El amor es cruel. Alguien suele mencionarlo todo el tiempo, desgarrando su carne ante lo imposible.Nadie tiene la respuesta correcta. Las elecciones son propias de nuestras concepciones. Pueden ser erróneas, causando estragos en la vida; o certeras, trayendo consigo la felicidad.Todos saben que el curso del amor no es sencillo y mucho menos lo es para quien lo ha reprobado.

Sasuke no era un hombre ideal dentro de sí mismo. Él intentaba mostrar su lado romántico a la mujer de la que se había enamorado.

Porque sí lo estaba y Sakura lo había interpretado exactamente como él lo deseaba. Pero…

—Sasuke, bebé… —aquella melosa voz de la otra, esa mujer que atormentaba su mente y obligaba al Uchiha a pecar—¿Qué tanto estás leyendo?

Karin se encontraba en la puerta de la habitación de un lujoso hotel. Ella, la mujer que manipulaba al Uchiha, sabía cómo lograr que él cayera rendido a sus pies.

Vestida con un baby doll rojo que transparentaba su piel, observaba la desesperación en los ojos de Sasuke.

Él no quitaba la vista del celular. Su mano apretaba con fuerza y contenía su rabia.

Llevó su mirada hacia la mujer que estaba a punto de abalanzarse hacia él. Ella emanaba un aura de lujuria que generaba pánico en cualquier hombre, a excepción de Sasuke.

—No te interesa, Karin—espetó con desdén. La pelirroja se acercó hacia él, luciendo aquel sutil corte de cabello que se asemejaba al de Sakura.

Aquel detalle lo enfurecía aún más.

—Bueno, supongo que nuestro secreto está muy bien guardado en nuestras mentes, Sasuke—se ubicó a horcajadas del Uchiha y susurró: —Al fin y al cabo, yo fui quien te ayudó a deshacerte de ese infeliz de Sasori, ¿Verdad?

Sasuke sentía una gran presión al recordar aquel incidente.

Había ocurrido algunos años atrás, cuando el Uchiha supo que Sasori habia encontrado la dirección de Sakura. Al percatarse de que el hombre frecuentaba los alrededores de la casa de la Haruno, decidió confrontarlo, llegando hasta un punto clave en la vida del azabache.

—Tu Sakurita ha de estar muy bien con Kakashi—provocaba la ira en Sasuke. Ella conocía sus puntos débiles y el peliplata era uno de ellos—. Ese hombre excita a cualquier mujer con sólo mirarte… —musitó y mordió su labio inferior.

Aquella mirada, sedienta de placer y venganza, sólo quería que Sasuke no la dejara.

Aquel secreto devastaría la cómoda vida de la familia Uchiha. Aquel detalle traería calamidades tanto a su padre como a su hermano Itachi.

—¿Acaso tus celos no estarán pensando en sacarlo del camino, verdad? —inquirió de modo indirecto. Lo miraba de soslayo y notaba cómo sus manos ejercían fuerza en el borde de la cama.

Sasuke volvió a rememorar aquel maldito día. Ese en el que cavó su tumba, atándolo a los deseos de Karin a cambio de su silencio.

Sólo de ese modo podría proteger su apellido. No, mejor dicho, a su hermano y su madre.

Sasori había reaccionado de un modo violento contra Sasuke al enterarse de que él era el hombre que compartía todo con la mujer de la que estaba obsesionado.

El Uchiha no toleró el modo del que se expresaba de la Haruno, al referirse a ella como una "chica fácil" por encontrar rápidamente un hombre en quien refugiarse cuando el anterior ya no le servía.

En aquel entonces, se molestó por ello, ya que no paraba de nombrar a Kakashi y maldecir por haberse interpuesto en su intento por reconquistar a Sakura.

Exacerbado, Sasuke golpeó fuertemente a Sasori. Él respondió del mismo modo, generando una pelea en el que ambos estaban al mismo nivel.

No obstante, Sasuke llevaba tiempo entrenando su cuerpo y cultivando su fuerza física. Aquel golpe que fue directo a la sien de Sasori no sólo lo había desmayado, sino que hizo que su cabeza impactara contra un protector del medidor de gas natural, el cual estaba hecho de cemento y delimitado por metal para evitar que alguien lo robase.

Al ver la intempestiva caída de Sasori, al percatarse de la sangre que no paraba de salir y la pérdida completa del pulso sanguíneo; notó que allí estaba Karin, presenciando aquella trifulca.

Absorta y en silencio, miró fijamente a Sasuke, quien estaba completamente sucio, lastimado y sudado.

Sacó su celular e hizo un llamado. Ese maldito llamado que acabó siendo las esposas de Sasuke.

Karin conocía a los hombres que harían el trabajo sucio, los que se encargarían de eliminar toda la evidencia de Sasori.

Al cortar la llamada, caminó con seguridad hacia un Sasuke completamente desorientado y nervioso.

—Este será nuestro trato—esa frase se volvió la maldición.

Ese pacto de silencio lo mantenía atado a Karin.

—No volveré a cometer la misma locura si eso me vuelve a condenar a estar a tu lado—espetó y lanzó el celular contra el suelo.

Sasuke arrojó a la pelirroja a la cama, quedándose encima de ella. Apretó su mandíbula y sus ojos inyectados en ira y rencor se enfocaron en ese corte de cabello inusual. Ese que le recordaba a Sakura y al mensaje que acababa de enviarle.

—Sasuke, sé que no es un medio correcto, pero no estoy en condiciones de hablarlo aún. Sólo quería decirte que no puedo seguir a tu lado. Esto me duele muchísimo y jamás podría ser feliz si continuamos lastimándonos.

Lo siento.

Enfurecido, el Uchiha canalizó aquella rabia en pasión. Arrancó las prendas de la pelirroja y comenzó a besar el cuello de la mujer, dejando sus marcas ante la ira descontrolada.

Karin se excitaba aún más cuando Sasuke estaba en ese estado de rabia desmedida.

Así y sólo así podría disfrutar de un encuentro sexual rudo, tal como a ella le gustaba.

Sin utilizar ninguna palabra ni juego previo, Sasuke se limitó a quitarse las prendas inferiores. Su mente estaba divagando en el día en que descubrió que Sakura había estado en la casa de Kakashi, haciendo que éste imagine cuántas veces habrían tenido relaciones sexuales.

Emitiendo gruñidos claramente audibles para Karin, Sasuke embistió a la mujer sin dudarlo. Ella, por su parte, clavó sus largas uñas en la espalda sudada del hombre que más la hacía excitar.

Sus estocadas eran de odio y Karin no se lamentaba por ello. Su relación era intensa, tóxica y de un extraño silencio que involucraba la libertad de Sasuke.

Karin no pretendía que él fuera detenido por lo sucedido. Ella deseaba que él fuera sólo su prisionero y así era.

Sasuke no podía pensar en nada más que en ese mensaje de Sakura. Necesitaba explicaciones y también anhelaba huir de aquella prisión llamada Karin. No obstante, el hecho de tener sus manos manchadas, lo limitaba a ser un simple amante para gozar de su libertad.

Aquel encuentro fue más rápido que en otras ocasiones. Él estaba realmente encolerizado.

Karin, por otra parte, disfrutaba de aquel show.

—No te preocupes por nada, bebé —susurró antes de que Sasuke se apartara de su cuerpo—. Yo siempre estaré a tu lado.

Sus caricias quemaban. Sus palabras desgarraban.

Ya no había marcha atrás. Sasuke estaba inmerso en el infierno.

Después de varios días internado, Kankuro regresó a su hogar.

Fue recibido por sus hermanos y su flamante cuñada, aquella misma que solía ser su amor.

También, en ese mismo lugar, se encontraba Tenten. Debido a ese favor que le debía, el Sabaku No le pidió que lo acompañara en la cena.

La joven asintió y fue una de las primeras en llegar, así que compartió tiempo con Gaara y Kankuro.

Tenten se sentía a gusto junto con los hermanos. Ellos solían trabajar en los municipios, dentro del sector social y asistencial a víctimas de violencia física, psicológica y demás.

Su estadía en Konoha sería larga debido a que ambos habían conseguido un puesto fijo y tenían que cumplir con las visitas a diferentes puntos de la ciudad.

En una de esos trabajos, Gaara tuvo la oportunidad de conocer a Tenten, que se encontraba atravesando una dura situación debido a la pérdida de su esposo. Su depresión era muy elevada y había presentado tendencias suicidas, siendo uno de los casos más preocupantes.

Por esa misma razón, Kankuro había sido reasignado al caso de Tenten y poder así encontrar un modo de convencerla para que asistiera a terapia. Ella no quería hacerlo, pero necesitaba un tipo de contención que nadie podía darle.

No obstante, la aparición del Sabaku No creó una nueva oportunidad de continuar viviendo, tratando de soltar los recuerdos que la mantenían aferrada a su antiguo amor.

Kankuro estaba dispuesto a ayudarla sea como sea y notó que si le brindaba amistad incondicional, podría crear un vínculo con ella y lograr convencerla de que comenzara su tratamiento.

Sin embargo, su cercana relación fue forjando algo distinto a lo que Kankuro previó.

Tenten lo miraba con ternura y no se negaba a ninguna petición que él le hiciera.

Gaara se percató de ello y notó un creciente cambio en la joven, sintiendo un gran alivio al ver que Tenten recuperaba la alegría lentamente.

Cuando el pelirrojo le contó acerca de Tenten a Matsuri, su perspectiva hacia ella había cambiado por completo. Comprendió que aquella muestra de afecto era en agradecimiento por acompañarla en un largo y doloroso proceso. Se lamentaba por haber pensado mal, pero sus dudas aún no se disipaban por completo.

Al llegar Temari, la familia pudo reunirse y cenar en completa armonía.

Gaara se había encargado de preparar unas deliciosas pizzas, su mejor receta.

La masa llevaba el secreto de sus manos, mostrando suavidad, esponjosidad y un sabor inigualable.

Temari extrañaba aquellos encuentros con sus hermanos.

Los miraba uno a uno, percibiendo cuán feliz se veía Gaara junto a Matsuri. Él le tomaba de la mano y ella se sonrojaba ante ello.

Kankuro, por su parte, bromeaba con cualquier tontería que veía y volteaba hacia Tenten, notando que ella se divertía tanto como deseaba.

Estaba realmente orgullosa de que sus hermanos gozaran de la felicidad.

No obstante, ella aún trataba de olvidarlo…

—Iré al balcón. Enseguida regreso—espetó y se levantó de su sitio.

Se dirigió al sitio que había dicho y sacó un cigarrillo de la cajetilla que guardaba en su bolsillo. Lo encendió y dio una calada lenta y, junto con él, expulsó un pesado suspiro que la ahogaba.

Recordaba aquel fatídico beso, en el cual los pensamientos de Shikamaru y los de ella se conectaron por unos segundos.

Ambos lloraban y suplicaban no separarse, pero ese sería su despedida.

El adiós no es fácil y como bien pensaba Temari "los puntos finales son los más difíciles de aprender a escribir".

—Sé que cuando fumás es porque algo te preocupa— la voz del mayor de sus hermanos se presenta a junto a ella.

Ambos estaban apoyados contra el barandal, observando cómo la noche volvía a cubrirse de aterradoras nubes.

Kankuro notaba que el natural brillo de los ojos de su hermana habían desaparecido. Ella poseía la belleza natural de su madre. Era la única que podía mostrar la sutileza y la fragilidad en sus orbes aguamarina.

No obstante, aquellos dotes de la única heredera de los ojos de Karura estaba perdiendo su resplandor.

—¿Cómo podría negar lo obvio? —expresó la rubia y dio otra calada.

Por más que intentara ocultarlo, Kankuro podía leerla fácilmente.

—¿En qué puedo ayudarte? Sabés que siempre estaré cuando me necesites—el Sabaku No se acercó a ella y palmeó su hombro.

De inmediato, Temari se refugió en el pecho de su hermano. Lo abrazó con fuerza y Kankuro la rodeó con sus brazos, acariciando su cabello rubio.

—Shikamaru y yo ya hemos cerrado nuestro capítulo. Es inminente nuestro divorcio, ya que él dijo que estaba dispuesto a firmar—espetó en voz baja. Realmente intentaba no hablar mucho del tema, puesto que no quería llorar ni arrepentirse—. He decidido irme de Konoha, al menos un largo tiempo.

—Sé que te duele, Tem, pero esta fue su decisión. Es momento de salir adelante y mirar con la frente en alto—la rubia se apartó de su hermano y sonrió. Sus mejillas rosáceas despertaban la ternura que sentía Kankuro cuando ambos eran pequeños.

Eran momentos de confesiones que podía contar con los dedos. Temari era demasiado reservada, llevándola al punto de ni siquiera expresar lo que sentía, pero abrió su corazón a su hermano. Él valoraba que pudiera confiar en él y pensó que debía compensarla por eso.

Tomó una de las manos de su hermana y le dio un objeto que guardó por mucho tiempo en su bolsillo. Ese elemento traía consigo un sinfín de recuerdos bonitos y otros tantos dolorosos.

Sabía que Temari haría un buen uso y creyó que sería mejor que ella lo tuviese consigo.

—Si en algún momento te vas de esta ciudad, quiero que la conserves y decidas qué hacer. Sé que te será de gran ayuda en este nuevo comienzo… —expresó y suspiró—Ni Gaara ni yo podemos conservarla. Ambos creemos que lo mejor es que continuemos en Konoha, lo cual te servirá para que pienses qué hacer allí.

Sólo con verla, Temari había tomado su última decisión. Sonrió y Kankuro volvió a dejar a su hermana sola.

Una vez que el Sabaku No se alejó, volteó a ver aquellas nubes aterradoras.

Una vez más, el cielo se teñiría de gris…

Sakura agradecía no tener que trabajar aquel día, ya que debía enfrentar también a Kakashi y le costaba trabajo asimilar lo sucedido con Naruto.

Si bien era algo que no esperaba, se sentía feliz. El rubio siempre la cuidó como una reina mientras ella lo veía como un fiel amigo.

Sin embargo, no volvería a equivocarse.

Naruto era el hombre más confiable, el mejor consejero y el que siempre se prestaba a las bromas o locuras de Sakura. Su diversión estaba asegurada y él podría sacarle más sonrisas que cualquier otro hombre que haya pasado por su vida amorosa.

—Está todo listo, Saku—en la cocina, el rubio acababa de preparar otra de sus pastas favoritas: ravioles.

La pelirrosa se acercó hasta el Uzumaki y deleitó su olfato con la salsa bolognesa que había preparado. La danza de los condimentos realzaba a las verduras y la carne, otorgándole un aroma inigualable.

—Huele demasiado bien… —expresó Sakura, ilusionada.

—Pues, cociné con mucho amor—sonrió Naruto. Su expresión despertaba la admiración y no podía dejar de observarlo. El rubio se percató de ello y se sonrojó al instante.

Aquel clima fue interrumpido al oír el timbre.

Sakura se dirigió hasta la puerta y recordó que Temari no había llevado la llave. Abrió sin mirar y Naruto comenzó a preparar la mesa para cenar.

La mirada alegre de Sakura se perdió en la del rostro del último hombre de su corazón.

—Sasuke… —susurró y sus ojos se cargaron de lágrimas amenazantes.

El Uchiha, por su parte, traía consigo la desesperación y el dolor por ese mensaje que ella le había enviado.

Al ver a Sakura, dedujo que se encontraba tristemente sola, pero esa hipótesis fue refutada automáticamente al notar la presencia de Naruto.

Sus nervios se incrementaron. Sus celos se tornaron incontrolables.

—Así que fue por él… —refunfuñó y se acercó lentamente a la pelirrosa—Ese traidor me arrebató a la mujer que amo—sujetó la muñeca de Sakura y apretó con fuerza.

Ella se quejó de inmediato y Naruto procedió del mismo modo que el Uchiha. Tomó su muñeca y sus orbes azules encendieron las llamas de la ira.

—No toques a Sakura. Si tenés algún problema, es conmigo—espetó y Sasuke chasqueó la lengua ante la provocación.

Una nueva rivalidad se presenta ante el Uchiha. Una de la cual jamás hubiera imaginado y del que estaba dispuesto a luchar.

Itachi se encontraba recostado en su cama. En sus manos sostenía su libro preferido, aquel que marcó un antes y un después en la vida amorosa.

—"Corazón delator" resultó más doloroso de lo que imaginé… —musitó y lo apoyó en la mesa de noche.

Se sentó en la orilla de la cama. Suspiró y comenzó a quitarse la camisa para dormir.

Continuó con los zapatos y luego con el pantalón. En los pies de la cama tenía el pijama y mientras se lo colocaba, su celular recibió un mensaje.

Itachi dudó antes de abrirlo, pero cuando finalmente lo hizo, su corazón estalló de felicidad.

—Perdón la hora, Itachi. Supongo que debés estar durmiendo. He pensado mucho y acepto tu propuesta.

El Uchiha mayor sonrió y abrazó su celular.

Luego, carraspeó y trató de ocultar su alegría.

—No te preocupes, apenas estaba por acostarme. Me parece perfecto, mañana iré a verte así hablamos antes de mi viaje.

Qué tengas buenas noches, Tem.

Antes de recibir otra respuesta de su parte, apagó el teléfono y decidió acostarse.

Sus ojos se cerraron de inmediato, pero su mente aún trabajaba en la emisión de imágenes bonitas, las cuales nunca podría vivenciar…

A la mañana siguiente, Shikamaru despertó al sentir peso en sus pies.

Al abrir los ojos, notó que Naruto estaba allí y su aspecto no era nada agradable.

Preocupado por su expresión y marcas, se sentó y miró fijamente al Uzumaki.

—Esto no es nada,no te preocupes —comenzó diciendo el rubio, anticipando la pregunta del Nara—. Te llegó este sobre—lo sostuvo en su mano y luego lo dejó en los pies de la cama.

Naruto se levantó y, sin nada más que agregar, dejó a Shikamaru a solas.

El Nara tenía muchas preguntas que hacerle, pero la preocupación del rubio era notoria.

Estiró su brazo hasta alcanzar el sobre y notó que no tenía remitente.

Eso llamó su atención y acrecentó su curiosidad, logrando que abriera el sobre sin siquiera imaginar lo que contenía allí.

Lo único que su mente pudo guardar eran los días con los que contaba para que ese inminente final llegara.

—30 días… —murmuró y arrugó el papel.

Volteó a ver hacia la ventana y suspiró.

Sabía que los trámites judiciales serían lentos, pero 30 días eran muy pocos para olvidarse por completo de ella.

"Por más que quiera, no puedo romper con todos los recuerdos. Un simple trámite no acabará con el amor que tengo.Esta agonía será aún más dolorosa que nuestro último beso; más cruel que esa noche de pasión, en la que decidiste hacer esto. Más desgarradora que tu mirada al descubrirme en los brazos de una mujer que no eras vos.Me lo merezco, aunque el precio sea más alto del que preví.Si esta es tu última palabra, Tem, yo también tengo algo más que hacer y decir.Yo nunca escribo punto final, sino que apelo a los suspensivos…"