Es la tradición
Tuvimos que pasar un día más sin poder salir de la casa de Will y Tarie.
La niebla y la ventisca no levantaban, así que Will nos prohibió salir a la Estepa, pasaríamos todo el tiempo que hiciese falta en casa hasta que hubiese visibilidad y saliese el sol. Como es natural no abrí la boca para replicar, no podía sentirme más feliz en su casa. Hasta Link se extrañó un poco de que yo acatase las normas de Will sin reponer nada, "¿qué tramas? Siempre tienes una opinión para todo y ahora no", pues no, Link, hay veces que no puedo quejarme lo más mínimo.
En ese tiempo hogareño ayudaba a Tarie y a Will en todo lo que podía. Y jugaba con las niñas, charlaba con el abuelo o simplemente me sentaba junto al fuego, relajada, con la mente casi en blanco. También pasé algún tiempo con Lobo, me preocupaba que nos echase de menos, pero cuando fui a verle estaba hecho un rosco en una zona cálida y acogedora del cobertizo, tenía comida y agua de sobra. Apenas levantó un poco la cabeza para lamerme la mano y volvió a acurrucarse.
Tras dos noches en la cabaña, amaneció un día frío pero soleado. El cielo era completamente azul, hacía días que no lo veía de ese color. No sé ni a qué hora se habría levantado Link, pero parecía como si supiese que el tiempo iba a mejorar, y desde primera hora de la mañana estuvo maquinando algo con Will en los alrededores de la casa.
Todos habían oído hablar de la bruja.
Will desconfió de ella desde un principio, y prohibió a su familia que se acercase. Pero algunos vecinos (bueno, en realidad Will y Tarie sólo tienen tres vecinos) sí hablaron con la mujer, y uno de ellos salió mal parado al perder todas sus reservas de vino de las montañas en una mala decisión. La bruja le dijo que si se las daba haría un conjuro para que lograse conseguir esposa… es del todo ridículo, no sé cómo hay gente que confía en cosas así. Además de indagar sobre la bruja, Link preguntó a Will por el hermano desaparecido y no obtuvo ninguna pista sobre él. No íbamos a progresar más sólo preguntando, así que Link y yo decidimos ir a conocer a la mujer en persona.
Tarie nos preparó un par de mochilas con comida y nos alejamos con la promesa de regresar a la casa antes del anochecer. La bruja no vivía lejos, en un bosque limítrofe con las montañas, así que podíamos ir y volver a pie en el día, y preferimos hacerlo, dejando esta vez a los caballos descansando en el cobertizo.
"Está bien, ¿qué ronda ahora esa cabeza?", dijo Link. Llevábamos casi una hora caminando, y ya estábamos acercándonos al bosque.
"Nada."
"Piensas tan alto que haces mucho ruido."
Su suspicacia me hizo sonreír un poco.
"Vale, sí le estoy dando vueltas a algo", reconocí.
"Lo que sea que estás pensando, no tiene nada que ver con la bruja ni con el hermano perdido. Cuéntamelo."
Seguramente mi comedura de cabeza le iba a parecer una tontería a Link, aun así…
"Las niñas sólo tienen un libro, un cuento antiguo y gastado. Eso me produce gran tristeza. Se lo he leído las dos noches que hemos pasado aquí, antes de dormir. Disfrutan cada palabra como si fuese mágica, como si ese mundo fuese nuevo a pesar de que lo han explorado infinidad de veces. Ojalá pudiera regalarles más libros, más historias. Yo tenía cientos, miles de libros cuando era princesa y vivía en el castillo. Y a pesar de no tener que esforzarme nada, a pesar de estirar la mano y tener toda esa sabiduría a mi alcance, a veces los despreciaba. Había libros que yo desdeñaba y apartaba de mi vista. No actuaba bien."
"Nunca te he visto hacerle ascos a un libro, ¿estás segura de que no lo has soñado?"
Esta vez me hizo dar una carcajada.
"Qué va, a veces sí lo hacía. Era egoísta y tonta. No comprendía el valor que tienen las cosas hasta que era demasiado tarde."
Durante un rato, no dijimos nada más, cada uno avanzaba con el peso de sus propios recuerdos, imagino.
"La biblioteca del castillo aún sigue en pie.", dijo él rompiendo el silencio y caminando con la vista en el bosque que se abría frente a nosotros. "Estaba plagada de monstruos, pero acabé con todos ellos. Y… muchos libros se perdieron, pero la mayoría sigue ahí, tirados por el suelo o en las estanterías. Tal vez podríamos ir a echar un vistazo y rescatarlos."
Tiré de la manga de Link para que detuviese el paso.
"Link, no me digas esto si no lo vamos a cumplir de verdad."
"¿Por qué no íbamos a cumplirlo? Podemos ir a la biblioteca, buscar los libros y traer todos los que tú quieras a la Estepa."
"¿Crees que no están estropeados?"
"No lo están. No todos."
De repente sentí un vértigo en el estómago. Mis libros, mis cuadernos y hasta mis viejos diarios puede que siguieran existiendo, en algún rincón oscuro y húmedo de las ruinas del castillo.
"¿Harías eso por mí?"
"Sí."
"Link, yo-
"Bueno, démonos prisa, que ya hemos llegado al bosque."
Mis ganas de besar y abrazar a Link a veces se ven contrariadas por su tosquedad, porque juro que estaba a punto de echarme encima de él otra vez de no ser porque lo interrumpió todo. A veces no lo entiendo.
En efecto dar con la bruja fue muy fácil, como nos habían dicho. Había una casucha en la entrada del bosque, de aspecto descuidado pero muy visible. De la chimenea salía un hilillo de humo que se colaba entre las copas de los árboles cercanos. La mujer estaba dentro, se oían murmullos desde el exterior. Iba a tocar a la puerta, pero Link me agarró la muñeca con su agilidad gatuna y me lo impidió.
"Tenemos un problema.", dijo, agitando la cabeza.
"¿Y has esperado hasta ahora para decirlo? ¿No lo podrías haber mencionado en las casi dos horas de camino que hemos hecho?", refunfuñé. Me saca de mis casillas.
"Esa mujer en realidad no hace nada que esté prohibido. Quiero decir, es cierto que no tiene poderes mágicos y que engaña a la gente. Pero la gente asume los riesgos y le paga de todas maneras."
Me quedé un rato cavilando, con el gesto torcido. Él prosiguió con su discurso.
"Nosotros no representamos ninguna autoridad en Hebra, Zelda. Lord Tyto sí, si vamos a él con algún tipo de prueba que demuestre lo que hace la bruja, él podrá detenerla. Pero de momento lo único que hace esta mujer es vender mentiras a un alto precio."
"¿Y qué pasa con el hermano desaparecido? ¿Y si le ha hecho algo malo?"
"En ese caso tendríamos una prueba aún más fuerte de que no es trigo limpio."
Me crucé de brazos. Link tenía razón, pero no me iba a oír decirlo en voz alta. Como sabía que tenía razón y que yo no podía replicar, sacó su sonrisilla victoriosa.
"Quédate aquí afuera escuchando, ponte bajo la ventana, agachada. Me encargo yo."
"¿Qué? Además de que no vamos a hacer nada por detener a esa mujer, me dejas fuera de esto… no puedo creerlo."
"Will y yo lo hemos hablado, hay que desenmascararla delante de la gente para que dejen de creer que tiene poderes o algo así. Así nadie se arriesgará a venir a pedirle ayuda. Hay que tenderle una trampa."
"¿Will y tú?", diosas, lo tenía todo planificado desde el principio, "¿y cómo diablos piensas desenmascararla?"
Entonces Link sacó un enorme rubí de su bolsillo. No tengo ni idea de dónde lo encontró, si siempre lo había llevado consigo o no, pero era una piedra de un tamaño considerable.
"Voy a comprar magia a esa vieja a cambio de esto. Y es una recompensa jugosa, seguro que pica el anzuelo", dijo, con una sonrisa infantil en la cara.
"Te has vuelto loco de remate."
"Seguro que me vende algo falso. Demostraré el fraude que es esa mujer."
No sé cómo ni por qué, me dejé convencer por Link. Así que aguardé agazapada debajo de la ventana a que él llevase el peso de esta misión. No sé de qué manera podía yo ayudar haciendo eso, pero bueno.
En un principio oí que Link se presentaba, decía ser un viajero venido de la lejana aldea de Hatelia (otra vez, tal vez él utilice ese argumento a menudo con la gente que conoce), y que necesitaba los "sabios" consejos de la mujer. Ella parecía darle largas en un principio, pero después oí varias expresiones de sorpresa, y supuse que Link había sacado el pedrusco. Oí risas y debieron moverse a otra habitación distinta, porque no conseguí entender nada de lo que decían. Con sigilo intenté posicionarme en otra ventana, arrastrándome por el suelo como podía.
"¡Lobo!", exclamé, y me tapé la boca de inmediato para no ser descubierta, "me has dado un susto de muerte."
No sabía ni que nos había seguido, y en ese momento lo tenía mordisqueando el borde de mi túnica para que le hiciera caso.
"Ahora no es momento de jugar.", refunfuñé. Él se apartó un poco con las orejas agachadas.
Al poco Link salió de la casa y oí cómo se despedía de la mujer. Cuando creí que era seguro aparecer, fui a buscarle.
"¿Cómo ha ido?"
"Ha ido bien, ¿has traído a Lobo?"
"Ha debido seguirnos."
Link echó a andar deshaciendo el camino de vuelta sin dar ninguna explicación, a veces es desquiciante. Lo seguí de inmediato junto con Lobo, que tenía ganas de jugar y no paraba de cruzarse entre nosotros.
"¿Es que no piensas decirme qué diablos has hablado con esa mujer?"
"¿Es que no nos has oído? Te dije que espiases bajo la ventana", debió ver el enfado en mi cara, porque rectificó de inmediato, "está bien, está bien. Pues le he dicho que necesitaba alguna magia para hacer que tú te enamorases de mí."
"¿Qué?"
"Es una broma.", empezó a desternillarse de risa, "deberías ver la cara que has puesto."
"No tiene ninguna gracia, primero me haces venir para nada y ahora te burlas de mí. Me vuelvo yo sola a la cabaña.", dije, dando zancadas largas para perderle de vista.
"¿Cómo te vas a volver sola si vamos al mismo sitio y por el mismo camino?", dijo, aún partiéndose de risa. "Vamos, no te enfades, sólo era una broma. He sacado el rubí y la vieja se ha vuelto loca al verlo. Le he dicho que tenía muchos más, en la cabaña en la aldea."
"Y… ¿y qué te ha dado a cambio?"
Link sacó un pequeño frasco relleno con un líquido de color oscuro y lo balanceó delante de mis ojos.
"Se supone que es un elixir de fuerza, el más potente que se haya hecho jamás, según me ha dicho.", aclaró él.
Se pueden preparar elixires que potencien la fuerza. Yo he experimentado en alguna que otra ocasión, pero recuerdo que entrañan un grave peligro. La fuente del elixir de fuerza es un tipo raro de seta. Si no se combina con los ingredientes y la proporción adecuados, puede resultar muy tóxico. Otro error típico es usar la seta equivocada, puede confundirse con setas comunes o con otras de esporas venenosas.
"¿Qué opinas?", me preguntó, al ver que yo lo movía para ver si producía burbujas o algún cambio de color que indicase errores en la mezcla. Nada de eso ocurrió, el líquido era espeso y al moverlo se deslizaba lento por las paredes de cristal del frasco.
"Es difícil de saber a simple vista."
"He pensado lo mismo, tendré que beberlo para saber si es falso o no."
"¿Qué? Bajo ningún concepto te vas a beber esta porquería, Link."
"¿Tienes manera de demostrar si funciona o no sin beberlo?"
"No la tengo, pero-
"Me lo tengo que beber."
Durante todo el camino de vuelta estuve tratando de arrancar de su cabeza la idea de beberse la pócima, pero él estaba convencido y pasó de negarse a desviar el tema y encerrarse en su mutismo. De hecho, en la última hora de viaje ambos estábamos malhumorados y apenas intercambiamos palabra.
Cuando llegamos a la cabaña, Will se había encargado de difundir la noticia de que Link había ido a ver a la bruja para buscar un remedio que lo volviese invencible. Había conseguido congregar a los vecinos, que oyeron de primera mano cómo Link les habló del rubí y de la pócima mágica.
Después entramos en casa, el cielo se cubrió y el mal tiempo regresó a la Estepa, así que no quedó alma viviente lejos del refugio y el fuego. Yo pasé el resto del día un poco apartada, haciendo anotaciones en mis diarios. Tarie me pidió que le ayudase a entrar agua para preparar la cena y el baño de las niñas, y creo que aprovechó para intentar animarme, a lo mejor me vio un poco decaída.
"Will habló con el mensajero de Ornitón esta mañana. Suele venir de vez en cuando para intercambiar mensajes y comprobar que todo anda bien en la aldea. Ya ha volado hasta el poblado orni para advertirles y que estén al tanto de lo que pueda ocurrir, detendrán a esa mujer en cuanto tengamos las pruebas de su culpa."
"Las pruebas significan que Link va a beberse ese mejunje y puede que se intoxique.", dije, con resignación.
"Lo más seguro es que sólo té o una infusión de hierbas con un poco de harina para espesar, no debes preocuparte."
"Me preocupa que siempre elija el camino más imprudente sin hacer caso de lo que le digo. No quiero que nada malo pase otra vez.", confesé.
"¿Otra vez?"
Resoplé y llené una última cubeta de agua. Tarie me inspiraba tanta confianza como para contarle la verdad sobre Link y yo, pero estaba sin fuerzas, y sólo quería ir a la cama para olvidarlo todo.
"¿Sabes, Zel? Intento apoyar a Will incluso cuando sale a poner trampas para que los centaleones no se acerquen a la aldea. Esas trampas no sirven de mucho y me aterroriza que lo haga, pero entiendo que así siente que protege la aldea y a la familia."
"Lo entiendo, pero tampoco él te deja ayudarle."
"Con el tiempo aprenderás que a veces la forma de ayudar posible es la más incómoda de todas. Yo ayudo a Will aceptando que hay cosas de él que no puedo controlar, como su manía de poner trampas que no sirven."
Tarie me guiñó un ojo y ambas entramos en casa para empezar a preparar la cena.
Esa noche dormí pensando que es cierto, hay cosas de Link que no puedo controlar, ni podía hacerlo antes ni puedo hacerlo ahora. Del mismo modo en que en su día no podía evitar que me siguiese a todas partes como si fuese mi sombra, no puedo ahora evitar que él también tenga sus propias ideas sobre cómo resolver las cosas. Ahora es más libre que antes, puede actuar sin ataduras, y después de todo yo sólo soy una acompañante en su viaje.
A la mañana siguiente todos despertamos temprano. Link y Will habían amontonado en el suelo frente a la chimenea todo un arsenal de armas, llenaron los carcajes de flechas, tensaron los arcos, afilaron las espadas y prepararon cuerdas y amarres.
"Vamos a cazar centaleones.", anunció Will.
Todo formaba parte del mismo plan. Link trató de explicármelo mientras desayunaba, pero yo no terminaba de verle el sentido, y sí muchos inconvenientes.
"Cazaremos un centaleón para conseguir la prueba definitiva.", masculló, con la boca llena de pan.
"Supongo que sabes que si cazas un centaleón demostrarás de todo menos debilidad. Pensé que el objetivo era demostrar que la poción es falsa", refunfuñé, cruzándome de brazos.
"No seré yo, será Will. Intentaré abatirlo con disimulo y luego Will dará el golpe que parezca definitivo. Yo caeré derrotado adrede, todos verán que ese mejunje no tiene efecto."
"¿Y cómo van a creerte?"
"Los demás vecinos vendrán de caza con nosotros. Ya lo tenemos calculado."
"Es muy peligroso."
"No tanto."
No dije nada más en todo lo que duró el desayuno. Sabía que un centaleón no suponía un gran problema para Link, pero veía demasiados riesgos en el plan. Además, yo no podría ir con ellos, tenía que quedarme en casa con Tarie, las niñas y el abuelo. Link estaba convencido de que la bruja aparecería tarde o temprano, pues él le había hablado de más rubís, y pensó que no tardaría mucho en volver a aparecerse por la aldea para intentar robarlos.
Pasé el resto del día esquivando a Link, sobre todo porque no tenía ganas de discutir con él. Ignoraba que Lord Tyto necesitase tantas pruebas para detener a una mujer cuyas malas artes habían cruzado incluso hasta el otro lado de la Cicatriz de Hyrule. ¿Acaso no podían los orni simplemente tratar de mandar a sus guardias para que la detuviesen? Me pregunté cómo habría actuado padre, y por desgracia, llegué a la conclusión de que él tampoco habría detenido a nadie sin pruebas.
Link, Will y los demás partirían al atardecer. Era un peligro añadido más, los centaleones de la Estepa se cazaban mejor por la noche. Tenían visión nocturna, cierto, pero eran más vulnerables y fáciles de acechar por la noche. Por el día eran tan letales que su visión cubría kilómetros de distancia y era imposible pillarlos desprevenidos. Los centaleones son territoriales por naturaleza y suelen enfrentar siempre al enemigo, pero si se viesen amenazados por un número de cazadores, podrían huir trotando hacia el bosque que nacía al pie de las montañas, y todo intento de caza sería en vano. Sin embargo, al abrigo del frío y la noche era posible emboscar a estas bestias, pues su vista nocturna no es tan infalible.
Al caer la tarde, los cazadores se congregaron frente a las casas. El cielo se volvió de un rosa cada vez más púrpura, pero no había nubes, así que al menos esa noche no parecía que fuese a nevar. Link y Will se acercaron a la casa para despedirse antes de partir.
"El plan va a funcionar a la perfección", aseguró Will, "he visto cómo Link abatía a uno de esos monstruos sin apenas esfuerzo, fue así como lo conocí. Además, esas bestias siempre suponen una amenaza para la aldea, bruja de por medio o no, es conveniente alejarlos y darles caza de vez en cuando para que no sigan extendiéndose ni poniendo en peligro a nuestras familias."
Will estrujó a las niñas en sus enormes brazos y también se despidió de mí y del abuelo, que no hacía más que quejarse por no poder ir a cazar con los demás. Después se alejó con Tarie, para despedirse de ella un poco más en privado.
"Zel, tú también tienes que despedirte de Link, ¡es la tradición!", exclamó Lywise a mi espalda.
"¡Sí, como papá y mamá!", añadió Grinn, dándome empujoncitos.
"Si no te despides irá mal la caza, recuerda lo que dice la leyenda del cazador de Hebra.", insistió Lywise.
Sí, recordaba ese detalle del cuento porque lo había leído al menos tres veces. Levanté la vista y vi que Link ya tenía la mente en la cacería. Se había mantenido a cierta distancia, con Lobo a los pies, ajustándose las botas, haciendo recuento mental de armas y equipaje. Apenas habíamos hablado en todo el día por no seguir discutiendo y él estaba inmerso en su plan, pero se irguió de repente al ver que me acercaba.
"Se supone que tengo que despedirme, Lywise dice que es la tradición", repetí lo que me habían dicho las niñas, encogiéndome de hombros. Link levantó la barbilla y vio a Lywise y Grinn haciéndole señales desde la casa, él agitó la mano para responderles. Después percibió a nuestra derecha a Tarie y Will en medio de una "despedida" bastante intensa.
"No hace falta que te despidas", se apresuró a decir. Por el rabillo del ojo volvió a ver a Tarie hundiéndose con fervor en la boca de su marido.
"Oh, vale, sólo lo iba a hacer por la tradición y las niñas han insistido en que nos despidamos, lo han leído en el cuento, ya sabes, el que leen cada noche."
El corazón me iba a mil por hora y desde luego no tenía ni idea de qué iba a hacer o no cuando me empujaron a esa encerrona. Por supuesto hay miles de formas de despedirse de alguien y desearle una buena cacería.
"Por tradición", murmuró Link.
Tenía las manos apretadas alrededor de la empuñadura de la espada, estaba apoyado en ella hundiendo la punta en la nieve. Podría darle un beso en la cara como ya había hecho en otra ocasión y asunto zanjado. Llevaba todo el día indispuesta con él y había estado fría y distante. Tenía una sensación rara en el estómago de la que era incapaz de desprenderme y no quería verle marchar sin arreglar eso un poco.
"Lywise tiene razón.", dijo al fin.
La respuesta de Link me dejó de piedra. Esperaba que me despistase con alguna de sus evasivas, las que me hacen dudar, como la mañana anterior cuando fue tan dulce proponiéndome lo de la biblioteca del castillo y después me rehuyó. Esta vez no había evasivas, me miró a los ojos y dio un paso para acercarse a mí tanto como pudo, así que Link no esperaba un tímido beso en la mejilla. Y yo… se supone que era yo la que lo tenía que hacer todo. Levanté un poco la barbilla y sentí su aliento en la cara, sobre mis labios y en las mejillas. Mi nariz casi chocaba con la suya y estábamos tan cerca que costaba mirar, pero pude ver más claro que nunca el azul de sus ojos, y más abajo esos pelitos cortos de barba rubia que nacían desde el pómulo, rodeaban su boca y poblaban un poco más la barbilla.
"A pesar de lo que creas saber de mí, nunca he besado a nadie.", confesé, en un último y desesperado segundo.
"Eso no importa."
Cerré los ojos y me incliné para alcanzarle. Lo primero que noté es que sus labios eran firmes y muy cálidos, empujé un poco contra ellos y reaccionaron tensándose hacia mí, y eso fue suficiente para que una especie de sacudida me recorriese y ya no fui consciente de nada más. Cuando volví a abrir los ojos todo había pasado, demasiado rápido, pero las sensaciones seguían en mí por todas partes, sobre todo en la boca.
"Me llevo a Lobo, será de gran ayuda", dijo Link, incapaz de mirarme. ¿Lo habría hecho mal?
"Sí, sí. Bien pensado.", mis labios vibraban como si siguiesen sobre los suyos, tal vez no volverían jamás a la normalidad.
Will llamó a Link desde lejos, Tarie ya se había alejado y estaba con las niñas despidiéndose con el brazo, en la cabaña.
"Me marcho ya."
"Sí, esperaré aquí y tendré cuidado por si aparece esa mujer por la aldea, como hablamos."
"No te enfades más conmigo por hacer esto."
"No lo haré, pero… ¿Vas a tomarte ese estúpido brebaje?"
"Sí."
Antes de que pudiese protestar Link dio un par de zancadas largas y se unió a Will y al resto de cazadores. Grinn vino corriendo hasta mí y se abrazó a mi pierna, ambas nos quedamos viendo cómo se adentraban en la parte más neblinosa de la Estepa.
"A lo mejor Link o papá me traen un cuerno de centaleón.", dijo, mientras sentía sus deditos aferrándose a la tela de mi pierna. Yo también temía por esa estúpida misión, pero cumpliría mi parte y haría que Grinn y el resto de la familia se sintiese a salvo.
Junto al fuego de la cabaña, por todas las diosas he besado a Link, pero no voy a hacer un mundo de eso. No lo voy a hacer. Seguro que he sido muy torpe, pero me ha gustado tanto que parece que el beso sigue todavía ahí. ¿Sentirá él algo remotamente parecido?
-Zelda B.
