Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.

Traducción por Ileana Cs.

Beteada por Sunset82 e Irene Garza


Manacled

por SenLinYu

Capitulo 27

Marzo 2002.

Hermione leyó minuciosamente los libros que compró en cada minuto libre que tenía. Los transfiguró para hacer que parecieran libros de aritmancia, runas antiguas y sanación. Nadie se sorprendió al encontrarla devorándolos mientras preparaba pociones, en los momentos tranquilos en el pabellón del hospital o durante las comidas.

No estaba segura de si algo de esa información sería realmente de utilidad, pero ella estaba completamente perdida en cuanto a cómo prepararse. Los libros eran el único recurso que tenía. Así que ella leía, ideaba, se preocupaba y se encontró a sí misma gritando defensivamente a los demás.

—Lo siento, Fred —se disculpó ella cuando él pasó a visitar a George. Él había tratado de relajar el ambiente molestándola con no hacer una representación de una enfermera traviesa mientras se encargaba de su hermano. Hermione, encontrando el tema abruptamente sensible, explotó con él y casi lo abofetea en la cara. —Yo sólo… no he dormido mucho últimamente.

Era una excusa patética.

Nadie estaba durmiendo mucho, y no lo habían hecho en mucho tiempo.

Sin importar que fuera un refugio, siempre había alguien despierto a cualquier hora: jugando cartas, fumando, y haciendo cualquier cosa para pasar las largas horas de la noche.

Harry era, casi siempre, uno de los que padecían insomnio. Él parecía, aunque fuera imposible, subsistir con una mínima cantidad de sueño. Ya ni siquiera sabía si las pesadillas que tenía eran por Voldemort o por su propio estrés y culpa. Cuando él empezaba a caminar chocándose contra las paredes, o a pararse con la mirada perdida en el espacio, Hermione lo arrastraba al pabellón de hospital y lo sedaba con poción de dormir sin sueños.

Hermione tenía sus propias pesadillas, la mayoría de Harry y Ron muriendo mientras ella fallaba al intentar salvarlos. Pero los rostros de la muerte la perseguían también.

Todos aquellos con los que ella no había podido ser lo suficientemente rápida, lo suficientemente lista, lo suficientemente hábil.

Colin Creevey aparecía a menudo en sus sueños.

Colin había sido el primero en morir bajo el cuidado de Hermione. Había sido poco después de que Voldemort tomara el Ministerio, antes de que la Orden fuera forzada a abandonar Hogwarts. Madam Pomfrey había salido a comprar pociones nuevas cuando Colin entró apresuradamente. Harry había estado ahí, haciéndole compañía a Hermione en lo que había sido una tarde tranquila.

Colin había sido golpeado con una maldición de desollamiento. No había contrahechizo para ello.

Hermione no podía sedar a Colin.

La maldición lo forzaba a mantenerse consciente. Probó el encantamiento aturdidor; poción para dormir sin sueño; incluso el filtro de los muertos en vida. Ninguno de ellos funcionaba. La maldición atravesaba todo y lo mantenía consciente. Hermione intentó todo lo que se le ocurrió para revertirla. Para disminuirla. Para aislarla. Pero la piel se seguía desprendiendo. Colin seguía gritando. Si ella restauraba la piel en algún lado, se volvía a desprender. Si no reemplazaba la piel, la maldición atacaba más profundo, al músculo y al tejido.

La maldición no paró hasta que alcanzó sus huesos.

Colin Creevey murió rodeado de una pila de pequeñas y delgadas capas de su piel y un enorme charco de sangre mientras Hermione sollozaba y hacía todo lo que se ocurría para salvarlo.

Él se había convertido en un esqueleto perfectamente extirpado para cuando Madam Pomfrey volvió.

Hermione nunca se recuperó.

No fumaba, no bebía, no se metía en peleas, no tenía sexo casual. Ella sólo trabajaba más duro y por más tiempo. No tenía tiempo para estar de duelo o arrepentirse. Siempre le traían otro cuerpo para atender y no tenía tiempo para cuestionarse a sí misma.

Ella dormía cuando estaba muy cansada como para soñar.

Miró a Fred y añadió.

—Es sólo un mal día.

—Está bien Mione, tienes el derecho de tenerlos, como el resto de nosotros. Para ser sincero, no puedo entender cómo es que sigues haciendo esto.

Hermione volteó y miró alrededor de la enfermería.

—Si yo no lo hiciera… ¿quién?

La Orden confiaba en que ella estuviera ahí.

No era un sentimiento nacido de una opinión exagerada. Era simplemente un hecho. En ese punto de la guerra, Hermione estaba más especializada en sanar magia oscura y maldiciones que nadie en el resto de Gran Bretaña.

Cuando Voldemort había tomado el Ministerio de Magia, la Orden había sido forzada a dejar de ir a San Mungo. Cualquier miembro de la Resistencia enviado al hospital era inmediatamente arrestado por cargos de terrorismo, y desaparecían en las prisiones de Voldemort.

La captura del Ministerio había sido cuidadosamente cronometrada. La primera ley promulgada fue el Acta de Registro para los Nacidos de Muggles. Voldemort comprendió la importancia del papel de los sanadores en la guerra, por eso San Mungo fue el primer lugar en ser purgado con la nueva ley. Todos los sanadores hijos de muggles y mestizos fueron rápidamente arrestados, y sus varitas fueron quebradas antes de que cualquiera de ellos pudiera huir con la Orden.

De pronto, Poppy Pomfrey se convirtió en una de las sanadoras con más experiencia dentro de la Resistencia. Hermione había sido su aprendiz y estudió intensamente desde la muerte de Dumbledore. Cuando los Sanadores Europeos simpatizaron con la Resistencia, se contactaron en secreto con ellos y ofrecieron entrenamiento, Hermione había sido la única persona, de la que disponía la Orden, con suficiente conocimiento en sanación como para calificar.

Ella había dejado a todos atrás. Se despidió y pasó de contrabando de hospital en hospital por toda Europa para aprender toda la sanación avanzada que pudiera. Regresó después de casi dos años, cuando su hospital fue comprometido después de una batalla y todos los sanadores, que habían sido reclutados, fueron asesinados junto con Horace Slughorn. Severus había entrenado a Hermione en pociones hasta que ella se fue y continuó con sus estudios relacionados con la curación durante su formación a través de Europa. Cuando regresó, Hermione era tanto una sanadora de emergencias completamente capacitada como una pocionista médica. Su especialidad era deconstruir maldiciones para desarrollar sus contrahechizos.

El primer contrahechizo que inventó fue contra la maldición de desollamiento.

Con la División de Desarrollo de Maldiciones de Voldemort estrenando constantemente nuevos encantamientos experimentales durante cada batalla, la necesidad por ella era desesperante.

Hermione entrenó en sanación a todos los miembros de la Resistencia que tuvieran la voluntad de aprender. Desafortunadamente, la sanación mágica era un arte preciso y altamente sutil. Requería un alto grado de atención y devoción para alcanzar el éxito. La Orden intentó incluir al menos a una persona con habilidades sanadoras en cada batalla con la intención de mantener a los luchadores vivos el tiempo suficiente para que regresaran a la enfermería. Pero, por la gran demanda que tenían, los sanadores de campo estaban sobrecargados y le dieron a la Orden las más altas tasas de pérdidas.

La mayoría de los luchadores preferían ocupar su tiempo libre entrenando con magia defensiva, creyendo que no necesitaban conocer más que los hechizos básicos de primeros auxilios. El testarudo optimismo que demostraban hacía que Hermione temblara de frustración cuando se permitía a sí misma pensar sobre eso.

La Orden simplemente no tenía suficiente gente como para utilizarlos bien. Las fallas en el liderazgo filtraron y afectaron a toda la Resistencia.

Ellos no habían estado preparados para la guerra. La muerte de Dumbledore les había cortado las piernas de forma efectiva y habían estado desde entonces luchando para sobrevivir.

Malfoy había hecho eso.

El asesinato de Dumbledore los había paralizado. Condenado.

Y de pronto él estaba intentando aparecer como una clase de retorcido salvador, queriendo contener la herida que él mismo había abierto.

Hermione lo odiaba. Más de lo que odiaba a cualquiera excepto Voldemort. Antonin Dolohov, la cabeza de la División de Desarrollo de Maldiciones, estaba cerca del tercer lugar.

Malfoy había comenzado la guerra, causado todo ese dolor y ahora ella tenía que tragarse todo ese desprecio y estar…

… dispuesta.

El pavor de su anterior conversación con Moody la estaba carcomiendo.

No sabía cómo dejar de odiar a Malfoy. No creía ser lo suficientemente buena actriz como para pretender que lo había hecho. El solo pensamiento de estar en la misma habitación que él sin intentar maldecirlo… castigarlo por todo por lo que era responsable… no estaba segura de poseer tal auto-control.

Hermione rechinó los dientes y presionó la frente contra el cristal de la ventana mientras intentaba pensar. Intentó obligarse a respirar y no romper nada, o empezar a llorar.

No podía derrumbarse. Necesitaba compartimentar. Necesitaba forzar todo su odio hacia Malfoy dentro de una caja, y mantenerla en algún lugar donde no se pudiera desangrar y contaminar todas sus interacciones con él. No pensaría con claridad si constantemente estaba cegada por la ira.

Tenía que tener una perspectiva más amplia.

Utilizar su espionaje era más importante que la satisfacción a corto plazo de odiarlo.

Ellos lo necesitaban.

Aun así, una parte de ella quería hacerlo sufrir. No podía evitar esperar para, una vez que hubiera obtenido lo que necesitaban de él, hacerlo pagar.

Pero… si ellos ganaban la guerra por eso, le deberían la victoria a él. Ella había accedido a ser el precio por eso. Por mucho que lo despreciara, si él los salvaba a todos, ella sabía que se sentiría obligada a mantener su parte del trato.

No importaba lo que él intentara hacer con ella.

De pronto sintió náuseas. Estaba temblando, sentía frío y calor al mismo tiempo.

Quitó su frente del cristal.

Su respiración había creado un círculo de condensación en la ventana.

Después de un momento, levantó un dedo hacia el vidrio, dibujó la runa thurisaz: para la fuerza de destrucción y la defensa, la adversidad, la introspección y el enfoque. Junto a ella dibujó la runa inversa, era merkstave: para el peligro, la traición, la maldad, el odio, el tormento y el rencor.

Ella misma.

Malfoy.

Vio las runas desvanecerse mientras la condensación se evaporaba de nuevo en el aire.

Ella volvió a sus libros.

Moody la encontró esa tarde.

—Tenemos una hora y una locación.

—¿Dónde? —inquirió ella.

—El Bosque de Dean. Viernes. Ocho de la noche. Yo te escoltaré y te apareceré en el lugar la primera vez.

Hermione asintió, buscando el ojo de Moody. Había una parte amarga de ella misma/en su interior que quería que él recordara ese momento. Encontrar en su memoria como se veía ella… antes.

Él pareció titubear un poco antes de que su expresión se endureciera.

—Necesitas mantener su interés tanto como sea posible.

La boca de Hermione se torció débilmente, pero asintió.

—Me doy cuenta de eso —dijo ella, recorriendo con la yema del dedo el borde de su libro, hasta que sintió que las páginas casi la cortaron. —No estoy segura de poder. Pero haré lo mejor que pueda. ¿Hay alguna posibilidad de hablar con Severus antes del viernes? Tengo unas cuantas preguntas para él.

—Lo arreglaré —dijo Moody. Luego se dio la vuelta y se fue.

Viernes.

En dos días.

Tendría poco tiempo para prepararse.

Pero mucho tiempo para tener miedo.

No había comido desde su primera conversación con Moody. No se atrevía a hacerlo. Cada vez que intentaba comer un poco, su garganta se cerraba y había estado viviendo a base de té.

Cerró sus ojos y se obligó a sí misma a regular su respiración.

Cerró de golpe el libro que pretendía leer y se concentró en su oclumancia.

Según Severus ella tenía talento para eso.

Se deslizó entre sus propios recuerdos y pensamientos, escogiéndolos y organizándolos. Reforzó las paredes alrededor de juntas importantes de la Orden. Los Horrocruxes. Luego empujó todos los recuerdos en los que intentaba no pensar.

Había tantos recuerdos de personas muriendo dentro de su cabeza.

Los alejó al fondo de su mente e intentó aplastarlos, para así no escuchar los gritos de agonía que la llenaban.

Filtró su odio por Malfoy, y lo empacó cuidadosamente en un rincón donde no pudiera distraerla o abrumarla.

Practicar oclumancia era lo más cercano a la paz mental que podía encontrar.

Era parte de lo que la hacía una sanadora talentosa. Ella podía aislar su simpatía y empatía, y concentrarse sólo en el proceso y procedimiento de sanar.

Parecía que era algo común entre los sanadores.

Algún día, cuando la guerra terminara, tal vez Hermione pudiera hacer un estudio de número de oclumantes naturales en el campo de la sanación.

Ella sospechaba que la mayoría de los sanadores tenían, al menos una pequeña tendencia inconsciente hacia ello. La Oclumancia era raramente enseñada, la mayoría de las personas probablemente no se daban cuenta cuando la utilizaban. Hermione no lo había hecho.

Por un largo tiempo, simplemente había pensado que era una persona fría. Conforme avanzaban los años de la guerra, su creciente tendencia a apagar sus emociones y enfocarse en ser racional, era rigida en contraste a como Ron y Harry se dejaban llevar por sus emociones.

Ella no era insensible… sentía cosas. Pero las emociones eran complementarias, no decidían por ella.

Siempre había sido primero su cabeza después su corazón.

Había comenzado después de la muerte de Colin. Ella no podía ser como Harry. Esa muerte se convirtió en un momento decisivo para cada uno.

Después de ver a Hermione tratar de salvar a Colin, Harry se había terminado de convencer de la maldad pura de la magia oscura. Él comenzó a dejarse llevar basado en que lo que sentía era lo correcto, que lo que él creía era como se suponía que debían ser las cosas.

Para Hermione, era todo lo contrario. Se dio cuenta de la enorme ventaja que tenían los mortífagos sobre la Orden. Fue su despertar al precio del fracaso. Ella se convenció de que casi todos los medios eran justificables con tal de vencer a Voldemort. El costo por escoger atributos morales idílicos y perder, era demasiado excesivo. Era simplemente la conclusión lógica. Entre más durara la guerra, más grande sería la cantidad de gente buena e inocente que sufriría y moriría.

Esa diferencia de conclusión había causado un cisma entre Harry y ella.

La magia oscura había sido la responsable de quitarle a sus padres, Sirius, Dumbledore, Colin… Todos ellos habían sido arrebatados por las artes oscuras. Por lo que la solución de Hermione de igualar las condiciones era casi imperdonable para Harry.

Harry estaba determinado: ellos no iban a convertirse en asesinos. La Orden no actuaría así. El amor había derrotado a la maldición asesina antes. Vencería a Voldemort.

Los cínicos y pragmáticos miembros de la Orden fueron callados por todos los demás. Incluso conforme la guerra empeoraba, la convicción sólo se hizo más fuerte y arraigada con cada vida perdida.

Los creyentes de la Luz no podían abandonar su posición porque se verían forzados a admitir que todas las muertes habían sido en vano. Que le pidieron a la gente que muriera por un ideal en última instancia, fallido.

Antes de enfrentar una verdad tan amarga, se convencieron cada vez más de que los sacrificios y las pérdidas se estaban convirtiendo en algo tan grande, que tendrían que valer la pena. Que la balanza entre lo bueno y lo malo pronto se inclinaría a su favor, porque… debía hacerlo.

Eso hizo que Hermione abandonara las juntas de la Orden lista para llorar de frustración. Incluso recurrió a escribir una presentación para explicar la teoría de la falacia del costo irrecuperable (*), el aumento irracional del compromiso (**) y la teoría de la auto-justificación. Pero cuando trató de explicar psicología muggle la hicieron a un lado, y cuando trató de insistir, fue tratada como una especie de monstruo cobarde, por intentar usar la psicología para justificar el asesinato.

Una vez pasó trece horas en la enfermería reconstruyendo, meticulosamente, los pulmones del profesor Flitwick. Cuando fue llamada a una reunión de la Orden inmediatamente después de eso, ella acudió exhausta y sacó el tema de la magia oscura con renovada furia. Había sido informada por un igualmente enojado y exhausto Ron que ella estaba siendo una perra y que no parecía entender el punto de la Orden. Muchos otros miembros asintieron.

Harry no lo había hecho, pero se negó a mirarla, y le dio una palmada en el hombro a Ron al terminar la junta.

Ella lloró después de eso.

Después Severus la había encontrado en un closet, en medio de una crisis emocional. Después de alternar entre insultarla moderadamente a ella e insultar extremadamente al resto de la Orden por bastantes minutos, él había logrado calmarla.

Adulación como forma de contención.

En la siguiente ocasión en la que él asistió una reunión de la Orden, le dio un libro de Oclumancia. Él no había tenido tiempo de entrenarla, pero Hermione no había necesitado entrenamiento. Sólo leyendo los conceptos pudo ser capaz de interiorizar la técnica.

Severus le dijo que ya lo sospechaba. Ella era una oclumante natural. Era, en parte, por lo que tenía tanto talento en sanación y en pociones. Poseía la habilidad de compartimentar cuando lo necesitaba.

Después de cinco años de guerra, Hermione sentía que su vida entera había sido embargada gradualmente en varias cajas pequeñas. Su eternamente tensa relación con Ron y Harry estaba cuidadosamente enterrada en un rincón donde ella no podía sentirla. La mayoría de sus relaciones se sentían desechadas. En el centro de sí misma, en el enorme espacio que una vez había ocupado su amistad con Harry y Ron, había ahora una caverna que ella mantenía debidamente ocupada con trabajo.

Después de unos minutos volvió a abrir los ojos y continuó su lectura. Sólo le quedaban dos días más para prepararse.

Minerva McGonagall llegó inesperadamente a Grimmauld Place la tarde siguiente, cuando el turno de Hermione en el hospital terminaba. La anterior directora de Hogwarts raramente dejaba Escocia. Después de que Hogwarts fuera cerrado, McGonagall había tomado bajo su cuidado a todas la brujas y magos menores de edad que quedaron huérfanos o cuyos padres peleaban en la guerra. Ella regresó a la casa de su padre en Caithness y, después de abusar de los hechizos de expansión a un grado absurdo, la hizo lo suficientemente amplia como para albergar a cien niños.

Ella cuidaba a todos los que no tuvieran padres a su cargo. Con los padres de Hermione bajó el encantamiento Obliviate y escondidos en Australia, Minerva consideraba a Hermione como a una más bajo su cargo.

Fueron por té al Londres muggle.

Cuando tomaron asiento, ella miró a Hermione por un largo tiempo.

—Habría esperado que te negaras —dijo Minerva al final.

—¿Realmente pensó que lo haría? —preguntó Hermione con firmeza mientras tomaba su té.

—No —dijo Minerva con rigidez—. Mis esperanzas y mis creencias han sido cosas separadas desde hace un tiempo. Es por lo que dije que era inconcebible.

—La Orden necesita esto.

Hubo un silencio mientras ambas se observaban entre sí. La tensión entre ellas vibraba, como el sollozo del arco de un violín que pasa despreocupadamente por las cuerdas. Filoso. Doloroso. Profundamente sentido.

Después de un minuto Minerva habló de nuevo:

—Tú… eras una de las estudiantes más destacadas a las que tuve el privilegio de enseñar. Tu forma implacable de actuar es algo que siempre admiré… —Minerva pausó suavemente.

—¿Pero? —Hermione presionó. Preparándose para la afilada crítica que la esperaba junto al cumplido.

—Pero… —Minerva puso su taza de té de vuelta en el plato con un tintineo—.La forma en la que sigues empañada en actuar así con la guerra me ha preocupado. A veces, me preguntó, dónde está la línea para ti. Si es que tienes una.

Alguna vez… tal regaño habría hecho que Hermione se sonrojara y repensara las cosas. Ahora, ni siquiera parpadeó.

—Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas —citó ella —Para enfermedades extremas, métodos de cura extremos son más apropiados.

La expresión de Minerva se endureció, sus labios se apretaron.

—¿Y qué hay de "lo primer no es hacer daño"? ¿O piensas que el juramento no aplica cuando el daño es a ti misma?

—Hipócrates nunca lo dijo—Hermione le dio un sorbo a su té con más calma de la que sentía—. "Primum non nocere", fue acuñado en el siglo diecisiete. El latín lo delata. Además… no estoy haciendo esto como sanadora.

—El hecho de que Moody te pida que lo hagas lo hace tan depravado como la mente que concibió la idea. —El acento escocés de Minerva salió por la emoción que tenía en su voz. —Yo habría creido que existen límites. ¿Cuándo el precio por ganar se volvió tan excesivo? Esta es una guerra que ya ha sido pagada con la sangre de los niños. ¿Ahora también los estamos vendiendo?

—Ya no soy una niña, Minerva. Esta es una decisión mía. Nadie me está forzando.

—Cualquiera que te conozca, sabría que accederías. Draco Malfoy sabía sin duda alguna lo que responderías cuando te lo pidieran. ¿Crees realmente que, para alguien de tu naturaleza, fue alguna vez una cuestión de decisión?

—No más que convertirme en sanadora o cualquier otra cosa que haya hecho—Hermione de pronto se sintió exhausta—. Tomar decisiones difíciles… alguien tiene que hacerlo. Alguien tiene que sufrir. Yo puedo hacerlo. Yo puedo soportarlo. ¿Por qué intentar obligar a alguien que no puede?

—Eres tan parecida a Alastor —observó Minerva en un tono amargo. Parecía que había lágrimas en las esquinas de sus ojos. —Cuando él me lo comentó, le dije que no, le dije que nunca lo hiciera. Hay líneas que no deben ser cruzadas porque, una vez que pedimos esa clase de cosas, no somos mejores. Entonces, él me contestó que no me estaba contando para consultarme. La decisión ya había sido tomada por Kingsley y por él. Él simplemente me estaba informando para que alguien que se preocupara por ti y lo supiera… en caso de que Draco Malfoy te hiciera…

La voz de Minerva se quebró abruptamente.

Hermione se sintió abrumada por la ola de afecto que sintió por la mujer severa que tenía en frente. Pero se forzó a sí misma a no reaccionar. A no dudar.

—Él asesinó a Albus —dijo Minerva después de un momento. Las palabras temblaron por la emoción con la que habló.

—Lo sé. No lo he olvidado —le dijo Hermione en voz baja.

—Él apenas tenía dieciséis años. Mató a uno de los más grandes magos de nuestro tiempo, a sangre fría, en un corredor lleno de estudiantes de primer año. Incluso Tom Riddle estaba más cerca de los diecisiete cuando comenzó a matar, y él comenzó con una estudiante, en secreto, en un baño. ¿Qué clase de persona crees que es ahora Draco Malfoy? ¿Seis años después?

—Él es nuestra mejor oportunidad para revertir el curso de la guerra. Necesitamos esto, Minerva. Tú ves a los huérfanos, pero yo veo los cadáveres. No nos podemos permitir desperdiciar ninguna oportunidad ahora. No voy a rechazar algo que pueda darle a la Orden, aunque sea, una fracción de oportunidad para ganar. Ni una sola persona importa más que toda la guerra.

—Harías lo que fuera para finalizar esta guerra.

—Lo haría.

—James Potter solía decir que la guerra era el infierno. Yo solía estar de acuerdo con él. Pero ahora… creo que estaba equivocado. La guerra es mucho peor que el infierno. No eres una pecadora, este no es un destino que merezcas. Y, sin embargo, pareces estar decidida a condenarte a ti misma, si eso significa ganar.

—La guerra es la guerra. El infierno es el infierno. Y, de los dos, la guerra es mucho peor (***) —citó Hermione y sonrió tristemente—. Mi padre solía decir eso. Salió de un show de televisión muggle.

Hermione dudó un momento antes de añadir:

—Tienes razón. Voy a hacer lo que sea para ganar esta guerra. No sé si estoy haciendo lo correcto. Estoy segura de que la mayoría de la gente diría que no. Sé que no hay vuelta atrás de esto… no para Harry o Ron, incluso si nos garantiza una victoria al final. Pero… salvarlos vale la pena para mí. Siempre he estado preparada para pagar el precio de los caminos que tomaré. Nunca he sido ciega ante las consecuencias.

Minerva no contestó. Tomó un sorbo de su té, y observó a Hermione como si esperara no volver a verla de nuevo.

Hermione encontró su mirada y se preguntó si eso podría ser cierto.

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Nota de la autora: Lo sé, no hay Draco todavía. Él está por venir.

Citas de Hipócrates y M.A.S.H.

*Falacia del costo irrecuperable es un término psicológico para explicar el sesgo cognitivo que consiste en dotar de valor a una inversión personal relevante del pasado, e irrecuperable a todas luces, para mantener a flote un proyecto cuyas expectativas son muy desalentadoras.

**Aumento irracional del compromiso se usa en el ámbito de la psicología y sociología para referirse a una situación en la cual las personas pueden tomar decisiones irracionales basadas en decisiones racionales del pasado o para justificar decisiones que ya se han tomado.

***M.A.S.H. La serie de televisión que veía el papá de Hermione, emitida de 1972 a 1983, considerada uno de los más importantes hitos de antibelicismo en la historia de la televisión, su crítica se dirigía a la Guerra de Vietnam.

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NdT: Muchas gracias a Ileana Cs por este capítulo y muchas gracias a Irene Garza que nos corrigió este capítulo y va formar parte de este querido equipo. Seguro que ya la conocen pero si no es así, tiene grandes trabajos, tanto traducciones como historias originales, por favor si todavía no la conocen… ¿qué esperan? ;-)

No quiero agregar mucho más, solamente decirles…gracias, gracias y mil gracias. Sus mensajes me han llenado de confort y amor que sé que cuando ande bajoneada voy a recurrir a ellos para animarme. Me han pasado miles de cosas desde que empecé con este fic, pero algo seguro es que el cariño que siento a través de sus palabras me hace seguir adelante con este proyecto. Así que les deseo lo mejor de corazón y que todas las buenas vibras que me mandan vuelva el doble para ustedes.

Con respecto al capítulo, paciencia que estos pronto se van a encontrar. Abrazo grande.

*16 de septiembre de 2020*