En Camino
Logré hacerme amiga de Seynep, quien era la estilista en la producción, había vivido parte de su adolescencia con su padre en Malta por lo que habla inglés muy bien y básicamente me pegué a ella como lapa y la hice llevarme a todos lados donde ella iba. La parte buena, era que había nacido en la ciudad por lo que conocía todos los mejores lados para salir a pasear, fuimos un par de veces al arque acuático, a comer platos típicos y como ocho mil veces al mercado a comprar. Todos los días se nos ocurría algo nuevo que necesitábamos e íbamos después de salir del estudio. Le compré una preocupante cantidad de cosas a toda mi familia, que no sabía como llevaría de vuelta a casa. Solo un puñado de personas se acercaron a saludarme y pedirme una foto de todas las veces que salimos, asique me sentía bastante bien sobre eso. Si había fotógrafos, pero se mantenían a la distancia en vez de plantarse frente a mi cara, y solo me di cuenta cuando Peeta me envió una de las fotos que habían tomado y me felicitaba por el buen trasero que se me veía.
La parte mala de pasar tiempo con Seynep era que ella me hacia ejercitarme demasiado seguido para lo que estaba acostumbrada, asique todo mi cuerpo me dolía la mayor parte del tiempo. Creo que el gimnasio es un lugar frio y aburrido que no debería existir asique casi siempre me quedaba en una orilla jugando con las pesas mientras ella hacia toda su rutina. Lo que si me gustaba era cuando teníamos clase de Pole Dance, iba muy asustada la primera vez y mi plan era, de nuevo, estar en la orilla mirando, pero se veía muy entretenido. Creí que era algo más sexual (aunque aquí casi nunca se habla de sexualidad abiertamente), pero es un ejercicio hecho y derecho, había que tener mucha fuerza solo para sostener el propio cuerpo en la barra, y yo era debilucha, asique me caí muchas veces y tengo moratones por todos lados.
Estábamos en el departamento que Seynep compartía con sus dos primas. Me tenia acostada en el sofá con la cabeza en sus piernas mientras jugaba a maquillarme.
- ¿Cuánto te vas a demorar? – le pregunté.
- No seas impaciente, apenas estoy poniéndote una capa de corrector.
- Ok. – le dije, no sabiendo si sentirme ofendida o no.
- Me gustan tus cejas.
- Gracias. Vengo de una familia de cejas tupidas. Nos dicen los cejones.
- Puedo verlo – dijo riendo – O te tiraste un pedo o tu teléfono está vibrando.
Me reí, porque estaba pensando lo mismo, pero no iba a ser tan ruda de preguntarle si se había tirado uno. Me moví con cuidado para que no me metiera la brocha al ojo y tomé mi teléfono para ver un mensaje de Annie: "Donde mierda te conseguiste a un hombre tan tierno?
Fruncí el ceño y abrí la foto adjunta. Peeta Mellark esta ahí, caminando por la calle con sus amigos, llevando la camiseta de Yo Amo a Katniss. A puesto a que Thresh lo obligó a ponérsela. Reí.
- Cuenta el chiste – me dijo Seynep, muy concentrada en taparme una espinilla que tenia en medio de la frente. Apunté mi teléfono hacia ella para que viera la foto. - ¡Por favor! No puede ser real.
Me reí mas fuerte.
- Sus amigos lo obligan a usarlo para molestarlo.
- Preséntame a sus amigos – bromeó. Le respondí el mensaje a Annie preguntándole si podrá venir en unas semanas.
- Podemos hacer una video llamada cuando Peeta esté con ellos y tú, casualmente apareces por ahí y te presentas.
- Seria muy discreto – ironizó siguiéndome el juego.
- Puedes solo aparecer sin ropa para hacerlo más creíble.
- Sin duda.
- Bien, lo organizaré.
- ¿Te iras este fin de semana a Londres entonces?
- Si, se supone que el sobrino de Peeta nace estos días. Ojalá alcance a conocerlo. O conocerla, en realidad aun no sabemos el sexo.
- ¿Cómo rayos vas a llevarte todas las cosas que le compraste?
- Ni idea.
- Genial.
Cuarenta minutos después, SI. CUARETA MINUTOS. Seynep dio por terminada la sesión de maquillaje asique yo solo estaba en su departamento con camiseta y jeans y la cara llena de maquillaje. Parecía loca. Estábamos tranquilas jugando Mario Kart en su Nintendo, sus primas ya habían llegado del trabajo, me saludaron rápidamente y se fueron a sus habitaciones como no queriendo sociabilizar mucho, traté de no tomármelo personal pero mi cabeza sobre piensa todo y ya después de este juego estaba lista para irme y dejar de incordiar.
- Entonces… - empezó a murmurar Seynep - ¿Sabes quién siempre pregunta por ti cuando va al estudio?
Oh, no. Me hice la loca, mi especialidad.
- ¿Quién? – pregunté.
- El productor americano, Alexander.
- Ah. – dije, terminamos la partida y ella se quedó mirándome.
- Creo que le gustas.
Me encogí de hombros – No creo.
- ¿Has hablado con él alguna vez? - Podría contarle, y decirle que tuvimos algo en el pasado y que ahora me siento incomoda cuando está presente. Pero me callé, porque no estoy acostumbrada a contarle a nadie mis cosas.
- No mucho. Solo cosas de trabajo.
- Soy team Peeta, pero él es muy guapo.
Me volví a encoger de hombros.
- Bien, anda a dejarme a la puerta. Ya quiero ir a dormir.
- Claro – dijo sonriendo.
Cuando llegué al hotel tomé mi ya acostumbrado baño y me fui a la cama, llamé a Peeta un par de veces, pero no contestó, por lo que supuse estaba con su familia o ya durmiendo. Annie me mandó un ultimo mensaje diciendo que tenia que presentarle a todos mis compañeros guapos y quedé media confundida porque ya no le llevaba al ritmo a su situación relacional… romántica, por así decirlo. Pero que mas da, es Annie iba a presentarle a todo el mundo mientras viniera a pasar conmigo unos días. Tener la posibilidad de estar aquí es un privilegio enorme, pero extraño a mi gente, por raro que parezca en mí. Incluso mi mamá me llamó el otro día, fue una conversación de cinco minutos, pero fue mas de lo que hubiéramos hablado en otra circunstancia.
El sonido de mi teléfono me despertó a la mañana siguiente. Viernes, suspiré. Hoy era nuestro último día aquí, cerraríamos los últimos ensayos y tendríamos hasta el marte para estar en Edirme, donde la producción había arrendado un hotel para todos y comenzarían las grabaciones. El teléfono sonó otra vez y entre las lagañas logré a ver el nombre de Peeta.
- ¿Hola?
- Hola, amor – suspiró.
- ¿Cómo estás? Ayer te llamé, pero no contaste.
- Lo sé, lo siento. Glimm rompió fuente.
- ¿Ya tuvo al bebe? – dije sorprendida.
- Aun no, lleva nueve horas en labor de parto.
- Por Dios, ¿esta todo bien o…? – no me atreví a terminar de preguntar. No podía pasarle nada a ese bebe, ni a Glim. No. No.
- Un enfermero dijo que era esperable que las primerizas tomaran mas tiempo en parir, porque aún no está dilatada.
Fruncí el ceño - ¿Para cuanto más rato tienen ahí?
- No lo sé. Acabo de llegar a casa a buscar algunas cosas que se nos quedaron con el apuro. Mi teléfono se me había quedado también, por eso no te llamé antes.
- ¿Cómo estas tu? – le pregunté. Él suspiró una vez más.
- Estoy malditamente asustado, ha estado llorando de dolor y dicen que no le pueden poner la epidural aún. No entiendo nada de lo que pasa. Y solo quiere estar con mamá, asique no echa a todos cada cierto rato.
- Tranquilo, Peeta. Está en un hospital, saben lo que hacen, probablemente lo han hecho miles de veces, no dejaran que le pase nada malo.
- Eso espero.
- Ten un poco de fe, y alégrate que ya vas a conocer a tu sobrino.
- Es sobrina – dijo, podía escuchar la sonrisa en su voz.
- Y dale con eso…
- Solo lo sé. No me contradigas.
- No me atrevería. – murmuré. Peeta se quedó unos minutos en silencio, así que solo me quedé con él al teléfono mientras me levantaba para ir al estudio.
- Te extraño – susurró finalmente.
- Estaré allá para la noche.
- ¿A que hora llegará tu vuelo? Le diré a Thresh que vaya a por ti. ¿Quieres pasar a descansar o venir al hospital?
- Creo que al hospital, pero puedo llegar sola, Peeta, no te preocupes.
- Olvídalo. Le daré tu numero e irá por ti. Por favor.
- Bien, debo irme al trabajo ya, te amo. Mándales saludos a todos, dile a Glim que le llevo una tonelada de cosas a ella y al bebé.
- A LA bebé, te dicen
- Supéralo.
Peeta rio más tranquilo – Bien, ya veremos. Ten un buen día, nos vemos.
- Gracias, mantenme al tanto de todo.
- Claro. Te amo.
- También yo – le respondí, terminé la llamada y salí rápido al estudio, estaba ligeramente atrasada, pero nadie lo notó realmente. Trabajé todo el día con el teléfono en la mano. El bebé aun no nacía cuatro horas después cuando ya iba con mi maleta lista a tomar el avión. No hallaba la hora de llegar.
Estaba cansada, por lo que aproveché que el vuelo iba a durar mas de seis horas para dormir varias siestas. Cuando desperté de la última, tenia baba colgando por mi mejilla, asique me la saqué rápidamente antes de que alguien sacara la foto del año con mi hermosa cara babeando. Revisé un mi teléfono y tenia un par de llamadas perdidas de Peeta y Thresh, quien me anunciaba en un mensaje que ya estaba esperándome en el aeropuerto para que le avisara cuando llegara. Le escribí diciendo que ya estábamos por aterrizar y dijo que me esperaría en un café. Llamé a Peeta, pero no me contestó, debe estar en el hospital aún. Hice todo el tramite para salir lo más rápido posible, no quería hacer a Thresh perder mas el tiempo, aunque le agradecería infinitamente que viniera por mí. Lo vi en un Starbucks con dos cafés en una bandeja y en la otra mano lo que parecía una caja de donas, que bien elegia Peeta a sus amigos. Me acerqué a él y el abrió los brazos como pudo para darme un abrazo.
- Que bueno que ya estas aquí, tenia miedo de que te me perdieras - dijo, me pasó un café y la caja de donas mientras tomaba mi maleta. Que caballero.
- Por Dios, no soy una niña pequeña.
- Díselo a Peeta.
- No me contesta el teléfono, ¿está todo bien? – pregunté.
- Todo bien – sonrió – es una niña. El bastardo tenía razón.
- Ahora no dejará de hablar de eso – me reí.
Hola! El próximo capitulo por fin podremos conocer al bebé de Glim, creen 2ue un futuro Peeta y Katniss tendrá uno? Como se lo imaginan?
