Viperion respiró profundamente, concentrado en resolver la situación que tenía justo ante sí y relegar al fondo de su mente todo lo demás.
--Vamos.
--Tu prodigio... --Ladybug señaló el brazalete, extrañada--. No parece estar corriendo el tiempo.
--Corre, pero muy lentamente --asintió él.
--¿Llevamos muchos intentos? ¿Qué ha ocurrido en ellos? --inquirió Ladybug.
--Es complicado de explicar. Pero he conocido a Fionna, y me ha enseñado a alargar el tiempo disponible antes de destransformarme --aclaró con vaguedad.
--¿Fionna? --se sorprendió Adrien.
--Una nueva heroína. Nos ayudará.
--Pues pongámonos en marcha. ¿Tú llevas a Adrien junto a Kitty Section, y yo voy a por Ikari Gozen?
--Puedo quedarme aquí... --objetó Adrien.
--De acuerdo --zanjó Viperion sin más discusión, antes de girarse hacia Ladybug--. ¡Ah! Y puedes estar tranquila: Chat noir llegará en el momento oportuno.
Sintió la mirada de Adrien clavada en la nuca, y contuvo el impulso de dedicarle un guiño de complicidad. Todavía no había decidido qué hacer con toda esa información que atesoraba: tenía que valorarlo con calma. Lo único que tenía claro era que no pensaba permitir que las cosas terminaran como en el terrible fracaso anterior.
Acabaron con la amenaza de Ikari Gozen con rapidez y eficacia: realmente, la colaboración de Chat noir, con su agilidad y su desparpajo, lo volvía todo más sencillo. Esta vez, Viperion pudo acompañar a Tomoe hasta Tatsu, y luego los héroes, con Chat noir presente, dedicaron un momento a hacer las presentaciones pertinentes y compartir las novedades que aportaría Fionna al aquipo.
Antes de despedirse, apremiados por los avisos sonoros de los prodigios de Ladybug y Chat noir, quedaron en verse de nuevo días después.
--¿A medianoche en la Torre Eiffel? --se adelantó Viperion a la propuesta de Fionna.
--No podría imaginar un plan mejor --celebró la irlandesa, encantada, arrancándole una breve sonrisa.
Una vez destranformados, regresaron al Libertad para encontrarse con el resto de miembros del grupo. Luka permaneció perdido en sus pensamientos, mirándolos con gesto ausente, durante todo el rato que hablaron del ataque, de los héroes, y de la ruptura de Adrien y Kagami. Cuando el modelo sacó a colación el interés de su padre en contratarlos para el desfile, y la euforia de Rose se desató, fue incapaz de soportarlo por más tiempo. Se excusó, alegando un fuerte dolor de cabeza que tampoco estaba muy alejado de la realidad, le pidió a Adrien que llevara a casa a Marinette por él, y se alejó rumbo a su habitación.
La azabache no tardó en seguirlo, preocupada por su extraña actitud.
--Luka --lo llamó--. ¿Puedo quedarme un rato contigo?
Él se detuvo, dubitativo, y se pasó la mano por la frente. Ella dio tres pasitos cortos hasta alcanzarlo y estiró los brazos para rodear su cuello; Luka estrechó su cintura con un suspiro.
Ella estaba bien. Su corazón estaba intacto, su cuerpo no dolía, ningún akuma invadía su interior. No tenía que llorar la muerte de su compañero, ni lamentar su fracaso, ni desesperarse entre las garras de un villano que la atormentaba sin piedad. Por su culpa: todo aquello había pasado por su culpa, se recordó, antes de rendirse a su deseo de besarla. Por haber sido tan egoísta como para creer que su amor estaría por encima del destino.
Tuvo que apartarla, porque si la abrazaba un segundo más se desmoronaría sin remisión. Y no podía permitir que eso pasara. Y si ella llegara a decirle "te quiero" otra vez... Eso lo haría todo muchísimo más complicado. Luchó contra las lágrimas, y trató de mantener firme la voz.
--Lo siento, pero me duele mucho la cabeza, y me temo que ahora mismo resultaría una pésima compañía.
--Da igual. No te hablaré, ni te molestaré: solo déjame estar a tu lado --rogó ella. Sabía por experiencia que el peso de la responsabilidad que suponía ser la última oportunidad de tu equipo podía resultar abrumador, y no quería dejarlo solo.
--Lo siento --se limitó a repetir él con la cabeza baja.
Marinette asintió, resignada. A ella siempre le había resultado balsámico el silencioso apoyo del chico, sus abrazos, su compañía; pero era evidente que, por algún motivo, Luka en ese momento lo que necesitaba era estar a solas. Cada uno sanaba a su manera, se dijo; aunque no pudo evitar sentirse un poco inútil por no ser capaz de encontrar la manera de consolarlo.
--Llámame cuando te encuentres mejor --le pidió.
--Te lo prometo.
Buscó sus labios en un suave beso que él correspondió, pero no prolongó. Luka siguió de largo arrastrando los pies, y la puerta de su cuarto se cerró a su espalda con un leve "clic".
El músico aguardó un instante hasta asegurarse de que solo el silencio lo rodeaba antes de dejar las lágrimas correr. De repente, ese mismo silencio pareció adueñarse también de su alma, secando la música de su interior, dejándolo vacío. Se sentía como si hubieran arrancado con violencia un pedazo de su vida, de su tiempo, de su ser.
A lo mejor Plagg tenía razón, y era un egoísta. Porque todo aquello no era más que el precio a pagar por recuperar a Adrien y a Marinette. A Ladybug, y a Chat noir. Por salvarlos de la muerte y la desesperación. Y por supuesto que estaba dispuesto a asumirlo, pero eso no lo hacía menos doloroso.
"Ahora que he probado tus labios, la suavidad de tu piel, tu respiración contra mi pecho. Ahora que me has dicho te quiero... Creo que no podría soportar perderte"
Solo que, en realidad, todo eso no había ocurrido aún. En esa línea de tiempo, en ese instante al que había vuelto tras usar la segunda oportunidad, todavía no habían compartido caricias tan íntimas, no habían renunciado a los secretos, no lo había elegido frente a Adrien, ni le había dicho que lo amaba. Era como despertar de un precioso sueño para descubrir que no era real, sabiendo además que jamás podría vivirlo, ya que al amarla la condenaba a un destino atroz.
Esa noche se permitió llorar hasta que no le quedaron más lágrimas, dejar salir la amargura que lo corroía por dentro, desesperarse por desear tanto algo que se había revelado imposible. Amaneció pálido y ojeroso, pero cargado de determinación. Él, y Fionna, habían logrado salvar la situación cuando todo parecía perdido. Cualquier sacrificio valía la pena por evitar un final tan cruel; y, ahora, tenía en su mano todo lo que necesitaban para acabar con la amenaza de Lepidóptero de una vez por todas.
Estaba decidido a seguir adelante, a rentabilizar su sufrimiento, a aprovechar aquella segunda oportunidad. Sin embargo, tenía que medir muy bien sus fuerzas si no quería flaquear, ni volver a hundirse.
Sabía que en aquellos días tendría que revivir episodios realmente dolorosos. Decidió evitar, quizás cobardemente, todos los que pudo. Eludió estar a solas con Marinette; renunció a los besos apasionados y a las palabras repletas de sentimientos, no volvió a tocar la melodía que había compuesto para ella, y que habían sellado con el primer roce de sus labios. Mantuvo la mente ocupada en las pequeñas rutinas de cada jornada y cerró con candado su corazón.
Sin embargo, había cosas de las que no era posible escapar. Como la sesión de fotos para el blog de Kitty Section, que necesitaban para proporcionar a Gabriel Agreste una coartada coherente basada en motivos económicos para apoyar al grupo e invitarlos a la trampa final.
Llegó un poco tarde al parque, cuando la sesión ya estaba en marcha, y una vez allí se aseguró de poner en práctica los consejos de Anna para impedir el paso a cualquier tipo de visión. Sabía que eso supondría renunciar a pistas importantes sobre el desenlace de la batalla final en esa línea temporal; pero, simplemente, no tenía fuerzas para volver a enfrentarse a algo así.
De esa forma, se limitó a concentrarse en posar para las fotos con toda la profesionalidad que fue capaz. De nuevo, el resultado fue satisfactorio: no en vano, ahora contaba con la experiencia de la vez anterior, así que se entendió con la fotógrafa con inusitada facilidad.
Esa noche, al menos, logró dormir algo. Y al día siguiente aguantó estoicamente la jornada de trabajo, hasta que llegó la hora de hacer el último reparto del día. Tomó el helado del congelador, alargó la mano para que el encargado le pasara el resto del pedido, y se dirigió hacia la casa de Anna pedaleando como un autómata.
Tocó el timbre, y la irlandesa abrió sin tardanza.
--Hola, Anna --saludó.
--¡Hola, Luka! Perdona, no se me ocurrió otra forma mejor de contactar contigo --se excusó ella.
--Está bien así. De hecho, necesitaba hablar contigo --se encogió de hombros y le tendió la tarrina de helado--. Creo que es de tu sabor favorito.
Ella aceptó el postre y estudió su rostro con preocupación.
--Marinette me contó que llevas varios días, desde la pelea con Ikari Gozen, comportándote de una forma muy extraña: que la evitas, que no sonríes, que no eres tú. Sinceramente, esperaba que exagerase. Sin embargo, ahora que veo tus ojos... me pregunto si no será aún peor de lo que ella cree.
Vio como la barbilla de Luka temblaba en su esfuerzo por no echarse a llorar. Dejó las cajas de comida a un lado, y lo condujo con suavidad para que se sentara a su lado. Él dudó un largo instante antes de empezar a hablar, pero cuando lo hizo al fin las palabras brotaron como un torrente incontrolable.
Habló de lo que había ocurrido en la línea temporal original. De la premonición, de sus miedos, de la forma errónea en la que la había interpretado y de cómo la conversación que había mantenido con Marinette sobre todo aquello había afianzado y hecho crecer su relación. De las sospechas sobre Gabriel Agreste, del concierto en el desfile, del plan que habían trazado. Del error con los bombones, de la identidad de Chat noir, del trágico desenlace final. Del dolor de Ladybug y el akuma en su pecho. De su fracaso, de su culpa. De las acusaciones de Plagg; de la segunda oportunidad.
--¡Ya hemos hablado de eso, muchacho! --intervino Sass--. Sí, todo fue mal, y resultó muy duro verlo: ¡pero nada de eso ocurrió por tu culpa!
--Pero Plagg dijo...
--¡Plagg estaba borracho! ¿Puedes hacerte una idea de lo que supone ingerir esa cantidad de licor para un cuerpo tan pequeño como el de un kwami? Estaba roto de dolor por la muerte de su portador, y dijo un montón de tonterías sin sentido porque necesitaba desahogarse, vengarse de alguien, culpar a otro de todo aquel desastre. Como el verdadero culpable se había convertido en su nuevo amo y no podía gritarle a él, volcó en ti toda su frustración. Es un buen tipo, ¡pero también es la personificación del caos y la destrucción! Y siempre ha sido un mal perdedor --siseó.
--Sass sabe de lo que habla --lo apoyó Bradd, flotando junto a su portadora--. Cuando Tikki probó el agua de vida, bastó una ínfima gota para que empezara a notar los efectos del alcohol. Entre eso, y las circunstancias que narras, Plagg debía de estar completamente fuera de sí.
--¿Y todo lo que dijo sobre oponerse al destino?
--Paparruchas. Supersticiones. Tonterías --afirmó Sass.
--¡Tú mismo me advertiste de que nuestro amor luchaba contra él!
--Me refería a que los portadores de la creación y la destrucción suelen complementarse tan bien que muchas veces es difícil que se fijen en otras personas. Pero eso no quiere decir que no sea posible, ni que no haya ocurrido en otras ocasiones.
--¿Sin consecuencias? ¿Sin tragedias? ¿Sin muertes?
--A lo largo de la historia ha habido de todo. Pero recuerdo, por ejemplo, a Caeso Fabio y Julia Tertia: ¡tuvieron once hijos! A Yatzil y Nicté, que hacían una pareja preciosa. O a la condesa de la Motte y Marguerite Pleisier: ¡fueron realmente dichosas juntas, puedes creerme!
Luka permaneció en silencio durante un rato, con la duda brillando en sus ojos y la esperanza luchando por renacer. Sin embargo, pronto el intenso dolor lo empañó todo, y la culpa y el miedo terminaron imponiéndose en la batalla que se había desatado en su interior.
--Muchas gracias por contarme todo esto, Sass. Pero... No puedo quitarme sus palabras de la cabeza. La imagen de Adrien tendido en el suelo, y de Ladybug destrozada por el dolor... Parte de mí quiere creer que es posible, pero otra no se atreve a hacerlo. Mientras la amenaza de Lepidóptero permanezca, mientras exista esa posibilidad, esa duda, no volveré a ponerla en peligro así.
Sass se acercó para abrazarlo, y Bradd lo siguió también, apretándose contra su pecho.
--Ops, lo siento --el puka trató de eliminar las marcas aceitosas con olor a arenque que había dejado su contacto en la camiseta, pero solo consiguió extenderlas más.
--Te traeré algo para cambiarte --dijo Anna, levantándose, sorbiendo por la nariz mientras se esforzaba por enjugar sus lágrimas.
La chica tenía el corazón encogido tras escuchar la historia de Luka. Entendía su temor, la lucha contra el hondo sentimiento de culpa que las palabras de Plagg habían desatado en su corazón. La amaba de verdad: la amaba tanto que prefería renunciar a ella antes que arriesgarse a ponerla en peligro.
Así que, cuando el chico salió de su casa con la cabeza baja y la camiseta que le había prestado, y entendió lo que pensaba hacer, supo que tenía que intervenir de alguna manera para evitar que un amor tan bonito se echara a perder.
Continuará...
