No pudo hacer mucho por Sasuke cuando la explosión pasó pues todos sus amigos se enteraron de su ubicación por eso. Creyó que tendría tiempo para que Itachi y Sasuke pelearan pero las cosas se le fueron de las manos cuando Kiba utilizó su súper nariz aora encontrar su rastro.
Y ahora iban tras él, Percy escaneaba sus alrededores e incluso sabía dónde Sasuke estaba pero no iba a abrir la boca y agradecía que nadie le hubiera preguntado nada.
Sonrió bajo su máscara cuando se dió cuenta de que había un ninja sensor entre ellos, una chica y los otros dos compañeros de Sasuke eran hombres.
No tardó mucho cuando Kiba dijo que el olor de Sasuke se dividió y comenzaba a ir en diferentes direcciones. Se separaron y Percy tomó su propio camino sin decir nada pues había sentido el chakra de Itachi también.
Kakashi pensaba que tenía muchas cosas de que hablar cuando regresarán a la aldea, la chica bajo la máscara de ANBU no la reconocía como su Percy, con la que había estado hablando incontables veces últimamente.
Estaba comprobando más el chakra de sus compañeros que el de Itachi por lo que casi se cae de la rama en la que estaba cuando el cuerpo del Uchiha apareció frente a ella.
—Lo siento —dijo él, ofreciéndole una mano que Percy no dudó en tomar, saltaron juntos hasta el suelo y se escondieron en la sombra de un árbol—. Déjame ver tu rostro.
Y Percy obedeció sin rechistar, se quitó la máscara y dejó su rostro al descubierto.
Itachi se acercó hasta ella, tan cerca como siempre pues solo era así de cerca que podía verla bien. Pasó una mano por su mejilla, acariciando su piel con extrema delicadeza.
—Siempre logras robarme el aliento —confesó Itachi y sus ojos negros miraron los suyos verdes, en ambos podía notarse la nostalgia—. Ha llegado el momento.
Percy llevó una de sus manos a la mano de Itachi que acariciaba su rostro y se aferró a su agarre.
—Cumpliré mi promesa a toda costa —le dijo Percy, cerrando los ojos y respirando hondo por la nariz, memorizando el aroma de Itachi—. Voy a mantener a Sasuke con vida así tenga que perder la mía.
Itachi hizo que soltara su mano, la cuál ahora viajaba a la parte trasera de su cuello y ejerció fuerza para acercarla hacia él. Percy pasó sus manos por su pecho subiendo hasta su cuello, enterró su rostro en su pecho y se acomodó, ese era el lugar en el que había sido feliz muchas veces, en el que se sentía segura.
Percy había perdido a Luke Castellan, su primer amor, y ahora perdía a Itachi Uchiha.
—Me has hecho más feliz de lo que esperaba ser en mis últimos años de vida —le dijo él, cerca de su oído, mandando escalofríos por la espalda de Percy—, y lamento tener que dejarte ahora —a Percy se le encogió su corazón en su lugar, aquello de verdad estaba pasando, era la despedida—. Te volviste una necesidad en mi vida, creía que nunca volvería a sentir algo así por alguien más hasta que tú llegaste —Itachi suspiró y su aliento hizo cosquillas en el cuello de Percy—. Lo que estoy intentando decir es que: Te amo, Percy Jackson.
Un cosquilleo abrió pasó en todo el cuerpo de Percy, incluso dejándola sin aire. ¿Eso era lo que sentían por el otro? ¿Ella lo amaba él?
Por el dolor en su corazón al saber que esa era la última vez que se verían supo que si, ella también lo amaba.
—Yo también te amo —dijo ella, separando su cara del cuerpo de Itachi y mirándolo a los ojos, únicamente para recibir un beso en los labios de parte del Uchiha.
Percy no supo exactamente cuánto duró ese beso pero un meteorito podía impactar ahí mismo y ella ni siquiera se hubiera enterado. No le importaba si el mundo llegaba a su fin, ella estaba por perder al último dueño de su corazón.
Itachi fue el primero en separarse, pegando sus frentes y mirando los ojos verdes que tanto le gustaban, ambos tenían la respiración agitada. Él entrelazó una de sus manos con la de Percy.
—Ya vienen —dijo Itachi antes de desaparecer.
Y era cierto, el chakra de sus compañeros estaba cada vez más cerca. Ella respiró hondo y se aguantó las lágrimas mientras volvía a ponerse su mascara para entonces sentir algo en su mano izquierda, la que Itachi había tomado antes de irse.
Abrió la boca con sorpresa al ver lo que ahí se encontraba, era el collar que Itachi siempre llevaba puesto, y cuando decía siempre era siempre. Era bastante simple y nunca le había dicho porque siempre lo usaba, los únicos detalles eran tres aros de metal.
Se puso el collar rápidamente y lo escondió bajo la blusa de su uniforme ANBU, dónde también estaba el collar de cuentas del campamento.
—¡Per... Harikēn! ¡Vamos, ya sé dónde está Sasuke! —le gritó Naruto, deteniéndose un momento a su lado para después seguir avanzando.
Percy lo siguió sin decir nada, aún seguía con su mente y su corazón en Itachi y también recordó a Afrodita, diciendo que haría su vida amorosa interesante.
Hasta ahora había perdido a dos de las personas que amaba por muerte, ¿a eso se refería la diosa del amor con interesante?
Pura mierda, pensó Percy con amargura.
Rachel había rechazado a Percy por convertirse en el Oráculo, ella había tenido que dejar a Calipso para salvar al mundo y ahora ella estaba con Leo, Nico pensó que sentía algo por Percy hasta que se dió cuenta de que en realidad era gay y ahora estaba casado con Will Solace (la boda fue increíble, por cierto), Reyna había gustado de Percy y de no ser porque la hija de Poseidón tenía un lío en la cabeza por causa de la amnesia ella pudo llegar a sentir algo por ella también pero eso había quedado en el pasado pues ahora Reyna estaba con las Cazadoras.
Percy iba pensando en los fracasos de su vida amorosa y únicamente regresó a la realidad cuando varios chakras aparecieron literalmente de la nada frente a ellos, deteniendolos.
—¡Hola! —dijo la única persona que usaba una capa de Akatsuki—. Bueno, bueno, ¡hola, hola, hola! ¿Quién pensaría en encontrar ninjas de Konoha en un lugar como este? Además son dos, cuatro, seis, ocho, ¡nueve! Nueve contra cuatro, que mala suerte.
Los otros tres estaban atrás del hombre con la máscara anaranjada y Percy reconoció su chakra como el de los compañeros de Sasuke, supuso que su misión era detener su avance y ella estaba dispuesta a dejarlos hacerlo hasta que uno de los chicos saltó al suelo para estar frente a ella.
—La Samehada va a ser mía —dijo él, con una sonrisa y mientras tomaba la empuñadura de la espada que él llevaba en la espalda y la cuál estaba escondida bajo su capa pero Percy de algo recordaba la empuñadura.
Percy también empuñó a Samehada.
—El último que dijo eso terminó medio muerto —le dijo ella con tono completamente neutral, no estaba muy de humor para pelear pero tampoco podía dejar entre ver sus emociones.
—¡Suigetsu-baka! —le gritó la pelirroja desde la rama del árbol donde estaba ella y otro chico con cabello anaranjado—. ¡No te lances así a pelear!
Suigetsu entonces desenfundó su espada, revelando a Kubikiribōchō, la espada que le había pertenecido a Zabuza, si Percy tenía suerte podría salir de ahí con otra gran espada, no por nada era reconocida en Konoha por ser especialista en Kenjutsu.
Suigetsu lanzó el primer golpe, que Percy pudo detener fácilmente con Samehada.
—He peleado contra Zabuza —le dijo ella, ambos alejándose de donde estaban los demás ninjas de Konoha para poder pelear a sus anchas— aunque parece que tú sabes cómo manejar esa espada mejor.
Suigetsu abrió los ojos con sorpresa ante lo dicho por la chica, ¿era ella una de las que había sido culpables por la muerte de su predecesor? Ya había visto entre los demás ninjas a Hatake Kakashi pero por más que hubiera querido pelear contra él, él quería la Samehada.
Naruto miró la batalla que aquel chico y Percy estaban teniendo, por lo grandes que eran las espadas y la fuerza que tenía ambos el terreno se estaba viendo afectado rápidamente.
—¡Naruto! —le llamó la atención Kakashi—. Harikēn puede sola, enfócate en los que están frente a nosotros.
Suigetsu en realidad estaba bastante sorprendido de que aquella chica manejara tan bien a Samehada, se veía que era tan pesada como Kubikiribōchō o puede que más y lo que más sorprendía era que para ciertos ataques únicamente usaba una de sus manos. Se separó un momento de ella y analizó su postura, parecía bastante confiada, su manera de pelear era diferente a todo lo que hubiera visto antes.
Cargó hacia ella con Kubikiribōchō en alto, listo para usar una de sus técnicas secretas.
La chica que parecía ser conocida como Harikēn levantó a Samehada con sus dos manos al igual que estaba haciendo él y bajó la espada sobre él de un solo movimiento, impactando contra su cuerpo únicamente para que esté se deshiciera en agua, sorprendiendo un poco a la semidiosa. Volvió a aparecer mientras tenía la guardia baja, preparando una estocada que Percy pudo detener con su mano como si nada. Aún tenía un par de días más con la maldición de Aquiles y la iba a aprovechar mientras pudiera, siempre le gustaba ver cómo sus enemigos se asombraban al ver que no tenía heridas en su cuerpo.
—¿No notas nada raro en tu chakra? —le preguntó ella mientras dejaba de tomar el filo de Kubikiribōchō y le mostraba su mano sin ningún tipo de herida.
Suigetsu lo pensó un momento, quedándose con la boca abierta al notar los niveles de su chakra.
Aquella chica era un misterio, no tenía ninguna herida y ahora lo de su chakra.
—Quieres a Samehada pero ni siquiera sabes la habilidad que tiene —dijo ella mientras sacaba a Anaklusmos en forma de pluma de uno de sus bolsillos y la mantenía así en una de sus manos, escondida—. Samehada está hecha para absorber chakra, ¿dejarías que comiera un poco más? Siempre me está diciendo que no la dejó comer lo que quiera.
Suigetsu hizo una mueca, marcando un poco más el simpático colmillo que se asomaba entre sus labios.
Si ahora no va a venir por mi, yo tendré que ir por él, pensó Percy mientras comenzaba a cargar contra Suigetsu con un plan formándose en su mente. Era cierto que parecía manejar mejor esa espada que Zabuza pero la manera de usarla seguía siendo la misma, o muy alto o muy bajo pero nunca intermedio.
Las cosas pasaron demasiado rápido para Suigetsu. Percy lanzó a Samehada hacia arriba, llevando ahí la atención de Suigetsu pues quería ver la trayectoria en la que iba a caer y ahora la chica no tenía una espada por lo que no representaba una amenaza.
No contó con que tenía otra espada escondida, la cuál usó para inmovilizar a Kubikiribōchō pues la enterró en el único agujero que la espada tenía, era el mismo truco que había usado contra Zabuza hace cuatro años, se paró en la parte plana de la espada, jalando a Suigetsu hacia abajo por su peso. Él vió como la chica se preparaba para dar una patada y pensó en separarse pero antes de poder hacerlo, Samehada había caído encima de él, haciendo qué soltara Kubikiribōchō y que se convirtiera en agua.
Percy sonrió bajo su máscara mientras volvía a Anaklusmos en su forma de pluma y la guardaba. Acto seguido tomó a Samehada y la puso en su espalda para después tomar la empuñadura de Kubikiribōchō mientras Suigetsu volvía a formarse unos metros más allá.
Jūgo y Karin miraron la inevitable derrota de su compañero.
—Tenemos que hacer algo —le dijo Jūgo a la pelirroja mientras veía a la chica acercarse a Suigetsu, quién se estaba recomponiendo después de todo el chakra que le había quitado Samehada.
—¿Quieres la espada de vuelta? —le preguntó Percy a Suigetsu, estando frente a él.
Al tener su máscara puesta, daba un poco más de miedo que si un rostro humano le estuviera diciendo eso.
Suigetsu ni siquiera necesito responder pues al momento siguiente, Percy estaba haciendo un sello, con una sola mano, y Kubikiribōchō se cargó de electricidad. Antes de saberlo, ya estaba clavado en el suelo por su propia espada, sintiendo una descarga eléctrica entumeciendo todo su cuerpo y deshidratandolo al punto en el que su cuerpo se volvió de consistencia gelatinosa.
Percy empuñó a Kubikiribōchō un buen rato, asegurándose de que la electricidad siguiera pasando por la espalda para que Suigetsu no volviera a moverse durante un buen rato.
Y entonces sintió la presencia de otra persona detrás de él y apenas pudo agacharse para esquivar el golpe que iba a recibir.
Percy tomó la empuñadura de Kubikiribōchō, la separó del suelo y de Suigetsu para después dar media vuelta y atacar a la persona detrás de ella, quién la recibió con lo que parecía ser el filo de un hacha saliendo de su brazo derecho para defenderse. Aquel era el hombre de cabello anaranjado de hace un rato, al principio había pensado que parecía muy tranquilo y ahora tenía una sonrisa sádica en su rostro pero aparte de eso, sus niveles de chakra estaban aumentando bastante aunque de cualquier forma parecía haber una batalla en su interior por quién tomaba el control. La mitad de su cuerpo era de un color diferente a la otra mitad.
Si Sasuke no estaba cerca no había quien lo llevará de regreso a su forma normal y entonces mataría a las personas sin pensarlo por lo que trataba de mantenerse centrado y no dejarse llevar.
Jūgo comenzó a atacar a Percy, quién esquivaba todos y cada uno de sus golpes lo cuál ya era bastante sorprendente pero entonces pareció notar algo rodeando su cuerpo, era apenas visible si lo mirabas muy de cerca, ¿era chakra?
La respuesta era sí y no, era su chakra convertido en electricidad rodeando su cuerpo.
Percy había querido aprender esa técnica del Raikage pero lo que ella hacía era casi nada en comparación con Ay. Sus reflejos eran aún más rápidos y su velocidad también había incrementado.
Entonces, la primera en encajar un golpe fue ella, directo al estómago y con toda su fuerza, haciendo qué Jūgo saliera volando hacia atrás. Su espalda impactó contra el tronco de un árbol y comenzó a perder los nervios, todo su cuerpo comenzó a colorearse de color marrón y la sonrisa en su rostro se hizo aún más grande mientras se preparaba para ir a atacar a Percy.
El próximo ataque, Percy de verdad no lo vió venir y el chakra parecía seguir aumentando dentro de Jūgo.
—¡Muere! —gritó él mientras el golpe impactaba en el estómago de Percy, llamando la atención de absolutamente todos los demás, quienes vieron como la chica voló hacia atrás, rompió un árbol con su espalda y se detuvo hasta el segundo.
Una nube de polvo se levantó por lo que no pudieron ver el resultado. Kakashi sentía un gran nudo de preocupación, al igual que Naruto pero cuando todo se aclaró, Percy no estaba donde esperaban y tampoco había ni rastro de sangre.
Una moneda de bronce cayó frente a Jūgo, quién ni se tomó el tiempo para mirarla y Percy tampoco le dió la oportunidad mientras aparecía a su lado en un parpadeó y le daba un golpe en la mejilla pero algo había cambiado, la fuerza que tenía era aún más grande que antes. El golpe fue más fuerte de lo que él le había dedo en un principio a ella.
El cuerpo de Percy no tenía ni una sola herida pero lo que si había perdido era un pedazo de su máscara, únicamente revelando su ojo izquierdo. Jūgo volvió a aparecer, propulsado por lo que parecían tubos saliendo de su espalda y casi vuelve a darle otro golpe a Percy de no ser porque ella estaba más atenta ahora. Kubikiribōchō estaba a unos metros de ella pero no tenía tiempo para ir por ella ahora pues Jūgo volvía a dirigirse hacia ella, riendo maniaticamente.
Todos los demás pensaban que lo mejor para ella sería retirarse pero ella no podía leer mentes y tampoco era de hacer caso por lo que ella también cargó contra Jūgo, encontrándose en medio y ambos deteniendo los golpes del otro. Percy nunca pensó pedirle su poder prestado a Ares pero fue la única manera que se le ocurrió de ganar contra alguien así. Tomó una de las muñecas de Jūgo y la rompió de un solo movimiento para después levantar su rodilla y romper su brazo a la altura de su codo. Le dió un puñetazo entre ceja y ceja e iba a seguro hasta que Jūgo utilizó su brazo aún funcional para volver a crear esa hoja de hacha y atacarla pero Percy se dejó, no es como que pudiera hacerle algún daño de verdad, solo a su ropa.
Se separó de él, mirando el corte que tenía su uniforme ahora.
Bah, no es como que fuera a quedarse en ANBU mucho tiempo más.
Jūgo tomo su distracción como su ventana y volvió a acercarse a ella. Su puño de encajó en el abdomen de Percy y empujó pero lo único que estaba haciendo era molestar a Percy pues no podía recibir ningún daño físico.
Cómo sea, por la fuerza utilizada por Jūgo, ambos se movieron hacia atrás y digo ambos porque Jūgo tenía su mano rota tomando a Percy por el hombro para que no se separara de su puño pues el no estaría feliz hasta que su brazo atravesara su cuerpo pero parecía que eso no iba a pasar pronto. La piel de la chica era como de acero pero eso no significaba que su interior lo fuera y solo Percy se dió cuenta de las repercusiones que estaba teniendo en sus órganos internos cuando ella escupió sangre, únicamente lo supo por el gusto metálico en su boca pues su máscara seguís cubriendo sus labios y demás.
La espalda de Percy impactó contra el tronco de un árbol aunque no iba a permitir que nada más sucediera. Volvió a sacar a Anaklusmos y aprovechó su estado de pluma para acercarla a Jūgo sin que pensara que tenía algo en su mano, la destapó y la punta de la espada se clavó sin problemas en el hombro derecho de Jūgo, con el que estaba golpeando a Percy. La azabache removió la espalda, asegurándose de dejar lo más inútil posible el otro brazo y supo que hizo lo correcto cuando la fuerza de Jūgo menguo. Soltó a Anaklusmos y se mordió la lengua mientras aprovechaba para liberarse y comenzar su ataque. Ni un quejido salió de sus labios a pesar del enorme dolor que sentía en su abdomen y del gustó a sangre en su boca.
Tiró a Jūgo al suelo y se dispuso a golpearlo ahí, sacando sin querer toda su furia en esos golpes y con el poder de Ares aquello era devastador, el suelo se hundía bajo sus puños con facilidad y sentía los huesos de Jūgo romperse bajo su fuerza, un hilillo de sangre comenzó a resbalar de sus labios al ver sus órganos comprometidos pero entonces algo pareció salir de su espalda, eran otra ves esos tubos, apuntando hacia ella comenzaron a cargarse de lo que Percy supuso era chakra pero ella continúo golpeando incluso después de que la explosión pasará.
El humo se esfumó y solo estaba Percy, sin ningún rasguñó y aún golpeando. Lo único que de había visto comprometido era su ropa y su máscara ya estaba completamente deshecha, su cabello que se había soltado en algún punto tapaba la vista de las lágrimas surcando por sus mejillas.
Ya había pasado, estaba segura.
Su corazón le había dicho que Itachi Uchiha ya estaba muerto.
El tipo de la máscara decidió intervenir, arrastrando a Jūgo lejos de la chica y notando sus lágrimas.
Él no era tonto, había sido compañero de Itachi por un buen tiempo y sabía que a veces se escapaba con alguien pero nunca adivinó con quién.
Hasta ese momento, en el que vió el collar que Itachi siempre usaba alrededor del cuello de la chica de ojos verdes.
