Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece
CAPÍTULO 26
Las llamas danzaban alegremente, sobre los leños chisporroteantes de la chimenea, mientras los dos amantes, se regalaban calor con sus cuerpos, y el mundo disfrutaba de la Nochebuena. Sasuke permanecía recostado sobre grandes almohadones, esparcidos por la alfombra, y Sakura, sentada entre sus piernas abiertas, con la cabeza apoyada sobre el desnudo pecho, sonreía ante las caricias despreocupadas, en su hinchada barriga. Aún se encontraban en Budapest, en la habitación de la suite del hotel.
Sasuke ordenó que la cama fuera removida, para dar paso a una gruesa y suave alfombra, color borgoña, con tantos cojines en colores negros, dorados y rojos, de todos los tamaños, que Sakura pensó que se podría perder entre ellos. La iluminación la brindaban, además de la chimenea, unas velas repartidas por toda la estancia; de fondo, se escuchaba música suave, que invitaba a retozar junto al ser amado, toda la noche. Él, desnudo en su totalidad, y ella, usando solo unas bragas tan viejas, que el elástico ya no cumplía su función. Solo el bulto extra en su vientre, evitaba que cayeran. Sakura se removió, y con algo de torpeza, se puso de pie.
―Necesito una vejiga más grande ―se quejó, dirigiéndose al cuarto de baño.
―Mañana te compro una ―bromeó Sasuke, mientras se deleitaba con el vaivén natural, de sus caderas al caminar. Las bragas parecían sacadas del cajón de la abuela. Cubrían casi todo su trasero, excepto una de las nalgas, que quedó al descubierto cuando el elástico de esa pierna cedió, y rodó hasta quedar entre ellas. Su cabello caía suelto hasta la cintura, y Sasuke se deleitó con ella, hasta que desapareció por la puerta.
Antes de perder de vista el expuesto y redondeado glúteo, se lamió los labios y acarició su miembro, casi inconscientemente. Minutos después, Sakura se encontraba de nuevo entre los brazos de su esposo, mientras él le besaba el hombro desnudo, y jugueteaba con el borde de la gastada prenda.
―Recuerdo la primera vez que dormí contigo en mis brazos ―murmuró Sasuke, acariciándole el cuello con la punta de la nariz. Sakura se tensó al instante. No recordaba exactamente qué había sucedido esa noche, pero sí que se había pegado el susto de su vida, al creer que Sasuke había abusado de ella cuando dormía.
―No sé si lo recuerdas, estabas muy ebria.
―Ese fue el día en que…
―No supo cómo terminar la frase. La forma correcta habría sido: «Ese fue el día en que me chantajeaste, amenazando a mi familia, para que me casara contigo»; sin embargo, no deseaba tocar ese tema. Pero él se le adelantó.
―El día en que te propuse matrimonio ―completó Sasuke, de una forma que no denotaba ningún remordimiento, ni recuerdo doloroso. Si bien Sakura no deseaba remover viejas heridas, no pudo evitar indagar un poco.
―Fue un día muy peculiar ―comentó vagamente. Sasuke asintió, y sonrió contra su cuello.
―Estaba tan feliz porque habías aceptado, que no pude concentrarme en el trabajo en lo que quedó del día. ―Dejó un fugaz beso, sobre el lóbulo de la oreja de la chica―. Y según recuerdo, tú estabas tan extasiada, que te fuiste a celebrar con Eva. Sakura cerró los ojos. Pensaba que las lagunas de Sasuke se habían ido, lo cual no era cierto del todo. Se reprendió entonces a sí misma por ser tan necia, de insistir en el tema de sucesos dolorosos, cuando sabía que para él, muchas veces eran llenos de alegría; no obstante, no podía negar que sí sentía curiosidad por lo ocurrido.
―¿Qué hiciste conmigo esa noche? ―preguntó, girándose un poco, y mirándolo a los ojos. Sasuke le acarició la mejilla, y la besó.
―Deja que te muestre ―propuso, y se retiró de su espalda, para acostarla sobre la alfombra. Estiró la mano, y tomó una servilleta de tela de la mesita, donde se encontraban los pasabocas y dulces que ordenó, y le cubrió los pechos―. Esa noche no te quité la ropa interior. Deseaba hacerlo, pero mi intención no era faltarte al respeto. «Qué contradictorio es», pensó, y se limitó a sonreírle.
―Quédate quieta. Solo dedícate a sentir.
―La besó en los labios―. Te cubrí con una sábana que luego retiré. Hoy no lo haré, solo quiero que experimentes lo que no pudiste en esa ocasión. Sin más demora, comenzó a acariciar suavemente, con la yema de los dedos, todo su rostro, iniciando con su contorno, y luego, detallando los ojos, la nariz, los pómulos y los labios, tal como había hecho aquella noche. Al momento de pasar los dedos por sus labios, Sakura no se pudo resistir y los besó. Sasuke rio, y apartó la mano.
―Quédate quieta. Se supone que estás dormida. Se llevó los dedos a la boca, y los lamió, para enseguida, pasárselos a ella por los labios, humedeciéndolos.
―Tenías los labios resecos por el alcohol ―explicó, repitiendo el proceso, y riendo de nuevo cuando ella volvió a besarlos. Luego sus caricias se trasladaron a las orejas, y acercó también la boca, para susurrar las mismas palabras de aquella vez.
―Te amo. Te necesito. Eres mía, solo mía, Sakura… ―declaraba, mientras su aliento acariciaba la piel de la chica, cuya respiración comenzaba a agitarse―. Tu lugar está a mi lado, junto a mí, en mí. Soy tu más fiel esclavo y tú, mi hermosa reina… Sakura se encontraba agitada. Su pecho subía y bajaba por la excitación, que comenzaba a recorrer su cuerpo, y se concentraba en su vientre.
Estaba segura de que si se hubiese despertado aquella noche, no habría permitido que Sasuke hiciera eso con ella. Habría sentido repulsión, y cómo su odio se acrecentaba con cada palabra; a diferencia de en ese momento, en el que cada frase era una confirmación, del amor que ese hombre sentía por ella, y el eco de sus propios sentimientos. Sasuke tomó una de sus manos entre las suyas, y se dedicó a acariciarla y a besarla, con una devoción embriagadora.
Sakura notó que no había lujuria en sus actos, sino una adoración y veneración tal, que se sintió como una diosa, siendo ungida por uno de sus siervos, el único, el amado. Repitió el mismo acto en la otra mano, y luego, como si no se sintiera digno de tocarla, posó la suya a unos centímetros por encima de su rostro, y comenzó a descender, sin tocarla; cuando llegó a la altura de su hinchado vientre, sonrió, y continuó bajando. Luego se acercó y besó todo su cuerpo, desde la frente, hasta la punta de los dedos de los pies, en los que plantó en cada uno un tierno beso. Sakura gemía con todo lo que su esposo le hacía. Creía que en cualquier momento sufriría de combustión espontánea, estallando en el placer más puro y placentero.
―No recuerdo esos gemidos ―comentó Sasuke, con una sonrisa en los labios. ―No estaba despierta para disfrutar de todo esto.
―¡Ahh, Sakura! ―dijo extasiado―. Cómo te disfruté esa noche. Fue la mejor de mi vida, hasta ese momento. Sakura lo miró, y suspiró ante su presencia.
―¿Cómo continuaste? ―Me recosté así a tu lado ―explicó, realizando dicha acción―. Te atraje a mi cuerpo, te besé en la frente y nos quedamos dormidos, abrazados. Apoyada contra el pecho fuerte de su esposo, Sakura lo besó, y acarició con la punta de la nariz, realizando círculos en él. Estaba maravillada por lo que le había mostrado. Pensó cosas horribles la mañana siguiente. Se
imaginó siendo ultrajada y manoseada, de forma asquerosa toda la noche; incluso, por su mente pasaron escenas de un Sasuke desnudo, haciendo cosas desagradables con su cuerpo. No fue así. Él la amó esa noche, no de forma carnal, sino con el alma, adorándola como ella se merecía.
―¿Tenemos que dormir ahora? Sasuke sonrió, y la besó en el cabello.
―No, pero si hacemos lo que deseo, e imagino tú también, dará la media noche en medio de un orgasmo. No querrás que el Niño nazca entre gemidos.
―El Niño nació hace dos mil años, y fue Él quien bendijo nuestra unión. Dudo mucho que se moleste por ello. Sin esperar más, se estiró y lo besó en la boca, levantando los brazos y rodeándole el cuello. Sasuke le respondió con el mismo fervor. Aunque la deseaba tal como todos los días, a toda hora, recordó algo importante y se alejó, haciendo el intento de levantarse.
―¿A dónde vas? ―preguntó Sakura, quejumbrosa. ―Dame un momento, mi amor.
―Nooo ―dijo, alargando la palabra, y tomándolo de la mano para retenerlo―. Ven.
―Sakura, quiero entregarte algo, solo será un momento.
―No quiero. Lo que quiero está aquí ―declaró, agarrándole el miembro
. ―¡Wow! ―exclamó Sasuke, sorprendido, y emitió un fuerte jadeo, cuando Sakura tiró un poco, y comenzó a acariciar el ya endurecido falo. Sakura le sonrió pícaramente, y arrodillándose sobre la alfombra, acercó su boca a lo que tenía fuertemente agarrado.
―Déjame darte tu regalo de Navidad. ―Sacó la lengua, y rozó la punta del pene con ella―. O ¿me lo daré a mí misma? ―Se encogió de hombros, y chupó la punta con fuerza―. Da igual. Tendré lo que deseo después de todo. Abriendo la boca, recibió en ella el miembro erecto, y se deleitó con los gemidos y jadeos, que brotaban de los labios de Sasuke.
Hacía algún tiempo se había dado cuenta de que, lo que Nani le dijo, sobre que las mujeres embarazadas experimentaban, en algunos casos, un mayor deseo por sus parejas, era cierto, y se aplicaba perfectamente en ella. Deseaba a Sasuke, con o sin bebé a bordo, lo hacía con gran pasión; lo que sí podía notar, era que algo la empujaba aún más, en ese mar de lujuria que era él, y que gustosa, se sumergía en sus aguas tumultuosas. Sakura continuó con su empresa, de masturbar a Sasuke, con sus manos y su boca. Apretaba levemente por momentos, y en otros, lo tomaba desde la base, y sujetaba con algo más de fuerza, mientras que con la otra mano, aferraba los testículos, y los masajeaba con vigor. Su lengua trazaba círculos sobre el glande, y sus labios ejercían presión, subiendo y bajando, al tiempo que sus dientes, acariciaban toda la extensión masculina.
Las caderas de Sasuke se movían, al vaivén de los movimientos de la cabeza de la chica, al tiempo que la suya caía hacia atrás, bajándola solo para ver, cómo entraba en la boca de su amada esposa. Las poco expertas, pero ansiosas y apasionadas atenciones de Sakura, lo tenían al borde.
Ella lo podía notar en la forma como aceleraba sus embestidas, y le colocaba la mano en la parte posterior de la cabeza para, sin ejercer presión, reafirmar los movimientos. Por eso, cuando sintió que ya estaba próximo al orgasmo, lo liberó de esa parte, y se aferró firmemente a las nalgas de él, sin dejar de estimularlo con la boca. Sasuke presintió sus intenciones, por lo que la tomó de los hombros, para tratar de apartarla.
―Sakura, por favor. Apár…Apártate, nena. Nena, para. Detente… ―pedía mientras la empujaba. Ella se aferraba más y más, hasta que él no tuvo oportunidad alguna. El sabor cálido la golpeó, y la hizo apretar con fuerza las nalgas del hombre, que gemía y se estremecía en su poder. Las piernas de Christopher ya no pudieron sostenerlo más, y comenzó a derrumbarse, entre espasmos y jadeos descontrolados, cayendo junto a ella.
Sakura siguió el movimiento, y tomó de nuevo el miembro palpitante entre sus manos, para poder extraer las últimas muestras de placer. Christopher quedó tendido en la alfombra, con los ojos cerrados, y su cuerpo temblando levemente. Beth abandonó su miembro agotado, y se dedicó a repartir besos por el abdomen y el pecho de él. Al llegar a su rostro, se incorporó y se sentó sobre sus caderas, con las piernas a cada lado de ellas. Se apoyó en su pecho, y comenzó a besarlo por toda la cara.
―Me gusta tu sabor ―susurró contra su boca, provocando en él un leve jadeo.
―A mí me gusta todo de ti, Sakura ―respondió, rodeándola con los brazos. Levantó entonces la cabeza, y la miró a los ojos, preocupado―. ¿Te sientes bien? Sakura lo miró sin comprender.
―Quiero decir, con lo que acaba de suceder ―continuó, y tomó el rostro de ella entre sus manos―. No quiero que te sientas obligada a complacerme. Si haces algo, quiero que sea porque lo deseas, y no porque creas que debes. Sakura sonrió y suspiró. Ese era Sasuke Uchiha, el hombre que le daba la oportunidad de elegir, de actuar sin presiones.
Kopján era el que la poseía a toda costa, ese que no le importaba lo que pudiera pasar, con tal de tenerla solo para él, ese que la tomaba en contra de su voluntad, por miedo a perderla de nuevo. Curiosamente, ella amaba a los dos. Lo besó en la boca, lenta y amorosamente.
―Lo hice porque lo deseaba, Sasuke. Porque quería probarte y complacerte. Nunca me has obligado a nada. Y en ese momento lo comprendió. Sasuke no la obligó a casarse. Él en ningún momento tomó su boca, y la obligó a dar el sí. Él le dio opciones, y ella decidió. Pudo haber elegido contarle a Naruto lo que sucedía, y huir con él del país, sin importar lo que pasara con el resto de su familia; o incluso, avisarles para que se prepararan, y se protegieran de alguna forma legal, y así, librarse de una experiencia como la que sufrió, en la noche de bodas.
De cualquier forma habría sido arriesgado, demasiado, tratándose de un hombre con tanto poder como Sauske, por lo que ella decidió entregarse, a cambio de su familia. Él la manipuló, la chantajeó, eso nunca lo negaría, pero en ella estuvo elegir entre huir o no, y prefirió quedarse, para que los que amaba estuvieran bien. Y lo haría todas las veces que fuera necesario. Aún recordaba ese horrible suceso.
Siempre lo haría, pues es algo que marcaría a toda mujer de por vida; sin embargo, no pensaba en eso, más de lo que alguna imagen vaga le permitía, pues aunque nada podía justificar a Sasuke por lo que hizo, ella sabía que no tenía control sobre sí mismo. En aquellos momentos lo odió, y luego ese sentimiento se convirtió en amor, haciéndola ver esa escena, como algo de un pasado que ya no le pertenecía, para pasar a verlo a él como su futuro. Sasuke Uchiha era un hombre, del que cualquier mujer se podría enamorar, y era solo suyo. Sasuke frunció los labios en un amago de sonrisa, y se giró para que los dos quedaran acostados de lado, uno frente al otro.
―Estoy loco, Sakura ―declaró seriamente.
―No…
―Lo estoy, te lo puedo asegurar. Y no hablo solo de que estoy loco de amor por ti, sino de que algo malo sucede conmigo. Desde que te conocí, siento como si dos personas vivieran en mí. Sé que me has amado desde que nos vimos por primera vez, que te casaste conmigo porque así lo deseabas, porque me querías con todas tus fuerzas, y que lo que pasó en la noche de bodas, fue porque no fui capaz de entender que tenías miedo a lo desconocido, que eras tan inocente, que temías a lo que pudiera suceder, y yo…yo no tuve paciencia y te…
―No lo digas ―rogó Sakura, colocándole los dedos sobre los labios, para callarlo―. No es necesario. Sasuke le besó los dedos y asintió.
―Sé que todo es cierto, y que fue perfecto, exceptuando el hecho que superamos juntos; pero por momentos, vienen a mi mente instantes en los que me odiabas, y eso me mata. Recuerdo palabras hirientes, tu llanto, tu angustia. Recuerdo tu negativa a estar conmigo, y la forma cómo te intimidé para que te casaras. ―Sacudió la cabeza, y cerró los ojos por un momento―. Es como si viviera dos vidas en una, y en esas dos, tú eres siempre la protagonista.
―Abrió los ojos, y había lágrimas en ellos―. En una te destruí, y en la otra te hice feliz. Solo tú puedes decirme cuál es la verdadera historia
. ―La verdadera historia, es que te amo con toda mi alma, Sasuke. Esa es la única verdad, la que importa. Sasuke la abrazó y la besó con intensidad. Sakura quería olvidar el pasado, y que él también lo hiciera. Su padre siempre le había dicho que quienes vivían en el pasado, no tenían un futuro, y que aunque se debe aprender de los errores, eso no implica que se les permita ser una tortura eterna. Ella debía dejar atrás todo lo malo, para poder ser feliz con su esposo, y eso era precisamente lo que estaba haciendo.
―Mi mayor deseo es hacerte feliz ―declaró Sasuke, con su frente pegada a la de ella.
―Entonces comienza ahora mismo ―pidió Sakura, levantando la cabeza para besarlo, con toda la pasión desbordada. Los dos se fundieron el uno en el otro, declarándose, con besos y caricias, todo el amor y devoción que se tenían. Unos minutos después la vieja ropa interior de Sakura, había dejado su cuerpo; y los gemidos y jadeos, así como el golpeteo de dos cuerpos, acompañaron los cánticos que se escuchaban por toda la ciudad. El clímax llegó a ellos al mismo tiempo, como sincronizados por el amor y la pasión que sentían. Las campanadas indicaron la medianoche, cuando Sakura comenzó a quedarse dormida.
Sasuke todavía se encontraba sobre ella ―apoyado en sus brazos y rodillas, para no hacer presión sobre su abdomen―, por lo que se estiró y tomó una pequeña cajita, escondida entre los cojines. Sakura sentía sus movimientos vagamente, pues el sopor comenzaba a adueñarse de ella, cuando percibió que el hombre, la besaba suavemente en los labios.
―Feliz Navidad, mi amada Sakura.
―Escuchó a lo lejos, al tiempo que sentía algo frío cerrarse sobre su muñeca. En ese instante, se quedó dormida. Al despertar por la mañana, Sakura encontró alrededor de su muñeca, un brazalete de oro rosado, de medio centímetro de ancho, con acabado satinado, y diminutos diamantes alineados por toda la circunferencia. Sasuke no estaba en la habitación, y ella se desconcertó por el hallazgo. Recordaba que él le había hablado de que debía entregarle algo, pero no sabía de qué se trataba. Giró la mano y encontró el cierre. Al abrirlo, el brazalete se dobló por el centro, y cuando lo retiró, notó que tenía un escrito en la parte interna.
Tus números son como mi amor por ti… Infinitos. S.U Sasuke entró en la habitación, cargando una bandeja de cama con el desayuno. Los dos se miraron a los ojos, y él bajó la vista, para observar lo que ella sostenía en las manos. ―Treinta diamantes.
―Sakura lo entendió al instante, y su corazón se estrujó―. Uno por cada año que viví sin ti. Aunque siento que fueron muchos más. Siglos. Toda una eternidad. Sakura se puso de pie, y quitándole la bandeja de las manos para dejarla en el suelo, lo abrazó con fuerza y le besó el pecho, en el lugar del corazón. ―La eternidad es la que nos espera, mi amor. Te lo puedo asegurar ―declaró Sakura, sabiendo que sus cuerpos morirían cuando llegara el momento; mientras que sus almas, permanecerían juntas hasta el fin de los tiempos.
Un par de días después, se encontraban recorriendo Bucarest. Sasuke le había regalado a la Comitiva Real, unas vacaciones a cada uno, para dos personas, al lugar que escogieran, con la condición de que las tomarían en un año, cuando su esposa hubiese dado a luz, y su hijo tuviera unos meses de edad. Todos lo aceptaron, agradecidos y emocionados. Sakura llamó a su familia para desearles una feliz Navidad, así como a la de Sasuke, y a Emma, quien le comentó que todo marchaba de maravilla en la propiedad, y que sus encuentros con Kendal se habían incrementado, debido a que Eva
―tratando de ayudarla, y de paso ayudarse a sí misma―, programó varias reuniones familiares en Gillemot Hall, para que la pareja se pudiera ver. Llamó también a Sara, que le comentó que había terminado por fin su pasantía, y se graduaría en el mes de marzo, haciéndole prometer que asistiría a la ceremonia; además de que su relación con Jerry, estaba mejor que nunca. En esos días visitaron el Arco del Triunfo, ubicado en la Avenida Kisseleff; el Palacio del Parlamento, tan odiado por los rumanos, debido a los altos costos y la opresión que significó; el Museo Nacional de Arte, que se encontraba en el antiguo Palacio Golescu; la Iglesia del Patriarcado, la principal de la región de Valachia; entre otros lugares programados también, para los días posteriores. En todos ellos la personalidad agobiante y obsesiva de Sasuke, imperó en cada movimiento realizado por su esposa, que contrarrestó todo con las discusiones habituales. Sakura se encontraba en la cocina de la suite, devorando los restos del almuerzo, cuando Becca se acercó a ella.
―Señora Uchiha, disculpe que la moleste. ¿Puedo hablar con usted un momento? ―preguntó la mujer, en cuyo rostro no se mostraba la seriedad y el profesionalismo de siempre, sino una gran preocupación. Beth frunció el ceño, y la invitó a sentarse a su lado.
―¿Pasó algo malo?
―No exactamente, al menos no para usted, señora. Mi hermana llamó esta mañana. Mi madre se cayó mientras la bañaba, y su cadera se vio seriamente afectada.
―¡Por Dios, Becca! ¿Ella está bien?
―Tiene ochenta y cinco años, y sus huesos son frágiles ―explicó Becca, con un atisbo de tristeza en su voz―. Ella caminaba con bastón, pero luego de esto, el médico dictaminó que no podría hacerlo por mucho tiempo, o incluso, por su seguridad, nunca más. Es una anciana, y necesita de cuidados más que antes. Mi hermana se encuentra de vacaciones, al igual que su esposo, y se reintegran al trabajo a mediados de enero.
Ella pedirá una licencia de un mes, es lo máximo que puede hacer. No podemos pagar una enfermera privada para que la cuide de día, cuando se queda sola, y debido al nivel de atención que necesita, no quisiéramos dejarla con una persona extraña. Ahí es cuando entro yo. Sakura frunció los labios, comprendiendo la difícil situación de la mujer. Cuando su padre fue diagnosticado con cáncer, su madre tuvo que dedicarse en cuerpo y alma en sus últimos momentos.
―Lo siento mucho, Becca, y más lo que entiendo que me quieres decir ―se lamentó Sakura. Aunque Becca era muy seria para su gusto, era amable y le caía bien.
―Así es, señora. Estaré con ustedes lo que resta de la luna de miel; una vez regresemos, deberé abandonar mi empleo. De todas formas, llamaré a la agencia, para que puedan enviar a otra enfermera en mi reemplazo, y así usted no se vea afectada. Tampoco puedo aceptar el regalo de Navidad, por obvias razones. Sakura negó con la cabeza
. ―No es necesario, quédatelo y disfruta de esas vacaciones. Lo de la nueva enfermera te lo agradecería mucho. Solo espero que todo se solucione, y si necesitas algo, no dudes en informarme.
Cualquier cosa, nosotros te ayudaremos. No te preocupes por Sasuke, yo hablaré con él. Becca le devolvió la sonrisa, y agradeció su amable gesto. No se notaba nada contenta, pero sabía que hacía lo mejor. En la noche, luego de cenar, Sasuke se estaba desvistiendo para ducharse, cuando Sakura le contó la situación con la enfermera.
―Está claro que la señora no puede quedarse sola ―comentó Sakura, mientras se peinaba el cabello, frente al tocador.
―Pedí a la mejor enfermera, y la enviaron a ella. ¿Cómo se supone que estaré tranquilo, si no está a tu lado? Sakura suspiró y rodó los ojos.
―Te estoy diciendo que su madre inválida, de ochenta y cinco años, la necesita. Yo solo estoy embarazada. No seas tan insensible.
―No lo soy, Sakura ―refutó Sasuke, apoyándose en la puerta del cuarto de baño―. Solo me preocupo por ti, que eres mi prioridad. Confío en ella, me gusta su trabajo, y su hoja de vida es perfecta. Además, ¿de qué se supone que vivirá? Necesita un sueldo.
―Eso no se lo pregunté ―dijo Sakura, mordiéndose el labio―. Supongo que también implicará un problema para ella. ―Debe tener unos ahorros, seguramente ―dijo Sauske, encogiéndose de hombros―. Lo que necesito es que alguien esté junto a ti para atenderte, si algo llega a afectarte. De día podríamos contratar a otra enfermera, la segunda mejor, pero de noche quiero que esté ella.
De día todo es más fácil y rápido, y la nueva podría asistirte ante cualquier urgencia; en cambio de noche, todo se demora más, la carretera está oscura, todos duermen; no quiero perder tiempo, ni que te atienda alguien falto de experiencia. Sakura sonrió ante la idea que se estaba formando en su cabeza, dada precisamente por su esposo. Era una manera de ayudar a la mujer, a no perder del todo su sueldo, y de paso, mantenerlo a él tranquilo.
―Podemos dividirlas por jornadas ―propuso, emocionada―. La hermana de Becca saldría de trabajar, y la reemplazaría, así ella llega a Gillemot Hall, y releva a la que se contrate. También sería una gran ayuda, que no le modificaras el sueldo.
―Podrían quedarse las dos en la noche. Dos son mejor que una. Beth sacudió la cabeza, y volvió a rodar los ojos.
―¿De casualidad no quieres construir un hospital en la parte trasera de la propiedad? Sasuke movió la cabeza de un lado a otro, como sopesando la nueva posibilidad de cuidar de su mujer.
―No sería una mala idea. ¿Te parece bien junto a la piscina? Sakura bufó y se levantó de su asiento, para dirigirse a la habitación de Becca, a proponerle lo acordado. La mujer agradeció infinitamente, el gesto que la pareja tuvo con ella, y le prometió que no los defraudaría en su labor.
El último día del año, sería también el último en Bucarest, y por decisión de los dos, pasarían el Año Nuevo en compañía de la Comitiva Real. Sakura encargó una cena para todos, y dejando de lado las posiciones sociales, y quién pagaba el sueldo a quién, se sentaron a la mesa, y compartieron anécdotas, risas y charlas. Becca se mostró más risueña, y su rostro siempre serio, reflejó varias veces en la velada, una gran sonrisa. Dacre resultó ser un hombre con un buen sentido del humor, entre lo que cabía a alguien tan reservado como él.
Katy parecía la madre de Sasuke, atendiéndolo y mimándolo en todo momento; le sonreía, le acariciaba el cabello, y cuando Sakura lo besó en los labios, y le susurró que lo amaba, una gran sonrisa se posó en el rostro de ella, y una lágrima rodó por su mejilla. Lissa era otra historia.
Se sentía cohibida ante una situación como esa. Su conversación con Sakura se limitaba a tímidas sonrisas, y frases cortas; con Sasuke, era el mutismo en su máxima expresión. Cada vez que él le hablaba, ella enrojecía fuertemente, y solo atinaba a sacudir la cabeza, la cual no levantaba para mirarlo. Para Sasuke su actitud no pasó desapercibida, y luego de muchos intentos de hacerla hablar, decidió que guardaría lo mejor para el final. Las doce campanadas empezaron a sonar, y con ellas, llegaron los abrazos y los buenos deseos.
Sasuke tomó a Sakura por la cintura, y olvidando que tenían compañía, la besó fuerte y apasionadamente.
―Este será el primer Año Nuevo, de todos los que pasaremos juntos ―declaró, mirándola fijamente a los ojos.
―El primero de muchos, mi amor.
―Recuerda: los números y mi amor por ti, son infinitos, e igual será nuestro tiempo. Sakura levantó la mano, y le acarició la mejilla. Sintió cómo su corazón se hinchaba de felicidad, y su alma recibía con gozo esa declaración. Era la promesa de un amor eterno. Un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, y Sasuke las recogió con la lengua.
―Solo quiero en tus mejillas lágrimas de felicidad.
―Esas lo eran.
―Lo sé, pero quería beber tu alegría, y convertirla en mía. Sakura le regaló una amplia sonrisa. Ella sería su felicidad, siempre; así como él era la suya. Cuando se separaron, y las mujeres les desearon lo mejor para el año que comenzaba, Dacre se acercó a Sakura y le tendió la mano. No se atrevió a darle un beso en la mejilla, porque la expresión de advertencia de Sasuke, lo frenó en su intento; sin embargo, fue Sakura quien le dio el beso, sin preocuparse por lo que su marido pudiera pensar. Sasuke brindó con todos, y al notar que Lissa le rehuía, encontró un canal de diversión.
―¡Lissa! ―bramó de tal modo, que todos se sobresaltaron, y la chica soltó un gritico de pavor. Beth le propinó una fuerte palmada en el brazo, acción que él ignoró
―. Ven. ¡Ahora!
―Déjala en paz ―reprochó Sakura en voz baja, y él volvió a ignorarla. La chica se encontraba pálida. Miró a todas partes, como buscando ayuda, y lanzó a Sakura una silenciosa súplica.
―Sasuke… ―Solo quiero que venga, nena. ¡Lissa! ¿Te vas a acercar, o tengo que ir yo a buscarte? Katy le colocó una mano en la espalda, a la atribulada y avergonzada chica, impulsándola a avanzar. Caminó con paso lento, y demoró más de lo necesario, en colocarse frente a él, lo suficientemente separada, como para que Sasuke tuviera que dar un paso al frente.
―Mírame, Lissa. ―La mujer tembló ante su voz―. ¡Obedece! La chica emitió un pequeño gemido, que más pareció un sollozo, y levantó por fin la cabeza. El hombre se alzaba imponente ante ella, con el ceño fruncido, el cabello castaño oscuro alborotado, y esos ojos azules penetrando los suyos. Sentía que se iba a desmayar en cualquier momento, y rogó porque no sucediera, a los pies de ese hermoso y temible espécimen masculino.
Sin aviso alguno, Sasuke la tomó por los brazos, la acercó y la besó, primero en una mejilla y luego en la otra; para enseguida, abrazarla tan fuerte, que su rostro quedó enterrado en su pecho. La soltó entonces, y le deseó un muy feliz año 2007, de manera algo brusca. Lissa lo miró, consternada. No podía creer lo que acababa de suceder, le parecía imposible que ese hombre la abrazara y besara, en la mejilla, pero un beso después de todo… dos en realidad. No era que lo deseara, al menos no de una forma indecente, para un hombre que pertenecía a otra mujer, sino que para una chica como ella, que no estaba acostumbrada a tratar con hombres como él, era imposible no soñar con un doble, y no temerle al original.
Su cuerpo vibró, se llevó las manos al rostro, y soltó un sollozo, para enseguida, dar media vuelta y correr hacia su habitación, llorando. Sasuke soltó una fuerte carcajada, hasta que recibió un golpe en el brazo.
―¡La asustaste, idiota! ―le increpó Sakura, fulminándolo con la mirada, y se apresuró a seguirla. Sasuke se encogió de hombros, con expresión inocente.
―Debería darte vergüenza ―acusó Katy, tuteándolo, lo que le indicaba que estaba realmente molesta.
―Pero ¿qué hice? Luego de que Sakura consolara a la avergonzada chica, y Katy reprendiera a Sasuke, con un largo y contundente sermón, la noche terminó con una mujer, durmiendo sola en una gran cama, y un marido amargado, en un sofá de la sala de estar. Al día siguiente, viajaron a una propiedad que Sasuke tenía en Bulgaria, en el municipio de Pirdop, a ochenta kilómetros de Sofía, la capital del país.
Había sido un regalo de su abuelo, que consideraba que era el mejor lugar del mundo, para alejarse de todo. La casa de campo quedaba a las afueras del pequeño pueblo, y parecía sacada de un cuento para niños, con sus paredes en piedra, y su techo de tejas rojas.
No era muy grande, pero a ella le encantó al instante, pareciéndole acogedora y pintoresca, aunque no lo demostró, debido al mal genio que aún mantenía. Dicho estado de ánimo no duró mucho tiempo, pues fue superado por las afanadas atenciones que Sasuke le profesaba, y los ruegos de Lissa, de que no discutiera con el señor por su culpa. Allí estuvieron un par de semanas, a petición de ella misma, que deseaba recorrer el poblado, y disfrutar del ambiente campestre, así como de la hermosa vista que se contemplaba en todas direcciones.
De ahí se dirigieron a Suecia, específicamente a Estocolmo, donde recorrieron la ciudad, con las mismas restricciones de siempre. Por último, llegaron a Noruega, a la villa de Reine, en las islas Lofoten. Un pueblito de casas pequeñas, unas rojas y otras blancas, todas de techos negros, y por las que Sakura no dejaba de sonreír.
―Estoy segura de que escogiste los lugares más fríos de Europa, para tenerme siempre en tus brazos ―acusó Sakura juguetonamente, cuando caminaban abrazados por uno de los muelles, y contemplaban la hermosa vista de las islas vecinas.
―No se puede culpar a un hombre enamorado, por desear tener a su esposa aferrada a su cuerpo. Sakura negó con la cabeza, y soltó una risita. Él siempre encontraba la forma de hacerse el inocente, cuando sabía que no lo era.
El día de San Valentín llegó, con la víspera de la culminación de la luna de miel. Al día siguiente, regresarían a Londres a visitar a la familia, pasarían la noche en el apartamento, y de ahí, se dirigirían a Gillemot Hall; por lo que Sasuke deseaba aprovechar ese último día, y sobre todo la fecha, para preparar una velada, que sabía sería inolvidable para su amada esposa. Con ayuda de Katy, realizó los pedidos días antes, y organizó todo para que Sakura no se enterara, hasta que encontrara lo que él deseaba, la noche de San Valentín, su noche, la noche de los dos.
Sakura despertó cuando el crepúsculo comenzaba a reinar, y se percató de que se encontraba sola en el balcón de la cabaña. Se había quedado dormida, rodeada de gruesas mantas y los brazos de Sasuke, quien había desaparecido. Entró en la casa y lo llamó, pero este no le contestó. Se dirigió a la escalera y llamó a los demás, que tampoco le respondieron. Extrañada, caminó a la habitación principal, donde dormía con Sasuke, y abrió la puerta.
El nombre de su esposo quedó a medias en su boca, al observar lo que le esperaba dentro. No daba para pronunciar palabra, pues no podía creer lo que veía. Su corazón comenzó a latir más fuerte, y su respiración se aceleró, para detenerse abruptamente, cuando unos brazos la rodearon por la cintura, y un aliento cálido acarició su cuello.
―Si nuestra vida fuera un libro, con lo que te voy a hacer esta noche, abarcaríamos un capítulo completo.
