DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola chicas! Nuevo y enooorme capítulo para ustedes. Disfrútenlo muchísimo, y recuerden, ¡ya solamente quedan 2!

Nota Autora: ¡Hola a todos! ¡Aquí capítulo más largo hasta ahora! :)

Como la mayoría de ustedes han notado, me estoy centrando en actualizar en lugar de responder a los reviews. ¡Espero responder pronto! Agradezco mucho sus comentarios y sus notas de amor.

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La Forma Correcta de Actuar

Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8

Capítulo 34

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El martes por la noche, atravesó la chimenea para llegar al salón de té. Se mordió el interior de la mejilla, preguntándose si estaría tomando la decisión correcta, pero sabía que a final de cuentas, si podía asegurar los siguientes tres pagos de la herencia, todo se terminaría.

Se sentó en una de las mesas cercanas y esperó hasta las 7:59 p.m., cuando se abrió la puerta de la oficina de Madame Michele.

La pequeña mujer la examinó a través de sus lentes. Hermione se puso de pie.

Sgta. G'angeg. Me habían dicho que ya no tomagías más lecciones.

Hermione tragó saliva. —Me temo que hubo un malentendido. Tengo la intención de terminar las lecciones y continuar con el trato que hice con Lucius Malfoy. Le agradecería si usted puede comunicárselo.

Madame Michele alzó una ceja con firmeza. —Muy bien, Sgta. G'angeg. Lo hagé lo mejog que pueda.

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Hermione le había escrito una lechuza a Monsieur DuBois el lunes para que reprogramara la clase de Diseño de Interiores que Draco había arruinado, y a Madame Bernard, cuya clase de Organización de Eventos había pospuesto el domingo por la mañana.

Madame Bernard había acordado reunirse con ella a las 9 p.m. el martes, justo después de Madame Michele, y Monsieur DuBois le había dicho que sólo podía el miércoles a las 7 a.m.

Tenía la sensación de que todos lo habían planeado juntos.

Llegó bostezando al trabajo a las ocho y cinco el miércoles por la mañana. Draco estaba allí cuando se abrió el ascensor, y él levantó una ceja mientras le entregaba un vaso de café.

—¿Noche difícil?

—Sí. —No se molestó en buscar ningún tipo de excusa. Tomó un sorbo de café mientras caminaban hacia su oficina, como todas las mañanas. Cuando se quitó la taza de los labios, vio a Kelsey, la asociada de Mockridge, mirarlos a ambos y sonreír hacia su escritorio.

Hermione parpadeó. ¿Eran demasiado obvios?

—Tengo un plan para nuestro almuerzo —dijo Draco, y Hermione se centró en él—. Algo para recuperar nuestra privacidad, —le susurró.

Cornelia Waterstone también se había colado en el almuerzo de ayer. Y había aceptado cuando Draco le ofreció almorzar con ellos. No habían tenido sexo desde el lunes, ni siquiera se habían tocado. Lo que de pronto se volvió muy evidente para Hermione, cuando Draco la guió a su puerta, con la mano apoyada muy abajo en su espalda.

Draco continuó. —He programado una reunión sobre el Programa de Integración de Nacidos Muggles para esta tarde. No necesitaremos ningún consejo sobre el Wizengamot para eso. —Él levantó una ceja—. Y, supongo, podríamos hablar de eso. —Él le guiñó un ojo y, como estaba de espaldas al resto de la oficina, ella era la única que pudo verlo.

Hermione le borró la sonrisa del rostro. —Hoy tengo el almuerzo con Viktor, ¿recuerdas?

Vio morir el sueño en su rostro. —Ah, sí. Viktor. —Ésta vez la sonrisa no llegó a sus ojos.

—¿Quizás mañana?

—Mañana a la hora del almuerzo tengo una reunión. Y luego saldré fuera de la ciudad el viernes. —Él frunció el ceño. —¿Estás libre mañana por la noche?

Hermione parpadeó. ¿Mañana por la noche? ¿Como en... una cita de verdad? ¿Y no sólo un polvo a la hora del almuerzo?

—Hum.. supongo que sí. —¡Clase de baile! —. Quiero decir, hum, no. En realidad no puedo. —Hermione apartó la vista—. Pero estoy libre ésta noche. —Volvió a mirarlo. No tenía idea de cuales eran sus intenciones, pero si él quería comenzar a salir con ella de manera oficial, lo haría.

Él hizo un puchero. —Ésta noche no funciona para mí. —Draco miró hacia el marco de la puerta—. Ya me las arreglaré. —La miró y acarició ligeramente su cadera antes de alejarse. Estaba segura de que nadie lo había visto, pero aún así se derritió un poco.

Unas horas más tarde se dirigía a su almuerzo con Viktor. Se encontraron en el mismo café al que había ido con Katya, y Hermione se preguntó si sería cosa de Búlgaros.

Él ya la estaba esperando y se levantó de la mesa cuando ella entró.

Herrmiowny, —dijo, y ella pensó que casi lo lograba. Viktor la atrajo hacia él y la besó en cada mejilla, rozando sus labios.

Se sentaron, charlaron y se rieron, y ella encontró el momento perfecto para presentarle la campaña de los Snidgets Dorados. Por suerte para ella, tener el apoyo de Viktor en la campaña les costaría muy poco a él o a MCG. Tendrían que entrevistarlo para El Quisquilloso y el Diario el Profeta durante la campaña de medios la semana entrante, y a medida que se acercara la fecha en la corte, tendría que hacer un par de anuncios contra la caza de los Snidgets Dorados.

Viktor estaba muy abierto a discutirlo. Estaba atento a todo lo que ella tenía que decir, incluso aunque la interrumpiera cada pocos minutos para decirle cuán hermosa se veía o la forma en que su piel brillaba cuando se entusiasmaba por los derechos de los Snidgets.

Intentó descartar lo que Draco había dicho respecto a que Viktor sólo estaba interesado en ella y no en los Snidgets.

Al final del almuerzo, Hermione se ofreció a mostrarle las oficinas de M.C.G. Y a presentarle a algunos compañeros de trabajo, Walter incluido, quien había hecho todo lo posible para reprimir su fanatismo por Viktor Krum.

Viktor caminó con ella a través de la calle y subieron al ascensor. Los ojos de Melody se abrieron y se volvieron codiciosos al verlo, y algunas de las chicas en los cubículos voltearon a ver a Viktor Krum más de una vez. Walter apareció de la nada y comenzó a estrechar su mano, discutiendo algo relacionado con el Quidditch. Hermione sonrió cortésmente cuando Wentworth asomó la cabeza fuera de su oficina y los tres hombres comenzaron a charlar sobre una vieja anécdota de la Copa del Mundo.

Hermione se detuvo a esperar en la parte frontal, observando mientras Melody intentaba mantener sus ojos apartados de Viktor a unos metros de distancia, y clasificaba su correo.

Blaise casi la derriba en su apuro por llegar a Viktor Krum. Cuando se enderezó, Draco apareció sobre su hombro.

—¿Cómo estuvo tu cita?

Ella ignoró la forma en que lo formuló y dijo, —Excelente. Se unirá a nosotros la próxima semana para la cobertura de medios. Y está muy interesado en el proyecto, muchas gracias. —Bajó la voz y continuó—. No tuve que mostrarle mis tetas ni nada.

Sintió a Draco aún a su lado, y le sonrió inocentemente.

—Qué buena noticia, Granger.

Viktor caminaba de regreso hacia Hermione.

Herrmiowny, debo irme. —Viktor volteó a ver a Draco y le dedicó una sonrisa tensa—. Hola, Malfoy.

—Krum, —dijo Draco, extendiendo un brazo para estrechar su mano—. Nos alegra contar con tu apoyo.

—Sí, —dijo Viktor, alejando su mano de Draco—. Harría cualquierr cosa por Harrmeownie. —A pesar de la errónea pronunciación, Viktor logró tomar la mano de Hermione con confianza para darle un beso en los nudillos.

Ella le sonrió y se ofreció a acompañarlo abajo. Lo guió al exterior de la oficina, pasando por la puerta de entregas y hasta salir a la calle.

Prometió volver a contactarlo con más detalles sobre el día con los medios de la próxima semana, y él le hizo saber con ojos profundos que podía contactarlo para cualquier cosa que necesitara.

Hermione se sonrojó y lo abrazó. Viktor le besó la mejilla izquierda, luego la derecha, y justo cuando Hermione se alejaba para despedirse, él besó sus labios, suave e insistentemente.

Hermione parpadeó cuando él se apartó. Él le dirigió una sonrisa apresurada y se alejó.

Volvió a entrar, Sus labios zumbaron mientras subía por el ascensor, y cuando las puertas se abrieron y vio que Draco seguía allí, pretendiendo ordenar el correo, intentó evitarlo.

—No me gusta tu Búlgaro, —dijo.

Levantó la vista y Melody estaba ocupada con algo. Nadie lo había escucharlo. Draco la miró y comprobó su reacción. Ella lo miró a los ojos.

—Yo tuve que aguantar a la tuya. Y sobreviví. —dijo.

Hermione alzó una ceja sin dejar de mirarlo, y se alejó rápidamente, rumbo a su oficina y lejos de su campo visual.

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La imagen de Viktor besándola en los labios apareció en la sección de Sociales de Skeeter el jueves. Alguien los había seguido desde la cafetería, y había tomado fotos de ambos sentados juntos en la mesa con croissants.

Ginny estaba muy confundida, pero Hermione le aseguró que no había pasado nada. Sólo una costumbre europea.

Ginny señaló la imagen justo cuando Viktor presionaba sus labios contra los suyos, más que un piquito, y dijo: —Sí, me parece bastante "francés"

Hermione frunció el ceño y salió por la puerta.

Cuando se abrieron las puertas del ascensor, y Draco no estaba allí con su café, Hermione se dio cuenta de cuántas personas leían la sección de sociales de Skeeter. Se dirigió a su oficina, ignorando la mirada de Kelsey, la intuitiva asociada, y cerró la puerta tras ella.

Dónde hubo fuego, cenizas quedan. —Una voz desde su escritorio, y miró hacia el Diario el Profeta flotando frente al rostro de Draco mientras leía el título de la sección de Skeeter. Él dobló el papel por la mitad y la miró por encima del borde. Hermione notó un vaso de café colocado a un lado de su tintero sobre el escritorio.

—¿En qué puedo ayudarlo, Sr. Malfoy? —Ella le dirigió una sonrisa socarrona, mientras colgaba su abrigo y bufanda en el perchero.

Volteó a verlo y él todavía estaba apoyado en el borde de su escritorio, leyendo el periódico. Él sonreía ante las palabras, pero sus ojos no se movían y sus labios estaban apretados.

Se acercó a él lentamente, le quitó el papel de la cara y se inclinó para besarlo. Ella presionó sus labios sobre los de él, y Draco se relajó, abrazando su cintura para atraerla. Ella movió sus labios suavemente, persuadiéndolo hasta que él le devolvió el beso con firmeza. Él subió la mano hacia su mejilla, sumergiendo la lengua en su boca.

Ella se apartó y sonrió contra sus labios. —Me gusta más nuestro fuego.

Él miró sobre su hombro, intentando luchar contra su sonrisa. —Tengo una reunión en cinco minutos, de otro modo te ofrecería una buena revolcada sobre éste mismo escritorio.

—Hmm. —Hermione se sonrojó—. Es una lástima. —Caminó a su alrededor, presionando su cuerpo contra el de él a propósito, y tomó su café. Ella le sonrió mientras bebía.

—El pago de la herencia de ésta semana fue transferido ayer. Solían hacerlo los martes por la noche, pero ésta vez lo hicieron ayer a las 8 de la mañana. —Él escudriñó su rostro—. Supongo que no sabrás nada al respecto, ¿cierto Granger?

Hermione tragó el café y sacudió la cabeza. —¿Tal vez tu padre quiere dártelo después de todo?

—Tal vez, —canturreó, mirándola a los ojos. Draco colocó el cabello de Hermione tras su oreja, luego la besó en la mejilla, después se movió a la otra mejilla, y ella ya estaba sonriendo antes de que él pudiera terminar el mismo camino que Viktor había recorrido en los periódicos. Él besó sus labios.

Draco se deslizó entre ella y el escritorio para marcharse, y le lanzó una sonrisa coqueta al salir. Hermione se acercó a la puerta cuando lo escuchó recibir con un saludo a alguien en los ascensores.

Se apoyó contra el marco de su puerta y lo encontró estrechando la mano del mismo hombre de aquella vez en el Baile del Concejal, el que Slughorn le había presentado. Lo vio conducir al hombre hacia su oficina, y cerrar la puerta tras de ellos.

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El sábado no pudo llegar con suficiente velocidad. Hermione envolvió los libros que le habían prestado anteriormente y los colocó al lado de su bolso.

Se miró de nuevo el cabello, el vestido y el maquillaje en el espejo. Era muy difícil encontrar algo apropiado para ir a cenar con Narcissa Malfoy y, al mismo tiempo, lo suficientemente sexy como para volver loco a su lo-que-fuera-que-él-fuese. Había decidido usar un vestido que Narcissa Malfoy aprobaría, con algunas prendas de lencería recientemente adquiridas que seguramente Draco Malfoy aprobaría.

No había visto a Draco desde el jueves por la mañana. Él había estado hasta el cuello de trabajo y después salió de la ciudad el viernes. Eso sumaba un total de cinco días desde que habían tenido sexo.

Por decirlo sutilmente, estaba lista para pasar tiempo con Draco esa noche.

Echó un último vistazo al espejo y cruzó la red Flú hasta la chimenea Malfoy, hacia el vestíbulo. Narcissa Malfoy estaba de pie con brazos cruzados en la base de la escalera de mármol, vestida con largas túnicas. Hermione se tomó un momento para sonreírle, sintiendo que había vuelto a casa después de un viaje muy largo.

Antes de que pudiera siquiera saludar, Mippy apareció frente a ella.

—¡Señorita! ¡Mippy está feliz de verla! ¡Mippy ha hecho una excelente sopa para ésta noche, pero Mippy no pudo encontrar calabazas! ¡No están en temporada! ¡Mippy quería darle sopa de calabaza!

Los brillantes y redondos ojos de la elfina brillaban al mirarla. Hermione sonrió y dijo, —Gracias, Mippy. Estoy segura de que lo que sea que hayas preparado será maravilloso.

Mippy sonrió radiante. Narcissa tosió tras ella, y Mippy la miró asintiendo y se hizo a un lado. Narcissa llegó con un abrazo de bienvenida.

—Hermione, cariño. Estoy tan feliz de tenerte aquí.

Sintió los brazos alrededor de sus hombros abrazándola. No se había dado cuenta de cuánto había echado de menos el olor de Narcissa.

—Gracias, Narcissa. Me alegra mucho estar aquí.

La mujer mayor se apartó para sonreírle y dijo, —Vamos a instalarte en la biblioteca por un rato, ¿quieres?

Mippy tomó los libros viejos en las manos de Hermione y desapareció con ellos, mientras Hermione se giró para seguir a Narcissa por el pasillo, pasando los bustos. Mantuvo sus ojos fuera del rostro de piedra de Lucius que la observaba, y se centró en el lugar donde algún día estaría el de Draco, justo al lado de las puertas de la biblioteca.

Narcissa abrió las puertas de la biblioteca. Olía tal como lo recordaba.

—¿Nos sentamos un rato? —Preguntó Narcissa—. No quiero quitarte mucho de tu tiempo para buscar libros.

—No, en absoluto. Me encantaría ponerme al día contigo.

Mippy, como si hubiera estado esperando esas palabras mágicas, apareció sosteniendo una bandeja.

—¿Café, cariño?, —preguntó Narcissa—. También tenemos descafeinado.

Aunque era un poco tarde en la noche para la cafeína, Hermione pensó en lo realmente poco que planeaba dormir esa noche, y ocultó su sonrojo mientras pedía cafeína.

Mippy sirvió, y ella y Narcissa se sentaron. Muchas cosas se habían torcido y cambiado desde su primera reunión en la biblioteca. Hermione se preguntó cuál habría sido el gran plan de Narcissa en aquel momento.

Hablaron sobre libros. Hablaron de Malfoy Consulting. Hablaron de Bailes de caridad y de la Quimera que ahora residía en Gringotts, y de pequeñas anécdotas de Draco cuando era niño. Cada vez que Hermione llevaba su platillo bajo su taza, atrapaba a Narcissa mirándola, con los labios fruncidos, y Hermione se preguntaba si tal vez aún había cosas que necesitaba aprender.

Narcissa seguía encontrando formas discretas de llevar la conversación hacia Draco -su mayor talento. Hermione estaba ansiosa por saber si ella sabría algo respecto a ellos, pero también estaba segura que los poderes de percepción de Narcissa eran mucho más impresionantes de lo que podría llegar a imaginar.

—Narcissa, —comenzó Hermione—, sé que probablemente no es necesario decir esto, pero lamenté mucho escuchar sobre el proceso de divorcio. —Hermione miró su café—. Draco me aseguró que era algo bueno, pero aun así, quería expresar mi simpatía por lo que estás pasando.

Levantó la vista, para comprobar cómo estaba Narcissa y encontró una delicada sonrisa en sus labios.

—Es muy amable de tu parte; pero sí, Draco tiene razón. Todo es como debe ser. —Narcissa volvió a colocar la taza en su platillo y la dejó sobre la mesa auxiliar—. Lucius rompió un acuerdo que tenía conmigo. Entonces yo, a cambio, estoy cobrando mis fichas. —Narcissa se volvió hacia ella—. No es nada que Lucius no haya visto venir.

Hermione asintió hacia su taza de café, intentando comprender las complejidades del drama familiar Malfoy.

—Bueno, cariño, —dijo Narcissa—, tienes alrededor de una hora antes de que se sirva la cena. Te dejo para que busques libros. —Narcissa se levantó y Hermione hizo lo mismo. Narcissa la señaló con el dedo—. ¡Y no te quiero ver saliendo de aquí con menos de diez libros nuevos!

Hermione se rió y le dio las gracias. Narcissa sacó la misma canasta que Draco le había traído la última vez que buscó libros y dijo —Draco debería llegar a casa a tiempo para la cena.

La dejó, de pie en el centro de la biblioteca. Hermione sonrió hacia los libros, decidida a descubrir algo nuevo hoy mientras deambulaba. Se obligó a pasar de largo los textos instructivos y los viejos libros de hechizos, profundizando entre los anaqueles. No había visto la pared posterior de la biblioteca la vez anterior, por lo que comenzó a sentirse un poco abrumada ante el tamaño de la habitación.

Hermione pensó inocentemente por un instante que daría lo que fuera por tener libre acceso a la biblioteca de los Malfoy, por haber acumulado esta colección, por poder agregar ejemplares, por tener permitido leer cada libro en ella.

Y justo cuando encontró la pared del fondo, con un asiento junto al ventanal con vista a los jardines, Hermione se dio cuenta que la esposa de Draco Malfoy podría hacerlo. Lady Malfoy obtendría no sólo el control de la biblioteca, su contenido y cuidado, sino toda la casa. Las renovaciones, el diseño, los jardines.

Las lecciones de Diseño de Interiores con Monseiur DuBois. Las clases de Organización de Eventos con Madame Bernard.

Hermione tragó saliva, observando por la ventana y encontrando el gazebo.

Sacudió la cabeza, se dio la vuelta y se enfocó en los anaqueles. Se enfocó en los libros; sólidos y simples.

Se tomó su tiempo, examinó los estantes, buscando secretos escondidos entre los viejos textos. Colocó en el asiento de la ventana algunos que quería llevar con ella, pero de nuevo, necesitaría consolidar. Sus dedos acababan de pasar por encima de un libro sobre Nicolas Flamel, uno que estaba convencida que los habría ayudado a los tres en primer año, cuando sintió que el aire se movía a su costado.

Miró por encima del hombro y Draco estaba allí, inclinándose casualmente. Mirándola. Él sonrió de lado.

La sangre bulló en sus venas mientras le sonreía. —¿Tu madre nunca te enseñó que espiar es de mala educación? —Hermione levantó una ceja.

—Lo intentó. —Él se cruzó de brazos—. Pero también me dijo que disfrutara de las cosas bellas de la vida, así que me parece una difícil contradicción.

Hermione parpadeó y sintió que se sonrojaba. Volvió a mirar el libro de Nicolas Flamel y abrió la tapa.

—¿Algún hallazgo interesante?

—Ah-já. De hecho, casi podría afirmar que si hubiese tenido acceso a la biblioteca Malfoy durante los pasados diez años, Voldemort no habría tenido ni una oportunidad. —Ella sonrió hacia la tabla de contenido.

Lo escuchó erguirse y aproximarse a ella. —Bueno, la próxima vez que un mago tenebroso aparezca, me aseguraré de que tengas a mano todo lo que necesitas.

Hermione le brindó una pequeña sonrisa, su mente divagando entre sus pasados pensamientos respecto a quién podría conseguir acceso total a ésta biblioteca.

—¿Qué estás leyendo ahora? —Sintió la voz de Draco sobre su hombro, y el calor de su pecho contra su espalda mientras miraba de frente los anaqueles.

—Nicolas Flamel. Alquimista. Piedra filosofal. —Una de las manos de Draco le retiró el cabello del cuello—. Éste libro fue escrito en el siglo XIX, antes de que se supiera mucho sobre él. —Su mano izquierda descansaba sobre la cadera de Hermione, encima del ligero vestido que estaba usando—. Así que- así que principalmente contiene teorías conspirativas y observaciones.

Sintió su rostro cerca, su mejilla rozando su oreja. Draco echó un vistazo al libro por encima de su hombro y canturreó —Ah-já —El sonido envió escalofríos a través de su columna, y sabía que él lo había notado.

—Es probable que no todo sea verídico —dijo Hermione, y la mano en su cadera comenzó a acariciarla en pequeños círculos, el pulgar justo debajo de sus costillas, sus dedos extendidos sobre el hueso de su cadera—. Pero- pero ese siempre es un lugar muy interesante para comenzar... investigando. —Ahora lamentaba lo delgado que era su vestido. Podía sentir el calor de la mano de Draco sobre ella como si no existiera tela en absoluto—. Comenzando con las cosas que han sido descalificadas o se probaron incorrectas.

Él asintió nuevamente con una vibración en su oído, y los dedos de Hermione se aferraron al libro. Apretó los labios, mientras él bajaba la cabeza hacia su cuello, rozando su piel con los labios. Ella se recostó contra su pecho, y la mano derecha de Draco se deslizó sobre su brazo, dejándole a su paso la piel de gallina. Ella cerró los ojos, pensando que la última vez en que realmente habían estado juntos había sido cuando la había arrojado sobre su escritorio, sus dedos aferrándose al mármol mientras la embestía con su cadera, succionándole la piel.

La mano derecha de Draco finalmente alcanzó la suya, sosteniendo el libro. —¿Por qué no me lees el Prefacio? —Pasó la página por ella. Hermione tragó saliva.

Respiró hondo e intentó enfocar sus vidriosos ojos en las páginas que tenía frente a ella.

—No se sabe mucho de Nicolas Flamel. Lo he rastreado durante mis cincuenta y cuatro años, y he hecho descubrimientos que deseo que el mundo moderno conozca.

Hermione pausó cuando la mano de Draco abandonó el libro y se unió a la otra en su cintura, ahora ambas acariciándola sobre el vestido.

—Continúa, —susurró. Y sus labios cayeron de nuevo a su cuello.

—He estado en Francia, en la Academia de Magia Beauxbatons. He habla- —Sus besos fueron tan suaves en su piel que casi deseó que la apretara más fuerte—. He hablado con el resto de los retratos que pueden saber sobre Flamel y su esposa Perenelle. Me han contado muchas historias sobre el joven Nicolas…

Los ojos de Hermione se cerraron por un momento. La mano de Draco subió por el costado izquierdo de sus costillas, contándolas mientras ascendía. Su mano se detuvo antes de alcanzar su seno, dejando que cada dedo encajara entre una costilla, y su pulgar rodeando la protuberancia de su cuerpo. Esperó a que él la tocara, con los párpados aleteando, mientras su mano derecha dibujaba círculos en su cadera y sus labios pintaban patrones sobre su hombro.

—¿Qué tenían que decir los retratos, Granger? —murmuró él contra su piel, y una sacudida ascendió desde su vientre, haciendo que sus muslos se contrajeran y la piel de sus senos se tensara hasta que sintió que sus pezones se asomaron a través de la tela.

Ella gimió. —Hum... —Abrió los ojos, parpadeando para aclararlos— ...historias del joven Nicolás y sus aventuras en la escuela. Pero algunos lo habían visto de nuevo. Algunos de ellos... —Se concentró en el libro cuando el pulgar de Draco comenzó a deambular sobre su pecho, acercándose cada vez más. Sus dedos se alzaron, acunando su seno, y su mano derecha se deslizó hacia abajo, hacia abajo, estrujando la tela de su vestido para deslizarse por debajo—. Algunos retratos habían visto a Nicolas Flamel y a su esposa hacía poco tiempo, en 1798, lo que corroboró que los Fla-Flamels superaban los cuatrocientos años de edad.

Draco deslizó su mano derecha bajo el vestido, y ella sintió que la tela revoloteaba hacia abajo, deslizándose hasta sus rodillas mientras sus dedos bailaban entre sus muslos. Sabía que sus nuevas pantaletas ya estaban hechas un desastre. Las pantaletas que usaría para Draco esa noche, y ella sonrió, mordiéndose el labio mientras él rozaba la mano contra su cuerpo. Él le mordió el cuello y ella gimió. Su mano izquierda finalmente le dio lo que quería, moviéndose encima de su seno, y luego tiró de él, pellizcando y acariciando a través de su vestido, a través de su sostén.

—Cuatrocientos años de edad, ¿verdad, Granger?

—Ah-já —jadeó ella—. Sí —siseó.

La mano que la tocaba sobre sus pantaletas, se movió hasta su vientre y se sumergió bajo el elástico, corriendo de un lado a otro, deslizándose a través de su piel.

Ella se reclinó sobre él, casi tirando el libro.

—¿Qué más dice?, —Susurró, después la besó en la mandíbula, succionando.

—No puedo, Draco. Por favor.

Él deslizó un dedo dentro de su cuerpo, empujando lentamente, y ella gimió. Él apoyó firmemente su cadera contra su cuerpo, manteniendo el brazo entre sus muslos y la mano dentro de su pantaleta, y ella sintió su firmeza contra su trasero. La mano en su seno se deslizó hasta el otro, tratando de luchar contra la tela del vestido para apartarla de su camino. Él embistió contra su cadera nuevamente, y pasó el pulgar sobre su punto más sensitivo.

—Oh, por Dios. Draco.

Él añadió otro dedo dentro de ella y Hermione pudo sentirlo resoplando contra su mandíbula, besándola desenfrenadamente mientras la embestía dentro y fuera, bombeando a un ritmo lento mientras movía rápidamente el pulgar contra su centro, y oprimiendo con insistencia la cadera contra su trasero.

Hermione dejó caer el libro. Acarició sus brazos, intentando encontrar algo a lo que aferrarse.

—Pon las manos en el estante. —Su voz era ronca contra su mandíbula. Y las manos de Hermione se proyectaron hacia el frente, inclinándose ligeramente, haciéndolos gemir a ambos con el cambio de ángulo de su cadera. Ella lo sintió mover más rápidamente la pelvis, cada vez más rápido mientras seguía frotándola, más rápido mientras ella se contraía alrededor de sus dedos en movimiento.

—Mierda —siseó Draco tensamente contra su piel—. He deseado hacerte esto... —Jadeó contra su oreja—. Deseaba hacerte esto cada vez que te veía en la biblioteca de Hogwarts.

Ella gimió y comenzó a contraerse por dentro. —Por favor, Draco.

La mano en su sujetador se aferró a su cadera, manteniéndola quieta mientras él se inclinaba hacia el frente, los dedos dentro de ella se alentaron, pero su pulgar siguió moviéndose sobre su centro. Hermione comenzó a montar su mano, escuchándolo jadear mientras ella se removía contra él.

Un estallido a sus espaldas. Una voz aguda.

—Mippy viene a informarles que la cena está lista.

Hermione se cubrió la boca con una mano, mientras Draco se quedó quieto detrás de ella, con una mano aún dentro de sus pantaletas. Los ojos de Hermione estaban muy abiertos cuando Draco cuidadosamente deslizó sus dedos fuera de su cuerpo, arrastrando la mano hacia su muslo.

Draco se aclaró la garganta.

—Gracias, Mippy. En un momento iremos.

Un estallido.

Ambos continuaron impávidos.

Hermione se carcajeó. Sintió la frente de Draco caer sobre su cuello y lo escuchó susurrar una maldición contra su espalda. Eso la hizo reír más fuerte.

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La cena fue encantadora. En comparación con la primera vez que cenó con Narcissa y Draco, había sido un paseo por el parque.

Cuando se despidió de Narcissa, agradeciéndole y prometiendo visitarla más a menudo, Draco ya estaba de pie, esperando para "escoltarla".

La guió por el pasillo, pasando la biblioteca y hacia el recibidor. Draco giró al pie de las escaleras y comenzó a subir. Él tomó su mano entre las suyas y la condujo arriba. Una vez que estuvieron en el tercer piso, cruzaron algunos pasillos pasando tapices y estatuas. Hermione se avergonzó al darse cuenta que Monsieur DuBois hubiera estado muy orgulloso de ella por reconocer muchas de las pinturas y estilos de decoración famosos.

La luz de la luna brillaba a través de la ventana a la que se aproximaban. Los dedos de Draco se sentían tibios sobre su piel. La ventana daba a un pequeño estanque, y los pavos reales albinos se podían distinguir a la luz del atardecer. Se detuvo en seco, mirando por el enorme ventanal, y la mano de Draco se soltó de la suya.

—Wow, —murmuró ella.

Se acercó a la ventana hasta prácticamente presionar su nariz contra la superficie. Hermione volteó para mirar a Draco y él la estaba observando. Ella le sonrió y lo dejó guiarla a través del corredor.

Pasaron frente a una puerta y se detuvieron al pie de otra de madera ornamentada. Tenía un dragón tallado en la superficie.

Draco la miró, luego respiró hondo y abrió la puerta, haciéndola a un lado para que ella pudiera entrar primero. Ella lo hizo.

Se veía exactamente como uno esperaría que se viera la habitación de Draco Malfoy. Cama de dosel. Cortinas verdes. Librero y sillones. Chimenea. Alfombra afelpada. Puertas que conducían a un balcón.

Hermione se rió.

—¿Qué?

Ella volteó a verlo, sonriendo, y descubrió que él la observaba de cerca.

—Todo es bastante predecible. Me encanta. —se carcajeó. Draco rodó los ojos y cerró la puerta tras de ellos.

Hermione se paseó por la habitación, dos veces del tamaño de la suya, posiblemente del mismo tamaño que todo su departamento compartido con Ginny, si contaba el armario, el baño privado y el balcón.

Fue hacia el librero, documentando los títulos que a Draco le gustaba tener cerca. Dejó que sus dedos recorrieran los anaqueles.

Asomó la cabeza en el baño y encontró una enorme bañera de mármol. Tocó las cortinas, dejó que sus ojos observaran por un momento una foto de Draco con Crabbe y Goyle, tomada en cuarto año aproximadamente.

Draco la seguía mientras ella exploraba, dándole un par de centímetros de espacio, y ella podía sentir sus ojos encima.

Hermione se aproximó a las puertas del armario y se giró para pedir permiso. Él asintió. Abrió el vestidor y encontró negro y gris en su mayoría. Ella se rió de nuevo. Entró y sintió a Draco aproximándose a la puerta. Ella caminó acariciando su ropa.

—Necesitamos vestirte con naranja y rosa. —Le guiñó un ojo.

Los labios de Draco se torcieron, pero continuaba mirándola. Casi nervioso.

Había un conjunto de cajones en la esquina, y estuvo a punto de pedirle permiso para hurgar en ellos. Dejó que sus dedos recorrieran la madera, y Draco se removió en la puerta. Hermione se volvió hacia él y encontró nuevamente esa expresión tensa en su rostro.

Se acercó a él, lo acarició ascendiendo las manos por su pecho y lo peinó, y lo besó. Él envolvió los brazos alrededor de su cintura, apretándola contra él. Hermione entreabrió los labios y probó el vino de la cena en su boca, sonriendo contra su boca mientras él dejaba que sus manos vagaran por su espalda hasta tomar su trasero. La acercó más a él y ella suspiró en su boca.

—Me gusta tu habitación, Draco.

Los ojos de Draco se abrieron, oscuros y embriagadores. Él le sonrió y la besó de nuevo. Ella se echó hacia atrás y bajó la vista hacia su pecho, sintiéndose tímida de pronto.

—Tengo una sorpresa para ti.

—Oh, enserio. —Su voz era provocadora.

—Sí, creo... creo que te gustará.

—¿Y cuándo recibiré mi sorpresa? —Sus manos todavía estaban acunando su trasero, y apretó, luego masajeó, trazando figuras en su carne. Sintió un pulso de placer moverse a través de su cuerpo, y pensó en lo lista que había estado para tenerlo dentro cuando estuvieron en la biblioteca hacía un rato.

—Necesitarás, hum... darme algo de espacio, —tartamudeó. Él le sonrió y salió del armario, moviéndose para sentarse en el borde de su cama. Draco le sonrió, y ella sintió un escalofrío atravesarla.

Se paró frente a él y buscó la cremallera de su vestido. La abrió y lo miró mientras se quitaba un hombro y luego el otro. Cuando la tela pasó sobre su sostén, sus ojos bajaron.

Era de un color verde intenso, con encaje negro en los bordes. La tela era muy delgada, tanto que sabía que él podía ver sus pezones a través de la tela.

Empujó el vestido por la cintura y dejó que se deslizara por sus caderas, donde reveló las pantaletas verdes a juego.

Draco tragó saliva.

Se quitó el vestido y se quedó allí sólo con su sostén, pantaletas y tacones. Ella apretó los labios, intentando evitar cubrirse con los brazos.

—Ven a la cama.

Ella volteó a verlo y él estaba poniéndose de pie, moviéndose a un lado de la cama para que ella pudiera subirse. Sus ojos recorrían su cuerpo, hasta llegar a su rostro, y luego hacia abajo.

Hermione sonrió. Avanzó hacia la cama, sintiendo el aire frío contra su piel y sus ojos sobre ella. Escuchó una tenue inhalación cuando pasó frente a Draco, y notó por primera vez que sus pantaletas eran tanga. Ella vio su mano subir para aferrarse al poste de la cama.

Se mordió el labio y decidió hostigarlo un poco. Si lo lograba.

Se inclinó, llevando una rodilla al pie de la cama, y comenzó a gatear hacia el centro. Ella sabía que estaba exhibiendo para él su trasero apenas cubierto, y trató de empujar sus caderas aún más alto. Podía escucharlo inhalar.

Llegó al centro de su cama gigante y giró la cabeza para mirarlo.

—¿Te gusta?

Sus ojos estaban fijos en su trasero. Él tragó saliva y la miró a la cara con ojos ardientes. —ACUÉSTATE.

Ella sonrió y se giró para apoyar la cabeza sobre las almohadas. Miró hacia los postes de su cama y sonrió. Juntó recatadamente las piernas, mientras él se movía al pie de la cama y se quitaba los zapatos. Draco se sacó el suéter sobre la cabeza y lo arrojó a algún lado, y comenzó a arrastrarse por la cama, igual que ella. Hermione se alzó sobre sus codos para contemplarlo.

Cuando la cabeza de Draco llegó hasta sus rodillas, besó a cada una de ellas, una y otra vez hasta que se separaron contra su voluntad. Ahora podía sentir que su respiración se aceleraba, y mientras contemplaba su rostro, él besó un camino ascendente por su muslo, hacia su bonita lencería verde.

Hermione se mordió el labio. Había puesto su boca allí solamente una vez, en su oficina, mientras ella divagaba sobre el calamar gigante para él. Estuvo bien. Muy bien. Pero él la había distraído aquella vez, y hoy ya estaba muy mojada, y los ojos de Draco estaban devorando su lencería verde a medida que sus labios se acercaban más y más.

Estaba a punto de agarrarle la cabeza, apartarlo de... allá abajo, cuando él plantó su boca sobre ella, sobre sus lujosas pantaletas verdes.

Hermione jadeó y aprisionó las sábanas en sus puños, su cabeza aterrizó sobre las almohadas, y sus rodillas intentaron cerrarse, tratando de apartarlo, pero él las abrió con la mano sobre sus muslos.

La besó sobre la tela dos veces, una vez cerca de su entrada, y otra justo encima de su clítoris, y ella gruñó. Sintió su lengua, deslizándose de abajo hacia arriba, sobre la tela, presionando firmemente su parte superior, y la tela y su lengua y la presión...

—Mierda… Draco.

Él levantó la cabeza. Ella volteó a verlo y sus ojos estaban vidriosos y ardientes. Su boca estaba abierta y jadeando sobre su cuerpo, podía sentir el aire golpearla cada vez que exhalaba.

—Dilo otra vez.

Ella lo miró, jadeando, y sintió las palabras golpear contra sus pantaletas.

—Draco...

Él sacudió la cabeza, sonriendo. Sintió que los músculos dentro de ella revoloteaban alrededor del vacío. Lo deseaba adentro, deseaba algo contra lo que pudiera contraerse. Él todavía mantenía sus piernas abiertas, con su mano sobre un muslo, comenzando a apretarla.

—Mierda, —probó.

Draco le sonrió y bajó la cabeza, para besarla de nuevo. Ella gimió.

—Oh, mierda.

Él se rió contra su cuerpo, y el sonido y el aire la golpearon justo donde ella deseaba. Él apartó la mano de su muslo y tiró de sus pantaletas haciéndolas a un lado. Sus ojos se abrieron cuando se dio cuenta de que él no se las quitaría. Él bajó la cabeza, sus ojos la observaron y dejó que su lengua se arremolinara sobre su piel. La metió en su interior, lamiendo y presionando, y luego otra vez afuera.

—Mierda, mierda, mierda. —jadeó.

Él gimió, con la lengua dentro de su cuerpo, y ella lo agarró del cabello, empujándolo hacia abajo, obligándolo a acercarse más. Hermione se dejó caer en la cama sobre un codo y envolvió su otro brazo alrededor de su pierna, abriéndola más, empujándola más arriba mientras doblaba la rodilla.

Ella elevó las caderas. Fue un movimiento repentino, y eso hizo que él llegara más profundo. Él movió su lengua más rápido contra su piel. Movimientos dorsales rápidos contra su entrada. Ella levantó nuevamente las caderas.

—Oh, mierda, Draco.

Draco arrastró sus labios hacia su clítoris, moviendo la tela a un lado con la mano, y se movió rápidamente contra su piel. Ella volvió a ejercer resistencia, empujándole el rostro hacia su cuerpo con las manos tras su cabeza.

Esto era el cielo. Esto era felicidad. Sentir que la devoraba, que no podía respirar y que no le importaba.

No podía respirar.

Soltó la cabeza de Draco, moviendo sus manos nuevamente hacia las sábanas, y gimió. Él buscó aire rápidamente, inhalando profundo, y la miró.

—Avísame cuando estés a punto de llegar.

Ella vio como volvía a apretarse contra ella, su lengua danzando sobre su piel. No sabía cómo reconocería cuando estuviera llegando. A veces era algo tan repentino.

Hermione se llevó las manos a los senos cuando él volvió a lamer. Gimió mientras se acariciaba a sí misma a través del delgado sujetador. Se imaginó las manos de Draco, pellizcando y presionando.

Sintió que sus músculos se movían en su interior. Necesitaba cerrar las piernas alrededor de algo. Draco la tenía abierta de par en par, y ella quería cerrarlas y montar algo.

Él gimió otra vez contra su piel y el sonido envió ondas por su columna. Volvió a apretarse los senos, tirando y retorciendo y sintió otro aleteo en su abdomen bajo.

—Creo... creo que casi... Draco.

Él volteó a verla y sus ojos se posaron sobre las manos que tenía sobre sus senos. Él hizo otra vez un sonido contra su cuerpo, y reverberó a través de ella.

—Mierda —susurró.

La mano que sostenía a un lado sus pantaletas, se movió rápidamente a su entrada. Mantuvo sus ojos en su rostro mientras la golpeteaba con la lengua, cada vez más rápido, y ella comenzó a desbaratarse en todas direcciones.

Dos de sus dedos finalmente entraron en su cuerpo, presionando hacia adentro, y ella se contrajo alrededor de ellos, y comenzó a gimotear. Draco los mantuvo allí, sin moverse, sólo empujando hacia adentro y succionando con fuerza su clítoris.

Sintió que sus músculos se contraían, complacida de tener algo a lo que aferrarse. Y gritó mientras llegaba al borde flotando.

De vuelta en sí misma, pudo sentir nuevamente los dedos de Draco, bombeando lentamente, con parsimonia. Y su lengua dibujando pequeños círculos apáticos. Ella abrió los ojos y lo encontró observándola con la lengua sobre su piel.

—Mierda. —dijo de nuevo.

Draco se carcajeó. Se alzó sobre sus manos y se arrastró por su cuerpo, besando su vientre en el camino. Dejó besos ligeros en cada uno de sus senos a través del sujetador transparente, y Hermione sonrió y se mordió el labio.

Podía sentir su firmeza contra su cadera al tiempo que él se cernía sobre su boca y le preguntó —¿Puedo besarte así?

Ella parpadeó, sin entender a qué se refería, y luego se dio cuenta de dónde había estado su boca y que su orgasmo seguía adherido a sus labios.

—Hum —balbuceó—. Supongo que sí.

Él sonrió y sacudió la cabeza. Tomó un pañuelo de su mesa auxiliar y se limpió la boca. Él la besó en la mandíbula, en el cuello.

Se sentía muy feliz. Y casi con somnolienta. Pero él se presionó contra su estómago, firmemente, repetidamente.

¿Debería ella... debería devolverle el favor?

Ella nunca... había hecho una cosa así antes.

De pronto estuvo completamente despierta.

¿Quizás él podía guiarla?

Ella buscó sus pantalones y comenzó a desabrocharlos. Él suspiró contra su cuello.

Draco se apartó para ayudarla, sentándose de rodillas y mirándola, relamiéndose los labios.

Bueno, eso había sido rápido. Ya estaba caliente otra vez.

Ella empujó sus hombros hasta que lo tumbó de espaldas. Él se rió y ella se arrastró encima de él. Hermione llevaba el cabello suelto alrededor de sus hombros y lo besó en los labios, olvidando que él aún tenía su sabor. Ella jadeó cuando él se abrió paso dentro de su boca.

Se echó atrás y comenzó a besar su pecho. Una de las manos de Draco ascendió hasta su cabeza, moviéndose entre su cabello. Ella lo miró y sus ojos estaban oscuros. Besó uno de sus pezones y sus labios se arquearon.

Muy bien, ahí no era tan sensible.

Volvió a bajar la cabeza y continuó descendiendo, y él jadeó cuando descubrió sus intenciones. Levantó la vista y sus ojos estaban muy abiertos y mirándola. Ella lo besó de nuevo, más abajo, y su mandíbula se abrió. Notó que su aliento se volvía más pesado a medida que bajaba.

Hermione comenzó a tirar de sus pantalones y él se sentó, tomándola por los brazos.

—No tienes que hacerlo.

Ella se sentó y lo miró. —¿No quieres que lo haga?

Su boca se abrió. Y volvió a cerrarse. Y no dijo nada. Ella volvió a mirar su cintura y comprobó que estaba más que listo. Lo besó en el abdomen y Draco se recostó.

—Oh, Merlín, —susurró.

Hermione le bajó los pantalones hasta la cadera y tragó saliva mientras contemplaba la parte delantera de sus boxers. No sabía qué hacer. Vio que los músculos de su abdomen se contraían y volteó a mirar su rostro mientras él la miraba fijamente.

—No tenemos que... —Él se colocó a su lado, sentándose de nuevo—. Hay tantas cosas que quiero hacer contigo ésta noche. Todas las noches. Podemos intentarlo después.

Sus manos se deslizaron por los brazos de Hermione, y la besó, empujando la lengua dentro de su boca mientras ella probaba su propio sabor.

—¿Podemos hacer algo más en su lugar? —preguntó Draco.

Intentó no sentirse avergonzada e inexperta. Así que, simplemente asintió.

Draco la apartó y se quitó por completo los pantalones, seguido de sus boxers. Ella se sintió contenta de no continuar con el plan A, mientras obtenía un verdadero vistazo de su anatomía.

Hermione se bajó sus pantaletas hasta las rodillas y terminó de quitárselas junto con los tacones. Tomó su sostén pero él la detuvo. —No, no quiero que te quites eso nunca. —Él sonrió contra sus labios y ella le devolvió la sonrisa. Él se presionó contra su cuerpo, ahora completamente desnudo, y ella solamente usando su sostén.

Le abrió las rodillas, posicionándose entre ellas, y la besó nuevamente en la boca. Y una vez que Hermione levantó las rodillas, aferrándolas a su costado, él rodó junto con ella, colocándose de espaldas. Su cabello cayó alrededor de ellos cuando ella se enderezó.

—¿Podemos intentarlo así? —preguntó Draco, levantando la vista desde las almohadas.

Tal vez el plan A hubiera sido más sencillo. Ella no sabía… moverse como él.

—Yo... no sé cómo...

Él le sonrió y se lamió los labios. —Ya nos las arreglaremos.

Draco acercó sus manos a su cadera y la atrajo suavemente hacia su cuerpo, deslizándose contra ella. Hermione apretó los labios, su mitad inferior todavía húmeda.

Ella llevó las manos a su pecho, presionándolo mientras se levantaba, para permitirle que él encontrara el camino hacia su interior. Él entró fácilmente, y Hermione intentó relajarse, cerró los ojos y bajó las caderas. Cuando pensó que él ya estaba completamente adentro, él todavía entró un poco más. Sus músculos se contrajeron alrededor de su anatomía, intentando amoldarse, y él gimió.

Ella abrió los ojos y encontró que los mantenía firmemente cerrados, inhalando rápidamente.

No sabía qué hacer a continuación. Intentó revertir el movimiento, y se alzó de nuevo, permitiendo que se deslizara fuera de ella casi por completo, y luego volviendo a bajar. Los ojos Draco se abrieron de golpe para mirarla.

Hermione apartó su cabello del camino, colocándolo sobre su hombro, y a él debió haberle gustado eso porque sus manos le estrujaron las caderas.

Volvió a levantarse, tratando de ir más rápido, pero sabiendo que mantener ese ritmo sería difícil. Podía sentir sus muslos temblando ya.

Estaba a punto de pedirle que se hiciera cargo. Ella lo miró a la cara y lo encontró jadeando, devorándola con los ojos, relamiéndose los labios y apretando los dedos sobre sus caderas.

Intentó embestirse un par de veces más. Draco levantó la mano y pellizcó uno de sus senos. Ella jadeó y acometió de nuevo. Apoyó los brazos sobre su pecho, dejando que su peso recayera casi enteramente sobre él, y el ángulo cambió. Hermione contuvo el aliento cuando sus dos manos llegaron a sus senos; apretando, levantando y pellizcándola a través del sujetador. Sus caderas se sacudieron contra él, y sus ojos se pusieron en blanco.

Ella lo intentó de nuevo, y él gimió.

Bueno, esto era algo que sí podía hacer. Y estaba empezando a gustarle también a ella. Movió sus caderas hacia delante; ondulaciones cortas y contundentes, y él jadeó, agarrándose a sus costillas.

Bajó de nuevo, colocando sus manos a cada lado de su cabeza. Su cabello volvió a caer sobre sus hombros y lo dejó allí mientras los ojos de Draco se oscurecían. Ella sacudió su cadera en este nuevo ángulo y pudo sentir la base de su miembro rozando su punto más sensible. Lo hizo de nuevo y volvió a sentirlo. Y aceleró el ritmo.

—Sí, —siseó él.

Volteó a ver su rostro y estaba tenso, con los ojos cerrados. Volvió a cabalgarlo, adelante y adelante, y abajo, abajo, abajo. Y sus caderas se alzaron para encontrarse con las suyas. Él gimió.

—Granger, sí. Oh, mierda, sí. —Él movió una mano hacia su cadera, abriéndose paso mientras ella alzaba su cuerpo, y su otra mano se deslizó entre ambos cuerpos, y esa presión adicional la hizo jadear.

Ella miró su rostro, flotando sobre él, mientras él comenzaba a apropiarse del ritmo. A ella no le importó. La cadera de Draco se alzó para chocar contra su cuerpo mientras su mano la atraía hacia él. Hermione abrió más las rodillas y se acercó, abriendo cada vez más, y contuvo la respiración cuando él comenzó a mover sus dedos rápidamente sobre ella. Una y otra vez y ella no sabía que era capaz de venirse de nuevo. Pensó que esa vez era para él. Pero comenzaba a sentirse cada vez más ligera. Lo besó, y él gruñó contra su boca, con su cabello enredado entre sus labios.

Sus caderas ahora apenas se movían, sólo se agitaban febrilmente, empujando contra la mano que estaba en su clítoris. Ella estaba contrayéndose alrededor de su cuerpo y él jadeaba en su boca. Ella se detuvo, volviendo a alzarse, alto sobre su cadera. Ahora se sentía capaz de hacerlo.

Ella movió sus caderas rápidamente desde ahí, hacia adelante, adelante, adelante. Los ojos de Draco la miraron, y sus caderas volvieron a encontraron un ritmo. Chocando contra ella, arriba, arriba, arriba.

Hermione volvió a llevarse las manos a sus senos. Él soltó un sonido profundamente gutural y comenzó a embestirla hacia arriba, más rápido. Ella lo observó, tenía los ojos en blanco y el labio entre sus dientes. Estaba sudando, y ella sabía que todo su cuerpo también estaba húmedo.

Intentó moverse hacia arriba y hacia abajo en lugar de ir hacia adelante. Ella saltó sobre él dos veces antes de que él gimiera —oh, sí.

Hermione apretó los muslos, tratando de mantener un ritmo ascendente y descendente. Los dedos de Draco comenzaron a moverse otra vez sobre su clítoris. Jadeó y rebotó dos veces más antes de empezar a contraerse de nuevo alrededor de él, sus músculos revoloteando y aferrándose, y ya no pudo rebotar más. No podía hacer nada.

Estaba cayendo. Su espalda golpeó contra el colchón y se dio cuenta de que él los había girado. Ella aún lo apretaba en su interior, gimiendo, gritando y aferrándose a sus hombros, y arañándole la espalda, pero él comenzó a embestirla contra el colchón. Sus caderas se movían agresivamente pero a ella no le importaba. Él estaba gimiendo en sus oídos. Él estaba jadeando y maldiciendo y ella todavía estaba apretada por dentro y no sabía cuándo se detendría. Le acarició el cabello y él le mordió el cuello mientras el ritmo comenzaba a fallar, tartamudeando. Él gritó algo contra su piel y acometió cuatro veces más contra su cadera antes de presionarse hacia el frente y mantenerse ahí, completamente tenso. Hermione volvió a sentir que se desmoronaba.

Ella gritó y sintió sus músculos internos masajeándolo, acercándolo más y más. Vio estrellas detrás de sus párpados y sintió que le perforaba la piel con las uñas.

Jadeó contra su piel. Él era pesado encima suyo y ella no podía recuperar el aliento.

—No puedo... oh, Dios mío. No puedo respirar.

Él se levantó y la miró a los ojos. Continuó en su interior mientras ella recuperaba el aliento. Cada pocos segundos sus músculos volvían a apretarlo. Y no tenía idea de cómo se sentiría eso para él, pero para ella era como una agonía interminable. Una agonía perfecta.

Él finalmente se retiró, y sintió que otra ola la golpeaba cuando no estuvo ahí más.

—Ugh, no. Por favor, regresa. —Ella lo agarró por los hombros. Él se carcajeó. Hermione se mordió el labio, intentando averiguar si aún estaba en medio de un orgasmo.

Él apoyó la cabeza sobre su pecho. Besó cada uno de sus senos una y otra vez, alternando besos. Ella sólo lo miró, esperando otra ola que nunca llegó.

—Eres la cosa más perfecta del mundo, —susurró él contra su pecho. Hermione sintió que el aire pasaba a través de la tela y si él se lo pedía, ella volvería a hacérselo. Ahora mismo.

Draco se giró para acostarse boca arriba y atrajo su cuerpo hacia él. Ella apoyó la cabeza sobre su pecho y se sorprendió de lo mucho mejor que era quedarse a dormir en comparación con un revolcón de oficina, o un diván en el Baile de un Concejal. Ella podía recostarse allí. Junto a él.

Y él la había invitado a pasar la noche, así que no había necesidad de reunir incómodamente su ropa y salir con un "nos vemos la próxima vez".

Hermione se puso el edredón alrededor. Se sentó y se quitó el sujetador, lanzándolo en dirección aleatoria. Mientras volvía a recostarse, los ojos de Draco se enfocaron en su pecho desnudo. Ella se presionó contra su costado, recostándose de lado para pasar una pierna por encima de él.

—Voy a volver. Por la cama, —anunció. Sonrió y cerró los ojos.

El pecho de Draco retumbó. —¿Sólo la cama?

—Y por tu madre, por supuesto. La cama. Y tu madre.

—Y la biblioteca.

—Y la biblioteca. La cama, tu madre y la biblioteca.

Él acaricio de arriba abajo su brazo con delicadeza.

—Mi madre se puso muy contenta de tenerte aquí, —dijo.

Ella sonrió contra su pecho. —Me alegra mucho volver a ser su amiga. La extrañé.

Draco suspiró. —Me temo que fue mi culpa. —Hermione levantó la cabeza y lo miró. Él contemplaba el techo—. Le dije que se mantuviera alejada de ti. Después de tu visita a Azkaban. Después de que calculó mal el control que ejercía sobre mi padre. —Él tragó saliva—. Lo siento. Le pedí que no volviera a contactarte.

Ella parpadeó ante su rostro. —Oh. —Pensó en Narcissa y la última conversación que mantuvo con ella antes del distanciamiento. La forma en que se había congelado cuando Hermione le dijo que no se casaría con Draco. Se preguntó si Narcissa le habría contado eso…— En realidad me alegra mucho saberlo. Ella es lo más cercano a una madre que tengo ahora. Por lo tanto, me alegra saber que no se ha dado por vencida conmigo.

Él le apretó el hombro. —Lo lamento.

Hermione se giró y besó el brazo sobre el que yacía. Se sentía perezosa y exhausta por primera vez, y la mano que le acariciaba el brazo era deliciosa.

—¿Alguna vez has viajado a Australia?

Y estaba completamente despierta otra vez. —¿A... ver a mis padres? —Él asintió—. No. No, no... creo que prefiero no verlos si ellos no se acuerdan de mi. —Dejó que sus ojos recorrieran la habitación—. No si tengo que fingir ser otra persona.

Él continuó acariciando su brazo. Hermione contó las caricias mientras yacían en silencio. Cuando la recorría por cuarta vez preguntó —¿Has investigado sobre el contra hechizo?

Hermione sintió que sus ojos se cerraban a la deriva. —Un poco. No ha habido ningún éxito al revertir hechizos tan profundos de memoria. Eliminar un evento es fácil. Puedes recuperarlo con el tiempo. Pero eliminar a una persona... —Tragó saliva y abrió los ojos, sin saber que habían estado cerrados—. Son demasiados eventos.

Draco asintió. Ella pudo sentirlo. Ésta vez él esperó seis caricias en su brazo, antes de decir —Lamento que hayas tenido que hacer eso.

Sus ojos no podían abrirse. Pero ella asintió. —Lo sé.

—Y lamento haber estado en esa misión. La de tu casa.

—Está bien, —canturreó—. No los habrías lastimado. —Escuchaba su voz a la deriva—.Lo vi en tu rostro.

Contó nueve caricias más contra su brazo antes de quedarse dormida por completo. Después de otras tres, la mano de Draco se detuvo.

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Se despertó en la oscuridad. Se giró para acurrucarse en el costado de Draco y volver a dormirse, pero él no estaba allí.

Se sentó. Y miró alrededor de la oscura habitación. ¿Estaría en el baño?

Cuando sus ojos se ajustaron, encontró su silueta, sentado a los pies de la cama, hasta el borde. Estaba de espaldas a ella.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó con voz amodorrada.

Ella observó cómo su espalda se movía con cada respiración, lenta y constantemente.

—¿Potter te ayudó?

Hermione parpadeó. Se puso el edredón alrededor del pecho. —¿Qué?

—¿Potter te ayudó a llegar a los recuerdos?

El cuarto estaba frío. Ella estaba muy despierta. Y él estaba muy lejos.

—Yo... no sé de que estás-

—Es igual que en Hogwarts, ¿no es cierto? Tú y Potter corriendo bajo una capa de invisibilidad, haciendo lo que se les da la gana, mientras el resto de nosotros tenemos que acatar las reglas.

Sentía la garganta apretada. Ella había dicho algo; mientras se estaba quedando dormida. Ahora le parecía muy claro que había dicho algo incorrecto.

—Draco. Lo... lo siento-

—¿Sabes lo difícil que fue para mí liberar esos recuerdos ante el Wizengamot, Granger? —Todavía estaba de espaldas a ella. Su voz era fría pero mesurada—. Sabes lo duro que trabajo para mantener a la gente fuera de mi mente.

Ella cerró los ojos con fuerza, rogando volver a dormir. Ahora que sabía sobre su Oclumancia todo era mucho peor.

—Quería conocerte, —dijo—. Quería entenderte. —Ella sabía que debería tener mejores explicaciones que esa—. Necesitaba saber por qué tu sangre estaba en las paredes de mi sala de estar.

—Te dije por qué, —siseó—. Me preguntaste y yo te lo dije.

—Nunca dices toda la verdad. Siempre omites algo.

Draco se puso de pie, repentinamente y se dio la vuelta para mirarla. —¿Quién te dijo que tenías derecho a conocer toda la verdad?

Sus ojos eran brillantes y ardientes. Se había vuelto a poner los boxers, y ella todavía estaba desnuda en su cama, aferrando contra ella las sábanas. Hermione apretó los labios.

—No sé cómo disculparme por esto —dijo, y su voz se quebró.

—¿Cuáles?, —Preguntó él.

—¿Qué?

—¿Cuáles viste? ¿O tomaste unas palomitas de maíz y los viste todos?

Ella respiró hondo. —No. Sólo dos. El de mi casa. Y la noche en que los carroñeros nos trajeron a la Mansión Malfoy.

La cara de Draco se torció. —¿Por qué?

Hermione sintió que las lágrimas la cegaban. —Necesitaba saber por qué nos salvaste. Necesitaba entender-

Él caminó hacia ella. —¡¿Por qué sigues usando esa palabra?! —Dio la vuelta a un lado de la cama—. No te salvé, Granger, —gruñó—. No hice nada. —Sus ojos parpadearon—. Estabas gritando en el piso de mi sala y yo me quedé allí.

Ella respiró temblorosamente. —No es así como lo vi.

—Oh, me alegra tanto de que ambos hayamos visto esos recuerdos, así ahora podemos debatirlos, —espetó.

Ella apretó la mandíbula. —Hiciste lo mejor que pudiste, Draco. Intentaste ayudarnos entonces, y si hubiera existido una Subasta, se que me habrías ayudado. Eso es todo lo que quería saber. —Se acercó al extremo de la cama, sosteniendo las sábanas contra su cuerpo—. Cuando me contaste sobre la Subasta por primera vez, me dijiste que me venderías para obtener ganancias. Pero tu padre me dijo algo completamente distinto.

Draco apretó los puños y se alejó de ella.

—¡Así que tenía que saberlo! —le dijo mientras él se movía por la habitación—. Y me di cuenta que él tenía razón. Me habrías salvado.

—Ahí está esa palabra otra vez, —escupió. Se volvió hacia ella y se dirigió hacia la cama—. ¿Crees que te habría salvado en esa Subasta, Granger? ¿Crees que reuní todos los fondos disponibles, contacté a todos mis familiares y contactos, para poder liberarte? ¿Qué te enviaría corriendo con una varita robada?

El aliento se agitó en su pecho mientras ella lo miraba, los ojos de Draco brillaban.

—¿Viste la habitación que pasamos camino a la mía? ¿La primera puerta? Esa iba a ser tu habitación. —Se detuvo frente a ella, burlándose—. Nunca ibas a salir de aquí. —Él sonrió, sacudiendo la cabeza—. No sé por qué me molesté en mentir acerca de reconocerte aquella noche. Si de cualquier forma terminarías siendo una prisionera en la Mansión Malfoy.

Hermione sintió que su cuello se calentaba. —Entonces, ¿me estás diciendo que pertenecerte a ti habría sido lo mismo que a cualquier otro Mortífago? —El ojo de Draco se crispó y ella continuó—. Te habría servido la cena y hubiese sido tu entretenimiento en las fiestas. Un crucio cuando desobedeciera -en el mejor de los casos. ¿Pasearme a tu lado como una puta?

Su ojo volvió a temblar y tuvo que apartar la mirada de ella.

—He tenido mucho tiempo para pensar en esto, Draco, así que avísame cuándo detenerme-

—Detente.

Ella sacudió la cabeza. —Me habrías salvado. Tal vez no fuera libertad, pero habría sido lo mejor que podrías haber hecho. Me hubieras salvado de esa vida…

—¿Crees que habría sido capaz de alejarme de ti? —Él la fulminó con la mirada—. Que habrías vivido tus días aquí y nunca te habría tocado.

—Sí, —dijo ella—. No intentes asustarme, Draco. Sé qué tipo de persona eres realmente.

—Ah, sí. Has visto lo peor de mí, ¿verdad, Granger? —Él se burló de ella. Se acercó a las puertas del balcón—. Sólo necesitaba meter un recuerdo en un pensadero y es como si nos hubiéramos conocido de toda la vida.

Hermione golpeó sus puños contra la cama. —Lo lamento, Draco. Lo lamento. No pensé que tuviera otra opción. Quería conocerte. Quería entenderte…

Él se dio la vuelta. —Entonces PREGUNTA, Hermione. ¡No me lo arrebates!

Sintió que las sílabas de su nombre la golpeaban en la cara, como si en realidad la hubiera abofeteado. Prácticamente las mismas palabras que ella había usado en su contra unas semanas atrás, sobre no asumir cosas de ella. Y pedir permiso.

Sintió caer la primera lágrima.

—Me gustaría que te fueras. —Susurró él hacia el piso. Ella escuchó las palabras rebotar por la habitación—. Sal de aquí.

No tenía nada más que decir. No tenía ningún argumento al que aferrarse.

Draco se giró y se dirigió a su baño. Y cerró la puerta.

Hermione se sentó allí en su cama por dos respiraciones. Se puso de pie, desnuda, y tomó su vestido arrugado frente al armario. Se puso las bragas, se puso el vestido sobre la cabeza y tomó sus zapatos.

Quería llamar a la puerta. Para rogarle. Sentarse con la espalda contra la pared hasta que él saliera y la perdonara.

Salió de la habitación.

No tenía idea de dónde estaba. Miró los tapices y caminó hacia el final del pasillo, mirando a ambos lados, deseando saber cómo era su habitación. Ella se volvió y encontró una puerta, la habitación contigua a la de Draco.

Su habitación.

Tragó saliva. —Mippy.

Un estallido.

—¡Señorita!

—¿Puedes ayudarme a salir de aquí? ¿Puedes conseguirme una chimenea?

—¿Qué está haciendo la señorita aquí tan tarde?

La pequeña elfina la miró con los ojos muy abiertos y somnolientos. Hermione sintió más lágrimas en sus mejillas, y no se molestó en detenerlas.

—Sólo... —Ella sacudió la cabeza, cerrando los ojos— ...arruinando todo.

Y por segunda vez en pocos meses, se encontró haciendo una salida dramática para huir de la Mansión Malfoy y del chico que la habitaba.