* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 26

Sueños en disyuntiva

A mis escasos trece años de edad, con la muerte de mis padres, pude comprender que la vida nunca va a ser como uno espera que lo sea. Hyakkimaru, tú varias veces me dijiste que te arrepentías de que tu primera vez haya sido con Mio. Si debo ser sincera, yo no me arrepiento de mi primer beso, ese es uno de los recuerdos más dulces que tengo de mi adolescencia.

Tahomaru me dio un beso sumamente inocente y cálido, de cierta manera, por medio de él pudo transmitirme lo mucho que me amaba. Fue un lindo beso, sin duda lo disfruté y agradezco que él haya sido quien me lo haya dado.

Por el contrario, Hyakkimaru, si tú me hubieras dado mi primer beso, si lo hubieras hecho en las circunstancias en las que nos encontrábamos en ese entonces, estoy segura que ese recuerdo hubiera sido uno amargo. Si me hubieras robado mi primer beso, tú, que eres como una fuerte tempestad, hubieras terminado por desgarrar mi alma.


Ese agradable y cálido tacto contra mis labios solo duró unos cuantos segundos, aun así, mi estupor fue tanto que claramente lo sentí como si fueran minutos. Sentí todo mi rostro caliente, mi corazón palpitaba tan fuerte y veloz que hasta por un momento me resultó imposible respirar con normalidad.

Cuando Tahomaru alejó su rostro me miraba profundamente con esos orbes oscuros que me hipnotizaban, una tímida y pequeña sonrisa asomaba en sus labios, esos labios que ahora sabía tenían un agradable sabor. Como era de esperarse, mi reacción no fue la que una chica normal de mi edad debía tener. Me alejé unos pasos hacia atrás y le grité con fuerza entre balbuceos torpes:

— ¡C-C-Cangrejo tonto!

— ¿Te doy un beso, y lo primero que haces es decirme Cangrejo? —Respondió con un bajo suspiro de derrota—Eso es tan anticlimático, Dororo…

— ¿¡Qué demonios acabas de hacer!?

— ¿Qué no es obvio? Fue un beso ¿Qué acaso no los conoces?

No supe que más responder a causa de lo avergonzada que me sentía. Siendo incapaz de formar más palabras coherentes solo atiné tapar mi boca con mis manos y sonrojarme. Al ver esto, Tahomaru abrió sus ojos y continuó con asombro:

— No me digas que… ¿este fue tu primer beso? —Cerré los ojos y fruncí mis cejas aún muy apenada. Al apreciar esto, prosiguió con calma—: No te creo… Recuerdo bien que desde la secundaria ya se juega a verdad o reto, es común que con esa clase de juegos ya des uno o dos besos.

— ¿Qué acaso crees que me la paso besando a chicos? ¡Yo no juego a esas cosas tan tontas!

Dándose cuenta que en verdad comenzaba a sentirme molesta, Tahomaru comprendió que después de lo que había pasado no estaba de humor para bromas. Me respondió con seriedad, dedicándome una dulce mirada que me hizo paralizarme.

— No te preocupes, siempre me haré responsable por haberte dado tu primer beso.

Esas sencillas palabras disiparon el enojo, pasé a verme invadida por la incertidumbre. No, las cosas no tenían que haber sido así ¿Cuántas veces no había soñado con que Hyakkimaru me diera mi primer beso? ¿Cómo es que su hermano lo había hecho en su lugar? Eso no era lo peor, lo peor de todo es que en verdad no me sentía molesta con Tahomaru, ese beso no me había resultado para nada desagradable. Completamente contrariada, le respondí con voz baja y tímida:

— ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?

Mi pulso se aceleró cuando se acercó a mí y tomó mis manos con cariño, apretándolas fuertemente contra las suyas. Me miró directamente a los ojos, dedicándome una sonrisa sumamente encantadora y cariñosa:

— Porque me gustas… Estoy enamorado de ti, Dororo.

— No hagas esas bromas de mal gusto…—Exclamé fingiendo molestia.

— ¿Una broma? —Preguntó abriendo sus ojos con sorpresa para después soltar una baja risa y continuar—: A veces en verdad puedes ser tan terca, aunque… Admito que es parte de tu encanto.

Finalizó cambiando a una pequeña sonrisa coqueta que me puso mortalmente nerviosa. Bajé la vista para ya no verla, no lo soportaba, no quería que me hiciera sentir como Hyakkimaru me hacía sentir. Aun con la vista baja, le respondí con nerviosismo:

— Yo… No sé qué decir…

— No es necesario que digas nada. —Comenzó a explicarme mientras soltaba mis manos—. Sé que esta es una declaración sin sentido dado los sentimientos que tienes por mi hermano. Y ahora, en verdad me disculpo por el impulso que tuve al besarte, es solo que yo… Había guardado estos sentimientos por tanto tiempo que ya no podía más, simplemente explotaron en mi pecho, y se reflejaron por medio de ese beso al verte tan angustiada y desesperada. Discúlpame por eso, Dororo…

Al escuchar sus dulces palabras la vergüenza poco a poco quedó atrás. Me volví a verlo encontrándome con su leve sonrisa, pero con unos ojos llenos de dolor que me lastimaron el corazón.

— E-está bien, no te preocupes por eso. —Respondí con voz débil—. Fue un lindo beso, se sintió bien…

— ¿En serio? ¿Quieres otro? —Preguntó con tono pícaro.

— ¡No te aproveches de la situación, Cangrejo tonto!

Tahomaru soltó una fuerte carcajada al escuchar mis reclamos. Una vez su risa se calmó me dedicó una enternecida sonrisa y acercó su mano un tanto vacilante a mi rostro para dejarla apoyada sobre mi mejilla. Siguió hablando con seriedad:

— Lo que te dije antes no fue mentira. Sé que has amado a mi hermano por mucho tiempo, pero… Si me das una oportunidad, incluso aunque no me correspondas, aunque lo hagas solo para tratar de olvidarte de él, por mí está bien. Siempre haré todo lo que esté a mi alcance para hacerte feliz.

— Tahomaru…—Lo llamé débilmente cerrando mis ojos, disfrutando en secreto del cálido tacto de su mano contra mi mejilla—Todo ha pasado tan rápido que no sé qué pensar, no puedo comprender como me siento ¿Podrías darme algo de tiempo para pensar las cosas? ¿Para comprender lo que es mejor por hacer?

— Por supuesto, te daré todo el tiempo que necesites.

Le mostré una tímida sonrisa, a lo cual me respondió mirándome cariñosamente. Nos miramos en silencio por unos cuantos segundos hasta que Tahomaru separó su mano de mi rostro y comenzó a caminar, pasando a mi lado de una manera tranquila y segura.

— Vamos ya antes de que se haga más tarde.

— Ta-Tahomaru…

Lo llamé con inseguridad. En cuanto escuchó mi voz, el mencionado volvió la cabeza con interés.

— ¿Qué pasa? —Preguntó sin borrar la amable sonrisa de su rostro.

— ¿Podemos… caminar tomados de la mano hasta llegar al departamento?

Sus oscuros ojos se abrieron de par en par y sus mejillas se tiñeron levemente de carmín al escuchar mi inusual petición. Por mi parte, bajé la vista y cerré mis manos fuertemente en puño mientras esperaba nerviosamente su respuesta. Un tacto cálido invadió mi mano derecha de pronto, lo cual me dio a entender que había aceptado mi propuesta.

Faltaban unas cinco calles más para llegar al complejo de departamentos. Tahomaru y yo caminamos tomados fuertemente de la mano todo el camino en silencio, aun así, su compañía era agradable y tranquilizaba mi corazón.

La verdad era, que Tahomaru no me era para nada indiferente. Por supuesto era increíble pensar como habíamos pasado de odiarnos a ser tan buenos amigos después de un tiempo, pero cuando menos nos dimos cuenta, descubrimos que éramos más compatibles de lo que habíamos pensado en un principio.

Él era un muchacho apuesto, educado, amable, inteligente, divertido y aunque él pensara lo contrario, también era bueno tocando el bajo. Por donde se viera era el novio ideal, era un perfecto partido. En más de una ocasión, sumida en mis reflexiones, llegué a darme cuenta que, si no fuera por la fuerte presencia de su hermano mayor, probablemente yo hubiera terminado enamorándome profundamente de él.

Por desgracia en ese entonces era muy joven e inmadura como para darme cuenta que Tahomaru siempre ha sacado lo peor de mí. Es capaz de sacar mi lado más vanidoso y egoísta, ya que él siempre me amó de una manera tan sincera y honesta que por eso era muy fácil aprovecharme de él.

¿Qué caso tenía pedirle que me tomara de la mano? Eso solo era ilusionarlo más, lastimarlo más de lo que ya lo había hecho. En esos momentos me sentía tan herida y traicionada que solo me excusé en el cariño de Tahomaru para sentirme mejor por un breve momento. Porque sentirse amado, aunque el sentimiento no sea recíproco se siente bien. Entregar tu corazón le da a los demás el poder para destruirte, y yo por desgracia, solo era la primera de otras veces más en las que me iba a aprovechar de su honesto corazón.

Al día siguiente, es decir el viernes, las cosas iban a seguir cambiando poniendo el mundo de todos de cabeza. Supe de inmediato que ese no iba a ser un día común pues, para empezar, en esta ocasión Mio me esperó en la secundaria en lugar de Tahomaru. Este simplemente me mandó un mensaje por LINE unas horas antes diciendo que se iba a quedar un poco después de la hora de salida pues varios compañeros de clase le pidieron su ayuda para que les explicara unos problemas de cálculo difíciles de resolver.

Las cosas entre mi prima y yo se habían normalizado poco a poco, aun así, no me atreví a preguntarle por Hyakkimaru, del cual aún no tenía noticias desde lo del sábado pasado. Cuando llegamos al complejo de departamentos, nos sorprendió ver a un cartero a punto de subir las escaleras para dirigirse a nuestra casa.

— ¡Buenas tardes!

Lo saludé con alegría, ocasionando que el hombre de mediana edad se volteara a vernos con sorpresa. Al notar nuestra presencia avanzó unos pasos hacia nosotras y nos preguntó con interés:

— Disculpen… ¿ustedes viven en esa habitación de arriba?

— Si, así es. —Respondió Mio con tono educado.

— Oh, muy bien. —El cartero habló con cierto apuro mientras revisaba el bolso con la correspondencia—. Tengo una carta para la Señorita Mio Akiyama.

— ¿Para mí?

Preguntó Mio con asombro, tomando expectante la carta que le tendía el hombre. Una vez se despidió y desapareció de nuestra vista, Mio bajó sus ojos hasta la carta para después taparse la boca, sus ojos mostraron un inmenso asombro.

— ¿Qué pasa, Mio nee?

Pregunté un tanto preocupada, bajando la vista hacia el sobre que mi prima tenía en sus manos. En efecto, era dirigido a ella, en la parte superior izquierda del sobre se leía: "Bunka College". No podía comprender nada de lo que pasaba. Sin ser capaz de hacer más preguntas, Mio me tomó de la muñeca suavemente y me jaló para que caminara con ella.

— Vamos, apurémonos rápido al departamento, Dororo-chan. Necesito leer esto con calma.

Mientras dejaba mi mochila en el escritorio de mi habitación escuché un fuerte y agudo grito de Mio proveniente de la sala:

— ¡No puede ser! ¡No puedo creerlo!

— ¿Qué pasa, Mio nee? ¿Estás bien?

Pregunté llena de preocupación mientras me dirigía a su lado. La carta ya estaba abierta, esta reposaba en sus piernas. Mi prima tenía las manos entrelazadas en su pecho, sus ojos estaban cerrados fuertemente mientras que unas pequeñas lágrimas escapaban de ellos.

— Mio nee…—La llamé débilmente.

— Lo siento, estoy tan conmocionada que no puedo…—Habló entre sollozos—Puedes leer la carta si quieres…

No perdí tiempo y la tomé, comenzando a leerla expectante. Conforme avanzaba en la lectura el latido de mi corazón aumentaba su ritmo. Las demás palabras no importaban, sin duda todo se resumía en la sencilla y asombrosa oración que decía: "Nos es grato notificarle que ha sido seleccionada como una de las cinco finalistas para participar por una beca para el estudio de diseño de modas en París, Francia".

— ¿¡U-una beca!? —Grité llena de asombro. Al escucharme Mio simplemente pudo continuar llorando, afirmando lentamente con la cabeza. No perdí tiempo y me lancé a ella para abrazarla—¡Es asombroso! ¡Es increíble, Mio nee!

Al saberse abrazada, Mio apoyó lentamente su cabeza contra mi hombro y continuó sollozando en silencio. No pude evitarlo, verla llorando de felicidad me embargó de tanta dicha que terminé llorando junto con ella. Cuando ambas nos calmamos, me animé a preguntarle esforzándome por no sonar demasiado curiosa:

— ¿Cómo fue que te enteraste del concurso por esa beca?

Mio dobló con cuidado el pañuelo con el cual se estaba secando sus lágrimas antes de responder con voz rasposa:

— Fue durante la exhibición de modas a la que fui en Harajuku. El Bunka College también estuvo presente en la exhibición, esta es una escuela especializada en la enseñanza de diseño de modas, es una de los más importantes en el país. Fue especialmente a hacer una convocatoria para otorgar una beca para estudiar en el extranjero.

«Cuando menos me di cuenta, ya estaba formada en la fila para inscribirme como una aspirante… Sabía que no tenía nada que perder, que si no aprovechaba esa oportunidad me iba a arrepentir para siempre. Nos entregaron un pequeño portafolio para hacer tres diseños y de esa manera poder competir en el concurso por la beca. Yo… la verdad no creí que fuera a convertirme en una finalista.

— ¡Pero lo eres, Mio nee! —Exclamé con alegría, tomándola de sus hombros y sacudiéndola, ocasionando que riera en voz baja—¡Ni siquiera tenías porqué dudarlo pues tus diseños son asombrosos! ¡Estoy más que segura que vas a ganar esa beca!

Mio y yo seguimos riendo con alegría hasta que esta se calló de pronto. La miré confundida para darme cuenta que tenía la mirada perdida observando fijamente la ventana cerca de la puerta. Volvió a hablar con inseguridad:

— Dentro de dos semanas más deberé ir a París para competir como finalista por esa beca. No solo deberé crear un diseño de un vestido de gala, también deberé confeccionarlo y el ganador será elegido en una pasarela.

— ¡Eso es genial!

— Es el sueño de toda mi vida…

— ¡Si, lo sé!

— Pero, si yo cumplo mi sueño, deberé arruinar el sueño de alguien más.

Mi alegría se disipó en cuanto escuché sus palabras, comprendiendo de inmediato a quien se refería. No fui capaz de responderle, bajé la vista sintiendo un nudo formarse en mi corazón. Al volver a hablar, Mio irremediablemente comenzó a llorar de nuevo, pero esta vez era de frustración:

— Aun cuando no gane el concurso, esto me demuestra que en verdad puedo ser una diseñadora y debo seguir este camino… Ya no podré seguir siendo la vocalista de Rainbow Tears… Ya no podré ayudar a Hyakkimaru a cumplir su sueño…


La rebanada de pastel de crema con fresas que tan especialmente había comprado para Dororo reposaba en el refrigerador. Lo compré el día anterior y me había dirigido con entusiasmo al complejo de departamentos para dárselo, sin embargo, no me esperaba lo que iba a ver a lo lejos: Taho y Dororo llegaron juntos tomados fuertemente de la mano. Obviamente, tras ver eso no fui capaz de dirigirme hacia ellos, rápidamente me di la vuelta y me alejé para que no se percataran de mi presencia.

El resultado de eso era que ahora, un viernes por la tarde, me encontraba recostado sobre mi cama mirando fijamente al techo de mi habitación con la mirada perdida. No tenía ánimos para nada, ni siquiera para tocar la guitarra en un intento por sentirme mejor.

A pesar de eso, aunque no quería tocarla, la tenía abrazada fuertemente contra mi pecho. En esos momentos en que me sentía tan triste sentir mi amada guitarra cerca de mi corazón, de cierta formaba me tranquilizaba un poco.

Desde hace semanas me sentía como si caminara por una frágil capa de hielo y esta fuera a romperse en cualquier momento… ¿o acaso ya lo había hecho? No tenía caso sentirme tan deprimido, me había convencido a mí mismo que el que Dororo y Taho estuvieran juntos era lo mejor. Ahora que finalmente había sucedido lo inevitable ¿Qué acaso no era lo mejor? Estaba seguro que lo era, pero entonces… ¿Por qué demonios dolía tanto?

— "Eso es porque quieres a Dororo solo para ti". —Ese fugaz pensamiento traicionero cruzó por mi cabeza—"¿Y qué más da lo que yo quiera? ¿Qué bien podría hacerle a Dororo estar con alguien como yo? ¿Alguien que ni siquiera es capaz de saber lo que en verdad desea su corazón? No hago más que herir a todos, Dororo está mucho mejor lejos de mí…"

Sintiendo un dolor punzante en mi corazón al seguir pensando en mis errores, abracé con aun más fuerza a mi guitarra. En un intento por sacar a Dororo de mi cabeza, había accedido a tener sexo con Mio. Creí que con eso mis sentimientos por Mio volverían, pensé que al cruzar esa línea con ella podría sentir de nuevo esa hermosa chispa que sentía a su lado cuando recién comenzamos nuestra relación, pero… no fue así.

Mentiría si dijera que no sentí placer al hacerlo. Mio era hermosa y tenía un cuerpo asombroso, a pesar del nerviosismo y la inexperiencia de ambos, nos sentimos bien al hacerlo. Embargado por la magia que había sido experimentar eso por primera vez, ese falso hechizo duró solo por unos días, se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos.

El placer se esfumó para dar paso a un profundo vacío en mi alma, un vacío que sabía muy bien se debía a la ausencia de Dororo. Después de lo sucedido sentía una enorme culpa y no me atrevía a verla. Sabía que era irracional sentirse de esa manera, pero al haberme acostado con Mio no pude evitar sentirme como si la hubiera traicionado, sumado a eso, también estaba la mentira que Mio me obligó a decirle.

No podía comprender la razón para que Mio le hubiera mentido diciéndole que tenía que trabajar ¿Tal vez se debía a su pudor? ¿O acaso era porque quería ser una especie de modelo a seguir para su pequeña prima, y no quería que se enterara que había pasado la noche conmigo? Fuera la razón que fuera, me había obligado a seguirle la mentira cuando Dororo me habló a mi móvil.

El dolor solo empeoraba al recordar cómo había tenido que mentirle. Por un momento, en verdad me vi tentado en aceptar su invitación de ir a su departamento a ver una película, pero me di cuenta que eso era jugar con fuego. Si lo hubiera hecho, habría lastimado profundamente a Mio al dejarla plantada y tal vez, hubiera terminado tratando de manera incorrecta a Dororo.

El resultado de eso, fue que, por varios días, me había sentido incapaz de hablar con ella o verla a la cara a causa de la culpa y vergüenza que sentía. Fue hasta el día de ayer que había juntado el valor para verla de nuevo, llevándole una rebanada de pastel como una excusa para estar con ella, pero por supuesto, no esperaba verla llegar junto a Taho tomados de la mano.

— En verdad… ¿seré capaz de renunciar a estar con Dororo?

Susurré con una voz llena de angustia hasta entonces desconocida incluso para mí. El pitido de mi móvil sonando me regresó de golpe a la realidad. Miré sin interés la pantalla, enarcando una ceja con curiosidad al darme cuenta que era Saburota.

— Hola, Líder-san. —Respondí la llamada sin ánimos.

— ¡Hey, Kagemitsu! —Me saludó jovialmente—Vaya, te oyes extraño… ¿estás bien?

— Si, es solo que acabo de levantarme. —Mentí pues no me apetecía contarle acerca de mis líos amorosos.

— Así que tomabas la siesta de la tarde… ¡qué envidia que puedas hacerlo!

— Si, las ventajas de aun ser estudiante, supongo…

— Y que lo digas. —Respondió entre risas— Pero créeme… Después de lo que voy a decirte, vas a despertar por completo.

— ¿Qué es? —Pregunté indiferente, acariciando con cariño las cuerdas de mi Gibson.

— Acabo de llegar del trabajo y al revisar mi correo electrónico finalmente pasó… ¡tenemos respuesta de una disquera!

Abrí mis ojos con sorpresa y sentí un nudo formarse en mi estómago. Rápidamente me pellizqué uno de mis brazos para asegurarme de que no estaba soñando, pero era la realidad, el dolor que invadió mi brazo me lo demostró

— ¿Lo dices en serio? —Pregunté incrédulo.

— Cualquier otra persona ya estaría gritando como loca, pero no tú, Kagemitsu. —Apuntó con ironía—¡Claro que te digo la verdad! ¡No podría mentirte con algo como esto!

No fui capaz de responder. Mis manos aferrándose fuertemente a mi guitarra, mientras que abría levemente mi boca eran las únicas señales de lo eufórico que me sentía por dentro. Por dentro, mi corazón que había soñado con esto desde que tenía doce años saltaba incluso de alegría. Escuché a Saburota seguir riendo antes de continuar hablando:

— Tomaré tu silencio como que te sientes tan sorprendido que ya no supiste que más decirme.

— Eh… ¿De qué disquera se trata? —Me apresuré en preguntar para que ya no se siguiera burlando de mí.

— Se trata de la disquera Épsilon. —Comenzó a escucharse un tecleo de fondo—. Ahora mismo te estoy enviando la información a tu correo electrónico. Estuve investigando un poco y son relativamente nuevos, tienen apenas unos cinco años funcionando. Para serte sincero, me hubiera gustado obtener respuesta de otra disquera más importante, pero nada perdemos con ver que nos ofrecen.

— Si, tienes razón…

— Entonces ¿Qué me dices? ¿Estás interesado? Si es así, puedo concretar una cita con ellos este mismo lunes.

— Hazlo por favor, debemos aprovechar cualquier oportunidad que se nos presente. Yo mientras le diré de esto a Taho y a Mio… ¿puedes encargarte de toda la papelería?

— Para algo soy el líder. —Respondió con tono presumido—. Sabes bien que yo siempre termino haciendo el trabajo del que nadie quiere encargarse.

Reí quedamente en voz baja para después responderle con sinceridad:

— Muchas gracias, Hisashi.

— Vamos a esforzarnos al máximo para cumplir nuestro sueño, Kagemitsu.

Al día siguiente me levanté lo más temprano posible, me alisté y me dirigí al departamento de Mio para darle la noticia de la disquera. Ya le había enviado un mensaje por LINE y me dijo que iba a trabajar hasta en la tarde, por lo cual podía esperarme sin problemas.

Estaba a punto de salir de casa cuando me paré en seco y reflexioné por unos segundos. Finalmente decidí volver sobre mis pasos para ir a la cocina y tomar la rebanada de pastel que había comprado para Dororo. Ya se lo había comprado, así que lo mejor iba a ser dárselo. Conforme me acercaba al departamento más nervioso me sentía. Mientras más lo pensaba, más me daba cuenta que no tenía caso seguir huyendo, no podía seguir siendo un cobarde, tenía que darle la cara a Dororo, y tendría que tratarla como siempre, como mi preciada pequeña amiga.

— Hola, Hyakkimaru—me saludó Mio con cariño—, adelante, pasa.

— Gracias, buenos días.

Le di un corto beso en sus labios a modo de saludo y al entrar no pude evitar mirar de un lado a otro con nerviosismo esperando ver a Dororo, pero simplemente no apareció.

— ¿Eh? ¿Y esa rebanada de pastel? —Preguntó Mio, observándolo en mis manos.

— Es para la pequeña Dororo.

Admití con ternura. Noté como Mio apretó un poco sus labios y por unos breves segundos frunció sus cejas; descontenta, antes de responderme forzando una voz tranquila:

— Dororo-chan salió el día de hoy a casa de su amiga Okowa para estudiar. Si quieres puedes dármelo, se lo guardaré en el refrigerador para cuando regrese.

— Si, gracias.

No pude evitar sentirme decepcionado al saber que no estaba en casa, sin embargo, lo mejor era que me concentrara en el asunto de la disquera. Nos sentamos en el largo sofá de la sala, cuando Mio ya se veía con toda la intención de acercarse a mí para comenzar con nuestras acostumbradas sesiones de besos la detuve al hablarle con seriedad:

— Mio, vengo a hablarte de algo muy importante.

— ¿Importante?

Se alejó un poco de mí y me dedicó una mirada confundida. Al continuarle hablando la tomé cariñosamente de las manos.

— Ayer recibí una llamada de Saburota y me dio una excelente noticia. Por fin recibimos respuesta de una disquera. Ellos escucharon nuestro demo y quedaron fascinados con nuestro sonido… ¡quieren que firmemos un contrato con ellos!

Finalicé con alegría. Sin embargo, la reacción de Mio fue todo menos la esperada. Sentí como apretaba mis manos con fuerza para después bajar la mirada con gesto inseguro.

— ¿Mio?

La llamé débilmente. No podía comprender el motivo de su reacción, tuvo que pasar un buen rato en la que ambos continuamos en silencio hasta que se animó a volver a mirarme con ojos desesperados.

— Hyakkimaru, lo siento mucho, en verdad lo siento, pero yo… ya no puedo continuar más con esto.

— ¿A qué te refieres? —Por supuesto que podía suponer lo que había querido decirme, aun así, me negaba a creerlo.

— No puedo seguir siendo la vocalista de Rainbow Tears…

— ¿Por qué no? — Mi voz, la cual normalmente siempre era baja y tranquila había comenzado a subir—Ya habíamos hablado de esto antes, y accediste incluso a grabar el demo.

— Lo sé, eso lo sé muy bien. —Respondió débilmente, cerrando sus ojos—Pero eso fue antes de que se me presentara esta gran oportunidad.

Mio soltó mis manos para tomar un sobre que estaba en la mesa frente a nosotros y después pasármelo con manos temblorosas. Mientras mis ojos más avanzaban en las líneas de la carta sentía el aire pesado, era cada vez más difícil el respirar con normalidad.

— Una beca, para estudiar en París…—Susurré finalmente, sintiendo como todo a mi alrededor se desmoronaba.

— ¡Si! ¿No es eso maravilloso? No creí que pudiera ser una finalista, pero ayer me llegó esta carta ¡sencillamente no podía creerlo!

— No vas a aceptar… ¡no puedes aceptar! ¡no ahora que ya tenemos respuesta de una disquera!

Grité para después dejar la carta en la mesa dándole un fuerte golpe. En un ademan nervioso Mio se llevó las manos al pecho mientras observaba con temor la carta debajo de mi puño cerrado. Dándose cuenta que no agregué nada más, me respondió con voz débil:

— Pero, Hyakkimaru… Ser diseñadora de modas es mi sueño desde que soy una niña…

— Y poder vivir de la música es mi sueño desde hace seis años.

Sabía que estaba mal, sabía que lo que decía era incorrecto y egoísta pero no podía evitarlo, estaba tan cerca de lograrlo que el renunciar no era una opción. Para mi sorpresa, algo cambió dentro de Mio de pronto. Esa dulce y tranquila muchacha desapareció para responderme alzando su voz, me observaba con ojos desafiantes y enojados:

— ¡Pues lo siento mucho, pero esta vez no lo haré! ¡No voy a renunciar a mi sueño de nuevo! ¡Dejo Rainbow Tears! ¿¡Entiendes!? ¡Ya no quiero seguir con esto!

Tras escuchar esas palabras todo a mi alrededor oscureció, mi cerebro se desconectó por un momento. Fue tanta la ira que me embargó que recuerdo muy bien que perdí el control de mis acciones y palabras. Era como verme a mí mismo dentro de un sueño, era como si mi alma estuviera fuera de mi cuerpo y alguien más me controlara.

Tomé a Mio fuertemente de sus muñecas para inmovilizarla, le grité con rabia y dolor mezcladas:

— ¿¡Por qué haces esto!? ¿¡Por qué abandonas todo ahora que más te necesito!? ¿¡Cómo es que prefieres hacer unos estúpidos vestidos a cantar mi música!?

— ¡Mis vestidos no son estúpidos!

— ¡Lo son, porque nada es más importante que la música! ¡Eso deberías saberlo! ¿¡No te das cuenta lo que darían otras personas por poder cantar como tú!? ¿¡Por tener una voz privilegiada como la tuya!? ¿¡Y tú simplemente vas a dejarlo todo ahora que puedes triunfar con ella!?

— ¡Es porque ya estoy harta! ¡Ya no soporto ser solo eso! ¡Ya no quiero ser solo "la hermosa voz"! ¡Ya estoy harta de cantar! ¡Quiero ser yo misma, luchar y lograr mis metas! ¡Podrá parecerte tonto, pero para mí el hacer diseños y confeccionar ropa lo es todo!

— ¡Pero tú me dijiste que mis canciones eran hermosas! ¡Dijiste que triunfaríamos con ellas, que haríamos llegar mi música a muchas personas! ¿Amas cantar, no es así? ¡¿Por qué dejas todo atrás con tanta facilidad!?

— ¡Te mentí! ¿¡De acuerdo!? ¡Todo fue una mentira! ¡Te amaba tanto y no sabía cómo acercarme a ti que solo pude aprovecharme de mi voz para hacerlo! Para mí… para mí tú siempre fuiste lo más importante… ¡Siempre fuiste mi razón para hacerlo, la música siempre fue secundario para mí!

— Al final fuiste igual que todas… ¡fuiste igual a todas esas zorras imbéciles que solo se acercaban a mí por interés!

— Hyakkimaru… basta, ya basta por favor… me duele… ¡me estás lastimando!

Escuchar su voz ahogada entre sollozos me hizo finalmente regresar a la realidad. El rojo que envolvía todo a mi alrededor fue desapareciendo poco a poco para que pudiera darme cuenta de mi reacción completamente irracional y fuera de lugar.

Mio estaba frente a mí con sus ojos fuertemente cerrados, gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas. Al bajar mis ojos, fui consciente de la fuerza con la que apretaba sus muñecas al apreciar como sus manos estaban ya incluso pálidas.

No perdí tiempo y la solté sintiendo una intensa opresión en mi pecho, apreté los labios con dolor al ver que había dejado marcas rojas y gruesas en sus muñecas, incluso había encajado algunas de mis uñas y ahora tenía uno que otro rasguño alrededor.

Mis ojos humedecieron al darme cuenta de que me había convertido en mi padre, en que había usado la violencia física para intentar controlar a alguien más, que me había dejado invadir por la ira como él siempre lo hacía, que había sido sumamente egoísta y que había lastimado y humillado a Mio.

Fue entonces cuando me di cuenta con pesar que si seguíamos juntos solo íbamos a lastimarnos más mutuamente. Solo era obsesión por parte de Mio e interés sexual por mi parte. Seguir así no nos iba a llevar a ninguna parte, ya que era más que obvio que el amor que sentíamos el uno por el otro había desaparecido ya desde hace tiempo.


— Mio, lo siento mucho. En verdad… no quería lastimarte así. Soy un idiota, discúlpame.

Escuché a Hyakkimaru susurrarme sumamente arrepentido. Me volví a encararlo con inseguridad mientras sentía como unas tímidas lágrimas aun salían de mis ojos. Hyakkimaru por su parte tenía la vista clavada en el piso, en sus ojos caramelo se podía apreciar un profundo dolor. Aun sin ser capaz de responderle a causa de lo lastimada y culpable que me sentía, él volvió a hablar con pesadez:

— Últimamente… No me gusta la persona que soy cuando estoy contigo…

Un nudo comenzó a formarse en mi garganta, al tiempo que sentía como el aire abandonaba mis pulmones. Abrí mis labios para intentar responder, pero no podía, me sentía tan choqueada que las palabras simplemente eran incapaces de salir de mi garganta. Hyakkimaru avanzó unos pasos hacia mí y me abrazó con fuerza, solo pude cerrar los ojos y apretar mi mandíbula en un intento por dejar de llorar. Siguió hablando con un tono mucho más relajado:

— No puedes desaprovechar esta oportunidad. Mereces ser feliz, y seguir tu sueño. No te preocupes más por mí, yo no te voy a detener. Ahora puedo entenderlo, y en verdad me arrepiento por haber sido tan egoísta y cruel contigo.

— Hyakkimaru… También lamento haberte engañado… Discúlpame por haberte mentido…

— Lo sé, ambos nos equivocamos, hoy pude entenderlo… Mio, tú ahora mismo debes esforzarte por ganar el concurso por esa beca, y yo debo pensar en lo que haré con Rainbow Tears de ahora en adelante. Ambos tenemos cosas de las cuales ocuparnos, por eso… creo que es mejor si nos damos un tiempo…

— S-si… Tienes razón…

Afirmé con una voz entrecortada. Hyakkimaru ni siquiera me dejó protestar ni seguir hablando. Calló mi tristeza dándome un cálido y apasionado beso que terminó de hacer añicos mi corazón. Al separarse nuestros labios, me susurró con una voz sumamente dulce:

— Esfuérzate Mio, sé que puedes cumplir tu sueño y ganar esa beca.

Y sin decir nada más, tal como un fuerte maremoto que llega y destroza todo a su alrededor, Hyakkimaru se dio la media vuelta y salió rápidamente del departamento. Me dejé caer de rodillas al suelo y comencé a llorar amargamente. Sabía que era lo mejor, sabía que lo nuestro había desaparecido desde hace tiempo, pero había sido yo la caprichosa que no pudo dejarlo ir.

Sus palabras resonaron en mi mente una vez más: "no me gusta la persona que soy cuando estoy contigo". Hasta que escuché a esas palabras salir de su boca, pude darme cuenta que en mi caso era igual. No me gustaba en lo que me había convertido por mi amor obsesivo hacia él, me convertí en una mujer mentirosa, egoísta y manipuladora, al punto de que incluso pensé que el acostarme con él me iba asegurar su amor para siempre.

Viendo las marcas rojas en mis muñecas me di cuenta lo lejos que había llegado, lo mucho que había lastimado a Hyakkimaru a pesar de amarlo tanto. Debía detenerme, ya era hora de que lo admitiera, que yo no era lo mejor para él, yo no era lo que necesitaba para que fuera feliz.

Era obvio que eso del tiempo solo era una excusa, podía imaginar que la verdadera intención de Hyakkimaru era cortar conmigo, él era demasiado amable como para atreverse a lastimarme más en un momento tan importante en mi vida. Yo lo sabía, que eso del tiempo en realidad era una despedida y no un hasta luego.

— "Esta noche… Toda esta noche, voy a llorar por Hyakkimaru… Lloraré hasta que mis ojos se sequen y después ya no sea capaz de llorar más por él. Y después de eso, a la mañana siguiente, seré una mujer sumamente fuerte y comenzaré a luchar arduamente por cumplir mi sueño".

Hyakkimaru y yo no volvimos a besarnos de nuevo después de ese día. Ambos sabíamos que ese profundo beso había sido un beso de despedida.

Continuará