CAPÍTULO 32

A nuestro alrededor reina el silencio. Ha acabado todo, no oso mirar. Un quejido casi imperceptible llama mi atención. Abro los ojos y lo primero que veo es el rostro de Alex contraerse. Maldiciendo trata de levantarse, pero sus brazos ceden y cae sobre mí. Verlo dolorido me destroza el corazón y reacciono instintivamente levantándolo. Es pesado, pero consigo colocarlo de lado mientras su cuerpo cae al suelo. No importa lo que está sucediendo a nuestro alrededor, mi única preocupación es él. Me arrodillo y trato de levantarlo.

—¿Sasuke, qué sucede? —Pregunto mientras lo zarandeo. Sus manos me agarran las muñecas y es entonces cuando nuestras miradas se cruzan. La suya está apagada y su rostro ha empalidecido. —Tranquilo, estoy bien. —Trata de asegurarme. Me fijo en la camiseta, tiene sangre en el costado, mucho sangre. Acerco la mano al borde de la camiseta, pero él la bloquea.

—Te he dicho que va todo bien. No le hago caso y levanto la camiseta. Una sensación de náusea me entra al ver la sangre derramarse. ¡Dios mío!, ¡es un agujero de bala! Intento regular la respiración mientras lo observo.

—¡Te han disparado! —Afirmo con voz temblorosa. Me entran ganas de llorar, pero me contengo. ¿Qué debo hacer? No puedo estar de brazos cruzados. Tengo que ayudarlo, no puedo dejarlo así. Arranco su camiseta tratando de obtener la mayor tela posible sin moverlo. Se retuerce mientras aprieta los dientes.

—¿Qué estás haciendo? —Pregunta sorprendido. Su voz es débil y eso no es bueno. Nunca lo he visto así y estoy preocupada. —Tengo que detener la hemorragia. Mis manos tiemblan mientras observo la herida. No sé cómo abordar la situación, pero si puedo ayudarlo de alguna manera, lo haré. Se ha puesto en medio, sabía que Rodrigo dispararía, y sin embargo, me ha protegido sin pensarlo dos veces. Liam se acerca y en silencio trata de ayudarme. Tengo que mantener el control aunque sea difícil. Estoy embarazada, me he encontrado en mitad de un tiroteo y el hombre que amo, padre de mi hijo, peligra su vida por haberme protegido.

—Tenemos que llevárnoslo, Sakura. ¡Si llega la policía, estamos acabados! — Advierte su hermano.

—Necesita un médico urgentemente, está perdiendo mucha sangre. —Digo a la merced del pánico.

—Me encargaré yo de él. —Interviene Vladan. Saber que está vivo, de algún modo, me tranquiliza. No lo considero un padre, pero lo quiera o no, lo es. Dejo que Vladan se acerque e intento desplazarme, pero Alex me lo impide.

—Por favor, no te vayas. Te necesito, Sakura.

Me aparto arrastrándome dejando que sus hermanos lo levanten. Es entonces cuando miro a mi alrededor. Rodrigo yace en el suelo despojado de vida. Miro su cuerpo y tiemblo. Me arrastro un poco más mientras aprieto la tierra con las manos. Sangre. Muerte. Su mundo es solo esto. Alex me necesita, pero no sé si seré capaz de soportarlo. Me encuentro sumergida en un mundo donde matar está a la orden del día. ¿Cuántas vidas tendrán que cobrarse?, ¿cuándo podré decir que todo esto se ha acabado?

—¡Sasuke, tienes que mantenerte despierto! —Grita Liam alarmado. Lo abofetea, pero Sasuke cierra los ojos, no reacciona. Grito desesperada y me acerco a él, le rodeo el rostro con la manos.

—Sasuke, mantente despierto, hazlo por mí. —Suplico mientras le acaricio el rostro. Le beso la frente, los ojos, las mejillas, y por último, los labios.

—Por favor, quédate aquí, no me abandones. No reacciona, lo zarandeo mientras grito y lloro.

—Estúpido ruso, despierta, ¡maldición! Lo beso reiteradamente mientras las lágrimas humedecen mi rostro y ruego para que se despierte porque no quiero perderlo. Ahora más que nunca quiero que viva, que me persiga y me ocasione problemas. Por favor, cariño, no te marches, no me hagas esto.

—¡Sakura, tenemos que llevárnoslo! —Insiste su hermano, pero yo no me muevo.

—¡Despierta!, ¡despierta! —Repito incesantemente. Vladan trata de alejarme, pero yo me opongo bruscamente y sigo acariciando el rostro de Sasuke. Estoy embarazada, quisiera gritarlo con la esperanza de que se despierte.

—No puedes marcharte después de todo el lío que has montado. ¡No consentiré que me dejes ahora! —Chillo mientras lo zarandeo todavía más.

Las comisuras de la boca se ensanchan en una ligera sonrisa, está sonriendo. Abre a duras penas los ojos y me mira con esa tonalidad de ojos oscura. —Estoy dispuesto a todo por ti, ¿te queda claro? —Su voz apenas se escucha.

—Te odio. He muerto diez veces en los últimos minutos. La idea de haberlo perdido para siempre me estaba matando. —Lo sé, pero también sé que quieres. —Replica con un hilo de voz tenue. —El avión nos está esperando. Tenemos que marcharnos. —Insiste Liam. Tiene razón, no hay más tiempo que perder. Necesita curarse lo antes posible. Liam e Ivan cogen a Alex por el brazo y se encaminan apresuradamente hacia el jet, pero yo no me inmuto.

Tengo los pies clavados en el suelo. Me siento perdida y desorientada. Vladan se vuelve hacia mí, me hace señas para que los siga. —Si te quedas aquí, tendrás que darle muchas explicaciones a la policía, ¡creo que por ahora te conviene venir con nosotros! —Exclama notando mi vacilación. Lo dice con indiferencia, lo cual aumenta las dudas y la confusión. No puedo volver a Rusia porque, de lo contrario, sé que no volveré a casa.

Bueno, ya no tengo una casa. Las piernas se mueven solas, estoy cometido una gran tontería, pero no sé qué hacer. Subimos al jet y tumban a Sasuke. A nuestro alrededor reina el silencio mientras los hermanos Volkov analizan el siguiente paso. —Necesito el botiquín de primeros auxilios, tenemos que limpiar la herida.

—Vladan imparte órdenes mientras presiona la herida con la tela que yo misma había usado. Alex sigue perdiendo mucha sangre. Me aparto y observo la escena. Me asombra la tranquilidad de todos ellos. Sasuke ya no se queja, pero su rostro se contrae continuamente por el dolor. Lo miro y ruego para que todo vaya bien.

—Pedazo de cabrón con suerte, eres duro de roer, ¡la bala te ha pillado de lado y ha salido! —Murmura Vladan negando con la cabeza. Lo está ayudando, pero parece que le decepciona un poco que Sasuke esté todavía con vida. —Ahora llega mi parte preferida. Esta vez el tono de Vladan parece guasón y luego entiendo el porqué. Tiene en la mano una botella de vodka. ¡Dios mío!, ¡la usará como desinfectante porque disfruta viéndolo sufrir! Alex la coge y bebe un buen trago. Perpleja observo a los dos hombres más valientes que he visto en mi vida.

—¡Dale ahí! —Dice con voz determinada pasando la botella a Vladan, el cual sonríe con satisfacción. Inyecta un calmante en el brazo, quieta el tejido de la

herida y versa una cantidad considerable de vodka. Son duros de roer, mantienen siempre la calma. Yo por un esguince he lloriqueado como una niña y ellos por una herida de bala ni se lamentan. Con una mueca de dolor Alex golpea el suelo con violencia. Está sufriendo las penas del purgatorio y es culpa mía. Me ha protegido a costa de perder su vida.

Tengo que hacer algo, no puedo estar aquí observándolo mientras sufre. Me posiciono junto a él y le cojo la mano. Me mira y en sus ojos veo desesperación. Me hiere el corazón verlo así. —Todo irá bien… —Susurro acercándome a su frente sudada. La beso delicadamente mientras aprieta mi mano.

—Te amo. —Dice en voz baja mientras Vladan presiona la gasa en la herida. Yo también te amo, no te imaginas cuánto. Estoy embarazada Sasuke, esperamos un niño. Quisiera decírselo, pero las palabras se ahogan. Están preparados para cualquier eventualidad, de lo contrario no me explico por qué disponen de todo lo necesario para ciertas situaciones.

—Ya está, ahora la mujercita puede descansar. El comento de Vladan llama nuestra atención. Sasuke lo mira severamente, pero después deja caer la cabeza hacia atrás suspirando.

—Gracias. Sé lo que le cuesta pronunciar esa palabra, pero es consciente que sin la ayuda de Vladan esto no saldría bien. —Has salvado a mi hija, te lo debo. —Responde el hombre. Su hija. Todavía no me entra en la cabeza lo de ser hija de Vladan y probablemente nunca lo asimilaré. Llevan a Sasuke a la habitación y lo colocan en la cama. Permanezco en el umbral de la puerta observándolo mientras Liam le comunica que estamos a punto de despegar. Ambos me miran y ya sé por qué. ¿Voy con ellos? Retrocedo, pero su voz me detiene.

—Quédate. —Suplica. Había ya pensado quedarme, pero no sé por cuánto. No es una decisión a largo plazo. No quiero vivir en su mundo, pero no quiero dejarlo en este momento, no estoy preparada. Espero a que Liam salga de la habitación y cierro la puerta a mis espaldas. Me apoyo en ella y permanecemos así durante mucho tiempo.

Mirándonos el uno al otro. Estaba dispuesto a sacrificar su vida por mí, su gesto me ha conmocionado. Ha puesto en duda todas mis decisiones. Avanzo poco segura mientras él espera. No pregunta, deje que sea yo quien decida. Me siento en el borde de la cama y es entonces cuando busca mi mano.

La encuentra, la aprieta y entrelaza sus dedos con los míos. —Tengo que explicártelo… —Dice. Me parece lo correcto, necesito explicaciones, pero este no es el momento.

—Tienes que descansar. —Respondo. No creo estar preparada. Quiero saberlo todo, pero no ahora. Han pasado muchas cosas y no sé cómo enfrentarme a ellas. —Tendría que haberte odiado, y en cambio te amé inmediatamente. Llegué a Madrid con la intención de secuestrarte y usarte como mercancía de intercambio, pero aquella noche en la discoteca, por primera vez en toda mi vida, no estaba preparado para lo que pasó. Agacho la cabeza y suspiro. No estoy preparada porque sé que me hará daño.

—Cuando te acercaste a la mesa con seguridad, pensé que eras la típica chica idiota sin corazón. Una niña mimada no podía ser peligrosa. Pensaba que atraparte en mi telaraña habría sido fácil, te habría persuadido y engañado; y en cambio, caí en mi propia trampa. Tus ojos me hechizaron, tu manera de actuar me desarmó y yo quise vivirte… Hace una pausa. —Mi plan fracasó cuando probaste el Fuego. Se veía que era un mundo que no te pertenecía, y sin embargo, no estabas dispuesta a mostrar tus debilidades.

Valiente, directa, descarada. Me mirabas con aquellos ojos inocentes y yo estaba cada vez más confundido. Cuando me besaste, no era un beso cualquiera, era un beso lleno de pasión. Fue el beso más bonito de mi vida, y fue el instante que me arruinó para siempre. Quería cada vez más y la idea de hacerte daño no se me pasaba por la cabeza mínimamente. Quería protegerte, amarte y tenerte toda para mí.

Me acaricia el rostro y con el pulgar me seca las lágrimas que descienden por mi rostro humedecido. Mi corazón está cansado de luchar, está paralizado en un limbo. —Por favor, perdóname, Sakura —Susurra. Ya te he perdonado llevando en el vientre el fruto de nuestro amor enfermizo, pero tú no lo sabes. —Tienes que descansar y yo necesito hablar con Vladan. No es fácil abordar la situación en la que me encuentro

. —No puedo hacerlo si no estás a mi lado. —Declara. Ha usado un tono dulce y eso es muy extraño teniendo en cuenta que no es típico de él. No digo que no sea dulce, pero lo deja ver pocas veces. —No me abandones, acéptame cómo soy y deja que te muestre nuestro amor.

Me gustaría, pero no puedo. Es difícil aceptar algo que va en contra de mis principios, y sin embargo, todavía estoy aquí. En silencio rodeo la cama y me tumbo junto a él. Me pongo de lado y lo observo. Eres el veneno y la cura al mismo tiempo, Sasuke. Me encojo sobre mí misma sin tocarlo. Se vuelve hacia mí y me mira a los ojos.

—Estás pálida. —Afirma. —Tú tampoco tienes una buena cara. —Respondo frunciendo el ceño. Estoy embarazada y a ti te han disparado. Nunca habría imaginado verme en una situación de este tipo. Confusión. Tristeza. Rabia. —Soy la persona más equivocada para ti pero no puedo cambiar lo que siento.

—Duerme, tienes que descansar. —Le digo intentando acabar con un discurso para el que no estoy preparada. Es doloroso. Cierra los ojos mientras su mano coge la mía. No objeto, dejo que nuestros dedos se entrelacen y con el pulgar me acaricia el dorso de la mano. Cierro los ojos durante un instante y me invade una sensación de paz y tranquilidad. Silencio. Casa. Él, nuestro hijo y yo.