Epílogo

Edward POV

Suspiré por tercera vez mientras miraba hacia las escaleras…

— ¡Bella, llegaremos tarde! —dije gritando.

— ¡Ya voy! —contestó ella también gritando.

— Alice se enfadará.

— ¡Qué se aguante! —contestó.

Reí entre dientes, luego volví a suspirar y desvié mi mirada hacia la ventana, hacía un día soleado, algo extraño en Forks, el jardín de mis padres estaba completamente iluminado y algunas gotas de la lluvia que cayó minutos antes brillaban sobre las hojas de los árboles… dos minutos después oí el repiqueteo de tacones en las escaleras y vi a mis dos princesas dirigiéndose a mí cada una con su enorme sonrisa.

— ¿Estás seguro que dejarán pasar a Ness? —preguntó Bella mordiéndose el labio.

— Seguro —contesté rodando los ojos, ya era la sexta vez que me lo preguntaba en una hora— Carlisle ha arreglado todo, ella y Madie están invitadas.

Cargué a mi princesita en brazos que me recibió colocando sus manitas en mis mejillas e intentado capturar mi nariz entre sus rosados labios. Sonreí y besé su frente ganándome una risa de su parte.

— Vamos —dijo Bella tomando mi brazo y arrastrándome hacia el exterior de la casa.

Nos subimos al volvo y dejé a Nessie acomodada y bien sujeta en silla, para luego sentarme tras el volante. Condujimos casi en silencio por las calles de Forks rumbo al hospital, todavía recordaba los nervios de aquella noche ocho meses atrás en la que realizamos el mismo camino y a mí se me hizo tremendamente largo. Estacioné el coche entre el de Carlisle y el de Emmett, y ayudé a Bella a bajar todo del coche, A Nessie y una bolsa con sus cosas.

Nessie iba sonriendo y mirando en todas direcciones con curiosidad, y muchas personas que se cruzaban con nosotros nos miraban sonriendo, seguro que dábamos la imagen de familia perfecta… "lo que éramos" pensé mientras sonreía como un estúpido.

Cuando cruzamos aquella puerta, la habitación estaba prácticamente llena, y tampoco no pude evitar recordar aquel día en el que todos vinieron a felicitarnos a nosotros.

— Habéis llegado tarde —dijo Alice cruzándose de brazos.

— Nessie se empeñó en comerse su zapato mientras intentaba colocarle el otro —dijo Bella encogiéndose de hombros.

— ¡Ay princesita! —chilló Alice — Ven con la tía Alie.

Nessie comenzó a extender los brazos hacia tu tía y no tuve más remedio que colocarla en la cama al lado de su ella… la loca tía Alice.

— ¿Dónde están? —preguntó Bella impaciente mirando hacia todos lados.

— Papá se los llevó para hacerles unas pruebas… ahora los traen —contestó Alice sonriendo como nunca lo había hecho.

No hizo más que acabar de hablar cuando la puerta se abrió y mi padre la atravesó empujando una de esas cunitas y con una enorme sonrisa en los labios.

— Ya están aquí los pequeños Cullen —dijo sonriendo.

— ¡Son Whitlock! —gritó Alice.

— Lo que digas… —protestó Carlisle restándole importancia al as palabras de su hija.

Bella fue corriendo hacia la cuna y miró a Alice que asintió en su dirección, a los pocos segundo extendió sus manos y cogió en brazos a uno de los bebés… sí BEBÉS, Alice y Jasper habían tenido gemelos. Le hizo un par de carantoñas al niño y luego Nessie protestó llamando su atención y arrancando una carcajada de todos nosotros, Bella se acercó a ella con el bebé todavía en brazos y Ness lo miró con curiosidad, sonriendo después en dirección a su madre.

— ¿Quién es este? —preguntó Bella.

— Ese es Chris, el que tiene Rose es Alex —contestó Alice sonriendo.

— ¿Cómo los diferencias? —preguntó Emmett frunciendo el ceño.

— Es sencillo… tienen la ropa de diferente color —dijo Jasper rodando los ojos.

Alice le sacó la lengua a su marido y todos reímos.

— Chris tiene la cara más redonda, además de los ojos azules, Alex todavía no los ha abierto —explicó mi prima.

El silencio fue roto por unos pequeños balbuceos y la vista de todos cayó sobre la pequeña que Emmett sostenía en brazos. Era gracioso y a la vez aterrador ver el pequeño cuerpecito de mi sobrina en brazos de su padre, uno de esos brazos sería suficiente para aplastarla, pero el cuidado con el que Emmett la trataba era admirable, ver al oso cariñoso y con extremo cuidado era algo raro, pero cuando estaba con su hija esa era su personalidad.

— Tranquila bebé… papi te querrá siempre a ti —le susurró Emmett a su hija.

Todos lo mirábamos sonriendo y él se avergonzó cuando se dio cuenta y sus mejillas se colorearon. Era la primera vez que veía a mi hermano colorado en años.

— Nadie puede negar que la pequeña Madie ha despertado a un Emmett que ninguno sabíamos que existía —dijo Esme.

— De eso no cabe duda —dijo Carlisle pasando un brazo por sus hombros y besando su sien.

4 años después

— ¡Papi! —oí la voz de Ness en cuanto crucé la puerta principal.

La busqué con la mirada y venía corriendo desde el jardín, al llegar a mi altura dio un salto y la cogí en el aire dándole unas vueltas. El sonido de su risa inundó la habitación y no puede evitar que mis labios se surcaran con una sonrisa.

— ¿Qué tal se ha portado mi princesita? —le pregunté mientras le hacía cosquillas en tripa.

— Muy bien papi —contestó entre risas— he hecho lo que me has pedido y he cuidado mucho a mamá.

— ¿De verdad?

— Sí… aunque es muy protestona —contestó en un susurro.

— Te he oído señorita —gritó Bella desde la cocina.

Dejé a Nessie en suelo y fui caminando hacia la cocina donde Bella estaba sentada preparando un bizcocho para meter en el horno. Tenía una mancha de harina en la mejilla y el pelo algo revuelto, pero aun así era la mujer más hermosa que existía.

— Hola amor —susurró contra mis labios antes de que la besara.

— ¿Qué tal has estado? —le pregunté sentándome a su lado y abrazándola.

— Bien… tenía una cuidadora muy efectiva —dijo mirando a Ness con una sonrisa.

— ¡Esa soy yo! —gritó la pequeña alzando los brazos.

— ¿Qué preparas? — le pregunté en su oído haciendo que se estremeciese.

— Ha llamado Emmett…. Rose se ha puesto de parto y ya van rumbo al hospital, dejaran a Madie aquí de camino durante unos días.

Miré a Bella con los ojos entrecerrados y bufé.

— ¿Podrás con todo? —le pregunté.

— Si podré… Ángela vendrá a ayudarme más tarde.

— Me quedaré unos días en casa… llamaré a la oficina para avisar —dije poniéndome en pie y buscando el inalámbrico.

— No es necesario… estaremos bien —protestó ella.

— Es necesario… quiero cuidar de mis chicas favoritas —protesté yo.

Bella suspiró y negó con la cabeza sonriendo, sabía que era muy fácil convencerla cuando la miraba y sonreía…

Después de la cena, Madie y Ness estaban en su habitación viendo una película, Bella estaba en el sofá tumbada viendo la tele y yo estaba en con el portátil dejando resueltas un par de cosas para dejar el trabajo a un lado por la próxima semana.

Bella se puso en pie y se fue a la cocina, la seguí con la mirada y sonreí ante su graciosa forma de caminar. Al ver que no regresaba minutos después, la seguí y estaba sentada a la mesa devorando helado de vainilla.

— ¿Todavía tienes hambre? —le pregunté en broma recargado en la puerta.

— No solo para mí y lo sabes —gruñó y después puso un puchero.

Sí… Bella estaba embarazada de nuevo y lucía orgullosa su pequeña tripa de seis meses. Aunque más orgullosos estaba yo que ella. En esta ocasión si sabíamos el sexo, tendríamos un niño, del que me aseguraría que no se llamase Jeremy ni Jacob. Me estremecí solo de pensarlo.

Me acerqué a ella y puse un taburete detrás del suyo y me senté rodeándola con mis brazos, recargué la barbilla en su hombro izquierdo y besé su cuello.

— Te amo —susurré.

Bella se estremeció y no pude evitar soltar una risita. Si algo definía nuestra relación era el plano físico, y nuestra atracción no había disminuido con el paso de tiempo. Amaba a mi esposa, para mí era la más bella y la más maravillosa y me encantaba poder hacer el amor con ella para demostrárselo en cada segundo.

— ¿Nos vamos a la cama? —pregunté e un susurro enterrando mi nariz en su cuello y respirando su perfume de fresias.

Ella tembló y casi pude imaginármela mordiéndose el labio inferior y poniendo los ojos en blanco.

— Están las niñas… —dijo en un susurro.

— Duerme, y tendremos cuidado de no hacer ruido…

— Edward —intentó protestar pero mordí la piel de su cuello y se quedó callada.

— Tienes tantas ganas como yo… ¿vamos? — pregunté tirando de ella para que se pusiese en pie.

Se giró para encararme y pude ver sus mejillas sonrojadas, todavía conservaba aquel punto de timidez que me volvía loco, todavía podía hacer que se sonrojara y balbuceara cosas sin sentido cuando conseguía avergonzarla. No esperé respuesta y la tomé en brazos corriendo escaleras arriba, la dejé en la puerta de la habitación de Nessie y comprobó que las niñas dormían. Me fui al baño de nuestra habitación a lavarme los dientes y cuando salí Bella estaba sentada en la cama vestida solo con una de mis camisas. Tragué en seco ante la visión de sus largas y blancas piernas y me acerqué a ella casi acechándola.

Cuando intenté acercarme no me lo permitió y con un empujón hizo que me cayese en la cama, se acercó gateando hasta mí sin separar su mirada de la mía y sentí como mis pantalones poco a poco se iban haciendo más pequeños. Se sentó a horcajadas sobre mí y colocó sus manos a ambos lados de mi cabeza. Se acercó lentamente y unió nuestros labios en un beso profundo y necesitado. Mis manos fueron directas a rodear su cintura y ella se separó de mí sujetando mis manos con las suyas. Me miró sonriendo y sus ojos brillaron con picardía, como me encantaba ver esa faceta de ella, cuando se desinhibía y era ella misma.

— Tengo un regalo para ti —ronroneó y el sonido de su voz hizo que me tensara y mis pantalones molestasen casi dolorosamente, llevó mis manos hasta los botones de su camisa y fijó sus ojos en los míos —ábrelo.

Un gruñido casi animal salió de mi pecho y en lugar de abrir los botones tiré con fuerza y estos salieron volando en varias direcciones, acerqué a Bella hacia mi cuerpo y la besé con urgencia, me devolvió el beso y yo comencé a quitarle la molesta camisa por los hombros. Mientras ella no perdía el tiempo e intentaba deshacerse de mis pantalones. Estuvimos desnudos en cuestión de segundos y no pude aguantar más y atraje a Bella hacia mi cuerpo deslizado mis manos por sus delicadas curvas.

Me encantaba hacer el amor con Bella cuando estaba embarazada, podría ser algo primitivo, pero el pensar que tenía mi propio hijo dentro de ella me excitaba y me sentía un poco deño de su cuerpo, aunque sabía que era algo meramente emocional y que se pasaría una vez que diese a luz, pero aun así me sentía dueño de ella y mi deseo por ella era superior a mí, siempre tenía ganas de demostrárselo.

Bella se acopló a mi cuerpo teniendo cuidado de no aplastar su vientre, se colocó de nuevo a horcajadas sobre mí y guió mi miembro hacia su entrada ensartándoselo de golpe, yo ahogué un gemido teniendo cuidado de no despertar a las niñas y la sujeté por las caderas empujando hacia abajo para poder penetrarla más profundamente, un suspiro salió de sus labios y entornó los ojos, para después clavarlos en mí y comenzar a moverse.

Sus movimientos eran casi felinos, era como una danza que solo ella sabía hacer, subía y bajaba sujetándose con ambas manos a mis hombros. Su pelo caía sobre de lado por uno de sus hombros y me hacía cosquillas en el pecho. Subí una de mis manos por su cintura hasta llegar a su cuello y la atraje hacía a mí para besarla, mientras ella seguía subiendo y bajando. Durante el beso deslicé una de mis manos hacia sus pechos, me encantaban, cuando estaba embarazada se hinchaban y sus pezones se ponían más oscuros y sensibles.

Bella gimió mi nombre y sentí como los músculos de su espalda se tensaban, suspiró con fuerza y yo me dejé llevar conocedor de que a ella no le quedaba mucho tiempo. Sus paredes se estrecharon y aprisionaron a mi miembro haciéndolo casi doloroso, pero ese dolor se tornó en placer cuando llegué al orgasmo y me derramé en su interior. Se dejó caer sobre mi pecho y la abracé envolviendo su cuerpo. Nuestras respiraciones eran agitadas y nuestros corazones latían a una velocidad de vértigo.

— Te amo —dijimos los dos a la vez.

Rodó hasta ponerse a mi lado tumbada boca arriba y yo me giré y puse una mano en su vientre dejando que las yemas de mis dedos la acariciasen en círculos. Nuestro bebé comenzó a moverse y ambos sonreímos. Poco a poco se fue quedando dormida y acerqué su cuerpo más al mío, dejando que su calor me inundara.

Mientras intentaba quedarme dormido yo también sin muchos resultados, sin saber muy bien porque, vinieron a mi mente los recuerdos de cuando nos conocimos, de cómo poco a poco nos fuimos enamorando. Fue algo inusual, pero no cambiaría nada de lo que pasó. Me gustaba el resultado que habían tenido las cosas, me aventuré confiando en mi instinto y no fallé, Bella era la mujer de mi vida, con la que quería pasar cada uno de los días que me quedaban, con ella y con nuestros hijos. No podía pedir más.