"Care package (pack de atenciones): conjunto de comida o artículos de lujo que se entregan a alguien apreciado a quien no se ha visto en largo tiempo"
Los labios de Adrien sabían tan dulces... A pesar de que la intervención de la magia hubiera sumergido tantos de sus besos en el olvido, sus corazones parecían atesorarlos de alguna manera en su interior, y ambos se buscaban como si supieran a la perfección qué caricias desplegar para arrastrar al otro hasta su paraíso compartido de latidos acelerados y sensaciones a flor de piel.
Los dedos del chico, aferrados a su cintura, parecían capaces de enviar escalofríos a todos y cada uno de los rincones de su cuerpo. Los suyos se enredaban entre los mechones de cabello dorado, acariciándolo durante los momentos más tiernos, y animándolo a profundizar aquellos besos que la volvían loca cuando la pasión tomaba el control.
Después de haber vivido una situación tan tensa, una pelea a vida o muerte, y tantas emociones extremas, ambos merecían un instante para ellos solos, en el que poder dejarse llevar sin más, antes de volver a cargar con el peso del mundo sobre sus hombros, ¿verdad? ¿Verdad?
Pues el destino parecía empeñado en mostrar con tozudez su desacuerdo con ello.
--No me odies antes de tiempo, Ladybug. Déjame explicarme primero --Bunnix extendió las manos frente a ella, conciliadora, al ver la mirada que le dirigía la portadora de la creación al verla entrar.
La heroína de la última oportunidad daba pequeños saltitos sobre las puntas de sus pies, incapaz de controlar su entusiasmo. Puede que, en el futuro, Bunnix fuera una persona mucho más calmada, como ya habían tenido oportunidad de comprobar; pero, por el momento, Minibunnix era puro nervio, fiel reflejo de la personalidad de la Alix actual.
Adrien rodeó con el brazo la cintura de su compañera.
--Te escuchamos... --Bunnix intercambió una mirada con Ladybug que lo hizo dudar, provocando que saliera a la luz toda su inseguridad--. A no ser que esta sea una reunión secreta entre altos cargos, y haya cosas que los héroes del montón no debamos escuchar --masculló, cruzándose de brazos, algo molesto.
--¡Tranquilo, Kitty noir! --rio Bunnix, haciendo que el chico frunciera el ceño todavía más, hasta que sintió la mano de Ladybug posarse, tranquilizadora, sobre su hombro.
--Vamos, gatito; sabes perfectamente que, entre nosotros, el tiempo de los secretos ya ha pasado. Claro que te puedes quedar.
--Además, todo lo que va a pasar a partir de ahora también te afecta directamente... Así que deja de enfurruñarte, y presta atención.
--¡De acuerdo, está bien! Por favor, Bunnix, dinos qué has averiguado.
La aludida sonrió con entusiasmo.
--¡Ha sido fantástico! Para ser mi primera misión, creo que lo he hecho fenomenal. He estado explorando la madriguera, ¡y he podido hablar con la Bunnix del futuro! ¡Y también contigo! Es decir, con ella. Bueno, ¡tú ya me entiendes!
--Por favor, dime que no lo hemos estropeado todo otra vez --gimió Ladybug, recordando los intensos besos que Adrien y ella acababan de compartir.
--Tranquila, el recado que Bunnix te manda... es decir, que yo misma te mando, ¿o debería decir, más bien, que te mandaré? --dudó, rascándose el mentón.
--Lo que sea, ¡pero dilo ya! --se impacientó Adrien.
--El caso es que, por ahora, todo parece ir como debería. Aunque, en realidad, es gracias a algo que yo he hecho --presumió, con aire misterioso--. Muchas gracias por confiar en mí, Ladybug. ¡Adoro este trabajo! --suspiró, encantada.
--Entonces, ¿lo estamos haciendo bien? --preguntó Ladybug en voz baja, como si no se atreviera a creerlo del todo--. ¿Hemos descubierto nuestras identidades secretas, nos hemos besado un montón de veces, y no hemos provocado el caos y el fin del mundo?
--Todo está ocurriendo como Bunnix, es decir, la Bunnix del futuro, recuerda. Y no ha habido cambios significativos en la línea temporal, digamos, correcta --confirmó la Bunnix actual--. Por cierto, ¿ya has invocado el Lucky charm?
Ladybug asintió, señalando la tetera que reposaba en el suelo, al lado de donde habían estado sentados.
--Ahí está; pero todavía no se me ha ocurrido qué tengo que hacer con esto.
Bunnix enarcó una ceja, divertida.
--¿Acaso no es evidente? ¡Es una tetera! Pues prepara el té.
--En realidad, mi poder no funciona así, ¿sabes? Suelen ser soluciones un poco más rebuscadas...
--Ladybug, confía en mí, ¿de acuerdo? --insistió Bunnix con seguridad--. Prepara el té, y llévalo al mausoleo.
La heroína se encogió de hombros; después de todo, no perdía nada por probar, y una taza de té calentito le sentaría maravillosamente bien.
--Está bien. Adrien, ¿dónde está la cocina?
--Te acompaño --se ofreció él.
--Pero no tardéis, ¿eh? --les advirtió Bunnix, conteniendo una risilla al ver que ambos se sonrojaban a la vez.
La cocina de la mansión era enorme, como todo en aquel edificio, y no había nadie en ella; Ladybug se preguntó vagamente si Gabriel le habría dado alguna excusa al cocinero para concederle el día libre, o si simplemente el pobre hombre habría puesto pies en polvorosa en cuanto había comenzado todo el lío.
Rebuscó entre las alacenas hasta que dio con lo que necesitaba. Eligió entre las infusiones disponibles un té verde chino aromatizado con jazmín que olía de maravilla, recordando que era el favorito de Wayzz; quizás podría reservar un poco para el kwami. Puso la tetera al fuego, y contempló cómo el vapor ascendía en finas volutas hasta perderse en el alto techo de la habitación. Pensó que el espectáculo resultaba agradablemente relajante después de la dura mañana que habían vivido.
--A mi madre le encantaba el té, ¿sabes? Solía decir que lo disfrutaba dos veces: primero cuando calentaba sus manos al sujetar la taza, y más tarde cuando, al beberlo, calentaba su corazón --murmuró Adrien con melancolía.
--Haremos todo lo posible para tratar de despertarla. Lo sabes, ¿verdad? --prometió Ladybug, mirándolo de frente.
--Lo sé. Y también entiendo que será muy complicado que tengamos éxito allí donde mi padre fracasó.
Ella asintió en silencio, sin saber bien qué añadir. Le gustaría haber sonado más optimista, pero tampoco deseaba darle falsas expectativas que no sabía si podría cumplir. Lo único que podía prometerle es que se esforzaría al máximo en buscar todas las alternativas posibles, y que no se rendiría mientras quedase alguna esperanza.
Adrien había buscado una bandeja redonda de madera oscura bellamente labrada, y unas cuantas tazas pequeñas de arcilla esmaltada donde podrían servir el té. Cuando tuvieron todo dispuesto, regresaron al mausoleo; y la heroína casi no deja caer la bandeja al suelo de la impresión cuando vio quién los aguardaba allí.
--Hola, mis queridos Ladybug y Chat noir. Me alegro mucho de veros, y también de que vuestro amor haya triunfado al fin.
--¡Maestro Fu! Se acuerda de nosotros --la chica corrió a abrazarlo, con lágrimas en los ojos.
El anciano rio al verla tan emocionada, dándole palmaditas reconfortantes en la espalda hasta que ella se apartó para mirarlo como si todavía no pudiese creer lo que veía. Fu señaló a Bunnix con un ademán.
--En realidad, lo que ocurre es que todavía no os he olvidado. Recibí una visita inesperada, que me transmitió información interesante sobre el futuro, y decidimos viajar juntos hasta aquí: justo hasta el momento en el que sabíamos que me necesitaríais. --Hizo una pausa para olisquear el aire, encantado--. Por cierto, ¡ese té huele delicioso! Sería una lástima dejar que se enfriara.
Ladybug lo sirvió con mano temblorosa.
--Pero, entonces... --comenzó.
--Intentad no darle demasiadas vueltas a las paradojas temporales, o terminaréis con un terrible dolor de cabeza --aconsejó--. Tranquilos: trataré de explicarme lo mejor posible, y responderé a las preguntas que pueda responder --sorbió el té con placer.
--Pero, Maestro --intervino Adrien--, si Bunnix ya le advirtió de lo que iba a ocurrir, de que... Lepidóptero iba a atacarlo... ¿Por qué no hizo nada por evitarlo?
--No haré nada por evitarlo porque eso es justamente lo que debe ocurrir. Es lo que os ha traído hasta aquí, y lo que os ha permitido librar con éxito la batalla final. Las pérdidas, los sacrificios, son parte de la vida: justo estaba escribiendo una carta sobre ello cuando recibí la visita de Bunnix. Una carta para ti --miró hacia Ladybug con una sonrisa.
--La recibí, maestro, y me ayudó mucho leerla --dijo ella, con las lágrimas pugnando por asomar.
--Me alegra saberlo. Pero no estés triste, por favor: yo no lo estoy.
--¡Es que fue mi error el que le expuso! ¿Y de verdad cree que estoy preparada para ser guardiana? La mayoría de las veces ni siquiera sé bien qué debo hacer. ¡Le echo de menos todos los días! --explotó ella, angustiada.
--Como ya he dicho, lo que ocurrió es, ni más ni menos, lo que tenía que ocurrir. Como has visto, la decisión de confiarte ese cargo es bien meditada: y hoy has demostrado con creces que no pude hacer mejor elección. Además, todavía guardamos algunas sorpresas para ti --añadió, con aire misterioso.
Bunnix asintió, esbozando una sonrisa.
--Poder tener conocimiento sobre lo que va a pasar puede representar una gran ventaja, siempre que se sepa usar con prudencia --aleccionó, agitando el dedo índice ante sí.
--Por ejemplo, saber que mis anotaciones personales sobre el grimorio llegarían a manos de Lepidóptero, me sirvió para poder ocultar algunos datos, y añadir a cambio otros de mi propia cosecha.
El maestro hablaba en voz alta, sin importarle que el villano, que estaba cerca, lo pudiera escuchar. Los ojos de Gabriel relampaguearon, fijos en él, cuando se supo engañado por el anciano.
--Por ejemplo --continuó Fu--, todas esas paparruchas sobre la importancia de la orientación de la urna que lo mantuvieron tan entretenido mientras vosotros contrarrestábais su plan...
Gabriel gruñó, enfurecido.
--¡Maldito seas, anciano!
--Ah, Lepidóptero... --el maestro se volvió hacia él como si acabara de percatarse de su presencia, y lo saludó con una inclinación de cabeza--. ¿Le apetecería un poco de té? Resulta excelente para calmar los nervios.
--Deje de burlarse de mi dolor --los dientes de Gabriel rechinaban de rabia.
--Veo que me considera su enemigo. Sin embargo, no habría tenido por qué ser así. De hecho, todavía me estoy planteando ayudarle; aunque, desde luego, no lo haría por usted, sino por Chat noir.
La expresión de su interlocutor cambió de golpe, reflejando su estupor, así como una chispa de esperanza contenida.
--Aunque, en el hipotético caso de que fuera posible hacer algo, habrá un precio, por supuesto --aclaró Fu.
Adrien y Ladybug se habían levantado y permanecían tras el anciano, tomados de la mano, y muy atentos a aquella conversación.
--¡Le daré cualquier cosa que me pida! Poder, dinero, ¡todo cuanto tengo! --aseguró Gabriel, provocando que el anciano emitiera un largo suspiro.
--No ha entendido usted nada, me temo. Yo no deseo nada de lo que pueda ofrecerme. Me refiero a que el equilibrio siempre tiende a restaurarse; y traer de vuelta a alguien desde las puertas de la muerte tendrá, de seguro, graves consecuencias. Pero mejor será que no adelantemos circunstancias; si está dispuesto, voy a necesitar toda la información que pueda darme para poder valorar el caso. ¿Compartimos ese té, entonces?
Gabriel asintió despacio. El maestro Fu se agachó junto a él, cortó sus ataduras, y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse.
--Después de todo lo que he hecho... De lo que le hice a usted... ¿realmente está dispuesto a ayudarme? --se maravilló Gabriel, frotándose las muñecas doloridas.
--Ha cometido un sinnúmero de errores, y se ha comportado con crueldad; pero no me corresponde a mí castigarlo por ello. Algo me dice que pronto tendrá la oportunidad de demostrar si queda algo de nobleza en su corazón, y si realmente está dispuesto a sacrificarse para traer de vuelta a su esposa, o solo asume usted ese concepto cuando atañe a los demás. Vamos; prepararemos más té.
Tomó la tetera vacía e indicó a Gabriel, que todavía tenía las piernas entumecidas por la posición en la que había estado atado, que se apoyara en él para caminar juntos hacia la cocina.
--Maestro, ¿de verdad se fía de él? --inquirió Ladybug, indecisa.
--Tranquila. Creo que sabe muy bien que represento su última oportunidad.
--Ladybug, aunque sé que le he dado motivos para pensarlo, le aseguro que no soy ningún monstruo --aseguró Gabriel.
--Se alió con una víbora. Encerró a su propio hijo, y no le tembló el pulso al medir armas con él. ¡Estaba dispuesto a sacrificarme, y casi mata a Luka, que estaba totalmente indefenso ante su estoque! --enumeró ella con rabia--. ¡A mí me parece que la palabra monstruo se le queda realmente corta!
El hombre abrió la boca, pero no emitió sonido alguno. Solo siguió caminando con la cabeza baja, impactado al enfrentarse a lo que representaba solo una pequeña parte de su larga lista de faltas. Una voz incómoda comenzaba a abrirse paso a través de sus supuestas certezas. Lo que había expuesto la chica era tan cruel como cierto. Había extraviado totalmente su camino, cometiendo una atrocidad tras otra, convencido de que su objetivo era noble por basarse en el amor. ¿Cómo había podido llegar a cegarse tanto? ¿Cómo podía alguien llegar a redimirse después de algo así?
Adrien se lo había advertido cuando intentó convencerlo para que se uniera a su causa; le había dicho que Emilie abominaría de él si supiera en lo que se había convertido en su nombre. Y empezaba a pensar que tenía razón.
Tuvo que apoyarse de nuevo en el maestro Fu para evitar precipitarse hacia el suelo, sintiéndose súbitamente mareado. Accedería a cualquier sacrificio que fuera necesario para traer a su esposa de vuelta, para que su hijo pudiera volverla a abrazar. Luego, él mismo se entregaría a la justicia, dispuesto a saldar su deuda.
Al llegar a la cocina, se dejó caer en uno de los taburetes mientras el antiguo guardián trasteaba entre los estantes, aparentemente ajeno al conflicto que lo devastaba, canturreando en voz baja.
--¿Le importa que me lleve el resto del paquete de té? --le preguntó, interrumpiendo sus pensamientos--. No es un producto fácil de conseguir, es el favorito de Wayzz, y me temo que yo me he quedado sin provisiones.
--Por supuesto: puede llevarse el que quiera. Y conseguiré más para que Ladybug pueda hacérselo llegar.
--¡Perfecto! A Marianne le encantará. ¿Y me hará el favor de pedirle que añada además unos cuantos macarons?
--Descuide; se lo diré. Cuente con que le enviemos un buen pack de atenciones de nuestra parte.
--¡Excelente! Bien; ¿por dónde íbamos? ¡Ah, sí! Tenemos mucho de lo que hablar, y un sueño mágico con el que terminar.
Pues ya tenemos sobre el tablero al aliado misterioso, y estamos rozando el final con las yemas de los dedos.
Antes de despedirme, quería pediros un favor: me temo que sigo sin dominar bien la aplicación, y no tengo ni idea de cómo enviar o recibir mensajes privados. ¿Alguien me puede ayudar con eso?
Gracias, y ¡hasta mañana!
Butercup
