XXXIV

Avon

Después del aperitivo en la terraza debajo de los fresnos, Integra se dirigió a visitar a Damasco quien había sido colocado en un lugar del establo sólo para él. El medio día avanzaba despejado y caluroso cuando le prometió a su caballo que más tarde irían a dar una vuelta por la propiedad y sus alrededores, la cual era extensa y frondosa a través de la pradera que se extendía más allá de la fuente de mármol adornada con ninfas nereidas esculpidas en marmol, junto a la cual gradas de alabastro que conducían por un sendero que seguía hasta donde colinas y un cerro tupido de árboles que se alcanzaba a ver en la lejanía.

─ ¡Integra! ¿Dónde estás, Integra? ─ escuchó que Cathy la llamaba.

─ ¡Estoy aquí atrás! … ¡Ya voy! ─ contestó la chica apresurándose a despedirse del caballo a quien encomendó muy bien al mozo de cuadra. Luego echó a correr sobre sus alpargatas para volver al jardín frontal de la mansión, donde sus amigos estaban preparándose para salir.

─ Iremos a pasar la tarde al centro como siempre hacemos cuando visitamos Bath. ─ dijo Ralph mientras bajaba la escalinata y echaba a andar en dirección a la salida.

─ Tú no habías venido con nosotros así que es justo que pasees un poco…. ─ Blair tomándola del brazo para imitar a Cathy.

─ Iremos al centro a ver tiendas y museos, a los baños romanos y a pasear por el rio en barcaza, ¡adoro esos paseos en barcaza! ─ agregó Maggie, quien, tomada de la mano de Bob, seguía el caminito hasta la reja de salida.

Al irse alejando debajo de las sombras de los robles y los fresnos, Integra no pudo evitar volver la vista para mirar el ala oeste de la casona, donde estaba segura de que la ventana cuyas gruesas cortinas ya se habían cerrado, guardaban al gran vampiro quien en esos momentos estaba en medio de su descanso diurno.

Así salieron los seis amigos andando sobre el camino empedrado y húmedo por las lluvias, en medio de cercas y árboles frondosos a ambos lados de las veredas. Iban los chicos dispuestos a regresar al corazón de la bella ciudad, los seis charlando alegremente de sus colegios recién terminados:

─ Y la fiesta de Eton será el próximo viernes… ─ mencionó Ralph.

─ No importa, ya no estaré para asistir …─ Al escucharlo decir tal, Maggie no pudo evitar suspirar con cierta tristeza, a lo que Bob se apresuró a agregar ─ porque ya estaré del otro lado del Atlántico con mi esposa ─ estrechó un poco más la mano de la joven en la suya y le sonrió.

─ Yo tampoco creo ir, ¡sin ustedes todo será aburrido! Y entonces creo que estaremos tan castigados que nuestros padres no querrán saber nada de fiestas para nosotros. ─ razonó Ralph pensando en las consecuencias que la boda secreta tendría en cuanto los adultos se enteraran.

─ ¡Es lo bueno que no te importe lo que digan los padres, Ralph!... ─ comentó Blair.

─ Habrá valido la pena ─ aseguró Cathy.

─ ¡Y yo por un momento pensé que ibas a decir que no te apetecería ir al baile de graduación de Eton porque echarías tanto de menos a Charles! ─ bromeó Integra y todos los demás empezaron a reír. Inmediatamente después, la joven les contaría lo que Alucard había hecho con él para dejarlo fuera de circulación hasta nuevo aviso, y como ella lo había desenmascarado enfrente de su padre, provocando más risas y felicitaciones por parte de sus amigos. A punto estuvo de confesar que había contado toda la verdad sobre la boda a Sir Irons, pero tampoco esa vez fue capaz.

─ ¿Hasta dónde caminaremos? Hace calor y el centro aún está lejos de aquí ─ dijo una Maggie quien de nuevo se abanicaba.

─ No falta mucho, la parada de autobús es para allá… ─ Cathy le señalo un paradero indicado por un rustico letrero de madera a la orilla de la carretera.

─ ¡Qué bueno! Yo me estoy preguntando porque no trajimos un auto … ─ secundo Ralph.

─ Porque así no tendremos que preocuparnos donde estacionarlo, ni nada de eso…

Al llegar al paradero, sólo tuvieron que aguardar cosa de cinco minutos para que un autobús se detuviera. Así acortaron la distancia que aún los separaba del corazón de Bath. Luego no tardaron en irse introduciendo en el discreto bullicio de la ciudad, al irse aproximándose a los baños romanos, decidieron dejar el transporte para visitar de nuevo esa antigua construcción que recibía a decenas de turistas venidos de todos los rincones del mundo, y entre todos ellos, los seis chicos londinenses vestidos con ropas delgadas y claras con las cuales paliaban el calor, el cual había inducido a Integra a volver a ponerse ese vestido azul cian con sombrero de mimbre que había usado durante cierto evento hípico, en que cierto jovencito petulante se cayó del caballo, ¡parecía que había pasado mucho tiempo si lo contemplaba desde su perspectiva actual en la que había logrado librarse de él! Pero ahora sólo quería contemplar la arquitectura de siglos, y tomarse algunas fotos con los demás, (fotos que serían impresas un mes después junto a las de su graduación). Mientras se las tomaban, a sus espaldas, un guía de turistas explicaba en francés las fechas y los detalles del periodo colonial de la ciudad.

Una hora después, dejaban la visita obligada al emblemático edificio, para dirigirse a visitar los establecimientos céntricos que Blair e Integra habían visto unas horas antes al llegar. Allí tardaron más de la cuenta en el Centro de Jane Austen, un museo con objetos y artefactos de los años de la famosa escritora, pero que además poseía una tienda bien surtida con atuendos y accesorios de la época de la Regencia, donde las chicas estaban fascinadas probándose atuendos que, como el mismo Alucard había dicho, parecían transpórtalas, como el resto de la ciudad, a los años de 1800, donde señores Darcy y Elizabeths Bennet andaban por doquier. Los chicos se aburrían un poco, a decir verdad, pero complacieron a las jóvenes cuando accedieron a probarse atuendos de levita y pantalones a la rodilla con botas hípicas.

─ ¡Hombre, yo me siento ridículo, usando esto! ─ le susurró Ralph a Bobby mientras que trataba de arreglarse la gran corbata, y Bobby el sombrero de copa.

─ ¡Tonterías! ¡Por supuesto que no hay nada de ridículo en usar tales atuendos! ─ aseguró Cathy quien llevaba puesto un vestido ceñido debajo del busto, de falda larga y recta que caía hasta los pies, muy similar a los de muselina y algodón que ya usaban las otras tres chicas, que ya se probaban sombreros acordes.

─ Es más, ¡yo, te halló aún más guapo! ─ le dijo Maggie a Bob mientras le daba un beso en la mejilla.

Después de que hubieran quedado satisfechas con los atuendos, los seis jovencitos se miraron al espejo. Era como si, por obra de algún hechizo, hubieran viajado directo a los albores del siglo XIX, por eso le pidieron de favor a la vendedora de la tienda que les tomara una fotografía tal y como estaban ataviados.

─ Es tan lindo este vestido que lo compraré, aunque no sé para qué… ─ aseguró Blair mirando su modelo de mangas cortas y escote pronunciado color rosa pálido.

Cathy se acarició la barbilla e hizo ese gesto suyo de cuando estaba pensando en algo interesante: ─ Creo tener una idea de para que podemos usar estos atuendos para una buena ocasión.

Y pareció que ella y Blair se entendieron tan sólo con las miradas.

─ Maggie dinos… ¿qué usarás para la boda?

─ Pues traje un vestido bonito que casi no me he puesto. Lo usé un par de veces para visitas a casas de veraneo…

De nuevo Blair y Cathy se voltearon a ver las caras, luego a ver a sus amigos quienes estaban ocupados observando los detalles de sus trajes, y de Integra quien miraba distraída los anaqueles de le tienda, entonces ambas observaron a su amiga usando un vestido para fiesta color blanco hecho de muselina, ceñido debajo del busto y adornado con bordados plateados. Ambas asintieron.

Una media hora después los amigos se iban alejando de las tiendas del centro para dirigirse a visitar algunos museos de los muchos que hay por la ciudad. También visitaron la abadía, y cuando estuvieron lo suficientemente cansados, fueron al embarcadero del río con la intención de abordar una de las barcazas que los lugareños insistían en llamar Lady Lena. Así, con las horas vespertinas, los jóvenes subieron a un bote de nogal, techado, con agradables asientos y mesas donde pudieron disfrutar de algunas viandas y aperitivos que ofrecían a bordo por una módica cantidad, mientras navegaban el río Avon sin prisa.

Admirando la ciudad, repasando vivencias estudiantiles en sus respectivos colegios, los chicos recorrieron bellos puntos de la ciudad a la luz del inminente Crepúsculo. Que si la maestra tal o el profesor fulano, que si tal prefecto o compañero. Con bebidas y risas acompañaban sus recuerdos, los cuales incluyeron el accidentado Baile de la orquídea.

─ ¡Ese baile quedará para la historia! ─ aseguraba Maggie.

─ ¡Yo siempre daré gracias el haber asistido! ─ agregó Bobbie sosteniendo en la suya la mano de su futura esposa para besarla.

Los demás chicos profirieron en una exclamación, risitas y una mofa.

─ ¡Bueno, bueno! Ese baile fue super importante porque todos nos conocimos, aunque con sus inconvenientes, como que allí Integra conoció al idiota de Charles y todo ese rollo, pero quedamos de acuerdo que estamos agradecidos al respecto ─ intervino Cathy.

─ ¡Claro que sí!

Dijeron uno a uno.

─ Yo sólo puedo estar agradecida por haber conocido a un par de buenos amigos, antes sólo éramos nosotras cuatro ─ dijo Integra ─ y de verdad, chicos, ¡significa mucho para mí que a pesar de todo sean mis amigos!

─ Ya, llevabas mucho tiempo ocultándonos tu mundo, pero creo que temías innecesariamente ─ dijo Blair.

─ Nos importa que eres buena amiga, ¡y ya está! Lo demás por supuesto que lo íbamos a entender.

─ Además, ya te hemos dicho que juntarse contigo resulta muy emocionante.

Integra agradeció las palabras de apoyo, como siempre, luego sólo se dedicó a seguir escuchando las charlas joviales y nostálgicas de sus amigos, acompañándolas con un habano, para luego perderse en sus propios pensamientos a luz del atardecer que pintaba de colores el horizonte: "¡voy a guardar este recuerdo intacto en mi memoria!" Pensó y al mismo tiempo se preguntó: "¿Qué estaré haciendo un verano como hoy pero dentro de algunos años?" Y no supo porqué, pero una sensación de tristeza invadió su corazón, "el futuro es incierto" …

Media hora más tarde, llegaron a un punto cercano a los terrenos donde la mansión Parrish se hallaba. No encontraron sentido a regresar hacia el embarcadero, y bajaron del bote en una orilla donde un sendero los llevaría a través de la campiña de tierra suave y mojada tachonada de arbustos frondosos y flores, en la cual sus zapatos se hundían al andar sobre tierras labradas. Así anduvieron hasta que alcanzaron a divisar la gran propiedad Marshall.

Acortaron el último tramo de camino con una carrera a través de una vereda en medio parcelas hinchadas en barro húmedo, iluminadas débilmente por los últimos rayos del sol. Todos, exceptuando a Bob que acompañaba a Maggie en un andar tranquilo. Los demás corrieron tanto como pudieron hasta que distinguieron el lago artificial, luego la fuente de ninfas, "¡hemos llegado!" Exclamaron, andando cruzaron por el bello puente palladiano. Al llegar por fin a la casa, los recibió una Emily quien ordenó que se limpiaran bien los zapatos empastados de lodo. Los adolescentes tuvieron que acatar la orden, optando por entrar descalzos mientras una doncella llevaba un balde con agua y jabón donde fue depositado el calzado.

La estricta ama de llaves esperó en la puerta hasta que divisó a la pareja de futuros jóvenes esposos, que se habían rezagado en su tranquila caminata. Los vio subir los peldaños hacia la puerta trasera.

"¡Qué muchachos! ¡Dejar atrás a estos dos así, sin más!" Pensó la nana moviendo negativamente la cabeza.

Adentro de la mansión, los demás seguían riendo y bromeando de cualquier cosa, mientras Emily, a pesar de siempre estar atenta en su trabajo, se hallaba pensativa un poco más de la cuenta.

─ ¿Qué le pasa a Emily, Paul? ─ preguntó Cathy quien ya se había dado cuenta de la inquietud de su nana.

El mayordomo se volvió a verla apenas sobre el hombro mientras ayudaba a guardar las compras de los chicos en el armario.

─ Asegura que recibiremos "malas visitas" … ocurre que hace un momento mató, sin querer, una abeja…

─ La confundí con una mosca… ─ aseguró el ama de llaves ─ de haber sabido que era una abeja la hubiera dejado en paz.

Paul entornó los ojos como muestra de fastidio ante la superstición de la vieja nana

─ Me olvidaba que si vives en el campo es más fácil seguir creyendo en supersticiones ─ comentó Ralph ante la expresión de la mortificada empleada quien se tomaba muy a pecho la creencia ─ porque relacionar haber matado una abeja con que alguien funesto va a venir a tocar la puerta, está más allá de lo fantasioso …

No bien había acabado de decir aquello cuando a través del interfono se escuchó: ─ ¡Buenas tardes! Mi señor, Su Alteza el duque Abigor, anuncia que ha llegado y solicita la entrada.

─ ¡Oh, esplendido! Han llegado ya… ─ exclamó Integra quien se acomodaba los cabellos despeinados por el mimbre de su sombrero que ya había colocado en el perchero.

─ Hazlos pasar, Paul, por favor.

─ Como diga, milady Cathy. ─ el mayordomo contestó a través del interfono con un "en seguida", y accionó el sistema eléctrico que habría automáticamente la reja principal.

Mientras Integra les hablaba a sus amigos de lo interesantes que eran sus nuevas amistades, la vieja Emily no se apartó del recibidor, mirando con expectación hacia la gran puerta, jugando con su delantal entre las manos casi sin darse cuenta. Cuando al cabo de unos minutos, los invitados alcanzaron la entrada principal a bordo de un auto lujoso color negro, que también tiraba un camper ecuestre donde asomaba la cabeza un potro oscuro. Paul estuvo listo para darles la bienvenida con en cuanto el auto aparcó delante del gran pórtico de columnas griegas.

Los amigos de Integra vieron descender, primero a un corpulento y alto mayordomo de aspecto inquietante (piel exageradamente pálida, profundas ojeras enmarcaban unos ojos demasiado negros los cuales provocaban un escalofrío si se intentaba mirarlos fijamente, pues asemejaban las cuencas de una calavera, acentuados por una nariz aguileña de prominentes fosas nasales) que con sus manos de dedos largos y huesudos, se apresuró a ir abrir la portezuela derecha. De la portezuela izquierda descendió el duque Abigor, elegantísimo como siempre, usando un traje de color claro sin corbata que acompañó con un sombrero blanco tipo fedora que se quitó en cuanto cruzó el umbral de la casa, llevando del brazo (que había ofrecido antes de comenzar a subir la escalinata) a la deslumbrante dama que había bajado del auto. Impecablemente peinada y maquillada a pesar del calor que aún se dejaba sentir, andaba sobre un par de zapatos de tacón estilete con escote al frente que dejaba ver el meticuloso cuidado de sus pies, todo haciendo sofisticado conjunto con un vestido veraniego de seda floreada.

Integra y los demás chicos aguardaron para saludar, Paul ordenaba a algunas mucamas y un ayudante a bajar del auto las valijas de los recién llegados, pero no fue necesario, pues el extraño mayordomo se hacía con una valija y un beliz pertenecientes a la dama. "¡Haz el favor de colocarlas donde te indiquen, Nicodemo!" Exclamó la dama, el mayordomo asintió. Emily sólo se mantuvo observando a distancia, sin despegar la vista de ambos con un gesto temeroso y desconfiado, los vio traspasar el umbral de la puerta principal hacia el recibidor, sentir la estela del frío ambiente que arrastraban consigo, momento en que no pudo evitar exclamar con voz queda: ─ ¡Jesús sacramentado! ─ Se persignó en un santiamén, y dio la media vuelta ─ con su permiso, amos, ¡pero tengo mucho que hacer allá atrás! ─ pretextó y desapareció rumbo a la cocina. Una doncella le indicó a Nicodemo que la siguiera, y empezaron a subir la gran escalera principal.

Integra empezó a hacer la presentación de cada uno de sus amigos con el duque y:

─ Lilith, ¡siempre me gusta presentarme a mí misma! Mi nombre es Lilith. ─ se apresuró a indicar la dama estrechando la mano de la anfitriona.

─ Debo decir que conozco a muy pocas mujeres con ese nombre. ─ aseguró Cathy mirándola con escrutinio, haciendo obvias sus sospechas de que la mujer en su casa no era una simple mortal que llevaba el oscuramente celebre nombre, sino la diablesa en persona.

─ ¡Lo sé! Ningún padre o madre desea que alguna de sus hijas se llame como yo.

Volteó a verse con Abigor, ambos sonrieron, y siguieron inmersos en las presentaciones con los muchachos. Cuando los novios les fueron presentados los felicitaron. Abigor tomó la mano de Maggie y la besó educadamente, Lilith la felicitó con un ligero abrazo y un: ─ ¡Felicidades, querida niña! ¡Debes estar sumamente emocionada por tu boda! ─ y otro para Bob ─ ¡Felicidades, jovencito!

En ese momento, el duque exclamó de repente: ─ ¡Lord Alucard, buenas noches! ─ e hizo un leve movimiento con la mano derecha.

─ ¡Duque general! ─ Todos voltearon a ver al gran vampiro descendiendo la gran escalera alfombrada.

En el rostro del vampiro, Integra pudo adivinar una contrariedad apenas disimulada: ─ ¡Oh, Alucard! Me alegro de que hayas despertado ─ dijo ella haciéndole una señal con la mirada para que terminara de bajar la escalera ─ por cierto, duque, ¿vendrá Ylahiah?

─ Él vendrá mañana, me dijo que algo lo detuvo.

─ ¡Ya veo! Gracias por decírmelo … ─ Integra sonrió con sutilidad.

Lo siguiente que vio Integra, fue a Alucard descender la escalera y acercarse a donde ella y los demás, momento en el cual fueron invitados por Paul a pasar a sentarse al living y degustar té, coñac o bocadillos. En eso, Emily cruzó la habitación exclamando que tenía un recado importante de parte del ministro que oficiaría la boda, y de repente Integra se halló solamente con el duque, la dama Lilith y Alucard, de quien no podía dejar de notar una incomodidad y una reticencia al estar en presencia de la nueva invitada a quien se negó a besar la mano y habló con agria actitud a pesar de que ella lo llamó Vlad y se mostró afable hablando de viejas vivencias acerca de él. Lo siguiente que la chica escuchó, después de que el duque y lady Lilith se retirarán hacia el recibidor, fue a Alucard respondiendo una de sus dudas:

─ Ah… Alucard, ¿me puedes confirmar que esa mujer es, y me cuesta trabajo creerlo, pero… ella en realidad es la mismísima demoniza Lilith?

─ ¡Por supuesto que lo es!

─ ¡Guau!

─ …Odio que ella esté aquí, ¡hacía siglos que no la veía y no me agrada verla ahora! Verás, yo fui uno de sus muchos amantes… y prefiero decírtelo yo antes de que te enteres por alguien más.

"¡Hubiera preferido que no me lo dijeras!" Exclamó en su mente, pero cuando reaccionó de su ensimismamiento por haber recibido tan incomodo dato, se dio cuenta que la habían dejado sola al pie de la escalera. Proveniente del living, escuchó la voz de Cathy diciendo que el pastor Sanders no podía oficiar el matrimonio al medio día, que tendría que hacerlo al anochecer.

Con un suspiro profundo, Integra echó a andar a donde sus amigos, el duque, su vampiro y una antigua amante de este, la esperaban para "tener una alegre tertulia".

Continuará...


Este fue un capitulo muy breve, porque si no el que sigue me iba a quedar muy largo, es la verdad.

Gracias por las reviews, he dejado en PM la respuesta, y gracias Anon por leerte el fic.

Nos vemos a la próxima que será dentro de poco =)