La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.
Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...
Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Escena 23: Para decir adiós, porque sera el ultimo.
Admite entonces que colaboró activamente en la liberación de Portgas D. Ace
- Si, pero repito que fue cuando ya había sido expulsada.
- ¿Qué significan entonces los reportes del entonces Almirante de la Marina, Aokiji?
Sabía a lo que se refería. Lo sabía muy bien porque mi pecho dolía de una forma extraña, porque recordaba aquello muy bien.
- Saca ese maldito dedo de mi rostro- dijo la chica con tranquilidad, su voz manteniendo un tono aceptable y relajado, ajeno a la respiración forzosa y la furia que destilaba el chico quién la apuntaba acusadoramente, como si se contuviese.
- Respondeme entonces, maldita sea- escupió el, cada vez acercandose más a ella, que no retrocedió o dijo nada. Inconscientemente su lenguaje corporal era violento, agresivo, hasta el punto de preocupar a los presentes.
- Quita tu maldito dedo de mi cara, Ace.- repitió la joven, sin parpadear ni alterarse un poco para no provocarlo.
No es que ella no pudiese con el, simplemente nunca habría imaginado que tendría que hacerlo de esa manera...Otra vez, después de haber hecho las paces, de hablarlo, de aceptarse. Por ello, Ler se mantuvo serena observado el movimiento del dedo que le había rozado la nariz.
Fue a penas un poco, pero aquel roce la obligó a encarar con un poco más de sentimiento al chico. Su molestia ya era palpable en el rostro.
Sin embargo, no se dirigió a el, no aún.
- No te metas- sin voltearse hacia atrás, le hizo una seña al younko que planeaba intervenir. La temperatura y tensión en el ambiente se había alterado de tal forma que ella sabía, el pelirrojo estaba conteniendose infinitamente por decir o a hacer algo. Después de todo, era un hombre más bien paciente, comprensivo y poco problemático, pero también había notado el gesto de Ace con la chica, como si estuviese apunto de golpearla.
Como pirata y marine estaban destinados a enfrentarse.
Los demas lo sabían bien.
Así, Shanks habría visto desde lejos la escena sabiendo que era necesaria y justificada una batalla, que independientemente de que el fuese un hombre y ella una mujer, debían defender sus ideales y respetar el valor del otro al pelear. Pero no en una discusión, no cuando el pecoso prácticamente estaba en vuelto en llamas tratando de intimidar a la chica que hacia uso de todas sus fuerzas para no decir nada.
"Al menos, de los dos tú tienes la cabeza un poco más fría."
Ler en realidad tenía la cabeza caliente, pero se mantenía serena para evitar provocar otro escándalo más en la lista que llevaban a cuestas.
- Respóndeme, Leriana- continuo el moreno viéndola a los ojos, buscando una respuesta. Su mano finalmente se apartó del rostro de ella y fue a parar en su cabello, desordenandolo con frustración en el proceso.
Ler relajó todo su cuerpo y desvío sus ojos un instante hacia atrás, hacia Shanks.
"Estás a un paso de que tú Haki nos haga mierda a todos, por favor, controlate" aquella era la primera vez en mucho tiempo que volvían a hablarse con la mirada, como solían hacer cuando ella era una niña cuidada por el.
El pelirrojo dudó un instante, pero siendo experto en sus emociones, recordando las enseñanzas de su Capitán, cedió. La parte de Ace que era más bien salvaje era atribuida a Rouge, pues pese a los rumores, su Capitán era un hombre vivaz y generalmente tranquilo, hasta risueño, pero meterte con alguien o algo que le importaba podía desconfigurarlo totalmente. Shanks se preguntó que parte de Ace era aquella que estaba mostrando.
La chica respiró hondo antes de volverse hacia Ace. Hizo una mueca mientras enterraba sus uñas en las palmas de sus manos hechas puño, cansada, pero se abstuvo de demostrarlo, en cambio, alzó las cejas despreocupadamente, con la fachada de indiferencia que debería haber mantenido siempre ante el.
- No deberías creer en las palabras de un marine a un pirata, Ace. Menos de un imbécil como Kuzan.
Aquello pareció volver a irritarlo fugazmente. Su rostro volvió a ponerse rojo mientras ella lo miraba fingiendo estar a penas interesada.
- Ya he aprendido la lección. No te creo nada de lo que me puedas decir.
- ¿Que quieres que diga entonces? Tú no me preguntas porque no sabes la respuesta, solo quieres escucharla de mi, como si te causara satisfacción cada vez que puedes probar que eres mejor... No lo eres.
- No me importa serlo, Leriana. Pero si ambos intentamos arreglar las cosas, ¿Como demonios quieres que te crea cuando haces todo lo posible por joderlas nuevamente?
-No estoy intentando convencerte de nada, Ace. Eres tú quien se ha montado toda una maldita película en tu cabeza.
Los ojos de Ace reflejaron algo más que furia. Estaban llenos de culpa y de tristeza mientras la escuchaba. Ler sabía que la ira y falta de frenos del pecoso era la forma inmadura de disfrazar su inseguridad. Lo había sido toda la vida.
Pero en algún punto, debía fallarle.
- Solo dime que no lo hiciste...Solo dime la verdad aunque no lo sea...- parecía derrotado, débil, expuesto. Ya no intentaba fingir sentir algo que no sentía.
Ace no estaba furioso con ella, si no con el. Y ella no quería permitírselo.
-No pienses que es la gran cosa. Me acosté con el porque quería, el ayudarte fue solo una ventana en el trat...
El no la había golpeado pero todas las armas, de ambas direcciones, le habían apuntado con sorpresa. Otros se habían levantado listos para intervenir, pero no pudieron hacer nada antes de detenerse confundidos en sus lugares.
Benn había tomado a Shanks por el hombro aunque el pelirrojo ni siquiera se hubiese movido un poco. El podía sentir la incertidumbre en el corazón de Ace y sabía que no quería hacerle más daño a Ler. Comprendía, como la chica , que aquel enfado era solo una careta para disfrazar las ganas que tenía de echarse a llorar colgado en la cintura de ella.
Porque estaba adolorido, lastimado.
Porque estaba cansado de toda la mierda que venían arrastrando hace años.
Marco lo supo también e indicó a los demás que no debían intervenir para parar a su compañero, a la reacción de la chica, o a la del Younko que la acompañaba -el mar era muy extraño, lo suficientemente sorpréndete para ver cómo una gran tripulación pirata protegía con fiereza y lealtad a una marine y ex-asesina del gobierno-. El rubio aún no entendía si lo de Shanks era instinto paternal o había algo mucho más allá en su que ver con Ler, y si era así, no le sorprendería. Tenía una forma de mirarla que denotaba la complicidad que no podía generarse en dos personas ni conociéndose por años, y el resto de la tripulación parecían encariñados con ella pese a que era una persona extremadamente amargada, seria y aguafiestas la mayoría del tiempo.
Los demás, quienes planeaban reaccionar, simplemente no lo hicieron, solo se mantuvieron estáticos observando a Ace abrazar con fuerza a Ler, como si quisiera mantenerla unida a el para siempre.
Como si quisiera protegerla.
-No vuelvas a hacerlo porque alguien te lo ordena, porqué crees que lo necesito. Cada vez que caes, caigo yo contigo...- susurró, aferrado a ella, sin ganas de soltarla, como si supiese que en menos de tres semanas, el moriría.
Pero eso ninguno lo sabía, o sospechaba, solo era una incertidumbre en el aire que podía sentirse pero sin atribuirsele al muchacho de espalda tatuada.
Ler era tan pequeña que había desaparecido en sus brazos, permanecía escondida en la oscuridad y calidez que le brindaba su cuerpo. Sin palabras, ella sabía todo lo que el quería decirle.
"Perdóname por querer ser libre pero incapaz de dejarte ir."
- No lo hagas- susurró ella a su lado, sintiendo el estremecimiento del cuerpo moreno por la respuesta a una pregunta que el no pronunció.
Luffy y Ler eran los únicos capaces de hacer eso.
- Es que ya lo hice- dijo el en el mismo tono, levantando la cabeza y a su vez, recogiendo con sus manos el rostro de ella para mirarse a los ojos- hace mucho que tú y yo no estamos juntos, pero aún sigo fingiendo que soy parte de ti, y a ti, te llevo siempre conmigo...- con un nudo en la garganta, tardó un momento demasiado cruel para las emociones de ambos, antes de seguir- Pero lo he decidido ya, Ler. Si es cuestión del destino, cuando esto termine, tu y yo podremos volver a vernos. Y si tú estás sola, y yo estoy solo, volver a intentarlo. Que la vieja historia que construimos quede en el pasado, así podemos encontrarnos como personas nuevas sin hacernos daño una vez más. Pero no tienes que esperarme más tiempo, ni sentir que debes cambiar por mi, yo no me sentiré más en la obligación de hacerlo tampoco. Dejaré de esconder quien soy y con quien quiero ser. Así que si esto sale bien, y es decisión de la vida, sucederá. En alguna parte de este inmenso mar, en algún momento de nuestras vidas, nos volveremos a encontrar. Pero quiero que lo sepas, voy a amarte toda la vida, y si está no me alcanza, volveré gritando tu nombre en la siguiente.
Ler se mantuvo en silencio, parecía como si hubiese ignorado las palabras del hombre, pues no había reacción alguna en ella. No parecía querer llorar, estar molesta o aliviada, solo permanecía quieta, ausente.
Por un momento, Ace podría haber jurado que estaba confundida, que no era la misma Ler.
- Debí haberlo hecho la primera vez...- murmuró. Ace se mostró confundido tambien, como si no la hubiese escuchado con claridad. Sin embargo, ella no dijo nada más hasta unos segundos después, cuando sonrió.Era la sonrisa más sincera que le daría, también, la más triste, melancólica - Perdóname, Ace, tal vez yo soy la razón por la que estés aquí, pero te prometo que todo será diferente la próxima vez que nos veamos. Alguien me ha dicho que todo acabará pronto, Tú y yo...No seremos los mismos, serás...Seremos mejores y no tendremos que volver a despedirnos, jamás...Tu...Has lo que debas hacer, yo haré lo mismo por los tres.
El pecoso sonrió también, aliviado, con el dolor en pecho disipándose lentamente. El de ella, proporcionalmente, incrementaba .
Finalmente, despegandose de ella, se volteó hacia Marco y sus nakamas. Ler lo miró con atención y aprecio, una mirada intensa, melancólica y llena de emoción que los demás atribuyeron al momento, que ella intento conservar por más tiempo junto a su corazón.
Parecía como si en verdad, para ella, el muchacho fuese una película, una fotografía, como si no quisiese interrumpirlo, hablarle, solo dejarle ser, verlo un poco más.
- ¡Creo que ya sabes mi respuesta!- gritó levantando los brazos alegremente. Su ex-amante se cruzó de brazos e inclinó la cabeza como afirmación- volveré con padre...pero solo hasta que haya atrapado al maldito de Teach. Pueden regresar y enviarle este mensaje.
Marco miró a Ace con un rostro indescifrable, escondiendo su preocupación, pero sabiendo que nadie podría hacer cambiar de opinión al pecoso si no lo había logrado su hermano o la pequeña marine detrás de él, a quien observó por última vez y de quién obtuvo una leve reverencia y sonrisa. Se sorprendió levemente, pero imitó el gesto hacia ella y Akagami, alzó una mano despidiéndose de Ace y se dió la vuelta, marchandose con sus acompañantes.
Shanks se preguntó si Ler ejecutaría algún movimiento tras aquello, pero no lo hizo. Ya lo había convencido a el de tratar de hablar con Barbablanca y pese a la renuencia del viejo, la anterior presencia de su primer comandante en aquel lugar indicaba que le había escuchado. La chica podía ser muy convincente de formas distintas, pero en su cuerpo y ojos era clara la manifestación de una rendición pacífica. Incluso podía ver a través de ella alivio, y en sus hombros, menos peso.
Se quedó observando al muchacho un poco más, incluso levantó una mano, ansiosa por tocarlo, pero retrocedió torpemente volteandose hacia el pelirrojo con el rostro rojo y lleno de melancolia. La marine entonces caminó hacia el Younko con pasos delicados hasta llegar a su lado y decirle un gracias, para posteriormente, sugerirle que era hora de marchar. Ni siquiera volteó a ver una vez más a Ace después de parecer tan ilusionada con tenerle cerca.
El pecoso, por su parte, vio la espalda de Ler alejarse hasta detenerse al lado de Shanks. Por alguna razón, su estómago se removió y se sintió adolorido, pero en su corazón había una sensación rara, como si aquello fuese lo correcto.
Verla con el le rompía en pedazos, pero su mente y corazón le decían que cada uno de ellos estaba encajando perfectamente en su lugar.
Entonces, cruzandose con la mirada del Younko, le gritó:
-¡ Cuidala bien! - la sorpresa en el rostro del pelirrojo fue a penas visible, pues se repuso con rapidez.
Para el, aún era difícil dejar ir algo que amaba tanto como Ace amaba a Ler. Incluso se sentía incapaz de dejarla ir ahora que la había "recuperado".
El mayor debía admitir que aquel joven muchacho tenía su respeto.
A pesar de estar claramente batallando con sus sentimientos, con un claro conflicto interno, lo había enfrentado con una serenidad y madurez que no esperaría ver ni en mil años de experiencias.
El pelirrojo no tuvo más opción que asintir con la cabeza, ganándose una media sonrisa del pecoso que desapareció de su vista cuando comenzó a caminar junto a la joven y su tripulación. La miró con atención, preocupándose por ella casi de una manera paternal.
Tenía los ojos cerrados con fuerza, su respiración era pausada y tenía una mueca rara en el rostro. Al le pareció que trataba de retener algo con ella. No supo nunca que se trataba de el recuerdo de Ace.
- ¿No vas a despedirte?- preguntó el younko, inseguro de la reacción de la chica. Tiempo atrás ella le había confesado que se arrepintió más de una década de no haberse despedido de el cuando la dejó en Foosha, cosa que incluso en la actualidad la seguía marcando. No quería que cometiese el mismo error dos veces. Ella negó con la cabeza, firme.- ¿Estás segura?
- ¿Sabe cuál es la parte buena de las despedidas?- su respuesta fue otra pregunta, una que confundió al hombre, quién negó con la cabeza- que siempre hay una oportunidad para volver a ver a alguien después de eso.
El comprendió sus palabras instantáneamente.
- Leriana, ¿No vas a despedirte?- repitió lentamente, jurándose si mismo que respetaría la decisión y las palabras de la chica, pero queriendo asegurarse de que ella supiese lo que estaba haciendo.
- No- afirmó mientras seguía caminando sin mirar atrás.
- ¿A dónde se dirigió Portgas D Ace después de eso?
Miré hacia atrás, creyendo verlo por el rabillo del ojo, de pie, esperando que alzara mi mano y mi voz en una despedida. Aquella que no le di y que aunque esperara, sabía que no daría.
- A la Isla Banaro- contesté aún con la vista clavada en el y su sonrisa. Una que siempre extrañaría pase lo que pase, este donde este- Esa fue la última vez que lo vi...
Si, aquella sensación en el pecho era dolor, pero un dolor que se asemejaba más a la nostalgia que al sufrimiento. Después de todo era una herida abierta, reciente, aunque los demás no pudiesen comprender porque.
