- ¿Cómo dices?

- Por enésima vez. Creo que voy a morir.

Deaton observó extrañado al adolescente, y luego dirigió una mirada de curiosidad a Scott. Cuando se presentaron sin avisar en el veterinario, apenas cinco minutos atrás, jamás pensó que acabarían teniendo esa conversación.

- Joven Stilinski. Todos moriremos tarde o temprano.

- Ya. Pero el problema es que yo creo que mi muerte va a ser muy temprano – dijo Stiles con nerviosismo - En plan, en un futuro muy, muy cercano. Más concretamente, antes de que me quiten la escayola.

- Me he perdido – intervino entonces Scott - ¿Te importaría explicármelo más despacio? Como si fuera tonto.

- Scott – Stiles dejó los ojos en blanco – Por favor, no me hagas decirlo…

- ¿El qué?

- Siempre te explico las cosas como si fueras tonto – exclamó, colocando las manos como si quisiera asfixiarle.

- Vale – replicó el Alfa, hablando muy despacio - Pues explícamelo como si fuera… muy, muy tonto.

Stiles resopló con rabia antes de contar, por enésima vez, lo que ya le había explicado en su casa.

- Desde que nos metimos en esas bañeras, he tenido la misma pesadilla. O lo que creía que era una pesadilla, porque anoche algo cambió. Y es que yo estaba con esta misma escayola – se señaló el brazo - Y por eso pienso que no es una pesadilla por un mal recuerdo, sino que es algo que va a ocurrir.

- Como una premonición – aventuró Deaton.

- ¡Exacto!

- Vamos, Stiles – intervino su amigo con tono de cachondeo - Las premoniciones no existen.

- ¿En serio? – miró a Scott con los ojos muy abiertos y cierta cara de maniaco - ¿Igual que no existían los hombres lobo, ni los hombres lobo mitad lagarto que seguían las órdenes de psicópatas? Y qué hay de las Banshees que se van encontrando cadáveres porque, o sí, ¡tienes premoniciones!

Scott levantó las manos en señal de paz y miró a su amigo como si fuera una bomba a punto de explotar. Dirigió luego la vista hacia su jefe, y se encogió levemente de hombros.

Sí que estaba quisquilloso.

- Está bien – habló Deaton – Lo importante es no perder la calma.

- Eso es lo que dice el que sabe que no va a morir.

- Tú no vas a morir, Stiles – repitió Scott.

- Me gustaría, la verdad.

- Cuando llegaste, me dijiste que yo podría ayudarte – dijo Deaton – ¿Cómo?

- Cómo que cómo – farfulló - Pues… No lo sé. Se supone que tú eres el puñetero emisario y que sabes lo que hay que hacer en estos casos, ¿no? Que eres el Yoda de los Jedi… ¡Pues haz de Yoda!

- ¿De quién?

- Scott, ahora no es el momento de hablar de tu falta de cultura cinematográfica – le acusó con un dedo para dirigirse a continuación al hombre - Hasta ahora has hecho bien de Yoda con todos esos consejos que nadie entiende realmente. Así que creo que es buen momento para que saques tu vena más activa. Ya sabes, como cuando Yoda actúa como un Jedi y ataca… Y lo sé, lo sé, queda ridículo dando todos esos saltos… pero resulta efectivo a fin de cuentas y…

- Respira, joven Stiles – le indicó el hombre, colocando una mano sobre su hombro para que parara de hablar. Stiles paró lo que iba a decir, y tomó una enorme bocanada de aire – Eso es. Pase lo que pase, no dejes de respirar. ¿De acuerdo? – dejó que diera varias respiraciones profundas más – Si le contaste a Scott que tal vez yo podría ayudarte, fue porque pensaste en algo ¿no es así? – Stiles asintió – En qué.

- Anoche, aparte de lo de la escayola, hubo otra cosa que cambió.

- ¿Te refieres a lo de la sombra? – preguntó Scott a su lado.

- Sí – se mojó los labios - Hasta ahora creía que era algo peligroso. Que era algo, o alguien, que se limitaba a verme morir y no hacía nada. Incluso pensé que era el que me ahogaba.

- ¿Y ya no piensas eso?

- No. Las otras veces me despertaba enseguida y no podía verlo bien. Pero anoche el sueño duró más tiempo. Y al final vi que ese hombre me tendía una mano. Como si quisiera ayudarme.

- ¿Estás seguro de eso?

- No del todo. Ese es el problema – resopló con desánimo – Me desperté antes de averiguar quién era. Por eso pensé que podías hacer algo para que recordara. Y así descubrir quién es el que estaba allí conmigo.

- Por qué – intervino Scott.

- ¿Por qué? – exageró la entonación - No sé… Tal vez porque si ese tío estaba allí para intentar salvarme, me gustaría saber quién es para encontrarle y pegarme a él como si fuera su maldita sombra – hizo nuevos aspavientos con las manos - Ya sabes… Para que, si al final voy a morir ahogado, ese tipo esté conmigo para que haga su parte y me salve.

- Recuerda lo de respirar – le recordó Deaton.

- ¡Estoy respirando!

- Bien - trató de no echarse a reír - Hay una manera de averiguarlo.

- ¿En serio? – preguntó Stiles emocionado, pero en seguida puso cara de dolor – Por favor, dime que no es meterme en esa bañera otra vez.

- No, tranquilo – sonrió – No será necesario usar medidas tan drásticas.

- Guay.

- Scott te ayudará.

- ¿Yo?

- Sí. Ahora eres un Alfa, ¿recuerdas? Puedes extraer sus recuerdos.

- ¿Te refieres a eso de lo de las garras? – preguntó Stiles, mirando intermitentemente a su amigo y al veterinario.

- Exacto.

- ¿No es peligroso? No es que no me fíe de ti pero… Derek nunca llegó a hacerlo y… Él fue más tiempo Alfa y…

- No te preocupes – le calmó Deaton – Lo hará bien.

Al lado de ellos, Scott empezó a moverse un tanto inquieto.

- ¿No hay otra manera? – miró a Stiles con miedo - No quiero hacerte daño.

Y Stiles se obligó a hacer eso de respirar para no perder los nervios y, ya de paso, comportarse como el mejor amigo que se suponía que era.

- Oye… Perdona si no he reaccionado muy bien – colocó una mano sobre el hombro de Scott - Es que estoy bastante nervioso y, hace muchísimo que no tomo la medicación, y el poco filtro que tenía a la hora de hablar ha desaparecido y… - respiró - Pero confío en ti.

- ¿En serio? – preguntó con esa carita de cachorro… Y cómo conseguía que le saliera tan perfecta, sería algo que jamás entendería.

- Claro que sí. Eres mi mejor amigo. Mi hermano. Y el super Alfa de nivel dos. Estaría loco si no confiara en ti.

Scott consiguió sonreír al final, y asintió con seguridad antes de mirar a su mentor.

- De acuerdo. Hagámoslo.

Apenas notó las garras de Scott clavándose en su piel.

Otra cosa fue lo que vino después.

Estaba sentado en una de las pocas sillas que había en el veterinario, justo al lado de la mesa de operaciones. Deaton estaba justo enfrente a él, agachado en el suelo para estar a su altura; y mirándole con esos ojos oscuros que parecían querer atravesarle.

Nada más sentir el pinchazo de las garras de Scott, le vinieron a la mente un millón de imágenes.

Eran imágenes que duraban apenas un segundo, una detrás de otra, y no era capaz de reconocer nada. Sólo podía sentir el vértigo de tanta velocidad, como si estuviera siendo transportado de un lugar a otro en cuestión de milésimas de segundo, y él no pudiera hacer nada para evitarlo.

La cabeza le dolía horrores, y sentía que iba a vomitar.

Pero entonces oyó la voz clara de Deaton, pidiéndole que respirara y se concentrara.

Y Stiles lo intentó.

Al principio tuvo la sensación de que no servía de nada.

Pero entonces captó la imagen del agua, de él dentro de ella, y se obligó a tomar una amplia bocanada de aire.

"Eso es. Lo estás haciendo muy bien"

La voz de Deaton, por primera vez desde que le conocía, no sonó exasperante sino como una especie de bálsamo.

Así que Stiles siguió su consejo. Siguió respirando, y se concentró en esa imagen que había plagado sus sueños durante demasiado tiempo.

Esta vez, por el contario, la cosa fue mejor.

No tenía esa sensación de estar rodeado de agua, ni de estar ahogándose. Incluso podía moverse.

Era como si hubiera salido de su propio cuerpo.

Stiles respiró hondo una vez más, disfrutando de la libertad de tomar aire tantas veces como quisiera, y se concentró en lo que había a su alrededor.

Seguía sin saber dónde estaba. El agua estaba demasiado oscura, y no podía ver mucho más que su propio cuerpo, flotando inmóvil. La escayola era perfectamente visible ahora, así como el resto de su cuerpo. Estaba completamente vestido. Incluso tenía puestas sus playeras favoritas. Las más cómodas que siempre llevaba cuando iba a correr por el bosque.

Dirigió entonces la vista hacia la parte de arriba. Hacia fuera del agua.

Sabiendo que ahora no había riesgos de que se quedara sin aire, se tomó todo el tiempo del mundo para averiguar quién era el que estaba allí con él.

La sombra apareció indefinida, como siempre ocurría. Pero tras varios segundos, empezó a tomar forma. Y al igual que la última vez, pudo ver perfectamente cómo pasaba de ser una mancha borrosa, a convertirse en la silueta de un hombre.

Era un hombre alto, robusto. No había detalles en el cuerpo. Pero por su porte, se veía que era alguien musculoso.

De pronto, la sombra se movió. Stiles pudo ver perfectamente cómo aquel hombre se inclinaba y extendía un brazo hacia él. Incluso pudo ver el momento en que la mano entraba en el agua, acercándose a su cuerpo. Pero el Stiles de dentro del agua seguía sin poder moverse, con lo que no pudo coger esa mano salvadora.

Stiles

Aquel hombre le llamó.

La noche anterior, después de que su padre le despertara, estaba convencido de que había sido su padre el que le llamó. Que había sido su voz la que oyó dentro del agua.

Pero ahora sabía que no era así.

Era aquel hombre, el mismo que estaba intentando salvarle, quien le estaba llamando.

Stiles se concentró con todas sus fuerzas en él. Necesitaba saber quién era.

Y poco a poco, a medida que pasaban los segundos, la silueta negra empezó a definirse.

Primero captó la forma de los pantalones vaqueros. Subió por las piernas y vio una camisa oscura, no supo de qué color. Pero eso no importaba porque, por fin, el rostro de aquel hombre empezaba a definirse.

Era como si alguien estuviera dibujando su rostro, y tuviera que esperar a que terminaran de perfilar los rasgos para saber quién era.

Lo primero en dibujarse fueron sus labios gruesos, luego una nariz masculina, la mandíbula bien definida… y finalmente los ojos.

Stiles aguantó la respiración, esperando a que terminaran de formarse los ojos de su salvador. Eran unos ojos grandes, vivos, claros… Pero no era capaz de identificar su color. Tan pronto parecían verdes como azules… o incluso rojos.

Stiles se puso en pie de un salto. Aún estaba gritando cuando sintió las manos de Scott en su pecho, impidiéndole que cayera al suelo.

- Cálmate, Stiles – le pidió con calma, ayudándole a sentarse de nuevo en la silla.

- Respira hondo – indicó Deaton, colocando una mano sobre su hombro – Ya estás a salvo.

El chico respiró con dificultad. Sentía su corazón desbocado. Esta vez no había sido un ataque de pánico. No había forzado sus pulmones al máximo ni había temido que acabara ahogándose.

Pero todo había sido mucho peor.

Su cuerpo temblaba de pies a cabeza. Y cada vez que cerraba los párpados para intentar tranquilizarse, veía esos ojos mirándole fijamente. Traspasándole con la mirada.

- ¿Qué es lo que has visto?

Nada, quiso responder Stiles. No quería haber visto nada.

Porque ahora que sabía quién estaba con él, en aquel sueño o lo que demonios fuera, se sentía más perdido que al principio.

- A Derek – respondió sin voz, sintiendo como se le formaba de nuevo ese asqueroso nudo que aparecía cada vez que decía su nombre en voz alta – He visto a Derek.

Un silencio sepulcral siguió a la revelación de Stiles.

De reojo, el chico pudo ver cómo Deaton le miraba sin entender muy bien qué estaba pasando, mientras que Scott parecía preocupado.

Pero Stiles no tenía fuerzas ni tiempo para explicarles lo que aquello implicaba. Lo mucho que había cambiado la situación, por la presencia de ese simple detalle sin aparente importancia.

Cuando le pidió a Deaton que le ayudara a descubrir quién estaba en su sueño, jamás lo habría hecho si hubiera sabido la verdad.

Porque si hubiera sido cualquier otro, ahora mismo podría respirar con normalidad. Podría sentirse a salvo, sabiendo que sólo tendría que buscar a esa persona y pedirle ayuda… Aún no sabía para qué. Pero sabría que iba en el camino correcto para descubrirlo.

Lo que sí sabía ahora era que ese sueño, o lo que fuera, no tendría lugar jamás. Que lo que demonios fuera, definitivamente no era una premonición.

No con Derek.

La misma persona tras la que corrió como un cachorrito perdido hasta la otra punta del país; pero de la que tuvo que alejarse de nuevo, y con unas cuantas heridas a cuestas.

Seguía sin saber qué significaba todo aquello. Por qué soñaba que se ahoga en un agua oscura. Por qué estaba paralizado. Por qué era Derek el que estaba con él, llamándole e intentando salvarle.

Stiles soltó un sollozo ahogado, pero en seguida empezó a temblar.

Porque si la persona que se suponía que le salvaba en su sueño, ya le había dejado claro que jamás volvería a verle; ¿significaba que nadie más podría salvarle? ¿Qué acabaría muriendo?

Como ocurrió con David sólo 24 horas antes, Stiles deseó poder odiar a Derek.

Deseó odiarle con todo su corazón, pues se había convertido en el causante de todos sus males.

Y si había vuelto a California con el corazón muerto por culpa de ese hombre; ahora todo parecía indicar que Derek también sería el causante de que muriera el resto de su cuerpo.

Pero no podía odiarle.

Porque jamás podría odiar al hombre por el que estaría dispuesto a morir.