Capítulo XXXII


Y el momento que tanto temían Draco y Harry; pero que Teresa y Clare anhelaban... llegó: Su entrada a Hogwarts.

La familia completa fue a dejar a las niñas al andén, incluso un más que redondo Remus, a quien le faltaba muy poco tiempo para dar a luz, sin embargo no quiso perderse ese gran momento.

El circulo de amigas deseaban estar igualmente ahí, más los padres de estas decidieron que dejar ese momento especial solo para los cercanos a las gemelas, era lo correcto.

Draco fue sostenido por Harry en el instante en que la maquina comenzó a avanzar, mientras Clare y Teresa se despedían agitando las manos asomadas por una de las ventanas.

El rubio se limpió discretamente una lágrima y sintió los labios de su esposo, depositar un beso sobre su mejilla derecha.

–Draco... amor... las verás en el colegio...

–Lo sé, pero no podré ser su papá...

Harry suspiró y besó a su esposo de nuevo:

–Triste yo, que ya no los tendré a ninguno.

Draco se giró y besó profundamente a su moreno:

–Yo siempre regresó por la tarde.

Harry asintió. La pareja se abrazó y cuando el tren desapareció en el horizonte, los Malfoy y sus parejas se giraron para retirarse, rumbo a su casa; aunque Remus los convenció de pasar comer en un restaurante de ese modo el tiempo de espera no se les haría largo y Draco podría llegar a tiempo al colegio.

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En el tren; las gemelas fueron vistas con suma curiosidad; no obstante que estas fueran amigas cercanas de una de las Sly más respetada y según los rumores ahijadas del Director y parientes de otros maestros, les dio suficiente espacio para que las tres rubias no fueran molestadas por preguntas o presencias indiscretas en su vagón.

Las tres niñas se pusieron al tanto de los acontecimientos que debían compartir de Hogwarts. Además que las Potter Malfoy habían recibido muchos consejos de sus padres y abuelos, sin olvidar a los adultos de su círculo. Clare confiaba en lo que dijo su papá... Ella amaba a su hermana y la admiraba, más deseaba pertenecer a la casa de los leones y estaba más que dispuesta a hacérselo saber al sombrero.

Cuando arribaron a los terrenos del antiguo colegio, Clare ya brincaba sobre las puntas de sus pies esperando por los carruajes y por Hagrid. Ellas pudieron ver a los Thestrals, pues para bien o para mal desde bebés la muerte estuvo muy cerca de ellas. Aunado a ver de nuevo a Hagrid y recordar que era protagonista de algunas de las anécdotas que su papá Harry les relataba.

El recorrido al interior incluyó la presentación de Minerva MacGonagall, que para que fuera sorpresivo, Irene no les contó.

La hora de la verdad llegó y al escuchar en el gran comedor:

–¡Teresa Potter!

Los alumnos se quedaron expectantes. La gemela mayor volteó a ver a su hermana, y le sonrió, luego avanzó con paso decidido y elegante hasta el banco, el sombrero fue colocado en su cabeza, más este no dudo ni diez segundo, para anunciar...

–¡Slytherin!

La casa verde y plata estalló en ovaciones y si bien hubo algunos cuchicheos entre las otras casas, no pasó a mayores, pues al momento en que Teresa tomó su lugar, se escuchó en esta ocasión:

–Clare Potter.

La niña sonrió radiantemente y caminó hacia el banco; se sentó y sintió el peso del sombrero...

–Hola... –masculló Clare– Papá dijo que...

–Oh me imagino, pequeña Potter... –susurró el sombrero a la rubita, luego anunció– ¡Gryffindor!

Clare saltó del banco y si no fuera por la velocidad de Severus al agarrar al sombrero, este hubiera dado en el suelo por lo impetuosa de la infanta. Quien se disculpó y caminó veloz hasta donde la casa dorada y carmín, aplaudía; pasó por donde su hermana se hallaba y le sonrió, sonrisa que para muchos dictó lo que para esas hermanas significaba la rivalidad entre casas... algo inexistente.

La cena inició luego del discurso de Severus y luego conocer las salas comunes y la primera vez que las Potter Malfoy dormían separadas; más las dos contaban con un juego de espejos que Sirius les regaló y con los cuales se encontrarían comunicadas.

El jefe de la casa Sly, no pudo resistirse a visitar a su hija en la casa de los leones y darle las buenas noches, por supuesto que con el permiso de la jefa de esa casa: Hermione Granger.

Luego se dirigió a su despacho y usó la chimenea para reunirse con su esposo y padres, y poder leer las cartas de sus pequeñas, claro que él no adelantaría noticias a ninguno.

Esa noche con los cuatro sentados cómodamente y con algunas copas y bocadillos; Harry se dispuso a leer y las risas entre Lucius y Remus no se hicieron esperar:

–¡Te lo dije Lucius!

–Sí, me ganaste. –aceptó el patriarca.

–Oh vamos papá, era algo ya escrito. –agregó Draco. Harry asintió estando de acuerdo con su esposo.

La familia celebró, a pesar de los resultados ya conocidos.

...

Las clases iniciaron y con ello el descubrimiento de las gemelas de que su papi, tía y padrino; eran profesores estrictos y muy respetados entre los alumnos, lo que les dejaba con la labor de ser sobresalientes en sus clases o en caso de Clare poner mucha atención y no distraerse con juegos.

Como esperó Irene; Teresa fue reconocida como la princesa de Slytherin, sobre todo al saber que era una Malfoy hija del antiguo príncipe –ahora maestro de pociones y jefe de su casa.

Clare tuvo a Teddy –su primo– y a Victorie como mentores, sin embargo ella fue valiente y no se sintió sola y se dijo que sus amigas y compinches estarían con ella en poco tiempo. Y si bien tuvo que lidiar con la fama de su papá, no era una chica tímida y tomaba con calma esas comparaciones o preguntas, sin olvidar mencionar que su papi Draco y familia ayudaron igualmente en esa victoria contra Voldemort.

De ese modo el tiempo de las gemelas Claymore en Hogwarts fue como sus padres se los prometieron, divertido, con experiencias nuevas y creando hermosos recuerdos.

Esa navidad, regresaron a Malfoy Manior con más aprendizaje y con ganas de estar cerca de su familia y su recién nacido tío... Lucian Malfoy Lupin.

El niño poseía el cabello rubio trigo y unos ojos plateados con betas ámbar, sin signo de sangre yōma.

Sus padres no lo dijeron, no obstante creyeron que Clare volcaría el excesivo apego que tenía por Raki en Lucian, más si bien amaba a su tío, el pequeño Black Snape seguía siendo su adoración.

En la fiesta post-navideña que el grupo hacía; los menores hicieron de los jardines y bosques de Malfoy Manior su patio de juegos; o lo que era correr y usar hechizos inofensivos, pero eficaces entre ellas.

Remus tuvo la deferencia de invitar a los Tonks, pues Teddy no había sido muy cercano a los Malfoy, más por Clare él y su familia, retomó la cercanía.

Raki quedó impresionado con los metamorfamagos –madre e hijo- y se entretuvo mucho con ellos. Después de todo igualmente eran parientes.

Los cariños y animadversión habían sido dejados de lado y es que Draco deseaba que la parte materna de su familia también fuera conocida y tratada por sus hijas.

Todos quisieron celebrar como si no existieran los yōmas, pues si pensaban que esos seres seguían por ahí fuera la fiesta, no hubiera sido igual.

Teresa se acercó a su tía Hermione y Theo, pues no era raro que ese par se hallara reunido.

–Tíos...

Los adultos vieron a la niña y esperaron:

–Tengo curiosidad por cierta Claymore que vi hace un tiempo...

–¿Dónde la viste cariño? –preguntó Hermione.

Theodoro se preguntó, el motivo de esa curiosidad de la impávida Teresa y después de pensarlo un momento... tembló imperceptiblemente, pues si llamó la atención de la niña esa Claymore poseía algo muy serio en ella.

–Hace tres años, cuando Raki nació; ella iba con un hombre que el abuelo conocía. Después le pregunté y supe que se llama Rimt.

–El jefe de los Inefables... –susurró Theodoro.

–Si. No sé su nombre, más tenía nuestra edad y en ese momento ella me notó sin que mi yõki estuviera despierto. –siguió Teresa.

–¡¿Estás segura?! –dijo Hermione.

–He estado repasando ese instante en mi mente y a lo mejor exagero, más no lo creo. Ella llevaba cabello corto y... bueno no puede decir detalles que la distingan.

La castaña pensó en voz alta:

–De su edad... es pequeña hasta para las Claymore...

–Y debe ser una de las mejores, si tus sospechas van bien encaminadas... –acotó Theo.

Teresa vio a los dos investigadores y esperó:

–Averiguaremos, cariño. –prometió Hermione.

–Definitivamente. –consideró Nott.

Y es que no fueron palabras vacuas; pues luego de esa reunión Hermione y Theo se pusieron manos a la obra. Para las vacaciones de pascua; Teresa y todos los del circulo tuvieron respuestas.

Theodoro le entregó el pergamino a Hermione, pues aunque los dos trabajaban a la par en las indagaciones; a él no se le daba tan bien hablar en público, como a la castaña.

–Pues algunos saben sobre lo que Teresa nos pidió hace unos meses; aprovechamos las vacaciones para ponernos a ello. Para los que no saben, debo contarles que... –Hermione les dijo sobre la Claymore y con todos al tanto, continuó su explicación– Pensamos que sería más hermético el tema sobre ella, más para nuestra sorpresa no fue difícil dar con muchos rumores sobre sus acciones e incluso recibimos información de una antigua amiga de Theodoro; –Rafaela seguía en contacto con el Nott y es que por las circunstancias tan parecidas entre los dos, hubo algo así como una amistad– y considerando que lo que descubrimos nos compete a todos, los citamos aquí.

Se hallaban en la residencia Nott. Charlie sintió que Deneve se acercaba a él y la abrazó; su hija a veces se sentía algo temerosa por la suerte de sus amigas las gemelas, y el destino tan importante que ellas tenían.

–Pues la guerrera se llama Priscilla, fue llevada a la organización cuando tenía once años, perdió a toda su familia (padre, madre, hermana y hermano) devorados por un yōma, fue de las ciudades muggles, pero su familia y ella son magos..., fueron.

–Rafaela asegura que hay un secreto en cómo fue que ella sobrevivió, realmente ella mató al monstruo que era su padre..., sin embargo hay más, y eso no pudimos descubrirlo. –intervino Theo.

Ron tenía abrazada a Miria y ambos veían con admiración a Hermione que continuó:

–Recolectamos testimonios de los magos y brujas que la vieron trabajar, y si bien hubo admiración por los imperceptible que fueron su cacerías, igualmente es temida por su impresionante perfección... –Hermione vio a Teresa que arrullaba a Lucian que se encontraba en su moisés– Tenías razón cariño, ella es una de las más fuertes Claymore, a pesar de su edad y poco tiempo de haber comenzado con su actividad, de hecho también nos comentó Rafaela que, existe el rumor que ya es la numero uno o por lo menos le falta poco para serlo.

–Ya la recuerdo –dijo Clare– Era la que estuvo en el banco.

Harry vio a Draco y este pareció quedarse pensando, buscando la imagen de ese día.

Teresa fijo la mirada en su tío y suspiró antes de comentar:

–Es muy joven y tiene un pasado terrible, más vi algo más en sus ojos, como muchas de las guerreras..., pero ella no me da confianza.

Los adultos temblaron, pues esa afirmación de Teresa los hizo recordar que los Kakuseishas eran Claymore despertados.

–Lo que podemos hacer, dentro de nuestras actividades es no perder su pista. –decretó Harry.

Todos estuvieron de acuerdo; Severus volteó a ver a su hija e hijo y los otros padres lo imitaron; esa guerra final se notaba muy cercana y ahora rogaría a Merlín porque la nueva amenaza, no lo llegara a serlo.

...

Como se prometió aquella tarde; Priscilla fue seguida o por lo menos sus acciones fueron monitoreadas y no solo por los Inefables, los adultos se turnaron, a veces el matrimonio unido o solo un miembro, buscando las huellas de la chica.

En esa ocasión y con ruegos poniendo cara de cacharro, Clare logró que Harry la llevara en un viaje relámpago a Alemania, donde el moreno tuvo una reunión de negocios en un restaurante, sin dejar de vigilar a su nena que comía un aperitivo en lo que él se le unía poco después para comer juntos, antes de tomar el Traslador a Londres mágico.

Harry vio como Clare sumergió la cucharilla en la Rote Grütze* y se lo llevó a la boca; rió divertido.

–Mi amor, tranquila.

–¿Podemos pedir otra papá? –Harry pareció pensarlo y Clare rogó– Por favor papi...

Harry asintió y de pronto tuvo los brazos llenos de Clare:

–¡Eres el mejor!

El de ojos verdes besó el cabello rubio de su hijita y esperó el chillido emocionado de esta, sin embargo eso no llegó, pues Clare veía a una figura parada en la acera que los miraba a través del cristal. Clare sintió ese escrutinio como una amenaza, y dejó salir un poco de yõki permitiendo que sus ojos plateados brillaran; más Harry la detuvo...

–No cariño, ella no nos está amenazando. Sabíamos que estaría por aquí trabajando..., por eso vinimos.

–Papá... ella no me agrada.

Harry vio a la Claymore. Priscilla los había mirado, sin embargo el exleón no sintió que fuera de mala forma, si no más como una mirada de anhelo, pero cuando Clare reaccionó, la joven guerrera frunció levemente el ceño, no obstante fue llamada por un Inefable que iba llegando y ya no reaccionó.

Harry vio a la niña seguir al mago, sin dejar de sentir como Clare lo apretaba contra sí. Potter besó el cabello de su hija y la calmó acariciando su espalda.

–Ya pasó.

Clare se calmó y dio un suspiró; como padre sabía los temores de sus hijas o por lo menos los mayores. Teresa temía no poder protegerlos, a todos ellos; Clare le asustaba... no ser tan fuerte como su gemela y no ser de ayuda para esta.

Harry le susurró con amor a su hija menor:

–Termina tu postre mi amor.

Clare ya no pidió doble ración. De regreso a Inglaterra y a su hogar, cada uno buscó a su confidente y relató el hecho. Draco se sentó en las piernas de su esposo y lo orilló a abrazarle.

–La guerrera no hizo nada cuando vio a Clare reaccionar, tal vez... hay esperanza.

–Deseo creer eso; ella más bien se notaba... melancólica.

–La pobre tuvo que ver morir a su familia y matar a su padre para sobrevivir...

–Si. Es muy triste.

El rubio sintió como su moreno se relajaba y se incorporó para guiarlo al cuarto de baño; los elfos les habían alistado uno relajante. Draco dejó a Harry dentro de la gran tina y él fue veloz a escribir una nota a Hermane y Theo, relatando la situación. Ahora debían ser más discretos en su pesquisas o no hacerlas tan seguido.

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Clare se acomodó en la cama con el cabello siendo cepillado por Rose y Teresa, preguntó:

–¿Qué pasó?

La menor contó su encuentro con Priscilla y al terminar Rose las dejó a solas.

Teresa se sentó en el sillón y atrajo a su gemela en un abrazo:

–Papá no iba a ser lastimado...

–Tuve miedo...

–...

– ¡¿Y si yo no podía protegerlo?! –Lloró Clare.

Teresa limpió las lágrimas de su gemela:

–No seas llorona; no eres diferente a mí, recibiste el mismo entrenamiento... hermanita yo confió en ti.

Clare se aferró a su gemela y dejó que esta la consolara, afortunadamente la pequeña tenía escondida la cabeza en el cuello de su hermana, pues no vio el rictus sombrío y feroz que por primera vez cambió el rostro sereno de Teresa la sonriente, pensando en que cobraría caro por esas lágrimas de su hermanita.

...

Para fortuna de los que conformaban el círculo cercano de las Claymore nacidas; durante tres años Priscilla cumplió con su labor eficientemente y si bien no la enviaron a cazar a los Kakuseishas, fue por la precaución de Rimt que no confiaba en que la chica se controlara; él deseaba más tiempo de experiencia; a pesar del evidente poder de Priscilla.

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Isley avanzó sin ocultar su presencia; Rigardo le siguió, a su lado como siempre.

–¿Por qué ahora? –cuestionó el Kakuseisha león.

–Creo que dejé mucho tiempo que los magos creyeran que podían seguir con su vida, ignorando mi presencia.

–Pero son...

–Que mejor demostración de mi poder, al destruir el futuro del mundo mágico.

Rigardo no respondió, para él hace mucho tiempo todos los magos y brujas solo eran carne.

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Los años solo afianzaron su posición en el colegió y ahora su equipo se les unía. Clare caminó feliz acompañada por sus tres mejores amigas. Teresa e Irene detrás de ellas; como siempre observando a su alrededor.

Viendo al grupo, Dudle sintió el abrazó de Fred.

–Ella ya no estará con nosotros... –se lamentó el rubio.

–Regresa en vacaciones y hará amigos o bueno, se divertirá.

–No me digas que le diste el mapa...

Fred no respondió, en cambio le guiñó un ojo a Harry. Dudle solo deseó que Severus no expulsara a Helen... tan pronto.

Clare regresó de nuevo, para comerse a besos a Raki ante de correr de nuevo al expreso.

Draco cargó al niño de seis años y le hizo cosquillas.

–¿Quién será mi yerno? –bromeaba el rubio.

Harry rodó los ojos. Sirius sonrió cómplice; Severus optó por suspirar resignado.

Lucian en brazos de su padre, preguntó.

–¿Qué es yedno?

Lucius rodó los ojos. Remus le respondió a su querubín.

–Es ser un muy buen amigo.

Lucian asintió muy convencido.

–Oh sip, Raki es yedno de todos.

Lucius sonrió divertido.

La máquina estaba llenándose poco a poco y el grupo de niñas aun recibía algunas instrucciones.

Teresa alzó la vista e Irene masculló.

–¡Malditos Dementores, no me digas que...!

Teresa no contestó, en su lugar sacó su varita y esta, luego de un movimiento se transformó en una gran espada.

–¡Papá! –Harry corrió hasta su hija– Viene una gran cantidad de yōmas... No. son Kakuseishas, saca a todos de aquí.

–¡Podemos irnos también, sin que ustedes deban combatir! –exclamó el moreno.

Teresa no se movió.

–Papá, no todos lo lograran a tiempo y... creo que la magia ya quiere terminar con esto.

Harry suspiró y se movió alertando a todos, por supuesto que al ver reaccionar y cambiar a las otras niñas, todos quisieron hacer lo mismo que el moreno, convencerlas de huir, Helen, Miria y Deneve solo tenían once años, Teresa y Clare catorce, Irene se despedía ese años de Hogwarts. Más el convencimiento no pudo ser, pues tuvieron que ayudar en la evacuación de la estación. Draco recordó ese día, ese en el que la vida de sus niñas cambió. Ahora también en ese lugar la escena se repetía. Y es que el huir ya no era posible, están rodeados y si se iban mucha gente sería comida.

Un poco de alivio para los padres de esas pequeñas llegó en un grupo de Claymore... con Priscilla a la cabeza.

...


Muchísimas gracias Ana Luisa y mil disculpas por no actualizar antes.

*Rote Grütze

La compota de frutas rojas es uno de los postres más típicos de la cocina alemana. La receta clásica lleva frambuesa y grosella. También se le pueden agregar fresas, moras o murtillas. Este postre suele ser servido con salsa o helado de vainilla, o con crema chantilly.