Capítulo 26
Dio un paso al frente pero después retrocedió y esa media sonrisa se le borró de los labios a Inuyasha. Se ocultó más entre las sombras del árbol para evitar ser visto. ¿Qué haría si entrara en su habitación y se presentara ante ella? Era consciente de que no había hecho las cosas bien desde el principio. Sin olvidar que se había comportado como un idiota cuando ella fue a verlo a su habitación — pero lo había hecho con buena intención para evitar que alguien los viera — además, se comportó como un imbécil en el baile y sobre todo en el ensayo de la obra.
Cada paso que daba era un paso en el que ella se alejaba de él.
Entrar como un ladrón no sería la mejor decisión. Si quería hablar con ella sería de la mejor manera.
—No— negó para sí mismo — No es el momento.
Así que, se ajustó su abrigo, dio media vuelta y retomó su camino a casa.
El reloj marcaba exactamente las diez en punto. Aun no entendía que hacia demasiado temprano en la mansión del marques Taisho, si no vivieran Lady Clearwater y Kikyo en ésa casa, seguramente habría dado mucho de qué hablar al visitar a un hombre soltero.
Suspiró para sí misma, sólo esperaba no encontrarse con él en ese momento.
Había decidido visitar a Kikyo con el propósito de ofrecerle su vestido y si ella no lo aceptaba siempre podría regresarlo con la modista para que ella le diera un buen uso.
Le habían llevado servicio de té y un poco de bocadillos. Y mientras esperaba, le daba un pequeño sorbo a la taza, pensando en cómo iba a regresar ya que le había dado instrucciones al cochero de que regresara por ella en una hora ¿Qué pasaría si terminaba antes de lo previsto? No llevaba a Ayumi con ella y no se vería bien que una dama soltera anduviera sola por las calles de Londres sin la compañía de una doncella.
Por otro lado Kikyo arrugó el entrecejo mientras se miraba el en espejo.
— ¿Estas segura que desea hablar conmigo y no con mi tía, Kagura? — preguntó confundida.
—Totalmente señorita— asintió Kagura, deslizando el peine por lacio cabello de la joven —. Lady Higurashi pidió hablar con usted.
— ¿Viene acompañada de su madre o su tía? — preguntó, deseaba en el fondo que alguien la acompañara así sería menos difícil mirarla a la cara.
—No señorita —negó con la cabeza —La señorita Higurashi ha venido sola.
Ella regresó su atención al espejo. ¿Qué propósito había impulsado a Lady Higurashi a venir hablar con ella?
¿Se había enterado que hubo algo entre Lord De la Rosa y ella o la había visto en el teatro aquella noche mientras salía acompañada de él? Si así fuera el caso no tenía como darle la cara, ante los ojos de ella estaba arruinada.
La vergüenza comenzaba a rodearle.
Además había acudido sola a visitarla, eso sin duda le daba algo en que pensar, una dama no acudía sola a la casa de hombres solteros. Bueno, aunque la verdad Inuyasha había sido generoso el permitir que tanto su tía como su hermano y ella vivieran en su casa.
¿Y si había acudido con el único propósito de reclamarle por qué le había quitado a su prometido? Tal vez por eso vino sola, para evitar que su madre y su tía se enteraran de ello.
Sea lo que fuera el propósito que la trajo aquí, la recibiría y después le pediría una disculpa por haberse interpuesto entre ella y Antonio.
Kagome escuchó ligeros pasos que provenían de las escaleras. Primero pensó que eran de Inuyasha o de Koga, pero eran demasiado pequeños para ser de ellos
Un vestido color lila se asomó por la entrada y era Kikyo quien se acercó a ella.
Kagome se levantó al instante al ver que ella cruzaba la sala de estar.
Al principio para ambas les resultaba difícil estar frente a frente. Aunque más para Kikyo ya que ella había sido la causante de que su compromiso con Lord De la Rosa se rompiera y la vergüenza se reflejaba en sus ojos al recordar la noche que había pasado con él (Aun siendo el prometido de ella).
—Lady Higurashi, que gusto verla.
Le iba a ser una inclinación con la cabeza pero Kagome se impidió diciéndole a su vez que podía llamarla por su nombre de pila, omitiendo el "Lady" o el "Higurashi".
Así que ambas tomaron asiento una en frente de la otra y Kikyo pidió que les llevaran otra ronda de té.
Un silencio largo se hizo presente entre las dos damas. La pelinegra no sabía si comenzar primero con una disculpa o con un "hola", pero el arrepentimiento que sentía pudo más que ella y terminó por ofrecerle una disculpa.
—Antes que nada Kagome. Yo quiero pedirte una…
—Si me vas a pedir una disculpa por mi compromiso anulado con Lord De la Rosa. De ante mano te digo que no la pienso aceptar…
Ante su comentario, Kikyo se mordió el labio inferior. Si, sus sospechas habían sido confirmadas, ella venía a reclamarle.
—… Porque en primer lugar jamás debí comprometerme con él.
La joven frunció el cejo y miró a Kagome detenidamente, cautelosa ante lo que ella pudiera decirle.
— ¿No estas enfadada de que él se haya comprometido conmigo?
Kagome esbozó una sonrisa, pero antes de responder, desvió su mirada hacia el anillo que llevaba la oven en el dedo anular.
Frunció el cejo.
—Bonito anillo — comentó ella, señalando con la mirada el aro que llevaba la joven.
—Gracias — dijo una Kikyo apenada— Lord De la Rosa me lo dio hace dos noches.
¿Por qué no le había dado el anillo que perteneció a Catalina? En cambio éste era mucho más sencillo que el otro, de plata y un pequeño diamante transparente.
Kikyo sentía ese impulso de preguntarle que había hecho con el anillo que Antonio le había obsequiado a ella. ¿Lo había conservado o se lo había regresado y él a su vez se lo dio a ella? Miró su anillo y se volvió a morder el labio inferior. No le agradaba usar el anillo que le había dado a otra mujer y más si ella había tenido la culpa del compromiso anulado.
—Sé lo que estás pensando y la respuesta es no — Kagome interrumpió sus pensamientos — Ese no era el anillo que él me había obsequiado. Se lo regresé y no sé qué hizo con él — se aclaró la garganta, había llegado el momento de aclarar varias cosas — En primer lugar estoy segura que mi visita te resultara un tanto sorpresiva. Pero quiero que entre tú y yo no haya rencores. Quiero que sepas que tú no fuiste la causante del compromiso anulado. Fui yo quien decidió romperlo.
Kikyo abrió los ojos como platos, pero dejó que la joven continuara.
—Veras —ella bajó la vista. No le iba a confesar que estaba enamorada de su primo, eso ni de broma — No deseo un matrimonio donde no haya amor. Y estoy segura que entre ustedes dos hay más que eso. Sólo espero que sean felices y sobre todo, que lo hagas feliz. Tal vez no lo sepas porque no te ha dicho nada aun, pero él ha sufrido en él pasado.
— ¿Ha sufrido en el pasado? — repitió ella las últimas palabras que la joven había dicho.
—No soy yo quien debe decírtelo. Sino él.
Kikyo no estaba muy convencida con sus palabras. Algo sabía ella que Antonio no le había dicho aun ¿Tenía algo que ver con el cuadro de aquella que estaba colgado en la pared de la sala de estar?
Así que se limitó a asentir.
—Debo confesar que tu visita me sorprende. Llegue a pensar que me reclamarías por haberte quitado tu pretendiente.
—Creo que entre Lord De la Rosa y yo sólo puede haber amistad. Es así como lo veo, como un buen amigo y deseo que sean muy felices.
—Gracias — dijo Kikyo, esbozando una media sonrisa.
—No me las des aun — respondió ella. —El verdadero motivo de mi visita es para hacerte una proposición — vio como la mujer que tenía en frente fruncía el cejo y ella continuó —Antes de que pasara todo esto, la modista había terminado mi vestido de novia y se me ocurrió que tal vez te sería más útil que dejarlo colgado en el armario.
—Kagome — Kikyo parpadeó — No sé qué decir.
—Sólo dime que lo pensaras pero que al final aceptaras.
Ella la miró y asintió.
—Lo pensaré.
—Gracias.
Y así, la mañana se les fue platicando de cosas más amenas, como el progreso con la obra de la tía Kaede, el compromiso de su hermano con Ayame, la boda exprés de Lady Andrews. Cuando Kikyo trataba de hablar de su primo Inuyasha, Kagome la sorprendía cambiando de tema tan fácilmente. Era evidente que ella no deseaba hablar de él y de esto se había dado cuenta.
Se escuchó una puerta abrirse y cerrarse casi en cuestión de segundos y después se escucharon unos pasos firmes por el pasillo. Pasos que se aproximaban hacia ellas.
Kagome se enderezó aún más al verlo entrar en aquella sala. Iba distraído, observando unos papeles.
—Kikyo…
Inuyasha alzó la cabeza y se encontró con la mirada de Kagome. Sabía que su prima tenía una visita, pues había preguntado por ella a una empleada y ésta a su vez le había dicho que estaba en la sala de estar. Al principio pensó que se trataba de Lord De la Rosa, debía estar seguro de que no estuvieran solos.
Pero no estaba preparado para verla ahí, con ese vestido blanco mirándolo a través de sus largas pestañas negras.
—Kagome ha venido de visita — comentó su prima con una amplia sonrisa.
—De hecho creo que es hora de irme.
Ella se levantó y miró el pequeño reloj que estaba en la chimenea y maldijo para sí misma. Aún no había pasado la hora antes de que su cochero llegara.
—Debo llegar a casa a tiempo — explicó.
— ¿Ha venido usted en coche, Kagome? — preguntó Kikyo. Poniéndose de pie al mismo tiempo que ella.
Ahora era la propia Kagome quien se mordía el labio inferior. ¿Qué se supone que iba a decir?
—Sí, aunque el cochero tuvo que hacer unos pendientes que le ha dejado mi padre. En una hora viene por mí.
—Podrías quedarte para la hora de la comida — sugirió la pelinegra, mirando a su primo.
Kagome miró a Inuyasha, quien estaba de pie con los brazos cruzados, mirándola fijamente.
—Eres muy amable, pero debo irme a casa — respondió con una sonrisa.
—Como pretendes ir a casa si el cochero te ha dejado aquí y además vienes sola. Al menos permite que mi primo te lleve.
—Yo no quiero…
—Será un placer llevarla a casa milady — él la interrumpió — Si me concede unos minutos iré a avisar al cochero.
Y tras estas palabras lo vio retirarse de la sala con pasos gloriosos haciendo que se le acelerara el corazón.
Ambas esperaron en silencio hasta que Inuyasha entró nuevamente anunciando que el carruaje estaba listo. Kagome se despidió de Kikyo recordándole su promesa de pensar sobre el vestido, algo que la joven le respondió que lo estaría meditando toda la tarde.
Con una sonrisa de complicidad los vio a ambos desaparecer por la puerta. Fue hasta una ventana y contempló como su primo le ayudaba a subir al carruaje y por ultimo lo hacia él. Y así, el carruaje emprendió su ida.
El transcurso del camino era silencio. Kagome mantenía fija la vista en la ventana. Sabía que Inuyasha la observaba, lo sabía porque sentía su penetrante mirada dorada atravesándole hasta la propia alma. Pero ella fingía, observando la gente que pasaba a través de la ventanilla del coche.
En ese instante se podría decir que su corazón era ya una bomba de tiempo, lista para hacer explosión en todo su pecho.
Era la primera vez que estaban solos después de que él la echara de su habitación y ahora estaba en su coche y a solas. Si alguien que pasara los viera, sin duda estaría en boca de todos y los rumores de una posible unión entre él y ella no se harían esperar.
Se recargó aún más en el asiento, era mejor permanecer aparatada de la ventanilla para evitar cualquier mirada curiosa, además ¿Qué más podía hacer?
Estar a su lado era mucho más doloroso de lo que había imaginado. Se preguntaba qué se sentiría ser besada nuevamente por esos labios, que esos brazos fuertes y largos la abrazaran. Aún mantenía fresco el día en que le dio por última vez un beso, el día en que le confesó nuevamente su amor y ella una vez más terminó rechazándolo.
¿Aún seguía amándola o se había olvidado de ella sólo para irse con esa cantante de ópera?
¿Tenía el valor suficiente para preguntarle si sus sentimientos seguían siendo los mismos o ya se había olvidado de ella? Eran tantas preguntas que hacer y sin embargo se detenían en la punta de su lengua antes de que salieran a la luz.
En cambio, él se removía una y otra vez en su asiento. Tenerla tan cerca de él con esa mirada inocente y sobre todo tenerla en el interior de ese pequeño espacio, suponía una dulce tortura para él.
Pero desde su lugar podía contemplarla. Sus ojos dorados guardaban en su memoria cada fina curva de su esbelto cuerpo. De sus carnosos labios y de cómo el viento hacia bailar su larga melena azabache. De los rayos del sol que se filtraban por la ventana iluminando su hermosa piel.
Tuvo que reprimir un suspiro de anhelo, porque eso era lo que en realidad sentía, anhelo, deseo, esa ansiedad de acercarse a ella, sentarla en su regazo mientras que sus labios cubrían los suyos y sus manos trazaban sus curvas. Comenzó a sentir que el aliento le faltaba y cuando menos se lo esperaba, sentía un profundo dolor ya conocido entre sus piernas.
Sabía que no era digno de pensar en ella de esa manera. En declararle su amor, ya lo había hecho en el pasado y ella era tan orgullosa y obstinada que no había sido capaz de creerle y tenía toda la razón. No sólo se había mostrado como un cobarde sino como un hombre indeciso e inseguro. Y más ahora, estaba seguro que ya no deseaba saber de él por como la trató en el baile, sobre todo por su "amorío" con una cantante de ópera cuya reputación era más que dudosa.
Maldijo para sí mismo y mejor se concentró en unos papeles que tenía en la mano. Aunque sus pensamientos regresaron con una mujer de cabello azabache y ojos como el chocolate que se reflejaban en la hoja blanca que estaba leyendo.
De pronto hubo un balanceo violento y Kagome terminó en el regazo de Inuyasha y éste la sostuvo entre sus brazos con fuerza para evitar que se lastimara.
Sentía por debajo de su camisa como el pecho de la joven subía y bajaba en una respiración violenta y esto hizo que se sintiera más adolorido.
— ¿Estás bien? — le preguntó apartando un mechón de su frente. Revisando que no estuviera herida.
Kagome parpadeó y tragó saliva mirando sus ojos dorados. Esos ojos que la observaban con ternura y algo más que no sabía descifrar. Sorprendida de que se hubiera dirigido a ella en tono informal después de aquella noche en la que ella terminó por correrlo de su habitación.
—…— No podía decir nada, sus palabras se habían quedado atoradas. Hasta que por fin asintió. — Si ¿Y tú?
—En estos momentos me encuentro de maravilla — esbozando una sonrisa.
La joven frunció el cejo sin comprender lo que él le había dicho.
—Iré a ver qué es lo que ha pasado. Tú quédate aquí.
La tomó en brazos y la sentó a un lado de él. Después Inuyasha se levantaba de su asiento y abría la puerta del carruaje para salir.
Escuchaba una conversación entre él y el cochero. Así que se asomó por la ventana y vio al cochero y al hombre por quien suspiraba y latía su corazón.
Inuyasha tenía el cejo fruncido, con los brazos en jarras y una rodilla doblado. Su pequeño corazón dio un salto al verlo en esa posición.
— ¿Qué ha pasado?
Él alzó la vista y se encontró con su mirada. Entonces, se acercó a ella y maldijo a la puerta que se interponía entre ellos dos.
—Una de las ruedas se ha estropeado — explicó él.
— ¿Qué vamos hacer?— preguntó alarmada.
Antes de que él pudiera contestar, se acercó el cochero interrumpiendo la conversación de los jóvenes, Inuyasha giró sobre sus talones para evaluar la situación y encontrar una solución.
—Milord no hay nada que podamos hacer. La rueda se ha estropeado por completo. — los miró a ambos y después a Inuyasha — Sugiero que se queden aquí mientras voy por ayuda.
—No — Inuyasha negó con la cabeza — Iremos caminando— explicó — Además la casa del conde Higurashi no está muy lejos de aquí. En cuanto haya acompañado a la dama, regresaré para ayudarte. ¿Entendido?
—Entendido señor— asintió el cochero.
Inuyasha abrió la puerta del coche y ayudó a Kagome a bajar de él.
— ¿Iremos caminando? — preguntó ella. Tomando del brazo que Inuyasha le ofrecía.
—Así es — respondió él con un leve asentimiento de cabeza.
El trayecto fue igual que en el carruaje. Mismo silencio, los mismos latidos desenfrenados de su corazón. Pero aun así, el cielo parecía estar de su lado, ya que estaba despejado sin un rastro de que fuera a llover.
Era un día estupendo, ideal para salir de paseo con…
Lo miró por el rabillo del ojo. Iba serio, con la vista al frente y ese porte elegante que lo caracterizaba. Esbozó una sonrisa, sentía como si ese hombre fuera su prometido y estuvieran a días de casarse, era como si siempre hubiera sido de ella y de nadie más.
Pero la sonrisa se le borró de los labios al ver a Lady Andrews, bueno ahora vizcondesa Lady Allen. Llevaba un vestido rojo demasiado llamativo a la luz del día, siempre tan altiva y hermosa. Al verlos decidió acercarse a ellos.
Kagome tragó saliva con dificultad, no deseaba entablar algún tipo de conversación con ella.
—Miren lo que trae el viento — bromeó la rubia — Lord Taisho y Lady Kagome. ¿En dónde dejaste al Lord De Canterville, Kagome? — Preguntó en una sonrisa — ¿No me digas que lo has cambiado por el marques Taisho?
Inuyasha sintió como a través de su brazo como Kagome se tensaba. Era evidente que el comentario de Lady Allen no le había agradado en nada.
—Él no es mi prometido — aclaró la pelinegra.
Él frunció el cejo, no sólo había sido había dejado de ser virgen, sino que era una…
—Arpía…
Se mordió el labio inferior al ver que lo había dicho en voz alta.
— ¿Dijo algo, milord? — preguntó la rubia. Mirándolo sorprendida.
Pero no era la única que lo hacía, Kagome también lo observaba con la boca abierta y los ojos más abiertos.
—Si — asintió él — Si nos disculpa debo llevar a la señorita Higurashi a su casa — pasó a un lado de la rubia.
Pero la joven los detuvo.
— ¿Cómo se atreve a darme la espalda, Lord Taisho? Ese no es modo de tratar a una vizcondesa.
Él giró la cabeza y la miró.
—Disculpe mis malos modales. La próxima vez que la vea le ofreceré una disculpa más formal.
Él arrastró a Kagome para alejarse de esa mujer, iban dejando atrás los berrinches que la dama hacía en plena calle.
Con menos dificultad llegaron a la casa del conde Higurashi. Kagome abrió la puerta y el mayordomo le anunció que tanto sus padres como su tía no se encontraban en casa.
Ella pensaba que Inuyasha se iba a marchar en cuanto ella estuviera un pie adentro, pero no, la había acompañado hasta el vestíbulo y ambos decidieron pasar a la sala de estar. La joven ordenó que les llevaran té y algún aperitivo. Después de varios minutos sentados (nuevamente en silencio) llegó una mujer mediana con una bandeja repleta de comida y té. Hizo una leve reverencia y los dejó a solas.
Ambos estaban sentados frente al otro.
Ella se inclinó para servir dos tazas de té, una se la entregó a él y la otra se la quedó ella misma.
¿Por qué les era tan difícil hablar? Era como si les hubiera comido la lengua el ratón, desde que habían salido de la mansión de él habían cruzado sólo palabras cortas.
—El té esta existo — comentó él, sintiendo el sabor a limón y naranja en su boca.
Kagome asintió y respondió con una sonrisa.
—Es importado de Francia. Mi tío Richard siempre les manda a mis padres té. — le dio un sorbo a su taza, era la frase más larga que le había dicho.
— ¿Extrañas Francia?
Extraño más tus labios sobre los míos.
Parpadeó, no era correcto pensar en eso.
—Uno extraña el lugar donde creció y tiene muchos recuerdos — respondió — Pero extrañaba más a mis padres. Tal vez algún día regrese a Francia.
—Eso significa que tu estancia en Londres es corta.
Me quedaría si me lo pidieras.
—Yo…
De pronto algo ocurrió. Inuyasha dejaba la taza sobre la mesa, se había puesto de pie y camino hacia ella, tomando asiento a su lado. Él le quitó su taza y la colocó colocándola en la misma meza.
Él pasó sus dedos por sus mejillas.
Es el momento de hablar Kagome
Oyó que una voz le hablaba en su interior. Pero sabía que no era el momento ¿o sí?
¿Qué podía perder?
Una mano rebelde se acercó a su mejilla y comenzó a acariciarla con devoción. Como si con su contacto se fuera a deshacer entre sus dedos. No dejaba de mirarla a los ojos y ella tampoco.
Ambos se perdieron en sus miradas.
Un dedo se detuvo en la curva de sus labios.
Había tanto que decirse, tanto que confesar y tanto que perdonar. Después de todo, eran dos corazones que se merecían otra oportunidad.
—Inuyasha yo…
—Shh…. — la cayó él con voz queda — No ahorita. No en este momento. Tal vez después.
Él sabía a lo que ella se estaba refiriendo. Quería hablar pero temía que si hablaban ese bello momento se iba a estropear. La tomó entre sus brazos sentándola en regazo. No dejaba de mirarla a los ojos y esos labios que siempre serian su perdición.
—Inuyasha — protestó — Estamos en la sala de estar de mi casa. Parker puede entrar en cualquier momento o incluso mis padres.
—No pienses en eso ahora. — susurró muy cerca de sus labios. Muy cerca.
Sin previo aviso se apoderó de sus labios. Esa sensación de sentirlos nuevamente, curaba el dolor que había sentido. Se apoderaba de ellos cada vez más, marcándolos como suyos y deseando que fueran así por el resto de su vida. Jamás se había sentido tan completo como en estos momentos y saber que ella le correspondía del mismo modo.
Kagome pasó sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hacia ella. Hundiendo sus delgados dedos en la suave melena de Inuyasha. Este era el lugar donde siempre había soñado estar y deseaba estarlo por el resto de su vida.
No había duda de eso, la amaba y ya no podía seguir siendo un cobarde que se ocultaba bajo las sombras, si de verdad la amaba tenía que demuéstraselo con hechos y no con suaves palabras de amor. Ella se merecía algo mucho mejor que eso.
Ambos se separaron con la respiración agitada, uniendo frente con frente.
—Lo siento — dijo él.
Ella abrió los ojos como platos, alarmada porque esa disculpa fuera por el beso.
—Siento por todo lo malo que te he hecho pasar — con una mano tomó su mentón y la hizo verlo directo a los ojos —Por el daño que te he ocasionado. Pero es que simplemente a veces me afecta tanto lo que siento por ti que no sé cómo reaccionar a veces.
—Simplemente comienza por decirlo y ya.
Él esbozó una media sonrisa.
—Lo he intentado de mil formas y en ninguna me creías. — La miró directamente — Te amo. Te amo profundamente, Kagome Higurashi.
Kagome había visto en sus ojos la verdad en sus ojos. Él decía la verdad y no le estaba ocultando nada, no quedaba más que abrir su corazón y confesarle su amor.
—Yo también te amo. Siempre te he amado Inuyasha — confesó ella con un brillo en sus ojos, era tan fuerte el sentimiento que una lagrima resbaló por sus mejillas.
Él cerró los ojos y con estas últimas palabras la volvió a besar con mayor anhelo y pasión.
Cuando se volvieron a separar ambos esbozaron una sonrisa y rieron al mismo tiempo. Pero Kagome se puso seria de inmediato al recordar el baile de compromiso de Koga, pues él había llevado a esa cantante de ópera.
—No tan deprisa — ella se apartó un poco antes de que él volviera a besarla.
En ese instante escucharon pasos y él tuvo que depositarla a un lado de él y retomar la misma postura. Parker había entrado para asegurarse si nada se les ofrecía.
—Gracias pero no Parker — ella negó, muy nerviosa — Puedes retirarte.
El mayordomo hizo una reverencia y se retiró.
— ¿Ahora qué pasa? — preguntó retomando la misma postura cuando el mayordomo se hubiera ido.
— ¿Qué hay entre tú y esa cantante de ópera? — Preguntó ella, deseando saber la verdad — Y más vale que me digas la verdad.
Inuyasha esbozó una sonrisa pícara.
— ¿Celosa, amor?
—Inuyasha.
Al ver que ella lo miraba seria sabía que no estaba jugando, así que era mejor decirle la verdad.
—Está bien — suspiró —Entre ella y yo no hay nada. Sólo la había llevado a la fiesta de compromiso de Koga. Confieso que después de que la dejé en su casa ella se me insinuó pero te juro que no pasó nada. Tú siempre has estado en mis pensamientos y esa vez no fue una excepción. Así que la dejé ahí, molesta y frustrada y después fui a verte pero estabas dormida.
Ella lo miró y después preguntó.
— ¿Cuántas veces has entrado en mi habitación mientras duermo?
Inuyasha esbozó una media sonrisa y negó con la cabeza — He perdido la cuenta de cuantas veces te he visitado mientras duermes.
Él la miró y sabía que aun existían más dudas en ella.
— ¿Qué sucede?
—Nada — ella negó.
—Kagome, será mejor que a partir de este momento seamos sinceros el uno con el otro. Ya no quiero que entre nosotros se interpongan dudas, rencores. Quiero vivir plenamente esto que siento por ti y que sé que tú también lo sientes.
— ¿Por qué fuiste tan cruel aquel día en que fui a verte a tu habitación? Me lastimó la forma en que me apartaste.
Él bajó la cabeza un poco apenado. Le debía una disculpa y eso era justamente lo que iba hacer.
—Lo siento. Ese día me sentía muy mal y no sabía lo que hacía. Sólo podía pensar en que alguien habría entrado a mi habitación y te hubiera visto allí. Lo menos que deseaba era comprometer tu honor y más cuando aún estabas prometida con Lord De la Rosa.
—Entonces quieres decir que no me habías corrido porque no deseabas verme sino por qué no querías comprometerme. — Ante ese comentario ella lo vio e Inuyasha asintió —Yo en tu lugar me hubiera cerciorado de que todos nos vieran así mi honor exigiría casarme contigo.
Él esbozó una sonrisa.
—No sabes lo que dices Kagome.
Inuyasha se recargó en el respaldo del sofá, atrayendo a Kagome hacia él. Pegándola aún más a su cuerpo. No debía comportarse así estando en la casa del conde, y más si aún no estaban oficialmente comprometidos.
— ¿Qué más hay por revelar? — preguntó él, mirándolo serio.
— ¿Retomaste tu vida de libertinaje?
—No — él negó —Te hice creer eso para que supieras que no me sentía tan afectado. Pero en el fondo, debo confesarte que me estaba muriendo al ver que no me correspondías. Además. — se detuvo mientras jugaba con los dedos de la mano de su amada —Debo ofrecerte una disculpa por lo que pasó ayer en la obra. No quería responderte de esa manera. Supongo que fue la frustración lo que me hizo decirte aquellas palabras.
Alzó su barbilla para que él la viera.
— ¿Podrás perdonarme?
Kagome roló los ojos y lo hizo esperar, esperar y esperas.
— ¡Kagome! — exclamó un Inuyasha impaciente.
—También yo debo ofrecerte una disculpa. Te he dicho cosas que la verdad no eran ciertas.
—Como aquello que me dijiste ¿Es verdad que soy el último hombre con el que pensarías casarte?
—No — respondió sin dudar — Haz sido el primero y el último con el que he pensado en hacerlo.
Inuyasha deslizó un dedo por su mejilla y esbozó una sonrisa y después le depositó un tierno beso en los labios.
Él se aclaró la garganta y su postura fue más seria.
— ¿Aceptas casarte conmigo?
