concuerdo con tu lógica, Fede.

−Diana, no deberías de estar viva…

−Lo mismo piensa la voluntad de Artemisa−dijo Diana poniendo el cuchillo en la mesa auxiliar que estaba alado suyo.

−Así, que es tu fuerza de voluntad la que te mantiene, ¿no?

Diana sonrió con ligereza− no le iba a dejar, influir en Lucy, como lo hizo en mí, los primeros años de mi vida, Fede.

Fede asistió, recordando cuando conoció a Diana a su catorce años en esta isla, comenzó a deducir lo que su hermana se impulsó como castigo para seguir viva.

−Supongo, que no son los valores que quieres que tenga tu hija, pero porque no la criaste aquí, ellas podían cuidarla después de tu muerte.

−Crecería, como yo−dijo Diana mirando hacia la enorme ventana− tengo demasiadas razones Fede−lo miro un momento y respiro profundamente, antes de volver a mirar la hermosa selva que se veía desde su ventana.

−Razones que no quieres compartir, veo.

Diana permaneció en silencio.

Fede chasqueo los dientes− ¡ella sabe, lo que heredo de ti!

Diana cerro los ojos− no, soy igual de mala madre, que nuestro padre, no me atreví a decirle a ella…

−Entonces dejara que la voluntad de Artemisa se lo diga, que valiente de tu parte, Diana, hacerla vulnerable…

−La haría más vulnerable, si la hubiera expuesto, siendo más joven a esto−jadeo− no dejo que la voluntad de Artemisa se le acerque mucho−tosió−pero empeoro, lo sé, lo acepto ese es mi destino, si quiero que Lucy viva, yo moriré. Tu solo aléjate de ella.

Fede resoplo− el ser joven, esa es tu escusa, te recuerdo que a la edad que te enteraste, ya eras muy mayor y no lo tomaste bien…

−Cállate, lo mataste, así me entere−dijo Diana cerrando los ojos para detener las lágrimas que quería escapar de sus ojos− las personas que ame, conspiraron para matar a otra persona que amaba, me engañaron…

−y tu no engañas a tu hija…

−No, solo no le dije…

−Lo mismo que hizo nuestro padre, las amazonas y yo−dijo Fede y agrego− acaso funciono a tu edad, o cuando yo me entere a los dieciocho años.

Diana jadeo fuertemente−no te corresponde Fede, tú nunca la vas a querer, y esto−se señaló mientras tosía−paso porque era el destino, por esa maldita maldición que te impulse.

−Perderás todo lo que amaste−dijo Fede cruzando los brazos y agrego− lo irónico, es que lo que más amaba en ese momento era a ti.

Diana sonrió−lo sabía−jadeo−por eso lo hice, porque ya estaba decidida a hacer lo que quería, lo que en ese momento lastimaría a mis amazonas y a ti más, ¿me culpas?

−No, no te puedo culpar hermanita−hizo una mueca−si tu hubieras matado a Ciel, probablemente hubiera hecho lo mismo, que tú…

−Yo hubiera respetado, tu deseo Fede−respondió Diana− nunca fui tan egoísta, para negarle a los que amara lo que deseaban y si me hubiera dicho lo que pasaba, probablemente, solo hubiéramos sido una pareja platónica con Orión, imbécil−tosió− lo he perdonado a todos, más no lo olvido−miro a su hermano− y sobre Lucy y yo, si el destino que tanto aclamas, quiere que sepa la verdad de mi boca, ella vendrá a mí, si no, es así, confió, en la fuerza de voluntad de Lu, para sobrellevar esa carga−Diana pensó por eso jamás se lo dije a ninguno de los niños, para que la historia entre Fede y yo no se pudiera repetir.