Nota de la autora:
¡Hola! :) Lo primero de todo, espero que estéis lo mejor posible teniendo en cuenta estos momentos difíciles. Espero alegraros un poquito el día con este capítulo, el último del fic :)
Una sonrisa adormilada se formó en su rostro, despertado por la caricia de la reconfortante brisa que se hacía paso a través de la ventana abierta de la habitación, y por el suave cosquilleo de aquella barba que tan bien conocía trazando un recorrido minucioso por sus piernas.
-Obi-Wan—dijo entre risas, sus ojos aún entrecerrados tratando de acostumbrarse a la luz del sol de la mañana— me haces cosquillas.
No obtuvo respuesta, no de palabra al menos, pero sí del roce de sus labios contra su piel desnuda.
A medida que avanzaba por sus muslos, la risa adormilada de Anakin se fue transformando en una media sonrisa, tímida y cómplice, conforme aquellos labios iban despertando recuerdos de la noche anterior— su noche de bodas. Giró la cabeza desde donde la tenía apoyada en la almohada para mirarle de medio lado, aquel agradable cosquilleo continuando su viaje, ascendiendo hasta llegar a sus glúteos, donde otro beso cariñoso marcaría el final del recorrido...
… la noche anterior el recorrido no terminaría ahí. Un intenso rubor encendió sus mejillas. Aún se le aceleraba el pulso, aún se le entrecortaba la respiración al pensar en todos los lugares de su cuerpo en los que esa boca—cálida, húmeda, creativa—había estado hacía tan solo unas horas…
Obi-Wan sonrió, colocando otro beso inocente que dejaba de serlo si Anakin cerraba los ojos y recordaba.
-¿En qué piensas?
Anakin tragó saliva.
-¿Tú que crees?
Obi-Wan rió.
-Ven aquí.
Obi-Wan no se hizo esperar y se abrazó a él, sus cuerpos desnudos enredados entre las enmarañadas sábanas.
-No quiero que esta noche acabe nunca— se quejó Anakin como buenamente pudo en medio de apasionados besos.
-Técnicamente ya ha acabado, mi querido Anakin. Es de día.
Obi-Wan tenía ahora el rostro enterrado en la curvatura de su cuello. Sus dulces atenciones le hicieron perder a Anakin el hilo de la conversación por unos segundos.
-…pues cerremos las ventanas y finjamos que es de noche.
Sus palabras sonaron amortiguadas, ahogadas en los labios de Obi-Wan.
-Mm, pero hace un día precioso. Tendríamos que aprovecharlo para explorar los alrededores, tan solo disponemos de tres días para estar aquí.
Las palabras de Obi-Wan no se correspondían con sus actos, sin embargo: no parecía tener la más mínima intención de despegarse del cálido cuerpo bajo el suyo, manteniéndolo aprisionado contra el colchón, besándole contra la almohada como si no hubiera un mañana, ondulando las caderas lánguidamente.
-N-no es justo, Obi-Wan. Tenemos derecho a una luna de miel más larga…
Pero el Consejo les había informado de que deberían partir a un planeta cercano para cerrar unas negociaciones pendientes y mantener las buenas relaciones diplomáticas con sus gentes. La guerra había acabado, ciertamente, pero mantener una paz larga y duradera no era tarea menos importante.
-La tendremos, después de las negociaciones. Un mes entero para los dos, para ir a donde queramos.
-Podremos volver a este planeta— susurró Anakin con una sonrisa pícara, moviendo sus caderas también, lenta y tortuosamente—no pasa nada entonces si no aprovechamos el día.
-Anakin… tenemos tiempo para esto después.
Pero, de nuevo, las palabras de Obi-Wan eran maravillosamente contradictorias, especialmente cuando, tras acariciar tiernamente su muslo izquierdo, lo agarró con firmeza, flexionándolo y atrayéndolo con vehemencia hacia sí. Anakin gimoteó y se abrió de piernas, sus rodillas presionadas a ambos lados de las caderas de Obi-Wan.
-Sí, después…— Anakin se mordió el labio, deleitándose en la manera en la que Obi-Wan le estaba comiendo con la mirada— …y ahora también.
Ya era bien entrado el mediodía cuando finalmente abandonaron la habitación.
Tres días habían sido más que suficientes para que Anakin se enamorara perdidamente de aquel lugar.
Se alojaban en un lujoso palacio propiedad de un amable senador, quien amablemente les ofreció aquel lugar que apenas frecuentaba como segunda residencia por tanto tiempo como quisieran, como muestra de su agradecimiento por todo el bien que habían hecho por la galaxia. Pero por muy hermosa que fuera la arquitectura de aquel lugar, lo que le quitaba el aliento era la enorme terraza y sus increíbles vistas. Desde la piscina se podía observar la vasta extensión azul de un mar que no parecía tener fin, y gracias a la disposición de la piscina realmente parecía como si estuviera nadando entre las mismas aguas. De noche aquellas hermosas vistas eran todavía más arrobadoras.
Y estaban solos, completamente solos. No había nada más, solo el mar, ellos, y la luna menguante que daba todavía un aire más embrujado a aquel lugar. Su soledad les permitía dejar a un lado la modestia, algo por lo que estaba realmente agradecido, pues había pocas cosas que encontrara más gratificantes que bañarse desnudo bajo la tenue luz de la luna.
Después de nadar durante un buen rato, se encontraba con los brazos apoyados en el bordillo de la piscina, su mirada fija en el mar que parecía estar rodeándoles.
Un brazo se enroscó en su cintura, abrazándole por detrás.
-Estás muy callado.
Anakin suspiró y echó la cabeza hacia atrás, apoyando su peso contra el pecho de Obi-Wan.
-No me quiero ir— se quejó lastimosamente— estos tres días han sido…
Obi-Wan sonrió.
-Volveremos. Son solo unas negociaciones, Anakin, antes de que te des cuenta estaremos de vuelta.
-Ya. Sí, lo sé… ya sé que estoy sonando ridículo.
-Tranquilo, querido, no más que de costumbre.
La risa de Obi-Wan sonó amortiguada contra su cuello, mientras que Anakin fingía querer desprenderse de su abrazo.
-Y pensar que tengo que aguantarte esos comentarios toda la vida… ¿por qué me casaría contigo?
-Mmm, no sé, ¿por qué?
Anakin abandonó sus intentos por hacerse el enfadado—era realmente difícil estarlo cuando Obi-Wan le miraba y le abrazaba así. Así que volvió a apoyar su espalda contra su pecho, mientras observaban en silencio el mar en el horizonte bajo un cielo estrellado. Cerró los ojos por un momento, tremendamente relajado por los sonidos que hacía el agua de la piscina cada vez que las manos de Obi-Wan se movían para acariciar su torso.
-Fíjate, Anakin, es tan inmenso… ¿cuántos crees que podremos recorrer?
-¿De qué me estás hablando ahora?—preguntó Anakin aún con los ojos cerrados apaciblemente, demasiado distraído como para tratar de adivinar a qué se refería ahora su marido.
-De las estrellas, por supuesto. Y de los sistemas que giran en torno a ellas. Aún no he olvidado lo que me contaste en nuestro último viaje a Tatooine.
Anakin abrió los ojos.
-¿Acaso no me dijiste que de pequeño soñabas con poder visitarlos todos? Bueno, esa tal vez sea una meta un tanto ambiciosa, no te lo voy a negar…—dijo con un tono divertido— pero aun así, haremos lo que podamos.
El más joven de los dos se giró levemente para poder mirarlo a los ojos.
-No sé qué he hecho para poder merecerte.
-Anakin, hace tan solo unos minutos estabas lamentándote por tener que aguantarme toda la vida… aclárate— le dijo con un tono burlón besándole en la mejilla. Anakin se rió con él, pero de pronto su gesto cambió y parecía realmente avergonzado por alguna razón. Ante la mirada curiosa de Obi-Wan, Anakin se explicó.
-Me estaba acordando de cuando te besé en Tatooine… no sabes qué mal lo pasé esos días.
-Me lo puedo imaginar, a juzgar por lo colorado que te has puesto—le contestó Obi-Wan sonriendo. — Cuántas vueltas da la vida, ¿verdad? Si alguien nos hubiera dicho entonces que acabaríamos así, jamás nos lo hubiéramos creído.
Anakin se giró por completo, su mirada encontrándose con la de Obi-Wan. Le pasó un brazo por la cintura para atraerlo más hacia sí, apoyando ahora el peso de su espalda contra el borde de la piscina.
-A mí todavía hay veces que me cuesta creerlo—le dijo acariciándole la barba con la mano que tenía libre, sus ojos brillando con admiración y humildad.
Obi-Wan sonrió con ternura e inclinó su rostro hacia adelante, capturando los labios de Anakin.
-Realmente la humildad te sienta bien, Anakin— le dijo en medio de su beso— tal vez deberías probar a serlo más a menudo— bromeó contra sus labios.
-Mm, si vas a besarme así cada vez que lo sea, tal vez empiece a planteármelo.
Después de más risas cómplices, volvieron a fundirse en un apacible silencio, los ojos de Anakin perdidos en un punto fijo en el hombro de Obi-Wan, mirada ausente.
-Pero no estás tan pensativo solamente porque nos tenemos que ir. Ocurre algo más, Anakin, ¿no es así?
-Como siempre no se te escapa nada. Es por un sueño que tuve.
-¿Cuándo has tenido tiempo de poder dormir algo anoche?
Anakin puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar reírse.
-Anoche no, claramente. Fue hace unos días.
-¿Y bien?
-Es… soñé que me creía a Palpatine cuando quería ponerme en contra tuya. Que conseguía manipularme, que me ponía de su lado… Y que tú y yo acabábamos luchando con nuestras espadas láser. Entre nosotros.
Obi-Wan estaba tratando de apaciguarle plantándole pequeños besos en la mejilla mientras le pasaba las manos por sus cabellos, humedecidos por el agua.
Anakin suspiró, dejando que aquellas dulces atenciones lo calmaran por completo, borrando aquellas imágenes de muerte, destrucción y traición. No fue un sueño especialmente vívido, no tanto como solían serlo sus visiones, pero aún así la lava y el calor sofocante mientras Maestro y aprendiz se enfrentaban permanecían grabados en su subconsciente.
-Creo que es lo que habría podido suceder si Palpatine hubiera ganado.
-Pero no ganó— le dijo Obi-Wan firmemente.
-No, no ganó.
Aún había días en los que Anakin echaba la vista atrás y recordaba todas las veces en las que había estado a merced de las garras de ese traidor, creyendo que era su amigo. Eran tantas las ocasiones en las que había confiado en él, tantas las veces en que él y Obi-Wan habían tenido discusiones cuando Anakin volvía de sus encuentros con el Canciller. Ahora lo veía todo tan claro, cómo su humor había estado siempre ensombrecido después de aquellas reuniones. Y la trampa que les tendió gracias a su conocimiento de su secreto, la masacre de los Tusken, la discusión que había seguido a aquello, esa vez estuvo tan cerca…
-Gracias por confiar en mí cuando las cosas se pusieron difíciles.
Por no darme de lado cuando te enteraste de mi secreto, por estar siempre ahí cuando lo necesitaba. Por tener fe en mí cuando ni yo mismo la tenía.
Obi-Wan negó con la cabeza, conmovido.
-Gracias a ti por demostrarme que no me equivocaba haciéndolo.
Anakin sonrió e inclinó su rostro, encontrándose con los labios de Obi-Wan, abriendo la boca e iniciando un beso con mayor intención que los anteriores, al que Obi-Wan respondió con el mismo o incluso mayor entusiasmo. Anakin le acercó todavía más para que no hubiera ni un ápice de espacio entre ellos, quedando prisionero entre el cuerpo de Obi-Wan por delante y la pared de la piscina por detrás, saboreando el gemido complacido que salió de los labios de su Maestro.
Las terribles imágenes de su pesadilla se fueron difuminando, el fuego y la lava extinguidos de su mente por el agua que los rodeaba, la temperatura sofocante de su sueño sustituida por el calor proveniente de Obi-Wan entre sus piernas, el temible sonido de sables láser luchando entre sí ahogado por los jadeos al unísono de ambos y el sonido del agua que seguía a cada movimiento de sus caderas.
Anakin sonrió sin aliento, su mano prostética enredándose en el cabello de Obi-Wan mientras este le susurraba en su oído palabras cariñosas en medio de jadeos.
Las imágenes de su sueño se desvanecieron por completo. Alzó la mirada hacia arriba respirando entrecortadamente con el corazón latiéndole a mil por hora, y los resquicios de fuego y cenizas fueron remplazados por la noche estrellada.
-No me lo puedo creer, ¿es que nunca podremos tener un vuelo tranquilo?
-Claramente no, no mientras tú seas el piloto y quien se encargue de revisar los motores.
-Oye, oye, ¡esta vez no ha sido mi culpa! No soy adivino. Nos han prestado la nave, ¿cómo iba a suponer que iba a hacer falta revisarla?
-Cierto, Anakin, esta vez no ha sido tu culpa, pero no negarás que eres un imán para los problemas.
-Siempre estamos juntos, Obi-Wan, ¿no se te ha ocurrido pensar que tal vez seas tú el imán de los problemas?
Tras su breve e interrumpida luna de miel—a la que Anakin no podía esperar ya a regresar, malditas negociaciones— habían partido hacia el planeta en cuestión con una nave que les habían prestado, y—como no podía ser de otra manera— los motores habían fallado en pleno vuelo, obligándoles a repostar en un pequeño sistema inhabitado para llevar a cabo las debidas reparaciones.
Y así llevaban la última media hora, revisando los circuitos codo con codo y—como tampoco podía ser de otra manera—envueltos en otro de sus enfrentamientos dialécticos.
-De eso nada, yo soy quien se encarga de mantener los problemas a raya.
-¿Y es por eso que soy yo quien va ganando en la lista de veces que te he tenido que salvar la vida? Pásame esa herramienta.
-En tu imaginaria lista, sí.
-Obi-Wan, si sigues con esas, me parece que alguien va a dormir esta noche en el sofá— dijo tratando de contener la risa, algo muy difícil de hacer cuando Obi-Wan echo a reír.
-Anakin, ambos sabemos lo que ha pasado cada vez que uno de nosotros ha dormido en el sofá tras una discusión.
Anakin fingió no saberlo.
-¿Ah, sí? ¿Y qué ha pasado?
-Básicamente que el que estaba enfadado iba en busca del otro, y ninguno acababa durmiendo en el sofá. O si lo hacía no dormía solo.
Anakin no pudo evitar reírse ahora.
-Bueno, tal vez, pero para todo hay una primera vez, Obi-Wan. Y si sigues criticándome te aseguro que esta noche dormirás solo.
-No te lo crees ni tú.
Obi-Wan, concentrado, trató de recordar el orden correcto de los cables que estaba manipulando, no queriendo darle la satisfacción a Anakin de hacerle saber de que en realidad no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. De pronto su mano derecha fue cubierta por la de Anakin, quien estaba riendo alegremente.
-Obi-Wan, lo estás haciendo al revés. Creo que la mecánica debe de ser la única cosa en el mundo que se te da fatal. Eres realmente un desastre.
Obi-Wan arqueó una ceja.
-¿La única cosa? Bueno, me lo tomaré como un cumplido.
-Lo era— le respondió Anakin con una sonrisa cariñosa, entrelazando sus dedos entre los suyos.
-No tienes remedio— le dijo Obi-Wan tiernamente, apoyando su frente contra la suya.
En medio de un caos de cables y circuitos, atrapados en un pequeño planeta en medio de la nada del que debían de salir cuanto antes para no llegar tarde a las negociaciones, siendo la diana de los comentarios irónicos de Obi-Wan mientras continuaban con las reparaciones, en medio de discusiones que en realidad no lo eran, y que ya habían mantenido cientos de veces. Cualquier persona habría encontrada aquella situación desesperante.
Para Anakin, no había ningún otro rincón de la galaxia en el que prefiriera estar.
Nota de la autora:
Estos dos siempre serán adorables :)
¡No me puedo creer que ya se haya acabado el fic! Pero por fin nuestros chicos tuvieron el final feliz que merecían :)
Quería dar las gracias a todos los que habéis seguido el fic, significa mucho para mí :) Muchísimas gracias, de verdad! Un abrazo muy fuerte a todos, y cuidaos mucho :)
