Podrick no diría que era un hombre con suerte, o que todo le caía el cielo, como Bronn le había dado a entender. Lo poco y nada que tenía lo había conseguido con el sudor de su frente, con esfuerzos. Pero también estaba al tanto que le tocó una vida fácil sin muchas angustias, comparada a la mayoría de sus amigos y conocidos.
Él lo daba a que no contaba con aspiraciones mayores, sus ambiciones nunca habían sido altas, solo convertirse en caballero.
Su ambición más alta llegó mucho más tarde en su vida, y la verdad no lo llamaría ambición pues nunca se imaginó convirtiéndose en el Consorte de la Reina en el Norte…y no era que el título le importara, porque no lo hacía, en lo más mínimo, lo que más le importaba era que ella era suya y en un futuro lo gritarían a los cuatro vientos. Pero llegar hasta ese punto fue sin duda alguna la etapa más tumultuosa de su vida.
Pero todo tuvo sus recompensas con los días vividos a su lado y los que se vendrían.
Su despedida no fue una triste, fue una donde la felicidad estuvo marcada, y la ilusión de que se volverían a encontrar pronto permaneció…Y bueno, un año y medio no era pronto, pero se volverían a encontrar en las circunstancias que ellos ya habían marcado, y no que otros habían elegido para ellos.
No se dejó desmoralizar con la partida de ella. Al contrario, lo vio como una etapa nueva de su vida que se vendría. Ahora sólo le quedaba esperar, y esta vez no habría pergaminos de ida y vuelta. Era lo mejor, cualquier mensaje importante a pasar se haría mediante Ser Brienne o Lord Tyrion.
Así que lo que haría de ahí en adelante sería aferrarse a los recuerdos y a la poca información que llegaría por parte de ella.
A decir verdad, el golpe de ya no formar parte de la Guarda se empezó a dar días después de la partida de todas las delegaciones que había en el castillo. Con los días pasando sintiéndose más desubicado al Rey no pronunciarse ante su futuro, parecía que él tampoco sabía dónde ubicarlo y se sintió a la deriva.
Su salida de la Guarda se dio sin muchos bombos y platillos dado el ataque tan reciente, y eso era lo que se buscaba. También se buscó no darle muchas ayudas por parte del Reino, para cuando llegara la hora de marchar al Norte no se dijera que el Rey le había dado un título como lord salido de la nada para hacerlo merecedor a una mejor posición ante su hermana. No, no hubo, señorío, ni tierras, ni un pequeño botín, sólo el agradecimiento público. Y pues, a decir verdad, no se hubiera negado a nada de eso, porque en verdad sentía que llegaría al Norte con las manos vacías. 'No sea tonto.' Fue lo único que ella le dijo para calmarlo, pero sabía que a ella también le causaba cierta incertidumbre como sus lords verían aquello.
"Es prácticamente el héroe personal de la Reina…tiene gloria a su nombre Ser Podrick, y el Norte sabe que eso tiene peso para ella." Lord Tyrion le dijo al momento en que lo fue a buscar, pues por más que estuviera a la deriva en sus nuevas funciones tampoco era de irse a sentar y cruzarse de brazos para fantasear despierto en cuanto a ella mientras esperaba qué tipo de trabajo le caía en su regazo.
Y no iba a mentir, sentía una barrera impuesta con el Lord que antes había sido casi y un protector… Sansa le había contado de sus conversaciones con él, como le había querido abrir los ojos de que no era hombre para ella, que lo de ellos era un error –palabras que también le había dicho a él en la víspera del compromiso de ella–, y talvez era que para Sansa las palabras del Lord no tenían tanto peso, pero para él sí lo tenían, sabía que la intención del Lord no había sido humillarlo cuando se dio cuenta de lo de ellos, pero una parte se sintió así, todavía se sentía de esa manera. Si Lord Tyrion que lo estimaba no lo veía en la misma posición social que Sansa, ¿Qué se podía esperar del resto del Reino? ¿De ambos Reinos?
Y Lord Tyrion había entrado en razón, dado su aprobación para que estuvieran juntos, e incluso se había prestado para brindarles una noche de bodas, y aun así no sabía quién interponía la barrera, si el Lord o él mismo.
¿Era decepción lo que sentía por el Lord o vergüenza de haberse metido con su exesposa debajo de sus narices? Y por otro lado, Lord Tyrion y Sansa tenían una amistad tan sólida que se preguntó si el Lord no había mantenido ciertas esperanzas en cuanto a ella, y él lo bajó de la nube…
Esa noche el recuerdo de ella llegó a sus sueños, tomándolo firmemente de la mejilla y con poca paciencia diciéndole que no se preocupara por esas nimiedades, si ella lo respetaba y estimaba como era los demás también lo harían, y si no, pues asunto de ellos. Ya estaban juntos que era lo importante.
Imposible no hacer su entrada a la habitación de ella sonriéndose cuando le dejaba la puerta del solar abierta, cuando lo recibía con un beso y sus uñas jugando en la piel de su cuello, haciéndolo estremecer. Cuando se entretenían con unas copas de vino y conversaciones que darían paso a algo más…
Ella preguntándole por sobre su espalda, a lo que le reveló que ya el dolor prácticamente había desaparecido.
Y una cosa llevaba a la otra como ya era normal, el jubón dejándolo, la camisa también, vio duda en la mirada de ella, pero fue ella quien le desabotonó el pantalón, solo eso, no hizo nada más, pero él comprendió, quedándose solo en su ropa interior. Su deseo marcado contra la tela endeble sin haber siquiera empezado a hacer nada, y juraría ver una mueca por parte de ella, pero no estuvo totalmente seguro. Su corazón tan acelerado como cuando habían empezado estas reuniones entre ellos. Aunque algo no cambiaba, ella se quedaba con su bata puesta que él ya no se atrevía ni a tratar de remover.
La vio acercarse a la mesa y tomarse otro sorbo de vino.
No sentía nervios como antes cuando empezaron con estas visitas, pero esa noche los tenía porque se había propuesto dar otro paso más con él, "…Sabe, hoy ese masaje sí suena bien." Le comentó con el borde de la copa aún entre los labios, él lo había propuesto antes, pero ante su negativa no lo había vuelto a tratar.
Las cejas de Podrick subieron, pues él sí le había dado a entender que sería un masaje de verdad, no como el que le había hecho cuando estaban huyendo. Un masaje sin bata. "…Está bien." De hecho, iba a preguntarle si estaba segura, pero se empezaba a sentir extraño ser tan, pero tan cuidadoso con ella, de pronto la empezaba a cansar...
Ella no tenía aceites como los maesters, pero en su nochero Podrick sí había visto una crema y se acercó a éste, por el reflejo del pequeño espejo viéndola llegar hasta la cama, sentarse en esta, sus manos temblando levemente y de los hombros desabrocharse la bata, y que hubiera elegido una bata de ese tipo era corroboración de que ya estaba preparada para esto, a su vez pasó saliva fuertemente, viendo embelesado como cubría su pecho con un brazo mientras con su otra mano se bajaba la bata hasta la cintura, luego girándose y acostándose boca abajo.
Su corazón acelerado al regresar hasta ella, sus brazos libres mientras los utilizaba como almohada, la forma redondeada de su pecho contra el colchón. Los numerosos lunares en su espalda, cicatrices también. Como en un ensueño no pudo evitar pasar su mano a lo largo de ella, de inmediato viendo su espalda curvándose, una exhalación dejándola, su piel erizada.
Dirigió las manos a sus brazos y empezó por allí, luego a su nuca, empezando a aplicar diferentes tipos de presiones. A sus hombros. Repetía movimientos que los maesters le habían hecho a él cuando salía lastimado, o que les había visto hacerle al Rey. La veía estremecerse, aunque no estaba seguro si era de dolor o porque le agradaba, probablemente por ambos. Sus propios nervios dejándolo pues con tentación y todo en un principio había dudado en hacer aquello, no porque no deseara, sino porque en su mente quedaba que ella por querer avanzar empezara a hacer cosas con las que no estuviera lista y cómoda.
¿Pero sospechar de aquello y no hablarlo no era a su vez presionar?
Sansa tildó de esto talvez no ser una buena idea, porque se encontró disfrutándolo, demasiado. Había creído que esto sería más para él que para ella, pero desde un inicio se dio cuenta de su error. Una vez más detuvo un gemido, pero no el movimiento natural de su cuerpo cuando él masajeó uno de los nódulos en su columna, aquello proporcionándole un placer como el que no conocía, lo peor era que sucedía constantemente, una y otra vez mientras él seguía descendiendo. Y cuando no la masajeaba, las yemas de sus dedos dejaban con sus caricias suaves un cosquilleo expectante que no paraba de recorrerla…
"¿Está funcionando?" Podrick preguntó, tratando de esconder el tono de satisfacción.
Ni siquiera a sus masters dejaba tocarla de esta manera, así que estaba funcionando…y un poco más, "…Sí…" y su voz le salió contenida, pues en ese momento él estaba centrado en un lugar que la quería hacer quejar y por unos segundos se dedicó a ese lugar, sacándole el primer gemido.
No podía dejar de fijarse en como la espalda y caderas de ella habían empezado a moverse de forma constante, o la piel de gallina, y la forma en que respiraba estaba trayendo otra clase de imágenes a su cabeza. "…Bien…" Y a decir verdad, no se había esperado este tipo de reacción.
Una mirada tentativa sobre su hombro y fue obvio que él también lo estaba disfrutando, la forma en que descarada y maldadosamente le sonrió se lo dijo todo, en que después se agachó y su mano fue a parar a su cintura mientras se besaban de esta manera, ella notando que allí sus dedos no tenían el mismo efecto que en su espalda.
Y si antes había contenido sus quejidos a continuación no pudo seguir haciéndolo al él despegarse de su boca y ahora besarle el cuello y la mano regresar a su espalda. Sansa se fue a girar para quedar pecho contra pecho, pero él se negó, lo cual no alcanzó a considerar para verlo irguiéndose y esta vez fueron los labios en su espalda la que la tuvieron escondiendo la cara contra el colchón, sintiéndose enloquecer lentamente. Y él sabiendo muy bien lo que le estaba ocasionando, por la forma en que sentía la sonrisa plasmada en su rostro.
Le rozaba la espalda baja con una mano, entre sus omoplatos a ratos también, su boca recorriendo dicha espalda a besos, asegurándose de no dejar espacio sin recorrer, él mismo frotándose contra el colchón, y mientras más prolongaban el momento más se preguntaba qué seguiría después de esto.
Sansa se quejó altamente de nuevo cuando lo sintió mordiéndola suavemente en el costado, Podrick riéndose bajamente y no dándole respiro. Unos momentos después no pudo evitar brincar y respirar profundo cuando posó su mano sobre su trasero, como para detener los movimientos de su cadera, pero la forma en que la apretaba le dijo otra cosa, "…Esa no es mi espalda." Le dijo, no pudiendo ocultar la absurdidad en su voz. Cómo respuesta obtuvo otra mordida, ahora sobre el área discutida, haciéndola dejar una mezcla entre quejido y risas, ausentemente y con la cara ardiendo escuchó los pasos de Nieve regresando a la habitación.
Podrick devolvió su mano a su espalda baja y empezó a ascender lentamente, esperando a ver si ella lo reprendía falsamente por su atrevimiento, pero aquello no sucedió. Antes al contrario, sin avisarlo se empezó a girar lentamente. Sus labios deslizándose de la curva baja de su espalda a su vientre bajo, a sentir los músculos allí contrayéndose. Y desde que lo había dejado darle el masaje Podrick se había dado cuenta de que algo ocurriría entre ellos, y esto era más o menos lo que se había imaginado. Lo máximo era que se dejara desnudar completamente, pero a aquello no le había apostado.
Podrick mantuvo el ritmo, sin levantar la mirada ni de inmediato lanzarse a enterrarle la cara en el pecho desnudo, que francamente era lo que quería hacer, le besó el costado, el estómago desnudo, estudiando la textura y suavidad de su piel, su sabor, el valle entre sus pechos sin desviarse, su mentón, su boca. En ese momento sintiendo que les lanzaba por encima una cobija para luego enredarle los brazos alrededor del cuello, abriendo más sus labios debajo de su boca. Su mano viajando hasta dicho pecho y empezando a acariciarla como ya sabía le gustaba, pues lo único diferente ahora era que estaba desnuda de la cintura para arriba.
Las caricias directamente sobre su piel se sentían diferente que sobre su bata, la mano de él pasando de un seno al otro, apretándola, acariciándola, tirando de sus pezones suavemente, luego simplemente tocándole el costado mientras los labios se perdían en su cuello, o los de ella en el de él. La mano de él empezando a viajar cada vez más abajo por su vientre.
La conversación que ella misma había interrumpido llegándole a la mente, '¿Se toca? ¿Siente necesidad?' Y se había estado preparando mentalmente para este momento. Lo tomó de la mano jugando con sus dedos por unos instantes, entrelazándolos, y rozándolos, cuando abrió los ojos en medio del beso se encontró sorpresivamente con los de él abiertos, como habiéndola leído. Sintiendo sus mejillas arder, un peso en su estómago bajo, cerró los ojos, tensándose y abriendo ligeramente las piernas, guiándole la mano a donde ambos querían, el aire dejando a Podrick mientras más calor se apoderaba de ella.
Y a un lado hizo los pensamientos de vergüenza, de incomodidad, y se centró más en dicha mano que sin perder un segundo la empezó a acariciar, en la boca de él de la cual se apoderó para impedirle despegarse, en la forma en que se encontró tomándolo fuertemente más arriba de la muñeca mientras rápidamente descubría que la mano de él se sentía mucho mejor que la suya. Se centró en el ceño fruncido de él y en el sudor en su frente cuando se atrevía a abrir los ojos para mirarlo.
Y sí, para ahora siempre se encontraba anticipando sus visitas en las noches, y aquello teniendo efecto tanto en su cuerpo como en el de él. Su necesidad había aumentado bastante con aquellos besos en la espalda, tanto que para ahora sentía su final cerca…... Y él talvez por su respiración agitada, por la forma en que sus muslos se tensaban lo supo, porque su caricia se hizo cada vez más firme y rápida.
Podrick no creyendo esto todavía se despegó de sus labios, quedándosele mirando por unos instantes, su mirada tan profunda y alterada, "…La quiero tocar directamente." Le dijo simplemente para que se negara. Vio los ojos de ella aumentando de tamaño al tomarla desprevenida. Y Podrick ya le había dicho que en vez de presionarla lo que hacía era darle empujoncitos, y eso era lo que consideraba hizo en ese momento. Ella no se negó, y la forma para darle su afirmación fue soltarlo del agarre mortal que tenía en su brazo. Podrick besándole la mejilla y llevando la mano hasta su estómago, deslizándose suavemente hasta el borde de la bata sujeto a su cintura, introduciéndose por éste y por su ropa interior, y ella quejándose bajamente cuando le acarició el monte de venus, y abrió más las piernas lo hizo sonreír.
Mirándola embelesado mientras ella cerraba los ojos fuertemente continuó su camino, ahora siendo él quien se quejaba altamente al encontrar suavidad y humedad. Ella también quejándose y tensándose cuando prosiguió a recorrerla circularmente sobre el nervio erguido y resbaladizo. La estudió por unos instantes y después se agachó a tomar un pecho entre sus labios, haciéndola quejarse ahogadamente de nuevo. Instantes después nada más fue tirar de su pezón para sentirla deshaciéndose a su lado. Haciéndolo sentir triunfante mientras más le prolongaba el placer.
Sansa se quejó bajamente cerrando las piernas cuando de repente la sensación empezó a sentirse como demasiada, pero Podrick continuó tocándola haciéndola quejar más, hasta que por fin se detuvo. Disfrutando de la sensación que aun la recorría fue que vino a notar la humedad en la mano que se posó en su cadera desnuda, los movimientos rítmicos de él a su lado para de repente sentirlo moviéndose, cambiando el colchón por su muslo, frotándose contra éste. Por instinto abrió los ojos, Podrick con una mirada concentrado en lo que obviamente estaba haciendo. La profundidad de esa mirada llamándole la atención, y no acababa de hacerse a ésta cuando tuvo la lengua de él en su boca, besándola firme y sugestivamente. Calor reventando de nuevo en su vientre bajo. Y teniendo algo en mente lo hizo en cuanto pudo, mordiéndole el labio inferior y tirando de éste con sus dientes, de inmediato escuchándolo quejarse y empezar a sacudirse a su lado, humedad contra su bata en su cadera.
Podrick se sonrojó incluso más al sentirla sonriéndose contra sus labios, y la miró a los ojos mientras su clímax lo traspasaba, ella aun con el velo de la vergüenza que parecía no dejarla.
Y ya todo terminado lo único que quedó fue respirar profundamente, acomodarse a su lado, dejar que sus corazones retornaran a su ritmo normal. Y cuando por fin lo hizo Podrick se decidió por el silencio. Por besarla suavemente y acariciarla sin mayores intenciones que continuar prolongándole la calma.
Respirando profundo salió de la mezcla de ensoñación y decidió poner las manos en el asunto de encontrar una nueva labor mientras el Rey se decidía, así fue que terminó asistiendo una a una a las reuniones que Lord Tyrion tenía con los lords visitantes. Algunos preguntándole si se volvería emisario del Rey y no obteniendo respuesta concreta. Pero pronto empezó a desempeñarse como aquello, aunque sólo localmente y más sintiéndose como mandadero que emisario, pero no se podía quejar. 'Lleve este mensaje directamente al Lord de ese castillo, si se opone a lo que dice esa carta recuérdeles que es emisario del Rey y en el momento habla por él.' Tampoco fue un trabajo que no contara con presiones.
Y Podrick no diría que extrañaba ser Guarda, talvez extrañaba aquella quietud y ver pasar el tiempo como si nada, pero esto de estar en constante movimiento le empezó a agradar, sobre todo cuando viajaba en buena compañía.
En esos días también visitaba a Ser Davos, e incluso a Lord Cromwell. Y fue pronto que las visitas a éste último empezaron a desmoralizarlo cada vez que se mencionaba a la Reina. Al principio el lord sutilmente tratando de hacerlo entender que tenían vidas separadas, que ser emisario del Rey en el Norte sería un error si lo que buscaban era mantener distancia. Lady Cromwell sonriéndole apenadamente mientras el esposo creía que lo aconsejaba. Y Podrick tenía paciencia, demasiada, pero una tarde no se pudo contener al comentarle al Lord que se ahorrara sus palabras pues ya se habían casado. Y aquello lo dijo en un impulso del cual se arrepintió tan pronto como las palabras salieron de su boca.
El Lord y su esposa quedando impactados ante su revelación. Y él mismo también, ante su imprudencia, rápidamente en su mente barajando qué decir, como manejar la situación, y decidió no hacerlo con titubeos y disculpas, sino como lo haría ella o Lord Tyrion, "Nos casamos ante los Dioses antiguos con el aval del Rey, con Ser Brienne y Lord Tyrion como testigos. Será el Rey quien en un futuro de a conocer lo sucedido. El plan fue armado y el juego puesto en movimiento, ya es muy tarde para detenerlo, Lord Cromwell." Podrick se sentía como un farsante no solo al colocar un visaje de seguridad que no era el suyo sino por estar mintiendo, el matrimonio entre ellos no contaba con validez, mucho menos se había hablado nada de que sería el Rey quien anunciaría lo sucedido. Pero creyó aquel ser el freno para Lord Cromwell.
Para cuando lo comentó con Lord Bronn horas después éste se burló, dándole una palmada en el hombro, "Es un idiota, primero por haberse casado sin haber tenido en cuenta mi consentimiento. Eso nunca se lo voy a perdonar, arruinó su vida. Segundo, es el único Guarda del Rey tan huevón como para casarse inmediatamente después de tener el mundo a sus anchas para coger. Y tercero, es el Rey del Norte, no tiene por qué darle explicaciones a ese gran carajo. Ahora usted es el Rey de él, deje de pensar tantas estupideces y nada más ordénele que cierre el pico."
"No soy Rey de nada." Lo corrigió una vez más, pues el Lord continuaba haciendo bromas con aquello viendo que no le agradaban. Pero sí tenía razón en que en teoría podía ordenarlo a cerrar el pico. No que lo fuera a hacer, ¿pero podía?
Y como fue de esperarse el Lord le comentó a Lord Tyrion de sus dilemas. Éste a la mañana siguiente mirándolo seria y preocupadamente. "Dígame Ser Podrick, ¿qué no entiende por secreto?" Podrick decidió no contestar, respirando profundamente. "Si y cuando la Reina se entere de esto, no le agradará."
"Sé, mi señor, que mi imprudencia no hace más que traerle problemas."
"Mmmm," respondió, "ahora me tocará ir a mí hablar con el Lord, ¿cierto?" Ir a hacer control de daños.
Podrick sólo le agradeció, quedándose a presenciar una reunión del concilio. En medio de ésta su mente viajando a la tarde en que el Lord suspicaz se dio cuenta que Sansa y él habían retomado su romance. Y pues la verdad tampoco había sido tan suspicaz si vio la forma en que ella se quedó mirándolo mientras en grupo ascendían las escaleras hasta donde ella estaba.
Al verla sonrojarse ante su presencia sabiendo que recordaba el haberlo dejado tocar íntimamente la madrugada anterior, y de nuevo esa mañana antes de dejarla. Y Podrick había estado teniendo un día fantástico para cuando horas después vio a Lord Tyrion alejándose con la Reina. Y los estudió, no porque envidiara las conversaciones ingeniosas que ellos tenían, o porque dudara de ella y el Lord, lo hizo porque supo que el Lord en ese mismo momento la trataría de convencer de que Podrick Payne nunca sería hombre para ella. Y en ese mismo momento miseria lo recorrió, llenándolo de angustias por las horas siguientes mientras esperaba volverla a ver para pedirle que no escuchara a los demás, que ellos dos se merecían estar juntos.
Y la conversación que tuvieron esa madrugada antes de marcharse de su habitación haciéndolo pensar que ella aceptaría el pedido de Lord Tyrion de finalizar lo de ellos.
Ella aun sonrojada y sin aire, remojándose los labios, girándose hacia él y abrazándolo, besándole el hombro y después la boca para quedarse mirándolo, su mirada poco a poco advirtiéndole que tenía algo en mente.
"¿Cuán importante es esto para usted?" se atrevió a preguntar, acariciándole a Podrick la mejilla, una patilla, "…intimidad." Se explicó, y de inmediato lo vio contrariado.
Sus ánimos no fue lo único que se desinfló ante la pregunta. Y era algo que él mismo ya había pensado. Inquieto sabía que era mejor no sacar excusas, no mentir, ella vería por sobre él. "Podría vivir sin ello, como mi tiempo como Guarda lo ha demostrado…Más preferiría no hacerlo." Se remojó los labios, "Más si usted acepta mi proposición sabe que–"
Lo interrumpió con un beso, largo y lánguido que marcó al apretar el labio inferior de él fuertemente entre los suyos antes de separarse, "–La acepto. Ya lo sabe."
"Y usted sabe que yo no haría algo que usted no quiera."
Lo sabía, bajó la mano del hombro de él a su brazo, apretando el músculo allí, músculo que antes no se imaginó él tendría. "…No es eso a lo que me refería, me refería a qué pasaría…si a mí no me llega a gustar la intimidad." Lo vio quejándose bajamente.
"…Pues nada. Esta no tuvo importancia antes, no veo porque la venga a tener más adelante." Vio que fue a decir algo y se le adelantó, "Y hay más de intimidad que sólo la penetración. Y lo que hemos estado tenido a usted le ha gustado…¿cierto?" aquello estaba de más preguntarlo. Ella no le había fingido el puñado de orgasmos que le había dado, de eso estaba seguro. Si su experiencia le daba algo era la seguridad de que a ella no sólo le estaba gustando; le estaba encantado. Y de nuevo un sonrojo para ella.
"Sí, pero–"
"–Pero primero estuvieron los besos, luego las caricias, hay miles de caricias que aún no hemos estudiado. Y yo la deseo y usted me desea, ambos lo sabemos. Pero eso nunca ha sido lo más importante."
Sansa asintió, "Sí, pero usted es hombre y tiene necesidades y–"
"–Y usted también. Así que empecemos por ahí, no hay necesidad de hacer un espaviento…o tener dudas cuando lo que hacemos son suposiciones."
"¿Renunciaría como Guarda, se iría conmigo para el Norte sabiendo que yo probablemente nunca seré como una de las mujeres de su pasado?"
"¿Y dónde están esas mujeres ahora? Nunca significaron nada y usted lo es todo. No se fije en mi pasado." Que él no se fijaba en el de ella. Y no lo dijo, pero vio que leyó su pensamiento.
No se dijeron nada más, pero ella lo acompañó hasta la puerta del balcón, recibiéndole el beso que se acercó a darle. "No vaya a cambiar de parecer en cuanto a mi proposición," le pidió apoyando su frente contra la de ella.
Y eso fue lo último que se dijeron antes de ser descubiertos por Lord Tyrion, así que sí, estaba lleno de dudas nuevamente.
Y por más que quiso esperarse a buscarla en la madrugada para hablar de lo sucedido, no lo pudo hacer. Se habían colocado de acuerdo de no encontrarse nunca de día. Así que sabiendo que ella cruzaría por un pasillo en unos momentos, fue y la esperó unos metros más adelante. Y aunque no miró detrás de él para saber si había llamado su atención entró en una biblioteca cercana, esperándola. Y sabía que si ella ingresaba sus Guardas harían algo de ello, pero no le importó. Después de unos segundos escuchó la puerta cerrándose tras de ella.
Ya después ella le diría que entró creyendo que él había buscado su presencia porque creía era imperativo hablarde lo sucedido, colocarse de acuerdo en qué decir ante el Lord, pues Lord Tyrion los encararía a ambos por separado.
Sansa lo encontró detrás de varios pasillos, la mirada de Podrick exasperada y su aspecto intranquilo. Antes de alguno hablar Sansa lo volvió a pedir, así como llevaba días pidiéndoselo, "Renuncie a la Guarda del Rey." Usaría su año y medio o dos para calmar a sus Lords en cuanto a su compromiso fallido, y para pensar cómo manejar la situación una vez que Podrick se presentara en el Norte. En la forma que él frunció el ceño leyó que no era eso lo que se esperaba. Pero él ya debía de saber. "No me voy a dejar convencer de nadie de que cambie mi decisión en cuanto a usted."
"¿Está segura?" preguntó de repente sintiéndose aliviado. Viendo firmeza en la mirada de ella, y se le acercó, tomándola de las manos, besándoselas, Podrick también sintiendo que ese era el momento definitivo, "Necesita estar segura." No podría dar un paso hacia atrás después…no como con Lord Hightower. Simplemente no podía pedirle que renunciara a la Guarda para después cambiar de opinión. "Si usted cambia de opinión después de que yo me salga de la Guarda…me destrozará, me lo quitará todo." Y que esas palabras salieran de sus labios con la dificultad que lo hicieron lo molestó. Sus lágrimas no se derramaron, pero las de ella sí. Ella realmente se lo quitaría todo. Tenía que estar segura. Para él era arriesgarlo todo, jugárselo todo.
Por primera vez Sansa vio duda, martirio, en la mirada de Podrick y aquello la alarmó. Se zafó de sus manos y lo tomó talvez un tanto bruscamente de las mejillas, "Lo necesito a mi lado." Confesó, "Lo quiero a mi lado…" él ya debía sospechar aquello, pero se lo concedió a voz alta. Y ella nunca le haría lo que el temía, no se podía ver haciéndolo. Esperó por la respuesta de él con el corazón casi y en la garganta. De repente rodeándola de la cintura y trayéndola hacia él, abrazándola.
"Sí, dejaré la Guarda por usted." Un abrazo prolongado, talvez demasiado prolongado. Y después de mirarse a los ojos un pico corto, sellando la decisión. Tras unos segundos con el peso del momento encima Podrick se sonrió apenado, lo que la hizo sonreír a ella, calma llegándoles junto con la realización de lo sucedido, y felicidad. "…Debemos hablar con su hermano." Y no era que estuviera apurando, pero necesitaban hacer eso de inmediato, no ir a dejar que nada ni nadie se fuera a interponer entre ellos de aquí en adelante, y por la forma en que ella empezó a asentirle vehementemente se dio cuenta que pensaba lo mismo.
Y una sonrisa mucho más grande al ambos darse cuenta que esto era real y un hecho. Y otro beso, uno más prolongado pero inocente.
Ella se presentó ante el Rey justo para cuando Podrick empezó con su turno de Guarda de esa misma tarde. Por mucha emoción que había tampoco era de ambos hacer el camino juntos. Así que trataron lo menos posible de llamar la atención hacia ellos. Y Podrick era la clase de Guarda que permanecía con el Rey mientras los otros lo cuidaban desde afuera. Así que Sansa vio curiosidad en los ojos de Bran cuando cerró la puerta tras de ella, y Podrick dejó su lugar acercándosele. "Bran–"
"–Mi señor–"
Empezaron ambos al mismo tiempo y se detuvieron dejando que el otro prosiguiera, pero tras varios segundos incomodos ninguno lo hizo.
El Cuervo de Tres Ojos decidió interceder, "¿Están seguros de la decisión que han tomado?" preguntó, pues por lo que podía ver –sin querer– era que estaban tomando decisiones basadas en las emociones del momento, de saberse tan cerca, pero a la vez tan lejos. Influenciados por la pasión. Los vio asintiendo de inmediato. "Está bien." Contestó simplemente. "Ser Podrick Payne, desde este momento y por posterioridad queda liberado de su juramento. Ha sido un excelente Guarda y me encuentro agradecido por los servicios prestados hacia mi persona, al Reino y mi hermana."
Lo abrupto del momento los tomó desprevenidos a ambos pues se habían esperado que él también tratara de abrirles los ojos.
Sansa frunció el ceño, aquellas palabras sonando repasadas y abruptas.
Para Podrick fue un impacto directo y al pecho, sacándole todo el aire.
Después de unos momentos ambos compartieron una mirada contrariada.
Decidiéndose Podrick dio un par de pasos hacia adelante, Sansa lo vio arrodillándose ante Bran, haciéndola sonrojar al, con el permiso del Rey, hacer una promesa nueva hacia ella y su seguridad, atesorarla, respetarla, y siempre estar pendiente de ella.
Aturdida y avergonzada escuchó a Bran diciendo lo que ella misma estaba pensando.
"Esa es una promesa que le tiene que hacer a ella, no a mí."
Podrick se sonrió al mirarla y se colocó en pie. "Lo haré, mi Rey. No le quede duda de ello." Respiró profundo, volviéndola a mirar y ella sacudiéndole la cabeza, y la conocía tanto como para saberla secretamente complacida por sus palabras, aunque no lo admitiera, "También aprovecho la ocasión para disculparme nuevamente por como todo esto se dio, mi señor."
Bran miró hacia Sansa, ella no haciendo comentario alguno. Les señaló hacia el mueble, "Desean compartirme entonces los planes que ya tienen para todo esto…Sólo quiero verificar que sea sensato y que encaje con el papel que tendré que desempeñar."
Y era absurdo de él dejarse desmoralizar por Lord Cromwell, por las renuencias que Lord Tyrion todavía parecía tener, si ya tenían el respaldo del Rey.
No volvió a buscar a Lord Cromwell, pero fue la esposa la que lo interceptó una tarde, sonriéndole y felicitándolo y su reacción se le hizo tan extraña que no pudo dejar de tener dudas en cuanto a las intenciones de la mujer. Si creía que echándoselo al bolsillo más tarde le otorgaría algo de Sansa. La lady comunicándole que el Lord por ahora estaba de manos cruzadas, porque tampoco se veía capaz de traicionar el secreto de la Reina revelándoselo así fuera a un asesor, pero ella no sabía cómo cambiarían las cosas una vez que lord y Reina se vieran nuevamente cara a cara.
Podrick no quedó tranquilo con esa explicación, y aunque sabía que al menos debía escribirle también sabía que no era prudente. Tan sólo fue oportuno que lo enviaran de nuevo a Las Tierras del Oeste como emisario…Después de un par de semanas como representante de Lord Tyrion entre los Lannister se dio cuenta que algo se estaba tramando pues escuchó murmullos sobre Los Segundos Hijos. Y sí, el Rey, o en su defecto Lord Tyrion, lo había tenido como emisario para darle a conocer a las casas más importantes del Reino que presentaran un puñado de sus guerreros más intrépidos y valientes.
Los planes para lidiar con Los Segundos Hijos, o El Banco de Hierro colocándose de marcha de nuevo.
"No vamos a declarar guerra total, sino que los vamos a enviar como espías." Ser Brienne le explicó dos meses después que estuvo devuelta en Desembarco del Rey.
¿Y no era el Rey con sus poderes el espía más eficiente? …Aparentemente no.
Y aunque había hablado con Sansa en cuanto a no participar en la misión de Essos no lo pudo evitar, habló con el Rey, con Ser Brienne y Lord Tyrion, sospechosamente viendo a los dos últimos negándose a su pedido de ser enviado a Essos. Fue Lord Bronnn quien corroboró sus dudas; 'su Reina habló con ellos para no irlo a exponer, conmigo no, pero me hizo llegar el mensaje a través de Lord Tyrion.'
Podrick debía de sentir enojo, molestia, pero en realidad no lo sentía, sabía cuál sobreprotectora era ella para quienes quería y lo dejó pasar, hablando directamente con el Rey. A él no lo vio en conflicto alguno por ir en contra de los deseos de su hermana y le dijo que estudiaría cual podría ser su actuar, y si enviarlo.
Menos de un mes después estaba abordando un barco junto con Lord Tyrion y Lord Bronnn. Días después el barco también siendo abordado a media noche y en alta mar por tres hombres, esto habiendo sido acordado antes, no siendo ninguna sorpresa. Podrick estudió a los cuatro Segundos Hijos mientras Lord Tyrion saludaba al parecer al más altanero de ellos.
Se reunieron en una sala, ellos teniendo la desventaja en una pelea pues se decía que un solo Segundo Hijo peleaba como si fueran tres. A su derecha Podrick notando incluso a Lord Bronnn incómodo, pues sabía de las probabilidades de una traición a ese parley.
La conversación solo era concerniente a Lord Tyrion y al hombre, Podrick notando cierto candor en la forma en que se hablaban, con un compañerismo de antaño, pero Lord Tyrion parecía tratar a todo el que le agradaba de aquella forma. El hombre se llamaba Daario Naharis, comandante de varias facciones de Segundos Hijos, quien poco después de morir Daenerys Targaryen abandonó su puesto en Mereen otorgado por ella misma, decidiéndose a evitarse problemas políticos y mejor largarse con el gran botín existente.
Ahora el hombre le hablaba a la cara a Lord Tyrion, diciéndole que, como ya le había dado a entender antes, él nada tenía que ver con lo que hacían las otras facciones. Mantenía una relación cordial con los otros comandantes, pero no se metía en sus asuntos. Aun así, Podrick vio y escuchó al hombre por más de dos horas vendiendo a aquellos comandantes, diciéndoles ubicación y cuál era el punto débil de cada uno de esos hombres y campamentos.
A Podrick no agradándole el hombre, su petulancia y su falta de honor. Para él era de no confiar, pero había alguien que podía corroborar toda la información que le llevaran, y ese era el Rey. Mucho menos confiaba en los dos hombres que lo cuidaban, uno de ellos mirándolos a los tres con odio en los ojos, otro con mirada de satisfacción, seguramente por la forma en que Lord Tyrion les pagaría su traición. Podrick cada vez que el hombre del odio en sus ojos se movía se colocaba alerta, tanto que vio llamó la atención de éste, quien le mantuvo la mirada desafiantemente, estudiándolo abiertamente de arriba abajo y después colocándole atención de nuevo a las palabras y mapas que el mismo Daario Naharis trazaba.
Esa mañana Podrick se sorprendió de ver al hombre marchándose con las manos vacías, pues ciertamente no era del tipo que hablaba sin beneficiarse primero, así que se lo preguntó a Lord Bronn.
"Se quedará con la mitad del botín de cada campamento que desmantelemos."
Por supuesto. "¿Se gastó ya todo con lo que se quedó de la Reina Dragón?"
"Entre más oro se tiene más se quiere tener. Y este es finito." Tyrion respondió a lo que Lord Bronn asintió. Esa misma noche otra embarcación se les acercó, ésta vez para llevar a Lord Tyrion devuelta a Desembarco del Rey.
Para cuando Lord Bronn y él tocaron tierra en Essos lo hicieron para dejar atrás todas las comodidades y situarse en uno de los barrios humildes esperando por correspondencia con Desembarco del Rey, Lord Bronn no estando muy contento por ello al haberse acostumbrado a otro estilo de vida. Aun así lo que hacían era repasar constantemente cual sería el proceder de Podrick de aquí en adelante y entrenarse. Lord Bronn ausentándose en las noches a los establecimientos que siempre le habían llamado la atención, por supuesto invitándolo, aunque ya sabía que se negaría.
Y a Sansa no le agradaría cuando se diera cuenta donde estaba. Por eso mismo la carta que le había dejado con Ser Brienne, con el pedido de que solo la enviara si esta misión se concretaba para él.
Y lo vino a hacer, ya siendo él sólo y sin la compañía de Lord Bronn. Éste teniendo otro papel a desempeñar en Essos, uno que no incluía el poder estar pendiente el uno del otro todo el tiempo.
El plan inicial había sido darle la identidad de un disgustado hombre de Poniente, del Norte, que se creía con actitudes de derrocar a la Reina del Norte pues él era el bastardo del hijo mayor de aquella familia, y por ende creía que estaba en él tomar el lugar de una mujer. Aquello fue descartado. Lo menos que metieran a Sansa en aquello, mejor. Pero con aquella idea se había querido apelar al ataque hacía ella que le hicieron los bolsillos del Banco de Hierro.
El plan de respaldo era hacerse pasar por el segundo al mando del alias por el cual Lord Bronn funcionaba en aquellos territorios. Después de todo a ambos ya les habían visto la cara. Pero aquello también podía dejar migajas y rastrearlo hasta el Rey de Los Seis Reinos.
Así que estaba haciendo el papel de un nadie que quería destacar en el campo de batalla, y a parte de estar muy viejo para convertirse en Caballero –y la falta de dinero y apoyo que aquello acarreaba– se había decidido por unirse a Los Segundos Hijos. Algo que no pasaba a menudo, pero pasaba.
A Podrick le gustaría decir que esos meses en Essos fueron los más emocionantes de su vida, llenos de aventura e intriga. Pero resultó ser todo lo contrario. No que no sintiera siempre peligro a sus espaldas, pues éste nunca lo dejaba. Pero más fue la monotonía de ver pasar uno a uno los calurosos e interminables días sin ninguna eventualidad presentarse. No le tomó mucho darse cuenta que su estadía en el campamento al que lo enviaron resultaría siendo inconsecuente. Y se imaginó que fue a propósito. Era un idiota.
Mercenarios carecen de honor y trabajaban simplemente por dinero. Al su principal inversor dejar de pagarles Los Segundos Hijos dejaron de trabajar para ellos. Tan simple como eso.
Su infiltración consistió prácticamente de entrenar de día y de noche, estando siempre pendiente de los visitantes que llegaban a hablar con los mandos de aquel campamento.
¿Temía por su vida?
Sí lo hacía. Cuando recordaba para en lo que verdad estaba en el lugar. Pues mantenía enfocado en hacer su papel y aquello traía tensiones. Era cuidadoso de no ir a propasarse con la espalda, pero en un entrenamiento con hombres violentos aquello era imposible. Algunos Segundos Hijos se burlaban de él, diciéndole que regresara a Poniente porque esa espalda no le servía de nada, y eso, precisamente esa debilidad fue lo que se hizo ganar la amistad de un puñado de hombres, en los cuales se escudó.
No recibía, ni mandaba correspondencia a Desembarco del Rey, ni a ninguna parte. A veces se preguntaba de qué servía el estar aquí metido sino se podía comunicar. Pero a veces vería un cuervo, o a algún animal con la mirada puesta en él y aquello lo dejaría sospechando. También sabía que no era el único infiltrado en este campamento, pero tampoco sabía las identidades de quiénes estaban participando en esta jugarreta.
La vida con estos hombres era diferente y dura. No se podía acostumbrar, pero tampoco se podía quejar. No se podía imaginar un año bajó ese sol abrasador y un estado casi de mendigo. Trataba de no pensar mucho en la vida que lo esperaba en el Norte. Lo único en que se distraía era pensando en cómo estaría ella, como habría tomado la noticia, y en el pasado.
Si el golpe de la nueva vida que se le atravesaba se dio justo tras que ella se marchó, el sentimiento de decepción que lo embargó tras el Rey anunciar su salida honrosa de la Guarda fue algo que no se vio venir, al haber estado embobado con ella. Pero la noche que el Rey hizo el anuncio lo sintió con fuerza, mientras lords y ladies lo invitaban a sus mesas para que diera explicaciones a lo sucedido, porque claro que querían saber, y el Rey solo había explicado lo mínimo. Y esa noche no la visitó, dándole como explicación al día siguiente el que los súbditos del Rey lo habían mantenido ocupado, pero esa no era la verdad. La verdad fue que no quería que ella notara aquella decepción, que no era por haber cambiado una cosa por la otra. Sino por abandonar lo que lo hacía sentir orgullo.
Lord Bronn claro estaba, yéndolo a buscar, pero él no estando de ánimo para sus comentarios chistosos e irónicos que en el momento se habían sentido como puños al estómago. A lo último tomaron en silencio hasta que el Lord pareció notar que su humor no cambiaría. Y ahí fue cuando hizo el comentario, justo antes de marcharse, 'Debió haberlo pensado mejor. Ese tipo de decisiones no se toman estando caliente.'
Y aquel comentario volvió a colocar en perspectiva todo. Sí, andaba caliente por ella, pero eso era lo mínimo, la amaba y ella lo amaba, e iban a estar juntos, eso era lo importante. De todas formas y por esa noche decidió entregarse a aquella decepción.
La mañana siguiente se encontró en la reunión de la Guarda, sus compañeros unos mirándolo aun no comprendiendo su salida y otros dándole una palmada en el hombro. Ser Brienne explicándoles que Podrick seguiría prestando sus servicios como Guarda hasta que se finalizara este congreso y ya después se elegiría su reemplazo.
Y viéndolo en perspectiva se le hacía absurdo dar la lesión en su espalda como salida de la Guarda, se sentía como algo tan mínimo comparado a otras heridas violentas que habían tenido otros Guardas en sus tiempos. Pero eso ya no importaba.
"¿Sabe el Rey de nuestros encuentros?"
Sansa se sonrojó nuevamente y sacudió la cabeza, "No pienso en eso." Detrás de su propia copa Podrick se sonrió ante la vergüenza de ambos.
Y Podrick en sus ratos de descanso decidía mejor concentrarse en los momentos felices y absurdos vividos con ella, dejando su mente viajar de esa forma.
"Si me quería antes, ahora me debe de querer más." Podrick se atrevió a burlarse.
"¿Porqué?" Sansa preguntó, pero al ver la forma en que se sonreía entendió, "¡Oh!" dijo, sonrojándose, pero no queriendo demostrarse afectada se continuó cepillando el cabello, "Sí se siente bien, le doy eso." Y aquellas no eran palabras que normalmente le daría, pero no quería que el ego se le subiera a la cabeza. La sonrisa de él aumentó, "Tampoco es para que se le suba a la cabeza y se venga a creer de a mucho. La sensación pasa incluso por si sola en sueños."
¿Qué? Podrick se preguntó haciendo una pausa, "¿Sueña conmigo, mi señora?" preguntó, y vio el ceño de ella frunciéndose levemente, sonrojándose incluso más y balbuceante, no pudo evitarlo y se carcajeó. "Aparentemente mi reputación la tengo más que merecida si la puedo hacer terminar en sueños."
"¡Cállese!" Sansa exclamó avergonzada y tirándole el cepillo, viéndolo incluso más complacido. ¡Y odiaba esto! Se colocó en pie, dándole la espalda y yendo a buscar vino. Tomando profundamente de la copa. De repente sintiéndolo detrás de ella, dos brazos rodeándola por la cintura, sus labios unos centímetros más debajo de su oreja, haciéndola estremecer.
"No es malo que me desee de la misma forma en que yo la deseo."
"No he admitido el haber estado soñando con usted." Lo sintió sonriendo contra su piel.
"¿Y en quién más?" le preguntó imitando el mismo tono en que ella le había dicho aquello. La sintió girándose en sus brazos, sonrojada, los ojos entrecerrados dándole a entender que no continuara por ese camino, lo que lo hizo sonreírse incluso más.
"¿Sabe que podría estar haciendo algo mejor con su boca que hablar?" Se atrevió a preguntarle, refiriéndose a besar, pero subió sus cejas en sorpresa cuando lo sintió creciendo contra su muslo. ¿En serio?
Sorprendido la vio ahora burlándose de su reacción con una sonrisa medio torcida, "Ugh, me va a matar..." la aproximó más a él, "pero dígame, ¿qué ideas tiene para mi boca?" la vio girándole los ojos con poca paciencia, y vio el momento, "porque yo tengo una que sé le encantará, pero que sospecho la avergonzará y se me negará desde un inicio." Y ella lo estudió, Podrick esperando que le preguntara de qué hablaba, pero no lo hizo, prudentemente mejor tomándolo del cuello y besándolo.
Y aquel era uno de esos recuerdos que lo dejaban con una sonrisa en la cara. De esa forma, pensando constantemente en ella pasaron meses de monotonía.
Y aquella monotonía se terminó en hechos que se desencadenaron repentinamente delante sus ojos.
Una tarde, mientras atendía un par de caballos para matar tiempo, escuchó sobre una comitiva de cuatro hombres acabados de llegar. Los vio desde la distancia dirigirse hasta la carpa principal, una reunión darse, saludos estrepitosos, comida, bebida, mujeres, un relajo dándose mientras los invitados se tomaban un descanso y los anfitriones los recibían.
Dándose tiempo terminó con lo que hacía y con nervios y siendo imprudente buscó una buena ubicación a un par de metros y a un lado de la carpa, uniéndose a unos hombres que estaban alrededor de unas fogatas asando un trozo de carne y afilando sus armas. Trató de concentrarse en la conversación, parar oreja, pero por la algarabía no pudo, y decidió mejor marcharse. De nada le servía arriesgarse y aquello no tener sus frutos.
Se alejó del lugar, lo suficiente como para no llamar la atención, pero también lo suficientemente cerca como para prestar atención a lo que sucedía dentro de la carpa. Nada sucediendo, solo los hombres hablando. Incluso se quedó dónde estaba hasta mucho tiempo después de que los hombres se marcharon a descansar.
A la mañana siguiente se despertó con los cuchicheos que aquella visita había traído consigo, ciertas facciones de Los Segundos Hijos estaban formando una coalición para averiguar por qué los mandamases de ciertos campamentos habían empezado a desaparecer, su oro también. Esas facciones, nueve en total, habiendo desaparecido casi por completo de la noche a la mañana.
Podrick sabía que estaba en una de esos campamentos que se desmontaría, sino porque su presencia allí, lo que no sabía era como, ni cuando, lo harían y siempre estaba pendiente de una señal.
Noticias sobre El Banco de Hierro reanimando a La Compañía Dorada para que averiguaran quienes habían matado a sus mandamases no ayudaba de a mucho. Más cuando se decía que el Rey de los Seis Reinos también se había sumado a la iniciativa tras el ataque en su propio suelo. Podrick no sabiendo si esto último era real o no pues llevaba meses sin comunicación con Poniente. Lo dudaba. Pero la tensión se empezó a sentir, no solo en él mismo sino en todo el campamento.
"¿Pero por qué?" cuestionó una tarde en voz alta, "¿Acaso la Compañía Dorada no quedó mal nuevamente a los mandamases del Banco de Hierro haber sido asesinados bajo sus propias narices? …¿Y tras no haber servido para nada cuando Daenerys Targaryen tomó La Fortaleza Roja? ¿Porque confiar en ellos nuevamente?"
Y no esperaba respuesta, pero alguien que lo escuchó la dio, sentándose con los hombres con quien él estaba y hablando bajamente, "He escuchado que las facciones de Los Segundos Hijos que tuvieron algo que ver en el ataque a Poniente estaban financiados por el Banco de Hierro."
Por supuesto que por ser de Poniente todos lo miraron a él, y lo único que atinó a hacer fue encogerse de hombros, "…No sé nada de lo que se dice allá, yo ya estaba acá en Essos para cuando eso paso." Y le creyeron.
"Así que obviamente al Banco de Hierro no le conviene que esos murmullos se den a conocer por el Rey, y están reanimando a La Compañía Dorada, para tener quienes lo defiendan, lavarse las manos de nosotros, y posiblemente son ellos mismos quienes se han deshecho de nuestros comandantes."
Esa noche mientras Podrick iba de un lado del campamento al otro se chocó con un hombre por accidente. Pidió disculpas de inmediato pero lo que obtuvo a cambio no fue una advertencia de que colocara atención sino un barrido de los pies y empujón al piso, su cabeza estrellándose con la arena hirviendo, el hombre agachándose a su lado y amenazándolo con que si sabía lo que le convenía no continuaría hablando. Aquella noche la pasó paranoico, mirando por sobre su hombro constantemente. La mañana siguiente el hombre con quien tuvo la primera conversación cayó muerto ante una confrontación violenta con uno de los invitados de los comandantes.
A él lo asignaron a la vigilancia nocturna en el lado Oeste, el lado de más fácil acceso al campamento. Esperándose un ataque de La Compañía Dorada en cuyo caso sospechaba estarían perdidos. Y trazó un plan, un trayecto de como huir del lugar tan pronto se avistara aquel ataque. Y si eran rodeados…también estaba preparado para aquello, aunque la idea de enterrarse en una trinchera subterránea que llevaba cavando al escondido por meses no era que le pareciera sensato.
Los nervios de Podrick de punta. Tres de los acompañantes de la comitiva que había llegado marchándose en un afán, diciendo que hablarían con las otras facciones para estar listos ante cualquier eventualidad. Uno sólo quedándose. Y para colmo de males vio llamó su atención, pues no paraba de seguirlo con la mirada cuando podía. La mano de Podrick siempre en la empuñadura de su espada.
Un hombre negro, alto y corpulento, con vozarrón potente, todo en él gritaba poder y violencia.
Podrick no contaba con carpa, dormía al campo abierto. Para la segunda tarde después de la partida se despertó al escuchar pasos cerca y abrió los ojos, pero no encontró nada ni nadie, aunque se había sentido era observado. Aún más enervado no encontró descanso y salió a buscar comida y el estar en compañía de gente despierta. Tras comer marchó a un riachuelo, orinar, mojarse la cabeza y la cara para espantar el sueño y solo fue cuando se puso en pie y se dio la vuelta que tuvo al hombre imponente en frente suyo. Podrick tratando de mantener la calma, de no tomar su espada, saludó al hombre con una inclinación leve de su cabeza, su tono, aunque no desconfiado sí confuso de porque alguien de alto rango lo estaría buscando a él.
"Lo conozco."
Aquella voz profunda saliendo como si retumbara desde lo más profundo del pecho lo hizo pararse más derecho, "No lo creo." Dijo, queriendo demostrarse seguro.
"…Talvez hemos cruzado caminos en Poniente."
"…Talvez." Respondió, y el hombre no proveyó nada más, lo que desconcertó a Podrick por la forma en que era mirado atentamente, estudiado. Hizo el movimiento para marcharse y creyó que el hombre lo interceptaría y trataría de matarlo en el lugar, pero aquello no ocurrió. Podrick mirando por sobre su hombro y viendo al hombre siguiéndolo con la mirada. Ahora sí la mano en su espada y listo para defenderse. No fue hasta que se sentó en el medio de un semicírculo de compañeros que se le pasó por la mente de qué talvez el hombre no se le había acercado para amenazarlo, matarlo, sino porque era uno de los infiltrados del Rey y había querido dejárselo saber, pero él por sus desconfianzas sobre reaccionó.
De todas formas, no le quedaron ganas de averiguarlo.
Los tres hombres regresaron tras cerrar un trato para esta facción, un trato que les ganó bastante oro a los comandantes, y unas monedas incluso a él mismo, a todo su grupo. Se pondrían en movimiento en una semana para un nuevo trabajo, y después de éste se les sería pagado el resto. Y Podrick se preguntó nuevamente qué era real y que no de todo lo que se decía en el campamento, pues si se creían estar bajo ataque no habría tiempo para estar buscando un nuevo trabajo. Y sólo había una forma de hacer sus averiguaciones y aquello era acercándose a la carpa principal, pero no era tan idiota como para hacer aquello cuando no sabía en quien confiar.
E invierno llegó a Poniente, también escuchó esa misma tarde, los maester lo habían declarado hacía unos meses. A lo que no le prestó demasiada atención por sentirse en peligro. Sólo la realización de lo que aquello significaba llegándole a la mente mientras daba una cabeceada en medio de estar vigilante en el lado oeste. Sansa. Si el invierno había llegado quería decir que no la vería hasta…quien sabía qué tanto tiempo. Y aquello lo despertó aumentando su angustia y nerviosismo. No, eso no podía pasar. No habían contado con eso.
Todavía no se acababa de hacer a aquella noticia, a su proceder, a si sería cierta o no para cuando, a él, un don nadie, lo hicieron llamar a la carpa principal donde los Comandantes y los invitados de alto rango se reunían, lo que de inmediato lo alertó. Todo estaba saliendo mal. El optimismo con que había llegado a esta misión acabándose de derrumbar. Podrick no tenía a donde huir con un hombre guiándolo a cada lado. No encontrando oportunidad para no llamar la atención y sorpresivamente tratar de matarlos y huir del lugar, demasiados testigos que lo detendrían al intentarlo. La mano puesta en su espada, sudor en su frente y temblando. Sólo instinto de supervivencia traspasándolo y el pensamiento de ella esperándolo en vano. No amanecía cuando subió las bajas escaleras e ingresó a la carpa sólo. Ésta por primera vez con la entrada cerrada.
El hombre negro esperándolo a solas, éste mirando la mano en su espada y sonriéndose, burlándose de él condescendientemente.
"…Es un Payne. De las Tierras del Oeste." Nunca olvidaba un rostro, y menos con aquel apellido.
Aquello no había que desmentirlo, el hombre lo sabía con certeza, pero tampoco admitió aquello. "¿Está de parte mía o en mi contra?" se decidió a preguntar, pues si el hombre lo quisiera muerto ya lo estaría, no había necesidad de tanto misterio.
"…De su Rey." Le admitió. Y le señaló hacia la espada, "No baje la guarda de aquí en adelante."
Y sin más Podrick vio al hombre sentándose, pluma y papel en mano. Podrick sabía que mayores órdenes no vendrían de aquel hombre y se sintió desubicado. "¿La Compañía Dorada?"
"…Haciendo sus investigaciones. No encontrarán nada. No habrá cabos sueltos que seguir."
Miró a su alrededor, no encontrando nada fuera de lugar a excepción de lo que parecía ser sangre en las botas del hombre, en la parte baja de sus pantalones, "¿Los Comandantes?" se atrevió a preguntar, pues era extraño que no estuvieran en el lugar. El hombre aparentemente habiéndose adueñado de éste. "¿Sus acompañantes?"
"…Ya se ha lidiado con ellos." Le admitió, y le hizo una seña para que se marchara, no era prudente que los vieran juntos.
Aquello lo sorprendió, el no haberse visto involucrado en nada, pero suponía que había algo que tendría que hacer, ¿sino para qué enviarlo hasta acá? "¿Qué tengo que hacer?"
"Lo que ha hecho hasta ahora."
Podrick protestó, aunque veía que la paciencia del hombre para con él se terminaba, "¡Pero no he hecho nada!"
"El Rey dice que usted lleva escuchando las conversaciones de los Comandantes, de sus supuestos compañeros. Confiaron en usted, y tiene información que de otra forma no se hubiera podido recoger." Pujó con ironía, "Que tiene un don con la gente que no requiere de violencia."
Podrick se encontró balbuceando, ¡creyó que lo habían mandado a hacer algo más importante que parar oreja! ¡Oh, Sansa estaría feliz de esto! Pensó indignado, con el orgullo herido.
"Una vez que acabemos aquí a usted se le pedirá toda la información que tiene, y la que no sabe que tiene. Por ahora para afuera, necesito terminar aquí."
Así que no iba a obtener un plan de lo que sucedería, ni órdenes mayores. Podrick se marchó decepcionado, aunque decidió no alejarse demasiado, solo lo suficiente como para ver quien entraba y salía de aquella tienda de ahí en adelante. Si el hombre también estaría llamando a otros infiltrados para advertirlos.
No baje la guarda de aquí en adelante. Había algo raro en ese hombre, aunque no sabía qué, una mala espina. Talvez fue una corazonada lo que lo hizo acercarse sigilosamente hasta la carpa donde se estaban quedando los tres acompañantes que habían venido con el hombre. El inconfundible olor a sangre y algunas moscas en el aire le advirtió lo que se encontraría. Adentro. Y así fue. Seis cuerpos, unos apilados sobre el otro en dos montículos. Alcanzó a ver un rostro con ojos abiertos, la mandíbula abierta desencajada, una cortada de lado a lado en su cuello, sobre éste otro muerto, tripas afuera de su cuerpo. Podrick de inmediato cerró la carpa y se alejó lo más rápido que pudo a fingir continuar haciendo su turno de vigilante, aunque se marchó esta vez al lado sur dónde no sería encontrado si lo salían a buscar.
Ansiedad esparciéndose por su ser, cerrándose en su pecho no dejándolo tranquilo, haciéndolo exaltarse por lo más mínimo. Vio dos carretas dejando el campamento y aquello le pareció extraño. Otro hombre entrando a la carpa principal, saliendo con una maleta de ésta. Podrick de rato a rato siguiéndolo con la mirada, viéndolo recorrer todo el campamento, como buscando algo o a alguien.
No pasó mucho cuando vio una algarabía desde el otro lado del campamento, y vio a cinco hombres saliendo de la carpa donde estaban los cuerpos, espantados y con disposición de averiguar lo sucedido. Instantes después vio a los hombres dirigiéndose a la carpa principal y por instinto los fue a seguir para ayudar al hombre enviado por el Rey, talvez en una carrera ganarles y lograrlo advertir. Pero no había dado tres pasos para cuando una bola de fuego consumió la carpa principal, y de allí en adelante todo empezó a estallar en unísono. El tiempo deteniéndose, bolas de fuego, una tras otra e indiscriminadamente y en desorden. Aturdido y sintiendo el calor del fuego, sin poder reaccionar Podrick se encontró preguntándose de donde provenían las piedras de brea justo para cuando una hizo temblar el suelo bajo sus pies, la fuerza, el calor, el horrible sonido pegándole con todo, sus pies dejando el suelo ante el impacto, y eso fue todo.
No sintió más.
Para cuando empezó a ser consciente de sí mismo no sabía que pasó, tan sólo se despertó sintiendo todo su cuerpo adolorido, no pudiéndose mover, sus oídos timbrando, la cabeza palpitante, abrió los ojos y ya estaba de día, humo gris desde diferentes direcciones levantándose hacia el cielo. Se trató de sentar pero lo único que pudo hacer fue quejarse. La boca demasiado seca y necesitaba agua, se miró las manos, pudiéndolas mover, movió las piernas y estas también le respondieron. Respiró profundo y presagiando el dolor de un solo movimiento se giró boca abajo. El sonido del arroyo cerca empezándose a ser audible, quejidos de dolor también, miró a su derecha y de repente vio a hombres en pie, atravesando con sus espadas a los que continuaban medio vivos como él. Uno de los que había sido su compañero mirándolo mientras era atravesado por la garganta.
Aquello le brindó las energías y el afán que necesitaba para empezar a arrastrarse, ponerse en movimiento, no se habría arrastrado un metro cuando vio unos pies apareciendo en frente de él. Escuchó una burla y miro hacia arriba, sabiendo que lo traspasarían con una espada a continuación, el rostro del hombre por el sol no haciéndosele visible. Podrick se quejó bajamente, la imagen de Sansa viniéndole a la mente, sus ojos. Ella siendo lo último que le pasaría por la mente, y ¡no! Tanteó su cadera por su espada.
"Podrick puto Payne, lo dejo solo unos meses y mire en las que se me mete." Bronn dijo aliviado y agachándose al lado de su amigo. Escuchándolo quejarse bajamente y dejando ir la cabeza al piso tras reconocer su voz. Preocupado silbó e hizo una seña con sus brazos para que una carreta se acercara a ellos.
Podrick levantó la cabeza de nuevo, viendo a Lord Bronnn a su lado, una sonrisa burlona pero también de conmiseración.
"Vea si no fue difícil de encontrar. Se suponía que debía estar en el lado oeste." Llevaba buscándolo con desespero toda la mañana, incluso ya había perdido las esperanzas para cuando lo encontró. Escuchó un quejido y pidiendo por agua. De hecho, por eso lo había dejado hacía unos minutos, para ir a buscar el líquido y echarle unas gotas de la flor de amapola. Lo ayudó lo mejor que pudo tras girarse de nuevo boca arriba, Podrick inclinando la cabeza y él dándole de beber. No fue ninguna sorpresa verlo beber profundamente, él por su parte recordándole tomarse su tiempo, que no se moviera tanto pues a su parecer tenía un par de costillas rotas, y quien sabía qué más. Pero por los ojos cada vez más idos de su amigo lo sabía no escuchándolo, ni estando enteramente en sí. "Va a estar bien. Va a estar bien." Le dijo, tomándolo del hombro.
Podrick aún se encontraba aturdido para cuando fue dejado a solas con Sansa después de que el Rey mismo los casara improvisadamente. Los dos no habiendo cruzado muchas palabras durante aquel almuerzo. "¿Mi señora está de acuerdo con lo que su hermano hizo?" se atrevió a preguntar, notando que cambiaba de mi señora a Sansa simplemente de vez en cuando. La vio tensándose.
"¿Por qué? ¿Usted no?" preguntó alarmada.
"No, no, no, quiero decir ¡sí!" se apuró a explicarse mientras se le acercaba, "…es que todo eso fue tan repentino, ¿no?"
"…No sabía que eso iba a suceder, si es lo que cree." Si había que dejar en claro algo era aquello.
"No, no, no sé ni que creer. ¿Pero está contenta?"
"…Sí…" y con esa admisión él la tomó del a cintura y ella de los brazos, "…quita un peso de encima, ¿no?"
¡Ella no sabía cuánto! Podrick se sintió sonriendo, y vio que eso la hizo sonreír de vuelta mientras se abrazaban. "¿Esto es en serio?" volvió a preguntar, no creyéndose aún lo sucedido. "¿Realmente eso pasó?"
"¡Yo tampoco puedo creerlo!" la forma en que Podrick se estaba sonriendo, como nunca lo había visto antes era contagiosa.
"¡Estoy feliz!" era verdad que el peso había sido removido de sus hombros, sentía calma y felicidad, tanta como nunca antes. La abrazó incluso más fuerte.
"¡Yo también!"
Podrick se despertaría de rato a rato, no estando seguro de qué pasaba, pero siempre con Lord Bronn al lado y quien asumía era un maester. Cerraría los ojos en el campo de batalla aun humeante para abrirlos en una carreta. Luego en una habitación, luego en otra diferente. En una de esas ocasiones en que no sucumbió a lo que fuera lo que le estaban dando para mantenerlo dopado y con poco dolor, Lord Bronnn le preguntó si quería continuar en Essos o regresar a Poniente.
"¿El..invie…rno?" alcanzó a preguntar con dificultad.
"Ya ha llegado." Le admitió. "…No podrá llegar hasta su Reina."
Podrick no vio al hombre sonriéndose como era la costumbre, sino mirándolo preocupado, "¿Qué tan…mal es…toy?" se decidió a preguntar. Tocándose y quejándose bajamente cuando se lastimó un costado.
"Está bien. Dos costillas rotas, un hombro dislocado, esa cabezota suya habiéndose llevado un buen golpe… tan solo estoy haciendo que lo traten como un Rey…como me gustaría me trataran a mí." Vio a Podrick teniendo duda de sus lesiones, no creyéndole del todo, "Ya sabe, sólo espero una buena recompensa más adelante por haber ayudado al Rey del Norte." Bronn se burló, viendo una sonrisa aflorar en el rostro del joven, sus ojos idos.
"…Y yo que creí…que lo hacía…por…amistad."
"¡Ja! ¡Ese es un buen chiste!" contestó con ironía, y vio a Podrick quejándose al tratar de no reírse. Y pues la verdad era esa; estaba dejando su misión tirada por poner a salvo a Podrick. Porque había estado preocupado por él, maldiciendo a todos los dioses cuando no lo encontraba en el campo de batalla.
Y al parecer Bronn aprovechó el tenerlo consciente para explicarle lo que estaba sucediendo; se estaban ocultando, pues era imperativo no dejarse ver, que Los Segundos Hijos no supieran de quien provenía aquel ataque. Podrick en medio de su malestar entendiendo que todo había estado planeado pero que se les salió de las manos el tener que adelantarse a los planes que ya tenían trazados. Que a él se le había mandado a advertir. Que lo de las explosiones fue algo de última hora pues el hombre que tenían adentro fue descubierto cuando no tenían un ejército cerca, y éste no podía dejar enemigo alguno escapar del lugar. A decir verdad, tratar de llevarle el hilo a toda esa conversación lo estaba mareando, y Podrick tan sólo asintió. "¿Para qué…mandarme si no…me iban…a poner…a hacer nada…importante?"
Bronn se encogió de hombros, "Esa no es una pregunta que me tiene que dirigir a mí." Pero tenía razón, le dio una palmada en el hombro, "¿Así que mi Rey, Essos o Poniente?" preguntó al ver que lo abrumaba con tanta conversación.
No era ningún Rey, pero hablar dolía, "…Poniente." Se dijo sin pensarlo mucho.
¿En serio? Bronn preguntó fingiendo sorpresa, "¿Me va a dejar tirado por una falda que no podrá ver quién sabe y cuantos años? ¡Valiente amistad la suya! Yo que me arriesgo a ponerlo a salvo…y mire usted como me paga…" Bronnn vio a Podrick quedándose dormido nuevamente, una burla en su rostro.
"Considero que ahora sí es prudente hacer el comentario muy digno de mi parte, que mi Reina no se acostará conmigo sin primero haberse casado conmigo."
"¿Qué?" Sansa preguntó al ser tomada desprevenida.
La vio entrecerrándole los ojos y decidió más bien continuar que repetirse, "¿Ha hecho de mi un hombre de honor?"
"¿Se supone que son bromas?" le preguntó, tratando de esconder que sus comentarios le parecían tanto absurdos como divertidos.
"…Sí, solo dos bobadas que se me pasaron por la cabeza, estoy seguro que en los próximos días pensaré en más."
Esa noche Bronn se aseguró de que Podrick fuera sedado fuertemente antes de encaminarse a una canoa y después, sin saber qué tanto lo estaban lastimando, ser ayudado a subir en altamar a un barco. Ni dándose cuenta.
Para cuando le empezó a ser mermada la dosis y la mente de Podrick se empezó a aclarar ya ni sabía qué tanto tiempo había pasado ni donde estaban. En un barco obviamente por el vaivén de éste y por encontrarse amarrado al catre, lo que no hizo más que provocar un tirón de susto en los primeros instantes. El maester que siempre había permanecido a su lado diciéndole que estaba en buena compañía. Que no se preocupara, pero que sería un viaje lento y tenso gracias a las tormentas que se precipitaban al haber entrado el invierno. También entregándole un paquete pequeño con varios sobres adentro y un pergamino a su nombre.
Éste último proveniente de Bronn, la letra tembleque e insegura se lo decía, también las palabras mal escritas, pero al menos había hecho el intento. Allí le decía que el paquete completo debía ser entregado al Rey, y le explicaba que haber dejado el campo de batalla ya había sido demasiado para él y que lo dejaba al cuidado del maester y la tripulación que era leal a la Corona del Rey. Pero que no hablara de lo sucedido con nadie.
Se le hizo un viaje eterno por el malestar del vaivén del barco, pero cuando las aguas se calmaban y estaba despierto se sentaría, e incluso recorrería la habitación y los pasillos, la sola idea de subir las gradas para ver el panorama y recibir viento y lo poco que había de sol haciéndosele impensado. Para cuando tocaron tierra habían pasado casi dos semanas desde que estaba en ese barco. Ser Brienne lo estaba esperando en el puerto, y no fue eso lo que le llamó la atención, sino que nevaba ligeramente.
Por la absoluta quietud que había mantenido desde la explosión movilizarse se le hizo fácil y no con tanto dolor como lo creyó, aunque sí había cierta dificultad. Caminaron de inmediato a la sala de los maesters, donde le dejaron saber con seguridad que se trataba de dos costillas rotas y se recuperaría al cabo de tres semanas o menos, pues ya llevaba otras tres de convalecencia. El maester le pidió continuar limitando sus actividades físicas en todo lo posible, y dejar de lado y por completo la leche de amapola.
Brienne se llevó los documentos que Bronn le había mandado al Rey y Podrick se encaminó hacia un baño pues sentía que apestaba. Se veía limpio, pero no lo estaba por completo, el olor a sudor que desprendía de él siendo hasta nauseabundo.
Una vez en su habitación se sorprendió al no obtener el descanso que el maester le había pedido pues hubo un desfile ante su puerta, soldados, guardas, lords y ladies de la corte, trabajadores y trabajadoras del castillo, todos asumiendo que lo que se decía era verdad y que él venía de Essos, todos queriendo sacarle información, pero él negándose a confirmarles nada. Aunque le decían que era obvio que había estado en Essos por su aun perceptible bronceado.
Cuando Podrick más tarde fue citado ante el Rey se encontró que el Maester de Guerra estaba presente. Lord Tyrion dándole una bienvenida y diciéndole que se moría por oír todo lo que había vivido. Ser Brienne también presente. Y la conversación empezó como eso, como una conversación amistosa que pronto se convirtió en una de tácticas al Maester de Guerra tomar el ritmo de la conversación, haciéndolo sentir que hablaba sólo con él, haciéndole describir uno a uno a todo aquel extraño que había visto acercándose al lugar, la geografía de los lugares por los cuales se había movido, lo que había vivido esos últimos días, cualquier nimiedad que se le hubiera hecho extraña en su momento. Todo y varias veces.
El Rey estando presente en cuerpo, pero a la vez no estándolo.
Y después de explicarse al derecho y al revés, de arriba abajo, fue que le dejaron saber que aquella campaña de guerra infiltrada estaba teniendo sus frutos, diez campamentos ya acabados y tan solo cuatro más quedando de la lista que les dio Daario Naharis, a quien por cierto nunca llegó a ver en Essos, no que creyera que se lo encontraría. Podrick les comentó sobre La Compañía Dorada y preguntó sobre el Banco de Hierro.
Y descubrió que no solo Los Segundos Hijos fueron los infiltrados, sino también el Banco de Hierro. La Compañía Dorada solo era una pantalla de humo. Pero el Rey no dudaría en tirar de estos si su acuerdo con Daario Naharis de controlar lo que quedaría de los Segundos Hijos fallaba.
Así que eso fue todo de su viaje hacia Essos,nada de heroísmo, en vez de eso una centena de noches sin calma, aburrimiento, tensión, desilusión, varias explosiones y unas costillas rotas. El Maester de Guerra se retiró, dejándolos a los tres reunidos. No vio para qué hacer reclamos en cuanto haberlo mandado a hacer nada a Essos.
"Ahora puede parecer que lo que hizo en Essos no fue mucho, pero su presencia tuvo su efecto, así usted no lo reconozca." El Cuervo de Tres Ojos habló, "Sansa está haciendo negociaciones con Arianne Martell y Dorne, y Dorne a su vez con Essos, he visto mucho del pasado para saber que hay una posibilidad que, en un futuro, en un momento determinado, usted tenga que actuar de nuevo."
Podrick frunció el ceño, mirando a Ser Brienne y a Lord Tyrion, quienes también cuestionaban al Rey con la mirada, "¿A qué se refiere?" preguntó. Pero no obtuvo respuesta, lo que ya anticipaba. Asintió exhalando profundamente, lo que le dolió, "…Quiero partir para el Norte." Podrick habló, no estando seguro de si tomó por sorpresa a sus acompañantes.
Tyrion pujó, "Eso es estúpido." Más que estúpido era suicida. No había entrada al Norte más allá de Puerto Blanco por ahora, viajar más hacia el Norte sería de intrépidos irresponsables.
"Más que estúpido es suicida." Brienne intercedió, Podrick era un sureño, poco sabría de cómo navegar las ventiscas, la oscuridad, el frío desolador, si Norteños morían tratando de desplazarse varios kilómetros, no le cabía duda que Podrick lo haría también. "El maester le pidió quietud, no está en ninguna capacidad de hacer aquel viaje."
Podrick miró hacia el Rey, no viendo reacción alguna de éste, "Ya averigüé, si parto de inmediato hay una posibilidad de poder llegar a Invernalia antes de que el invierno arremeta con todo." …No que estuviera dando por sentado que sería fácil.
"Por los Dioses, habla en serio." Tyrion dijo alarmado, "Lord Bronn si escribió que usted se llevó un buen golpe a la cabeza, pero no mencionó que lo dejó tonto."
Cuando le llegó la noticia que Ser Podrick había decidido regresar a Poniente en vez de permanecer en Essos Bran sospechó de sus intenciones, así que esto no lo tomaba por sorpresa. Pero sí afectaba sus planes para Sansa, aunque no demasiado. "Cuando usted y Sansa dijeron esperarían año y medio o dos para anunciar su relación, esperé que mantuvieran su palabra."
Podrick se sentó más derecho al oír al Rey y un dolor le traspasó el costado de inmediato. Casi un año había pasado desde su despedida, "No he tenido comunicación con ella, mi señor, pero ni ella ni yo sabíamos que el invierno se atravesaría en el camino. Y nunca se sabe que tan largo éste será…podría ser de unos años…o de décadas."
"¡El último fue apenas de dos años, Ser Podrick!" Brienne le dijo, casi y regañándolo para que no exagerara.
"…Ha habido inviernos de generaciones." Les recordó. Al no ver a Lord Tyrion inmiscuyéndose de nuevo en la conversación Podrick lo miró, viéndolo estudiar al Rey. Quien no había proferido ni una palabra más.
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Podrick no iba a mentir, en la multitud de emociones del momento tan sólo haciéndose absurdo que Brienne de todas las personas se confabulara con Lord Tyrion para brindarles una noche de bodas. Aunque después, por las palabras de Lord Tyrion se daría cuenta que el involucre de Brienne solo se manifestó hasta el punto de ir a hablar con la Guarda de la Reina para dejarle saber al Comandante que la Reina pasaría la noche en los aposentos privados del Rey y que no deseaba ser molestada.
Lord Tyrion fue más allá. Recordándole uno de los pasadizos secretos que dejaban el castillo hacia una playa cercana, quieta y tranquila. Donde sería posible tomarse un respiro…
Podrick agradeció. Aunque no estando seguro si dejar el castillo fuera apropiado con el ataque habiendo ocurrido tan recientemente. Ella definitivamente no querría dejar las premisas, y sabía mejor que comentarle al Lord que tenían más privacidad y respiro en la habitación de ella con su inmenso solar, que en aquella playa...Y aun así…
Mientras la guiaba por el pasadizo sin decirle a donde en realidad iban la iba alistando poco a poco, Nieve con ellos, y de repente en vez de continuar bajando empezaron a ascender hasta que una puerta los detuvo en el camino, puerta pesada que él mismo abrió, ésta traqueando fuertemente y dejando pasar de repente el aroma cálido, luz, y el sonido del mar, esto último fue lo que a ella la alarmó. No creyendo estar fuera del castillo.
"¿Confía en mí?" Podrick le preguntó, sin pasar del umbral de aquella puerta. Ella asintiendo, pero quejándose bajamente, "Veinte minutos. Quiero estar veinte minutos al aire libre con usted." Y aunque la vio asintiendo después de pensarlo largamente también la notó que asentía insegura.
Sólo que no salieron al aire libre de inmediato, como ella talvez se lo había esperado. Sino a una pequeña cabaña que lo hizo sonrojarse cuando notó la habían arreglado y limpiado, velas encendidas, comida sobre la estufa, vino sobre la mesa, una cama por supuesto y demás muebles. Todo en un ambiente sencillo y romántico. A su lado la vio levantando las cejas, y le admitió que de esto no había sabido nada.
Tomaron del vino antes de dejar la cabaña, ambos sospechando que Brienne no sabía nada de esto porque por seguridad lo habría reprobado. Y la noche se sentía fresca. En cuanto Podrick abrió la puerta Nieve salió disparado, chillando bajamente y gracias a la reluciente luna llena fue que lo vieron dirigiéndose directamente hacia el mar. Sansa saliendo detrás llamándolo, pero el direwolf no escuchando a su ama.
Minutos después mientras caminaban a lo largo de la playa Podrick le dijo a Sansa que al menos esto contaba como aquella salida a los acantilados donde no lograron estar solos. Ella dándole un corto beso que lo hizo sonreír. Podrick se giró completamente hacía ella, rodeándola de la cintura, "…Usted es mi esposa ahora…"
Sana le sonrió de vuelta, "…Algo así…" le contestó, sintiendo placer de notarlo tan feliz como lo estaba ella por como la situación se había desencadenado hacía unas horas. Podrick podía estar enojado de no haber contado con un matrimonio real, pero veía que no era así.
Ella no había querido un matrimonio, pero el Rey la había hecho torcer la mano en una cuasi-ceremonia falsa, pero a la vez real para ambos. La estudió, viéndola sonriéndole tentativamente. "Cuando me levanté esta mañana no me imaginé que terminaría el día casado con usted."
"Yo tampoco." Se mantuvieron la mirada por unos segundos, "…Pero dígame con sinceridad, ¿no le importa que no haya sido una ceremonia real ante los Dioses?"
Pues sí le importaba, no lo iba a negar, "Fue una real para los presentes. Además, con usted no creyendo en los dioses, ni en el matrimonio, antes una ceremonia real sería en el fondo una farsa, ¿no?" la sonrisa de ella se agrandó más, lo que le dio su respuesta. Podrick la tomó del rostro con una mano y fue a besarla pero ella lo detuvo de los hombros.
"Yo soy suya y usted es mío. Desde este día hasta el último de mis días." Sansa susurró y vio lo tomó por sorpresa.
Al escucharla el corazón de Podrick se aceleró, se sintió tensando y sonrojando pues esto no se lo había esperado, ella mirándolo y esperando su respuesta, la tomó de las manos y se las apretó antes de repetir las palabras, "Yo soy suyo y usted es mía. Desde este día hasta el último de mis días." Y cerraron el espacio entre ellos, compartiendo un beso casto y prolongado.
Al separarse segundos después le acarició a Podrick el cuello del jubón, "¿Es un pacto entonces?"
"Un pacto, una promesa, un juramento. Lo que mi Reina desee."
Le asintió, sin decir más. Ya todo estaba dicho.
Y no queriendo dejarla ir la guio hacia una piedra donde tomaron asiento, él acomodándose detrás de ella para poder sostenerla de la cintura y colocar el mentón sobre el hombro. Y de esa forma se quedaron por unos minutos, el sonido de las olas, Nieve lanzándose contra estas, el silencio, el viento y la calma. Y un nudo en su estómago cuando ella giró la cara buscando por su boca suavemente. "La amo." Le susurró tras unos segundos y la sintió sonriéndose contra sus labios.
"Yo también lo amo." Le contestó, volviendo a besarlo.
Después de unos momentos volvieron a mirar hacia Nieve, cada dos o tres olas tirándose de frente contra estas, chillando y dando vueltas sobre la arena.
"Debería conseguirme te de luna…" Sansa de repente dijo.
"Oh…¿Si?" preguntó pues por mucho que hubieran avanzado ya se había hecho a la idea de que lo más probable era que esta relación se consumara en el Norte…además, solo les quedaban cuatro noches juntos, contando ésta.
Sansa asintió, "No puedo llegar al Norte embarazada." Había que apegarse al plan.
Podrick imitó su gesto de asentir, "…Lo sé, y ya lo tengo…" le contestó con gracia aquello último, la mezcla de hierbas habiendo sido un obsequio de Lord Bron, lo cual sabía era mejor ella no se enterara. "Se lo daré cuando volvamos al castillo." Esperó a que ella le preguntara como lo había conseguido, o si confiaba enteramente en la persona que mezcló las hiervas, pero no lo hizo.
Cuando dejó su lugar al lado de ella y se agachó para remangarse la bota del pantalón la vio mirándolo.
"No se va a ir a meter, ¿cierto?" preguntó desganada.
"Sólo los tobillos." Le comentó, brindándole la mano para que lo acompañara y la vio dudando. Momentos después caminaban justo a la orilla, a veces el agua llegando hasta ellos, la mayoría de las veces no, ella tomándose el vestido con las manos y levantándoselo un tanto. "…Deberíamos meternos." Dijo, no hablando en serio, pero queriendo ver la reacción de ella.
Ella sí tenía una fantasía con eso, la idea no molestándola, "De día y estando los dos solos...talvez en una próxima venida al Sur." Donde no hubiera tantos lords para ser testigos, enemigos de repente asechando en las proximidades. Y porque confiaba en los instintos de Nieve y lo veía tan calmado es que sabía no había nadie más alrededor.
Se sonrieron, "Eso estaría más que bien, me voy a tomar su palabra." Y él tenía otra idea, "Una pelea de bolas de nieve en el Norte. Talvez–"
"–Usted perdería vergonzosamente en los primeros instantes."
Podrick se carcajeó, "Mmm, la intención no era de competencia sino de pasar el rato juntos, pero ya veremos entonces quien será el perdedor." La sintió empujándolo del hombro con el de ella, lo que lo hizo reírse más.
"Sabe, nunca tuve tiempo de decir nada, pero ese numerito de tirarse de los acantilados con el príncipe Quentin no me agradó nada." Aquello le llegó a la mente de repente, haciéndola interrumpirlo, "Prométame que no volverá a hacer algo tan irresponsable nuevamente."
Podrick respiró profundo fingiendo sorpresa y Bronn llegándole a la mente, "…Unas horas de casados y mi esposa ya empieza a cohibirme…" vio que la tomó por sorpresa y aprovechó eso y el agua que llegaba hasta ellos para con un pie tirar agua en su dirección, y aunque había sido cuidadoso de no ir a levantar arena la escuchó quejándose altamente, lo que lo hizo salir corriendo a ver si ella lo alcanzaba. Lo hizo.
Después de estar por un buen rato afuera ingresaron de nuevo en la cabaña, ella después de muchos cariños y besos habiendo accedido a pasar la noche en ésta lo que lo había sorprendido. Y después de la comida, de burlas, y de vino la vio apagando las velas que más cerca estaban a la cama, envolviendo el lugar en una sensación incluso más íntima.
Y ellos dos frente a frente, mirándose fijamente. "Le admitiré que llevó años deseando sacarla de uno de estos corsés incomodos, de un vestido." Ella solo le sonrió y se dejó. Eventualmente Podrick teniendo que sentarse en la cama porque aquello tenía más nudos y giros elaborados de cualquier otro corset que hubiera llegado a desatar. Ella ayudándolo tras acabarse de desanudar la trenza. Cuando por fin el hilo salió completo la vio respirando profundo, no por la tensión sino talvez por el descanso que salirse de una de esas cosas le proveía, a continuación, siguió el vestido, ayudándoselo a remover no como siempre se imaginaba actuando apasionadamente sin cuidado, sino al contrario, con sumo cuidado y llevándolo hasta un asiento acomodándolo de cierta forma en que no se fuera arrugar.
Cuando llegó el turno de él la ropa sí cayó al piso y donde estaban. Ella con las palmas de las manos abiertas, apoyándolas contra sus caderas e introduciéndolas dentro de su ropa interior, tirando de esta hacia abajo, haciéndolo tensar y levantarle las cejas en sorpresa. Ella mirándolo a los ojos, sutilmente asintiéndole y Podrick completó el trabajo, acabándose de desnudar. Sin quitar la mirada de ella le empezó a levantar la bata, al principio tan solo recogiendo la tela en sus manos y al ella no negarse prosiguió a acabarla de recoger y después sacarle dicha bata por sobre los hombros.
La sintió tensándose, pero no le dio importancia, le acarició la espalda baja mientras le dejaba un beso en el hombro, en su clavicula, el valle entre sus senos, su vientre mientras se sentaba en la cama, del estómago no se le despegó mientras de las caderas halaba hacía abajo la ropa interior de ella, dejándola desnuda, sus labios sintiendo aquel estomago tensándose mientras ella levantaba los pies del piso para liberarse por completo de aquel último artículo, luego moviéndose para acostarse a su lado. Podrick la siguió, girándose hacia y con ella. Ambos mirándose a los ojos largamente.
Y repasaron todas las caricias que ya se habían dado antes, él sobre ella, ella sobre él, Podrick prolongándoles el placer a ambos, ninguno queriendo que las sensaciones terminaran. Habiendo libertad de que estaban completamente solos, en la habitación de ella siempre teniendo que tener en cuenta a los guardas, aquí no. Se podían quejar, reír, no temer a los sonidos de la cama, de la humedad.
Y aunque ella iba con la corriente Podrick no quería apurarla.
'No hay nada de usted que me asuste.' Dicho en otra ocasión por allá en Invernalia vino a retumbar de nuevo en la mente de Podrick cuando la sintió tomándolo en su mano y acariciándolo, estudiándolo suavemente al tiempo que su lengua se introducía lentamente en la boca de él constantemente, la boca de ella en su cuello, hombros o pecho, en su boca nuevamente, lo que eventualmente lo hizo terminar incluso cuando la advirtió de que no continuara… Momentos después mientras era él acariciándola a ella la estudió cuando empezó a hacer presión con uno de sus dedos en su interior, hasta ahora solo la había tocado en el exterior, y manteniéndole la mirada buscó por señas para detenerse, pero no encontró ninguna…
Y él no sabía si iban a consumar aquel matrimonio esa noche, y veía ella tampoco habiendo tomado una decisión. Así que después de satisfacerse continuaron con sus caricias y besos, con Sansa susurrándole cuan bien se sentía sentir su piel y calor contra el cuerpo de ella, acariciándolo en la espalda lentamente, tomando en aquella cercanía, en la conexión.
Y ambos deseaban al otro constantemente, para aquel momento ya estaba eso claro. Por eso no se sorprendió que ella lo despertara más entrada la madrugada con besos y caricias, acomodando parte de su cuerpo sobre el de él. El cabello largo de ella cayendo sobre ellos constantemente, lo que sabía a ella no le agradaba, pero a él le encantaba. Entre más besos y caricias ella le pidió consumar el matrimonio. Él viéndola aun indecisa y respondiéndole que no dudara en detenerlo si algo no le agradaba, ella admitiéndole su curiosidad.
Y Podrick había pensado tanto en este momento que ya sabía cómo la tomaría, o como lo tomaría ella a él si se decidía por aquello, pero la vergüenza de ella no la dejó. Así que simplemente la guio para que se acomodaran de costado frente a frente, guiándole una pierna sobre las caderas de él y se frotaron contra el otro al principio, y poco a poco la tensión de ella empezó a marcharse. Podrick fue paciente y se tomó su tiempo a medida que se introducía en ella, mirándola a los ojos mientras lentamente hacía su avance, y besos, bastante besos y caricias cuando la sentía tensándose nuevamente. Para cuando por fin ambos estuvieron unidos ambos estaban bañados en sudor. Podrick llevando la mano de la pierna de ella a su rostro, a secarle un tanto el sudor y a acariciarla. Sabía no decirle cuan bien se sentía, que la quietud lo estaba enloqueciendo, no, tan sólo la dejó acostumbrarse a su presencia.
Podrick tan solo moviéndose casi milimétricamente cuando los besos y caricias regresaron, mayormente haciendo presión con sus caderas, o moviéndose circularmente. Y con eso tuvo suficiente, con la forma en que ella a ratos se quejaba, como lo abrazaba más fuerte, con como sus caderas se movían contra él, la forma en que se mantenían la mirada. El impacto le llegó cuando ella le removió la mano de entre sus piernas, y prosiguió a tocarse a sí misma, y oh, la forma en que empezó a quejarse cada vez más, a sacudirse, a besarlo con desespero, lo empezó a enloquecer, sin pensarlo se giró sobre ella, empezando a penetrarla con un tanto de firmeza, ella sosteniéndose de su brazo con una mano, y la otra moviéndose rítmicamente entre ellos. Y él quería detenerse, darse un respiro para ver si de repente lograba hacerla terminar de aquella manera, pero en cuanto se detuvo ella se negó, rápidamente le explicó que no podría continuar por mucho más, y ella le respondió que no importaba.
En retrospectiva, no debió haberle hecho caso, pero la forma en que ella estaba actuando, la forma en que se contraía sobre él, el no haber obtenido placer de esta forma por mucho tiempo, lo cegó, haciéndole más caso a su instinto que a su cabeza.
La ayudó a terminar momentos después que lo hizo él, prometiéndose que la próxima vez sería más paciente con ella.
Y esa fue su primera vez juntos.
Los minutos que prosiguieron antes de ella quedarse dormida primero que él, estuvieron llenos de bromas y más caricias, de cierta sensación de paz, y la estudió por unos minutos, viendo en su rostro placidez, lo que le reforzaba que esta había sido una buena experiencia para ella, que no lo había aguantado y fingido para hacerlo feliz…aunque nunca llegó a pensar aquello realmente, pero sí creyó que…ella encontraría más difícil el disfrutarlo. La besó en el hombro, ella inmediatamente murmurando algo y girándose por completo hacia él, abrazándolo, enterrando la cara en su cuello.
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A Puerto Blanco llegó con más de una semana de retraso a lo que se había planeado, gracias a las aguas turbulentas y difíciles de navegar que traía el invierno, no sabiendo si el cuervo que envió Lord Tyrion para anunciar su presencia habría llegado al destino primero que él, ahora dudándolo más que antes. El frío estremecedor que lo recibió no fue algo que se llegó a imaginar, éste templándole los huesos y sintiendo todo su cuerpo entumecido, en dolor, no proveyéndole ni un momento de descanso. Y la verdad no se había imaginado tanta gente en las calles como las que se encontró, lo que invariablemente le brindó esperanza.
Fue recibido en Nueva Fortaleza en cuanto anunció haber sido enviado por el Rey, siendo llevado a una habitación de tamaño medio donde la enorme chimenea le proveyó de inmediato alivio a sus huesos. Lord Manderly ingresando media hora después de que se le hubiera provisto con bebida caliente. El lord saludándolo amigablemente, como siempre lo había tratado.
Tomó del caballero antes Guarda el pergamino que le extendió, "Dos razones para estar aquí, Ser Podrick, una, el rey lo manda para dejarle saber a la Reina que necesita hombres para su guerra en Essos. O dos, usted viene por la Reina. Honestamente me gusta más una idea que la otra." A Wylla no le iba a agradar nada ésto.
Después de la última conversación que había tenido con el lord no sabía qué esperarse realmente. Nervioso se sentó cuando el lord le señaló un asiento y abrió el pergamino, donde se anunciaba su regreso al Norte como Embajador del Rey.
Lord Manderly se sonrió, no viendo para qué se jugaban estos juegos, "…Ya estaba yo convencido de estar equivocado, o diciéndome que usted es un verdadero idiota al dejar pasar a la Reina sola el invierno." De nuevo, no hubo respuesta, el joven siempre habiendo sido cuidadoso. "Honestamente, mejor un caballero de una casa menor que ha dejado en claro que la protegerá a toda costa, a un cobarde mariquetas de una familia prominente que a cambio de algunas toneladas de comida en una década o menos se crean con derechos a infiltrarnos el Norte..." Vio al joven frunciendo el ceño, "No se sorprenda de lo que pueden escarbar mis investigadores…como la presencia suya en Essos. A ver, ¿se le comieron la lengua los ratones? Al menos cuénteme, qué ha sido de todo el asunto con Essos..."
No sabiendo qué hacer de todo lo que había dicho el lord en tan cortos segundos Podrick balbuceó, buscando qué decir, qué tanto revelar sobre Essos…y decidió medias verdades, información incompleta, y confiar al lord con ésta, y se extendió con la información poco importante que le pasó, información que ya era de conocimiento público en Desembarco del Rey. El lord asintiendo entretenido con lo que le dejaba saber.
"Bien, el Norte no está como para enviar soldados a pelear una guerra. Aunque admitiré que aquello nos daría un respiro en cuanto a los depósitos de comida…" se atrevió a decir, el joven manteniendo su hermetismo lo que lo hizo sonreír. Estaba siendo cuidadoso, eso era bueno. "…Nunca creí los comentarios sobre usted y la Reina. Ella es demasiado seria y reservada." De hecho, fue Wylla quien vino hacia él diciéndole que tenía pruebas irrefutables de que Reina y Guarda sí tenían algo que podía dañar la reputación de la Corona, al pedirle aquellas pruebas su nieta se negó, diciéndole que eran unas cartas que se cruzaban de Desembarco del Rey al Norte, pero que no se las mostraría, que le bastara con su palabra pues ya las había quemado. Y su nieta había querido hacer algo, aunque a ciencia cierta él no veía qué, había distancia de por medio y con eso bastaba. Consecuentemente fue Wylla quien contrató investigadores para sacar a relucir trapos sucios de Ser Podrick, pero absolutamente nada fue encontrado, lo que a él le causó gracia. "Sabe, ¿Si el Rey se está prestando para todo esto por qué me voy a negar yo?" Y después de haberlo visto arriesgar la vida nuevamente por Rey y Reina, muy poca duda le quedaba ya de la valía del joven. Sería su nieta, o nietas, a las que se le haría duro tragar todo esto.
Continuó, "Sólo le advertiré que llegar a Invernalia con este clima será una travesía para la que no está preparado...contadas personas lo están. Tan sólo tenemos seis horas de luz, más arriba serán incluso menos, y navegar aquella ventisca y consecuente oscuridad...Ser Podrick, me atrevo a darle el consejo de que regrese a Desembarco del Rey, pero sé no lo tomará."
Podrick venía preparado para aquellas palabras, el Rey incluso también se las había dado, "No, mi señor, no lo haré. Sé que estaré arriesgando mi vida y las de esos que me acompañen…pero necesito llegar a Invernalia."
Si algo había que darle era que no se rendía fácil. Como la mismísima Reina. Se incorporó en su asiento, "Comprendo, como también espero usted comprenda que no puedo ordenarle a ninguno de mis hombres que se expongan para guiarlo a una muerte casi segura. Que se queden en Invernalia por la totalidad del invierno, abandonando a sus familias."
Podrick le asintió, "Sí, comprendo, mi señor. Por eso pensaba en que usted me ayudara a hacer un anuncio, tres o cuatro hombres voluntarios del pueblo que serán recompensados tras esta travesía." Y Podrick sabía que aquello traía más por pensar que solo el problema de llevarle a Sansa más bocas por alimentar.
Lord Manderly volvió a acomodarse contra el espaldar del asiento, "Así crea que viene preparado para todo no lo estará. Allá afuera se encontrará con peligro tras peligro, ni siquiera norteños tomarían esto con la calma que usted, un sureño, parece estarla tomando. La mayoría de puntos guía están bajo tres metros de nieve, fue el último reporte de hace una semana. Con cuatro hombres no se podrá defender de osos, una manada de lobos, vengase a saber qué más habrá allá afuera. Necesitará armas, comida que no podrán llevar en carretas ni mucho menos cargar con ustedes, Ser Podrick. No es que quiera desalentarlo, solo que vea la realidad. Su perdida para la Reina…me animo a decir que sería devastadora."
"Lo sé mi señor, y no crea que no le agradezco el consejo…pero necesito estar en Invernalia."
"Ah, lo que es ser joven y disfrutar de las mieles del amor." Dijo, el joven apretando las mandíbulas fuertemente, pero vio un destello en sus ojos, "Lo voy a ayudar, no crea que no. Sólo deseo que tenga en cuenta que esto no será fácil, mire, ni se despega de la chimenea…allá afuera ni una antorcha se mantiene encendida cuando comienzan los ventarrones." Le gustaría tener cinismo, decirse que hacía esto para más adelante beneficiarse con la Reina y el Rey, pero en el fondo sabía que admiraba al caballero, lo que estaba dispuesto a hacer por ella. Vio al caballero respirando profundo, como si las esperanzas regresaran a él. "No le daré órdenes a mis hombres para acompañarlo. Pero no tengo duda que encontrará a algunos voluntarios aventureros que quieran hacerlo. Las aguas del Cuchillo Blanco no se han congelado por completo todavía y cuento con navíos que dejan Puerto Blanco cada par de días pescando. Ninguno aproximándose hasta Castillo Cerwyn o al Camino Real cerca a Invernalia, pero creo que dejarlo lo más cerca a Castillo Cerwyn es posible. Aunque lo dudo. Y todo corre por su cuenta, amigo mío."
"Cada kilómetro que se pueda avanzar será bueno." Interrumpió, y debió de haber prestado más atención a un mapa del Norte porque no tenía más punto de correlación aparte de que Castillo Cerwyn estaba a medio día de viaje de Invernalia cuando no estaban en Invierno, y a caballo. Él mismo habiendo hecho el recorrido en varias ocasiones. "Gracias, mi señor."
"¡Ningún gracias, mi señor! Este es el plan con la mejor salida, ¡El que nunca sale como uno se espera!"
"Nunca las cosas me han salido como las espero, sería una buena primera vez para que sucediera."
Lord Manderly pujó, tratando de salirse del asiento, pero no pudiendo, unos momentos después haciéndole una seña a Ser Podrick para que lo ayudara, "Ah, no, no, no, de verdad de esas costillas, lo menos que deseo es mandárselo a la Reina más aporreado." Continuó luchando por sí solo, "Imagino que la Reina no sabe nada de esto…"
"Imagina bien, mi señor."
"Buena sorpresa la que esa va a ser si logra llegar hasta Invernalia." Empezó a caminar, Ser Podrick a su lado, "…Sólo me puedo imaginar que éste invierno no será tan aburrido para ustedes dos…" y el caballero se sonrojó, "¡Ah, vamos, Ser Podrick! Está actuando como una virgen todo sonrojado y callado, ¿no se supone que usted es el mejor amante que Poniente entero ha conocido?"
"Simples habladurías mi señor." Y si no alardeaba antes, mucho menos ahora.
Le dio una palmada en el hombro, por fin viéndolo sonreírse, aunque parecía muy a su pesar. "Vamos a mandar a hacer el anuncio de la búsqueda de guías de inmediato, y hablemos con el capitán que zarpa en dos días, de pronto de aquí a allá ya tenemos todo arreglado. Al menos ya tengo razón para dejar el castillo. Lo que no les agradará a mis nietas, y de paso su presencia aquí tampoco."
Podrick asintió deteniéndose tras unos momentos, y muy bien sabiendo que contar con la aprobación de Lord Manderly, era llevarse casi medio Norte al bolsillo, "¿Cuento entonces con su aprobación, mi señor, de cortejar a la Reina?"
"Será de cortejarla públicamente, porque ese cuentico no se lo come nadie. Pero sí, si ella quiere y si el Rey no está en contra…Y usted siempre me ha agradado, ya lo sabe, es un buen muchacho…Algo me dice que la próxima vez que nos veamos, si es que logro pasar el invierno porque estos huesos–"
"–No diga eso mi se–"
"–viejos ya no están para esto, seré yo quien estaré llamándolo de señor."
"Eso no me interesa, mi señor."
"Sí, lo sé." Le admitió, la casa Payne no tenía poder alguno para derrocar a la Reina, y eso también lo agradecía, "Pero vamos, que si estamos de suerte cuando nos volvamos a ver hasta de pronto me bienviene con un príncipe en brazos."
"O princesa." Lo corrigió.
"Eh, no, la vida es más fácil para nosotros los hombres. Pero sí le diré que espero al menos un reconocimiento entre tragos y ante todos los lords de que tuve una manito que ver en la unión que se dará."
Podrick se sonrió, inclinándole la cabeza, "Si las cosas se dan, ya ambos sabemos que nada sale como se anticipa."
"Pues sí."
Un par de semanas después Podrick a ratos se decía que habría sido mejor escuchar al lord y al Rey. Pues perdió a uno de los hombres, y los otros seis no descartaban el estar perdidos.
El barco sí había hecho más de la mitad del camino hasta Castillo Cerwyn, creían, cuando empezaron a notar cada vez más los bloques de agua congelada que golpeaban el casco del barco enervantemente. No pasó mucho para que el capitán desistiera del avance. De acuerdo a los mapas, aproximadamente estarían a una semana y media de Castillo Cerwyn en esas condiciones, a pie, y ellos mismos arrastrando la plancha con las provisiones otorgadas por Lord Manderly. Todo esto a Podrick le pareció descorazonador, pero prefirió callárselo.
Y era verdad, no había estado preparado para esto. Para la total oscuridad, así técnicamente fuera de día, las antorchas apagándose constantemente, lo difícil que era avanzar un solo metro, cuanto dolía. Como siempre tenían que andar en búsqueda de resguardo por si una nevada se llegaba a dar, su cuerpo entero nunca entrando en calor ni descanso. El tener que detenerse con temor al escuchar el más mínimo ruido.
Una tarde se tuvieron que devolver corriendo, dejando atrás provisiones y buscando una sucesión de cuevas que habían pasado hacía menos de una hora. Había empezado a nevar cada vez más duro y tres de los hombres se colocaron de acuerdo de que esa no era una ventisca sino el principio de una tormenta. Podrick había querido continuar el camino, tercamente, no creyendo que la diferencia se pudiera notar. Pero para cuando llegaron a las cuevas Podrick ya reconocía su error y agradeció en voz alta no perder la vida. Uno de los hombres contestándole que no hablara tan rápido y prendiendo nuevamente las antorchas, no solo por calor y visibilidad, sino para asegurarse de no ir a tener un animal con ellos en el interior. Y los habían, arañas, murciélagos, bichos, y en lo profundo un oso que estaba hibernando. Podrick vio a los hombres matándolo, no viendo en qué momento se colocaron de acuerdo para cómo y dónde atravesarlo con sus espadas. Una hoguera siendo encendida pero no para cocinar sus partes sino para ellos entrar en calor y por visibilidad.
Uno de los hombres le explicó a Podrick que la carne que consumirían sería cruda para no llamar la atención de otros animales cerca. El cuerpo siendo sacado con gran esfuerzo entre todos, siendo alejado y enterrado debajo de una buena capa de nieve que fue marcada.
En aquella cueva se resguardaron, la total oscuridad afuera enervándolo cuando le daba por asomarse. No supo cuántos días pasaron en el lugar pues nunca hubo la más mínima muestra de luz. Si algo se lo decía era el tener que regresar hasta el oso para seguirle sacando partes, sus antiguas provisiones ya dándolas por perdidas. Y si algo les proveyó todo esto fue descanso, el secar sus ropas y calentarse. Para el día en que por fin aclaró Podrick preguntó si ya podían marcharse, pero uno de los hombres le dijo que era mejor esperarse porque de pronto estaban en el ojo de la tormenta.
Y esperar hicieron, Podrick ya no negándose a esos hombres tener la razón, siempre, pero a la vez no creyéndose estar en el ojo porque la claridad con que se encontró fue impactante, desde aquella altura podían ver con claridad hasta que el horizonte se perdía. Una estructura diminuta a la distancia que era visible les dijo que estaban cerca a Castillo Cerwyn, o si se habían desviado; Invernalia.
Cuando fue claro que la tormenta pasó ya era de noche y sus acompañantes se colocaron de acuerdo en colocarse en movimiento a primera hora del día siguiente, desde ese mismo momento sacando el banderín de la Casa Manderly.
Podrick por prudencia decidió mantener los pies en el piso y no llenarse de esperanzas.
Ella siempre lo tomaba del cuello, y esa vez no fue la excepción, "Un año y medio." Podrick le dijo como despedida esa mañana.
Sansa le asintió, "No me vaya a quedar mal."
"Primero muerto."
"No diga bobadas." Lo reprendió, girándole los ojos ante la burla que ella no sintió así, pero evidentemente él sí.
Podrick la besó por última vez.
