Capítulo 64
Todo va a ir bien.
Que los nervios volvieran a hacer de las suyas en su cuerpo, no era algo nuevo en su vida. Había perdido la cuenta del número de veces que el simple hecho de llamar a la puerta de Rachel conseguía crearle un mini ataque de ansiedad, provocando que todos sus músculos reaccionasen a un temblor difícil de explicar, que incluso le dificultaban la sencilla tarea de golpear la puerta.
Dos exactamente.
Dos golpes y el ya voy de una voz que le resultaba familiar se dejaba oír tras ella.
—Hey Quinn ¿Qué tal estás? —saludaba Kate con una efusividad extralimitada.
—Hola Kate—respondía sonriente—Bien ¿Qué tal tú? —cuestionaba adentrándose en el apartamento.
—Pues ocupada—se quejó—, porque Rachel me invita a cenar, pero al final, soy yo la que termina haciendo la cena.
—No sé por qué no me sorprende—murmuró— ¿Dónde está?
—Arriba, en el solárium. La ha llamado tu amiga, la psicóloga y están hablando de… Bueno, de sus cosas. Y Brody está con Emily en la habitación, estaba quedándose dormida—explicó—. Así que me toca estar pendiente de la cena.
—Bueno, yo te puedo echar una mano, pero—lanzó una mirada hacia la planta alta—¿Te importa si subo a ver a Em antes de que se duerma? Resulta complicado estar todo un fin de semana sin verla.
—Claro sube, total, esto ya está casi hecho—respondía dándose por vencida.
—Gracias—susurró—. Prometo bajar rápido para ayudarte. Oye, ¿todo bien con Matt? Me dijo Rachel habías conocido a sus amigos.
—Sí, todo genial. Y la verdad es que te estoy realmente agradecida.
—¿A mí? ¿Por qué? —se excusaba en el mismo instante en el que ya se desprendía del abrigo.
—Matt me ha contado que tuvo un interés en ti.
—¿Te ha contado eso?
—Sí, pero tranquila, todo bien por mi parte. Es por eso por lo que estoy agradecida. Yo entiendo que te hayas enamorado o lo que sea que te pase con Rachel, pero menudo bombón me estoy comiendo yo—se burló—. Creo que me ha tocado la lotería—añadió provocando una risotada en Quinn—. Eternamente agradecida de que te guste Rachel.
—Ok, ok… De nada—respondió contagiándose del buen humor que desprendía la pelirroja —. Será mejor que suba, no sé si estoy preparada para que me cuentes algo más íntimo.
—No, no lo estas—respondió Kate con la sonrisa dibujada en su rostro—. Vamos, sube…
Eso hizo. Quinn subió las escaleras dispuesta a encontrarse con la pequeña y con Rachel, a quien por supuesto, deseaba ver a solas antes de que aquella cena se produjese entre los cuatro.
La escena de Brody junto a su hija en la cama la hizo abortar su misión, y se detuvo justo en la puerta. Emily estaba a punto de dormirse, y entendió que no era el momento adecuado para entrar y alterar su relajado estado. Así que prefirió acudir al encuentro de la otra Berry, y ver si ella al menos estaba disponible.
Lo estaba. Y Quinn agradeció la conversación divertida que le había regalado Kate. Sus nervios, aún anclados en su cuerpo, le dieron un breve respiro en aquel instante al descubrirla al fondo del pasillo, sentada en uno de los sillones atendiendo a la llamada de teléfono, mientras perdía la vista a través de los ventanales en la inmensidad de los rascacielos, que, frente a ella, volvían a mostrarse iluminados como cada noche.
Le temblaron las piernas al acercarse, eso no lo pudo evitar, siendo consciente de que no sabía cómo se iba a enfrentar a ella después de haberle mentido. Las dudas y el temor por no ser lo suficientemente fuerte y terminar confesándole, no le ayudaban tampoco.
No tuvo que hablar para que Rachel notase su presencia tras ella, le bastó observar el reflejo en uno de los ventanales para hacerlo.
—Si Ok, yo voy a hacer lo posible ¿De acuerdo? —respondía con apenas un hilo de voz—Si ya, ya sé que algo así es primordial, pero es complicado Santana, y yo aún no me veo preparada para…—Un largo silencio fue suficiente para Quinn, que tras ver como Rachel estaba en plena sesión, optó por retirarse y esperar en el pasillo sin interrumpirla—. Cierto—volvía a hablar con entusiasmo Rachel—. De acuerdo lo, lo voy a hacer. Lo juro, lo haré por ella—sentenció segundos antes de volver a prolongar el silencio, pero esta vez, acertó a girarse y buscar con la mirada a Quinn, para indicarle que se adentrara en la estancia sin temor.
Un gesto que la rubia recibió rápidamente, y sin dudarlo, se acercó hasta el sofá que ocupaba su chica.
—Ok, gracias. Eh Santana, acaba de llegar Quinn ¿Quieres decirle algo? —cuestionaba sin perder detalle del rostro serio de la rubia, y rápidamente comenzó a asentir para entregarle el teléfono.
—¿Qué?
—Toma, quiere saludarte—susurró Rachel.
Quinn tomó el móvil sin apartar la mirada de la morena y aceptó la llamada con algo de temor.
—¿Sí?
—¿Ya estás espiando a Rachel? —habló Santana
—¿Qué? No, he venido porque me ha invitado a cenar con Kate y Brody—explicó tras ver como Rachel se levantaba del sillón y se colocaba junto a los ventanales, observando a través de ellos con algo de melancolía en su rostro.
—Si, claro—murmuró—. Ok escúchame, no sé si en el vuelo has pensado en alguna solución
—No, no —respondía rápidamente.
—Perfecto, porque vas a hacer lo que yo te pida.
—¿Qué? ¿A qué te refieres?
—Ni se te ocurra comentarle nada a Rachel de los paparazis ¿Me oyes? Tengo un plan que puede funcionar, y si funciona, podrás ser sincera con ella y contárselo todo.
—¿Cómo? —cuestionaba confusa. Tener a Rachel frente a ella la limitaba para hablar con total claridad.
—Rachel va a intentar llevar a cabo un punto de nuestra terapia, y si lo consigue hacer, todo será más fácil para ti—explicó—. Si hace lo que le he pedido, te aseguro que entenderá todo y podréis solucionarlo juntas.
—¿Qué es? —Preguntó tratando de contener la emoción que le provocaba escucharla hablar con tanta seguridad.
—No puedo decírtelo, te recuerdo que es algo entre ella y yo.
—Entonces ¿Cómo quieres que sepa cuando vas a venir? —fingió al ser consciente de cómo Rachel ya no perdía detalle de aquella conversación.
—¿Qué?
—¿De cuánto tiempo hablamos, Santana? —preguntó tratando de hacerle entender cuál era su duda sin que Rachel supiese que hablaban de ella.
—Ah es eso. Pues no sé, pero mi plan está pactado para dentro de dos semanas, así que procura mantenerte alejada de ella en estos días. Procura no meter la pata con los paparazis y no contarle nada ¿De acuerdo?
—Eh si, bueno está bien—balbuceó.
—Solo dos semanas, Quinn. Si ves que la cosa se complica, enfádate con ella, discute como lo haces conmigo o lo que quieras. Si así evitas tener que mentirle, hazlo, pero aguanta dos semanas sin echarlo a perder ¿Me oyes?
—Entendido—afirmó rápidamente—Eh ¿Algo más?
—No, ya puedes lanzarte a esos enormes y desagradables labios que tiene el hobbit.
—Adiós Santana—se despidió ignorando el molesto comentario que volvía a dejar acerca de Rachel.
Era curioso.
Santana había cambiado su percepción sobre Rachel. Ya no mostraba aquel odio que solía dejar escapar cada vez hablaba de ella. Ni siquiera se esmeraba en recordarle que no quería saber nada de ella, como le repetía constantemente cuando supo que había vuelto a su vida. Y eso la delataba. Estaba preocupándose por su relación y ayudándola a superar sus miedos con una terapia que involucraba directamente a su propia hija. Ese sarcasmo, los comentarios fuera de lugar o el intento por hacerle creer que le repugnaba Rachel, no era más que una máscara, su caparazón. La forma que ella tenía de querer a las personas que le importaban. Santana había vuelto a permitir que aquella menuda mujer de enormes ojos marrones que ahora la observaban con un extraño gesto de preocupación en su rostro, regresara a su vida. Y eso lograba entregarle algo de calma a Quinn.
—Ya se fue—balbuceó Quinn mostrándole el teléfono. No hubo respuesta por parte de Rachel, que bajando la mirada parecía sentir los mismos nervios que acusaban a Quinn en aquel instante. —¿Qué tal estas? —No tuvo reparos en abandonar su asiento para acortar distancias con ella.
—Bien—respondía con apenas un hilo de voz—. Un poco preocupada—volvía a alzar la mirada.
—¿Por? ¿Qué sucede?
—¿No me vas a besar? —susurró ignorando la pregunta de la rubia, y sin pensarlo, Quinn terminó por acercarse hasta quedar frente ella, para regalarle aquel ansiado y a la vez extraño beso.
Ansiado porque llevaban dos días sin verse y besarla ya se había convertido en una adicción, y extraño por la tensión que comenzó a rodearlas.
—Te he echado de menos—susurró Quinn.
Rachel bajaba la mirada de nuevo y se mordía el labio tras aquel beso—Yo también.
—Y ahora ¿Me vas a decir lo que te preocupa?
—No tiene importancia, es algo de la terapia—se excusó—. Ya sabes que tengo prohibido decir nada a menos que os involucre.
—Lo sé y no tienes por qué preocuparte. Estoy segura de que sea lo que sea vas a conseguir llevarlo a cabo.
—Lo voy a intentar—intervino apartándose—, pero no prometo nada.
—Bueno—la siguió con la mirada—. Lo que cuenta es la intención, y estoy segura de que, si das el paso, lograrás el objetivo, sin dudas.
—Confías mucho en mí—susurró con algo de desconsuelo.
—Por supuesto. Confío más en ti que en mí misma—sentenció.
—Es una gran responsabilidad eso ¿No crees?
—No es responsabilidad, Rachel, es lo que transmites—volvía a acercarse—. Quien te conoce sabe perfectamente que eres capaz de conseguir lo que te propongas, y que lo harás sin tener que pisar a los demás.
—Gracias—balbuceó volviendo la mirada hacia ella—. Esas palabras me dan fuerzas.
Volvía a besarla.
Quinn se acercaba de nuevo y posaba sus labios sobre los de su chica, tratando de darle esas fuerzas, como ella lo llamaba, con aquel cálido y afectivo gesto. Pero no todo iba a ir tan bien como parecía. Quinn había olvidado que la mentira seguía entre ambas, pero Rachel no había dejado pasar aquel detalle que estaba dispuesta a descubrir.
—¿Qué tal tu madre? —cuestionó tras el beso, logrando que Quinn cambiase radicalmente su actitud.
—Eh bien—respondía tratando de quitarle importancia—. Como siempre, contenta de verme… Eh oye, será mejor que bajemos lo antes posible, Kate me ha dicho que nadie le ayuda con la cena.
—Ahora vamos—se mostró serena—. Parece que no tienes ganas de verme a solas.
—¿Qué? ¿Por qué dices eso?
—No sé, has llegado y te has quedado ahí, en el pasillo. Luego te he tenido que pedir yo el beso y ahora quieres volver ya abajo.
—Eh no, no es eso Rachel—se excusó—. Vi que hablabas con Santana y no quise molestarte, por eso me quedé fuera. Y lo del beso, pues no sé, te he visto preocupada y quería saber que te sucedía.
—Ya.
—¿Qué ocurre, Rachel? Te noto un poco extraña.
—No me pasa nada, Quinn—respondía con tranquilidad—. Creo que sí, que va siendo hora de bajar. No me gusta enfadar a Kate, es pelirroja y ya sabes lo que dicen de las pelirrojas—trató de bromear, aunque su rostro, el gesto que mostraba no era el acertado para que aquel comentario provocase una sonrisa en Quinn, sino que lograse todo lo contrario, mantenerla en alerta.
No tardó en seguir sus pasos a través del pasillo y descender hasta el salón principal, donde ya se encontraba Brody, que rápidamente la saludó de nuevo con una efusividad pasmosa, algo que también había hecho Kate. Todos excepto Rachel, que seguía con su calma aparente.
—Me ha dicho Rachel que has estado en Lima—habló Brody, que ya preparaba la mesa donde Kate ya se disponía a servir la cena con la ayuda de Rachel, que sin tardar se hizo cargo del resto.
—Sí—respondía escueta.
—Oye, pues Ohio te sienta muy bien—espetó Kate sonriente—. Se ve que hacía buen tiempo ¿No?
—¿Qué? —la cuestionó nerviosa.
—Tienes color ¿Has tomado el sol?
—Eh no, para nada—respondía rápidamente, evitando observar la reacción de Rachel a aquellos comentarios.
—Pues lo parece, tienes hasta las mejillas más rosadas.
—Pues no, supongo que es calor—se volvía a excusar.
—Kate, deja de meterte en su vida—intervino Rachel.
—No estoy diciendo nada malo, solo que la veo muy guapa y parece que ha tomado el…
—No seas pesada—volvía a interrumpir Rachel—. En Lima ha estado lloviendo todo el fin de semana ¿Verdad, Quinn?
Ahora si sentía como el calor inundaba sus mejillas y las incendiaba tras aquella intervención de Rachel, y no porque estuviese hablando de su estúpida mentira, sino porque la forma en la que hizo referencia a la supuesta lluvia que azotó Lima durante aquel fin de semana, le hacía saber que no era real. Que el fin de semana en Lima no habría sido tan desastroso respecto al clima, sino todo lo contrario.
Su mirada, su gesto molesto y la seriedad que transmitía con aquellas palabras y que tanto ella como Brody y Kate descubrieron, le hacía entender que algo sabía, sin duda.
—Rachel.
—Vamos a cenar—la interrumpía como si supiese lo que pretendía llevar a cabo en ese instante, que no era otra cosa más que el de apartarse con ella en algún lugar y aclarar aquel asunto. Pero Rachel parecía no estar dispuesta a fastidiar aquella improvisada cena que habían preparado para acabar el fin de semana, y sin dudarlo, se sentó en la mesa e incitó los demás a que lo hicieran.
No fue agradable para Quinn, que, por educación, decidió seguir allí, a pesar de la incomodidad que sentía cada vez que cruzaba la mirada con su chica, y como sus comentarios, dejaban de tener un matiz dulce cada vez que se dirigían hacia ella.
Una cena que transcurrió con las anécdotas de Brody hablando de sus proyectos, las curiosidades que transcurrían en el musical o la inminente oficialidad del noviazgo entre Kate y Matt, que terminó provocando multitud de bromas por parte de Brody, y que Rachel se encargó de acentuar sin temor alguno. Mostrando aquel sentido del humor tan especial de la morena y que, sin duda, aquella noche solo iba dirigido hacia Kate y Brody.
Casi dos horas pasaron desde que se sentaron a cenar hasta que ya terminaban de saborear el postre, algo que Quinn no hizo.
La rubia ya buscaba alguna forma de quedarse a solas con ella y acabar con la tensión que existía entre ambas. No tuvo que pensar demasiado, Rachel se lo puso en bandeja.
—Quinn—habló Kate—¿Te vas a quedar a dormir?
—Eh pues no, no tenía previsto hacerlo—miró dudosa a Rachel—¿Por?
—No, por compartir taxi, ya que vamos al mismo sitio—sonreía.
—Es una buena idea—habló Rachel que ya terminaba de meter los platos en el lavavajillas—. Así os acompañáis y no regresáis a solas.
—¿Te responde eso a la pregunta? —espetó Quinn mirando a Kate, que, tras escuchar a Rachel, daba por hecho que aquella noche no iban a dormir juntas.
—Ok. Pues pido el taxi ¿Te parece?
—Sí, claro pídelo.
—Mmm antes de que te marches—Rachel miró a Quinn—. Hay algo que tengo que darte ¿Me acompañas?
—Claro —murmuró tras ver como la morena abandonaba la cocina y caminaba hasta la habitación de juegos de Emily.
No tardó en seguir sus pasos al tiempo que trataba de llenar sus pulmones con todo el aire que pudiese albergar en ellos. Sabía que lo iba a necesitar cuando estuviese a solas con su chica, y su descarada actitud de molestia.
—¿Qué hacemos aquí? —cuestionó adentrándose en la habitación.
—Emily hizo esto para ti—espetó entregándole un dibujo—. Creo que es Superman, de nuevo, pero no estoy segura. No ha querido decírmelo.
—Pues déjalo aquí y que me lo dé ella cuando esté despierta—le devolvía el dibujo tras observar las líneas que lo conformaban—. Intentaré sacarle información y que me diga lo que es.
—Ok—respondía desanimada. Una sensación que también se apoderó de Quinn y de prácticamente toda la estancia, provocando un largo silencio entre ellas.
—¿Estás bien? —cuestionó tras aclararse la voz.
—¿Yo? Claro ¿Por qué no iba a estarlo? —respondía Rachel.
—Te noto rara.
—Todos estamos raros ¿No?
—Ok, Rachel, basta—se cansó—¿Me dices que te sucede o…?
—¿O qué? —interrumpió—¿Qué vas a hacer, Quinn?
—¿Qué diablos te pasa?
—¿Por qué tengo que ser yo sincera si tú no lo eres?
Tragó saliva.
Había llegado el momento de utilizar todo aquel aire que se había asegurado en sus pulmones para enfrentarse a aquella situación. Estaba claro que Rachel sabía algo, pero no sabía el qué, exactamente, y eso la obligaba a tener toda la precaución del mundo, sobre todo, tras las pautas que Santana le indicó.
Mejor discutir que confesar, se repitió así misma.
—¿Qué hablas de sinceridad? ¿Qué te pasa? —volvía a preguntar tratando de mantenerse firme.
—Quinn, no seas hipócrita ¿Piensas que me creo que has pasado el fin de semana en Lima? ¿Tan estúpida crees que soy?
—No, claro que no eres estúpida.
—¿Entonces? ¿Por qué me mientes si sabes que me voy a enterar?
—Porque no… —pensó tratando de encontrar las palabras adecuadas—Porque no ibas a entenderlo.
—¿Entender? ¿Qué tengo que entender de que me digas que vas a pasar el fin de semana en Lima, con tu madre, y no sea cierto? —cuestionó con sarcasmo—. En todo caso, tendría que enfadarme y mucho por creer que mi novia me engaña, y decide irse a Miami a disfrutar del sol con su amiga, y no tiene el valor de decírmelo claramente, sino que prefiere mentirme como a una estúpida.
—Rachel relájate ¿Ok? Sí he ido a Miami y sí he estado con Santana, pero no saques de quicio las cosas. Pensaba decírtelo, solo que no he encontrado el momento.
—Te equivocas Quinn, claro que has tenido el momento de decírmelo justo cuando me dijiste que este fin de semana no querías verme.
—Hey, hey—interrumpía—. Yo jamás te he dicho que no quería verte ¿Ok?
—Da igual que no lo hayas dicho, lo has demostrado con tu actitud.
—No, basta—se encaró—. Si te dije que iba a Lima era porque me iba a Lima, solo que luego hubo un cambio de planes.
—Uhh, claro, eso suena mucho más lógico y demuestra que si querías verme, tanto que se va a la mierda el primer plan, y decides buscar otro con tal de no pasar el fin de semana conmigo.
—Basta Rachel—interrumpía desesperada—. Estás sacando conclusiones erróneas. Yo no he hecho eso.
—¿Entonces qué has hecho, Quinn? ¿Por qué diablos necesitas marcharte a Lima o a Miami y mentirme a mí? —se enfrentó con la chica—¿Piensas que te iba a prohibir ir o algo parecido? ¿Quién te crees que soy?
—He dicho que basta—recriminó—. Lo siento, vale tendría que habértelo dicho, pero ya basta. No quiero hablar más del tema.
—Oh, ok. Resulta que al final yo soy la mala—espetó con sarcasmo—. Me mientes, me tomas por estúpida y para colmo, yo tengo la culpa de que no seas sincera y honesta conmigo, y todo por un estúpido viaje para tomar el sol y salir con tu amiga.
—¡Necesitaba pensar! —exclamó furiosa.
—¿Pensar?
—Sí, pensar ¡pensar! ¿Ok? Ya basta, no aguanto tu sarcasmo cuando ni siquiera sabes de que va todo.
—¿Qué necesitas pensar en Miami? —cuestionó aturdida.
—Cosas—se giró, evitando contemplar el rostro de la morena y así, tener la tentación de confesar absolutamente todo.
—¿Cosas? —balbuceó extrañada—¿Tienes que cruzar todo el país para pensar?
—Rachel, es mi vida—fue dura—. Y tienes que respetarla, ¿Ok? Si necesito ir a ver a mi amiga por algún motivo, es cosa mía de nadie más.
No entendía nada.
Rachel trataba de asimilar aquellas duras respuestas sobre algo que ella consideraba una completa estupidez.
Su versión le hacía creer que Quinn no había tenido el valor de confesarle que necesitaba pasar un fin de semana con su amiga para divertirse, ya que, con ella, las salidas y las fiestas eran escasas. Pero aquella respuesta que hacía referencia a posibles dudas o problemas personales, y que necesitaba pensar y solucionar alejada de ella, no entraban dentro de sus pensamientos.
—No sabía que tuvieses problemas—murmuró templando la voz.
—No tengo problemas—Quinn volvía a mirarla—. No te preocupes, ¿Ok? Solo, solo son cosas entre Santana y yo—se excusó sin mucha convicción—. Siento haberte mentido.
—¿Está todo bien entre vosotras?
—Rachel—cerró los ojos para tratar de serenarse—. No lo pienses, ¿Ok? No, no va a pasar nada. Solo, solo tenía que ir y fui, nada más. Siento mucho haberte hecho pensar en…
—Ok—interrumpía con la seriedad plasmada en su rostro—. Veo que aquí todo el mundo puede tener secretos menos yo—sentenció caminando hacia la salida, pero Quinn la detuvo justo al pasar junto a ella.
—Hey, no sigas por ahí. Ya te he dicho que lo siento y no puedo hacer más ¿Ok? El motivo por el que he ido a Miami, ya lo sabes.
—Ya, pensar ¿No?
—No tiene nada que ver con…
—No te preocupes, Quinn—interrumpía—. Haces bien en proteger la vida de tus amigas, yo haría lo mismo—se mostró firme—. Vamos, deberías marcharte ya. El taxi debe de estar esperando y Kate se impacienta.
—¿Vas a dejar que me vaya así?
—¿Así cómo, Quinn?
—Te he pedido disculpas por mentirte y no me respondes ¿Eso significa que no me vas a perdonar?
—Eso significa que, por favor, si vas a volver a hacer algo así, no vuelvas a tomarme por estúpida o por celosa compulsiva, porque no lo soy ¿Ok?
—Ok—respondía malhumorada—. No tengo nada más que decir. No me quieres perdonar tu problema es.
—Quinn—susurró Kate desde la puerta con algo de temor—. Perdona que os interrumpa, pero el taxi está abajo ¿Te vienes o…?
—Claro—respondía rápidamente, mirando de reojo a Rachel, que impasible esperaba que abandonase la habitación—. Vamos es hora de marcharnos.
No hubo beso de despedida, ni siquiera abrazo o un "que tengas una buena noche". Quinn abandonó el apartamento envuelta en una seriedad que ni Kate, ni Brody habían visto en la rubia desde que la conocían. Y desde luego, Rachel tampoco, a pesar de ser ya casi 17 años los que habían compartido juntas.
Pero su sensación no era muy distinta a la de su chica.
Ella también se sentía mal, también notaba como el mal humor se apoderaba de su menudo cuerpo y la hacía entrar en un estado de ansiedad que ya casi había olvidado. Y el miedo.
Aquella palabra, "pensar", podría interpretarse de muchas maneras, pero si iba acompañado de una absurda mentira y cientos de kilómetros de distancia, adquiría un significado casi delatador.
No creía que Santana estuviese en problemas, lo único que pasaba por su mente en aquel instante era que Quinn había necesitado la ayuda de su mejor amiga para solucionar algunas dudas, o problemas que le hicieran pensar en lo que estuviese pensando. Y aquella deducción no la dejaba en una buena situación, sobre todo, porque era de ella de quien había huido para llevar a cabo aquel hecho.
—¿Estás bien, Rachel? —cuestionó Brody desde la puerta de la habitación de la morena, justo antes de marcharse a dormir y ver como Rachel ya pretendía hacer lo mismo.
—Sí claro.
—He visto que habéis discutido ¿Pasa algo? ¿Necesitas hablar?
—No, no—respondía rápidamente—. No te preocupes, Quinn tiene mucho carácter y a veces chocamos por tonterías sin importancia.
—Ok. De todas formas, si necesitas algo ya sabes.
—Gracias—espetó con dulzura—. Pero no te preocupes, todo está bien—susurró tratando de convencerse a sí misma segundos antes de ver como el chico ya le permitía estar a solas en su habitación. Y de nuevo, una frase, una significativa frase que había acompañado la relación que mantenía con Quinn desde el principio, volvía a aparecer por su mente para tratar de calmarse y conciliar un sueño, que, estaba segura, iba a tardar en llegar—Todo va a ir bien, Rachel. Todo va a ir bien.
