Capítulo 30.

—No debes estar nerviosa- sonrió dulcemente.

—Bueno… es difícil para mí… es la primera vez que voy en avión y ya no se diga salir de mí país…- haciendo mayor agarre a su maleta de mano.

—Creo que tienes razón- se rio sutil —pero míralo como una nueva experiencia, además recuerda que vas con nosotros, y a todo esto….- dijo al mirar hacia todos lados.

—Donde están tus amigos, creí que vendrían al menos a despedirte, no es que importe pero supuse que sería así- termino de decir Ulquiorra al entender que era lo que preguntaría su madre, además no era la única, él también tenía esa curiosidad.

—Ah! este… bueno… verán…- Orihime suspiro, de cualquier forma en algún momento tendría que decírselo a Ulquiorra, así que quizas era el mejor momento, sin contar que la madre del chico, es posible que también tuviese la curiosidad respecto al tema.

—Si, ¿Qué sucede?-

—La verdad…- la pelinaranja agacho un poco la mirada — es que tuvimos una discusión hace unos días y pues, no estaban de acuerdo a lo que quería hacer… en realidad nunca lo están…- susurro lo ultimo —Es por eso que no ha venido nadie, y Tatsuki-san, ella que fue la única que se alegró por mí, su vuelo salió mucho antes que el mío, así que de ella ya me despedí, además no se preocupen, que a pesar que mis amigos están enojados por ahora, cuando venga se que ya les habrá pasado…- coloco una sonrisa en sus lados, tratando de mostrar que no le preocupaba como podrían imaginar ambos ojiverdes.

—Bueno, si es así, creo que esta bien- menciono algo contrariada al mujer mayor- será mejor que vayamos a tomar nuestro vuelo, ya casi es la hora.

Y así, con un Ulquiorra que observaba muy atento a la pelinaranja, se encaminaron a su vuelo, no estaba del todo convencido, pero si era su decisión el ir con ellos, y el idiota con nombre de fresa no había aceptado la idea, le importaba muy poco, siempre y cuando lo que hiciese la chica era algo que ella misma quería hacer, punto.

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Ya habían transcurrido unas tres horas en el vuelo y Orihime estaba admirando por la ventana las nubes y amplio mar que se veía al horizonte.

— Esto es hermoso… nunca creí que se vería así desde un avión el paisaje, Ulquiorra mira!- señalaba muy emocionada la chica, valga mencionar que iba sentada junto al pelinegro, quien curvo un poco sus labios al ver como ella se veía tan animada, después de que solo hace unas horas atrás estuvo algo pensativa con respecto a sus amigos.

—Si, espera a que veas Alemania, creo que te gustara incluso más- soltó sin pensar, ¿desde cuando actuaba tan animado incluso él?

—¿Es eso cierto? ¿y cuanto hace falta para que lleguemos?- dijo con sus ojos incluso más iluminados.

—Faltan ocho horas aun, pero, así que te sugiero, para que no sientas el tiempo, mejor leas o incluso duermas un poco- hablo con total parsimonia.

—Que?! ocho horas aún?! No me digas que eso mismo tuviste que pasar para que llegaras a Japón?!- hablo con lagrimas en los ojos por la sorpresa, a pesar que Orihime podría ser una chica tranquila, también tenia su hiperactividad que la caracterizaba, y estar ocho horas sin mover mas que sus brazos y su cuello, no era algo que fuese capaz de soportar, pero como toda una chica dulce y recatada tenia que comportarse, o eso era lo que siempre le decía su hermano.

—La distancia desde Alemania hacia Japón es sólo de 9135 km o 5676 millas, y viceversa, así que no debería de asombrarte el tiempo de vuelo- le menciono Ulquiorra quien cruzaba de brazos y cerraba sus ojos.

—Tranquilízate Orihime-san, veras como no sientes esas horas, busca algo con lo que entretenerte o puedes ver una película, aquí hay muchas de las cuales puedes escoger…- le hablo Johanna, mencionando de las pantallas que poseían los asientos frente a ellos.

—De acuerdo, veré que hago…- resignada busco que hacer, así que busco los audífonos que estaban cerca de la pantalla frente a ella, y cuando los encontró los conecto, y busco una buena película entre las listas que poseía la memoria de la pantalla, hasta que encontró una serie que le llamo mucho la atención, era de detectives de mentes criminales, no era muy aficionada a la televisión pero tenia entendido que era muy buena, así que decidió darle una oportunidad.

Mientras tanto Johanna revisaba correos, verificaba unos balances de la compañía de Alemania, revisaba valores en el mercado y Ulquiorra, bueno él estaba leyendo un libro que le pareció interesante, lo había comprado hace días en una librería de camino a casa del instituto, su titulo "El Arte de la Guerra" de Samuel B. Griffith, un buen libro si se lo preguntan, y mas para el caso de él, que le gustaba leer acerca de estrategias de guerras, es obvio que no solo puede usarse como ámbito militar, sino también como un referente económico.

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Ya llegados al aeropuerto de Mannheim, descendieron del avión y se encaminaban hacia el pasillo que daba a la salida del mismo sitio, ya una vez fuera, mientras buscaban su transporte el cambio de clima se hizo sentir.

—Esto si es frio….- se abrazaba mas fuerte para tratar de darse mas calor, a pesar de que en Japón era un lugar también frio, no se comparaba a las tierras de Alemania.

—Oh, es verdad, esto es nuevo para ti, lamento no haberte avisado, lo olvide, como ya estamos acostumbrados olvide que no conoces nuestro clima- se recrimino la rubia.

—Lo que mi madre trata de decir… – hablaba Ulquiorra mientras sacaba otra chaqueta de su maleta, sabia que la pelinaranja resentiría el clima en aquel país, y más al darse cuenta que ella no se preparó lo necesario para arribarlo, puesto que las zonas más frías eran el aeropuerto por supuesto, y el camino hacia su hogar — los inviernos alemanes son quizás los más fríos en el mundo, con temperaturas que bajan de cero, durante el mes de diciembre normalmente la temperatura oscila entre -2.8°C y 5°C, eso sin contar que aún no cae la primer nevada- termino de mencionar mientras terminaba de colocarle el abrigo a Orihime quien agradeció el dulce gesto, y su madre asentía graciosamente al ver lo que hacía su amado hijo.

—Gracias… ¿porque lo dices?- pregunto la chica luego de agradecer el abrigo, ahora ya sentía un poco mas el calor llegar a su cuerpo.

—Porque cuando cae, la temperatura desciende incluso más- termino de decir mientras dejaba que ella entrara primero al vehículo, luego de su madre, él ingreso para comenzar su viaje hacia su casa.

Durante el trayecto Orihime apreciaba las hermosas ciudades por las que cruzaban, los puentes, grandes edificaciones similares a castillos, todo en si era hermoso, se maravillaba con cada cosa que veía, estaban a poco de que oscureciera por completo, por eso se deleitaba con todo a su alrededor, la poca luz que aun ofrecía el día le daba un toque espectacular.

Para Ulquiorra verla de esa forma era completamente una dicha, aunque era obvio que no se lo diría a nadie, pero ver así de feliz a Orihime Inoue era todo lo que podía pedir, se sentía a plenitud de esa manera, tanto que una mínima curvatura se dibujo en su rostro cuando escucho a la chica decir su nombre mientras le decía lo hermosa que era la ciudad.

Pasaron varias horas, que tuvieron que hacer escala en uno de los hoteles de Heidelberg, a pesar de que Orihime se sentía muy cansada, no dudo Johanna en pedirle a Ulquiorra que la llevara a cenar a uno de los restaurantes concurridos de la ciudad, la pelinaranja se maravilló tanto que incluso se sintió tan apenada al ver que todo ahí era tan distinto, lenguaje, comportamiento, tanto que llego a sentirse un poco incomoda, Ulquiorra al verla trato de hacer todo a su alcance para que se sintiera a gusto en una ciudad extraña, pidió platillos orientales a pesar que estuviese en Alemania, ya que se acompañaban de palillos, de esa manera no se vería tan intimidada utilizando cubiertos, que a pesar de que a veces los usaban en casa en Japón, Orihime no se acostumbro del todo.

Luego de que cenaran, dieron un paseo por las calles del lugar, donde Ulquiorra le explico un poco de aquella ciudad.

Esta ciudad pequeña acoge la universidad más antigua de Alemania y es un rincón que inspiró a muchos artistas famosos, compositores y autores como Goethe, Mark Twain o el pintor William Turner. El casco antiguo barroco tiene calles adoquinadas y el castillo que domina el pueblo es la principal atracción turística

Ya a una hora prudencial regresaron al hotel, la chica casi cayendo del sueño, logro tomar una ducha dormir con toda tranquilidad, ya que el día siguiente tendrían un largo viaje hasta el hogar de Ulquiorra.

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—¿Aun no entiendo, como es que usted se iba por un fin de semana, y tenia que hacer este viaje tan largo hasta su casa?- pregunto Orihime mientras terminaban de cruzar la ciudad de Memmingen, sus casas tenían un hermosa arquitectura, tal como lo leyó alguna vez en los libros, es como si dieras un paseo en la época medieval, hermoso sin lugar a dudas.

—Bueno, lo que sucede, es que quise mostrarte un poco de Alemania, así que no hicimos escala como normalmente hago- dijo la rubia a Orihime.

—Que?!- la miro asombrada

—Así es, normalmente, después de aterrizar en el avión, tomo otro vuelo que me dejar un poco más cerca de donde vivimos, en Múnich, pero como sé que es primera vez que venias, quise que disfrutaras un poco de estas hermosas ciudades de nuestro país natal, dime ¿te gusta la vista?-

—¿Bromea?!, esto es bellísimo!-

—Y eso que no has visto nuestro hogar, es un mas bello, se que te encantara- miro su reloj —ya casi llegamos-

Ulquiorra solo observaba a ambas féminas charlar, mientras él seguía leyendo otro libro para distraerse, y a decir verdad era lo que menos estaba haciendo, ya estaba de regreso, pero esto solo era la calma antes de la tormenta, sabía que lo que se venia seria complicado, y ahora sumándole el factor La Mujer dudaba que fuese fácil de lograrlo, pero de hacerlo lo haría y agotaría todos sus recursos.

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HOHENSCHWANGAU

Más un palacio que un castillo, la fortaleza neogótica de Hohenschwangau, o castillo del Gran Condado del Cisne, fue la residencia de infancia del Rey Luis II de Baviera, construido durante el reinado de su padre, el Rey Maximiliano II de Baviera. Está situado en la localidad de Schwangau, cerca de la ciudad de Füssen, en Baviera y muy cerca de la frontera con Austria.

—En realidad es un lugar mágico, no dejo de seguir fascinada por su castillo-

—Me alegra que te encantara, mas si te confieso que nuestra casa esta a unos cuantos kilómetros de castillo, solo separado por el enorme bosque- le dijo emocionada a Orihime

—Es… es enserio?!-

—Claro, ya casi llegamos-

—Sigo sin poder creérmelo, todo aquí es tan hermoso…-

Johanna rio un poco —Gracias, pero Japón tampoco se queda atrás, hay mucha ciudades que me encantan y tan hermosos castillos fundados desde hace varios imperios, son tan fascinantes, así que en eso creo que ambas estamos encantadas por las maravillas de cada uno de ellos.

—Si!- respondió alegre.

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Mientras viajaban, y cruzaban uno de los pueblos cercanos, Orihime se deleitaba con el panorama del lugar, pasaron cerca de grandes pinos, una planicies, y un hermoso lago.

Cuando llegando al terreno de los Cifer, se abrieron unos grandes portones, para luego pasar por una hilera de árboles de abetos, cuando ya estaban llegando a la mansión, cruzaron por un bello jardín y arbustos adornados con Flores de colores; habían amarillas, rosas, lilas, rojas, en fin toda una gama de hermosos colores, en realidad era un bello paraje.

Al detenerse se encontró con una enorme fuente frente a la gran mansión, esta tenía la forma de una hermosa flor, que la columna que simulaba el tallo, distribuía otras 3 fuentes en formas también de Flores, Orihime al verla corrió de la alegría era demasiado bello, a llegar cerca y mirar el agua tan cristalina no dudo en tocar el agua, se sentía tan fría.

Ulquiorra al verla no pudo ocultar el amago de una pequeña sonrisa, en verdad verla así de bella con una sonrisa adornado sus labios era todo lo que necesitaba para enfrentarse a todo lo que se venía.

—Orihime-san, ven querida, es mejor que entremos, esta frio aquí afuera- le llamo la mujer mayor.

—Si, enseguida- se acercó a Ulquiorra regalándole un hermoso expresión solo para él, sus mejillas sonrosadas y sus ojos mas brillantes que nunca, susurro su nombre y de sus labios salió vapor indicando que el ambiente estaba helado, pero a pesar de todo, podría jurar que era lo más bello que habría apreciado alguna vez sus estoicos ojos.

Ya una vez dentro de aquella enorme mansión, que si le preguntaran a Orihime, diría que era del mismo tamaño del castillo que hace poco fueron a visitar.

—Con permiso- susurro un poco apenada la chica, miro a su alrededor buscando donde dejar sus zapatos y no encontró lugar donde se encontraba la zapatera.

—Oh lo siento querida, aquí no se suele dejar el calzado en las puertas- le comento Johanna, llego el mayordomo de la mansión y pidió los abrigos, Orihime un poco apenada se lo entrego, no sin antes al verlo cerca no supo que era lo que le decía al extenderle la mano, ya que por mas que lo intentara no comprendía del todo el alemán, y el mismo Ulquiorra le indico que era lo que le estaba pidiendo.

—En muchos países es normal que tu calzado no se deje en la puerta, sino que lo tengas puesto, lo único que haces es ir al cuarto y colocarte unos zapatos más cómodos-

—Oh, lo siento… no lo sabía…- dijo Orihime un poco avergonzada por no notar lo obvio.

—Descuida, ya te iras acostumbrando, si gustas puedes ir a descansar, Ulquiorra por favor llévala a cuarto que le correspondería- le habló su madre.

Ulquiorra no dijo nada mas y se encamino hacia las escaleras que daban al segundo piso de la mansión, pero antes de dar el primero paso a los escalones.

Orihime no entendió el idioma, pero si una cosa, y esa eran las voces que se escucharon detrás de ambos.

—G…Grimmjow?... N…Nelliel?!-

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