La reina de tus caprichos

No podía salir de allí sin interrumpirles, cosa que me daba bastante apuro. Por otra parte he de reconocer que sentí cierta curiosidad. La fogosidad de aquella pareja, inicialmente, me hizo recordar el ímpetu de nuestros propios juegos e, incluso, me pregunté si nosotros nos debíamos ver de forma similar… como dos animales salvajes liberados a sus instintos.

Allí no había lugar para normas, recato, moralinas o sermones… solo puro y total desenfreno. La entrega mutua para saciar aquella básica necesidad. Resultaba perturbador y a la vez hipnótico. No podía apartar la mirada y solo deseaba deleitarme en cada detalle, contrastando ingenua, nuestra propia "normalidad"… Fuera por lo que fuera, no me moví. Creo que ni respiré. Por la proximidad a mí de los amantes, podía escuchar perfectamente cada uno de sus suspiros y entrecortadas respiraciones.

El fornido oficial, que parecía triplicar la anchura de ella, desprendido de los bajos estorbos, había cargado a la muchacha, sobre una mesita cercana de metal, sin contemplación alguna. Pensé que ella debería solicitar un nuevo uniforme. Él ni siquiera había tenido la paciencia de desabrochar los botones y había arrancado, literalmente, el frontal para exponer sus generosos pechos… Suerte que no llevaba sostén ni corsé, porque sospechaba que hubieran sufrido igual suerte… Pero yo sabía bien que el sueldo de enfermera no permitía aquellos lujos, reservados a las damas de alta sociedad o, paradójicamente, a las prostitutas.

Incomprensiblemente para mí, aquella brutalidad me sobrecogía pero también me excitaba, quedando más impresionada cuando iniciaron su dialéctica.

- ¡Eres un animal! ¡Me has destrozado el uniforme!… -Vi que la queja no resultó para él muy convincente.

- ¿Animal?... Verás lo animal que puedo llegar a ser, muñeca –Desembolsó su miembro, sin bajarse los pantalones, golpeando el expuesto pubis de la chica con él, a modo de cachiporra. Ella rio, abriéndose impúdicamente de piernas, para mi sorpresa- ¿Te gusta poner inyecciones, eh? Ven, que te voy a enseñar como las pongo yo, zorrita mía. Yo sí te voy a curar todos los males.

No sabía si reír o llorar por mi comprometedora situación. Me tapé la boca con ambas manos para evitar producir cualquier sonido ¡Por dios! Aquello me resultaba grotesco, pero, a la vez, muy divertido y excitante. Ella estaba tan excitada que, en vez de ofenderse, como sería lo previsible en circunstancias normales, para mi sorpresa, lo alentó más.

- Sí, soy una zorrita… Pero déjame las inyecciones para mí y muéstrame mejor tu munición… Dígame, mi general ¿La tienes de plomo?

- De plomo no ¡De puro acero! –La besó despiadado, casi forzándola, tirando de su cabellera. Lejos de encontrar resistencia, ella le devolvía igual combate oral, recordándome nuestros propios besos en los momentos álgidos de desenfreno ¿Realmente, nos veríamos así? ¡Qué lejos de todo el imaginario infantil sobre la pareja! Sin embargo ¡Que rico se sentía cuando era yo la que estaba así entre tus brazos!

Aquello era diez veces más perturbador que cualquier pecado descrito en los libros o sermones eclesiásticos de los domingos, pero infinitamente más gratificante, que la simple ilusión del amor platónico, que parecían querernos inculcar constantemente.

Entendí, también, el impulso malogrado de Terry en nuestro primer beso. Él, al contrario que yo, no sentía el más mínimo respeto por la moralidad cristiana… Sinceramente, después de estar contigo, empezaba a entender el porqué… Aquello me hizo pensar en otra cosa… ya sin importancia alguna... Ahora estaba convencida de que yo no había sido la primera chica en ser besada por Terry, demasiado confiado y arrojado… ¡Él estaba convencido de que yo no le rechazaría porque antes ya no lo hicieron! Por eso me la devolvió, se indignó, pensando que yo jugaba con él, sin comprender mi genuina inocencia.

- ¡Ah! ¿Sí? Pues demuéstrame de lo que es capaz ese pedazo cañón –lo retó ella.

- ¡Pero mira que eres puta! –Me quedé pasmada, esperando el ruido de un bofetón que nunca llegó.

- ¡Ja ja ja! Puta e insaciable… pero bien que te gusta, cabronazo, que me buscas para repetir –contestó descarada, "¡Diantre con la enfermera!". Lo peor era que la reconocí. Era una de las antiguas compañeras del Santa Juana que me habían criticado por vivir contigo… "¡Y mírala ahora! La escena que estaba montando… la muy"… ¡Bah! Ellos mismos se lo decían todo… pero me dio rabia su hipocresía… ¡A saber si conocía aquel hombre de algo! Desde luego no me parecieron novios.

- Como para desperdiciar un coñito como el tuyo –Y sin más, se lo hincó, dejándome totalmente estupefacta por la falta de atención alguna. Entonces empezó a agitarse lenta y secamente- …Pequeñito… –Una estocada– …Calentito… –Otra estocada- … Remojadito… -Y otra- …Juguetón… -Otra más- … Y a juego con este buen par de tetas … -De nuevo. A cada golpe arrancaba un gemido a la entregada, resultándome casi imposible discernir si eran de placer o de dolor. Aunque, a estas alturas, ya tenía el convencimiento que se trataba de lo primero- … Y ¿Qué decir de esta boquita?

- ¿Sí? ¿Te gusta? –preguntó ella jadeando– Dime por qué, cabrón.

- Por lo zorra que llegas a ser… –Continuó el juego de las estocadas, mientras mordía sus pechos sin compasión.

- ¿Te gusta que te diga guarradas? Te gusta ¿Verdad? So cerdo –Realmente tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no estallar a carcajadas. Si yo hubiera tenido que decir "guarradas" no se me hubieran ocurrido ni la mitad de las que ya llevaban ellos.

Y lo peor era que sí, me parecía ridículo, pero me estaba excitando contemplándolos y escuchándolos. Por momentos, me preguntaba cómo reaccionarías tú en una situación similar… Yo, ciertamente, distaba mucho de ser capaz de comportarme así y, mucho menos, de insultarte… Solo pensarlo se esfumaba mi creciente excitación… ¡Qué diferentes éramos las personas! A Glory le gustaban las mujeres, a este par insultarse y había escuchado mil historias diferentes, a las que no había dado crédito, hasta el momento…

Entonces, ¿Por qué estaban empeñados en hacernos creer que todos sentíamos igual? Desde la escuela, desde la parroquia, la tía abuela y sus normas de buena conducta… Era evidente que aquello era una falacia. Seguro, solo respondiendo a sus propios particulares intereses de control.

En su propósito amargaban y acomplejaban a gran cantidad de personas, incluso creando brechas emocionales entre seres queridos… como Glory con su padre o, incluso, el mismo padre de Terry, sin ir más lejos… Había tenido que renunciar a su verdadero amor, porque Eleanor no era considerada a su altura o con ocupación lo suficientemente decente para un Duque, por dedicarse al teatro. Yo, que no tenía padres encontré, en ese momento, este hecho, aún más aberrante y denostable.

La fe siempre me había ayudado, pero la fe pura, la fe en los míos, en mis seres queridos y en mis propios amuletos; objetos que atesoraban recuerdos, esperanzas y parte de la historia de mi vida. No la encorsetada imposición de normas del San Pablo, del alto consejo familiar de los ancianos, de la dirección de un hospital, donde habían sido capaces de dejar a un pobre hombre desvalido y sin memoria, en una aislada habitación, que era poco menos que un criadero de ratas.

En el transcurso de mis divagaciones internas, ellos habían intensificado el tono de sus recitales y su ajetreo, recordándome nuestros deliciosos juegos de fricción, salvando las diferencias.

- ¿Te gusta que te la meta así, verdad? –gruñía él.

- ¡Siiiií! –resollaba ella.

- ¿Te gusta que te meta mi pollón hasta el fondo? –"¡Santo cielo! ¿Se referiría a lo que yo creía que se refería? ¿Le llamaban así?"

- ¡Siiiií! Me gusta tu polla -"¿Polla?... ¡Pero si eso era una gallina que no ponía huevos! ¿En qué se parecía un pene a una polla? ¡Qué cosas!"

- ¿Sí? ¿Te gusta mi polla? Dime por qué… ¿Por qué te llena del todo ese chocho vicioso tuyo? -"¡Virgen Santa!" Aquello era demasiado para mi aguante… o acababan rápido, o a mí me iba a dar algo… no sabía el qué. Pero algo me iba a dar, seguro… o un ataque de risa o un tremendo calentón, ya que podía notar que mi supuesto flujo bajaba con mayor intensidad… ¿Sería eso normal? ¿Me estaría convirtiendo en una pervertida como aquel par? ¿Debía considerarlos como tales? Recé para que llegaran lo antes posible al clímax y me liberaran de mi obligado encierro.

- ¡Oooooh! ¡Siiiií! Me encanta tu polla… ¡Ahhh! …tan dura… ¡Ahhh!... tan grande… ¡Ahhh!... tan sabrosa… ¡Ahhh!... –A cada adjetivo él la recompensaba embistiendo más fuerte– dame... dame más… ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhhh!

- ¿Más?

- ¡Siiiií! ¡Maaaaaás!... ¡Más duro!...¡Ahhh!... ¡Dame más duro!... ¡Clávamela hasta el fondo!...¡Oooohh!... -"¡Ala! ¡Venga!"... y yo que te había soltado que me daba miedo tu tamaño y aquí estaba aquella… aquella… ¡Súcubo!... que bien pareciera que le hicieran falta un ejército entero para saciarla… ¡Que ni se le ocurriera acercarse a ti ni a cincuenta metros porque yo seguro le iba a arrancar algo más que la blusa "¡Por el gran padre árbol! ¿Sería cierto que se sentía tan bien?"

- ¿Así? –resopló él, aumentando a un ritmo que ya me parecía demencial… incluso creí ver que lograba mover la densa mesa de puro metal- ¿Así quieres que te la clave?

- ¡Sí!¡Sí¡Sí!¡Sí! –Creo que era lo único que alcanzaba a contestar ella para poder respirar- ¡No pares! ¡No pares! ¡No pares! ¡No paaares! -¡Vaya! Parecía que había recuperado algo el aliento- ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sí!¡Sí!¡Sí! ¡Sí! –Ya decía yo que no podría aguantar mucho sin tomar aire- ¡Oh!¡Ahhh! ¡Ohhh! ¡Sss! ¡Ahhh! ¡graaa! –Bueno, aquí ya era obvio que ya no le llegaba el riego de oxígeno… ya había perdido cualquier coherencia.

- ¡Toma polla! ¡Toma! ¡Toma! –"Sí hijo sí… tú sigue así de generoso, a ver si acabáis de una vez"… iba pensando yo- ¡Te voy a reventar! ¡Vas a quedar harta de polla para el resto de tu vida! ¡So zorra! -"¡Válgame dios! Tampoco hacía falta exagerar ¿No? ¿De veras pensaba reventarla? Vale que ella era enfermera pero…"

- ¡Cállate mamón y fóllame! ¡Fóllaaaaaaame! –chilló como una posesa.

- ¿Quieres que te folle? Pues toma –No, si tacaño no era…

- ¡Siiií! ¡Siiií! ¡Me corro! ¡Me corro! ¡ME CORROOOO! -Pues yo no sabía si ella iba a hacer una maratón. Lo que sí era seguro es que estaba dando un buen concierto "¿Me corro? ¿Se referiría a llegar al clímax?"- ¡AHHHHHH!

- ¡Yo también me voy! ¡Me voy! ¡Me voy! ¡Me voy! -"¿A dónde? ¡Recórcholis! ¡Pues vete ya y dejadme salir, par pesados!"- ¡Me voy! ¡Me voy!... ¡Ven! Arrodíllate, quiero acabar en esa boca de guarra que tienes... -"¿Qué?".

Sin más súplicas, la muchacha saltó de la mesa al suelo, de rodillas, dispuesta y complaciente, con la boca abierta y la lengua afuera, a lo que supuse, era la espera de la lechada. Me pareció de lo más denigrante, pero ella, sin embargo, parecía de lo más complacida y satisfecha, casi orgullosa, diría yo. Y él, bueno, él se mostraba espléndido y dominante, descargando sin pudor, toda la aspersión, en su boca y cara, mientras gruñía con ruidos que me recordaron, vagamente, a un cerdo degollado.

Abatido, finalmente, se recostó en la mesa, mientras ella, aún sin levantarse, parecía asearle oralmente, mientras él revolvía su cabello, de una forma que me resultó extrañamente cariñosa. Cuando ella se alzó, se besaron con tranquilidad, mientras él la abrazaba, protector.

- Acabo mi turno en tres horas ¿Nos vemos en mí camarote?

- Sí, en cuanto pueda vengo ¿De acuerdo, mi amor? –La volvió a besar.

- ¡Ahora en serio! Tienes que dejar de romperme la ropa… Ya es el cuarto uniforme este mes… Ya no sé qué explicar a las costureras… eso de que se me enganchó en una puerta o una rama de un árbol, ya no sirve.

- Bueno, pues diles la verdad… que tu novio es un energúmeno –Se río mientras la achuchaba.

Ella lo acompaño riendo también- ¡Sí! Sí que lo eres… pero eres 'Mí energúmeno', que no se te olvide –le recalcó con un dedo, dándole toques en su nariz. Volvieron a besarse para despedirse y ella se quedó para cambiar su uniforme por uno nuevo, antes de salir.

Ahora, la que se había quedado sin aliento era yo.

Continuará…