Hola, hola.Aquí está el nuevo capítulo. Antes de comenzar les cuento que en este introduje una canción que si desean pueden buscar para ambientar la lectura cuando al fin aparezca. Es Lemon de Kenshi Yonezu, hay un muy buen cover femenino de una chica llamada Asagiinyo que me hace pensar en la voz de Tomoyo, y claro está Kenshi es mi ideal de como sonaría Touya. Cuando escribía escuché ambas fracciones para introducirme en la escena pero está a opción de ustedes si quieren escuchar ambas. Por ahora era lo único que quería decir. Más abajo, seguiré con la reseña tal y como es una costumbre.Besos y disfruten.
Los Amamiya
Capítulo 32: Mi luz
-Tenga cuidado aún está algo caliente.
Sus ojos se escurrieron vagamente hacía la figura que caminaba de vuelta a la sencilla cocina mientras le agradecía por la taza humeante que colocó en la mesa de centro, al mismo tiempo que intentaba buscar alguna expresión en su rostro que le diera una idea de su estado de ánimo en ese momento. Ambos estaban cubiertos apenas con aquellas batas de baño que ella había encontrado en uno de los cajones, debido a que sus ropas yacían en algún lugar de la casa intentando secarse después de haberse empapado de lluvia, y una lámpara de aceite alumbraba el espacio en sustitución de la energía eléctrica que se había cortado a razón de la tormenta, pero aunque ella se había encargado de todo e intercambio una que otra palabra con él en el proceso, su silencio general desde el momento en que le dijo aquello bajo la lluvia dejaba claro que en realidad estaba tanto o más conmocionada que él.
Le preocupaba no saber lo que pasaba por su cabeza, lo que sentía su corazón, pero estaba seguro de que cualquier manera de enterarse de aquel asunto hubiera sido mejor que esa, y que si estaba cuidando así de él era mas por su carácter compasivo que por que realmente estuviera cómoda con su presencia.
-Tomoyo, en realidad yo...
-Descuide, lo escuché todo desde el principio así que no tiene que darme ninguna explicación.- Explicó ella interrumpiéndolo mientras caminaba en su dirección y tomaba asiento en el otro extremo del sofá soplando su taza insistentemente sin dejarle lugar para escusas o argumentos. Él volvió su mirada a su propia taza y tomándola entre sus manos dio un sorbo al humeante líquido sin saber que decir, y aunque este quemó su lengua al escucharla comentar lo curioso que era que llamara "hija" a su bebé como si ya supiera lo que era aquella criatura, no tuvo fuerzas para ni siquiera quejarse del ardor que sentía en ese instante. En esos momentos lo único que quería era abrir los ojos y darse cuenta de que aquello solo era un mal sueño, una horrible y desafortunada pesadilla, pero para su desgracia no solo no lo era si no que a esas alturas ya no podía sólo evadir su comentario.
-Supongo que se me habrá quedado la costumbre después de un sueño que tuve.
-¿Un sueño? Eso suena interesante. ¿Sería muy atrevido de mi parte si le pido que me hable de su sueño?
-No lo es, pero… no se si esté de humor para hablar de eso.
Ella murmuró un simple "entiendo" y siguió soplando su taza mientras miraba a través de la ventana aunque estaba totalmente oscuro afuera y apenas podía verse algo más que el aguacero, y él tomó otro sorbo de la suya volviendo a mirarla de soslayo mientras sus ojos se llenaban de tristeza. Su cabello aun gotereaba después de la ducha, y sus uñas estaban ligeramente teñidas de púrpura por el frío que seguro debía embargarla a razón del tormentoso clima que había afuera, pero aun viéndola intentar acurrucarse a sí misma procurando calentarse, no era capaz de acercarse y abrazarla para contribuir a ello.
En ese momento ni siquiera estaba seguro de si estaba bien que estuviesen compartiendo el mismo espacio y ahora con su negativa a cumplir su solicitud, el pequeño puente de comunicación que se había formado entre ellos se derrumbó, pero es que hablar de aquel sueño solo echaría más sal a la herida, le haría sentir aun más miserable de lo que de por si era en ese instante. La vio rodearse a sí misma intentando no empezar a temblar de frío una vez hubo terminado su bebida y entendió que aún revivir esos recuerdos era mejor que solo quedarse allí en silencio sin que ella siquiera le mirara, y colocando la taza sobre la mesa intentó buscar en él el valor para responder a su petición sin entrar en demasiados detalles que complicaran las cosas.
-En mi sueño… -Suspiró profundamente-caminaba a través de el puente cerca de la primaria de Tomoeda y me encontré con una niña pequeña. Ella estaba junto al estanque e intentaba meterse al agua, así que me acerqué a detenerla y le hice algunas preguntas, tuvimos una conversación más o menos fluida, y entonces me enteré que se había escapado de su cuidadora en medio de una rabieta. La niña… estaba molesta porque creía que su padre no la quería, de hecho, todos parecían sufrir por las malas decisiones de aquel hombre negligente. Y bueno, creo que ya puedes imaginarte quien era esa persona al final.
-Debió ser muy difícil para usted.
-¿Difícil? -Las manos de él se posaron sobre sus ojos mientras se inclinaba hacía adelante incapaz de soportar el peso de su carga a la vez que soltaba aquella pregunta en un angustioso suspiro. Ella se acercó y acarició su rostro intentando dibujar una leve sonrisa en su boca, y él incapaz de responder a su gesto de la misma manera se limitó a besar su mano y sostenerla con fuerza sin levantar su mirada hacía ella que ahora estaba arrodillada a su lado escuchándolo en silencio. - Supongo que lo fue al principio. Es decir, en serio estaba aterrado con todo esto, con la idea de perderte por haber hecho aquella estupidez. Muchas veces deseé que no fuera cierto, que ella no estuviera embarazada por que creía que así las cosas serían más fáciles para nosotros. Pero… cuando conseguí asimilarlo, cuando por fin entendí lo que significaría, me sentí diferente, por un momento en serio pude imaginarla en mi mente, una parte de mi sintió felicidad. Y cuando la escuché decirme por teléfono que en verdad lo estaba, que si me convertiría en padre… una extraña mezcla entre miedo, incredulidad y emoción estaba brotando en todo mi pecho… creo que nunca me había sentido tan ilusionado en mi vida. - Reconoció con la voz acongojada mientras recordaba esos escasos minutos de conversación con Yoko, conversación que terminó de la peor manera posible. Ella le había contado algo nerviosa que ya no había podido ocultar su condición de su hermana y esta le había animado a hacerse la prueba aquella misma tarde, confirmando así su embarazo. Recordaba que no supo que responder en ese instante, pero que al escucharla hablar de ello tan emocionada él también se había contagiado del mismo sentimiento, justo antes de que intentara ser sincero con ella y todo comenzara a ir terriblemente mal, dejándolo profundamente conmocionado por el resultado. Su voz vacilaba y se quebraba. La forma en la que apretaba los labios dejaba ver lo impotente que aquello le hacía sentir, pero aún así Tomoyo no hizo ningún intento por interrumpir su desahogo sino que se quedó quieta mientras él continuaba hablando contra sí mismo con tanta rabia como jamás lo había visto mostrar.
- Pero aun así, aun sintiendo todo eso, yo no pude decirle que si quiero tener a mi hija, que no quiero que tome una decisión tan apresurada. Yo sabía que ella estaba insegura, que aquello la tenía muy preocupada y aun así le dije que no viviría con ella. Pude haber esperado otro momento, pude habérselo explicado de otra manera. Yo prácticamente la he empujado a que se deshaga del bebé, yo le he dado permiso para que le quite la vida. Soy un hombre horrible, debería morir en vez de mi hija.
-No es tu culpa Touya. No eres una mala persona. El que estés tan triste por ello lo demuestra. Solo estabas asustado por que no es fácil tomar una decisión tan delicada en un momento tan tenso. Solo estás realmente asustado y sientes mucha culpa. – Aunque sus palabras eran sinceras y deseaban ayudarlo a encontrar paz, ella misma sabía que no tenía caso, y es que el dolor que él sentía era más grande de lo que podía verse a simple vista. Tomó su rostro con sus manos para ayudarlo a incorporarse y para sorpresa de él lo abrazó fuertemente mientras lo dejaba llorar en silencio hasta que ya no hubo más fuerza en él para hacerlo.
-¿Por qué sigues siendo buena conmigo? ¿No deberías odiarme en este momento?
-Al contrario, de alguna extraña manera, esto me hace un poco feliz.
-¿Feliz? ¿A que te refieres?
-Veras… desde que te conozco tu prioridad en la vida siempre ha sido tu familia sobre todas las cosas. El que sus sentimientos hacía mi debatan con algo tan valioso como un hijo, me dice que en realidad me quiere bastante y no puedo odiarlo por quererme. Solo… me pregunto si algo hubiese cambiado si hubiera tenido la confianza de decírmelo antes.
-Lo sé. Jamás debí ocultártelo. Pensé que podría resolverlo, que todo estaría bien si actuaba con cuidado. Pero ya vez que no hice más que arruinarlo.
Al reconocer aquello con tanto dolor sus ojos cafés carecían de vida, el frío que desprendía su siempre cálido cuerpo era alarmante. Le partía el alma verlo así tan desolado pero aún así se quedó totalmente muda. Aun en ese instante sentía la tentación de no decir nada, de seguir haciendo la vista gorda ante aquella situación, de limitarse a esperar que aquel duelo solo pasara, pero sabía que eso jamás ocurriría, que no podía seguir huyendo de ello.
La verdad es que tan pronto dejó de sentirlo a su lado después de quedarse dormida, se levantó del sofá e intentó encontrarlo, pero justo en el momento en que se asomó a la puerta y quiso acercarse a él, la conversación que mantenía con Yoko se volvió muy tensa. Él fue muy prudente y al notar que Yoko no estaba reaccionando bien evitó decirle que tenía a alguien más, pero sabía que todo eso lo había hecho para quedarse a su lado, para mantener su promesa de no dejar que nada los separara. Pero aunque estaban juntos tal y como quería, jamás lo había visto tan desolado, tan vacío. Y eso hacía más que obvio lo que ya de por si sabía.
-Pensándolo bien Touya, si de verdad es una niña lo mejor será que el joven Yukito mantenga alejados a los gemelos de ella. Podría ocurrir una tragedia si no fuese así.- Tal y como esperaba la reacción de él ante su observación fue inmediata y mirándola con el ceño fruncido le preguntó si parecía un padre sobreprotector y neurótico que le haría daño a un par de niños solo por acercarse a su hija. Ella intentó responder la obvia pregunta con una sonrisa pero él no tardó en detenerla suponiendo que sacaría a la luz la década de malos tratos al único novio vivo de su hermana, sin mencionar su mala costumbre de seguirla a todos lados y que claro está, si era un hombre sobreprotector y neurótico.
-Mejor olvídalo. Es obvio que mi reputación está por los suelos entre mis conocidos. – Soltó él derrotado comprendiendo que su conducta lo precedía y la leve risa de ella ante su resignación no sólo llenó el espacio opacando el bullicio del furioso aguacero sino que realmente hizo sentir mejor a su corazón. Al menos las cosas no parecían estar tan mal como creía, al menos ella no parecía estar decepcionada del todo. Obvio que no esperaba que saltara de la alegría o lo felicitara por aquello, pero el que al menos tuviese las fuerzas para reír, le indicaba que no estaba tan herida como había creído, cosa que quedó más que clara cuando ella atrajo su cabeza a su regazo y comenzó a acariciar su pelo mientras él cerraba los ojos presa de la agradable sensación que le dispensaba su tierna caricia. Yukito tenía razón, hablar con ella era lo mejor que podía hacer en esa situación. Ella siempre sabía exactamente que decir y que hacer, ella siempre conseguía consolarlo, aun el simple hecho de estar así con ella le traía tanta paz, tanta alegría que ya no tenía ninguna duda de que si quería llevar aquello a buen puerto, lo mejor era que ya no se guardara nada, que sacara todo lo que tenía en su corazón y así dejara que sus pensamientos hallaran sosiego en ella.
-La verdad es que también pensé en que si era una niña la llamaría Nadeshiko, como una forma de honrar la memoria de mamá. Aunque suena tonto porque no es algo que pudiese decidir solo, es decir, tal vez la madre también tuviese otra cosa en mente y…
-Es maravilloso. Nadeshiko sin duda sería el nombre ideal.
-Me alegra oír que te guste. Si tenemos una hija en el futuro, llamémosla de esa manera.
Ella no contestó a su proposición pero aunque su mano no dejaba de acariciar su pelo ella volvió a mirar a través de la ventana mientras su sonrisa desaparecía y una traicionera y tibia lágrima rodaba por su mejilla terminando sobre uno de los párpados de Touya, quien de inmediato la miró y notando que ella estaba llorando, se incorporó y atrajo su mirada a él profundamente preocupado. Tal vez había dado por sentado demasiado pronto que todo estaba bien, tal vez ella aun estaba molesta y solo lo disimulaba, pero en cuanto intentó preguntarle al respecto ella detuvo sus palabras colocando sus dedos contra sus labios mientras sus ojos violetas lo miraban con ternura y tristeza y el "estoy bien" que escuchó de sus labios no pudo sonar más falso y lleno de melancolía.
-¿Sabe porque lo sigo amando aun después de todo lo que ha ocurrido entre nosotros Touya?- Ahora Tomoyo sostenía sus manos con fuerza mientras sus labios temblaban ligeramente haciéndolo estar cada vez más seguro de que algo no andaba bien, pero aunque quería hacerle mil preguntas al respecto y decirle otras miles de cosas, algo en la mirada de ella le decía que no debía hacerlo, así que para su pesar se limitó a negar con la cabeza para que ella pudiese continuar.
-Lo amo es por que sé que eres una persona de sentimientos profundos, una persona que ama y sufre con intensidad.- Ella intentó sonreír a pesar de que sus ojos se cristalizaron por completo mostrando su verdadero estado de ánimo. – Lo amo por que sé que debajo de toda esa fortaleza, eres vulnerable, que detrás de toda esa sabiduría eres realmente ingenuo, que sobre todo ese autocontrol hay mucha impulsividad en tu corazón. Por que sé que aunque pretendas ser intachable y justo, eres tan imperfecto como cualquiera o tal vez un poco más. Y por que a pesar de que a veces en serio cometes muchas equivocaciones, a pesar de que a veces eres tan terco que resulta frustrante y haces cosas que en serio me enojan, se que nunca lo haces porque quieras herir a los demás o por qué sientas ira o rencor. Lo haces por que tienes miedo a que te hieran a ti y a los tuyos. El miedo es aquello que hace que dejes de ser tú, que dejes de medir tus pasos. Que dejes de ser ese hombre de puros sentimientos que haría cualquier cosa por su familia y que hace que todos los que se cruzan en su camino terminen por amarle irremediablemente. Por eso… -Ahora su garganta se había roto en un inmenso sollozo que ella se apresuró a ahogar con su mano y que indicaba claramente que su resistencia había llegado a su límite mientras él tomaba sus manos y las apretaba con una mezcla de ternura e impotencia, mientras él había comenzado a perder el control de las primeras lágrimas que se deslizaron por sus mejillas y que ella se apresuró a secar sin soltarse de su agarre, como si le pidiera que se contuviera un poco más hasta que ella pudiese terminar su declaración antes de que su voz se quebrara sin remedio. – Por todo eso que he dicho… quiero que ya no sienta miedo y que la convenza a ella de no tener miedo. Quiero… quiero que se case con Yoko y crie a su hija tan bien como sé que lo hará.
-Tomoyo, eso no es posible. Ella dijo que no quiere tenerla. Dudo mucho que quiera siquiera verme la cara. – Intentó explicarle mientras la miraba totalmente desconcertado sin ser capaz de entender lo que ella estaba diciendo. Sin ser capaz de asimilar lo que le pedía. Pensaba que todo estaba bien, que ella le había perdonado, ¿entonces por qué le decía aquello tan de repente?
-Touya… las personas mentimos cuando nos sentimos amenazados. Estoy segura de que ella solo dijo todo eso porque siente miedo de enfrentarse a algo así de serio sola, seguro y justo en este instante está llorando al igual que usted por no saber que hacer. Pero si habla con ella y le explica que solo estaba asustado y que quiere intentar que sean una familia, si le garantiza que hallarán la manera de salir adelante. Estoy segura de que no se negará.
-¡Ese no es el único problema Tomoyo! Mi hija es importante para mi, pero tu lo eres de igual manera.
-No tiene que preocuparse por mi. Pase lo que pase yo estaré bien. Pero por el contrario si se queda conmigo, si no vuelve con Yoko, no conservará a su hija, a aquella personita que amará aun más que a mi y que lo unirá a ella. Usted jamás la ha visto realmente y sin embargo nunca lo había escuchado hablar con tanta ilusión de algo o alguien o sentir tanto dolor e impotencia por haber errado una decisión, y si eso es ahora ¿se imagina todo lo que la amará cuando la tenga en sus brazos? ¿Todo lo que se atormentará si muere por que no hizo nada para conservarla? Yo no quiero que pierda eso por mi culpa, no quiero que pase el resto de su vida arrepintiéndose de no haber intentado salvarla. Quiero que sea realmente feliz y no va a conseguirlo mientras esté dividido entre dos amores imposibles.
Él ocultó su vista de ella al sentir que volvería a llorar de impotencia. Sabía que tenía razón, sabía que todo lo que decía era cierto, él había vivido toda su vida atado al recuerdo de su madre fallecida a destiempo, él había odiado con toda su alma a aquellos que entendían no habían hecho nada para salvarla. Si él daba otro paso en esa dirección, si seguía en ese derrotero, era obvio que jamás se lo perdonaría, que aquello lo perseguiría en lo que le quedara de vida. Pero aún así era tan doloroso, tan desolador. Ella o su hija, decidir entre una de las dos era la cosa más cruel que alguien podía jamás haberle pedido, la consecuencia más terrible que jamás hubiera sufrido por sus malas decisiones. No era tan fuerte para lidiar con una pérdida así, claro que lo mataría su consciencia, claro que la imagen de aquella criatura lo perseguiría aun si llegaba a tener una decena de hijos. Ella le conocía mejor que él mismo y sabía… sabía que aunque dijera que tendrían una hija que sustituiría a aquella y que solo dejaría su recuerdo atrás, la verdad es que si se quedaban juntos, su amargura no los dejaría tener un futuro feliz.
-No tienes idea… de lo mucho que me odio por hacerte esto. Por hacerle esto a ella. Estoy tan cansado Tomoyo. Creo que jamás había deseado tanto solo desaparecer.
-Descuide, se que no es fácil para usted, que tiene mucho en lo que pensar. Usted me prometió que no dejaría que nada nos separara y justo eso está haciendo, y en serio lo agradezco. Pero el hombre que está aquí sentado conmigo no es el mismo que tomó mis manos hace unos minutos y me consoló, no es el hombre maravilloso que me hizo ver que mis penas no eran tan tremendamente grandes como creía, que me hizo descubrir que aún puedo sentir más que dolor. Este hombre que tengo frente a mi es alguien que ha visto vivir y morir su corazón en un instante y que ya no tiene fuerzas para mirar al futuro siquiera, que en este momento no entiende como puedo quererlo cuando el mismo no es capaz de hacerlo. Yo sé lo que es vivir con ese sentimiento y no quiero que usted se pase la vida sintiendo lo mismo, arrepintiéndose de no haber luchado por algo que realmente valía la pena.
-Touya… sus poderes de príncipe no son para romper mi maldición, son para darle una vida maravillosa a esa pequeña que no tiene la culpa de haber nacido en estas circunstancias. -Susurró mientras le sonreía y aunque él quería decir algo al respecto simplemente no podía. Sabía que en cuanto dijera la primera palabra terminaría perdiendo la poca resistencia que le quedaba, que sucumbiría al llanto ante aquella sonrisa que dolía más que el que le gritara, que el que le hubiera dicho que le odiaba. Aquella sonrisa que le decía que a diferencia de él, ella si era madura y había entendido desde el principio que aquello era simplemente imposible. Así que comprendiendo que si seguía mirando a sus ojos no lo soportaría, bajó la mirada mientras soltaba un nuevo sollozo que esta vez cerró su garganta por varios segundos que le parecieron eternos.
Ella se quedó a su lado por un rato pero luego la sintió soltar sus manos y ponerse de pie mientras decía que buscaría su teléfono para pedir un taxi que los llevara a casa en vista de que no parecía ir a dejar de llover pronto, y aunque quiso ir tras ella al verla ascender las escaleras simplemente su cuerpo no respondía. Estaba tan perturbado, tan desconcertado. Aquello había sido el fin, tanto posponerlo para conseguir el mismo doloroso resultado y lo que más le dolía era la calma con la que ella había asimilado, aceptado y decidido todo. En ese momento hubiera deseado incluso que le dijera que le había decepcionado, que no quería verlo en su vida, pero solo le sonreía. Sonreía con aquella dulzura y comprensión que la caracterizaba y que en ese momento era para él más amarga que la hiel misma.
Pasaron varios minutos de pesado y angustioso silencio y al ver que no regresaba, él arrastró su cuerpo hasta la planta alta como pudo, tropezándose con todo a su paso. Todo estaba oscuro, pero aun así él siguió los apenas audibles sollozos que salían de una de las habitaciones y al colocarse en el umbral y ver aquella figura de rodillas junto a la cama llorando en silencio, se arrodilló a su lado y la abrazó mientras le pedía perdón por no dejar de herirla, por solamente hacerla sufrir.
-No es tu culpa Touya. Yo no debí oír esa conversación, yo no debí haberte confesado mis sentimientos sabiendo que estabas con ella. No hice más que ponerte en una situación incómoda.
-¡Claro que no es tu culpa! Deja de ser tan indulgente conmigo. Yo era quien tenía toda la información, yo era que sabía que esto ya no se podía. No tienes porque compartir mi carga, porque contenerte por mi bien. Nadie te está pidiendo que ocultes tus verdaderos sentimientos, Tomoyo. Tu también tienes derecho a llorar, a enojarte, a ser egoísta. O dime, ¿es que en serio estas conforme con esto? ¿En serio te parece justo que tu seas siempre la que renuncies a lo que quieres? ¿Qué siempre seas la que debe sonreír aunque sienta dolor? ¿porque no dices que es lo que realmente sientes, que es lo que realmente quieres en este momento? Te juro que haré lo que sea que me pidas.
-Yo solo… Solo le pido que me deje retenerlo conmigo por esta noche. Solo quiero que me deje sentir su amor a plenitud por una última vez. Solo quiero tener un recuerdo que pueda usar a medida que te vea alejarte de mi. Por qué… ¿que sucederá si jamás vuelvo a sentir esto? ¿Si jamás vuelvo a enamorarme como lo he hecho contigo?¿Si jamás descubro lo que se siente estar con alguien que en verdad me ama?
-Tomoyo…- Murmuró él en un sollozo mientras volvía a abrazarla sin ser capaz de decir nada más y es que al escucharla llorar con tanto desconsuelo al sentir sus brazos alrededor de ella se dio cuenta de lo mucho que le dolía, del gran esfuerzo que representaba para ella renunciar a él con tal de que hiciera lo correcto, y no era justo. Ella era tan buena, tan considerada y siempre tenía que llevarse la peor parte de las cosas, siempre tenía que soportar la carga de la felicidad de los demás. Ella se había habituado a renunciar a lo que quería para promover la felicidad de sus seres queridos, para ayudar a los demás a resolver sus problemas y en el fondo él ya lo sabía. Apenas se daba cuenta de que la razón por la que no quería decirle aquello no era porque temiera que se enojara o no quisiera verlo jamás, temía porque sabía que en cuanto supiera que había una criatura por en medio, ella no dudaría en terminar con aquello sin importar cuanto lo amara, cuanto aquello la hiciera sufrir. Claro que le dolía, claro que la lastimaba el simple hecho de pensar que tendría que sonreír cuando atravesara aquella puerta, que tendría que verlo tomar a otra de la mano y sentirse feliz por él, pero aún así no era capaz de imaginarse en otro rumbo, no era capaz de pensar en ella misma pidiéndole que se quedara con ella sabiendo lo mucho que perder a su hija lo dañaría.
Así que comprendiendo para su desasosiego que aquello era inevitable y que ayudarla a dejar de sentir miedo y espantar aquellos recuerdos que le causaban tanto dolor era lo único que quería que intentara cumplir, la atrajo hacía si y la besó mientras aquellas pequeñas lágrimas se transformaban en torrentes y perdiendo por completo el control de si mismo, la depositó con suavidad sobre la amplia cama vestida de algodón, besándola con ansiedad mientras su resistencia simplemente desaparecía y dispuesto a curar sus heridas aunque fuese lo último que hiciera, volvió a repetir aquellas caricias que la habían enloquecido aquella tarde pero esta vez con el claro objetivo de unir sus cuerpos por completo.
Sus dedos se movían por su piel tal y como si se tratara de un hábil músico tocando un instrumento, y aunque no podía verla a detalle en aquella relativa oscuridad parecía conocer exactamente como y dónde tocarla o al menos era lo que ella sentía mientras su piel se erizaba ante su roce y su corazón latía desbocadamente abrumada por todo lo que sentía. Aquella era su única oportunidad para crearle un recuerdo agradable que otro no pudiese borrar, para disipar sus temores al respecto, así que deseaba conseguir que la próxima vez que dejara a alguien tocarla se sintiera segura de la diosa que era y supiera que los seres inferiores que no fuesen capaces de hacerla sentir la mitad de bien que él estaba intentando hacerle pues no tenían derecho ni siquiera a besar sus labios. No podría tocarla nunca más, pero al menos quería que aquella ocasión fuese tan inolvidable para ella como lo estaba siendo para él.
Pasaron varios minutos así entre caricias y besos hasta que él comprobando que estaba lo suficientemente lista para recibirlo, se colocó en su abertura con cuidado mientras se abría paso lentamente a través de su cálido y húmedo interior y ella se aferraba a su espalda a la vez que soltaba un profundo resuello al sentirlo llenarla al fin, aliviada de que aquello se sintiera tan diferente a como había temido. Era increíble lo sencillo y agradable que él lo hacía parecer, lo dulce que era el que siempre le preguntara si estaba cómoda o había algo que le molestara. Apenas podía ver su silueta en aquella oscuridad pero aquello no representaba un problema para ella y sus recuerdos, sabía bien qué era él quien estaba a su lado por que nadie le hacía sentir tan segura y querida, tan tranquila y ansiosa. Su cuerpo seguía respondiendo favorablemente a aquel lento vaivén y cuando se hubo acostumbrado a ello lo suficiente, lo escuchó preguntarle si deseaba que fuese un poco mas a prisa.
Tal y como había anunciado lo sintió aumentar la velocidad y profundidad de sus embestidas mientras se dejaba embriagar con aquellas sensaciones que lo estaban haciendo delirar, y al escucharlo reconocer extasiado que sentirla de esa manera era tan agradable que parecía irreal, ella no pudo hacer otra cosa que abrazarlo más fuerte mientras su nombre se escurría de sus labios de una forma tan agradable que le provocó un gran escalofrío, haciéndole casi imposible no llorar de amargura y alegría.
Ahora seguro la recordaría cada vez que alguien le llamara. Seguro que desde entonces no dejaría de buscar su dulce voz cada vez que estuviese con otra de esa manera. Era demasiado castigo, demasiada penitencia. Vivir con el recuerdo de alguien a quien jamás pudiste amar sin duda no se parecía al de amar eternamente a alguien a quien tuviste entre tus brazos y a quien sabías no podrías tener jamás.
No deseando ya que sintiera su angustia que se hacía cada vez mayor, se escondió en su pecho y volvió a embestirla mientras tomaba sus caderas con firmeza pero esta vez ya no era cuidadoso o pausado, si no brusco, salvaje. Tal vez así ella le odiaría, tal vez así lo recordaría como un hombre agresivo y egoísta, así al menos ella no se sentiría tan desolada cuando lo recordara. Pero aún eso era inútil, aun aquello se sentía endemoniadamente bien, aun aquello le hacía pedir casi a gritos que no se detuviera. Estaba agujereándole hasta el alma y aun así aquello le resultaba placentero, aun la dosis de dolor que sentía con sus embestidas era realmente delirante. ¡Demonios! Por que tenían que complementarse tan bien. Por que tenían que entenderse uno al otro como si tuviesen toda una vida amándose. Era tan doloroso y placentero a la vez, tan desafortunado y tan dichoso al mismo tiempo. Era el infierno y el mismo cielo. Y todo sería tan efímero, tan distante. Tendrían que mirarse con una sonrisa cuando lo que sintieran fueran ganas de morir uno en brazos del otro.
La escuchó decir su nombre una y otra vez mientras volvía a alcanzar el clímax y él no pudo soportarlo más. Realmente se oía tan bien cuando se quejaba, cuando le dejaba saber todo lo que sentía, ella le encantaba, le gustaba en realidad, tanto que casi de inmediato su cuerpo se estremeció mientras él alcanzaba su propio límite, sacándole un nuevo gemido al sentirlo temblar incontrolablemente mientras se derramaba al alcanzar el cielo como nunca antes.
Se dejó caer a su lado para no aplastarla y atrayéndola a su pecho se quedó allí abrazado a ella por casi un cuarto de hora. Ella respiraba con bastante dificultad y él apenas podía besar su cuerpo desnudo y perlado de sudor mientras ella se acurrucaba entre sus brazos fatigada de tanto dejarse querer, a punto de caer en el sueño profundo. Sabía que estaba cansada, que ese día había sido muy tenso pero la angustia de pensar que si se dormían la mañana llegaría más a prisa lo motivó a pensar en que aunque sonara egoísta, no podía dejarla caer en brazos de Morfeo aún.
-Es lindo cuando me pides que no pare. Me recuerda que eres la pervertida que me trajo a este lugar para aprovecharse de mi.- Murmuró a su oído para fastidiarla y aunque consiguió que pataleara y le golpeara un rato, al regresar de repente la luz y observarla completamente desnuda por primera vez, se quedó en silencio mientras sus ojos no eran capaces de dejar de recorrerla y ella avergonzada intentaba torpemente cubrirse con las sábanas, haciendo de lo atractivo terriblemente tentador.
Era realmente preciosa, tanto que sentía que estaba viendo a una criatura mítica o algo así. Que él, un simple mortal, acababa de encontrarse con una preciosa y mágica ninfa. Le encantaba como sus senos eran derrotados por la gravedad mientras ella los presionaba con sus brazos intentando ocultarlos ante su indiscreta mirada, le cautivaba el que su silueta se dibujara en un semiperfecto reloj de arena y que el sudor sobre su piel tan blanca y tersa brillara como la mejor lencería que podría usar, haciendo que el que cerrara los ojos avergonzada de su propia desnudez le pareciera el mayor disparate del mundo.
Terriblemente motivado, en un impulso casi salvaje tomó sus manos y entrelazando sus dedos la atrapó entre su cuerpo y la cama, y comenzó a explorar su boca con su lengua en un beso nada inocente que debía ser el más apasionado que jamás había recibido de él, haciéndola abrir los ojos de golpe profundamente sorprendida de su espontanea reacción, mientras él soltaba una maldición y se dejaba caer sobre su pecho visiblemente frustrado por su mala suerte. Claro que quería volver a poseerla ahora que podía mirar cada uno de los bordes y pliegues de su cuerpo pero la realidad era que a duras penas había venido preparado para aquella vez y obviamente entre sus planes no estaba arriesgarse a embarazarla. Así que no importaba lo delirante, tentador y placentero que haya sido lo de hace un rato, ni cuanto su cuerpo la deseara, definitivamente debía controlar sus impulsos. Lo mejor era que cerrara los ojos, se atara a una silla y se encerrara en una de las habitaciones para no hacer una de sus locuras.
-Hay una caja en mi bolso si quiere usarla.
Escuchar aquello casi en un murmullo le hizo mirar a Tomoyo para comprobar si lo había imaginado, pero al ver su cara terriblemente sonrojada y la forma en la que intentaba evitar su mirada, no pasó mucho hasta que su expresión llena de sorpresa se deformó en una sonrisa burlona y maliciosa.
-Entonces Señorita Daudoji, ¿si me trajiste aquí para aprovecharte de mi?
Ella intentó explicar torpemente como había llegado aquello a su bolso pero un total mutismo se apoderó de ella al verlo quitarse la bata que había mantenido sobre él para no hacerle las cosas incómodas, dejando a su vista todo su trigueño y fornido cuerpo, que también era mucho más atractivo de lo que jamás había imaginado, y al sentirlo abordar sus labios otra vez no pudo hacer otra cosa que responder de la misma manera haciendo que aquello se sintiera tan bien que terminara siendo un derroche tal de ímpetu y lujuria que ella no podía hacer otra cosa que arquear su cuerpo incapaz de respirar o renunciar a ello, hasta que de repente lo sintió tomarla de la cintura colocándola sobre su hombro a la vez que argumentaba que no tenía sentido tener toda una casa para ellos dos solos si se quedaban todo el tiempo en la cama, y le prometía que no la dejaría dormir en toda la noche.
Y es que aunque aquello seguía siendo increíblemente doloroso para él, sabía que si se la pasaban lamentándose solo estarían desperdiciando el tiempo. Tendrían muchas horas para llorar y lamentarse al día siguiente, tendrían toda una vida para hacerlo. No tenía caso pensar en el día de mañana. Si tendrían que despertar de golpe, si tendrían que tolerar el dolor de la estrepitosa caída del día siguiente, pues lo ideal era alcanzar la cima del mismísimo cielo y caer desde allá sabiendo que aunque murieran al llegar por fin al suelo, el trayecto disfrutado había valido la pena.
Tomoyo contuvo la respiración mientras intentaba mantener su resistencia. No era el momento de rendirse ni transigir, sin duda alguna está vez debía prevalecer hasta el último segundo. Él también se veía enfocado, ya habían pasado unos veinte segundos y permanecía allí, inmutable, tanto que parecía invencible. Siguió animándose a sí misma, intentando ignorar el ardor que ya comenzaba a experimentar por la falta de lubricación en sus cuencas. ¡Vamos ojos solo un poco más y podrían hacerlo todas las veces que quisiera! solo les estaba pidiendo un poco de resistencia. Solo unos segundos más y…
-¡Eso es trampa!- Exclamó indignada al darse cuenta de que había parpadeado tan pronto como él le sonrió. ¡Tanto esfuerzo para nada!, solo una sonrisa y ya había olvidado que estaban en una acérrima competencia de miradas, mientras él se partía de la risa por su mala aceptación de la derrota.
-¿Qué es tan gracioso Touya?
-Es que no recuerdo la última vez que hice algo como esto. Me siento como un niño bobo.
-Hablas como si fueras viejo. Apenas estas en tus veinte.
-Veintiséis, y pronto seré padre así que, si, soy un anciano.
Ella bajó la mirada ante la mención de aquel asunto y comprendiendo que había echado más sal a la herida, se puso de pie y tomando asiento a sus espaldas, la abrazó mientras besaba su mejilla. Ambos se quedaron sentados en el pórtico de aquel balcón mientras veían las finas gotas de lluvia caer en la relativamente oscura madrugada. Habían terminado realmente exhaustos después de tanta actividad así que se habían quedado ahí solo hablando y mirando el paisaje que no habían tenido tiempo de contemplar hasta ese instante, terminando por jugar aquella infantil competencia por que ninguno de los dos quería quedarse dormido hasta el último segundo. La lluvia había disminuido su furia y ahora se deslizaba suavemente por las hojas de los árboles, llenando de rocío las coloridas flores que cubrían el suelo húmedo mientras él posaba su cabeza sobre su estilizado hombro.
-Por cierto Tomoyo… Tu atraes la lluvia ¿verdad?
-¡¡Yo!! ¿Por qué dice eso?
-Es que siempre que lloras, llueve.
-Ahora que lo dices es verdad. Supongo que si tendré alguna conexión con las nubes. ¡Tal vez ese es mi poder mágico! Puedo ayudar al mundo provocando lluvias en los lugares más secos del mundo.
-Supongo.- Él sonrió complacido de que haya recuperado su ánimo tan fácilmente a la vez que recordaba que aquella era la tercera ocasión en la que pasaba algo similar. La primera había sido aquella vez de la carretera, la segunda la de Inglaterra y esta sin duda la tercera. Siempre momentos de infracción en su vida, siempre ocasiones en las que ella lloraba con amargura por que lo que quería parecía alejarse de ella, y siempre él estaba a su lado como héroe o villano. Aquella era la tercera ocasión y tal vez también la última, la próxima vez que llorara y lloviera seguramente alguien mas estaría estrechándola entre sus brazos y secando sus lágrimas, eso siendo sincero era realmente desolador.
-Sabe Touya, creo que después de todo si le diré al abuelo que no puedo cantar el domingo.
-¿Por qué? Has ensayado muchísimo para ello.
-Lo sé, pero estoy segura de que ahora no podré cantar esa melodía sin llorar, y no puedo preparar todo en solo dos días con una canción nueva.- Él pensó un poco en lo que ella expresaba y no pudo hacer otra cosa que darle la razón. Aquella canción sin duda era hermosísima para cualquiera que la escuchara por simple afición, pero hacerlo cuando acababas de pasar por un adiós tan emotivo como el que experimentaban en ese instante hacía más que obvio que algo saldría mal. En serio sabía que ella no quería decepcionar a su abuelo, que en serio quería cumplir su compromiso, pero si cedía a las lágrimas y no podía cantar en medio de todas aquellas personas obviamente todo el mundo se alarmaría y sabrían que algo andaba mal.
-¿Y si la cantas ahora hasta que ya no sientas nada al oírla? Yo no voy a juzgarte si desafinas un par de veces.- Propuso intentando ayudarla de alguna manera y después de pensarlo un poco ella lo miró con una inmensa sonrisa mientras sus ojos se volvían estrellas al ocurrírsele lo que consideraba una magnífica idea.
-Solo lo haré si la canta conmigo. Aun no he perdido la curiosidad por escucharlo, solo lo dejé para cuando tuviera suficientes herramientas para chantajearlo.
-¿Piensas obligarme a hacer algo que no he hecho en décadas? Lo siento, pero dudo mucho que tengas las herramientas para tal chantaje.
-Tal vez tenga razón. Solo soy una pobre chica de cuya inocencia se han aprovechado y que no será más que una aventura de verano a partir de mañana. Ni siquiera me merezco que me dediquen una ultima canción. ¡Es tan desafortunada mi suerte! - Aunque debía reconocer que su drama era bastante bueno, solo bastó mencionarle que no era él quien había llevado aquella caja de preservativos a su primera cita, para que ella desistiera de chantajearlo.
La verdad es que aquella se trataba de la caja que había comprado Sakura aquella vez que estaba resuelta a perder su inocencia y de la que le había rogado deshacerse para no dejar evidencias en su casa. Obviamente siendo la amiga perfecta jamás la desechó por si acaso necesitaba sacarlos de un apuro algún día, y sabiendo que Shaoran regresaría aquel fin de semana para poder asistir a la boda, pues había pensado en devolvérsela a su amiga por si las dudas. Pero por mas que quisiera defenderse simplemente no podía decirle aquello a Touya.
-Bien, si no hay de otra comenzaré.- Anunció ella resignada mientras se enderezaba y tomaba aire en sus pulmones comprendiendo que era su integridad como mujer pura y sana o la vida de sus amigos, y en cuanto se sintió lista comenzó a entonar aquella melodía que ya él había escuchado en varias ocasiones y que tal y como ella había dicho ahora más que hermosa era terriblemente melancólica para ambos.
Si en realidad un sueño fuese lo que hubo aquí,
Podría ser mucho mejor aunque aún pienso en ti,
Como si pudiera encontrar aquello que perdí,
Los recuerdos que forjamos no se alejarán de mi.
Fuiste tu él que hasta el final siempre me enseñó,
Que hay que valorar cada instante de felicidad.
El oscuro pasado que mantuve oculto y callado,
Se hubiera mantenido por siempre oscuro sí no te hubiera conocido,
Se que no es posible que pudiera estar más herido que ahora.
Incluso la tristeza de ese día, incluso el sufrimiento de aquellos días,
No los cambiaría, los amaba porque estabas junto a mí.
En mi corazón hay amargura desde aquel momento en que te vi
Caminando con tu espalda a mi bajo una nube gris
Y a pesar de todo sigues siendo luz en mi vivir.
Tal y como había augurado ella tuvo que detenerse pues las lágrimas no dejaban de caer de sus ojos y ahogar su garganta, intentó calmarse para continuar pero de repente escuchó una voz uniéndose a su canto llevándola a levantar su mirada hacía él que en ese momento estaba completando la melodía.
En la oscuridad, delineé tu espalda
Recuerdo vívidamente su contorno
Cada vez que encuentro algo que no logro aceptar del todo,
Lo único que salen son mis lágrimas no paran de brotar
¿Qué estabas haciendo allí? ¿Qué pensabas al verme a mi?
La respuesta jamás surgió en tu bello mirar.
Si ahora estás en algún lugar, al igual que yo
Atrapada en la soledad, sufriendo y llorando
De algún modo tan solo olvídame,
Lo deseo tanto con todo mi corazón,
Por que aún ahora tu eres mi luz.
Él se detuvo de repente al sentirla empujarlo hasta el suelo provocando que se golpeara la cabeza pero antes de que pudiese reclamarle, ella estaba sobre él sin preguntas ni ceremonias quitándole la bata del cuerpo y retirando la suya, sacándole una sonrisa al pensar en el hecho de que sin quererlo de tanto amarla, había liberado el monstruo pervertido y lujurioso que ella tenía dentro.
-Las personas amables preguntan antes de hacer esas cosas.
-Es su culpa por mostrarme su increíblemente sexy voz. ¿Por que no me había dicho que cantaba así de bien? Ahora voy a castigarlo por recordarme lo perfecto que es y lo mucho que me voy a odiar mañana.
-Yo también me voy a odiar si eso te tranquiliza.- Le garantizó mientras secaba el par de lágrimas que se deslizaban por sus mejillas sin ella darse cuenta y dejándola incorporarse esperó a que tal y como quería ella tomara el control de aquello.
Su lentitud y ligera torpeza en ello era adorable, pero aun así la dejó ser e intentó cerrar los ojos para no incomodarla con su mirada, pero era inútil intentar no perderse en su silueta. Se iba a ir al infierno por partida doble pero no iba a olvidar jamás esa imagen ni el frenesí que lo llenaba con la idea de estar haciendo aquello en un lugar demasiado visible. Se veía tan linda mientras sus senos brincaban así, cuando arrugaba la nariz preocupada de no conseguir que se sintiera tan bien como cuando él tomaba el control, hasta la manera en cómo se sostenía de sus piernas mientras estaba allí de rodillas y la pieza de tela apenas cubría su cintura era terriblemente atractiva, demasiado adictiva, su propio desenfado por ni siquiera intentar verse sensual la hacían ver terriblemente deseable.
Se veía tan adorable que solo quería que volviera a gemir sometida a sus embestidas. Aquel pensamiento lo hizo perder por completo la compostura así que la haló hacia si, la hizo colocar sus brazos detrás de su cuello y cargándola en su cintura cerró la puerta tras de ellos dispuesto a amarla una vez más con aquella ansiedad abrumadora, de todas las formas y en todos los lugares que llegaran a su imaginación, hasta que sus fuerzas llegaron a su límite y ya no hubo más objetos en la dichosa cajita. La verdad no supieron en que momento dejaron de amarse y se acurrucaron en el sofá. Pero antes de caer en el sueño profundo lo escuchó musitar a su oído un "te amo" que la hizo sonreír.
Al final todos callaron y afuera solo se oía a la lluvia haciéndole el amor a la tierra aquella noche. Imitando a aquellos dos amantes que aún en la inconsciencia seguían soñando con amarse de mil y una maneras. Que aún sabiendo que aquello era un adiós definitivo, seguían abrazándose como si aquello no fuese a tener final, mientras que aquel estribillo seguía sonando en su cabeza como el réquiem de un amor que pudo haber sido perfecto, aferrándose al recuerdo de aquella mujer que definitivamente jamás podría dejar de amar.
Desde entonces cuando pienso en ti,
Alguien a quien amé
Más de lo que imaginé
Mi respiración se detiene,
Aunque en realidad te tuve aquí,
Siento que mentira es,
Pero jamás lo olvidaré,
Eso es lo único que sé con seguridad.
Incluso la tristeza de ese día, incluso el sufrimiento de aquellos días,
No los cambiaría, los amaba porque estabas junto a mí.
En mi corazón hay amargura desde aquel momento en que te vi
Caminando con tu espalda a mi bajo una nube gris
Y a pesar de todo sigues siendo luz en mi vivir.
Eras la mitad que completaba todo mi existir,
Incluso ahora tu eres mi luz.
-Esa es una hermosa canción.- Escuchar a su padre reconocer aquello mientras ingresaba a la habitación, lo motivó a retirar las lágrimas que sin querer habían aflorado en sus cuencas ante todos los recuerdos que le traía aquella melodía. Ya habían pasado dos largos días en los que no había sabido nada acerca de ella después de que hubiera regresado a su casa sin despedirse de él aquella mañana, y aunque la había cantado un millón de veces en su cabeza desde entonces, aun no había dejado de llorar cada vez que lo hacía y pensaba en aquella indeleble noche.
Por eso, aunque sabía que sus maletas le esperaban en la entrada y el que su padre estuviera allí indicaba que ya estaba listo para llevarlo a su nuevo hogar, no pudo resistirse a hacer un esfuerzo por terminarla adjunto con el piano como una forma de darle apoyo a distancia en ese momento en que seguramente ella debía estarla cantando ante todas aquellas personas.
Se puso de pie del banquillo del piano, aceptó el par de palmadas que su padre le dio para recordarle su apoyo e intentó sonreírle agradecido por aun seguir teniéndole paciencia. Después de todo al final le había contado todo lo ocurrido y él le había felicitado por haber conseguido mantener la calma ante algo tan difícil. Sin lugar a dudas tenía el mejor padre del mundo y esperaba de corazón llegar a ser la mitad de bueno que él algún día.
Dio una última mirada a la casa en la que había pasado la mayor parte de su vida y la que ese día abandonaba de forma definitiva, y girando sobre si mismo al escuchar la voz de aquella mujer que corría hacía él mientras Yukito la seguía empujando el carrito con sus dos retoños, se quedó quieto mientras ella le decía que era un idiota y golpeaba su pecho con lágrimas en los ojos.
Le había pedido encarecidamente a Yukito que no le dijera nada hasta que no se hubiera ido justo para no verla llorar así, pero era obvio que él tampoco había tolerado la idea de no despedirse antes de que iniciara su nueva vida. Sus ojos avellanas le miraban con la misma tristeza que lo había hecho cuando le puso al tanto de todo, y algo le decía que tendría que acostumbrarse a esa mirada llena de compasión y pesar.
Respiró profundo incapaz de enojarse con él en esas circunstancias y abrazando a la alborotada mujer le pidió que cuidara de Tomoyo todo lo que pudiera, recibiendo la garantía de que no la dejaría ir sola ni siquiera al baño.
-Confío en eso.- Susurró con una sonrisa mientras veía a la alborotada chica secar sus lágrimas con sus mangas y pensaba en que definitivamente ya entendía por que el cuatro ojos estaba tan loco por ella, y aunque habían tantas cosas que quería pedirle al respecto, al escuchar preguntar a su padre si ya podían irse, se limitó a asentir mientras caminaba hacía el asiento del copiloto y hacía una ultima seña en despedida, respirando profundo cuando sintió que su corazón quería oprimirse al palpar su bolsillo y sentir aquel sobre en él y recordar la dolorosa promesa que contenía. Aquella que aún ese momento seguía motivándolo a no retroceder.
Sería feliz, al menos lo intentaría, lo haría por su hija, lo haría por ella.
-¿Qué haces levantada Yoko? Te dije que te llevaría el desayuno a la cama. – Señaló él mientras se daba la vuelta a prisa a la vez que guardaba aquel papel que había estado leyendo en su pantalón y avanzaba con rapidez hacía la pálida chica a quien ayudó a sentar en el comedor mientras tocaba su frente y comprobaba su temperatura. Había pasado toda la noche en vela vigilando su fiebre y apenas sentía que había bajado.
-No te preocupes Touya, estoy bien. Solo es un pequeño resfriado, nada por lo que alarmarse.
-De acuerdo, pero sabes que puedo quedarme del trabajo y llevarte a emergencia para salir de dudas.
-No es necesario, pero gracias por cuidarme tanto.- Ella se puso de pie mientras le sonreía para demostrarle que hablaba en serio y él se limitó a respirar profundo concluyendo en que en serio estaba siendo demasiado neurótico. Era cierto que Yoko estaba más pálida últimamente y los mareos y vómitos eran cada vez más comunes pero no era la primera vez que se quedaba sola mientras el trabajaba y su padre ya le había prometido que pasaría un rato con ella en cuanto resolviera algunas cosas en la mañana así que debía dejar de volverla loca con tantas restricciones y preguntas.
-¡Huele realmente bien! ¿Qué preparas?
-No es nada del otro mundo. Solo pensé que te vendría bien algo ligero para evitar las náuseas. También hice una jarra de jugo para que lo tomes durante el día y hay fruta en el refrigerador por si te da algo de hambre antes del almuerzo. Papá vendrá entonces, así que seguro te trae algo delicioso.
Dio un paso hacía atrás para evitar caerse al sentirla colgarse de su cuello y besarle mientras le daba las gracias y le preguntaba si estaba seguro de que no era perfecto, y aunque intentó devolverle la sonrisa no pudo evitar reconocer con algo de pesar que estaba a mundos de distancia de serlo y pensaba en que seguro no tendría la misma opinión si supiera lo que estaba leyendo justo antes de que ella ingresara a la sala.
-Pues a mi opinión estas a la vuelta de la esquina de serlo. ¡Nuestro hijo tendrá un gran padre! - Sentir su mano colocando la suya en su aun inexistente vientre mientras le hablaba le hizo darse cuenta de lo muerto que estaba por dentro, y es que aunque la tenía al frente y convivía con ella sinceramente no sentía nada al mirarla. Era la madre de su hija y realmente sabía que era una buena mujer, pero simplemente era difícil obligar a su corazón a sentir algo que no quería. Pero aun así hizo un esfuerzo por besar su mano y sonreírle en cambio, mirando su reloj para comprobar que afortunadamente ya era hora de partir y podría tomar un respiro de todo aquello.
-Bueno, debo irme. Llámame si te sube la fiebre.
-No te preocupes por mi. Estaré como nueva para ir a la boda de Yukito mañana. Una semana ha pasado volando ¿no lo crees?
-Si, supongo que así es. - Murmuró mientras cruzaba la puerta, tocaba su bolsillo y pensaba en lo mentiroso que se había vuelto. ¿En serio aquellos días habían pasado a prisa? Por que la verdad era que para él habían sido toda una eternidad. En ocasiones hasta sentía que no podría tolerar seguir fingiendo más y ahí era que ella volvía a su cabeza y se veía en la obligación de acudir a aquella carta para recordarse a sí mismo porque era que hacía aquello.
Por eso no podía deshacerse de ella aunque sabía que podría traerle problemas con Yoko si algún día la encontraba, sinceramente no creía ser capaz de seguir adelante sin las fuerzas que le daba aquella panacea emocional. No importaba cuantas veces lo pensara, cuanto se lo imaginaba, sin el impulso moral que ella le daba aun en la ausencia simplemente colapsaría ante toda aquella presión.
-Buenos días Kinomoto.
Touya no pudo evitar que su cuerpo diera un enorme brinco al oír aquella voz a su lado y ver a Masaki allí parado mirándolo seriamente después de que no le hubiera saludado al ingresar al ascensor a pesar de llevar un rato mirando sus expresiones. Estaba distraído, demasiado si se lo preguntaban, después de todo esa era la única explicación para que no viera a su jefe justo a su lado en un espacio tan reducido.
-Buenos días señor Amamiya. No sabía que regresaba hoy.- Contestó de inmediato mientras hacía una reverencia y lo veía llevar su vista hacía adelante sin ponerle demasiada atención ahora que había conseguido por fin su saludo. Había pasado algo más de un mes desde la ultima vez que se habían visto en persona y aunque su cuerpo se veía algo más delgado de lo normal en líneas generales el viejo parecía lucir bien, aunque extrañamente fatigado. Su padre le había dicho que estaría al menos unas dos semanas mas en reposo para que pudiese recuperar su ritmo de trabajo, así que encontrárselo allí era lo último que esperaba aquel día.
-No he regresado, solo me he detenido a recoger unas cosas. Me dicen que ya tienen todo casi listo con el nuevo proyecto y que su nuevo asistente se está desempeñando bien.
-Así es. Pronto podremos lanzar los primeros prototipos al mercado. Y con respecto a Yukito, hoy ha tomado el día libre por lo de su boda mañana.
-Ya veo, mis felicitaciones para él.
Los números del ascensor avanzaban, el anciano seguía hablándole de trabajo con aquel toque de antipatía de siempre y él seguía con la cabeza en blanco limitándose a simplemente contestar. Había prometido a ella hacer un esfuerzo por tener una conversación con él, pero no se le ocurría nada. ¿Qué podía hablar con un anciano de casi un siglo con él que jamás había tenido relación alguna y a quien vio como un cruel villano por más de media vida?
-Hablando de bodas.- Probó mientras apretaba sus puños. - Mi padre me ha contado hace unas semanas acerca de lo que ocurrió entre ustedes antes de la de él y mamá y eso me hizo entender muchas cosas.
-Ya veo.- El anciano suspiró profundo mientras limpiaba sus lentes y un "si lo haces rápido recibiré tu renuncia hoy mismo" salió de su boca como única respuesta, haciéndole caer en cuenta en qué estaba tan tenso que aquello había parecido más un reclamo que un intento conversación.
-¡No, no pienso renunciar por eso! Se que su intención no era comprarnos a mi y a mamá, de ser así lo habría hecho desde un principio. - El anciano levantó una ceja ofendido pues aquello parecía más bien una acusación. -Es decir, percibo que más bien se desesperó al darse cuenta de que papá iba en serio e impulsivamente hizo lo primero que se le llegó a la cabeza para evitarlo.- Aquello definitivamente no estaba funcionando. Ahora parecía que lo estaba criticando. – Me refiero a que era… como su última carta para evitar que arrebataran a mamá de su lado. Eso es obvio porque de lo contrario no creo que se hubiera dejado intimidar por el enojo de papá.
¡Bien¡ ¡se rendía! Eso de conversar no era para él.
-No me dejé intimidar por Fujitaka. Tu papá molesto no es más que un chihuahua bullicioso e insignificante.- El anciano rascó su cabeza mientras suspiraba aparentemente resignado y al fijar su vista en él Touya pudo notar algo de pesar e incomodidad en sus siempre imperturbables ojos. - Quiero decir, si no volví a intentar acercarme fue porque me preocupaba la reacción de Nadeshiko, creo que no era capaz de soportar que unas palabras similares a las de tu padre salieran de su boca, eso y que daba algo de miedo cuando se enojaba.
-Creo que eso me impidió portarme mal mientras estaba en vida.- Comentó algo más tranquilo al notar que el anciano tenía la misma dificultad que él para comunicarse, y más que todo que si había entendido lo que quería decir a pesar de la forma tan arisca y burda en que lo había hecho. Tomoyo tenía razón, había más en común con él de lo que creía y por tanto había sido tonto de su parte no haber intentado aquello antes.
-Por cierto Kinomoto, hablando también de bodas. Mi nieta piensa hacer la suya en América, dijo que odias los aviones y seguro no querías ir, pero puedo enviar una invitación para ti y tu mujer si quieres asistir.
Se quedó algo descolocado al escuchar al anciano decir aquello, mientras una parte de él no era capaz de asimilar del todo el significado de sus palabras. ¿Nieta? ¿De que nieta estaba hablando?
-¡¿Habla de Tomoyo?!- Preguntó sin poder disimular su sobresalto con la simple consideración de aquello y al escuchar al anciano explicarle que ella y Kurogane pensaban casarse aquel enero, tuvo que contenerse para no vociferar algún improperio al respecto. El anciano seguía mirando cada una de sus expresiones y al ascensor abrir las compuertas al llegar a su piso, se dispuso a dirigirse a su oficina mientras el trigueño se quedaba allí totalmente paralizado incapaz de asimilar aquella información.
-No se puede sostener una realidad a base de mentiras Kinomoto. Trata de hacérselo ver. Tal vez a ti si te escuche.
-Eso haré. Gracias por decírmelo.- El anciano le sostuvo la mirada un poco más mientras tenía la mitad de su cuerpo fuera del ascensor y aunque movió sus labios para decir algo concluyó en que lo mejor era no hacerlo. Touya tenía sus propios problema ahora y aquello tal vez sólo complicaría las cosas, así que sólo se limitó a marcharse y dejarlo solo mientras él volvía a sacar aquella carta de su bolsillo y mirando su estilizada y cuidadosa letra fijamente soltaba lo único que estaba en su cabeza en ese instante.
- ¿Casarte Tomoyo? ¿En que rayos se supone que estás pensando?
Y bien. Este es el final.Se que tal vez querrán matarme tanto porque Yoko si está embarazada como porque les prometí que estaría la boda y no está, pero la razón de lo primero es que esto era algo que no podía modificarse para darle sentido al final y lo segundo pasó porque otra vez el capitulo se hizo tremendamente largo y no tuve más opción que dejarlo en esta parte. Pero tranquilos, en el otro capítulo entramos a la boda casi de manera directa, además de que conoceremos la dichosa carta de Tomoyo.Tomoyo ha vuelto a sacrificarse como siempre y Touya está intentando sobrellevar su nueva vida, pero desde ahora es obvio que su decisión no fue del todo acertada, pues no sólo él está atado a su recuerdo, sino que ella ha decidido casarse con Kurogane de repente para desconcierto de Touya que apenas acaba de enterarse. Aunque si pensamos en algo positivo, ¡por fin Touya habló con su abuelo como gente civilizada!¿Qué pasará ahora, irá a parar este lío a buen puerto? Les prometo que si y muy pronto, de hecho en el próximo capítulo si todo sale como lo planeado, aunque no de forma tan indolora como podría desear. Pueden que lloren un poco, pero luego saltarán de felicidad.Les cuento que solo quedan cuatro capítulos de la historia, uno de ellos un epílogo, así que estamos justo en la recta final. Estoy contentísima por ello y espero de todo corazón poder culminar la historia antes de finalizar agosto. Este ha sido un viaje largo de muchas emociones y espero de todo corazón cumplir sus expectativas, así que sigan teniéndome fe.Les envío un súper abrazo, esperando que me cuenten que les pareció y a aquellos que comentan pero no puedo contestarles directamente por no tener una cuenta en fanfiction les mando un besote desde aquí y les agradezco en especial todo su apoyo esperando que nos leamos muy pronto.Att: Brie97
