Capítulo 5
Emmett POV
Cubrí con mi chaqueta a Rose, se había quedado dormida.
–¿Estás bien? –pregunté observando a Edward, se veía preocupado, tenía la mirada perdida.
–Sí, es solo que estoy preocupado por Bella, aún no sabemos qué sucedió con Anderson, podría intentar buscarla, herirla.
–Seguro está muerto –murmuró Benjamín entre abriendo los ojos.
–No lo sé, Benji, tengo la sensación de que Carlisle Anderson aún está vivo –confesé frotando mis manos –Pero tranquilo, Ed, ella está a salvo –me referí a Bella –Newton está protegiéndola, te lo prometió.
–¿Y crees en su palabra? –Benjamín dudó.
–Sí, creo en su palabra –asintió con firmeza.
–Una vez que tengamos ese aparato llamado OJO DE DIOS, podremos saber qué pasó con Anderson, y si está vivo, descubrir donde se esconde para liquidarlo.
–Irina será la primera en meterle una bala en el cráneo, se los aseguro –susurró Benjamín, señalándola.
–Primero que nada, deben dejarme romperle el rostro –Edward cerró los puños.
–¿Extrañas esa vida?
–¿Ser policía?
–Correr riesgos, las balas, la adrenalina…
Sonrió.
–Pues, supongo que sí –se encogió de hombros –¿Es muy loco, no crees? Extrañar esa vida tal peligrosa.
–Hoy casi mueres, bro –Benjamín golpeteó su hombro derecho.
–Si no fuera por Rose, estaría muerto, eso es cierto.
–Vi tu valor, Edward, el día que nos conocimos –admití volviendo para atrás en mi mente –¿Sabes qué es lo más valiente que te he visto hacer?
–¿Qué?
–Ser un buen esposo para mi hermana Bella, un padre dedicado para Nessie, un gran amigo y una increíble persona.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
–Todos buscan emociones fuertes, creyendo que eso los llenará, pero lo real, lo importante es la familia –dije con la voz quebrada –aférrate a eso, Edward, aférrate a quienes más quieres, no todos tienen la oportunidad que tú tienes de formar una familia tan hermosa.
.
Abu Dabi
Al bajarnos del avión, el segundón de "Don nadie", Garrett, estaba esperándonos.
–¿Viajaron bien?
–Sí, bien –estreché su mano.
–Estos coches nos llevarán al punto de encuentro con tu contacto –le clavó la mirada a Egypcian.
–Debemos ir a Corniche Beach, ella nos encontrará allí –tomó del brazo a Kate y observó su reloj –en dos horas.
–Entonces vamos primero al hotel, y luego en una hora los quiero a todos libres para ir a Corniche Beach –Garrett señaló los coches –todos arriba.
–¿Te crees nuestro jefe? –Kate bufó.
–¡Lo soy, niñita!
–Nadie es nuestro jefe –interrumpí con voz ronca, tomándolo de la camisa.
–Emm –Rose frotó mi espalda –Deja al muchachito en paz… es un principiante.
–¡Ja! –Kate lanzó una carcajada –¿Te hiciste pipí, Garrett? –preguntó burlona.
–Suban a los coches de una vez, por favor –gruñó apretujando su dentadura.
Irina lo rebajó con la mirada.
Una vez que llegamos al hotel, me lancé sobre la cama –Que lujoso –murmuré oliendo las sábanas –Ven, Rose, huele esto –se lanzó sobre mí.
–¿A ver? –pegó su nariz a la cama –Uffff, parece canela –alejó su rostro mientras tosía.
–Un poquito exagerado, ¿no crees?
–Sí, bastante –se metió en el baño –Me daré una ducha rápida.
–¿Quieres que tomemos una ducha juntos? –la seguí, estaba quitándose la ropa.
–Como quieras picarón –mordió su labio inferior.
Abrió el grifo.
Me libré de la ropa con rapidez.
–Ven, Emm, el agua está tibia –estiró su mano hacia mí.
Acaricié lentamente sus caderas, rozando su piel con la yema de mis dedos.
–Te amo, Rose –jadeé mordiendo el lóbulo de su oreja –Te juro que jamás me alejaré de ti, te protegeré con mi vida. Te entrego todo lo que soy, para siempre.
Volteó lentamente –Oh, Emm
–Lamento no haber podido proteger a Jasper, jamás podré perdonármelo.
–¡No digas eso! –posó su dedo índice sobre mis labios.
Acercó su rostro hacia mí, mordisqueó mi cuello, para luego besarme lujuriosa.
Su lengua se entrelazó con la mía.
Me rodeó con sus piernas, la levanté en brazos.
–Mmmm –apretujé su trasero con ambas manos.
–Hazme el amor –rogó apretujando sus muslos.
La estampé contra la pared de la ducha, el agua descendía por nuestros cuerpos, coloqué mi polla con cuidado en su coño –¿Quieres esto? –pregunté rozando su clítoris con uno de mis dedos.
–¡Sí!
Froté su clítoris, sintiéndome altamente excitado.
Mi corazón latía con rapidez.
–Oh, Rose –la embestí con fuerza.
–Ah, ah, ah –gimió clavando sus uñas en mi espalda.
.
Una hora más tarde
–¡A la playa! –Benjamín golpeó la puerta.
–¡Ya vamos! –indiqué terminando de vestirme –¿Estás lista, Rose?
–Sí, lista –salimos fuera.
–¿No llevas bikini, Rose? –Irina la tomó del brazo.
–¿Bikini?
–¡Vamos a la playa! –exclamó dando unos saltitos.
–Está loca, cu cu, cu cu –Benjamín frunció el ceño.
–Parece una buena chica, me ha tocado en la habitación con ella, y su hermana –señaló Egypcian riendo.
–¿Puedo saber tu nombre? –consulté acercándomele –A menos que prefieras que te digamos Egypcian
–Se llama Tía –interrumpió Kate pasando a nuestro lado.
–¿Tía?
–Sí, Tía –aseguró estirando su mano hacia mí –¿Empezamos de cero?
–Claro –la estreché.
–Gracias por salvarme de esos salvajes –reconoció –Supongo que una vez que tengamos el OJO DE DIOS, querrán usarlo para encontrar a ese tal Anderson.
–¿Cómo sabes?
–Las hermanas han estado hablando de ello…
–Parece que se les soltó la lengua –Benjamín negó resoplando.
–Sí, queremos encontrar a ese tipo, asesinó a uno de los nuestros.
–¿El hermano de tu chica?
–Sí, así es.
–Lo lamento –parecía sincera.
Corniche Beach
Alquilamos una de las carpas en la playa.
–Wow ¡qué lujo! –Kate estaba sorprendida por tanta opulencia.
–¿Vamos a darnos un chapuzón? –Irina codeó a Tía.
Se quitaron la ropa y corrieron al agua.
–¡No se alejen! –gritó Garrett cruzándose de brazos.
–Mala onda –murmuró Kate tirándose en la arena.
–Shh, niña –la silenció.
Me tiré en el mullido sofá, debajo de la carpa.
–¡No empiecen! –Rose les advirtió –Luego terminamos a los puñetazos –cerró los puños amenazante.
–Es cierto –Edward se sentó a mi lado –Te vi hablando con ella –señaló a Tía –¿Qué te dijo? ¿Te habló del OJO DE DIOS?
–Ella nos ayudará, Ed –respondí.
–¿Le crees?
–Sí, le creo.
Parecía ser una muchacha con códigos.
–Hola papacito –una joven de tez morena se me acercó.
Le sonreí.
–Vete de aquí, mamacita –Rose gruñó, echando chispas.
–¡Voy a morir de la risa! –Benjamín se encorvó a carcajadas.
–¡Eso, Rose, marca el territorio! –Kate la avaló.
–No tenías que ponerte así Rose, ella solo me saludó –reí.
–¿Solo te miró? ¡Se te venía encima, Emm!
–Que belleza de mujer –Benjamín se quedó boquiabierto.
–¿Quién? ¿La perra que se le ofreció a Emm? –Rose lo pateó.
–¡No, ella no! ¡Tía!
–¿Tía? Esa mujer es mucho para ti, Benji –Kate no lograba contener sus pensamientos, era muy
–¡Kate! –Edward bufó.
–Yo creo que tienes oportunidad, Benji –sostuve, llevándole la contra a Kate.
–Claro que si tienes oportunidad, pero deberías arreglarte más, Benjamín, al menos lavar tu rostro, ya sabes –clarificó Rose.
–¡Ja, ja, ja! –Kate pataleó riendo.
–¡Oye, yo me lavo el rostro!
–¡Hace un mes! –chilló Kate tirándole arena.
–¡Tonta! –tosió escupiendo la arena de su boca.
–Y tú eres una mujer desagradable –Garrett miró de reojo a Kate.
–¿Qué? ¿A mí me lo dices? –se puso de pie furibunda.
–Sí, a ti te lo digo –provocó.
–¡Ahora sí que se la doy, éste se lo buscó! –Kate se abalanzó sobre él.
–¡Joder! –Rose se hizo a un lado –¡Emmett, Edward, hagan algo!
–¡Ya basta, ya basta! –grité sosteniendo a Kate de los brazos.
–¡Paren, ya mismo! –Edward se puso en medio.
–¿Son los amigos de Egypcian? –una muchacha bastante parecida físicamente a Tía, se nos acercó temerosa.
Garrett se acomodó la camiseta.
–Sí, nosotros lo somos –Benjamín le señaló en sofá –Ponte cómoda.
–¿Y ella dónde está?
–Está en el agua con nuestra amiga –Edward las señaló a lo lejos.
–Oh
–¿Son hermanas? –preguntó Rose, observándola con detenimiento.
Negó, sentándose en la esquina del sofá.
–¿No?
–¡Kebi! –Tía corrió hacia ella, llena de felicidad.
–¡Oh, prima, que bueno es verte sana y salva! –se dieron un cálido abrazo.
No eran hermanas, pero eran primas, eso explicaba su parecido físico.
–¡Lo estoy gracias a mis nuevos amigos!
–¿Ella tiene el aparato? –Garrett preguntó sin rodeos.
–Sí, ella lo tiene.
¿Qué cosa es lo que tengo? –Kebi parecía no saber a lo que nos referíamos.
–El relevador* que te di, ¿lo recuerdas?
–¿Lo necesitas? –su cuerpo se tensionó.
–¡Sí!
–Yo… lo siento, prima –agachó la cabeza, parecía avergonzada.
–¿Qué es lo que sientes?
–Uno de mis empleados vendió el relevador.
Tía se quedó pasmada.
–¿Qué? ¿A quién se lo vendió? –Rose la sacudió.
–¿Por qué es tan importante?
–Oculté información importante dentro, Kebi –explicó Tía nerviosa –Necesito recuperarlo, ¡dinos quién lo tiene!
–La buena noticia es que está en un lugar seguro, a salvo.
–¿Y la mala?
–Que está muy a salvo…
–¿A qué te refieres? –Edward la presionó.
–Se lo vendieron a un multimillonario que vive en Etihad Towers
–¿Y lo usó para su coche?
–Sí, pero el coche no está en un garaje –comentó frotándose el cuello –Lo tiene en una bóveda.
–¿En una bóveda?
Golpeé mi frente –Otra bóveda más, lo que nos faltaba –recordé Brasil.
–Es una especie de súper auto, vale cuatro millones de dólares, alcanza los 390 kilómetros por hora, es a prueba de balas, y se rumorea que está bañado en oro.
–¿Y dónde está esa bóveda, lo sabes? –Kate interrogó.
–En su penthouse, en Etihad Towers
–¿Y cómo haremos para robarle el revelador –Tía caminó de un lado a otro –¡Será imposible!
–Mañana por la noche hay una fiesta en su penthouse, podría conseguirles invitaciones VIP.
–¿Y robarle a un multimillonario árabe? –Garrett sonrió con ironía –¿Es broma, verdad?
–¿Acaso quieres ir a pedirle el relevador?
–Yo no puedo hacerlo, es ilegal, no puedo meterme en eso –caminó hacia atrás nervioso –Creí que vendríamos por el maldito OJO DE DIOS, y luego volveríamos al cuartel.
–Pues, no lo hagas, Garrett, nadie te está obligando –aclaré quitándole un peso de encima –Nosotros lo haremos, tú puedes esperarnos en el hotel.
–Cobarde –susurró Kate.
–¡Kate, no empieces! –Edward la frenó –Te entiendo, Garrett, yo una vez fui policía, y tenía miedo de arriesgar mi carrera. Nadie te obligará a hacerlo.
–¿Entonces lo haremos? –Irina colocó su mano en el centro –¿Quién está dentro?
.
Kate POV
–Un contacto nos ha confirmado que Anderson sigue con vida, lo vieron huir de la montaña. Salió de su vehículo destrozado con tan solo unos rasguños –explicó Garrett al acabar la cena.
–¿¡El hijo de puta está vivo!? –Irina golpeó la mesa, poniendo un grito en el cielo.
–Deberíamos comprar vestidos, ¿no creen? –observé a las muchachas de reojo –Para relajar la noche de mierda que estamos teniendo –ironicé.
–Sí, deberíamos, la fiesta es muy importante, no podemos ir vestidas así –Tía tironeó de su blusa.
–Hay una tienda, aquí mismo en el hotel, en la planta baja, está abierta a toda hora. Pero por favor no se excedan con el precio –Garrett le entregó a Rose, una tarjeta de crédito.
–¿No excedernos? ¡Me compraré lo que se me dé la gana, niñato!
–¡No te pases, Denali! –gruñó señalándome.
–Ya, vamos, sis –Irina me arrastró al elevador.
–Ustedes también deberían comprar algo –Garrett codeó a Edward –¡Necesitarán trajes! ¿No pensarán en ir con esa ropa?
–No puedo creer que ese maldito aún siga con vida, cayó por el puto precipicio –gruñó Irina pateando la puerta del elevador.
–¡Cuidado, eso es peligroso! –Tía se aferró a mi brazo.
–Ya lo agarraremos, y lo haremos trizas –Rose apretujó los puños, llena de ira y rencor –Pulverizaremos sus huesos –dijo absorta.
–Lo haremos, lo haremos –froté sus brazos, intentando calmarla –Lo primero será obtener el OJO DE DIOS, sin él no podremos encontrar a Carlisle Anderson.
Nos adentramos en la tienda.
–Wow, estos vestidos son increíbles –Tía quedó boquiabierta.
–¿Ya vieron los precio? –Irina abrió los ojos como una lechuza.
–¿Y qué importa el precio? –me encogí de hombros, despreocupada.
–Mídanse con el precio, ya oyeron a Garrett –Rose me clavó la mirada.
–No seas aburrida, Rose, ¡anda!
–¿Les gusta este? –Tía tomó un vestido largo con mangas, de color verde esmeralda.
–¡Oh, sí! –caminé hacia ella –¡Deberías probártelo, parece ser de tu talla!
–¿Cinco mil euros? –gritó Irina devolviendo uno de los vestidos al perchero.
–¿Puedo ayudarlas, señoritas? –consultó una mujer bien vestida, acercándose lentamente.
–Sí, estamos buscando vestido de gala, para una fiesta mañana por la noche –aclaró Rose sonriéndole con amabilidad.
–¿La fiesta en el penthouse de Amun?
–Sí, esa misma fiesta.
–¿Qué tipo de vestidos buscan?
–Algo cómodo, con lo que me pueda mover –indicó Rose aguantando la risa.
–A ver, sígueme, te mostraré algunos por esta sección –se alejaron unos metros.
–¿Este? –Irina tomó un vestido corto hasta las rodillas, de cuello cerrado, con un estampado de formas geométricas, color gris y amarillo –¿Te gusta, K?
–¿Con esos flecos abajo? –negué frunciendo la nariz.
–¡Pruébatelo, te quedará bien!
–Ay, no, no me gusta, Irina –ni loca usaría esa porquería de vestido.
–¡Sí, debes probártelo, te lo ordeno!
–¡No! ¡Es horrendo!
–¡Es hermoso!
–¡Que no, Irina!
–Yo creo que está lindo, es diferente –interrumpió Tía apareciéndose con el vestido verde esmeralda que había elegido, puesto.
–¡Te ves fabulosa, Tía! –la felicité.
–¿Sí?
–¡Benjamín se caerá de culo! ¡Va a desmayarse a penas te vea, te lo aseguro! –clarifiqué.
–¿Benjamín? –susurró algo incómoda.
–¡Uf, hace que tus ojos resalten, mujer! –Irina se le acercó –No me había dado cuenta antes, pero tienes ojos de color gris.
–Sí –Tía se sonrojó.
–¡Anda, ve al probador y ponte este vestido, K!
–¡Eres una maldita pesada! –bufé, tomando el vestido con mala gana –¡Se me verá horrible! ¡Ya verás, tonta!
Me quité la ropa desganada, decidida a probarme el peor vestido de toda la tienda.
–¡Súbeme la cremallera, sis! –exclamé.
Una de las vendedoras se apresuró hacia mí –Yo la ayudo, señorita.
Me observé al espejo perpleja.
–¡Wow! ¡No me esperaba esto!
–Muy buena elección de vestido, ¡le queda pintadito! –la vendedora me aplaudió.
–¡Enserio, te queda espectacular, Kate! –Tía se asomó, intrigada.
–Sí, así es –no podía creer que ese vestido me quedara tan bien, estaba atónita.
–¡Yo te lo dije, perra! –Irina dio unos saltitos en el aire.
–¡Opa, que linda estás, Kate! –Rose levantó el pulgar –¿Este vestido les gusta? –llevaba un vestido negro, con detalles en dorado en los hombros, la falda de tul, larga hasta los pies, y un gran tajo en la pierna izquierda.
–¡Te vez sexy, Rose! –confesé entusiasta.
–¿Te puedes mover con él? –cuestionó Irina abalanzándosele.
–¿Quieres ver? –Rose le dio una patada como un ninja.
–¡Joder, sí, este es el indicado!
La vendedora las observó confundida –Emmm… ¿entonces sí lo llevará al vestido, señorita? –no comprendía que sucedía.
–Solo chistean –reí codeándola –¡Obvio que lo llevará!
–¡Ohhh, claro! –suspiró aliviada –¿Usted señorita, encontró algo que le gustara? –rozó el hombro de Irina.
–Creo que me gustó un vestido de satín*, negro –señaló el perchero del fondo –es bien corto, y tiene un escote pronunciado.
–A ver, muéstramelo –ordené ansiosa.
Fue por él para enseñármelo.
Se lo apoyó sobre el cuerpo –¿Y?
–Deberías comprar un blazer para hacer juego, muestra mucha piel ese vestido –comentó la vendedora.
–Sí, compra un blazer negro básico, nada exagerado.
–Te traeré uno –la vendedora fue por el blazer.
–Póntelo, quiero ver cómo te queda –la apresuré.
Mientras ella se probaba su vestido, yo me quitaba el mío.
–¡Lo llevó! –se lo entregué a la muchacha de la caja –Ella paga –señalé a Rose –Es la de la tarjeta –murmuré luego.
–¡Estoy lista!
–Grrrr –moví mis manos en el aire como si fuesen garras, su escote llevaba una hermosa tela de encaje –¡Increíble, sis!
–Creo que se me ve muy bien –acarició su figura.
–Deberías llevártelo, se te ve muy sensual, quizás si te viera así Eric, lograrías que funcione ésta vez –le guiñé un ojo.
–¡Estúpida! –me lanzó un zapato.
–¡Ay! ¡Era solo una bromita!
–¿Qué les pasa? –Rose se cruzó de brazos, enfadada –¡No hagan un escándalo, joder!
–Solo mencioné a Eric, es todo…
–¿Quién es Eric? –Rose parecía no saber de quién hablábamos.
–¡Tú sabes quién es Eric, Rose! –insistí.
–¿Lo sé? –se quedó tildada por al menos un minuto.
–O no –caí luego –quizás sea por la amnesia… es lógico que no lo recuerdes. Es amigo de Emmett, nos ayudó en el atraco en Brasil, se llevó unos cuantos millones en su bolsillo.
–¿Y Eric era tú novio, Irina?
–¡No! –Irina cerró el vestidor furiosa.
–Sí, fueron noviecitos luego de Brasil, pero no funcionó –expliqué.
–¡Entonces no se lo menciones, Kate!
–Solo quise hacerle un chiste, lo siento –agaché la cabeza apenada.
–Díselo a ella, no a mí.
–¡Sis, lo siento, no quise ofenderte! –dije una vez que salió del probador con el vestido en mano.
–¿Qué blazer le gusta más, señorita? –la vendedora le mostró dos opciones.
–El más simple me sentará mejor –señaló el de la derecha.
–¿Me perdonas? –la seguí detrás.
–No vuelva a tocar el tema, Kate –giró rabiosa.
–No lo volveré a hacer, lo prometo –crucé mi dedo índice sobre los labios.
.
Al día siguiente
–¿Llevo el cabello suelto o recogido? –cuestioné mirándome frente al espejo.
–Suelto –opinó Tía –Póntelo hacia un lado –tomó mi cabello con sus manos, lo batió un poco, intentando ondularlo más –Así te luce más –colocó el cabello sobre mi hombro izquierdo.
–¿Debemos llevar arma?
–No –negó Tía –Sería peligroso que te encuentren con ella.
Salí fuera de la habitación, en el pasillo estaba Garrett esperándonos.
–¡Bu! –lo asusté.
–¡Hey!
–Ya estoy lista, señor jefecito –dije irónicamente –¿Debo bajar al lobby?
–Yo… tú… t–te ve–ve–s –tartamudeó mirándome fijamente.
–¿Yo, tú, qué? –me acomodé la falda, tironeándola hacia abajo.
–¿Todo okey? –Rose salió de su habitación, con Emmett del brazo.
–¡Sí, ya estoy lista!
–La limusina está esperando abajo, recuerden ingresar por separado –recordó Garrett, dirigiendo su mirada a Emmett.
–Entendido.
–¿Y? ¿Qué ibas a decir, tontito? –golpeteé su barbilla.
–Nada, nada –negó tembloroso.
–Gallina –susurró Edward pasando a su lado.
Reí.
–¿Serás mi cita? –lo agarré del brazo.
–Sí, seré tu cita y la de Irina esta noche, parece que soy un asqueroso polígamo.
.
Edward POV
Minutos antes de la misión
–Cariño –llamé por teléfono a Bella.
–¿Están bien, Ed?
–Sí, estamos bien, pero ésta noche robaremos el OJO DE DIOS del penthouse de un multimillonario, quiero que sepas que haré todo lo posible para obtenerlo.
–¿Robarlo? Creí que Egypcian se lo había dejado a alguien de confianza.
–Así fue, pero hubo un mal entendido, y vendieron el dispositivo que contenía el programa.
–¿Confían en ella?
–Tu hermano confía en ella, y yo confío en él –aclaré.
–Oh Edward, por favor, ten mucho cuidado –murmuró con la voz quebrada.
–Bella, si algo sale mal, quiero que sepas que tú y Ness, son lo mejor que me ha sucedido en la vida.
–¡Edward! –gritó furiosa.
–¿Qué? ¡Quiero ser sincero!
–¡No digas eso, siento que estás despidiéndote!
–Pero si algo saliera mal…
–Nada saldrá mal, vendrás a casa sano y salvo. Criaremos juntos al bebé que está en camino –afirmó –¡No me dejarás sola, no lo permitiré, Edward!
Froté mi cuero cabelludo intranquilo.
–Te amo –testificó entre lágrimas, podía oírla llorar.
–Y yo a ti –respondí antes de colgar.
Me senté sobre la cama, dejé el teléfono a un lado.
–Por favor Dios, ayúdame a resolver esto, ayúdame a volver con mi familia –uní mis manos.
–¿Me ayudas con ésta porquería? –Benjamín señaló su moño.
–Yo no sé cómo se hace eso, Benji, lo siento –acomodé mi corbata –con suerte pude armar este nudo, pídele ayuda a Emm o a las muchachas –tomé mi chaqueta y salí de la habitación.
.
Subimos a la limusina, Tía se sentó al lado de Benjamín.
–¿Te ayudo con eso? –señaló su moño, aún sin armar.
–Sí, por favor –respondió complacido –Te ves muy hermosa esta noche, Tía.
–Oh, gracias –sonrió regocijándose.
–Estén atentos ésta noche, nada puede salir mal –solicitó Emmett al llegar a Etihad Towers –necesitamos recuperar el OJO DE DIOS, ¡cueste lo que cueste!
–Ustedes van primero –señalé a Benjamín y Tía.
Aguardamos unos tres o cuatro minutos dentro del coche, una vez que los vimos ingresar al edificio, fue el turno de nosotros.
–Ustedes tres, vayan ahora, nosotros seremos los últimos –aclaró Rose.
–¿Vamos, señoritas? –las ayudé a bajar.
Irina me acomodó la corbata –¿Y este nudo mal hecho?
–¡Ups, mi culpa!
–Si Bella te viera así, se le caería la baba por la comisura de los labios –indicó sonriente –Este traje te favorece, Edward.
–Lo tendré en cuenta –respondí.
Kate e Irina se aferraron a mis brazos.
–¿Tienen invitación? –preguntó uno de los hombres de seguridad, eché un ojo a su cintura, llevaba un arma en su cinturón.
–Sí, aquí tiene –Kate se la entregó guiñándole un ojo.
Después de verificarlas cuidadosamente –Pueden pasar, adelante –se hizo a un lado.
–Gracias, guapetón –Irina palmeó su pecho.
La música electrónica sonaba a alto volumen.
–Esto sí que es una fiesta –Irina movió sus caderas de un lado a otro.
–Iré a pedir un trago –Kate se alejó, caminando hacia la barra –Y veré que averiguo.
Por mi parte, disimulé bailando con Irina unos cuantos minutos.
–¿Benji? –pregunté apretando mi audífono en el oído.
–Ya casi estamos, Edward –se oía un ruido ensordecedor.
–Me quedaré sorda, ¿dónde diablos están? –preguntó Irina ladeando la cabeza.
–Ingresando por los tubos de la ventilación, hacia el subsuelo donde se encuentran todos los sistemas de seguridad del edificio –aclaró.
–¿Encontraron alguna rata por ahí?
–La verdad es que hasta aquí dentro de un tubo, todo se ve limpio y lujoso –confesó Tía.
–Me alegro por tu vestido, ya que salió seis mil euros –comentó Irina risueña.
–¿Seis mil? –negué espantado –Menos mal que Garrett les pidió que ahorraran.
–¿Pueden creer que aquí hacen fiestas todas las semanas? –indicó Kate –El barman tiene lengua fácil.
–¿Fiesta todas las semanas? ¡Wow, deberíamos vivir aquí! –respondió Irina.
–Estamos en el subsuelo, buscaremos el panel del penthouse –interrumpió Benjamín –Y déjense de hablar boberías que me desconcentran.
–¡Aburrido! –bufó Kate.
–Repasemos, Kate –manifestó Benjamín luego –hay que obtener el relevador que está dentro del súper automóvil, que está dentro de la bóveda.
–Sí –afirmé.
–Hay ocho o diez guardias de seguridad –miré a mi alrededor.
–Y cuatro más en la esquina sur –mencionó Kate.
–¿Dónde? –no los veía.
–Son mujeres, una parece ser la líder.
–¿Segura que son de seguridad?
–Tienen comunicadores en sus oídos, y la que parece ser su líder, la pelirroja de cuerpo voluptuoso y vestido blanco –aclaró –tiene la mirada fija en el hombre que baila sobre la tarima dorada con la chica de cabello afro.
–Ese es Amun, el multimillonario dueño de este sitio, y del súper automóvil –explicó Irina –Lo busqué por internet ésta mañana, y estoy segura que es él.
–Identifico cuatro cámaras de seguridad –observé con cautela hacia arriba –En el muro norte hay una cámara que apunta hacia una puerta dorada, debe ser la bóveda –había dos guardias parados frente a la puerta, inmóviles.
.
Rose POV
Inhalé, exhalé, inhalé, exhalé.
Debes respirar, Rose, debes respirar; pensé.
Me sentía algo nerviosa, debíamos conseguir el OJO DE DIOS como fuera a lugar. No había segundas oportunidades, si nos atrapaban intentando recuperarlo, estábamos fritos.
La seguridad de Amun nos ejecutarían en ese instante, no nos tendrían piedad.
–¿Algo anda mal? –observé a Emm, parecía algo desorientado.
¿Acaso estaba nervioso igual que yo?
–Un millón de cosas están mal, Rose, pero en este momento, aquí –me tomó de las manos –contigo todo está bien. Esto me trae muchos recuerdos, ¿sabes?
–¿Sí? ¿Cuáles? –me intrigaba saber.
–Viejos tiempos –acarició mi mejilla con ternura –Verte así, tan bella con ese vestido.
Cerré los ojos, sentí sus caricias sobre mi piel.
–Osito bubu –escarbé su oreja con mi dedo índice.
–Ya, mujer, ya –se puso sobre mí –¿Acaso no puedes dejarme dormir un rato más?
–No –negué apretando su trasero, clavándole las uñas.
–¿Eso es lo que quieres? –se quitó la blusa con rapidez.
–Sí, eso es lo que quiero, bubu –me besó el cuello, juguetón, bajó con sus labios, recorriendo mi cuerpo, hasta llegar a mi pelvis.
Corrió mis bragas, y lamió mi coño.
–Ohhhhh –me retorcí –¡Sí, sí, sí!
Subió hasta mi rostro, besó mi nariz. Con la yema de sus dedos rozó mi espalda, me quitó el brasier de un tirón.
Masajeó mis pechos, apretujándolos.
–¿Me lo pones tú? –buscó un condón en la cómoda.
–Oh, bebé –gimió mientras le colocaba el condón.
Me coloqué sobre él, froté su polla y la introduje en mi húmedo coño.
–Ahhh, ahhh, ahhh –gemí mientras mis senos rebotaban de arriba abajo.
–¡Sí, bebé, sí! ¡Qué rico que se siente!
–¡Oigan! ¡Aún intento dormir! –gritó una voz masculina que se me hacía familiar, del otro lado de la puerta.
–¿Rose? –Emm me sacudió –¿Estás bien?
–Sí, eso creo –recordé algo que parecía ser de nuestro pasado, pero me pareció mejor evitar decírselo, no quería ilusionarlo.
Para él, que yo recordara, era importante.
¿Acaso los recuerdos estaban volviendo? ¿O solo eran mi imaginación?
Nos adentramos en la fiesta, Kate estaba apoyada en la barra, mientras Edward e Irina bailaban en el centro de la pista.
–Para entrar en la bóveda necesito que una de ustedes muchachas –pidió Benjamín –se infiltre en la oficina del ricachón y corte unos cables. Así podremos intervenir el sistema de seguridad con mayor facilidad.
–Yo lo haré –me ofrecí.
–Ten cuidado –Emm frotó mi cintura.
Asentí.
Tomé una copa de champagne, le di un sorbo.
Caminé por un pasillo, al fondo había un hombre de seguridad.
–¡Oiga! ¡No puede estar aquí! –gritó señalándome.
–¿Qué? –fingí estar borracha.
–La fiesta es para allá, señorita, no puede venir aquí, esta parte de la casa es privada –aclaró sosteniéndome.
–Mmmm –me encorvé hacia atrás.
–¿Señorita? –me abanicó.
Le di una patada en la entrepierna, cayó arrodillado.
–¡Maldita pe…! –le di un golpe seco en la nuca para desmayarlo.
–¿Ibas a decirme perra? –pregunté quitándole la llave de acceso.
Me asomé, no había nadie.
Agarré al hombre de la chaqueta y lo arrastré dentro.
–Estoy dentro, Benji –indiqué sacando una navaja de mi portaligas.
–Debes buscar la conexión fija del teléfono.
–Creo que la encontré –seguí el cable del teléfono sobre el escritorio.
–Quita la tapa de protección, y busca un cable digital CAT 5 de 350 mega Hertz –ordenó hablándome en "idioma hacker", era imposible de descifrar.
–¿Ehh? ¿En español, por favor?
–¡Ja! ¡Debería ser el cable naranja! –lanzó una carcajada.
–Maldito cerebrito –bufó Kate.
Corté el cable anaranjado.
–¡Perfecto, ya tenemos el acceso! –Tía confirmó el acceso.
–Increíble, ya voy para el salón –manifesté dirigiéndome a la puerta, mi trabajo había sido fácil.
De repente la puerta se abrió, me paralicé.
Una mujer de cabello rojizo, y cuerpo voluptuoso estaba mirándome fijamente.
Observé al guardia en el suelo, desmayado.
–¿Me creerías si te digo que lo desmayó mi encanto? –interrogué caminando hacia atrás.
–¡No tienes encanto, estúpida! –gritó repugnándome.
Se aparecieron tres mujeres más detrás de ella.
–¡La seguridad ha sido violada, activen el protocolo! –comunicó por el radio –¡Atrápenla, ya!
Las tres se me abalanzaron al mismo tiempo, caí sobre un sofá.
A la que tenía más cerca, le di un puñetazo en la nariz para sacármela de encima.
Las otras dos, me sostenían con fuerza.
–¡Suéltenme! –gruñí pataleando.
Di una media vuelta hacia atrás, forzándolas a soltarme o rompería los huesos de sus brazos.
–Ahhhh –una de ellas cayó al suelo agarrándose el brazo derecho, dolorida.
Me quité los tacones para usarlos como arma.
Recibí un golpe en la espalda por detrás que me hizo flaquear.
–¡Imbécil! –volteé llena de rabia, rápidamente le clavé el tacón en el cuello.
La sangre me salpicó el rostro.
Escupí a un lado, asqueada.
La pelirroja, me miraba de lejos sorprendida, por algún motivo no se metía en la pelea. ¿Pero cuál era ese motivo?
¿Acaso no sabía pelear?
–Me presento, mi nombre es Siobhan –se acercó lentamente a mí –Por fin sucede algo interesante –rasgó la falda de su vestido –estas fiestas me aburren horrores.
–¿Ah sí? –exhalé exhausta –Pues, supongo que vas a divertirte un rato conmigo esta noche –desenfundé la navaja.
.
.
*relevador: También conocidos como conmutadores. Dispositivos eléctricos encargados principalmente de dar paso a la corriente eléctrica, para hacer funcionar los accesorios del automóvil.
*satín: El también llamado satén, es un tejido de algodón caracterizado por un elegante brillo exterior y una buena consistencia. Consigue su tacto liso y brillante gracias a los hilvanes largos que forman los hilos de la trama en su parte derecha.
