ESPERÁNDOTE, PEQUEÑO
La blanquecina mano se deslizó lentamente hasta llegar a los cabellos que caían graciosamente en la mejilla de ella. Acomodó el mechon tras su oreja. Sus rostros a escasos centímetros se examinaban con mortal paciencia, deseando que se detuviera el paso del tiempo, que el viento los envolviera y la luna enfocara sus rayos hacía ellos. Su rostro parecía inexpresivo ante los demás, pero en ese cuarto, en ese mundo donde solo ellos dos habitaban, esos ojos, escondían las maravillas del universo. El dorado centelleaba y las pupilas registraban cada parte de la criatura frente a sus ojos, descendió su mirada y sin perder la concentración con un simple tirón la seda que envolvía su cuerpo recorrió la delicada cintura para hacer casi un sonido imperceptible y culminando su viaje en el suelo. Regresó su mirada a las orbes color café, era ella, era esa misma mirada cuando regresó a la vida. Entreabrió sus femeninos labios cuando el subió su mano y recorrió con delicadeza su rostro. Se deleitaba con ello, su cabello moverse, su pecho subir y bajar con su respiración. Era ella... De nuevo frente a él.
Quédate... Quédate para siempre, Rin...
El resto de la ropa cayó en el suelo, no había vergüenza, ya conocían sus cuerpos a la perfección pero en cada encuentro, en cada respiración y suspiro de placer había algo nuevo que descubrir, un aroma los envolvía y caían hipnotizados en el mismo juego que ellos pusieron.
Siempre estaré a tu lado... Sesshomaru.
Su respiración lo hizo perder los últimos estribos de cordura. Cerró sus ojos color ámbar y junto su frente con la de ella.
-Somos uno... ¿Lo recuerdas, Sesshomaru?
Lo recuerdo... Pensó, pero le era insuficiente. Necesitaba hacérselo saber de otra manera, de la única en la que él sabía: Con silencio, con caricias suaves, susurrando su nombre al oído, recorriendo su cuello y besándolo. Sus delgados brazos le envolvieron su fornido cuello y lo atrajo hacia ella. Juntos, era imposible que alguien los volviese a separar, ya nada lo haría. Sus curvas se incorporaron perfectamente al cuerpo del demonio y cayeron ante el embrujo de la excitante noche.
La hizo suya, con pasión marcaba su territorio sobre la espalda de Rin, cada pliegue de piel, se encargaría que hasta el mismo sol que la iluminaba supiera que ella le pertenecía, ahora más que nunca.
El acto jamás concluye cuando los cuerpos cansados se detienen, no, ellos seguirían amándose a base de miradas. Ahora ella aspiraba el aroma que venía desde el pecho del gran perro mientras él con recelo pasaba sus dedos por entre sus cabellos oscuros, la estola caía por el suelo, y simplemente parecía temblar con el aire nocturno.
-Te había extrañado tanto...- Junto lo más que pudo su cuerpo hacía él.
Su cuerpo sintió el golpe de calidez proveniente de la humana y soltó el aire como un bufido.
-Hmp...
No caía en un sueño profundo, podía perderse por unos minutos, pero sus ojos volvían a abrirse para verlo, tal vez con temor de que la imagen desapareciera, pero siempre que lo hacía él mantenía su mirada firme, su estoico rostro se relajaba y perdiéndose en ese mar de conjeturas lograba hacer caso omiso hacía las voces que llegasen a molestarlo en su mente. Ella le sonrió y se giró para ver el techo mientras entrelazaba sus dedos con los de él.
Quería saber que pensaba...
-¿Crees que se parezca a ti o a mi?.-Le preguntó dirigiéndole la mirada. El que abordará el tema sobre el cachorro lo tomó desprevenido, a penas se había enterado de ello ese día y en ningún momento de su vida, se había imaginado teniendo esa conversación. Pero era importante para ella, y (aunque fuese aún extraño) también era importante para él.
-Debe tener tu cabello plateado.-Río un poco ante la idea, era algo agradable pensarlo.
Sesshomaru observó la suavidad de su mirada, sentía que su hermosa protegida estaba dando esos cambios repentinos durante la vida humana, donde una niña se vuelve mujer.
-Que se parezca a ti...-Rin lo escuchó y su rostro lo miraba con una sorpresa que se transformó en tranquilidad. Volvió a girarse para verlo mejor, le sonreía tiernamente.
En eso una duda asaltó la mente del demonio... Y como si sus mentes estuvieran conectadas Rin hizo la pregunta que él se había formulado en su fuero interno.
-¿Niño o niña?
La duda se recargó en ellos. Fuese lo que fuese lo seguirían amando. Ella suspiró y llevó su mano a la parte media de su cuerpo.
-¿Sabrá qué estas aquí?.-Se preguntó mientras intentaba responderse. Sesshomaru se incorporó un poco mirándola. Volvió a pasar una mano por su mentón y ella disfrutó de la caricia, con suavidad recorrió el cuello, después el centro de sus pechos, bajando por su abdomen hasta su vientre, detuvo su mano ahí. ¿El cachorro tendría la capacidad de sentirlo?
Descanso su mano en esa parte de su cuerpo y tras unos instantes, se deslizó sobre el colchón y finalmente posó su cabeza sobre la piel. No escuchaba nada... Solo podía sentir la respiración de la humana. Permaneció un poco más, nulamente, dispuesto a levantarse tras ese ridículo intento.
-¿Sesshomaru? ¿Qué pasa?.-Ella se incorporó alarmada tras el brusco movimiento proveniente de él. Posó su mano en la mejilla de él.
Su rostro confundido se giró para verla. Ella parecía embargarla la sorpresa más grande.
-¿Lo sentiste, cierto? ... ¿C-cómo fue?.-Esta vez era la curiosidad la que hablaba.
-Como un impulso de energía.-Respondió secamente. De acuerdo, ese primer intento había sido demasiado para él. Rin pudo notarlo y solo sonrió de lado.
-Será mejor que descansemos, creo que ambos hemos tenido un día extraño.
El no respondió enseguida, parecía aún absorto en sus cavilaciones. La mirada de ella se iluminó, ya habían sucedido muchas cosas en solo unas pocas horas, una pequeña euforia más no le afectaría. Se rió un poco y por fin llamando la atención de su señor, se colocó frente a él, se subió a su cuerpo y se apoyó en sus hombros, el no puso resistencia y se dejó llevar nuevamente por otro juego carnal de su mujer, la escuchó reír de nuevo antes de ella asaltará su boca y la temperatura subió nuevamente.
~.:o:.~.:o:.~.:o:.~ TERCER MES DÍA: 12 ~.:o:.~.:o:.~.:o:.~
-Oyuki, me aprieta.
-Cariño, creo que los kimonos ya no te quedan.-Le dijo la kitsune con una mueca extraña en su rostro mientras la miraba.
-Pero, ¿cómo? Aún no tengo mi estómago tan crecido.-Decía frotándose su cuerpo.
-No, del pecho...
Y ahí estaba, modelando frente al inmenso espejo circular de casi tres metros de diámetro que estaba en la habitación de la pareja.
Se llevaba sus manos hacía sus atributos, se sorprendió. Su tamaño ya no era el mismo de hace ya unas semanas atrás, trataba cerrarse el eri* (N/A: Así se llama al cuello del kimono) de su komon, pero le era imposible, en cuanto soltaba la prenda, esta se abría dejando asomarse dos bultos. Se veía extraña... Parecía... Parecía una mujerzuela, de esas que se contoneaban vulgarmente por las calles.
Su vientre apenas se estaba formando, solo una simple barriguita se asomaba. Se siguió observando hasta que escuchó la puerta corrediza abrirse, sabía que era su señor. Se cubrió de nuevo sujetándose la ropa e hizo como si nada. Pasó a un lado de su señor quien ni siquiera la volteó a ver pero notó su extraño comportamiento.
-¿Qué estás haciendo?.-Escuchó detrás de ella. Se sintió acorralada y solo se giró hacía el Lord que ya la asaltaba con la mirada.
-¿Qué estas escondiendo?.-Sesshomaru se plantó frente a ella y Rin no puedo hacer nada contra la estoica imagen de su señor, notó que vestía de manera muy informal, solo llevaba una yukata color verde. Dejó de lado su mokomoko y se acercó más a ella.
Olvidándose de eso solo bufó cansada y soltó el cuello de su ropa, el mismo efecto anterior se repitió.
-¡Son gigantes!.-Exclamó Rin mirándose a si misma.
-No es posible que crezcan tan rápido.-Decía jugueteando, haciendo pequeños saltos mientras sus pechos parecían rebotar graciosamente.
En eso le devolvió la mirada a su señor y casi se cae de la risa. Los ojos dorados no se apartaban de sus pechos, ni siquiera estaba mirando el rostro de ella. Él no podía ver salir así a su mujer, enseñando su cuerpo de esa manera, ella le pertenecía.
Rin lo miraba curiosa, a final de cuentas. Sesshomaru era un hombre, con deseos, pasiones, ¡por kami! Tenía hormonas, hormonas que sólo ella sabía despertar. Decidió que se iba a divertir un poco...
Tomando ambas manos de su amo, las colocó sobre sus pechos y con una voz susurrante, realmente seductora dijo:
-¿Qué pasa? ¿Te molestan su nuevo tamaño?
¿Qué le molestaban? ¡Eso es ridículo! Sesshomaru estaba petrificado ¿desde cuando Rin tenía esas maneras pervertidas y provocadoras? Aún sin salir de su asombro la observó, esa imagen...
Ella con sus labios entreabiertos, un sonrojo en sus mejillas y esa mirada de "Por favor, no me comas" Fueron la chispa perfecta. Relajando la mirada pasó su brazo tras la espalda de Rin y la atrajo hacía él de manera brusca, los nuevos atributos contra su pecho fueron el incentivo perfecto para sus instintos. Quería jugar rudo ¿no? Bien, el sabía mejor que nadie como jugar rudo. Asaltó su boca mientras Rin parecía gemir no seguro de si pedía mas o pidiendo que se detuviera, de todas maneras, no le importó y ese celestial sonido solo fue el detonante para el siguiente movimiento.
La llevó a su cama, dispuesto a complacerla de las maneras más salvajes, porque después de todo, el era un demonio, un demonio animal. Varias almohadas terminaron en el suelo, el colchón quedó chueco sobre su base y varios estruendos se escucharon sobre el suelo y las paredes.
La habitación se llenó de gemidos agudos y susurros roncos. No saldrían de ahí hasta sentirse satisfechos. Probablemente fueron producto de las hormonas pero aquella sesión de sexo brutal le enseñó a la joven que tal vez esos pequeños cambios no eran tan malos después de todo.
~.:o:.~.:o:.~.:o:.~ CUARTO MES DÍA: 21 ~.:o:.~.:o:.~.:o:.~
-El clima es precioso ¿no crees, Rin?.-Preguntaba Oyuki que sorbía de su taza de té mientras miraba los cerezos.
-Si, si no tienes como cinco kilos de ropa encima de ti.-Masculló ella, quien portaba un komon de color negro con motivos azules y blancos en el fondo, pero con un gran abrigo de pelaje, parecido a la estola de Sesshomaru que le cubría el cuello.
-Es para que no te resfríes, en tu estado necesitas estar fuerte y sana para que el cachorro también lo sea.-Le decía Oyuki con una sonrisa nerviosa viendo a la pobre humana que sentía asfixiarse de tanto a su alrededor.
-No creo que se de cuenta si me quit-
En eso la mano de Oyuki detuvo el recorrido de Rin, la cual la miró asustada. Ella no suele portarse así, la miró y sintió un escalofrío al ver la fría mirada que recibía de su nada.
-¿Q-qué sucede?.-Esa situación le estaba poniendo los pelos de punta.
-¿No entiendes?...-Dijo duramente y Rin pensó que se había metido en un lío grande, pero es que ¡estaba cansada de tanta ropa! ¿por qué Oyuki no entendía eso?
-Si tu te resfrías...
La humana solo tragó saliva esperando que todo acabase.
-...El lord me cortará la cabeza.-Finalizó la frase mientras su rostro se ponía pálido. Le contó que literalmente el Lord había juntado las frases "resfríarse" y "tu cabeza rodando" en una misma oración. Rin pensó que tal vez tendría que decirle a su señor que no fuese tan estricto con sus ordenes.
-Creí que estabas molesta conmigo.-Suspiró Rin aliviada por el malentendido.
-Ay no claro que no, pero me alegra que entiendas la situación en la que estoy con el amo, solo quiere tenerte bien cuidada.
Rieron un poco pero un ruido deshizo el ambiente de una manera abrupta, se escuchaba como un gruñido que sobresalió de las risas. Ambas mujeres que quedaron viendo una a la otra.
-C-creo que tengo hambre, otra vez.-Dijo Rin con un brazo tras la nuca mientras reía nerviosamente.
Oyuki la miraba asombrada con una gotita.
-Pero si acabas de comer...
Aún con lo dicho la kitsune ayudó a levantarse a la mujer quien ya se le dificultaba levantarse debido a su creciente estómago.
-No creí que este pequeño me fuese tan problemático al cargar.-Se dijo cuando por sin se levantó mientras le faltaba un poco el aire.
-Pues si sigues comiendo así esa panzota no será solo del cachorro.-Dijo Jaken atrás de ella. El comentario no fue recibido de muy buen agrado, y la verdad es que aparte de los cambios físicos de Rin, también había otros cambios como los de humor, enseguida sus ojos se encendieron en el popular color azul y se giró hacia Jaken que se reía, pero cuando notó la mirada de la joven solo alcanzó a saltar del susto pues una brutal patada lo hizo volar por los cielos mientras su grito se disipaba a lo lejos.
-Que entrometido es el señor Jaken.-Masculló cruzandose de brazos. Tras ella la pobre kitsune la miraba asustada, creyó que se había librado de las amenazas del gran demonio pero olvidó que tendría que lidiar ella también con esos 'cambios' de la humana.
~.:o:.~.:o:.~.:o:.~ QUINTO MES DÍA: 29 ~.:o:.~.:o:.~.:o:.~
Caminaba a paso sereno por los pasillos de su gran imperio, echaba un vistazo a las afueras de su palacio, los inmensos jardines, los grandes establos y pequeños edificios de armamento distribuidos por todos los costados. Se quedó inmóvil mientras parecía meditar sobre él y su vida. Habían sucedido demasiados cambios para lo que él estaba acostumbrado. Por lo general un demonio de su rango creería que sucesos así tardarían por lo mínimo 200 años, pero en este caso, no.
Había salvado una vida humana hace tan sólo unos once años, tres años después había escogido a la compañera que estaría con él toda su vida. Siete años más tarde la traería a su gran castillo, su gran palacio sobre las nubes.
Ahora en menos de medio año estaba enterado de que su dinastía y la de su padre seguirían en pie tras la gran esperada llegada del nuevo cachorro.
Cachorro...
Esa palabra aún le ponía los nervios de punta, claro su rostro jamás lo revelaría, pero a sus cortos casi 820 años estaba dándose cuenta que esto de "sentar cabeza" no era como el lo imaginaba. En realidad Sesshomaru jamás guardó la idea de casarse, de tener una mujer a su lado (¡mucho menos una mujer humana!), de sentirse: realizado, satisfecho, y sobre todo... Feliz. Para él no había tiempo de la felicidad, él sólo seguía el camino de convertirse en el más poderoso youkai de todo el maldito mundo.
Recordaba las palabras del anciano herrero Totosai.
"Por fin, has superado a tu padre"
Pero para él, superar a su padre era desligarse de todo el mundo físico, ascender en un plano más allá. Conquistar los territorios de lo terrenal, del cielo y también del inframundo, para Sesshomaru no había cabida para la palabra "Límite". Cuando en realidad, la más grande enseñanza que le dejó su padre, fue conquistar no el mundo, sino conquistar su propio corazón. El primer objetivo de Inu no Taisho para con su hijo era que él pudiese dominarse, que fuese un gran mononoke que supiera discernir entre el bien y el mal, que pudiera guiar su corazón en la dirección correcta, que supiera defender sus ideales. En parte esa fue la gran enseñanza de Tenseiga; el conocimiento del valor de la vida.
Entender el equilibrio entre los mundos, entre los seres vivos e incluso entre sus propias relaciones. Eso fue en lo que Sesshomaru logró vencer a su padre, más allá de su poder demoníaco. Inu no Taisho podría sentirse satisfecho de haber sido superado por su primogénito, por fin había aprendido que era lo que valía la pena, sentirse motivado a luchar por alguien y de esta manera, tener algo que proteger.
Fue sacado de sus cavilaciones cuando escuchó una voz que salía desde el gran balcón del salón principal, dio unos pasos hasta asomarse.
La gentilidad del sol
vela a las flores con su calor
Y también mi corazón
es invadido por esa luz
Hasta puedo escuchar
gotas de lluvia en algún lugar
Siento que en el interior
la madre Tierra me da su amor.
Era ella, con sus ojos cerrados mientras entonaba una melodía y con sus manos acariciaba su vientre que ya había tomado un tamaño considerable. Levanto el vuelo y sigilosamente siguió el camino de la hermosa voz de su mujer.
El ser feliz o infeliz
es parte de la bella experiencia de vivir
La naturaleza nos une con fuerza
Por eso debemos seguir*
*N/a: Ashita Kuru Hi - Kana Hanasawa
Rin parecía una hermosa princesa salida de un cuento de hadas con un gran kimono rojo y flores doradas en la parte baja, descansaba bajo la sombra de una gran sombrilla sentada en flor de loto sobre el suelo mientras el resto de su ropa caía graciosamente sobre la gran manta de color verde. Cuando terminó de cantar solo permaneció callada dándole la espalda al demonio, el cual apenas estaba oscilando si acercarse o hablar.
-¿Por qué has llegado tan tarde?.-Gruñó ella sin girar a verlo.
-¡Hic!.- Podría ser el más poderoso youkai vivo pero aquella forma de hablarle hizo que su estola se estremeciera con un escalofrío que lo recorrió desde la punta hasta el final, una mujer enojada y EMBARAZADA podía ser una gran amenaza.
-Estuve fuera solo por la mañana.-Le respondió sin ninguna emoción.
-¡ya son las cinco de la tarde!...
En ese momento Rin se giró a verlo y de sus ojos salían gigantescas gotas.
-Te he extrañado.-Le dijo... Sesshomaru ya no se sorprendía, ya se estaba acostumbrando a esos cambios repentinos en su mujer, ya lo pensaría dos veces antes de volver a tener descendencia con ella, esto del embarazo también le estaba costando a él.
Se acercó esperando que no hubiese próximamente otro cambio abrupto en el humor de ella.
-No vengas a consolarme ahora...-Bueno, eso fue un nuevo récord, cinco segundos de diferencia entre un cambio y otro ¡así es señor, nuevo récord!
-Deja de ser una dramática.
El intentaba ser razonable pero creo que ella no. Infló sus mejillas en ademán de inconformidad.
-Es fácil decirlo para ti... No tienes que sufrir de dolor de espalda, nauseas por la mañana, hambre a todas horas y estos estúpidos cambios de humor...-Su voz se entrecortaba de nuevo, ahí venían las lágrimas de nuevo.
Sesshomaru solo la observaba mientras su rostro cambiaba de la tristeza a un ceño fruncido para después sonreírle como si nada, su mujer era un manojo de locuras, desde que era una niña.
-Lo lamento.-Le decía por milésima vez, había momentos donde su cordura regresaba y se daba cuenta de que el pobre del demonio también tenía que sufrir con todo lo que ella le contaba.
Volvió su vista hacía el cielo que comenzaba a atardecer. Comenzó a tararear de nueva cuenta la canción que antes estaba cantando, parecía que volvía a estar en estado stand-by. El demonio posó sus ojos en el vientre de la mujer quien comenzaba a acariciar, le estaba cantando al cachorro. En eso Rin notó la mirada enfocada en su cuerpo.
-¿Quieres sentir al bebé? Sabe que estás aquí, no ha dejado de moverse desde que te sentaste a mi lado.-Eso fue algo que estremeció el interior del Lord. Recordó la primera noche en que había intentado saber de la presencia del cachorro y del susto que este le había dado, ahora le estaba confesando que el pequeño sabía de antemano su presencia.
Sin titubear colocó su mano sobre el vientre de Rin. Pasaron unos segundos hasta que se sorprendió al sentir un movimiento brusco dentro de ella.
-¿Lo ves? Él o ella también te ha extrañado.-Sonrió su mujer sonrojada, le gustaba el hecho de que Sesshomaru estableciera un contacto con el cachorro.
-Háblale.-Le dijo, pero el gran orgullo del demonio sobresalía todavía.
-Hmpt.-Solo hizo ese sonido en gesto, pero sin saberlo fue suficiente motivo pues Rin se sostuvo un poco ya que le dolió su cuerpo.
-Eso fue una patada... De acuerdo, ya no le hables, no quiero ser golpeada por el hijo de un demonio perro.-Le dijo en plan de broma.
Sesshomaru no salía de su sorpresa, se sorprendía que en verdad lo que fuese que hubiese dentro de ella, sabía que él estaba ahí, que se emocionaba de su presencia. ¿Calidez? ¿Era eso lo que sentía? No... Su orgullo aún es demasiado grande. Retiró su mano; Rin no lo iba a presionar, pero se alegró de sobremanera que al menos hiciera esos pequeños contactos con el bebé. Se acercó a él y colocó su cabeza en su hombro, el permaneció recto.
-Sesshomaru...
El no habló, pero daba consentimiento a que Rin siguiera hablando.
-Tengo hambre...
~.:o:.~.:o:.~.:o:.~ SÉPTIMO MES DÍA: 15 ~.:o:.~.:o:.~.:o:.~
-Relájate Sesshomaru, lo que la pequeña Rin experimentó es lo que se conoce como "contracciones". Solo son avisos de que pronto el bebé va a llegar.-Sentenció Kagome cuando salió de la habitación del Lord mientras hablaba con él.
-Aún faltan dos meses.-Espetó él en oposición.
-Lo sé, pero el bebé tiene que acomodarse para que pueda salir, solo son preámbulos. Aunque es increíble, a pesar de que Rin es madre primeriza supo manejar muy bien la situación.
En la mente de Sesshomaru era distinto, recordó que había visto caminar a Rin junto con su nana por los jardines, la insistencia de la kitsune sobre el ejercicio habían dado frutos. En realidad, caminaban muy poco, ella se cansaba muy pronto y volvía a tomar reposo. Ya no había esos días donde la veía jugar en los jardines con Ah-Un, ni sus persecuciones intentando encontrarlo para darle muestras de afecto. No le molestaba, prefería verla descansado, pero esa tarde recordó como simplemente saltó desde el noveno piso en cuanto vio a Rin hacer una mueca de dolor y sujetarse de su nana para no caerse.
-Volverán a pasar, pero el instinto le dirán que hacer.-Dijo Kagome cuando vio la preocupación en la mirada de Sesshomaru.
La meiko había sido llamada sin previo aviso, simplemente observó llegar a Sesshomaru desde el cielo.
-¿Le sucedió algo a Rin?.-Preguntó ella, pero Sesshomaru solo asintió. Kagome se acercó.
-Llévame con ella...
Ahora estaba nuevamente en el palacio, había accedido a permanecer ahí, hasta que Rin diera a luz. Lo que no le había dicho al mononoke era la sorpresa que le llegaría a sus puertas en un mes y medio. Se castigó mentalmente.
~.:o:.~.:o:.~.:o:.~ OCTAVO MES DÍA: 19 ~.:o:.~.:o:.~.:o:.~
-No te molestes amo mío. Podrás reprenderme todo lo que quieras cuando esto acabe.-Le decía Rin quien aún recostada tomaba de los hombros a su señor, Sesshomaru tenía el ceño fruncido más que nunca.
Sucedía que durante la mañana a sus sentidos llegó el aviso de visitas, pues, no muy bien esperadas. ¿Quién podría ser? Sus ojos se abrieron al máximo cuando sintió la energía de su estúpido medio-hermano, su cachorro y la familia de la exterminadora y el monje incluyendo Kohaku.
-Por favor Sesshomaru. Le habíamos prometido un baby-shower a Rin, pero ella no puede viajar así que pensamos en traerle todos estos presentes en persona.-Decía Kagome mientras le sonreía tontamente, al demonio no le faltaron ganas de despedazarla en ese mismo instante pero una voz lo hizo detenerse.
-¿Mi familia ha venido?.-Sonrió Rin como nunca, ya tenía semanas que solo se la pasaba en cama, por las noches no lograba conciliar el sueño y se lamentaba no poder salir a disfrutar de los aires matutinos. Esa misma sonrisa que siempre detenía a Sesshomaru en todas sus malas acciones. Gruñó entre dientes y no pudo más que permitir el acceso de la familia.
-No seas ridícula. Todo es culpa de esa meiko.-Le dijo Sesshomaru molesto.
-Por favor no digas eso, han venido a verme. Nada me hace más feliz que saber que mi familia estará aquí el día en que el bebé llegue.
¿Cómo? ¿Iban a quedarse hasta el día del parto? ¡Su gran palacio estaba siendo invadido! Ya tenía suficiente con tener que escucharlos tomar el almuerzo en el jardín principal.
Parecía que iba a palidecer más de lo normal.
-Por favor. Deja que se queden.-Susurró ella mientras lo abrazaba por la espalda. Sintió el cansado respirar de su mujer sobre su nuca, ahora su rostro se veía cansado a pesar de que se la pasaba en reposo. ¿Así pensaba dar a luz? Se giró para verla mejor. La observó unos instantes.
Rin se sonrojó.
-¿Qué pasa?
El no respondió solo la tomó ligeramente en brazos y se acercó a ella. Rin notó su preocupación, no se lo diría de frente porque sabía el gran ego de su amado.
-Todo saldrá bien. Hemos pasado por muchas cosas, la llegada de este pequeño será una dura batalla pero la pasaremos juntos.-El permaneció en silencio, con lo que ella había dicho era más que suficiente, estarían listos.
Aunque, Sesshomaru sintió desvanecerse en ese momento, ¿desde cuando se había vuelto tan flexible? Miró a Rin quien dormía plácidamente. ¿Será por ella? Si...
Se disponía a recostarse a su lado con algo lo hizo sobresaltarse de sobremanera, y abrió sus ojos al máximo. Acto seguido se escuchó un gran estruendo que hizo estremecer el palacio entero. La humana gimió asustada.
-¿Qué es eso?.-Dijo ella asustada.
Nadie, no iba a permitir que nadie despertara a su mujer de esa manera. Se levantó realmente enojado y cuando abrió las puertas corredizas solo alcanzó a ver uno ojo gigante de color rojo.
Madre.
En eso una voluta de luz morada hizo desaparecer al inmenso can en el acto. Sesshomaru apretó la mandíbula acercándose a ver hacía los jardínes.
-¡Sesshomaru, ven y saluda a tu madre!.-Su voz chilló y los ojos de Sesshomaru por un momento se volvieron rojos cuando observó a Irasue con un inmenso paquete tras ella.
-Le he traído regalos a mi nieto.-Dijo mientras le sonreía tan malvadamente como siempre.
-Sigue dando miedo.-Susurró Kohaku a Jaken que estaba a su lado.
-Cariño mío.-Le susurró Rin, solía hablarle de esa manera cuando estaba molesto.
-No te levantes, Rin.-Le dijo sin mirarla.
-Estoy cansada de estar en cama, estoy embarazada, no enferma. Por favor, te lo suplico amor mio, quiero salir.-Le susurró en modo coqueto, era su manera de rogarle cuando tenía algún capricho, Sesshomaru parecía que cada vez se molestaba más, simplemente tomó en brazos a su mujer y con extrema delicadeza descendió en vuelo. Inuyasha mantenía a Tessaiga desenvainada creyendo que sería un enemigo pero Kagome le susurró que solo guardase su arma, la gran dama de cabellos plateados era alguien de quien tener cuidado.
Cuando hubo Rin tocado el piso le sonrió a Irasue, la cual con extrema velocidad se acercó hasta ella, pero más bien no parecía importarle Rin, solo se limitó a ver su vientre de gran tamaño.
-Espero que lo estés cuidando bien.-Le dijo con gran firmeza. Aunque Rin se había vuelto algo temperamental simplemente le medio sonrió.
-No se preocupe, el pequeño está bien. ¿Cómo ha hecho para traer tanto regalos?.-Intentó cambiar de tema, todos simplemente miraban extrañados la escena.
-Me encontré a este joven en el camino y me ha hecho el favor de traerlos.-Dijo Irasue aunque esto fue de poca importancia para ella.
-¿Joven?.-Dijo Oyuki levantándose, en eso detrás de la gran pila de juguetes salió un joven con una sonrisa tonta y un brazo tras la nuca, tenía sus cabellos dorados algo alborotados probablemente por el viaje. Rin parecía desmayarse.
-¿R-ryuji?
El mencionado miró anonadado a la joven que había mencionado su nombre, todos se quedaron quietos, Oyuki iba a saludar a su viejo amigo pero la verdad era que todos estaban realmente petrificados, el rostro que puso el gran Daiyoukai era demasiado traumatizante. Excepto para Rin quien le daba la espalda y no le veía aquella mueca de iracundia en su semblante.
-¡Ryuji!
Kagome casi se va de boca al ver correr a la joven quien simplemente tomó la mano del muchacho y lo abrazó.
-¡Has venido Ryuji!.-Exclamó con gran felicidad.
-Claro pequeña, no podía perderme este gran acontecimiento.-Le dijo mientras le acariciaba tiernamente sus cabellos negros.
-P-pero... ¿podemos dejar los abrazos para después? T-temo que el Lord me decapite en seguida ¿no está de buen humor, cierto?
Rin se apartó de el y observó la palidez de su rostro.
Pasaron dos horas y se había hecho un gran festín en el inmenso salón principal. Irasue así como había hecho su entrada así se marchó simplemente despidiéndose diciendo que si algo le pasaba al cachorro su ira sería infinita. Claro, esto no dejo muy tranquila a la joven.
Se olvidaron de ello y la cálida familia estaba ahora comiendo y riendo. Le habían traído regalos a Rin y al cachorro, juguetes, pañales y ropa. Sesshomaru no estaba presente, no le gustaba el bullicio ni nada de eso, realmente era un ermitaño amargado.
-¿Regresarás a la ciudad Ryuji?.-Le preguntó Rin mientras los demás platicaban animadamente.
-Aún no, pero Oyuki me hizo llegar la noticia de tu espera, así que decidí hacer una visita sorpresa. Aunque no hubiera adivinado que la familia del amo y tuya también estarían aquí.
-¿Oyuki sabe en donde te encuentras? Pensé que te habías ido a recorrer el mundo.
Esto pareció incomodar al demonio dragón quien se mordió la lengua.
-Bueno, si. En realidad... Este... V-verás...
Tras los balbuceos Rin solo pudo sorprenderse de lo que había escuchado.
-¿Te casarás?.-Exclamó ella en gran asombro. Ryuji estaba totalmente sonrojado, esos temas aún no se le hacían fáciles.
-No, aún n-no. Es lo que planeó hacer, pero aún no se lo he dicho.-Susurró apenado.
-No puedo creerlo. ¡Oh Ryuji, que felicidad!.-Decía Rin mientras comenzaba a llorar, esto sorprendió al pobre demonio que no sabía como reaccionar.
-Lo siento, hormonas.
-Cuéntame ¿aquél joven de orejas de perro en verdad es el medio hermano del amo?.-Le preguntó casi susurrante mientras señalaba al hanyou que parecía discutir con su mujer y aún lado de ellos su pequeño cachorro que jugaba con un niño hijo del monje.
-Si, es el joven Inuyasha. En realidad tienen muchas similitudes. Ambos son muy amables y cariñosos, aunque algo temperamentales.
-Rin te he perdido el respeto... No puedo creer que hayas juntado "amable y cariñoso" con una conversación relacionada con el señor Sesshomaru.-Reía el joven mientras tomaba otro sorbo de su vino.
En eso Rin gimió de dolor y todos en el gran salón detuvieron su escándalo.
-¿Estas bien, Rin?.-Dijo Ryuji tomándola de los hombros. La mencionada solo torció su rostro y volvió en sí.
-Una contracción, es todo.-Dijo con su rostro algo cansado y con unas gotas de sudor.
-Será mejor que descanses pequeña, esta fiesta ya ha tenido todo su gran esplendor.
Tras esto Oyuki se dispuso a llevar a los visitantes a sus respectivos cuartos. Ryuji ayudó a Rin a llegar hasta su habitación.
-Buenas noches, pequeña.-Le dijo sonriente, la joven le devolvió el gesto.
-Me alegra tanto que estés aquí.-Le respondió.
Ryuji se sintió tan feliz de volver a ver ese rostro de tierno sonreír. Esta vez su más grande e inmenso cariño se había vuelto un amor incondicional. Observó como entraba en su habitación dispuesta a descansar y bajo las escaleras, durante su trayecto se detuvo a contemplar la luna.
-Bienvenido general Sonha ¿Qué tal ha sobrellevado la visita?.-Oyuki lo saludó de nuevo acercándose. Él solo le sonrió.
-Dudé un poco antes de venir aquí, te soy sincero. Pero cuando la volví a ver; tan llena de vida, tan hermosa como siempre... Me ha dado una gran paz saber que ella es feliz.
Esto pareció agradarle a la kitsune que colocó su mano en el hombro del demonio.
-¿Y Sasuki? Algo me dice que la has vuelto a encontrar...-Le dijo Oyuki pícaramente. Comentario que hizo sonrojar al dragón.
-Eh... Pues sí, nunca imaginé el cambio drástico que había en ella.-Le confesó.
-¿Cómo está? ¿Sigue viviendo sola en esa cabaña sobre la montaña?.-Preguntó.
-Si, per-
-¡¿SIGUE VIVIENDO SOLA?! ¿A QUE RAYOS TE FUISTE A VERLA ENTONCES?.-Agitó sus manos en el aire mientras sus colas se movían bruscamente de un lado para otro.
Ryuji se sobreexaltó, olvidaba los cambios de humor de la kitsune.
-Déjame terminar.-Le dijo mientras retrocedía unos pasos.
-Cuando la encontré, no me reconoció. Tras varias charlas por fin se dio cuenta de quien era y para mi sorpresa...
Aguardó unos momentos.
-Se ha vuelto en una hermosa mujer puma. Recuerdo cuando la había rescatado de la batalla de los 32 ejércitos hace unos 500 años. Estaba tan asustada cuando la vi. Me alegró saber que continuó su vida, no vive totalmente apartada de la civilización, le gusta viajar de vez en cuando y... ¿te dije que se ha vuelto muy hermosa?
Oyuki bufó antes de soltar una leve risa.
-¿Q-qué pasa?.-Dijo nervioso Ryuji.
-Nada, no es nada. Me alegro mucho por ti Ryuji, en verdad.
Su charla continuó avanzada la noche mientras en el cuarto del lord...
-¿Estas cansada?.-Preguntó Sesshomaru quien estaba sentado a un lado de Rin, la humana debido al peso de su estómago ya no podía dormir recostada.
-Un poco, pero muy feliz.-Le dijo, bueno, al menos eso era algo de provecho.
Sesshomaru la miró un poco y simplemente volvió su mirada hacia la nada.
-Sabes... Estoy impaciente.
¿De qué? ¿De qué las visitas se vayan? ¡Él también!
-Ya quiero que el bebé nazca.
Esto llamó la atención del demonio. Era la primera vez que escuchaba decir eso a la mujer.
-Quiero tenerlo entre mis brazos, quiero verle sus ojos, tocar su cabello.-Le decía imaginándose a la criatura entre sus brazos. Sesshomaru observaba los gestos de ella, parecía realmente muy feliz. Era definitivo, Rin ya no era una niña. Se sintió celoso ¿por qué no estuvo ahí cuando ese cambio se dio? o mejor dicho ¿por qué no lo había notado antes?
Bufó cansado y colocó su mano sobre los cabellos de ella.
-Ten paciencia...-Eso fue todo lo que dijo.
